Detalles de la edición crítica de Las escenas norteamericanas, de José Martí

Las escenas norteamericanas, de José Martí, en la Edición crítica de sus Obras Completas, será el tema de la conferencia que impartirá la doctora en Ciencias Literarias Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos (CEM), el 15 de setiembre próximo (10 am) en la sede de la Sociedad Económica de Amigos del País, Instituto de Literatura y Lingüística, sito en Avenida Salvador Allende no. 710, entre Castillejo y Soledad, Centro Habana.

Su intervención incluirá el recuento de interesantes experiencias editoriales derivadas de la complejidad “de un corpus textual situado en una frontera intercultural, para el cual Martí debió nutrirse tanto de sus vivencias como de informaciones de la prensa norteamericana de la época, circunstancias que a la luz de un proyecto de edición crítica obligan a contrastar datos, puntualizar contextos y descifrar enigmas deslizados entre líneas”, explica Vázquez Pérez.

Justo es esa la función esencial del CEM: la edición crítica de las Obras Completas del Apóstol, labor iniciada por Cintio Vitier y Fina García-Marruz, y que lidera hoy el doctor en Ciencias Históricas Pedro Pablo Rodríguez al frente de un prestigioso equipo de investigadores de alto nivel científico.

Esta invitación de la Sociedad Económica de Amigos del País y de sus secciones de Cultura y Ciencias Sociales forma parte de la jornada Honrar honra prevista por las instituciones martianas para la celebración del año 170 del nacimiento de José Martí.

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Impartirán curso de posgrado en Centro de Estudios Martianos

Este 13 de setiembre da inicios en el Centro de Estudios Martianos el curso de posgrado “Textos y contextos del proyecto emancipador de José Martí” –todos los miércoles hasta diciembre (2 a 4 pm)– dirigido a profesionales de las Ciencias Sociales, Humanísticas y las Artes y, en general, a toda persona interesada en la investigación y divulgación de la vida y la obra de José Martí.

Será impartido por investigadores de la institución, los doctores (Ciencias Históricas): Pedro Pablo Rodríguez López, María Caridad Pacheco González y José Antonio Bedia Pulido; Marlene Vázquez Pérez, Carmen Suárez León, Mauricio Núñez Rodríguez y Lourdes Ocampo Andina (Ciencias Literarias); Adalberto Ronda Varona (Ciencias Filosóficas); Gladys González Martínez (Ciencias Sociológicas); la máster en Estudios Cubanos y del Caribe, Laura Rodríguez de la Cruz y los licenciados en Letras: Caridad Atencio Mendoza, Mariana Pérez Ruiz y David Leyva González.

De acuerdo con la convocatoria, que puede consultarse en nuestro sitio, los encuentros proponen una amplia interpretación del proyecto emancipador martiano, “el cual incluye la necesaria independencia de Cuba del colonialismo español, la alerta sobre el expansionismo estadounidense en Nuestra América y la fundación de una república en la que imperen la equidad y la justicia”.

El anuncio en las redes sociales de la inauguración de este curso ha suscitado mucho interés entre estudiosos que viven fuera de la capital o del país y en sus comentarios sugieren para futuros proyectos la modalidad híbrida (presencial y virtual) para que pueda ser compartida con toda la comunidad martiana del mundo. Ante los gratificantes reclamos, el Centro de Estudios Martianos informa que los contenidos serán grabados y replicados por el canal de YouTube de la página institucional.

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Reconocen Universidad Guadalajara por promover pensamiento martiano

Ciudad de México,  (Prensa Latina) La Oficina del Programa Martiano de Cuba entregó hoy una placa por el 25 aniversario de su fundación a la Universidad de Guadalajara por la difusión del pensamiento de su Apóstol de la Independencia.

El rector del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades del estado de Jalisco, doctor Juan Manuel Durán, recibió el reconocimiento del profesor Héctor Hernández Pardo, subdirector de la Oficina y coordinador del proyecto.

Al entregar la placa, el directivo cubano destacó que la Universidad de Guadalajara fue de las primeras en México en contar con una catedra martiana, espacio que mantiene una sistemática actividad académica, y además, es sede de la coordinación de la red internacional de cátedras martianas, tarea priorizada en las acciones del Proyecto José Martí.

El doctor Durán también recibió la medalla que otorga la Oficina del Programa en consideración al apoyo que desde el principio, hace 20 años, ha brindado a las actividades de la cátedra José Martí que funciona en ese centro universitario y que en noviembre próximo organizará el vigésimo Encuentro Internacional de Cátedras Martianas, que hasta ahora son más de 50 en universidades de diferentes países.

En la emotiva ceremonia efectuada en el salón del rectorado del Centro de Ciencias se subrayó el valor de las ideas de José Martí y su vigencia en la coyuntura internacional actual.

Estuvieron presentes entre otros, diversas autoridades universitarias de Guadalajara y todos los profesores integrantes de su catedra martiana, encabezados por su coordinador, doctor Mario Alberto Nájera.

mem/lma

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Guadalajara en el Proyecto José Martí de Solidaridad Internacional

Ciudad de México,  (Prensa Latina) El subdirector de la Oficina Nacional del Programa Martiano, profesor Héctor Hernández Pardo, explicó hoy en Guadalajara detalles del Proyecto José Martí de Solidaridad Internacional que promociona Cuba.
Hizo, además, un reconocimiento a la universidad de ese estado por sus aportes a ese programa.

El también coordinador de la Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo -que se celebra cada dos años en La Habana en los días del aniversario del natalicio del Héroe Nacional de Cuba-, realiza una visita de trabajo a Guadalajara, cuya universidad fue de las primeras en México en abrir una cátedra martiana, de las cuales ya hay en el mundo más de 50.

