José Martí o las paradojas del deber y la libertad

El respeto a la dignidad humana, al ejercicio de la libertad de ciudadanos y pueblos, propio del legado de Martí, es hoy más necesario que nunca.

Ante cada aniversario de la caída en combate de José Martí debemos tener presente que fue un hombre muy afectuoso y amante de la paz, y en la labor de mejoramiento humano, de afianzamiento de los pilares del amor y la unidad, su pensamiento es de una valía indiscutible.

El lector no familiarizado con el legado del prócer puede objetar estas afirmaciones acudiendo al hecho de que Martí fue el organizador de la última guerra de independencia contra España. Sin embargo, su manera de concebirla dista mucho de lo convencional, pues en su opinión debía ser amorosa y breve.

Además, era para él una angustia suprema el hecho de que llevaba en sí la responsabilidad de esa contienda, necesaria e irremediable. Eso no le impedía advertir el enorme sufrimiento que causaría, por las vidas jóvenes que costaría esa libertad imprescindible y añorada. Resulta estremecedor este testimonio de Blanche Z. de Baralt:

«En los meses que precedieron a la Guerra del 95, cuando Martí era perseguido por el espionaje español, cambiaba de residencia a menudo para despistar a los agentes que lo buscaban. Venía a veces a pedirnos albergue, sabiendo que nuestra casa era la suya; y cuenta mi marido que una noche en que Martí durmió en su cuarto con él, lo despertaron unos suspiros profundos y unos quejidos lastimeros. “¿Qué tiene, Martí?”, le preguntó Luis, alarmado; abriendo los ojos exclamó: “¡Ay, las madres, las madres, cuánta sangre y cuántas lágrimas van a correr en esta revolución a que voy a lanzar a mi país!” Sentía el peso de la tempestad que iba a desencadenar y su alma sensible se condolía de los sufrimientos inherentes a la redención».1

Aunque la libertad como bien mayor cuesta un sacrificio enorme, es indispensable para la garantía de la paz de las naciones, y eso Martí lo entendió como nadie. Involucra a cada individuo, porque la primera expresión deseable de la libertad y de la propia paz es la de la familia, esa que Cintio Vitier definió, con toda razón, como camino hacia la Patria.

Desde muy temprano entendió Martí, también, que la libertad del individuo y de las naciones estaba estrechamente ligada a la cultura y a la capacidad creativa. Para él la imitación de los modelos foráneos, por tentadores que parecieran, nunca fue una opción, y es un criterio que lo acompañó desde su primera juventud hasta un texto de madurez y síntesis, como el ensayo Nuestra América. En un artículo temprano, Maestros ambulantes, que es considerado como una piedra angular de su pensamiento ético y pedagógico, se refiere así a este asunto: «Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno».2

Esta frase ha sido manipulada, recortada, descontextualizada, pero es conveniente verla en toda su magnitud. Esas verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí,3 para seguir poniendo en solfa a este mismo texto, aluden a cuestiones medulares, como la necesidad de alfabetizar y, por extensión, garantizar la participación cultural y ciudadana a toda la población de nuestros países, de manera que se echaran por tierra las ataduras mentales que dejó tras de sí la colonia. Implicaba también el fortalecimiento espiritual, de modo tal que se le diera a lo material la importancia real, de sostén de la vida, y no la prioridad que ha llegado a tener en nuestros días a merced de los dictados del mercado.

La batalla más ardua no era la que cortó el vínculo político y económico con la antigua metrópoli, ya derrotada a costa de grandes sacrificios. La independencia verdadera, profunda, no se había conseguido totalmente en tiempos de Martí, pues como bien declaró en Nuestra América, la colonia había continuado viviendo en la república: ésta debía luchar contra aquella y vencerla.4

El espíritu de todo un continente, situado al sur del río Bravo, debía levantarse contra nuevas formas de dominación, que ya se avizoraban en el horizonte, y que el cubano veía alarmado y decidido a prevenir, pues su pensamiento tiene un alcance descolonizador indudable. Dos años antes, en una de sus crónicas sobre la Conferencia panamericana o Congreso de Washington, como también se le conoce, escribió, luego de un párrafo formidable, en el que sintetizaba las verdaderas esencias del cónclave, que había llegado para la América española la hora de proclamar su segunda independencia.5

No se trataba solo de eludir con sabiduría, cautela y firmeza los tratados comerciales leoninos con que se pretendía atar a nuestros pueblos al nuevo amo disimulado. Había que prever, al mismo tiempo, con preparación oportuna e inteligente, otros peligros de igual magnitud, como el deslum­bramiento ante la prosperidad y la democracia representativa norteñas, por ejemplo. Ese mismo deslum­bramiento era –y es– el conducente a otras actitudes perniciosas, como el menosprecio de lo propio cuando se le compara con lo foráneo. Ese fatalismo es el denominador común de las actitudes lacayunas, de la imitación servil, de la ausencia de creatividad y de confianza en las propias fuerzas. Ellas son las vías iniciales para llegar a la colonización mental y, a posteriori, al anexionismo más ortodoxo. Con esas condiciones y actitudes se le está abriendo la puerta al colonizador, que no vacilará en someter por la fuerza si es preciso, después de haber penetrado en la casa bajo engaño y seducción.

¿Y qué país puede gozar de libertad y paz, colonizado por otro? ¿De qué manera se enfrenta la guerra cultural, y se preserva la soberanía? Tal parece que las obras martianas, a partir de 1889, sea cual sea su naturaleza, responden a esas interrogantes.

De ese mismo año es su artículo Un paseo por la tierra de los anamitas, publicado en La Edad de Oro. Es notable este texto por muchas razones, la primera de ellas tal vez sea la de la mirada desprejuiciada y alejada de todo racismo o folclorismo sobre un territorio del que se tenía poca información, y la que hubiese casi siempre estaba tamizada por una perspectiva distorsionada o exótica.

