Cintio Vitier en el CEM: celebrando al Maestro en sus cien años.

El centenario del natalicio del poeta, ensayista, crítico y apasionado estudioso de la obra martiana, Cintio Vitier (Cayo Hueso, 25 de setiembre de 1921-La Habana, 1ro. de octubre de 2009) será celebrado el jueves 23 de setiembre, en el Salón “Bolívar” del Centro de Estudios Martianos, institución que condujo en calidad de Presidente de Honor.

De acuerdo con las exigencias sanitarias para el control de la pandemia, el acto se realizará con asistencia limitada. En el panel de diálogo acerca de la relevancia de la obra de Vitier participarán los doctores Marlene Vázquez Pérez, Carmen Suárez León, y Pedro Pablo Rodríguez López.

En ese contexto se dará a conocer la convocatoria de la primera edición del Premio de la Crítica Martiana “Cintio Vitier”, certamen creado como un homenaje de sus discípulos para incentivar en nuestro país la permanencia de los estudios de la vida y la obra de Martí iniciados por Vitier y Fina García Marruz en los años 60 en la Biblioteca Nacional de Cuba y que, posteriormente, ellos alentaron como maestros fundadores desde el CEM.

La celebración del centenario comenzó para el CEM en mayo de este año con el Coloquio Internacional Estados Unidos en la pupila de “José Martí”, a partir de uno de sus ejes temáticos: “Martí en dos maestros” (Rafael María de Mendive y Cintio Vitier), evento virtual que tuvo gran repercusión en América Latina.

Por su contribución a la cultura nacional, Cintio Vitier fue reconocido en 1988 con el Premio Nacional de Literatura y la Orden “Félix Varela” y, en 2002 recibió el Premio Latinoamericano “Juan Rulfo”.

Junto a su esposa, la poeta y ensayista Fina García Marruz, ambos comenzaron a realizar la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, una de las más relevantes investigaciones que continúa el CEM, ahora a cargo de un equipo multidisciplinario dirigido por el doctor Pedro Pablo Rodríguez López.

Para organizar los honores en su centenario, a principios de este año fue creada una comisión que garantiza la realización de un programa cultural en todo el país desde 2021 hasta 2022. Dada su trascendencia, la comisión está encabezada por el Ministerio de Cultura, la familia de Cintio Vitier, Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí”, Centro de Estudios Martianos, Casa de las Américas, Instituto Cubano del Libro, Instituto Cubano de la Música, UNEAC, Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, Casa Vitier-García Marruz, entre otras instituciones.

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Memoria jubilosa de Cintio Vitier con motivo de su centenario

Marlene Vázquez Pérez

Repasar la trayectoria de un gran hombre a un siglo de su paso por el reino de este mundo, nos conduce inevitablemente a precisar fechas, hitos, encuentros, con el ánimo de perpetuar en el jubileo a que la fecha convoca, sus aportes señeros, hechos en función de sus contemporáneos, pero que generalmente sobreviven al autor. Y si, como reza el aserto bíblico, por sus obras los conoceréis, en el caso de Cintio Vitier, debo decir que mi primera comprensión de su existencia y de su valía intelectual, más allá de alguna noticia en medios de comunicación, fue uno de sus libros. Ese volumen tuvo para mí la cualidad de un descubrimiento, y como tal me deslumbró siendo estudiante y me cautiva hasta hoy. Me refiero a Lo cubano en la poesía (1958), un libro excepcional, porque aúna en sus páginas la sabiduría del exégeta avezado, el afán pedagógico del profesor, el acendrado amor a Cuba de un patriota genuino y el verbo de un poeta original.

Y no exagero si digo que significó un antes y un después en mi vida intelectual porque, luego de su lectura y de tenerlo como bibliografía en las clases de Poesía cubana que con pasión y sensibilidad nos impartiera la profesora Carmen Sotolongo, mi manera de ver la creación poética y la cubanía cambiaron para siempre.

Este libro me enseñó a admirar y a compadecer a Casal y a Juana Borrero, esos amantes jóvenes, geniales y angustiados por su pasión humana y su devoción hacia la Poesía. Me reveló también, por supuesto, a toda la pléyade de románticos atormentados, sangrantes de amor a su Isla, como Heredia, Milanés, Plácido, Zenea, que sufrieron en carne propia el dolor de la locura, o del destierro sin esperanzas, o del rigor del calabozo, la muerte injusta, y las balas rasgando las entrañas. Y también cómo no, a disfrutar y sufrir hasta las lágrimas de la poesía nacida de esas ansias de libertad y redención, del sollozo desesperado ante la cercanía de la ejecución, como la “Plegaria a Dios”, de Plácido, que convencen de la inocencia del poeta matancero hasta al lector más imperturbable y escéptico. Esa vivencia, de la mano de Cintio, tiene un doble significado, porque no solo se padece con el trágico final del bardo, sino que se acentúa con el decir piadoso y estremecido del cristiano fervoroso que fue Cintio.