Entre los objetivos principales de su visita está la creación en ese estado del capítulo de promoción de la VI Conferencia para el noroeste mexicano, que se realizará en Cuba entre los días 28 y 31 de enero de 2025.

Se espera una asistencia superior a la de este año en La Habana, clausurada por el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, a la cual asistieron más de un millar de delegados de 89 países.

Hernández Pardo explicó los orígenes del Proyecto José Martí emanado de la primera Conferencia Internacional por el Equilibro del Mundo efectuada en ocasión del 150 aniversario del natalicio de Martí en 2003 y que desde el principio ha contado con el apoyo moral de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Precisamente en aquel cónclave jugó un papel protagónico el sociólogo, historiador y crítico mexicano Pablo González Casanova recientemente fallecido, condecorado por la Unesco en 2003 con el Premio Internacional José Martí por su defensa de la identidad de los pueblos indígenas de América Latina.

También se destacó la presidenta de la organización Francé Liberté y ex primera dama francesa Danielle Mitterrand.

Durante el acto se dio a conocer la convocatoria a la VI Conferencia la cual está abierta a escritores, historiadores, periodistas, artistas, políticos, economistas, científicos e intelectuales en general, y a representantes de movimientos sociales y de solidaridad, dirigentes sindicales y religiosos, entre otros.

Se trata de un foro mundial de pensamiento, plural y multidisciplinario que cuenta con el acompañamiento y el coauspicio de la Unesco, la Organización de Estados Iberoamericanos, la Fundación Cultura de Paz, la Soka Gakkai Internacional, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y otras instituciones internacionales, regionales y nacionales.

Hernández Pardo destacó que estas conferencias internacionales han devenido en espacios académicos y científicos de diversas ramas del saber, donde profesores, investigadores, activistas sociales e intelectuales de todas las latitudes del Planeta, independientemente de su origen, cultura, posición política o creencia religiosa, reflexionan en torno a los principales problemas contemporáneos.

Tienen el objetivo, finalizó, de encontrar propósitos comunes que permitan la unidad de acción global, y sensibilizar a la opinión pública internacional acerca de la importancia de que prevalezca el diálogo sobre la guerra, el amor sobre el odio, la solidaridad sobre el egoísmo.

jcm/lma

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Fidel Castro desde José Martí

La obra del Apóstol José Martí, cuya sabiduría impregnó para siempre en el pensamiento del Comandante Fidel Castro, nos la regaló La Colmenita “Caimitos de miel”, en el anfiteatro del Centro que lleva el nombre de nuestro líder de la Revolución Cubana.

Iluminada por la poesía, el acto cultural para celebrar el aniversario 97 del natalicio de Fidel, dio inicios con la representación del cuento “El camarón encantado”.

A continuación se proyectó una imagen del Maestro escribiendo su carta inconclusa al amigo mexicano, Manuel Mercado, desde el campamento mambí en Dos Ríos.

En ese contexto, los niños escenificaron y cantaron uno de los bellos poemas de Martí: “El alma trémula y sola”, conocido como “La bailarina española”, del libro Versos Sencillos.

 

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“La libertad, la bandera que Martí y Fidel nos legaron”

Se ha hablado y escrito mucho sobre la influencia del  ideario martiano en el pensamiento de Fidel Castro. Nadie pone en duda, pues lo dijo el propio Fidel, que las enseñanzas del Maestro desempeñaron un papel esencial en la evolución de su pensamiento. Nadie pone en duda, además, que una característica común a ambos corpus, y la que ha sido una de sus más grande improntas, es el reconocimiento del peligro que representa el avance acelerado del imperialismo y sus ansias hegemónicas.

Por esto, ambos hicieron de la lucha  por la libertad de Cuba y de la humanidad el designio de sus existencias en la tierra. Que ningún pueblo, que ningún individuo tuviera que vivir bajo ningún tipo de dominación que limitara los derechos más básicos para una vida digna. El análisis sistémico y dialéctico de todo el entramado político, económico y social; que conforma a la sociedad, les permitió señalar cual debía ser el camino a seguir por la humanidad para construir un mundo mejor. En estos tiempos donde se lucha contra la neocolonización y la recolonización, contra la globalización, la pérdida de las identidades culturales y la unilateralidad la libertad que los próceres cubanos exaltaron debe ser hoy la bandera de todos los hombres y mujeres dignos.

Los textos martianos están escritos con el propósito de formar nuevas generaciones que desde posiciones ontológicas, gnoseológicas, políticas y axiológicas vivan en un mundo de progreso caracterizado por el equilibro entre la humanidad y la naturaleza, entre pueblos distintos, entre individuos de diferentes estatus e ideologías. Por su parte, Fidel, en sus discursos llama a la humanidad a embarcarse en el camino de la autorreflexión del papel de la especie humana en el planeta y de la práctica en la búsqueda de la coexistencia sostenible.