El cubano, en cambio, ofrece un retrato totalmente diferente. Es interesante observar la generalización de contenido ético, en la que da por sentadas y consolidadas realidades que lamentablemente no se corresponden con lo deseado:

«Y así son los hombres, que cada uno cree que sólo lo que él piensa y ve es la verdad, y dice en verso y en prosa que no se debe creer sino lo que él cree (…) cuando lo que se ha de hacer es estudiar con cariño lo que los hombres han pensado y hecho, y eso da un gusto grande, que es ver que todos los hombres tienen las mismas penas, y la historia igual, y el mismo amor, y que el mundo es un templo hermoso, donde caben en paz los hombres todos de la tierra, porque todos han querido conocer la verdad, y han escrito en sus libros que es útil ser bueno, y han padecido y peleado por ser libres, libres en su tierra, libres en el pensamiento».6

Concebir al planeta como ese lugar ideal, feliz, de paz perdurable, enrumba el sentido del texto por caminos muy diversos a lo que estaba sucediendo efectivamente en esa época y ocurre aún en la nuestra. Es como si desde la palabra se pretendiera cimentar los presupuestos teóricos de una realidad distante, pero posible, en la que las diferencias se resuelvan de modo amigable, buscando los puntos comunes de diálogo, y no las divergencias inconciliables.

El respeto a la dignidad humana, al ejercicio de la libertad de ciudadanos y pueblos, propio del legado de Martí, es hoy más necesario que nunca. Los cubanos sentimos el orgullo de tener por compatriota a un hombre de altura universal. Seguir ese ejemplo en pensamiento y en acción es una alternativa para construir una Patria –y una humanidad–, mejor y más justa. De nosotros depende el hacerlas posibles.

Fuentes:

  1. Blanche Zacharie de Baralt. Martí, caballero. En: Carmen Suárez León: Yo conocí a Martí. Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2018, p. 186.
  2. jm: oc, t. 8, p. 289.
  3. Ídem.
  4. jm: Nuestra América, oc, t. 6, p. 19.
  5. jm: Congreso Internacional de Washington. Su historia, sus elementos y sus tendencias. oc, t. 6, p. 46.
  6. José Martí. Un paseo por la tierra de los anamitas, La Edad de Oro, oc, t. 18, p. 460.
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José Martí, gran articulador de las redes intelectuales modernistas

El modernismo le sirvió a Martí no solo como expresión de una sensibilidad nueva en su poesía, sino como mecanismo de defensa de la identidad cultural americana y, al mismo tiempo, esa defensa se convirtió en un importante elemento de la construcción de su pensamiento antimperialista

Propuestas y enfoques novedosos fueron presentadas durante esta semana en el Coloquio Internacional El Modernismo en José Martí, realizado en el capitalino Centro de Estudios Martianos. La jornada formó parte de las acciones realizadas por el aniversario de la caída en combate en Dos Ríos del Héroe Nacional, este 19 de mayo.

Durante el encuentro, investigadores nacionales y extranjeros, así como estudiantes, abordaron desde diferentes aristas la contribución de Martí al modernismo.

En algunos sectores de la crítica literaria se considera que el poeta y escritor nicaragüense Rubén Darío fue el máximo representante del modernismo literario en lengua española, a partir de la publicación de su libro de cuentos y poemas, Azul (1888).

Sin embargo, los investigadores que participaron en el Coloquio defendieron por medio de sus ponencias que Martí fue el fundador del modernismo hispanoamericano, con la publicación de su poemario Ismaelillo (1882).

En la conferencia magistral, impartida por la Dra. Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro, se evidenció que Martí fue un articulador de las redes intelectuales de su tiempo. Por medio de su trabajo como periodista en varias publicaciones, y del intercambio epistolar, fue destacándose entre sus contemporáneos por su talento literario y liderazgo político.

Además, se analizaron algunas de sus obras de construcción modernista como el ensayo Nuestra América, el Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, Escenas norteamericanas, entre otras. En cada una están presentes enfoques anticoloniales, antimperialistas, de conciencia y compromiso social, abogando por la independencia política y cultural de Cuba y América Latina.

«El modernismo le sirvió a Martí no solo como expresión de una sensibilidad nueva en su poesía, sino como mecanismo de defensa  de la identidad cultural americana y, al mismo tiempo, esa defensa se convirtió en un importante elemento de la construcción de su pensamiento antimperialista», explicó a Granma Vázquez Pérez.

José Martí fue un ser extraordinario, que tuvo como pocos una profunda coherencia entre pensamienyo y acción. Poseedor de una mente brillante. Sentía curiosidad por todo y ningún tema le era ajeno. En tan solo 42 años de vida desarrolló una fructífera carrera como periodista y escritor. Fue un líder político, que luchó hasta incansablemente por la independencia de su amada Patria y la de toda América; un visionario que trascendió en el tiempo y sus reflexiones hoy se hacen más vigentes que nunca.

Aunque existen muchos libros sobre su vida y obra, la información existente es una gota entre el caudal que representa para la historia y la literatura ese hombre inmenso. Redescubrirlo es siempre un reto intelectual. Eso posibilitó este Coloquio, que dejó las puertas abiertas para seguir profundizando en el tema, y generó nuevas interrogantes que pueden ser punto de partida para futuras investigaciones.

«A Martí todas las escuelas de pensamiento le quedaron chiquitas. Trascendió con creces el modernismo y dentro de sus textos modernistas hay gérmenes de lo que sería la vanguardia de inicio del siglo 20», añadió la directora del Centro de Estudios Martianos.

Tomado de: https://www.granma.cu/

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La dictadura mundial de un sistema, denunciada por José Martí (II)

Desequilibrio y deshonor de una potencia

 

La primera parte de este ensayo termina con un rotundo vaticinio que, hecho por José Martí en un texto público —el Manifiesto de Montecristi—, se aprecia más claramente aún en una carta escrita en la misma fecha, 25 de marzo de 1895, y dirigida a su amigo dominicano Federico Henríquez y Carvajal. En ella se lee: “Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo”.[17]

 

Si en el texto público dice de qué depende —obviamente, peligra— “el honor para la gran república del Norte”, en la carta cuestiona “el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa”, y en campaña asociará a los Estados Unidos con el peligro del fomento de tiranías en nuestra América, concretamente en Cuba, pero no solo en ella.