Este libro hermoso, fuerte, útil, tiene la particularidad de estar estructurado no en capítulos, sino en lecciones, porque el profesor, con su amor a la sabiduría, con su afán de “contribuir a la educación de los demás”, como buen martiano, pensó este tema «para un curso que dictó en el Lyceum de La Habana y en la Universidad Central “Martha Abreu”, de Las Villas.» Fue tal su impacto, y la excelencia de sus textos, que sin grandes transformaciones se convirtió en libro, y salió de las prensas de la propia casa de estudios en 1958. Y como aconseja el autor en su presentación, debe ser leído como un poema, un inmenso poema que se inspira y ahonda en las esencias de la cubanía.

Bajo el título de Crítica cubana,[1] apareció otro volumen trascendental de Cintio Vitier. Es uno de los frutos perdurables de sus años en la Biblioteca Nacional “José Martí”. Me marcó poderosamente la erudición sin pedantería que campea en sus páginas, la prosa exquisita, el rigor metodológico del investigador acucioso, que prueba sus afirmaciones, pero que goza igual con el hallazgo a veces intuitivo que proporciona la poesía. Se trata de un volumen imprescindible para entender el pensamiento cubano de la etapa colonial, especialmente la crítica literaria y estética del siglo xix. Gracias a esas inquisiciones un autor como Tristán de Jesús Medina, por ejemplo, sale del anonimato y se revela al público lector.

Adentrarme en Temas martianos a profundidad, fue otra de las experiencias que agradeceré siempre a Cintio y a Fina. Porque en estos tomos indispensables en cualquier biblioteca de literatura cubana emerge una exégesis de la vida y la obra de José Martí de altísimos quilates, en el que el poeta, el pensador, el político, el hombre total, aparece sin deslindes forzados, en toda su coherencia y unicidad. Se convirtieron de inmediato, desde hace más de dos décadas en referencia obligada y en textos de consulta frecuente, sin los cuales no serían posibles mis empeños personales en el ámbito de los estudios martianos.

En junio de 1995, en el Convento de Santa Clara, tuvo lugar el Primer Congreso Internacional Cultura y Desarrollo, organizado por el Ministerio de Cultura. Formaba yo parte de una mesa martiana, que moderaba Pedro Pablo Rodríguez, y en la que participaban, además, Caridad Atencio, y otra compañera cuyo nombre no consigo recordar. En esa ocasión tuve el privilegio de conocer personalmente a Cintio y a Fina quienes, desde el público, con su interés y humildad, acompañaron nuestras exposiciones y nos reconfortaron con sus consejos y comentarios elogiosos, de manera que la timidez y el nerviosismo inicial de las entonces jóvenes ponentes desaparecieron de inmediato ante la modestia y bondad de ambos.

No podía suponer entonces que un lustro después ese privilegio se convertiría en algo cotidiano, porque vendría a trabajar al Centro de Estudios Martianos. En abril del 2000 tuve mi primer encuentro con Cintio, ya en el CEM, cuando él compartía con el colectivo de trabajadores sus reflexiones sobre José Martí, en respuesta al pensador japonés Daisaku Ikeda, las cuales se convertirían luego en libro.[2] Así, durante casi una década, tuve múltiples oportunidades de saludarlo, de conversar con él, de pedirle consejo, de darle a leer algún artículo. Tenerlo sentado en primera fila, como era habitual en él, cuando se llevaba a cabo algún evento en el que me tocara intervenir, era un reto muy alto, porque el ser humano siempre quiere mejorarse a sí mismo, y se tiende a imitar (no a emular), a aquellos que admiramos. Pero era un reto agradable, tranquilizador, porque de él o de Fina jamás saldría una palabra dura, o un gesto desdeñoso por muy joven o inexperto que fuera el autor. Al contrario, la mirada atenta, el asentimiento cómplice, la sugerencia oportuna, siempre me dieron bríos para seguir, y los nervios iniciales terminaban siendo seguridad y calma.

Cuando empezó a editarse la colección de sus obras, Cintio fue llamando poco a poco a los investigadores del CEM a su oficina, y nos regaló ejemplares de sus libros. De esa época guardo con mucho celo una dedicatoria suya, luego de un rato de charla, en el tomo dedicado a sus Temas martianos:[3] “Para Marlén [sic] Vázquez, agradeciendo siempre sus estudios martianos. Cintio Vitier. Abril 2006”.

¿Y qué tenía él que agradecerme a mí, que en aquel entonces era poco más que una aprendiz? Por supuesto que nada. Todavía hoy escucho su risa franca, al observar mi rubor y vergüenza. Y es que Cintio era un sabio, consciente de su valía, pero humilde en su grandeza, como los espíritus verdaderamente superiores. Era un humanista, en todas las acepciones que puede tener esa palabra. Por eso resultaba tan cercano, tan entrañable, independientemente de su condición de Presidente de honor del Centro de Estudios Martianos. Por eso, también, es recordado con alegría y devoción en este aniversario, como orgullo de Cuba, porque es, sin duda alguna, uno de sus mejores hijos.