Para ambos pensadores, la libertad de los pueblos no es solo una prebenda a ser alcanzada. La complejidad de la tarea radica en la capacidad de sostenerla. Así el Apóstol escribió “La libertad es como el genio, una fuerza que brota de lo incógnito; pero el genio como la libertad se pierde sin la dirección del buen juicio, sin las lecciones de la experiencia, sin el pacífico ejercicio del criterio”.[1] Por tanto, su sostenimiento depende de la labor consensuada de todos los individuos, más allá de diferencias de cualquier tipo. Parte de la necesidad de garantizar la estabilidad material y social de los pueblos, pues como dijo el Comandante “[…] No puede hablar de libertad una sociedad de clases donde existan atroces desigualdades y donde al hombre no se le garantice siquiera la condición de ser humano […]”.[2]

Por otro lado, el desarrollo de la cultura conduce de forma inexorable a la verdadera libertad porque “Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”.[3] Ser libres para ambos, va más allá de la simple capacidad de llevar a cabo determinada actividad basada en la elección propia. La capacidad de elegir y accionar no está aislada en el laboratorio de las estructuras de pensamiento, está condicionada por los contextos, por la formación cultural, por los principios éticos y morales, por los intereses de clase. En tanto, estos no determinarían en última instancia si todo hombre fuera educado en la verdad de que somos una comunidad y toda elección individual tendrá a la larga una repercusión colectiva. De tal forma no es solo deber pensar en el bienestar individual, cuando este —se quiera o no— dependerá del bienestar de otros. Entonces “La libertad debe ser una práctica constante para que no degenere en una fórmula banal”[4] porque “[…] cuando se disfruta de todas las ventajas de la libertad, es un poco más difícil comprender la tragedia de los carecen de ella […]”.[5]

La visión sobre la libertad de ambos líderes muestra aún que faltan muchas batallas por ganar. Batallas que en una sociedad como la de hoy requieren de formar una ciudadanía mundial más humana. Una humanidad capaz de comprender que “El arte de la libertad, consiste en que ha puesto al servicio de la virtud el egoísmo”.[6] Una humanidad que siempre tenga presente que “la libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.[7] Porque al final “[…] sólo en la libertad, en el honor, en la dignidad, en las elevadas metas que puede el ser humano proponerse, puede haber verdadera dicha, puede haber verdadera felicidad”.[8]

 

 

[1] La democracia práctica, libro nuevo del publicista americano Luis Varela. Revista Universal. México, marzo 7 de 1876. O.C. 7: 347

[2] Fidel y la Religión. Conversaciones con Frei Betto. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1985, p.336

[3] “Maestros Ambulantes”. La América. Nueva York, mayo de 1884. O.C. 8:289

[4] Cartas de Martí. La Nación. Buenos Aires, marzo 18 de 1883., Nueva York, enero 19 de 1883. O.C. 9:340

[5] José Martí en el ideario de Fidel Castro. Ediciones Especiales, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2004, p.53

[6] Revista de los últimos sucesos. La Nación. Buenos Aires, mayo 21 de 1887. Nueva York, abril 10 de 1887,; El Partido Liberal. México, 1887. O.C. 11:188

[7] Lectura en la reunión de emigrados cubanos, en Steck Hall. Nueva York, enero 24 de 1880. O.C. 4:184

[8] Palabras pronunciadas en el 20 aniversario de Unión de Jóvenes Comunistas, 4 de abril de 1990. Granma, 5 de abril de 1990, p. 5

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José Martí en Fidel Castro

La relación estrecha, íntima y sistemática entre la obra y el pensar de Fidel Castro con la de José Martí es consecuencia, desde luego, de la voluntad del primer líder revolucionario, quien muy así lo manifestó desde sus primeros textos políticos. Como prueba de ello se ha recurrido a menudo a la frase que pronunciara en su autodefensa titulada La historia me absolverá, cuando calificó al Apóstol de la independencia cubana como el autor intelectual del asalto al cuartel Moncada, de Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953.[1]

Al igual que buena parte de su generación, Fidel vivió su infancia y juventud en una sociedad que hizo de Martí paradigma de la nación, y que durante los años del frustrado proceso revolucionario del 30 sometió a crítica el sistema neocolonial desde los enjuiciamientos del Maestro. Las batallas por la Constitución de 1940, los afanes renovadores incumplidos por los gobiernos del Partido Auténtico y las esperanzas de adecentamiento y dignificación moral representadas por Eduardo Chibás tuvieron como punta de lanza el verbo martiano. Mientras que la escuela y la Universidad habanera, a su vez, dieron coherencia y sistematicidad a Fidel en la lectura y asimilación de la prédica del Maestro. El líder estudiantil y joven abogado que se introdujo en las lides políticas demostró disponer de un sólido conocimiento de la historia patriótica cubana y de un extenso manejo de la obra martiana.

Muchos años después, Fidel recordaba esa adscripción suya: “De lo primero que yo me empapo mucho, profundamente, es de la literatura martiana, de las obras de Martí, de los escritos de Martí; es difícil que exista algo de lo escrito por Martí, de sus proclamas políticas, sus discursos, que constituyen dos gruesos volúmenes, deben ser unas dos mil páginas o algo más, que no haya leído cuando estudiaba en el bachillerato o estaba en la Universidad”. [2]

Y precisaba Fidel la doble influencia que desde entonces le guiara: “Yo en ese momento tenía una doble influencia, que la sigo teniendo hoy: una influencia de la historia de nuestra Patria, de sus tradiciones, del pensamiento de Martí, y de la formación marxista-leninista que habíamos adquirido ya en nuestra vida universitaria”.[3]

Los grupos de revolucionarios que fueron reunidos por Fidel para afrontar con las armas a la tiranía batistiana compartían semejante culto patriótico e interés por las ideas del Apóstol, al punto de que ellos mismos se denominaron la generación del centenario ante aquel aniversario de su natalicio.

La acción armada de 1953 en Santiago de Cuba puede considerarse la inauguración de Fidel Castro en la vida política puesto que, por un lado, ese hecho repercutió notablemente y le permitió ser reconocido en la sociedad cubana, y, por otro, puso en evidencia que se abría así una nueva manera de enfrentar a la dictadura que había interrumpido la institucionalidad constitucional con el golpe de Estado un año antes: la vía de las armas frente al aparato militar, ejecutor y principal sostén de la tiranía.

