Con Fina en su nuevo cumpleaños

A finales de abril, el pasado martes 28, Fina Garcìa Marruz cumplió 97años de edad. Para el .Centro de Estudios Martianos es una alegría que una de sus fundadoras haya alcanzado ese aniversario y que pueda ostentar, en el conjunto de su ancha obra como poeta y ensayista, un abultado número de escritos dedicados a Martí.
Quien quiera acercarse a la obra del Maestro, tanto a sus valores literarios como a la hondura de sus ideas, no puede dejar de laborar con los textos de Fina. Juicios sagaces, originalidad analítica, poderoso razonamiento y sencilla y atractiva palabra caracterizan sus ensayos y estudios acerca de diversas temáticas de las letras y la cultura cubana. Los que se refieren a Martí desbordan amor, como todos, pero en aquellos hay una profunda afinidad con el mayor de los cubanos porque Fina no solo fue una académica distinguida dentro del campo de los estudios martianos, sino que hizo de Martí el guía de su vida, de sus sentimientos, de sus valores.
Fue, pues, martiana de estudios y también de corazón, sin dudas la mejor manera de comprenderlo y de asimilarlo como noma de conducta en la vida.
Quizás en sus poemas es donde Fina demuestra cabalmente su intimidad con Martí, su deseo de ser dìscípula suya, y su noble capacidad de entregarse a ello con pasión.
Por eso, comparto con los lectores este poema en que la autora recuerda la foto de Jamaica del Maetsro, la única de cuerpo entero, en medio de las plantas antillanas.
EL RETRATO
(Martí, Kingston, Jamaica)
Esencial, increíble,
descorre el mediodía
con mano férrea y dulce,
el miniado manglar

y sus insectos suaves,
decorados. Acerca
lo entrañable y lo fiel
como un sincero huérfano,

Penetro despaciosa
Al vals vertiginoso
De las palmas inmóviles
Al sol, de los yerbajos.

Su traje me conmueve
como una oscura música
.que no ocmprendo bien.
Toco palabra pobre.

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Encuentro Académico Internacional “Narrativas de Las Guerras” (aviso)

Encuentro Académico Internacional “Narrativas de Las Guerras”
Centro de Estudios Martianos
AVISO A LOS COLEGAS INTERESADOS

Ante la situación generada por la propagación mundial de COVID 19 y a raíz de la orientación preventiva de no realizar en Cuba actividades que impliquen la aglomeración de público, el Centro de Estudios Martianos ha decidido la postergación de nuestro Encuentro Académico Internacional “Narrativas de Las Guerras”, cuya realización estaba prevista entre el 20 y el 22 de octubre del presente año.
La trascendencia cultural permanente de las temáticas que se proponen, abarcadoras de las diferentes narrativas generadas en torno a nuestras gestas libertarias del XIX, así como el gran interés despertado en el universo académico, ha hecho que consideremos la pertinencia de no renunciar a su realización.
Lamentablemente, el Comité Organizador del coloquio también se ha visto impedido de cumplir, en esta etapa de aislamiento, las tareas preparatorias previas, indispensables para su adecuado desenvolvimiento. En consecuencia, los plazos de envío de propuestas de ponencias y la comunicación por parte nuestra en torno a su aceptación se prorrogarían. Las nuevas fechas se darán a conocer, oportunamente, mediante una actualización de la convocatoria una vez que se determine el momento propicio para el desarrollo del evento.
Las propuestas que ya han sido recepcionadas serían consideradas entonces, salvo que los aspirantes a ponentes deseen retirarlas, para lo cual deberán comunicarlo empleando la misma dirección electrónica que habíamos habilitado en función de los envíos: narrativasdelaguerra@gmail.com.
Ofrecemos disculpas y esperamos su comprensión.

Comité Organizador
Encuentro Académico Internacional “Narrativas de Las Guerras”
Centro de Estudios Martianos

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Oklahoma, o la expansión “magnífica y sangrienta” según José Martí