[1] Cintio Vitier: Crítica cubana, Letras Cubanas, La Habana, 1988.

[2] Daisaku Ikeda y Cintio Vitier: Diálogos sobre José Martí, el Apóstol de Cuba, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2001.

[3] Cintio Vitier: Temas martianos, Letras Cubanas, La Habana, 2005.

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Historias paralelas que marchan simultáneas, Dr. Mauricio Núñez Rodríguez

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Permanencia de un descubrimiento, Caridad Atencio

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Comunicación sobre Cintio el traductor o la necesidad de fundamentar, Dra. Carmen Suárez León

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Ensayismo martiano de Cintio y Fina,  Dra. Carmen Suárez León

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Ante el centenario de Cintio Vitier. Dr. Pedro Pablo Rodríguez

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Cintio en su centenario. Dra. María Caridad Pacheco

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Cintio en mi memoria (Homenaje a Cintio), Por: Dr. Ibrahim Hidalgo Paz

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Fallece el historiador Eugenio Suárez Pérez

El Centro de Estudios Martianos expresa su profundo pesar por el deceso en la madrugada de este viernes 10 de septiembre, del intelectual cubano e historiador Eugenio Suárez Pérez, director de la Oficina de Asuntos Históricos de la República de Cuba.
Los trabajadores del CEM siempre vieron con admiración y respeto el desempeño de Suárez, su inmensa capacidad de trabajo, y su infatigable interés por preservar los fondos pertenecientes a grandes personalidades de la nación cubana, entre los cuales se halla José Martí, así como acrecentar los resultados de la Oficina que él consideraba “un ejemplo vivo de la obra imperecedera de Celia”.
Entre otras cosas, nos deja la incondicionalidad a su patria y a la Revolución, razones que le dieron sentido a su vida y por las cuales siempre lo recordaremos con especial consideración.
Lleguen a sus familiares, amigos y compañeros de trabajo las más sentidas condolencias a nombre de los trabajadores del Centro de Estudios Martianos.
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Leal, siempre leal –en el primer aniversario de su muerte–

Recordar a Eusebio Leal en el primer aniversario de su muerte es deber de quienes hemos seguido el paso a este hombre de tránsito dinámico y de realizaciones profundas. Reconozco que tuve la inmensa suerte de conocer a Eusebio Leal Spengler de una manera muy especial: mediante la experiencia bibliográfica plasmada en los cinco tomos de su Biobibliografía… (Ediciones Boloña, La Habana, 2012-2014), compilación que nos permitió, a mi hermana Josefina y a mí, adentrarnos en una vida y una obra verdaderamente excepcionales.

Nosotras describimos y analizamos su obra tratando de alcanzar la exhaustividad, pero fue imposible. Pronto lo supimos, a pesar de que la bibliografía como repertorio siempre sería útil, pues arrojaría valiosa y precisa información al dar a conocer, en cierta medida, a una personalidad mundialmente reconocida y dotada de tal riqueza que desbordaría los controles bibliográficos, entre otras razones, porque una parte muy considerable de su obra no fue publicada, ni grabada, fluyó en su inigualable oratoria para deslumbrar a quienes tuvimos la suerte de oírlo. Como él nos dijo una vez: sus palabras, en gran medida, se las llevó el viento.

Por tanto, solo un segmento de su producción aparece descrito en los cinco tomos de esa radiografía (más que Biobibliografía) de una vida y una obra, que se ha convertido en necesario banco de datos para quienes quieran conocer el quehacer profesional de una de las personalidades más deslumbrantes de la cultura cubana en los siglos xx y xxi.

Para mí, y para mi hermana Josefina (QEPD), fue una satisfacción personal y una realización profesional que la compilación mostrara, y demuestre, que Eusebio Leal no fue solamente Héroe del Trabajo de la República de Cuba, ni un cubano merecedor de más de diez doctorados Honoris causa y de numerosos premios, condecoraciones y reconocimientos relevantes, sino un hombre que merecerá por siempre el reconocimiento de su pueblo porque consagró su vida a la defensa de los valores que identifican a la nación cubana. Y porque es, además, el redescubridor, de su Habana, de nuestra Habana.

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De Martí a Fidel

En homenaje al 95 aniversario del natalicio del líder de la Revolución cubana, presentamos esta muestra virtual que tiene el afán de interpretar ideas, descubrirlo en la cotidianidad de un pueblo y devolverlo fresco y contemporáneo, a través de un hombre inmenso que fue fiel a su ideal y a su pueblo.
Estas imágenes permiten esbozar la fecundidad del ideario martiano en la obra que Fidel ha dejado en Cuba.
Ese Fidel que se nos presenta, educó su mente en el pensamiento martiano que predica el amor y no el odio, con el Apóstol como guía de su vida, nos dejó un legado vivo de la praxis martiana.
Marcado por la heroica defensa del juicio del Moncada, cuando expresó que llevaba en el corazón las doctrinas del Maestro, trascendió y se hizo gigante, llevó a Martí siempre, desde la letra clara y precisa dedicada a su pueblo, en las montañas de la Sierra, al nombrar la primera columna guerrillera con su nombre, hasta cada monumento, escuela y obra que priorizó para los cubanos.
Tributo eterno a la impronta de Martí en Fidel, su obra está presente, en la Cuba que hoy se continúa firme y solidaria, para la humanidad.