 

De su entrevista, en un campamento insurrecto, con el corresponsal de The New York Herald, Eugene Bryson, nació el texto que ese diario publicó, en versión mutilada y falseada, el 19 de mayo de 1895, el día en que Martí cayó en combate, por lo que no pudo leerla. Felizmente, había tenido el cuidado de buscar que el texto original se publicara en Patria, y gracias a eso se conoce que entre los falseamientos introducidos por el rotativo se halla una de las increpaciones más desafiantes que en ese texto hizo al país norteño: “No es en los Estados Unidos ciertamente donde los hombres osarán buscar sementales para la tiranía”.[18]

 

Conociendo el pensamiento de Martí, sus preocupaciones sobre los planes estadounidenses de coyundear a nuestra América, se entiende el alcance de la táctica expositiva de un texto dirigido a los Estados Unidos con el mensaje de que respetase la soberanía de Cuba. Apenas dos semanas después de la entrevista, Martí escribió la que sería su última carta a Manuel Mercado, y las inquietudes que en ella expresó están atravesadas por su encuentro con el periodista estadounidense.

 

A ello remite la certeza que tenía de que su deber mayor era impedir que se consumaran los planes imperialistas de los Estados Unidos: “Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”. Entre otros componentes fundamentales de su proyecto, le hizo ver a Mercado que estaba al tanto de la política dirigida por ese país a disponer en nuestra América de gobernantes plegados a sus intereses expansionistas. En esa carta, la misma donde afirmó: “Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas;—y mi honda es la de David”, irrumpen pormenorizadas rememoraciones de la entrevista, como las que ahora se verán.

 

Martí testimonia que Bryson le había contado de una conversación suya “con Martínez Campos, al fin de la cual le dio a entender este que sin duda, llegada la hora, España preferiría entenderse con los Estados Unidos a rendir la Isla a los cubanos”. Pero más que ese punto, que seguramente no sería particularmente novedoso para él, a Martí le interesa otro que, aunque tampoco fuera un descubrimiento, remitía a los planes de los Estados Unidos para ir acrecentando su influencia en los países de Hispanoamérica: “Y aún me habló Bryson más: de un conocido nuestro y de lo que en el Norte se le cuida, como candidato de los Estados Unidos, para cuando el actual Presidente desaparezca, a la Presidencia de México.[19]

 

“Uno de los mitos de la sociedad estadounidense radica en lo que se vende como su funcionamiento democrático, pero Martí miró a fondo la realidad. Caló así en los ardides electorales imperantes, y de una de las campañas escribió algo que parece escrito sobre las más recientes”.

 

Los turbios manejos de la política internacional de los Estados Unidos dañarían cada vez más el honor de esa nación, y tanto más cuanto mayor fuera su poderío para acometer y justificar sus artimañas. Por ese camino la nación norteña se desbocaría —mejor dicho: se ha desbocado— como un gendarme en busca de coyundear el resto del mundo, a cualquier precio. Semejante realidad no se aprecia solo en el terreno internacional, sino también en la vida interna del país. Sobre su sociedad procede citar —un fragmento al menos, manteniendo a raya la tentación de citarla en su totalidad, lo que sería sumamente esclarecedor— la crónica de Martí publicada en el diario La Nación, de Buenos Aires, el 18 de marzo de 1883:

 

Estos eran los republicanos de “media raza”, como les apodan; los buenos burgueses, que no desdeñan bastante a la prensa vocinglera, a las capas humildes, a la masa deslumbrable, arrastrable y pagadora. Los otros, los imperialistas, los “mejores”,—y sus apodos son esos,—los augures del gorro frigio, que, como los que llevaron en otro tiempo corona de laurel y túnica blanca, se ríen a la callada de la fe que en público profesan; los que creen que el sufragio popular, y el pueblo que sufraga, no son corcel de raza buena, que echa abajo de un bote del dorso al jinete imprudente que le oprime, sino gran mula mansa y bellaca que no está bien sino cuando muy cargada y gorda y que deja que el arriero cabalgue a más sobre la carga.[20]

 

Uno de los mitos de la sociedad estadounidense radica en lo que se vende como su funcionamiento democrático, pero Martí miró a fondo la realidad. Caló así en los ardides electorales imperantes, y de una de las campañas escribió algo que parece escrito sobre las más recientes: “Al fin, la batalla cesa: no se ha peleado a lo púgil, sino a lo serpiente: hay brazos que llevan para toda la vida la mordedura. En la pelea se notó demasiado encono”.[21]

 

“El alcance de su proyecto puede aquilatarse por contraposición con la realidad que él conoció no solo en la colonia de la que era hijo y a cuya liberación consagró su vida, sino con la de distintos lares que valoró en su extensa obra periodística y, sobre todo, con la que escrutó como testigo presencial”.

 

En cuanto al bipartidismo que supuestamente garantiza la democracia representativa, trazó en 1886 un dictamen cuya vigencia, más que perdurar, crece:

 

El partido republicano, desacreditado con justicia por su abuso del gobierno, su intolerancia arrogante, su sistema de contribuciones excesivas, su mal reparto del sobrante del tesoro y de las tierras públicas, su falsificación sistemática del voto, su complicidad con las empresas poderosas, su desdén de los intereses de la mayoría, hubiera quedado sin duda por mucho tiempo fuera de capacidad para restablecerse en el poder, si el partido demócrata que le sucede no hubiera demostrado su confusión en los asuntos de resolución urgente, su imprevisión e indiferencia en las cuestiones esenciales que inquietan a la nación, y su afán predominante de apoderarse, a semejanza de los republicanos, de los empleos públicos.[22]

 

El 22 de noviembre de 1889 apareció en el rotativo argentino la crónica de Martí en que se lee: “Los votos, como que estos Estados nacen en hombros de corporaciones poderosas, estaban de compra y venta, según los intereses de las corporaciones rivales, y el influjo de las que tienen por la garganta a los votantes, con lo que les han adelantado sobre sus empresas y tierras”. En semejante cuadro, lo que ganó su simpatía fue “el empeño de la mujer en que se levante el Estado sobre el hogar, y no sobre la taberna”,[23] un propósito que, por contraste, hablaba de malas raíces.