El 25 de abril de 1889 escribió Martí una de sus crónicas más sugestivas. Nos referimos a “Cómo se crea un pueblo nuevo en los Estados Unidos. Invasión de Oklahoma por 40 000 colonos”, publicada en El Partido Liberal, de México, el 23 de mayo de ese año, y reproducida también, con variantes, en La Opinión Pública, de Montevideo, el 2 de junio. Era este un tema al cual él mismo, en carta personal, le concedió gran importancia. Así escribió a su amigo uruguayo Enrique Estrázulas: “Tenía dispuesta toda esta tarde para escribirle sin prisa, […] y apenas tengo tiempo para salir a comprar pluma nueva, porque ésta se ha cansado de escribir, — y para acabar una correspª sobre la invasión de pobladores en Oklahoma, cosa magnífica y sangrienta […]”
En estas páginas narraba Martí, entre otros acontecimientos, lo que se conoce como The Land Rush of 1889, primera carrera hacia las tierras no asignadas. Se trataba de la expansión hacia extensos territorios, pertenecientes a los actuales condados de Canadian, Cleveland, Kingfisher, Logan, Payne y Oklahoma, del estado homónimo, considerados entre las mejores tierras ociosas de los Estados Unidos.
Las ambiciones contenidas afloraron de manera violenta cuando se declaró pública la tierra, en virtud de la Ley India de 1889 La misma autorizaba al Presidente Benjamin Harrison a abrir las tierras para el asentamiento de colonos. Se seguía lo pautado en el Acta de Homestead, de 1862, firmada por el Presidente Abraham Lincoln, donde rezaba que los colonos tenían derecho a reclamar terrenos de hasta 160 acres, a condición de que vivieran en ellos, y luego recibirían la propiedad de los mismos.
Este hecho, que significó el desplazamiento cada vez mayor de la población aborigen, y la consolidación de un proceso de ocupación paulatina por parte de colonos blancos, que se llevaba a cabo desde años atrás, tuvo amplia repercusión en la prensa de entonces. Martí nutre su crónica de diversas fuentes escritas, pues no estaba en el lugar de los hechos, sino en Nueva York. La coincidencia de las cifras que maneja, así como algunos otros datos relativos a la geografía, hacen pensar que se inspiró mayormente en un artículo procedente de The Haper’s Weekly, prestigiosa publicación estadounidense que leía con frecuencia.
Aunque esta crónica se inicia con otros asuntos acontecidos simultáneamente, el cubano dedica la mayor parte de ella a lo que acontece en Oklahoma:
Y a esa misma hora, en las llanuras desiertas, los colonos ávidos de la tierra india, esperando el mediodía del lunes para invadir la nueva Canaán, la morada antigua del pobre seminola, el país de la leche y de la miel, limpian sus rifles, oran o alborotan, y no se oye en aquella frontera viva, sujeta sólo por la tropa vigilante, más que el grito de saludo del miserable que empieza a ser dueño, del especulador que ve espumas de oro, del pícaro que saca su ganancia del vicio y de la muerte. ¿Quién llegará primero? ¿Quién pondrá la primera estaca en los solares de la calle principal? ¿Quién tomará posesión con los tacones de su bota de los rincones fértiles? Leguas de carros; turbas de jinetes; descargas a cielo abierto; cantos y rogativas; tabernas y casas de poliandria; un ataúd, y detrás una mujer y un niño; por los cuatro confines rodean la tierra libre los colonos; se oye como un alarido: «¡Oklahoma! ¡Oklahoma!».
Como puede verse, no hay de parte de Martí simpatía hacia los invasores, que no son más que aventureros inescrupulosos favorecidos por el gobierno, al servicio de poderes mayores: el de las compañías ferrocarrileras y mineras, por ejemplo, que verían así acrecido su poderío. Se duele, en cambio, del destino de los pueblos originarios, condenados a la eterna discriminación. Es curioso cómo se apodera de los códigos y frases propios de los pueblos indios. Con ellos enriquece su narración de los antecedentes históricos, necesarios al lector de nuestra área para comprender el hecho de actualidad. El otro, el supuesto salvaje, es visto aquí como más civilizado que el anglosajón, autoproclamado superior:
Ya campea por fin el blanco invasor en la tierra que se quedó como sin alma cuando murió en su traje de pelear y con el cuchillo sobre el pecho el que «no tuvo corazón para matar como a oso o como a lobo al blanco que como oso y lobo se le vino encima, con amistad en una mano, y una culebra en la otra», el Osseola del cinturón de cuentas y el gorro de tres plumas, que se los puso por su mano en la hora de morir, después de pintarse media cara de rojo y de desenvainar el cuchillo. Los seminolas vendieron la tierra al «Padre Grande» de Washington, para que la vinieran otros indios a vivir o negros libres. Ni indios ni negros la vivieron nunca, sino los ganaderos que tendían cercas por ella, como si la tierra fuese suya, y los colonos que la querían para sembrados y habitación, y no «para que engorden con oro puro esos reyes del mundo que tienen amigos en Washington». La sangre de las disputas corrió muchas veces donde había corrido antes la de las cacerías; desalojó la tropa federal a los intrusos ganaderos o colonos: al fin proclamó pública la tierra el Presidente y señaló el 22 de abril para su ocupación: ¡entren todos a la vez! ¡el que clave primero la estaca, ese posea el campo! ¡ciento sesenta acres por la ley al que primero llegue! Y después de diez años de fatiga, los ferrocarriles, los especuladores, los que quieren «crecer con el país», […] se han venido juntando en los alrededores de esta comarca en que muchos habían vivido ya, y levantado a escondidas crías y siembras, donde ya tenía escogida la ambición el mejor sitio para las ciudades, donde no había más huellas de hombre que las cenizas de las cabañas de los pobladores intrusos, los rieles del ferrocarril, y la estación roja.
Quien conozca la obra de Martí, no puede dejar de advertir el parentesco evidente de esta crónica con un texto muy anterior, en el que el cubano rechaza uno de los conflictos centrales del pensamiento social del siglo xix, la contraposición entre civilización y barbarie. Diría allí que esta última “[…] es el nombre que los que desean la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea […].” Esta conclusión sería retomada y sintetizada de modo magistral en el ensayo “Nuestra América” (1891), donde declaró que la verdadera batalla era “entre la falsa erudición y la naturaleza.”
Pero volvamos a la crónica sobre Oklahoma, cuyo poder expresivo y capacidad para ahondar en los orígenes de la nación vecina son reveladores:
Se llenaron los pueblos solitarios de las cercanías; caballos y carretas comenzaron a subir de precio; caras bronceadas, de ojo turbio y dañino, aparecieron donde jamás se las vio antes; había juntas en la sombra, para jurarse ayuda, para jurar muerte al rival; por los cuatro confines fue bajando la gente, apretada, callada, con los caballos, con las carretas, con las tiendas, con el rifle al hombro y la mujer detrás, sobre el millón de acres libres que guardaba de los invasores la caballería […]. //Bajan de los caminos más remotos, pueblos de inmigrantes, en montones, en hileras, en cabalgatas, en nubes. De entre cuatro masas vivas, sin más valía que las ancas de la tropa montada, se levanta la tierra silenciosa, nueva, verde, con sus yerbales y sus cerros. Por entre las ancas miran ojos que arden. Así se ha poblado acá la soledad, y se ha levantado la maravilla de los Estados Unidos.
Obsérvese el sentido irónico de la oración de cierre, que al relacionarse con las alusiones a la voracidad de los colonos inescrupulosos, expuesta más arriba gracias al valor expresivo que le concede a los ojos, desdice totalmente la visión edulcorada que respecto a la gran nación del Norte se tenía entonces en la América hispana. Está la voluntad evidente de alertar respecto a los riesgos que implica la vecindad con un país que se ha erigido a merced de esas prácticas innobles. Más adelante insistirá en esas cuestiones, y para ello incorpora los recursos más diversos:
Y en los días cercanos al de la entrada libre, como cuando se muda una nación, eran campamento en marcha las leguas del contorno, sin miedo al sol ni a la noche, ni a la muerte, ni a la lluvia. De los bordes de la tierra famosa han ido echando sobre ella ferrocarriles, y se han erguido en sus fronteras poblaciones rivales, última estación de las caravanas que vienen de lejos; de las cuadrillas de jinetes que traen en los dientes la baraja, la pistola al disparar, y la bribona a la grupa; de las romerías de soldados licenciados, de campesinos, de viejos, de viudas.//Arkansas City ha arrancado los toldos de sus casas para hacer literas a los inmigrantes[…]En Purcell la noche es día, no hay hombre sin mujer, andan sueltos mil vaqueros tejanos, se oyen pistoletazos y carcajadas roncas: ¡ah, si esos casadotes de las carretas se les ponen en el camino! ¡para el que tenga el mejor rifle ha de ser la mejor tierra! «¡Si me ponen un niño delante, Enriqueta, te lo traigo de bistec!» y duermen sobre sus náuseas.
Esa prosa ágil, novedosa, cambiante, que conjuga de manera eficaz diferentes voces y perspectivas narrativas, e incorpora o reformula frases de procedencia oral, construye un relato de capacidad cinética. El lector tiene la sensación de estar contemplando la acción en vivo, como quien ve una secuencia cinematográfica, mientras accede al texto. Lo cierto es que aún faltaban seis años para que el séptimo arte fuera inaugurado, y estamos hablando de facetas de la creación muy diferentes, pero hay que decir que el cubano fue capaz de apresar con la palabra el espíritu de una época vertiginosa, la cual planteaba al hombre la necesidad de nuevos modos de expresión. Curiosamente, la expansión territorial hacia el oeste y el centro de los Estados Unidos, la fundación de nuevos núcleos poblacionales en las tierras colonizadas y todos los personajes y hechos violentos derivados de estas acciones, darían lugar a uno de los géneros cinematográficos más populares, el western. Dentro de él Oklahoma y sus comarcas aledañas tendrían un lugar destacado. Quien lo dude, que recuerde la película Oklahoma Kid (1939), de Lloyd Bacon, con James Cagney, Humphrey Bogart y Ward Bond. La crónica, centrada en la ocupación hacia lo que fuera Territorio Indio constituye una faceta más de esa mirada tan personal a la historia de los Estados Unidos en la obra de José Martí: en ella el interesado encontrará numerosos atractivos, sobre todo porque los hechos están contados con rigor informativo y alta calidad literaria.