Tomado de: Museo Casa Natal José Martí-PAGINA Oficial

 

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Lecturas de Verano

El Centro de Estudios Martianos suma novedades al Festival Lecturas de verano, programa creado por el Instituto Cubano del Libro para promocionar la literatura como alternativa recreativa durante la etapa estival en nuestro país.

Desde la plataforma virtual, la editorial del CEM aporta a los lectores el beneficio de descargas gratuitas de libros de José Martí: Diarios de campaña, La Edad de Oro, Ismaelillo, Versos libres, Versos sencillos, entre otros, y estudios críticos emprendidos por investigadores de la institución, en los que puede constatarse la trascendencia de la obra política y literaria del prócer cubano. En su intervención, la editora jefa del Departamento editorial, Silvia Águila Fonseca, comparte información del fondo de la Biblioteca Martiana del Portal “José Martí” (www.josemarti.cu), que actualmente contiene cerca de 20 títulos.

Ensayistas-autores del CEM, Marlene Vázquez Pérez (directora de la institución), Mayra Beatriz Martínez Díaz y Lourdes Ocampo Andina, comentan títulos como Norteamericanos, apóstoles, poetas, bandidos; Ser hombre en Martí y Versos. José Martí, respectivamente. El doctor Pedro Pablo Rodríguez López presenta el tomo 29 de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, y explica pormenores de la complejidad de ese tipo de trabajo que, a cargo de un equipo de especialistas bajo su dirección, asume el reto de propiciar una lectura más profunda de los textos martianos.

El investigador David Leyva recomienda la obra del estudioso de Martí, Jorge Mañach, a partir de la selección de textos publicados por el investigador Salvador Arias (Martí en Mañach, Letras Cubanas 2014) y Ensayos. Jorge Mañach (presentación y prólogo de Jorge Luis Arcos, Letras Cubanas, 1999), y de otros autores que rescatan dicho legado, mientras la doctora María Caridad Pacheco dialoga acerca del Ideario pedagógico, de Herminio Almendros y los valores aportados por los editores del CEM a la selección de los textos de Martí con la inclusión de un texto hasta entonces desconocido “La revolución en la enseñanza”.

Esta campaña cultural, identificada con eslóganes como “Lee desde casa”, se desarrolla en todo el país desde principios del mes de julio y concluirá el 30 de agosto con la participación de escritores, editores, diseñadores, libreros, revistas literarias y demás instituciones vinculadas al libro en Cuba.

El CEM recomienda, además, la consulta del sitio www.cubaliteraria.cu, que ofrece la posibilidad de adquirir más de ciento cincuenta títulos, entre los cuales también se incluyen obras vinculadas al Apóstol como: Poesía completa (José Martí), de la editorial Letras Cubanas; De su puño y letra (facsímil), compilación de Pedro Pablo Rodríguez, a cargo de la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, y dos de la Editorial Verde Olivo: José Martí y esa presencia que nos acompaña y La Habana de José Martí, ambos de Milagros Gálvez.

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Un apócrifo martiano acerca de Haití

En los últimos días ha circulado en las redes sociales un texto atribuido a  José Martí en el que se exponen criterios denigrantes acerca del pueblo haitiano y que no  aparece en ningún escrito conocido del Maestro.  Esta deshonesta y malintencionada manera de citar textos martianos sin señalar las fuentes, es práctica que se viene repitiendo desde hace algunos años  con el evidente objetivo de degradar la limpia personalidad del mayor  de los cubanos, símbolo de nuestra nación y guía de nuestra firme resistencia frente al imperialismo estadounidenses. En este caso, las ideas expuestas en el dicho texto son totalmente ajenas a la opinión de Martí sobre la hermana nación antillana, además de estar bien lejanas de su singular y magnífico estilo.

El Centro de Estudios Martianos rechaza esa falsa atribución al Maestro y reproduce  el artículo de Carlos Rodríguez Almaguer, cubano residente en República Dominicana, quien desnuda esta burda falsificación  antimartiana.

 

HAITÍ EN LA MIRADA DE JOSÉ MARTÍ

 “Es el estigma de la pequeñez propia, el suponer la pequeñez ajena”. José Martí

Por Carlos Rodríguez Almaguer.