No obstante, ya Fidel Castro se había hecho sentir en las lides políticas desde su paso por la Universidad de La Habana –entonces un foco de rebeldía y de formación de cuadros políticos–; por su presencia en la frustrada expedición de Cayo Confites contra la sangrienta tiranía dominicana de Trujillo; por su participación en el bogotazo, el levantamiento espontáneo en la capital colombiana ante el asesinato del popular líder liberal Jorge Eliecer Gaitán; por su activa militancia en el Partido Ortodoxo de Chibás, que movilizó a amplios sectores nacionales contra la corrupción administrativa; y por sus varias acciones legales y denuncias en la prensa de condena del golpe de Estado de 1952.

El joven, próximo a cumplir los 26 años de edad, que dirigió el asalto a la segunda fortaleza militar cubana en 1953 ya podía mostrar una hoja de servicios políticos que lo destacaba entre los jóvenes que se hacían notar por aquella época.

Durante los preparativos del aquel primer combate, Fidel Castro se fue asociando con un grupo de jóvenes de diversa procedencia social y geográfica, algunos de los cuales ya se denominaban la generación del centenario, en alusión a que el 28 de enero de 1953 se conmemoraban en todo el país los cien años del natalicio de José Martí, como luego del 26 de julio de ese año se siguieron llamando los revolucionarios que continuaron la pelea. Aquella no fue solo una manera de expresar una conciencia generacional sino, y sobre todo, de sustentar una postura profundamente crítica acerca de la sociedad y de la necesidad de subvertir sus rasgos de decadencia moral, de su dependencia de Estados Unidos, de su estancamiento económico sobre una base monoproductora y monoexportadora y de la crecente polarización social y el aumento de la miseria entre las clases trabajadoras.

Como había ocurrido desde los años veinte de aquel siglo y durante la frustrada revolución del 30, el ideario de José Martí volvía a ser usado conscientemente para fundamentar la necesidad de una revolución social en Cuba. Luego el joven Fidel Castro, sobre todo tras su ingreso en la universidad habanera, se formó en la política en esa tradición y en ese ambiente, influido por el proyecto martiano. Sus escritos de entonces evidencian en sus citas textuales y en su propio estilo esa presencia martiana, expresión de una lectura sistemática de la palabra del Maestro. No es casual que en más de cuarenta ocasiones aparezcan referencias expresas a la voz de Martí en La historia me absolverá, tomadas de muy diferentes escritos suyos, lo que manifiesta la familiarización del joven revolucionario con esa enorme obra escrita.

La propia etapa de organización del Movimiento 26 de Julio, luego de ser liberado Fidel de la prisión, tanto en la Isla como en la emigración en Estados Unidos y en México, y los preparativos del regreso a Cuba para reanudar la vía armada, indican una fuerte presencia martiana en su discurso, en la proyección social de sus objetivos, y en la justificación ética del método de acción que se seguiría y de los propósitos de las transformaciones sociales que se emprenderían.

Fidel Castro y sus principales seguidores desde el Moncada y posteriormente –Abel y Haydée Santamaría, Armando Hart, Juan Manuel Márquez, Frank País, por solo citar cuatro entre los más significativos de aquella época– repasaron las páginas del Maestro y aprendieron mucho de su ejecutoria práctica. La unidad entre las fuerzas opuestas a la tiranía a partir de una desvinculación respecto a los grupos reformistas, la necesidad de organizar a los sectores populares y de brindarles un programa que atendiese primordialmente a sus requerimientos de justicia social (tierra, trabajo, educación, salud, verdadera igualdad de oportunidades, orgullo nacional), son elementos claves del carácter martiano del pensamiento fidelista desde entonces.

Me atrevería a añadir que hasta en la singular formación militar de Fidel Castro –quien no cursó jamás escuela castrense alguna, y, sin embargo, fue un brillante estratega, tanto en la guerrilla como operaciones de enorme envergadura durante la guerra en Angola– influyeron las ideas del Maestro en cuanto a cómo organizar y dirigir una contienda armada, junto a su estudio sistemático de las luchas cubanas contra el colonialismo, en particular de las campañas de Máximo Gómez y de Antonio Maceo. Y siempre la eticidad martiana: una de las claves del éxito del Ejército Rebelde fue la desmoralización de las tropas de la tiranía frente a un enemigo que curaba a sus heridos y los devolvía a sus filas.

“Traigo en el corazón la doctrina del Maestro”.[4] Así, como sabemos, dijo Fidel durante su alegato de defensa en el juicio por los sucesos del 26 de julio de 1953. No era propaganda hueca la frase sino profunda convicción como patentiza el programa revolucionario expuesto en La historia me absolverá, verdadera guía de incuestionable impronta martiana para alcanzar la república diseñada desde el siglo xix y para cumplir la verdadera liberación nacional del país.

Por eso durante los preparativos en la Isla y en el extranjero para reanudar la luchar armada, la amplia campaña en busca de apoyo político y material no solo se asentó en la palabra del Maestro sino que, de hecho, siguió su estrategia unitaria contra el colonialismo. Demostraba así Fidel nuevamente que no era un mero repetidor de sus frases, sino que ellas calaban tanto en su propia doctrina como en su acción.

Como prueba de su adscripción plena a la ética martiana, al referirse al martirologio del Moncada y describir los crímenes de la tiranía contra sus compañeros prisioneros y asesinados, afirma Fidel también en 1955: “Eduqué mi mente en el pensamiento martiano que predica el amor y no el odio”.[5] Desde luego que, tras el triunfo del primero de enero y comenzar la obra de transformaciones revolucionarias y hacia el socialismo, el desarrollo y maduración del pensamiento de Fidel nunca dejó de lado las enseñanzas martianas.