 

Contra los opresores

 

Pero probablemente no haya en Martí mayor refutación del funcionamiento político estadounidense que la implícita y perceptible en el concepto de democracia que deseaba para Cuba. El alcance de su proyecto puede aquilatarse por contraposición con la realidad que él conoció no solo en la colonia de la que era hijo y a cuya liberación consagró su vida, sino con la de distintos lares que valoró en su extensa obra periodística y, sobre todo, con la que escrutó como testigo presencial.

 

“Acaso hoy como nunca antes la realidad de los Estados Unidos confirma la precisión con que José Martí juzgó el rumbo de esa nación”.

 

En ese caso se ubican España, con un tramo de república manca, y varios países por los que transcurrió su periplo de deportado y conspirador, y que eran formalmente repúblicas. Entre ellos sobresalieron aquellos donde residió: México, Venezuela y Guatemala. De las repúblicas instauradas en las que habían sido colonias de España hizo un balance que, más que hablar del pasado, muestra los ideales con que acometía la lucha para independizar a Cuba. Así resumió el propósito que veía incumplido en aquellas repúblicas, al cual se refirió en estos términos en su ensayo “Nuestra América”, publicado en enero de 1891: “Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores”. [24]

 

Pero, fuera de Cuba, en ningún país permaneció más tiempo que en los Estados Unidos, donde residió gran parte de los últimos quince años de su vida, o sea, durante el mayor desarrollo de su madurez intelectual y política. Tan amplia experiencia internacional debe tenerse presente al leer, en las Bases del Partido Revolucionario Cubano, escritas por él, que esa organización procuraba fundar en Cuba “un pueblo nuevo y de sincera democracia”. [25]

 

Acaso hoy como nunca antes la realidad de los Estados Unidos confirma la precisión con que José Martí juzgó el rumbo de esa nación. No solo por los desplantes políticos en que el césar de turno cuando se escriben estas páginas —Donald Trump— parece decidido a seguir hundiéndose, dominado por su afán de permanecer en la presidencia, sino especialmente por el modo como el gobierno reacciona tiránicamente contra su pueblo. Lo hace ante la crisis humana acarreada por una pandemia que ha puesto en evidencia lo raigalmente antipopular de un sistema constituido como un tirano industrial, y no de una industria cualquiera, sino primordialmente de la industria militar, cada vez más determinante en su política.

 

Aunque se tratara de un mal manejo y no de una utilización maltusiana de la pandemia que tanto daño ha causado al mundo y ha tenido largamente su epicentro en los Estados Unidos, las cifras de contagios y muertes en ese país por la COVID-19 son una terrible muestra del autoritarismo dictatorial con que su gobierno ha burlado las advertencias de sus mayores expertos y arremetido contra la Organización Mundial de la Salud. Como ya había hecho con la Unesco y con numerosos tratados internacionales pensados para mejorar la vida en el planeta, los Estados Unidos han puesto en evidencia su menosprecio de los pueblos —incluido el suyo propio— y de requerimientos básicos para la humanidad. No es una realidad que se haya visto únicamente bajo el reinado de un presidente como Donald Trump, de quien numerosos especialistas han dictaminado lo que la observación común también aprecia: es un sicópata.

 

“La realidad vivida desde el siglo XIX hasta nuestros días ratifica el valor de la increpación con que José Martí convocó a los Estados Unidos”.

 

Cuando se ha calificado de “pinochetadas” la actitud del presidente de los Estados Unidos, no basta considerar que se trata de reconocer que en el interior de su país uno de sus gobernantes adopta conductas propias de dictadores genocidas. El relevante intelectual estadounidense Noam Chomsky ha expresado incluso que los pasos de Trump en su frenesí egolátrico por ser reelecto “son como las acciones de un dictador de segunda en una neocolonia en algún lugar, como en un país pequeño que sufre un golpe militar cada par de años”. Y sostuvo asimismo que calificarlo de fascista sería excesivo, porque “es más como un dictador menor en un pequeño país sujeto a golpes militares […] Es esencialmente una dictadura de segunda”. [26]

 

Demos por sentado que, para ubicar a Trump en su sitio, Chomsky no intentaría ofrecer una visión meliorativa del fascismo, y saltemos por encima de las que pudieran tomarse como señales de menosprecio hacia los países más pequeños. Lo fundamental es saber que los regímenes dictatoriales de la América Latina y el Caribe, a menudo instalados en el poder tras cruentos golpes de estado que, desde sus preparativos, los han propiciado y apoyado los Estados Unidos.

 

Para ello el gobierno de esa nación se ha valido a menudo de la CIA, que no es, como algunos parecen creer, una tumoración anómala en su sistema político, sino una de sus principales y más representativas instituciones, junto al Pentágono y al poderoso mecanismo desinformativo con que edulcora sus actos y los de sus sirvientes. Algo similar cabe sostener del fascismo como recurso del sistema capitalista.

 

La realidad vivida desde el siglo XIX hasta nuestros días ratifica el valor de la increpación con que José Martí convocó a los Estados Unidos —empleando la táctica expositiva del deber ser, no porque confiase en el destinatario del desafío— a no convertirse en la base donde “buscar sementales para la tiranía”. Tiránicas han sido las intervenciones militares con que la potencia imperialista ha venido imponiendo su voluntad desde 1898, y que tanto en el siglo XX como en lo que va del XXI han tenido capítulos sonadamente brutales.

 

“En conjunto, la historia de los Estados Unidos y sus relaciones con el mundo está jalonada de hechos de toda mala índole, acometidos con el propósito de mantener la hegemonía que le ha permitido a esa nación ejercer un poder tiránico”.

 

Si en aquel año los escenarios fueron Cuba, Puerto Rico y las Filipinas —como anticipo de lo que escasas décadas más tarde serían las llamadas Guerras Mundiales—, luego vendrían para la América Latina y el Caribe, entre otras, las intervenciones en Nicaragua, Colombia, Guatemala, República Dominicana, Chile, Panamá, Granada y la Cuba que aplastó a la invasión mercenaria en Playa Girón y sigue sufriendo el bloqueo de la arrogante potencia.