Cuando pensábamos que las épocas oscuras del puñal y el veneno habían quedado atrás, y que la raza humana entraría en razón después de la lección de humildad a que la ha obligado la naturaleza en forma de microscópico y letal enemigo, nos despertamos con la noticia de que en la madrugada del miércoles 7 de julio fue asesinado, alevosamente y en su propia casa, el presidente de Haití. Parecía imposible que a la república fundada por esclavos despuntando el siglo de las luces americano le cupiera una desgracia más. Pero no era cierto: le faltaba que el primer magnicidio del siglo XXI quedara reflejado en su historia dolorosa y tremenda.

A propósito de la nueva desgracia, ha regresado a circular por las redes de manera profusa y festinada una referencia peyorativa sobre el pueblo haitiano presuntamente salida de la pluma de José Martí:

Con Haití no hay posibilidad de entendimiento, todas las trivialidades de la ciencia política y económica se estallan contra esa realidad brutal. Es una cultura de miseria, depredación y pobreza que nos tragará irremediablemente a menos que opongamos una seria resistencia… Apartheid es la única vía. Cierra la frontera o restringe al máximo. Que se invierta todo lo que se quiera internamente en Haití, pero no liguemos los pueblos porque nada bueno saldrá. Haití no es una nación, es una masa de gente, y con intenciones muy siniestras hacia nosotros.

Cuando hace alrededor de tres años algunos amigos me consultaron sobre la veracidad de esta frase, con solo leerla la rechacé de plano. Ese estilo burdo que refleja un espíritu xenófobo y lleno de odio, que juzga más de lo que dice y emplea conceptos como “apartheid” que no vieron la luz hasta casi un siglo después[1], eso no es Martí. Lo negué entonces, lo niego ahora y lo negaré siempre, no solo porque en mis detenidos estudios sobre la vida y la obra de aquel gigante del pensamiento humano jamás he encontrado, ni en sus Obras Completas ni en los nuevos descubrimientos publicados hasta ahora, semejantes diatribas, sino porque esos mismos estudios me proporcionaron algo más que la impresión y la admiración por sus vibrantes y estremecedores conceptos, lo cual es ya en sí una bendición, sino que, analizando más allá de la frase el espíritu que animaba a aquel a quien Gabriela Mistral llamó “el hombre más puro de la raza”, llegué a descubrir la estructura de sus razonamientos, su visión más allá del concepto, y, sobre todo, la infinita capacidad de empatía desde la que podía acercarse a las situaciones más diversas y sacar de ellas conclusiones certeras y, generalmente, positivas: “Cuando he de decir bien, hablo; cuando he de decir mal, callo. Ese es el modo mío de censurar”.

Cuando se llega a semejante identificación con la estructura de pensamiento de otra persona, usted tal vez no pueda adivinar qué habría podido decir ante una situación hipotética, pero usted sí podrá asegurar lo que jamás habría sido capaz de decir al respecto. Porque si algo enseña el estudio de aquel gourmet de las bellas letras, es que las palabras tienen su decoro y sus delicadezas, y tienen en sí el enorme poder de construir o destruir, y que por más brillantes que parezcan, siempre serán una expresión opaca del sentimiento que las anima: “El hombre es superior a la palabra”.

Ni siquiera en los momentos más enervantes de su labor política empleó conceptos extremos contra sus enemigos, fueran estos pueblos o individuos, propios o extraños. Pero hablando específicamente de Haití, de su cultura y de su pueblo, dejó constancia escrita y publicada sobre las impresiones que le causaron sus dos pasos por la tierra de Toussaint y Petión. Así, por ejemplo, en noviembre de 1892, en una especie de rendición de cuentas sobre su primer viaje como Delegado del Partido Revolucionario Cubano a La Española, hace un recuento ante una concurrida audiencia que se reunió en los salones de la Liga, en Nueva York, para analizar los resultados de su recorrido por Santo Domingo, Haití y Jamaica:

Dos salones tiene La Liga, y los dos estaban llenos. Y allí, muy al pormenor, respondiendo a lo que se le preguntaba, allí, con todo lo agrio y lo dulce de la verdad, estudió hilo a hilo el Delegado, que iba como de mero conferenciante sobre temas públicos, lo recóndito y causal de los problemas peculiares de Jamaica, Haití y Santo Domingo. Él analizó los grados sociales y funestos de las razas; las culpas o razones de este grado y del otro; las causas de la cultura, y las insuficiencias de la cultura meramente literaria; el desacomodo entre la política natural, que arranca de las condiciones del país, y la política parcial y arrogante, aconsejada por la soberbia primitiva o letrada, de unos o de otros. Él habló largamente de los libros y los hombres de Haití, que tiene hombres y libros (…)[2]