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Dos pérdidas para los estudios Martianos

En lo que va de este fatídico 2020, los interesados en la obra de Martí lamentamos las pérdidas de dos historiadores que aportaron nuevos conocimientos significativos para apreciar la riqueza el alcance de la práctica revolucionaria del Maestro.

El 25 de febrero de este año falleció en La Habana la profesora e investigadora Diana Abad Muñoz a los 77 años de edad. Parte significativa dentro de su obra acerca de temas de la historia de Cuba, son sus aportes al campo de los estudios martianos.

Acuciosa investigadora de fuentes documentales, fue autora, entre otros libros en torno a las guerras independentistas cubanas, de El movimiento revolucionario cubano. 1880-1895, y Cuba: la Revolución de 1895, ambos publicados por la Editorial Ciencias Sociales. Sin embargo, el grueso de sus escritos aparecieron en varias revistas académicas, tales como Universidad de La Habana, Patria (órgano de la Cátedra Martiana de la Universidad de La Habana), Santiago (de la Universidad de Oriente) y la Revista Cubana de Ciencias Sociales. Un grupo de esos artículos fue reunido en De la Guerra Grande al Partido Revolucionario Cubano, libro de la Editorial de Ciencias Sociales.

Desde los años setenta del siglo pasado Diana Abad dedicó ingentes esfuerzos a hurgar en asuntos diversos de las actividades martianas en la emigración para lo cual revisó periódicos de época y la documentación de muchos de los clubes patrióticos antes y después de fundado el Partido Revolucionario Cubano. Destacan en esa labor sus publicaciones de las actas del Club Luz de Yara y de la Convención Cubana, organizaciones pública y secreta respectivamente de un notable grupo de patriotas de Cayo Hueso que nunca cejó en tratar de impulsar la lucha armada en la Isla.

De igual modo, su afán de búsqueda nos entregó el discurso de Martí el 10 de octubre de 1884, información acerca de la primera estancia del Maestro en Panamá, numerosos datos de la vida de varios de los clubes patrióticos de emigrados y del PRC. Gracias a ella conocemos, por ejemplo, cómo fue el proceso de elección de Máximo Gómez como General en Jefe del Ejército Libertador o elementos básicos para comprender el complicado y difícil proceso de establecer y mantener el contacto con los conspiradores dentro de Cuba.

Pasan de los cuarenta los artículos científicos de esta investigadora, más los muchos de carácter divulgativo, que la hacen una autora de extensa bibliografía martiana. Es de destacar, además, su valiosa compilación de un grupo de autores que publicó la Universidad de Morelia, en México, bajo el título de Homenaje a José Martí en el centenario de su muerte en combate.

No le bastó con sus propias pesquisas sino que, además, dirigió trabajos de diploma de sus alumnos de Historia con temas relacionados con los clubes del PRC, presidió durante buen tiempo la Cátedra Martiana de la Universidad de La Habana e impartió el curso especial sobre José Martí a los estudiantes de la Licenciatura en Historia, para quienes publicó unas valiosas Orientaciones para esa asignatura, que bien podrían servir para semejantes clases en otros centros de educación superior.

Diana Abad era Doctora en Ciencias Históricas y Licenciada en Sociología en la Universidad de La Habana, en la que alcanzó la categoría de profesora titular, y colaboradora sistemática del Centro de Estudios Martianos en cuyas reuniones científicas solía ser ponente y a cuyo Anuario entregó varios de sus textos.

César García del Pino, por mucho tiempo el más viejo de los historiadores cubanos, falleció en La Habana el 4 de marzo de 2020, a los 99 años de edad. Su versátil labor de investigador anduvo por los caminos de la arqueología y se distinguió en la localización de embarcaciones hundidas en zonas marinas adyacentes a la Isla.

Revisó acuciosamente fondos de archivos y otras instituciones de España y Cuba, y entregó numerosos textos para revistas científicas internacionales, además de publicar numerosos libros en editoriales nacionales y extranjeras. En medio de todo ello entregó cinco textos de temática martiana, publicados inicialmente en la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí y posteriormente reunidos en el libro titulado El Laborante y otros temas martianos por las Ediciones Unión en su colección Clío. Además del dedicado al periódico clandestino habanero de ese nombre y a la posible colaboración martiana en sus páginas, García del Pino examina el origen del fundo de Dos Ríos, la gestación de la “guerra necesaria”, el Manifiesto de Montecristi y la presencia del Maestro en Vueltabajo. Sin pretender estudios definitivos, hay que agradecer a García del Pino su sagacidad deductiva en esos trabajos para abrir nuevos asuntos en torno a Martí.

El Centro de Estudios Martianos editó su libro Mil criollos del siglo XIX, Breve diccionario biográfico. Se le otorgó el Premio Nacional de Historia, fue condecorado con la Orden Felix Varela de Primer Grado, y recibió el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas.