 

En otras áreas geográficas se recordarán o aún están activas, desde la entrada oportunistamente capitalizada en la Segunda Guerra Mundial, operaciones que incluyen las sufridas por los pueblos de Afganistán, Irak, Serbia, Siria y Libia, para solo mencionar ejemplos ostensibles, sin olvidar el apoyo de los Estados Unidos a Israel en sus crímenes de lesa humanidad contra Palestina. Súmense los sostenidos afanes por derrocar a la Revolución Cubana, ya aludidos, y la permanente actitud, también delictiva, contra la Venezuela bolivariana y la Nicaragua sandinista, además de las pugnas geopolíticas enfiladas contra países cuyo desarrollo económico, político y social la potencia del Norte se aferra en impedir.

 

“Al estilo de lo más brutal y grosero de la conquista del Oeste, hoy el gobierno de los Estados Unidos ofrece recompensa por la cabeza de dirigentes políticos que defienden a sus pueblos y sus legítimos intereses nacionales”.

 

En conjunto, la historia de los Estados Unidos y sus relaciones con el mundo está jalonada de hechos de toda mala índole, acometidos con el propósito de mantener la hegemonía que le ha permitido a esa nación ejercer un poder tiránico. En ello se inscriben las pertinaces maniobras que urde y ejecuta para frustrar el multilateralismo, tendencia que en la arena internacional resulta contraria al papel de la potencia norteña como gendarme dictatorial que no renuncia a dominar el planeta, desde su territorio y fuera de él y, dato que no debe olvidarse, desde el cosmos.

 

Sería, pues, un sistema tiránico de dimensiones cósmicas. En otras palabras, lo que Martí vio y calificó justicieramente como “el honor dudoso y lastimado de la América inglesa” ha venido lanzándose desde 1898 por un despeñadero marcado cada vez más por saqueos, intervenciones armadas, guerras y otras acciones de terrorismo de estado. Al estilo de lo más brutal y grosero de la conquista del Oeste, hoy el gobierno de los Estados Unidos ofrece recompensa por la cabeza de dirigentes políticos que defienden a sus pueblos y sus legítimos intereses nacionales.

 

En medio de criminales maniobras contra la Venezuela bolivariana, un alto personero de la política imperial, el secretario de Estado del país patrocinador y artífice de las agresiones —continúa siéndolo aunque sus funcionarios sean otros—, declaró que los defensores de la potencia cesárea habían sido educados en mentir, matar, invadir y robar para que ella fuera una gran nación. Cuando se escriben estas páginas esa declaración ha desaparecido de la red, pero no ha desaparecido de los hechos, que hablan más palmariamente de esa realidad que el mismo canallesco y desfachatado pronunciamiento.

 

La Habana, 18 de agosto de 2020

 

Primera coda

 

Va para un año que terminó la presidencia del republicano Trump—quien antes de abandonar la Casa Blanca sumó a su abultado expediente delictivo la complicidad con el asalto al Capitolio Nacional—, y el tiempo transcurrido desde que el demócrata Joseph Biden lo sustituyó ha confirmado que el carácter tiránico de esa nación es profunda y decisivamente sistémico. Entre otras sólidas evidencias lo prueban “nuevas” órdenes de agresión contra Siria, y el apoyo declarado o más que implícito a los criminales gobiernos de Israel, Colombia y Chile, donde la sombra de Pinochet, sembrada por la potencia imperialista, no se ha extinguido. Cuenta asimismo la permanencia de los planes subversivos contra Cuba, incluidas las numerosas medidas de la administración precedente para reforzar el genocida bloqueo impuesto a este país con el fin de asfixiarlo, un bloqueo que dura ya seis décadas y ha merecido el creciente repudio de la comunidad internacional, cuya voluntad la tiránica nación desprecia.

 

La Habana, 15 de octubre de 2021

 

Segunda coda

 

Y si alguna duda quedara sobre el creciente totalitarismo de la política de los Estados Unidos, se podrá disipar al ver su participación en el conflicto provocado entre Rusia y Ucrania, y los manejos desinformativos con que —OTAN y cómplices mediante— la agresiva potencia norteamericana utiliza y ampara fuerzas en que campean elementos abiertamente fascistas, neonazis.

 

La Habana, 8 de abril de 2022

 

Tercera coda

 

La espiral de prácticas tiránicas y descrédito de los Estados Unidos crece. Hoy está más a la vista en hechos como su contubernio con Israel en la masacre del pueblo palestino, con actos que incluyen la represión violenta de estudiantes que en universidades estadounidenses reclaman que se ponga fin al genocidio. Mientras tanto, Joseph Biden se hunde cada vez más en la ignominia, y parece que puede haber un segundo turno para su émulo Donald Trump en la Casa Blanca. A cuál peor.

 

La Habana, 11 de mayo de 2024

 

Notas:

 

[17] José Martí: Carta a Federico Henríquez y Carvajal, Montecristi, 25 de marzo de 1895, O.C., t. 4, p. 111.

 

[18] José Martí: “Al New York Herald”, O.C., t. 4, p. 156. A las tergiversaciones del texto por parte del diario estadounidense dedicó el autor del presente ensayo el estudio “José Martí contra The New York Herald. The New York Herald contra José Martí”, José Martí, con el remo de proa, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, 1990. (Circuló asimismo en Anuario del Centro de Estudios Martianos, No. 10, 1987, y volverá a hacerlo en José Martí, puertorriqueño y otras aproximaciones a su obra, volumen en proceso de edición por la editorial puertorriqueña Patria, Inc.)

 

[19] José Martí: Carta a Manuel Mercado, Dos Ríos, 18 de mayo de 1895, O.C., IV, 167 y 168, respectivamente.

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Concluye hoy Coloquio Internacional El Modernismo de José Martí

Con la conferencia “Lo griego en Martí”, impartida por la prestigiosa Dra. Elina Miranda Cancela (Universidad de La Habana), se clausura hoy jueves (16 de mayo) el evento internacional más importante que cada año convoca y organiza el Centro de Estudios Martianos para actualizar, compartir e intercambiar saberes acerca de la vida, la obra y el pensamiento del prócer cubano.

Bajo el enunciado El Modernismo de José Martí, esta edición del coloquio ha confirmado una vez más su sello: profundidad y calidad tanto de las intervenciones como de las investigaciones presentadas.