Y en abril de 1894, en su periódico Patria, escribe “Los cubanos de Jamaica y los revolucionarios de Haití”, un artículo sobre la organización y procedencia de la guerra necesaria que dirigía como líder político, teniendo a su lado como General en Jefe del Ejército Libertador al inigualable estratega dominicano Máximo Gómez. En este escrito, Martí arremete contra la propaganda colonialista española que procuraba atizar entre los cubanos el miedo al negro y a la guerra de razas, empleando como referencia aterradora a la Revolución Haitiana. Y en ese vibrante y apasionado mentís en el que niega cualquier vínculo de la nueva revolución de Cuba con los dirigentes haitianos, Martí no cae en la trampa de negar ese lazo empleando términos despectivos sobre Haití, sino por el contrario, lo niega porque en verdad tal nexo no existía más allá de la simpatía de muchos amigos haitianos por la causa cubana, pero no conforme con eso, aprovecha la encerrona para destrozar los prejuicios que sobre el pueblo haitiano trataban de azuzar los colonialistas y sus lacayos de dentro y de fuera, y defiende a la nación negra castigada más allá de sus culpas por los que jamás le perdonaron el atrevimiento de ser libre:

Haití es tierra extraña y poco conocida, con sus campos risueños como en la soledad de flores de oro del África materna, y tal gentío ilustrado, que sin que quemen los labios puede afirmarse que ese volcánico rincón ha producido tanta poesía pura, y libros de hacienda pública, jurisprudencia y sociología, como cualquier país de igual número de habitantes en tierras europeas, o cualquier república blanca hispanoamericana. Callarlo sería mentira, – o miedo.[3]

4 Luis Toledo Sande. José Martí y un haitiano extraordinario: contra el racismo. https://rebelion.org/jose-marti-y-un-haitiano-extraordinario-contra-el-racismo/

De los hombres haitianos tuvo Martí un concepto elevado en la figura de algunos que fueron sus grandes amigos, entre ellos aquel al que llamó “un haitiano extraordinario”: Anténor Firmin.

De Firmin le impresionó a Martí, por sobre todo, la contundencia con la que en su libro De l’egalité des races humaines (Anthropologie positive) [De la igualdad de las razas humanas (Antropología positiva)], publicado en 1885, encaró y desenmascaró las tesis racistas del conde Joseph Arthur de Gobineau, expresadas en su famoso Essai sur l’inégalité des races humaines (Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas). Esta obra, cuatro tomos editados de 1853 a 1855 y reeditados en 1884, ubicó al autor entre los padres putativos del fascismo. Al honrar a Louverture en su impugnación del aristócrata francés, Firmin expresa que lo hace en el “momento en que todas las universidades europeas se reunirían para apoyar la teoría de la desigualdad de las razas, la inferioridad nativa y especial del negro”.[4]

Podemos comprender el impacto que semejante libro tuvo en Martí, justo en el momento en que una de las grandes amenazas a las que tenía que enfrentarse sin miedo, pero con mucho tino, era precisamente el fenómeno del racismo. No es casual que entre la papelería que se le encontró a su cadáver luego del fatídico combate de Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895, estuvieran varias hojas escritas a mano en las que el Apóstol había copiado varias citas del libro vindicativo de Anténor Firmin.

De aquella lucha tenaz del pensador cubano contra cualquier atisbo de racismo en el momento supremo de lanzar a un pueblo a morir o a ser libre, termino estos breves apuntes con un fragmento de las notas de Martí para un discurso, que en honor del Centauro Restaurador dominicano, Gregorio Luperón, le fuera solicitado por el cónsul de la República Dominicana en Nueva York, Hipólito Billini:

(…) vivía yo sobre ortigas encendidas, como se vive siempre lejos del país propio, en la lejana capital de Guatemala, de aquella tierra que ostenta en sus selvas y en su escudo, el quetzal de plumaje esmaltado y alma fiera que, cuando pierde la libertad, hunde la cabeza y muere: bien así como Santo Domingo indómito, ese pueblo quetzal. Y allá en Guatemala me enseñó un buen cubano, una noche en que apretada la garganta y secos los ojos, hablábamos de las glorias y desdichas de nuestra tierra, una carta en que el caballero Luperón explicaba, con ese cariño por las causas débiles que es dote exclusiva de las grandes almas, explicaba humilde y tiernamente los impulsos que le habían movido a tributar honras fúnebres a aquel cubano de espíritu templado a fuego sobrenatural, a Ignacio Agramonte. Me puse en pie, como si Luperón estuviese delante de mí, a apretarle las manos; le di asiento en mi corazón, donde se sientan pocas gentes, y contraje con él una deuda de ternura y afecto que le pago esta noche.

 Gracias, dominicano generoso, en nombre del muerto. Gracias, hombre de juicio sereno y corazón…

 Abomino los odios fanáticos, tanto como amo los corazones generosos. La libertad de mi patria, quisiera verla surgir de entre alas, no de entre charcas de sangre; pero a mi tierra la llevo en el alma, como a una hija querida, y a quien me ha admirado y consolado a mi tierra, y dado favor y cariño a sus hijos, a raudales le doy esta alma mía, para que haga con ella lo que quiera, ya que ella es tal que no dejará nunca que se haga de ella nada malo, y en un abrazo que no se acaba, aprieto a mi corazón al hombre generoso que puso una corona de sus flores libres en el ataúd de nuestros muertos, y dio amparo y calor en sus horas de desdicha a estos otros muertos, ¡los desterrados!