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Dedicatorias martianas

La sensibilidad humana y el genio literario de José Martí hacen posible que las más modestas manifestaciones de la lengua escrita se conviertan en joyas lingüísticas por la intensidad de la síntesis en las que se condensan la expresión de sentimientos, la pintura de caracteres o la simple evocación de un hecho. Así sucede con sus dedicatorias. Esas pocas palabras que se trazan tras una foto que obsequiamos, o en la portada de un libro de regalo se convierten en la pluma del Maestro de los cubanos en acabadas muestras de su estilo poético. Afortunadamente se ha podido recoger un valioso grupo de estas dedicatorias, textos escritos generalmente para la intimidad de una biblioteca privada o al fin para el olvido o el extravío. Podemos repasar algunas y recordar al mismo tiempo a las personas a las que fueron ofrecidas.
A su gran amigo mexicano, apoyo suyo en los días de tribulación o de necesidad, hombre a quien admiraba por su integridad moral y condición humana, le dedica un retrato y le escribe: “A Manuel Mercado, espíritu completo, su hermano agradecido. Méx.76.—”
Por ejemplo, entre los amigos mexicanos de nuestro Héroe Nacional se encontraba Manuel Gutiérrez Nájera, exquisito poeta cuyos versos anunciaron inequívocamente al movimiento modernista. En un ejemplar de sus Versos sencillos (1891) que le envía, acabados de publicar, escribe estas palabras que en su brevedad, expresan maravillosamente el juicio que le merece su amigo, como hombre y como poeta: “A Manuel Gutiérrez Nájera, marfil en el verso, en la prosa seda, en el alma oro, de su José Martí.”
Sabido es el profundo afecto que cultivó Martí por los hijos de Carmen Miyares. Para las dos niñas escribió cartas preciosas en las que les expresó muchas de sus ideas en relación con la educación infantil. En un libro que le regaló a la mayor, anota esta dedicatoria en la que con unas cuantas oraciones expresa con maestría las cualidades del carácter humano que más apreciaba: “Carmita mía: te amo por tu sencillez, y porque aborreces, como yo, lo falso y lo inútil. Eres natural, que es ser bueno y feliz. Lee, conmigo a tu lado, este libro de la naturaleza, tu Martí. Cap Haitien, abril 1895”
Sus seres queridos recibían estas hermosas manifestaciones de amor, que al mismo tiempo eran claros juicios de valor y expresión de sus más hondos pensamientos acerca de la moral y el carácter. Sin embargo, a pesar de la extrema belleza de las que ya he citado, he dejado para el final la dedicatoria de una foto que José Martí le obsequia a José Doloroes Poyo, el valeroso patriota de Cayo Hueso, redactor del periódico El Yara, junto al que trabajó intensamente en la preparación de la que llamó “guerra necesaria”. El breve texto es notable por el aliento patriótico con que vibra, por la levantada manifestación de su respeto y admiración por aquel cubano honradísimo, fundador en Cayo Hueso del Partido Revolucionario Cubano: “El pundonor de Cuba se hizo hombre y se llamó José Dolores Poyo: a su virtud, a su aliento, a su elocuencia, a su corazón, dedico este tributo: Su hermano José Martí. Key West, mayo 16/93”

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Un merecido homenaje

26 de Abril, Día de la Secretaria[1]. Fecha de  trascendental  importancia  para el secretariado interamericano, pero especialmente para el secretariado cubano, quien sin escatimar esfuerzo ni recurso alguno, emprende acciones significativas en el  campo  administrativo institucional.

Un merecido homenaje para los profesionales del secretariado que están activos cumpliendo dignamente sus funciones, los que están al jubilarse o ya se jubilaron o los que ya no están físicamente con nosotros.

Soy y seré siempre Docente y Secretaria. Por eso decidí unir las carreras y comenzar a transmitir mis experiencias como secretaria, a través de cursos dirigidos a este sector. Así surge el primer Curso Secretaria Integral, luego Secretariado Ejecutivo y el Curso Superior de Formación en Gestión Secretarial. Todos avalados por diferentes instituciones dentro y fuera del país.

En la actualidad, los profesionales del secretariado cubano, han dejado de ser las típicas personas que suelen estar tras un escritorio mecanografiando o sirviendo el café, para asumir retos con dotes de liderazgo y  emprendimiento, porque en su agenda diaria cumplen con la característica  más  importante  del  ideario  secretarial: la  predisposición  de  ampliar  su jornada para cumplir y hacer cumplir la misión encomendada.

En el marco empresarial dejan sus huellas con eficacia,  responsabilidad y conocimientos tecnológicos, contribuyendo al  desarrollo  institucional  al convertirse en la mano derecha del jefe o la jefa, en la custodia de la información y sobre todo en el rol de asistentes para asesorar y lograr el éxito empresarial anhelado.

Ahí está el verdadero liderazgo secretarial, aquel que es demostrado con aplomo, actitud de grande  y  dinamismo  haciendo  de  los  obstáculos  escalones  para  subir  y  no  piedras  para tropezar.

Sirva este homenaje, también para rendir merecido tributo a Emilia de Córdova, asistente del General Máximo Gómez, la cual  se considera la primera secretaria que ejerció en Cuba, a María de la Concepción Fernández Correa “Conchita”, secretaria de Fernando Ortiz, Eduardo Chibás y Fidel Castro Ruz (La Secretaria de la República), a Addys López Abreu,  quien fuera secretaria en el despacho de Ernesto Che Guevara, en el Ministerio de Industria, a Isabel Allende Karam, diplomática y traductora cubana, rectora del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de Cuba, quien comenzó su vida laborar  como secretaria y en especial a Graciela Rodríguez Pérez, nuestra Chela.

Cumpliendo con las palabras del Dr. Miguel Barnet, en el acto de entrega de la Medalla Armando Hart Dávalos: “Honrémosla ahora que está con nosotros porque mujeres como ella no se repiten”, queremos reconocer la encomiable labor realizada por Chela por más de 50 años como Jefa Despacho del Dr. Armando Hart.

En este sencillo homenaje hay una pequeña compilación de artículos de importantes intelectuales cubanos que hablan sobre la labor de Chela.

Recomiendo a los profesionales del secretariado cubano que lean esta compilación y la tengan como su guía a seguir porque Chela es un paradigma de secretaria.

GRACIELA RODRÍGUEZ, “NUESTRA CHELA”[2]

Graciela Rodríguez Pérez, “nuestra Chela” es un alma callada y leal que por más de 50 años dedicó prácticamente su vida a hacer Revolución junto al Doctor Armando Hart Dávalos.

Lo acompañó siempre, en los momentos cruciales, en la toma de decisiones importantes para el avance de la Revolución. Así la vimos en el Ministerio de Educación junto a Hart cuando la campaña de Alfabetización, una de las páginas más hermosa de nuestro proyecto social que sentó bases para el posterior desarrollo científico del país; en el Ministerio de Cultura apoyándolo  en las grandes transformaciones para propiciar el desarrollo de nuestra cultura, y más reciente en la Oficina del Programa Martiano, en la creación de la Sociedad Cultural José Martí.

Chela recopiló y guardó con fidelidad y lealtad cada discurso, cada papelito que Hart escribía, cada publicación de revistas, periódicos donde salía algún escrito de él o sobre él.

A esa misión y quehacer  durante años se debe el archivo personal del        Dr. Armando Hart Dávalos, que constituye el núcleo central del actual proyecto Crónicas.

No fue solo la eficiente Jefa de Despacho que llevaba la agenda de trabajo y que hacia importantes llamadas telefónicas capaces de derribar los más invulnerables muros, sino también la que alertaba ante cualquier situación que se pudiera dar, la que cuidaba de su salud y de la atención a su familia.

Chela es una mujer de gran inteligencia natural, que se destaca por su honestidad, modestia, por su gran olfato político y por ser una mezcla de acero y miel, capaz de hacer la crítica más fuerte, pero a la vez, estar al lado de cualquier compañero y de sus amistades brindándoles su ayuda y cariño cuando es necesario.

Así es Chela, una cubana, revolucionaria y martiana de verdad.

 CHELA Y EL PROYECTO CRÓNICAS[3]

En Crónicas…se atesora y preserva el conjunto orgánico de las expresiones materiales y espirituales de Hart desde 1930, año de su nacimiento, y aun antes, hasta la actualidad; en cualquier formato o soporte material, producidas por el formador del Fondo…, o reunidas por las personas que han trabajado junto a él, durante su fecunda vida, en el desarrollo de su actividad revolucionaria, política, administrativa, docente, investigativa, cultural y privada.