Dos ejes temáticos abrirán (10 am) las salas en sesiones simultáneas: “Recepción martiana y herencia modernista” y “La Edad de Oro: consideraciones en torno al modernismo”.

Participan como ponentes: María Elena Capó Ortega (Universidad Agraria de La Habana); Melissa Martín Martín (Casa de las Américas); Carmen Torres; Adriana Rodríguez y Virginia Troncoso (Universidad Nacional del Sur, UNS, Argentina), así como los especialistas del CEM: Lino Adrián Reyes Hernández, Noel Alejandro Nápoles González y Mauricio Núñez Rodríguez.

© PJM

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Hoy se presentan varios libros en el Coloquio Internacional

Varios títulos se presentan hoy (al mediodía) en el Centro de Estudios Martianos (CEM), como parte del programa del Coloquio Internacional El Modernismo de José Martí, evento que sesiona desde ayer (martes 14 de mayo) en dicha institución como parte de la jornada bienal cubana e internacional “De cara al Sol” (2024-2026), de recordación al aniversario 130 de la caída en combate del Apóstol.

El Dr. Pedro Pablo Rodríguez, director del Equipo de Edición Crítica del CEM tendrá a su cargo las presentaciones de Abdala; Versos libres/Free verses y The Golden Age; la la Dra. Marlene Vázquez Pérez, directora del CEM: Vida y obra del Apóstol José Martí, de Cintio Vitier y la licenciada Maritza Collado (CEM): Polvo de alas de mariposa como eslabón legítimo de la poesía martiana, de Caridad Atencio.

El programa del coloquio (que puede ser consultado en detalle en nuestro Portal) inicia (10 am) con la conferencia especial “Valor de la derivación apreciativa en la creación poética de José Martí”, de la Dra. Marlen A. Domínguez, Universidad de La Habana y, posteriormente, los participantes deberán elegir entre los ejes temáticos reservados para para tres salas de sesiones simultáneas presenciales: Modernidad y el modernismo; Antropología martiana: conciencia religiosa y cultural en José Martí; Modernismo literario y cultural. Contexto y personalidades; Poemario Ismaelillo (1882): inicio del modernismo hispanoamericano.

Estas salas acogerán disertaciones de los estudiosos del CEM: Pedro Pablo Rodríguez, Mariana Pérez Ruiz, Carmen Suárez León, Maritza Collado Almeida, Paola Sánchez, Malena M. Ríos; de la Universidad de La Habana: Freddy Varona, Douglas Calvo Gaínza, Mauren Vidal, Jery Rodríguez Fernández y Alejandra Travieso; de la Universidad Agraria de La Habana: Sandra de la Caridad Gómez Cisneros; de Universidad de Ciencias Médicas de La Habana: Mireya Virgen Rodríguez; de Universidad la Ciencia, la Cultura Física y el Deporte: Bernardo Enrique Musibay Hernández; de Universidad de Pinar del Río: Jorge Moreno Aragón; del Instituto Cubano de Antropología: Osmara Mesa Cumbrera y Mayra Beatriz Medina García; del Instituto de Literatura y Lingüística “José Antonio Portuondo Valdor”: Marta Lesmes Albis, y del Centro Universitario de San José de las Lajas: Tania Rosa Ruiz González.

En la sala virtual se mostrarán intervenciones de Gisele Pinheiro da Cunha, Universidade do Estado do Rio de Janeiro (UERJ); Rubén Pator Avello y Magaly Rodríguez, Universidad de Cienfuegos y de Lil María Pichs Hernández (Oficina del Programa Martiano, OPM).

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Sesiona, desde hoy, Coloquio Internacional dedicado a José Martí

El Centro de Estudios Martianos recibe, a investigadores que, de modo presencial o virtual, estarán compartiendo sus saberes en el Coloquio Internacional El Modernismo de José Martí.

Abre el evento la conferencia magistral “Martí como articulador de las redes intelectuales de su tiempo y su lugar en la red modernista”, a cargo de la Dra. en Ciencias Literarias Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos.

Luego, el público accederá a varias salas de la institución organizadas, respectivamente, según ejes temáticos. Los de hoy identificados como: “El fenómeno del Modernismo en el proyecto anticolonial de nuestra América”; “Aproximaciones históricas” y “El Modernismo martiano: educación y proyecto emancipador”.

Los temas serán desarrollados por los conferencistas: Caridad Atencio Mendoza (CEM), Iván Alejandro Álvarez (Instituto Superior de Arte, ISA), Jesús Alejandro Blanco Fonseca (CEM), Xiomara Pedroso Gómez (ISA), Laura Rodríguez de la Cruz (CEM), Luis Enrique Domínguez Vázquez (CEM), Lic. Yilianis Bao Fuentes (CEM, Irina Pacheco Varela (Opus Habana), David Leyva González (CEM) y Melanie Santiesteban Pérez (CEM).

Consulte en nuestro Portal el programa íntegro del evento.

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Virgen inclinada sobre un pequeño ángel

En uno de los pasillos laterales de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, de El Vedado, justo encima de una de las puertas que da acceso al patio de esa edificación religiosa, se conserva un hermoso vitral que perteneciera a María Teresa Bances, esposa de José Francisco Martí y Zayas Bazán, quien inspirara en el Apóstol los versos del Ismaelillo.

La pieza –en excelente estado– fue fabricada en Italia y donada por Bances a dicha institución. Recrea la imagen de una virgen inclinada sobre un pequeño ángel y, en el extremo inferior, puede leerse la dedicatoria y la firma: “En memoria de mi padre. María Teresa Bances”.

La iglesia atesora también el acta del matrimonio Bances-Martí (folio 173 y número 279), ceremonia oficiada por el sacerdote Isidro Ruiz, en dicha parroquia, el 21 de febrero de 1916.

Hasta sus respectivos fallecimientos (1945 y 1980): José Francisco Martí y Zayas Bazán y María Teresa Bances y Fernández Criado, habitaron la casa de Calzada no. 807, esquina a calle 4, El Vedado, sede del Centro de Estudios Martianos desde el 3 de febrero de 1982.