“¡Al fin, Maestro, tu Cuba que soñaste, está siendo convertida en realidad!”.[6]Así puntualizaba en un discurso de 1960 cómo se cumplía el deseo martiano, frustrado en 1898, al fundamentar en Martí la obra de cambios que emprendía la Revolución: esta no era algo impostado sino expresión de las tradiciones y las necesidades insatisfechas del pueblo cubano. Raíz nacional y popular, raíz martiana tenía y tiene el proceso que rescató las riquezas y la soberanía nacionales, que abolió los privilegios y la explotación, que elevó las condiciones de vida y abrió amplio espacio al desarrollo de las capacidades de todos los cubanos.

El joven gobernante devenido pronto estadista perspicaz, el osado líder que proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana ante el inminente ataque militar de la fuerza mercenaria entrenada y apoyada por el gobierno de Estados Unidos, proclamó, y se atuvo siempre fiel a ese principio, el carácter martiano de esa Revolución también socialista y adscrita al pensamiento marxista.

Hay quienes han visto una incongruencia en ese doble basamento teórico e ideológico. Para los enemigos de la Revolución ello es una falsedad, algo imposible, puesto que encuentran incompatibles y hasta contrapuestas ambas fuentes, y hasta señalan –errónea y aviesamente– que en la Cuba revolucionaria se ha querido hacer de Martí un marxista. Incluso fue frecuente que entre los teóricos del campo socialista europeo se rechazara abiertamente o se mostrara incomprensión y duda ante semejante plateo por considerar que Martí no fue marxista, con lo cual, de hecho, se situaban en la misma óptica de los enemigos de la Revolución, aunque en su caso desde la perspectiva de la superioridad de lo que llamaban el marxismo-leninismo como teoría revolucionaria.

Ambas posturas, desde luego obvian un punto: tanto Martí como Marx fueron revolucionarios de su tiempo al servicio de las clases populares. Esa fue su coincidencia básica, la que posibilita precisamente que ambos sean referentes de un proceso socialista en Cuba. Y es en ese punto en el que Fidel Castro siempre trazó cualquier tipo de paralelismo, cuidando mucho de que sus palabras no condujeran a la pretensión de convertir a Martí en un marxista.

Pero, en verdad, en un político como Fidel no puede limitarse la explicación de esa postura a los elementos teóricos que informan su discurrir, ni siquiera a los ideológicos: hay que considerar su ejercicio de la política y los objetivos perseguidos a través de ella. Si se procede de ese modo, se comprenderá que la adscripción fidelista al socialismo parte y se fundamenta desde el programa revolucionario martiano a la vez que busca asimilar la creación de ese tipo de sociedad según las características cubanas, siguiendo el llamado martiano a la originalidad plena a la hora de organizar a un país, sin apartarse del conocimiento de las condiciones del país y del tiempo histórico en que se vive.

Es obvio que un análisis a fondo del proyecto socialista en el pensamiento fidelista ha de ir acompañado de un examen de las fases y momentos de la propia Revolución, algo imprescindible en quien como él se movió en la política concreta y no en el quehacer teórico. De modo muy breve, ha de recordarse que hasta 1971 la Revolución Cubana intentó construir una sociedad socialista tras el desmontaje de la capitalista, paso efectuado con suma rapidez entre 1960 y 1961 al ritmo que impuso la confrontación cada vez más aguda con Estados Unidos, la que abarcó situaciones candentes como la invasión por Playa Girón, el comienzo del bloqueo total económico y comercial, la crisis del Caribe o de los cohetes y las acciones de sabotaje, el apoyo a grupos armados contrarrevolucionarios y las infiltraciones y ataques desde embarcaciones venidas del Norte, además de los más de seiscientos planes para asesinar a Fidel Castro.

A pesar del estado de alerta y de la movilización casi permanente de cientos de miles de combatientes ante la amenaza de una agresión directa de las fuerzas armadas estadounidenses, el proyecto socialista cubano buscó desarrollar un camino propio en lo social y en lo económico, que privilegió el plano moral y las estrategias que no ligaran al país exclusivamente a la relación con el campo socialista y la URSS. La entrada en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), institución organizadora de la colaboración y la distribución de tareas entre los países del campo socialista, acentuó la incorporación cubana a las normas y procedimientos de aquel, aunque Fidel dio impulso personal a ciertas líneas que iban más allá de las fijadas por aquella institución, como la investigación en biotecnología. Y ya en los años ochenta el presidente cubano intentó corregir a escala insular, mediante lo que él llamó proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, los rumbos del sistema internacional socialista, cuya caída previó.

Es indudable, para quien lea desprejuiciadamente la Revolución Cubana, que Fidel Castro trató por todos los medios de mantener la actuación soberana del Estado cubano y que una y otra vez lidió por hallar soluciones originales, no importadas de otras naciones.

El gran combate contra el imperialismo de Estados Unidos fue siempre entendido por Fidel como la continuación del que en silencio emprendiera Martí, quien además, a su juicio, es la fuente esencial de los sentimientos latinoamericanistas y de las muestras de solidaridad e internacionalismo expresadas durante todos estos años por los cubanos. De ese modo, y dado el objetivo antillanista de Martí, la Revolución cubana no ha cejado en su apoyo manifiesto a la independencia de la hermana isla de Puerto Rico.