El Fondo Personal de Archivo del Dr. Hart, es el sistema nervioso central de este proyecto de la Sociedad Cultural José Martí, organización a quien se subordina organizativa e institucionalmente.

Este valioso fondo documental se creó en 1959, cuando su formador fue nombrado Ministro de Educación del primer gabinete del Gobierno Revolucionario de Cuba.

Desde entonces y hasta el presente, Graciela Rodríguez Pérez (Chela), su histórica Jefa de Despacho, ya por más de cincuenta años, prestó un preciado servicio, pues ella salvaguardó no solo los documentos que se encontraban en papel en el archivo administrativo y de gestión en cada una de las oficinas en las que Hart ha laborado, sino también el resto de los objetos personales y documentos en otros soportes, con valor histórico y museable.

CHELA, MERECEDORA DE LA MEDALLA ARMANDO HART DÁVALOS[4]

En el salón principal del Centro de Estudios Martianos (CEM), le fue entregada la medalla Armando Hart Dávalos a Graciela Rodríguez Pérez  (Chela), quien fuera en vida del Dr. Armando Hart, su Jefa de Despacho y amiga a lo largo de varias décadas de trabajo. Además, de un ejemplo de generosidad, lealtad incondicional y honestidad.

Dicha distinción es otorgada por la Universidad José Martí de Latinoamérica, con sede en Monterrey y Mérida, México, a personalidades, colectivos de trabajo e instituciones que se destacan en el cumplimiento de los deberes patrióticos para la defensa y promoción del humanismo y la paz.

Las palabras de honor estuvieron a cargo del Dr. Miguel Barnet quien calificó a Chela como la otra mitad del Dr. Armando Hart y expresó que mujeres como ella no se repiten. También la comparó con Conchita Fernández, quien fuera secretaria de Fernando Ortiz, Eduardo Chibás y del Comandante Fidel Castro.

LA GRAN CHELA[5]

Si en cualquier lugar de Cuba uno pregunta a toda voz por Graciela Rodríguez Pérez todos se mirarán desconcertados, ¿quién es, a quién estamos convocando? Todos se mirarán a los ojos sin respuesta. Pero si alguien pregunta por Chela, jubilosos, identificamos enseguida a la mujer que casi toda su vida fue la secretaria ejemplar de Armando Hart Dávalos, depositaria de los más acariciados secretos, dueña de los candados de todos sus escritorios y de las llaves de todas sus oficinas.

Con solo mencionar ese nombre se encenderán los candelabros y se abrirán, para algunos, todas las puertas. Porque como verdad de Perogrullo, detrás de un gran hombre, y este es el caso, siempre hay una gran mujer. Llegó a Hart por su temprana amistad con Haydée Santamaría, la Heroína del Moncada. Ambas nacieron para servir a la Revolución.

A sus funciones como secretaria por casi 60 años, de uno de los más dotados discípulos de José Martí y Fidel Castro, sumó misiones de compromiso y diálogos con la intelectualidad cubana y del mundo. Fue, para decirlo con propiedad, la otra mitad de Hart, le leía el pensamiento, le adivinaba sus ideas y las seguía a cabalidad. Esta dimensión personal de Chela se hizo visible desde los días en que el joven revolucionario ocupó la cartera de Ministro de Educación del primer gabinete del Gobierno Revolucionario en 1959.

Alcanzaba ya esta comunión espiritual, lo acompañó en todo su quehacer político, tanto en el duro oficio de Ministro de Cultura donde abrió puertas y levantó puentes como en el Programa Martiano y en la Sociedad Cultural José Martí. Chela con aguda inteligencia y sensibilidad, supo distinguir entre lo superfluo y lo trascendente y con suspicacia y juicio le allanó el camino a su jefe. ¡Qué misión más grande y útil desempeñó para separar la paja del grano!

Eso solo lo saben hacer los aliados inteligentes, y Chela lo hizo cumpliendo con firmeza su papel de secretaria. Para ella nunca existieron los horarios ni las tarjetas de entrada. Solícita sabía que solo podía abandonar la oficina cuando Armando ya se hubiera despedido de sus papeles y de sus tareas del día. Ágil, profunda, amable en su severidad, ella se ha sabido dar su lugar.

Nunca se ufanó en ser la secretaria de un gran hombre, conociendo mejor que nadie su estatura de pensador y guía intelectual, por el contrario, humilde hasta en su vestir, lo acompañó en las altas y las bajas, en turbulentos avatares políticos y en su vida familiar, siendo una más de su familia. Eso, mejor que yo, lo puede afirmar su esposa Eloísa Carrera que ha cuidado con esmero la obra de Hart y sus valiosos archivos, sistema nervioso del proyecto de la Sociedad Cultural José Martí.

Chela es únicamente comparable a la inolvidable Conchita Fernández, secretaria de Fernando Ortiz, de Eduardo Chibás y de Fidel Castro. Por su lealtad y su disciplina profesional, ella se coloca en el pedestal de las grandes secretarias del siglo. Y es parte de una raza en extinción que no necesitó computadora ni wikipedias para alcanzar el sueño martiano de ser útil desde la virtud. Honrémosla ahora que está con nosotros porque mujeres como ella no se repiten. Felicito a la Universidad José Martí de Latinoamérica por esta distinción a la gran Chela.

CONTAR CON CHELA[6]

Un perfil del político e intelectual revolucionario Armando Hart no estaría completo si se deja de mencionar a una figura íntimamente ligada a su quehacer: Graciela Rodríguez Pérez.

Desde que ocupó un lugar en el despacho del joven Ministro de Educación del primer gabinete del Gobierno Revolucionario en 1959, esta mujer enérgica y diligente, cercana a Haydée Santamaría, perdió su nombre y apellidos y se convirtió sencillamente en Chela, una especie de otra mitad de Hart, porque a sus funciones como Secretaria y Jefa de Despacho, ejercidas con profesionalidad y eficiencia, fue sumando misiones de enlace, orientación, consulta y guía, decisivas en las relaciones de Hart con la intelectualidad.

Si esta dimensión de Chela se hizo visible ya desde los días del Ministerio de Educación, lo fue mucho más durante la larga y fecunda etapa en que Hart ocupó la cartera de Cultura, y lo sigue siendo ahora en la Oficina del Programa Martiano y la Sociedad Cultural José Martí.

De ella caben destacar la lealtad y la firmeza, la pasión y la sensibilidad. Durante el tiempo que trabajé a su lado en el Ministerio de Cultura, advertí cómo no pocos renombrados escritores y artistas iban a ellas, no solo para solicitar audiencias o canalizar inquietudes y problemas, sino también para intercambiar criterios sobre los más diversos asuntos o simplemente para compartir experiencias o pedir consejo. Chela siempre tuvo —y tiene— un sentido extraordinario de las jerarquías culturales y un olfato especial para captar el talento.