Foto: © Ricardo García

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Vida, obra y pensamiento de Martí en el mundo

El Campamento Internacional “Julio Antonio Mella”, de Caimito, Artemisa, recibió a la doctora en Ciencias Literarias Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos, quien impartió una conferencia ante más de 300 brigadistas de 30 países.

El tema convocante (“Vida y obra del Apóstol”), incentivó el intercambio de preguntas, respuestas e intervenciones, todas de mucha riqueza intelectual.

Ante un público conformado por jóvenes alemanes, británicos, norteamericanos, coreanos, japoneses, hispanos y latinoamericanos (no más de 40 años de promedio de edad), el encuentro confirmó el interés que continúa despertando la vida, la obra y pensamiento del prócer cubano en el mundo, más allá de las diferencias histórico-geográficas y culturales.

Desde 1972, este centro multicultural del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), ha recibido a más de cincuenta mil personas de 60 países interesadas en promover la solidaridad del mundo con nuestra Isla.

Al término de la conferencia, se organizó una muy concurrida venta de libros de la editorial del Centro de Estudios Martianos.

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El periodista José Martí: Cultivador del humor y la ironía

Es comúnmente aceptado que si hubiera que encasillar a Martí en una única profesión entre la multitud de quehaceres que llevaba a cabo, se elegiría la de periodista. Toda su vida estuvo fundando órganos de prensa, desde su más temprana adolescencia, hasta el final de sus días, y casi como un dato curioso, puede decirse que la perspectiva humorística fue frecuente en ese quehacer.

Una de las primeras creaciones suyas fue la publicación de El Diablo Cojuelo, cuyo primer y único número apareció el 19 de enero de 1869, en la Imprenta y Librería El Iris. Era entonces un adolescente de apenas dieciséis años, y aprovechaba la efímera libertad de prensa que decretara el gobierno colonial, como medida desesperada para tratar de contentar a los cubanos, en un país que recién iniciaba la Guerra de los Diez Años. Sabía ya, de manera intuitiva, que en cualquier campaña de preparación ideológica, había que contar con el periódico, medio de comunicación por excelencia en aquella época.

Distinguen a este su primer intento en el terreno del periodismo un gran derroche de humor y de ironía, puesto en función de la denuncia de los males en que el gobierno colonial español tenía sumida a la Isla, algo que ya hemos tratado en otras ocasiones.[1]

Puede resultar un tanto sorprendente para el lector común asociar con la risa a un autor como Martí. Su nombre casi siempre se vincula a la tristeza, al dolor, al sufrimiento, a la extrema sensibilidad, al espíritu de sacrificio. No obstante, una lectura detenida de su obra devela la veta humorística, y sobre todo, la capacidad e intencionalidad suyas para emplearla como arma comunicativa eficaz, en su batallar por las causas justas, en su cuestionamiento de la sociedad norteamericana de su época, en su crítica a la monarquía española, y también, por supuesto, en el plano personal, de intercambio amistoso, divertido, a través de las cartas que intercambiaba con amigos cercanos.

En sus textos para La América, de Nueva York, abunda este recurso. Un pasaje interesante desde esta perspectiva de análisis proviene del artículo “Entrega de diplomas en un colegio de los Estados Unidos”. Desde la óptica de un estudiante, aborda el cronista el tema migratorio de la época, que ya resultaba preocupante para la sociedad norteamericana:

Examina otro las razones del dañoso influjo de la ignorante inmigración irlandesa en las ciudades, donde con su número sofocan el voto y se lo adueñan, sin que por su hábito de no reunirse más que con gente de su terruño, y por no ser la idealidad elemento singular de su naturaleza, ascienda en ellos la cultura a la par con su influencia y autoridad de sufragantes en el pueblo que los recibe como a hijos. Crían por las lomas de los suburbios los irlandeses, gansos, patos y chivos, e hijos descalzos, que de sus padres encervezados y de sus madres harapientas y del sórdido cura de la parroquia, no pueden sacar modelos para mejor vida, sino que en cuerpo y espíritu salen de sus chozas de mala madera, depauperados: y como la inmigración de Irlanda a New York es tan cuantiosa, sucede que de veras está gravísimamente amenazada de miseria mental y moral la gran ciudad. Los alemanes la remediarían, si no fueran tan dados al goce de sí propios y tan desentendidos del bien ajeno. Se ve que son mal cimiento de un pueblo formidable el abrutamiento y el egoísmo. Y hay escuelas por cierto; pero en los hijos de irlandeses, lo que la escuela cría, el chivo se lo come. El hijo del alemán, como que el padre suele abrirse camino y no vive en comunidad tan ruin, aprovecha sus libros; sobre que el alemán es hombre de su casa, y trabajador, lo que sin esfuerzo va dando buenos hábitos a los hijos. Y esto no lo decía el discurso del graduando, pero decía otras cosas excelentes.[2]

El modo despreciativo en que el estudiante norteamericano mira a los irlandeses es notable: revela la misma posición xenófoba que los ha caracterizado hasta hoy. Si bien se sirven de los emigrantes para los oficios más humildes que los nacionales se niegan a asumir, la nota despectiva es evidente. No obstante, la capacidad expresiva del cubano produce neologismos, como “encervezados”, que dotan al párrafo de un vigor inusual. No es lo mismo decir ebrios, borrachos o tomadores de cerveza. Y el modo en que compara la crianza de animales y de hijos, valiéndose de efectivos retruécanos, todos dispersos por los arrabales de la urbe como si estuvieran en el campo de la tierra natal, está dado, a mi modo de ver, por el deseo de develar los pilares débiles en que se asentaba la entonces emergente potencia imperialista, en las deficiencias educativas y espirituales que ya eran demasiado notorias, en las desigualdades brutales y en el descuido del cultivo de la ética. Las extremas condiciones de vida, la miseria, la discriminación por su condición de extranjeros, generan ese egoísmo, el vivir al día, la falta de aspiraciones.