De igual manera, al crearse el Partido Comunista de Cuba como elemento culminante del proceso unitario de las fuerzas revolucionarias, Fidel ha insistido siempre en su fundamentación martiana junto a la marxista-leninista. En 1973 dijo: “Como el Partido Revolucionario Cubano de la independencia, hoy dirige nuestro Partido la Revolución. Militar en él no es fuente de privilegios sino de sacrificios y de consagración total a la causa revolucionaria”.[7]

Uno de los rasgos más notables de ese pensar desde sí, como siempre lo defendió Martí, es la sistemática y constante labor internacionalista cubana, que tanto en el terreno político como en el de la colaboración económica, siguió el camino trazado por Martí en cuanto al deber de Cuba en América y el mundo, cuya independencia debía contribuir al equilibrio en el continente y a escala universal. En consonancia con ello, la unidad latinoamericana fue caballo de batalla permanente para Fidel Castro, quien se acogió repetidas veces a las argumentaciones martianas al respecto.

También, al proclamar y practicar una ética humanista de servicio, tanto en el orden de la actuación individual como social, Fidel se atuvo a los criterios de Martí, y, como nunca antes había ocurrido, los convirtió en preceptos ineludibles para sí y para su pueblo.

Estas consideraciones éticas que Fidel coloca en primer plano para el Partido, siguen desde luego las enseñanzas quizás más importantes de Martí: su sentido de la moral, de la dignidad humana, del camino de servicio que se ha de emprender en la vida frente a los apetitos materiales, de poder y las vanidades de la gloria.

Hace muchos años Fidel manifestaba una idea que no solo hoy es imprescindible tomarla en cuenta, sino que constituye un basamento eterno para nuestro acercamiento y nuestra comprensión del mayor de los cubanos: “Podemos decirle a Martí que hoy más que nunca necesitamos de sus pensamientos, que hoy más que nunca necesitamos de sus ideas, que hoy más que nunca necesitamos de sus virtudes”.[8]

Ese papel de guía, de ejemplo de conducta y de alineamiento con los pobres de la tierra, frente a toda acción de injusticia, de preocupación por el decoro y la dignidad son probablemente los elementos esenciales asumidos de Martí por Fidel, quien se ha encargado de trasmitir esos valores una y otra vez.

Quizás más allá de todos sus aportes al pensamiento revolucionario, de su extraordinaria comprensión de la política, de su dedicación a su pueblo y a las causas populares, Fidel quedará para la historia como un líder moral, continuador de esa gran fuerza que proclamara Martí que es el amor, el amor a los seres humanos y a su vida digna. Cuánta verdad, pues, en su declaración pública de 1955: “Es el Apóstol el guía de mi vida”.[9]

Se trata, pues, de que más allá de que su formación humana fuera muy influida por sus lecturas de los textos del Maestro, y de su adhesión consciente y voluntaria a su pensamiento, Martí fue ejemplo y acicate para Fidel en su acción revolucionaria y en los amplios horizontes que lo impulsaron durante su vida.

Probablemente eso sea justo lo primero que habría que decir: Martí no fue moda pasajera en Fidel, ni fuente de aprendizaje durante un determinado período de su vida, ni recetario oportuno para cualquier mal, ni siquiera solo influjo intelectual.

Desde muy joven, Fidel se identificó con la doctrina moral, la lógica del pensar y la plena entrega de Martí al cumplimiento de sus objetivos revolucionarios, encaminados a subvertir a plenitud la sociedad entonces vigente y abrir paso a un país diferente. Sin embargo, es evidente que Fidel no deificó al Maestro, por mucho que este le guiara a menudo, sino que a lo largo de su vida sostuvo un diálogo permanente con él. De ahí, pues que ni sus ideas, ni sus proyectos ni su propia personalidad sean calco, copia, remedo de Martí. Fue la suya una identificación creadora, de tal modo, que nadie yerra cuando afirma que hay un pensamiento propio en Fidel Castro, en lo cual se expresa su asimilación verdadera de la constante apelación martiana a la originalidad de cada cual, de cada sociedad, de cada época.

No hay dudas de que el amor a la patria, el apego a los pobres de la tierra, la fe en el mejoramiento humano y en la utilidad de la virtud son componentes esenciales de la personalidad de Fidel aprendidos e interiorizados desde Martí. Luego no solo las especiales cualidades de Fidel como líder político (su antimperialismo y su rechazo a las degradaciones del capitalismo, su constante accionar en pos de la unidad de cuantos fueren posibles de ser unidos, su extraordinaria aptitud previsora, su talento para la respuesta inmediata ante cualquier obstáculo o peligro, su creencia en la capacidad de mejoramiento del ser humano, su perspicacia para valorar a las personas), deben mucho a su comunión con Martí, sino que, además, su entrega a sus ideales, su inquietud cognoscitiva y espiritual, en fin, su condición humana llevan, con su indudable toque personal y de estilo, el sello martiano.

Por eso hay que hablar de Fidel, siempre, y por encima de todo, martiano. Y por eso tantos los acompañaremos, a Fidel y a Martí, en la hermosa pelea por el bien del hombre, de un hombre digno y con decoro, en la que tenemos que continuar bregando en Cuba y en el mundo de hoy.

 

[1] José Martí en el ideario de Fidel Castro (compilación de Dolores Guerra, Margarita Concepción y Amparo Hernández), Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2004, p. 30.

[2] Ídem, p. 287.

[3] Ídem, p. 223.

[4] Ibídem, p. 30.

[5] Ibídem, p. 44.

[6] Ibídem, p. 101.

[7] Ibídem, p. 198.

[8] Ibídem, p. 260.

[9] Ibídem, p. 44.