Es una suerte para Hart contar con Chela. Es una suerte para todos nosotros. Un pianista amigo dijo sobre ella: “Así debió haber sido en su tiempo para Fernando Ortiz y Eduardo Chibás, Conchita Fernández”.

COMO UNA ESCOLAR SENCILLA[7]

A veces por asuntos de trabajo llegaba temprano al Ministerio de Cultura. Tenía que despachar  algún asunto con Chela. Sin impacientarme, me gustaba pasar allí un rato. Era un observatorio privilegiado para conocer el funcionamiento de una instancia estatal compleja.

Como disparos de ametralladora, Chela multiplicaba, a velocidad vertiginosa, las llamadas telefónicas. Se comunicaba con dirigentes de otros organismos, con funcionarios del propio ministerio y, también, con escritores y artistas pendientes de alguna respuesta o necesitados de solucionar algún problema. En medio de tanta variedad de temas, nada permanecía en el olvido.

No habían llegado los tiempos de la introducción de las grandes innovaciones tecnológicas. Lo más fascinante para mí era descubrir la clave de tanta eficacia. Sobre la mesa de trabajo, había una libreta escolar. A mano, Chela  había apuntado en ella una larga lista de temas pendientes. También a mano, tachaba aquellos que habían encontrado solución.

Del mismo modo, porque la vida es un constante fluir,  incorporaba las cosas nuevas impuestas por los reclamos de la inmediatez. Prestaba igual interés a lo grande y a lo pequeño. Tenía la cultura del detalle, se ocupaba de conflictos complejos y cuidaba la imagen del Ministerio volcado hacia el arte y la cultura.

Antes de conocerla personalmente, Chela era para mí un personaje legendario. Su brazo se extendía a través del océano. Al cabo de un tratamiento médico en Moscú, estaba yo a punto de regresar a La Habana cuando un mensajero  puso en mis manos  un documento  que debía entregar a una persona indicada en el aeropuerto José Martí. Pasaron algunos años.

Las circunstancias me llevaron a trabajar con Armando Hart. Comenzó entonces el trato cotidiano, circunscrito al principio al ámbito laboral. Allí empecé a descubrir sus virtudes. Tras la modestia real de una escolar sencilla, se escondía una firmeza inquebrantable, una lealtad a toda prueba, una honradez inconmovible y una sensibilidad que la inducía a acudir en ayuda de quien la requiriera. El trato se convirtió en amistad y afecto verdadero. Creo contar con ese privilegio.

[1] 26 de abril de 1970, se crea FIAS, la Federación Interamericana de Asociaciones de Secretarias, ocasión donde queda establecida esta fecha como el Día de la Secretaria. En Cuba no está oficializado, pero se celebra desde el 26 de abril de 2006 cuando se constituye la Red Nacional de Asistentes y Secretarias Ejecutivas de Cuba (RNASEC).

[2] Palabras de la Dra. Ana Sánchez Collazo, Ex – Directora del Centro de Estudios Martianos en entrevista realizada por la Lic. Amalia Taquechel Barreto, Presidenta de la Red Nacional de Asistentes y Secretarias Ejecutivas de Cuba, abril de 2017.

[3] Tomado del artículo Crónicas, el archivo del Dr. Armando Hart Dávalos, de la Dra. Eloísa Carreras Varona.

[4] Nota del Portal José Martí del Centro de Estudios Martianos.

[5] Palabras del Dr. Miguel Barnet en el acto de entrega de la Medalla Armando Hart Dávalos, otorgada por la Universidad José Martí de Latinoamérica con sede en Monterrey y Mérida, México,  a Graciela Rodríguez Pérez (Chela), Jefa de Despacho del Dr. Armando Hart Dávalos.

[6] Artículo de Pedro de la Hoz, tomado de la Revista de cultura cubana, La Jiribilla, en la sección Dossier. Fotos: Kike.

[7] Palabras de la Dra. Graziella Pogolotti, en el Acto de Homenaje al secretariado cubano realizado por la Red Nacional de Asistentes y Secretarias Ejecutivas de Cuba, el 26 de abril de 2017, donde se entregó el Premio a la Excelencia a Secretarias paradigmas de Cuba.

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Las despedidas martianas

El siglo XX hizo un precioso regalo a la humanidad: el de poder conservar la voz y la imagen en movimiento de las personas. La tecnología moderna permitió entonces el milagro de registrar esas preciosas señales. Desafortunadamente, José Martí cayó en combate sin habernos podido dejar testimonios fílmicos o sonoros. Sin embargo, ciertos logros de la ciencia de nuestro tiempo han hecho obsoletos y muy poco frecuentes algunas prácticas que antaño nos dejaban huellas preciosas de los hombres.  El teléfono, y en la actualidad los medios de comunicación digitales, nos privaron de la carta y el recado sobre el papel, prácticas intensas en otra época, que nos permitieron contar con epistolarios y documentos escritos que resultaban obras literarias y otros que, como escritura corriente, eran duraderos testimonios históricos y culturales.
Gracias a esa práctica imprescindible en un hombre que, como José Martí, debió realizar esfuerzos ingentes para la coordinación de muchos hombres o la comunicación afectiva con los suyos, contamos con numerosas cartas y billetes  enviados por él a familiares, amigos y compatriotas. En ellos se reflejan con maestría las más íntimas calidades de su alma, su enorme y exquisita delicadeza, su amor y su dolor, la pasión con la que necesitaba el afecto de los demás.
Las despedidas de nuestro apóstol, por ejemplo, pueden estudiarse como muestras acabadas de su sensibilidad poética, amoldadas maravillosamente a la personalidad de cada destinatario y muy ceñida al tipo de relación existente entre ambas partes. De su entrañable amigo Manuel Mercado se despide así:
Bese la mano a Lola y a los niños. Para Manuel, tan pronto tenga cómo mandarla, tengo una Geografía nueva, con láminas hermosas y muchas de México.
Para Lola, el agradecimiento que sentían por la reina de la fiesta los caballeros heridos en el torneo.
Para usted todo
José Martí
Y de su madre, a la que quería con el dolor enorme de no poder estar a su lado y trabajar para ella, le dice a modo de adiós en su carta:
A usted, madre mía, ni una palabra. La quiero y la sufro demasiado para eso. Toda la verdad y la tristeza de su hijo
José Martí
De María Mantilla, la niña que tanto amó, de despide con esta ternura:
Quería, antes de entrar en viaje, recibir carta tuya, y temo que no llegue. A ver si piensas en mí, que te cuido y te quiero tanto, cuando todos estén alegres, y yo no esté donde tú estás,–  cuando está el cielo tranquilo, y muy lleno de estrellas.
Tú      José Martí
De modo que cada despedida martiana es un pequeño poema, un reclamo de amor, el envío de un regalo, una evocación poética, y siempre un profundo calor de aquel ser humano tan auténtico y solidario. Veamos, para terminar, este pequeño recado a Rafael Serra, en enero de 1895:
Serra queridísimo:
Por dondequiera que yo ando, hablo de Ud., hablo con Ud., espero en Ud., corazón contra toda maldad, flor de toda ternura, y hermano mío. Esté yo aquí o allá, haga como si lo estuviese yo siempre viendo. No se canse de defender, ni de amar. No se canse de amar.
Un beso a Consuelo,                                     Martí