Vale notar otra referencia irónica en ese mismo artículo, que lleva tras de sí toda una reflexión culturológica para entonces y para el presente. Como es conocido, en la década del ochenta del siglo XIX estaba en su apogeo el debate entre civilización y barbarie. A partir de la intervención de uno de los graduados, referida a la presencia de los ingleses en Egipto, desliza Martí sus propias opiniones al respecto:

[…]la civilización, que es el nombre vulgar con que corre el estado actual del hombre europeo, tiene derecho natural de apoderarse de la tierra ajena perteneciente a la barbarie, que es el nombre que los que desean la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea: como si cabeza por cabeza, y corazón por corazón, valiera más un estrujador de irlandeses o un cañoneador de cipayos, que uno de esos prudentes, amorosos y desinteresados árabes que sin escarmentar por la derrota o amilanarse ante el número, defienden la tierra patria, con la esperanza en Alá, en cada mano una lanza y una pistola entre los dientes.[3]

Además de revelarnos en este fragmento que su posición antiimperialista rebasaba a los Estados Unidos y se extendía a las demás potencias coloniales de la época, que expoliaban a otros pueblos para levantar sus riquezas, acuña Martí esos dos adjetivos formidables, o por lo menos los dota de un significado inédito hasta entonces. La ironía, así, le funciona para, en una inversión de lo tradicionalmente aceptado, ubicar al opresor, supuestamente civilizado y superior, léase el soldado británico, en la posición del bárbaro, por las prácticas inhumanas que le permiten el dominio de Irlanda y de la India. Y llevando las cosas más lejos, es de suponer que de no ser por esos estrujadores de irlandeses, y la extrema violencia que padecían sus víctimas, las oleadas migratorias de este pueblo a los Estados Unidos hubiesen sido mucho menores.

Como cierre del artículo reserva de intento para sus lectores sorpresa y asombro: los estudiantes inteligentes y locuaces del colegio de Vassar son mujeres, algo inaudito en el entorno patriarcal latinoamericano de la época, y que el cronista comenta admirado. En su opinión, como reiteraría luego en otras obras, el derecho a la instrucción no era exclusivo de los hombres:

¡Oh! el día que la mujer no sea frívola ¡cuán venturoso será el hombre! ¡cómo, de mero plato de carnes fragantes, se trocará en urna de espíritu, a que tendrán los hombres puestos siempre los labios ansiosos! ¡Oh! qué día aquel en que la razón no tenga que andar divorciada del amor natural a la hermosura! ¡aquel en que por el dolor de ver vacío el vaso que se imaginó lleno de espíritu, no haya de irse febril y desesperado, en busca de alma bella, de un vaso a otro! ¡Oh qué día, aquel en que no se tenga que desdeñar lo que se ama! marisabidillas secas no han de ser por esto las mujeres; como los hombres que saben no son por el hecho de saber, pepisabidillos. Hágase entre ellas tan común la instrucción, que no se note la que la posea, ni ella misma lo note: y entonces se quedará en casa la fatiga de amor.[4]

Obsérvese cómo acuña un neologismo, pepisabidillos, que no se aplicaba al hombre instruido, con lo que desautoriza el despectivo marisabidilla,[5] asignado a las mujeres. Además, es curioso el modo de compulsar a sus lectores, mayoritariamente hombres, para que favorezcan la instrucción femenina, demostrándoles, en aras de convencerlos ─tarea difícil en nuestras sociedades machistas─, que ellos también se beneficiarían de la misma y que de este modo mejorarían familia y sociedad. El manejo inteligente de la ironía, así como de los resortes afectivos, estaba dirigido a transformar las mentalidades y con ello ir preparando el camino a la emancipación firme, total, de nuestros países. No bastaba con la independencia política: el proceso transformador, de descolonización profunda, debía llegar a la cultura, al modo de vida, a la espiritualidad de los individuos, y en ese arduo devenir las estrategias comunicativas apoyadas en el humor, la ironía y sus recursos afines podían resultar extremadamente útiles, sobre todo en el ejercicio periodístico.

[1] Véase de Marlene Vázquez Pérez:https://www.lajiribilla.cu/el-diablo-cojuelo-una-muestra-del-humor-inteligente-de-jose-marti/

[2] JM: “Una distribución de diplomas en un colegio de los Estados Unidos. “ La América, Nueva York, Obras completas, Edición crítica (En lo adelante OCEC), t. 19, p. 226-227.

[3] JM: OCEC, t. 19, p. 227.

[4] Ibídem, p. 229.

[5] Aceptado por el Diccionario de la Real academia en su actualización de 2023, incluye un masculino que en mi opinión no se usaba en el siglo XIX, pues de lo contrario Martí no hubiese creado el pepisabidillo

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Céspedes en Martí

El Centro de Estudios Martianos celebró, este 18 de abril, el aniversario 205 del natalicio del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, con la realización de un panel integrado por el doctor en Ciencias Históricas, Pedro Pablo Rodríguez López, el licenciado y profesor universitario Luis Enrique Domínguez, y moderado por la máster en Estudios Cubanos y del Caribe, Laura Rodríguez de la Cruz.

Las intervenciones centraron la atención en las enseñanzas morales del iniciador de nuestras luchas por la independencia. Martí destacó en Céspedes no solo el ímpetu ante el proceso inminente de la guerra el 10 de octubre de 1868, sino su ética, valor y pensamiento, tanto como la inteligencia de autorreconocer los que consideró sus defectos. Fue un hombre que supo poner a un lado el amor propio, “o sea, sacrificar lo que nadie es capaz de sacrificar”, resumió Pedro Pablo “en bien de la libertad y de la unidad”.

Pedro Pablo, estudioso y jefe del equipo de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, se detuvo especialmente a exaltar el aprecio que el Apóstol sintió, a partes iguales, tanto por Céspedes como por Ignacio Agramonte, e impugnar el espíritu provinciano que, a veces, reaparece alrededor de las figuras de ambos próceres, contra los sólidos argumentos de la historia. En la defensa de esa relación, recordó al querido Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler, enemigo acérrimo de cualquier vanidad localista.

Entre el público estuvieron presentes el doctor en filosofía, Marek Hrubec, actualmente vinculado al Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU), de la Universidad de La Habana, y al diplomático Miguel Ángel Ramírez Ramos, quien en fecha reciente culminó su misión como embajador de Cuba en Japón y quien, en estos años, ha sido un colaborador indispensable del Centro de Estudios Martianos.

© Portal José Martí

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