 

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Centro de Estudios Martianos: Tarea grande y hermosa

En este acto sencillo vamos a dejar constituido el Centro de Estudios Martianos, dispuesto por el Decreto Número 1 del Consejo de Ministros. Estas palabras serán para subrayar dos ideas o dos compromisos, y destacar un agradecimiento o reconocimiento.

La primera idea consiste en recordar que este Centro se constituye para responder al mandato de Julio Antonio Mella, en el sentido de que era necesario estudiar las relaciones entre el pensamiento de José Martí y las tareas de la revolución contemporánea. Esto equivale a decir: estudiar las relaciones entre el pensamiento democrático revolucionario más avanzado y el camino de la revolución socialista.

Dentro de pocos días celebraremos el vigésimo cuarto aniversario del ataque al cuartel Moncada, que fue el homenaje más profundo, entrañable y fértil que se le rindiera a José Martí. Cuando el compañero Fidel replicara a sus captores que el autor intelectual de aquel ataque glorioso era Martí, subrayó el vínculo entre la revolución que quedaría trunca con la intervención imperialista en 1898, y la nueva etapa de la revolución social de nuestro siglo.

Orientado por el materialismo histórico, e inspirado en la enseñanza de Fidel en el Moncada, el Centro de Estudios Martianos debe cumplir el compromiso de estudiar las relaciones entre el pensamiento de José Martí y las tareas de la revolución socialista.

Grande y valioso aporte el que hará el Centro de Estudios Martianos, si con el pensamiento de José Martí y con el instrumento científico del materialismo histórico, logra exponer, con información y datos concretos, los lazos que unen al movimiento democrático revolucionario del Maestro con el ideario socialista de Marx, Engels y Lenin. Bastaría con este empeño, para justificar la existencia de la institución.

La otra idea o el otro compromiso que tiene la institución que hoy inauguramos, consiste en presentar con el ejemplo del caso literario de José Martí –para utilizar una expresión de nuestro Juan Marinello– la relación profunda entre la cultura y el quehacer político revolucionario de nuestro pueblo.

El Ministerio de Cultura está muy interesado en que no se desvincule el hecho literario o artístico del hecho político y social que hay en la vida de Martí y en todo el quehacer artístico de nuestro país. Tal desarticulación está en contradicción con nuestra formación cultural, y significaría un obstáculo al desarrollo del arte y la literatura en nuestro país.

El Centro debe estudiar con rigor científico la profunda relación entre la actividad artística y literaria de José Martí y el quehacer político y social al que él consagró su vida entera. Separar lo literario y artístico de lo político y social en la obra del Maestro, resulta prácticamente imposible. Uno de los hechos culturales más sustanciales y conmovedores de José Martí está, precisamente, en la que alcanzó las más altas  cumbres, y su quehacer político y revolucionario, desde donde se situó también en las cumbres de la historia de América y como una de las figuras más extraordinarias de la humanidad.

El caso literario y político de José Martí, unido en una sola pieza como dos aspectos de una misma realidad, presenta, con la belleza exquisita de su palabra y la grandeza y elocuencia de su política humanista, democrática y revolucionaria, uno de los fenómenos más interesantes de la cultura  y de la política cubanas.

Si el Ministerio de Cultura tiene el deber de proteger y conservar, como señala la ley, el patrimonio cultural de la nación, este hecho cultural, la unión entre lo literario y lo político que hay en José Martí, estamos en la indeclinable responsabilidad de estudiarlo y mostrarlo como una de nuestras grandes riquezas ideológicas. Y es que Martí, con su enorme talento artístico y su exquisita sensibilidad humana, entendió la política de conducir a un pueblo hacia su liberación de manera similar a como un artista cabal entiende su creación. Puede decirse que la política de Martí tiene los rasgos esenciales de un arte superior. Cuando se piensa en el conjunto armonioso de su obra política y en las formas y maneras con que fue modelándola, siente uno la impresión de que está frente a una hermosa obra de arte. Y, desde luego, la fuerza de la literatura de Martí se deriva en lo sustantivo del hecho de que expresó los intereses políticos, sociales y económicos del pueblo cubano y de América en su época histórica.

Es precisamente en el arte complejo y difícil de la política, donde su figura adquiere una trascendencia profundamente humana. Esta es una de las más hermosas herencias que nos dejó a los cubanos. En este valor está un aspecto esencial de la política y del éxito de Revolución Cubana en la etapa contemporánea.

En esta noche estamos también en el deber de recordar a un compañero que no está físicamente entre nosotros, pero que permanece con fuerza en el recuerdo. Me refiero a Juan Marinello. Debo decir que fue él, en lo esencial, quien laboró en la preparación del Decreto que creara al Centro de Estudios Martianos. Hubiéramos deseado velo encabezando a los compañeros que dirigirán esta institución. No ha sido posible. Pero su pensamiento está entre nosotros. Juan Marinello fue uno de los mejores martianos y uno de nuestros mejores marxistas-leninistas. Pocos como él abrazaron con tanta fuerza la causa de Martí y la causa del marxismo- leninismo. Por eso no puede dejar de estar presente  en un acto como este y en toda la tarea del Centro que hoy inauguramos.

Hemos designado a un grupo de compañeros para que, integrando el Consejo de Dirección de la institución, lleven adelante la tarea de este Centro. Ellos son: Roberto Fernández Retamar (que lo presidirá), Julio Le Riverend Brussone, José Antonio Portuondo Valdor, José Cantón Navarro, Ángel Augier Proenza y Francisco Noa Martínez.

Tendrán ustedes, compañeros, la más decidida cooperación del Ministerio de Cultura, y de todo el pueblo, en el empeño generoso de cumplir el mandato de Julio Antonio Mella. La tarea es grande y hermosa, el compromiso es indeclinable. Estamos seguros del éxito de este empeño revolucionario.