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Las ciencias médicas en el pensamiento humanista de José Martí

Hay un precepto martiano escrito a propósito de los pintores impresionistas franceses, que por su contenido ético puede servir de línea de conducta no solo para los artistas, sino para cualquier ciudadano responsable, sobre todo en lo que concierne al ejercicio de su profesión u oficio: “Cada hombre trae en sí el deber de añadir, de domar, de revelar. Son culpables las vidas empleadas en la repetición cómoda de las verdades descubiertas.”
El cubano alabó siempre sin reservas a todos aquellos que abrieron caminos para el desarrollo de la ciencia de su época. La medicina y otros saberes emparentados con ella, como la bioquímica y la microbiología, estuvieron siempre en su centro de atención, seguramente por lo que contribuían remediar los padecimientos y dolores humanos. .
Consideraba que los profesionales debían estudiar continuamente, pues el conocimiento es inabarcable. En el caso de los médicos esa responsabilidad y consagración al estudio debe ser aún mayor, porque de ello depende la vida del ser humano. Debían descubrir, innovar, y para ello era necesario una gran valentía y dedicación al trabajo.
Una de las personalidades relacionadas con las ciencias médicas que más admiró Martí fue, sin duda alguna, el célebre químico y biólogo francés Louis Pasteur. Como se sabe, este hombre fundador abrió al mundo un nueva ciencia, la microbiología, y entre otros muchos aportes demostró la teoría de los gérmenes como causantes de enfermedades, inventó el proceso para combatirlos que lleva su nombre, la pasteurización, y desarrolló vacunas contra varias patologías, incluida la rabia.
Así lo describió Martí, en prosa agradecida: “[…] Pasteur, encorvado sobre los átomos, ha vivido penetrado de asombro de las maravillas de la obra viva […]
En las páginas de la Sección constante, para La Opinión Nacional, de Caracas, informó Martí a los lectores latinoamericanos sobre los diversos descubrimientos del francés, y tanto reconoció el aporte de este a la salud humana, que lo llamó reiteradamente “médico”, cuando su formación no era esa exactamente, y lo elogió como un sabio de grandes méritos.
Estimaba entre otros investigadores y profesionales de la salud al galeno español Jaime Ferrán y Clúa, no solo por sus muchos saberes, sino por haber probado en sí mismo y en sus familiares la vacuna contra el cólera, la cual extendió luego por otras regiones de su país. Debido a su tenacidad y vocación de servicio, pues tuvo que vencer muchos obstáculos para poner en práctica sus ideas, se refirió a él como el “[…] bravo valenciano Ferrán […]”.
Por razones parecidas apreciaba al cubano Tomás Romay, quien introdujo en Cuba la vacuna contra la viruela, y fue además una de las mentes privilegiadas del pensamiento ilustrado en la Isla.
Especial cariño sentía Martí hacia quien fuera su médico en los Estados Unidos, el matancero Ramón Miranda y Torres. Hombre sabio, dueño de un corazón noble, fue fundador y presidente de la Sociedad de Beneficencia Hispano-Americana de Nueva York, en la cual prestó incalculables servicios a los cubanos y latinoamericanos de escasos recursos y colaboró en todo lo relacionado con la independencia de Cuba.
Sostuvieron intercambio epistolar con frecuencia, y en varios de sus escritos Martí elogió la sabiduría y bondad de Miranda. Particularmente interesante en este sentido es un texto de 1892, publicado en Patria, se refiere al Congreso Panamericano de Medicina, próximo a celebrarse en Washington, en septiembre de ese mismo año.
Enemigo de toda tentativa de dominación continental, Martí comienza el texto refiriéndose a este asunto, pues siempre deja claro cuáles son las diferencias irreconciliables entre las dos Américas. No obstante, con su sagacidad habitual, considera oportuno colaborar en cuestiones de ciencia:
En la política de América, es riesgosa la idea de política del continente, porque con dos corceles de diferente genio y hábitos, va mal el carruaje. Pero la ciencia es toda una, y conviene todo lo que junte a los pueblos, si la amistad no llega a la funesta e imposible unión de caracteres que han de chocar y padecer, en los métodos y en los intereses de una obra que sólo en lo final de la libertad puede ser común, y en lo real contemporáneo no lo es. Está bien, porque es de amistad natural y útil, el Congreso Panamericano de Medicina, que se reunirá en Washington en septiembre de 1893, y para los cubanos es un honor que nuestro médico Ramón L. Miranda haya sido ya, con toda anticipación, escogido como Secretario de la Sección de Patología Interna en el Congreso. El de Miranda es mérito tranquilo, que dura y se reconoce.
Le interesa destacar el mérito de Miranda, que ha logrado relevancia profesional en el país norteño, y en ese cónclave su prestigio trascendería hacia otras regiones del continente. En el párrafo siguiente comenta y elogia la valía profesional y humana de los hermanos Guiteras, descendientes del insigne pedagogo Eusebio Guiteras, autor de valiosos libros de texto para le enseñanza en la Cuba del siglo XIX, y maestro él mismo. De esa estirpe digna y laboriosa escribe:
Y otro honor para los cubanos es que una de las autoridades prominentes del Congreso, y el alma de él acaso, sea Juan Guiteras, uno de los tres médicos que en los Estados Unidos ilustran este nombre criollo. Los Guiteras son hombres de veras. A los padres no los olvidaremos los cubanos, que en ellos aprendimos a leer, en sus libros de lectura, y en su Historia de Cuba, y en su traducción de la Eneida. De los tres hijos, uno: Juan, es primero en Washington, y persona mayor en la medicina del ejército: otro, Daniel, es médico favorecido de la Armada, y muy buscado por su discreción y cultura: Ramón, el otro, tiene pocos pares entre los médicos enérgicos y elegantes de New York.
Y concluye su valoración de ese encuentro mencionando otros nombres ilustres de cubanos y puertorriqueños dedicados a la medicina en Nueva York, entre los que cabe destacar los siguientes:
[…]Aquí está Luis, probado en la guerra, y en su práctica larga de familias; Henna, cuyo nombre es ya elogio; Agramonte, que abrió heridas, y las cura; Portuondo, ayer predilecto de la Universidad, y hoy de su clientela; Quesada, que en el hospital se ganó con su mérito un puesto permanente; Sauvalle, que trae nombre que obliga; Amábile, hermano activo del que cayó en Cuba al besar la tierra libre; López Victoria, el borinqueño culto; Ponce de León, que levanta casa en Brooklyn; Álvarez, que se sabe toda la cirugía; Párraga, que abrió nido en la roca; Osorio, empeñado en curar pobres; Sarlabous, en quien rebosa el noble corazón. Tenemos nobles médicos.
Como es usual en Martí, la calidad ética de los elogiados enaltece su crédito profesional, algo que debe ser del conocimiento de los lectores de Patria, en esos años previos a la guerra, en que lo urgente era preparar las conciencias para el heroísmo y fortalecer la autoestima de nuestra familia de pueblos frente a las tentativas detractoras y dominadoras de los Estados Unidos.
Quiero detenerme un instante sobre este particular. Cuando el lector avisado lee “Vindicación de Cuba”, encuentra en la respuesta de Martí a las difamaciones yanquis sobre los cubanos, argumentos relativos a la capacidad profesional y al espíritu de trabajo de muchos emigrados que se abrieron camino en las urbes estadounidenses. Cuando escribió en 1889 su carta dirigida a The Evening Post, dijo:
En New York los cubanos son directores en bancos prominentes, comerciantes prósperos, corredores conocidos, empleados de notorios talentos, médicos con clientela del país, ingenieros de reputación universal, electricistas, periodistas, dueños de establecimientos, artesanos. El poeta del Niágara es un cubano, nuestro Heredia. Un cubano, Menocal, es jefe de los ingenieros del canal de Nicaragua.
De suma utilidad en el presente es el pensamiento estratégico en materia de ciencias médicas que poseía Martí. Hoy, cuando toda la región de las Américas, y el planeta todo, se ven abocados a la lucha contra una pandemia de dimensiones y peligrosidad colosales, urge hallar vías de colaboración comunes, porque común es el enemigo al que nos estamos enfrentando. No es sensato ni ético pensar en intereses mercantiles, de dominación política o militar, en momentos en que miles de seres humanos mueren diariamente. Detrás de esa tragedia cotidiana está, ciertamente, la fuerza de esa enfermedad, pero también, en gran medida, la desigualdad social, el racismo, la xenofobia, la falta de todo sentido humanista. El mundo debe cerrar filas frente a la injusticia, el mercantilismo y la desidia de los poderosos. El pensamiento humanista de Martí, sin dejar de ser del siglo XIX, tiene mucho que decirnos en ese sentido ya avanzado el siglo XXI.