 Tiene el mundo dos razas: parecida a los insectos la una, la de los egoístas; resplandeciente, como si en si llevara luz la otra, la de los generosos.[5]

Pueden los egoístas de hoy y de mañana lanzar donde se les permita sus frustraciones, sus odios que carcomen, sus xenofobias criminales, su mentalidad fascista, pero a lo que no tienen derecho, ni poco ni mucho ni ninguno, es a tratar de apuntalar sobre el prestigio inmaculado de aquel hombre solar su discurso infame, su pequeñez humana.

En tiempos de fake news y desinformaciones disfrazadas de noticias, aun los más incautos deberían, para no ser parte de estas redes de infamias, hacer una simple y salvadora solicitud: “Por favor, indíqueme su fuente.”

[1] Más tarde una versión de la frase continuaría circulando hasta ahora, pero ya sin el término de marras, pues era evidente que éste revelaría a primera vista su naturaleza apócrifa.

[2] José Martí. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975,  tomo 2,  p. 176.

[3] Ídem, tomo 3, p. 105

[4] Luis Toledo Sande. José Martí y un haitiano extraordinario: contra el racismo. https://rebelion.org/jose-marti-y-un-haitiano-extraordinario-contra-el-racismo/

[5] José Martí. Op. Cit., t. 7, pp. 307-308.

 

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Hasta siempre querida amiga

La noticia llegó de manera inesperada, aunque sabía desde hace algún tiempo su batalla contra una penosa enfermedad que la aquejaba físicamente sin que por ello mermara su espíritu combativo, ni su carácter siempre afable y bondadoso. Astrid Barnet falleció este miércoles 28 de julio, y como han afirmado sus colegas periodistas, estuvo combatiendo desde su trinchera, el periodismo, hasta poco antes de su partida definitiva.

La conocí en el Instituto de Historia, anexo al Comité Central del PCC, cuando ella trabajaba en el equipo que dirigía Ramón Nicolau, dedicado a investigar la participación de los cubanos en la defensa de la República Española (1936-1939), y ambas formábamos parte de la dirección del Comité de Base de la UJC. Fueron muchos años de amistad
sincera, de compromiso revolucionario compartido, de alegrías y tristezas.

Otros han escrito sobre su trayectoria profesional, su rol activo como corresponsal en diversos sitios digitales y otros medios de comunicación masiva, sobre las numerosas distinciones recibidas, entre las cuales se halla el Reconocimiento “Crear es vencer” entregado por el Centro de Estudios Martianos (CEM), por ser colaboradora activa
durante muchos años de nuestro centro, al que se vinculó con gran entusiasmo. Yo prefiero recordarla con su proverbial alegría, su amor por Cuba y por la Revolución.
Desde esta página no te decimos adiós, querida amiga, compañera, sino hasta siempre, porque quedarás en la memoria de todos aquellos que tuvimos la ventura de conocerte y disfrutar de tu amistad.

Como muestra del homenaje que el Portal José Martí dedica a nuestra
admirada periodista, reproducimos su artículo VIVIMOS TIEMPOS DE
IMPRONTA MARTIANA Y DE PUPILA INSOMNE.

Vivimos tiempos de impronta martiana y de pupila insomne

Astrid Barnet

Quizás muchos lectores aún se pregunten cuáles han sido las particularidades histórico-políticas —e incluso sociales— que han hecho de Estados Unidos y de sus diferentes administraciones un país con actitudes de gendarme internacional, de coloso expansionista y manipulador de grandes capitales financieros en el mundo entero. Hay que recordar que Estados Unidos fue la primera nación moderna, surgida a partir de un régimen político-liberal y de un modo de producción capitalista reproducido en otros territorios europeos y trasladado al ámbito norteamericano en forma de prácticas, concepciones y pensamiento filosófico en general.

 Tempranamente el Apóstol comprendió la esencia de la política norteamericana y alertó sobre el peligro que representaban sus pretensiones expansionistas. Fuente: Sitio del Centro de Estudios Martianos

Así, la sociedad norteamericana nace y se afianza a partir de un tipo de colonización muy específico, distinto al que irrumpe en América Latina como consecuencia del proceso de conquista y colonización europeas. Un proceso que algunos analistas denominan sociedad-fragmento. Se trata de países nuevos que surgen lejos de la metrópoli; primeramente con la existencia de grandes asentamientos indígenas distribuidos en buena parte del Nuevo Continente una vez llegado los conquistadores, y más tarde, con un comercio de esclavos procedente esencialmente de África y de algunos puntos de Asia y Oceanía, los que con el tiempo y tras un proceso de profunda transculturación originarían el mestizaje en los pueblos de nuestra América.