Ministros, en uso de la facultad que le otorga el Artículo 16 de la Ley número 1323 de 30 de noviembre de 1976, previo cumplimiento de lo dispuesto en el inciso g) del Artículo 18 de dicha Ley, y al amparo de la atribución contenida en el Artículo 41 de la misma Ley decreta lo siguiente:

PRIMERO: Crear un Centro de Estudios Martianos adscripto al Ministerio de Cultura.

SEGUNDO: El expresado Centro tendrá a su cargo las siguientes funciones:

  1. Auspiciar el estudio de la vida, la obra y el pensamiento de José Martí, desde el punto de vista de los principios del materialismo dialéctico e histórico.
  2. Recoger y conservar todos los manuscritos, ediciones originales, fotografías y otros materiales de José Martí.
  3. Promover publicaciones de y sobre la obra martiana, y al efecto crear y dirigir las colecciones que estime necesarias.
  4. Continuar la publicación del Anuario Martiano, con materiales relativos a la obra y el pensamiento de José Martí.
  5. Auspiciar conferencias, seminarios, simposios nacionales e internacionales o cualquier otra actividad de esta índole relacionada con José Martí.

TERCERO: Para la dirección de los trabajos y representación del Centro, este tendrá un director y un subdirector, que integrarán con otros miembros, su Consejo de Dirección. Estos funcionarios serán designados y removidos por el Ministro de Cultura.

CUARTO: Facultar al Ministro de Cultura para dictar las disposiciones que corresponda a los fines de la ejecución de lo dispuesto en el presente Decreto, incluyendo lo relativo al gobierno y orden interior del Centro de Estudios Martianos, así como la aprobación de sus planes de trabajo.

DISPOSICION TRANSITORIA

El Ministerio de Cultura presentará a la Secretaría del Consejo de Ministros, para su estudio y elevación a la aprobación de este Órgano, dentro del término de 30 días a partir de la vigencia del presente Decreto, un proyecto de estructura y plantilla del Centro de Estudios Martianos.

DISPOSICION FINAL

Se derogan cuantas disposiciones reglamentarias se opongan a lo dispuesto en el presente Decreto el que comenzará a regir a partir de la fecha de su publicación en la Gaceta Oficial de la República.

Dado en La Habana, en el Palacio de la Revolución, a 19 de mayo de 1977, octogésimo segundo aniversario de la caída en campaña de José Martí, “Año de la Institucionalización”.

 

Fidel Castro Ruz

Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros.

 

Armando Hart Dávalos

Ministro de Cultura

 

Osmany Cienfuegos Gorriarán,

Secretario del Consejo de Ministros

y de su

Comité Ejecutivo.

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Celebrando el año 46 del Centro de Estudios Martianos (+ vídeo)

Instituciones culturales cubanas e internacionales continúan enviando mensajes de felicitación al Centro de Estudios Martianos (CEM) por su labor durante 46 años de permanente ejercicio, cumplidos este miércoles 19 de julio.

El acto oficial de la celebración aconteció en la Sala Bolívar del CEM y contó con la presencia de personal diplomático acreditado en Cuba, así como con fundadores y trabajadores de la institución, quienes han dedicado su notable capacidad intelectual al estudio de la vida, la obra y el pensamiento de José Martí.

En su intervención, la doctora Marlene Vázquez Pérez centró su mirada en la personalidad de José Martí, en la facultad del héroe de hablarnos desde su prolífico legado con verdades de extraordinaria permanencia para nuestro país y para la región y el mundo, y recordó a personalidades vinculadas a la fundación del Centro como Fidel Castro Ruz, Armando Hart Dávalos, Juan Marinello, Cintio Vitier, Fina García-Marruz, Ramón de Armas, Salvador Arias, Enrique López Mesa, Rodolfo Sarracino Magriñat, y a la profesora Ana Cairo, mucho tiempo miembro del Consejo Científico del CEM.

Durante el encuentro fueron despedidas dos trabajadoras en proceso de jubilación: Marlene Santiesteban y Regina Arango, esta última fundadora del Centro. Y, por su cumpleaños, coincidente con la fecha, fue felicitado y agasajado en público el joven Miguel Alejandro Jerez Oliva, gesto cordial para reconocer la nueva fuerza intelectual con que cuenta hoy el Centro, subrayó Marlene.

El acto cerró con la presentación del trío de cuerdas MKM, interpretando “Almendra” (de Abelardo Valdés) y la muy versionada “My Way”.

©PJM

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Aniversario 46 de la fundación del Centro de Estudios Martianos

Con la apertura de una nueva sección en el portal del Centro de Estudios Martianos (www.josemarti.cu): Nuestra Opinión, así como con el habitual acto conmemorativo que reúne en el Salón Bolívar a investigadores, trabajadores y amigos, se celebrarán los 46 años de la fundación de la institución el próximo 19 de julio.
Este festejo ofrecerá un nueva oportunidad para el diálogo entre la comunidad martiana y el Centro; así como un espacio para el reconocimiento por el trabajo realizado durante estos años por quienes han encontrado en el estudio y promoción de la vida y obra martianas, un motivo vital.
Asimismo, todos los espacios online y redes sociales del CEM, estarán dedicados a recordar este aniversario y el prestigio nacional e internacional alcanzado por esta institución que ostenta, entre otras distinciones, la Orden Calos J. Finlay (2019).
Sea este aniversario 46 una fecha para celebrar y proyectar nuevas estrategias para consolidar la gestión de la ciencia y la innovación en torno al legado de José Martí

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