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Celebrar el cumpleaños recordando a José Martí

Muchas personas en Cuba han felicitado por su  sesenta cumpleaños al ingeniero electrónico Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Yo quiero sumarme a las felicitaciones y al mismo tiempo compartir con mis amigos, dentro y fuera de Cuba, lo que sobre José Martí me dijo hace una década el actual Presidente, entonces Ministro de Educación Superior, en entrevista para Radio Habana Cuba realizada en el Palacio de Convenciones de La Habana.

“Martí ha sido una fuente de referencia constante de lo que hacemos, en particular en el trabajo de uno como dirigente político.

“Ha sido un elemento también de búsqueda, de superación, de asombro. Yo siempre cuando estoy trabajando a Martí en algunas de las facetas en las cosas que vamos a hacer, no pierdo esa capacidad de asombrarme de cómo un hombre que vivió tan pocos años, relativamente, un hombre que murió joven, pudo tener esa capacidad para tener un concepto universal de la problemática cubana y de la problemática del mundo de su tiempo, incluso adelantarse a su época.

“Y yo creo que es una de las gentes que uno pone también como paradigma, de la misma manera que uno trata de inspirarse en el Che, que fue una gente más cercana en el tiempo a mi generación, uno trata de ser como Martí.

“Cuesta mucho trabajo ser como Martí, pero yo creo que tratar de ser una persona integral, tener cultura general, poder apreciar con todos sus matices las cosas que suceden alrededor de uno, tener sensibilidad para los problemas humanos, para los problemas de todos, buscar la virtud, buscar la belleza, buscar la utilidad de las cosas, y sobre todo ese sentimiento de patriotismo, de defensa de la Revolución, y de buscar la dignidad en la gente, son paradigmas que uno tiene, y por lo tanto uno también trata de inspirarse en eso para tratar de ser como Martí.

“Martí es una figura y un pensamiento imprescindibles en todo lo que nosotros hacemos.”

Pienso que transcribir estas muy sentidas palabras de Díaz-Canel sobre el Héroe Nacional de Cuba, de aquella entrevista que formó parte de un programa ENTRE CUBANOS de Radio Habana Cuba, constituye el modesto homenaje que puedo rendir a nuestro Presidente, a quien considero un legítimo continuador de la obra y el legado de Martí y de Fidel.

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Un lugar para “el hombre y su tiempo

Aun en los momentos actuales, cuando pareciera que las bibliotecas y archivos, como lugares físicos, dejan de tener protagonismo en una sociedad que cada vez digitaliza y virtualiza más sus interacciones, estas instituciones resultan esenciales para la generación y transmisión de conocimientos. Espacios donde se salvaguarda la memoria de nuestra civilización y la obra de nuestros más preclaros pensadores.

Este es el caso de la biblioteca del Centro de Estudios Martianos que hoy conserva, preserva y disponibliza el resultado del trabajo de muchos  intelectuales para lograr que la enjundiosa obra de José Martí pueda servir de guía en nuestros días.

Quizás el primero de aquellos que dedicó su vida a promover el pensamiento martiano fue Gonzalo de Quesada, el “querido discípulo” de Martí, quien falleció preparando el volumen 15 de las obras del Maestro. Él solo deja escrito el prólogo, pero su familia, en particular su viuda (Angelina Miranda) e hijo (Gonzalo de Quesada Miranda) continúan su labor. Sobre todo el trabajo de su hijo permitió el incremento de los volúmenes que hoy se pueden consultar. Así, sobre otros continúo recayendo el “servicio glorioso” de eternizar las palabras del Apóstol: Juan Marinello, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Armando Hart, y otros valiosos intelectuales que se suman y sumarán…

Muchos años después el Centro de Estudios Martianos asumió la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí y en la actualidad esta obra reúne ya 29 tomos y está previsto llegar a 40.  En ellos los especialistas además de confrontar los textos con los originales, complementan la información a través de notas, índices de nombres y geográficos, etc. Esto permite al lector una mejor comprensión del texto martiano a través de una más amplia visión del contexto en que fue escrito, ya que una edición crítica como expresó Juan Marinello, es el reflejo del hombre y su tiempo.

El fondo que atesora la Biblioteca Especializada del Centro de Estudios Martianos, inscrito desde 2005 en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO, es hoy uno de los principales reservorios en el mundo de los documentos martianos. Fotocopias de los manuscritos originales de José Martí, carteles y afiches, sellos y marcas, monedas, vitofilia, mapas y planos, microformas, exlibris; una gran cantidad de soportes para un acercamiento cabal a esa figura que como confirmó el escritor cubano José Lezama Lima, es ese misterio que nos acompaña.

 

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