Ninguno de los nativos asentados en territorio norteamericano conocieron o tuvieron relación con nuestro grande y hermoso proceso de mestizaje. Lo que realmente ocurre en el territorio de Estados Unidos es el aniquilamiento, exterminio o expulsión y confinación de la gran masa segregada de los pueblos nativos a manos de los colonizadores anglosajones blancos protestantes. Algo que aún conforma la raíz filosófica y sociológica de la élite política estadounidense y de sus instituciones en general, como ideología arraigada.

Hay que recordar que luego de lograr su independencia a finales del siglo XVIII, Estados Unidos se sustrajo a los conflictos existentes en Europa y se consagró al desarrollo de sus fuerzas productivas, de hecho sacó cierta ventaja a su metrópoli de origen, Gran Bretaña, y llegó a convertirse en potencia hegemónica durante el siglo XIX. Asimismo, su quehacer bélico expansionista siempre ha sido librado en territorios ajenos, sin ocasionar daño alguno en su tierra. Valdría la pena rememorar sus experiencias en dos guerras mundiales, y sus intervenciones militares en Vietnam, Afganistán, Libia, Irak, el Golfo Arábigo-Pérsico, etc. Con ello, y a partir de su dominio imperial, ha logrado reforzar su economía en tiempos de guerra, y a su vez ha obtenido cuantiosos avances industriales en todos los órdenes, entre los que se incluyen los relacionados con la esfera espacial.

Con mayor fuerza aún se observan manifestaciones que conforman sus raíces psicológicas, ideológicas y político-sociales, así como una cultura política “única e invencible de gran nación” que continúa reproduciendo valores filosóficos, éticos y morales similares a los de la llamada guerra fría. Sin duda, una imagen deleznable, prepotente, expansionista y sobre todo racista, a partir de la consigna de “América primero”, enarbolada por el recién saliente inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump.

Bajo este precepto, dicha Administración realizó durante sus cuatro años en el poder una labor de afianzamiento ideológico y cultural imperialista:

En la medida en que esa cultura antecede y sucede a la guerra fría como tal, alimenta en la actualidad el proceso de afianzamiento ideológico de la hegemonía norteamericana (…) que pareciera tener como objetivo transformar el mundo en función de los valores de los Estados Unidos, mediante una nueva apelación al consenso interno y a la defensa exterior de la seguridad de la nación.[1]

A este engranaje —trasladado a todas las esferas de la vida del pueblo norteamericano— han respondido y responderán (desafortunadamente) cada una de las administraciones de ese país. Acerca de ello el Héroe Nacional de Cuba alertó a la América nuestra a modo de conclusiones necesarias para estudiar e investigar con profundidad.

En las crónicas martianas se halla la descripción del sistema político estadounidense, cuya vigencia es trascendental:

El boss odioso cabecilla del partido es quien prepara las elecciones, las tuerce, las aprovecha, las da a sus amigos, las niega a sus enemigos, las vende a sus adversarios, es quien dominaba los cuerpos electorales e imponía candidatos que son siempre tenaces tenedores de ricos oficios. (…) Se compran y se venden los votos, y eso es la cuna del poder, de ahí que elegantes caballeros y altos potentados se coaligan para la compra-venta, por lo que una aristocracia política ha nacido de esta aristocracia pecuniaria, y domina periódicos, vence en elecciones y suele imperar en asambleas.[2]

Debe incluirse en este trabajo un fragmento sobre el criterio del Maestro acerca de sistema electoral, a partir de una de sus crónicas escritas en 1881:

Es recia y nauseabunda una campaña presidencial en los Estados Unidos. Desde mayo, antes de que cada partido elija sus candidatos, la contienda empieza. Los políticos de oficio puestos a echar los sucesos por donde más les aprovechen, no buscan para candidatos a la presidencia a aquel hombre ilustre cuya virtud sea de premiar, o de cuyos talentos pueda haber bien el país, sino el que por su maña o fortuna o condiciones especiales pueda, aunque esté maculado, asegurar más votos al partido, y más influjo en la administración a los que contribuyan a nombrarlo y sacarle victorioso.[3]

Se trata de apuntes y observaciones publicadas en distintos órganos de prensa norteamericanos y latinoamericanos, así como la escritura de acción y unidad independentista aparecida en Patria durante una estancia de casi quince años en los Estados Unidos. Valoraciones martianas precursoras del peligro del naciente poder imperialista; peligro que no puede soslayarse en estos tiempos de pupila insomne, por estar también presente en las acciones cada vez más cruentas, injerencistas e inhumanas de un conjunto de oligarquías neoliberales, representantes del coloso norteño. Hoy, sin lugar a dudas, vivimos tiempos de impronta martiana y de pupila insomne.
Notas:
[1]   Jorge Hernández Martínez: Estados Unidos, hegemonía, seguridad nacional y cultura política. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2010.
[2]   Francisca López Civeira: El sistema político de Estados Unidos en la visión martiana. Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2016.
[3] José Martí: Obras Completas. Edición Crítica. Centro de Estudios Martianos, La Habana 2013.
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Colocan placa de Martí en monte Olimpo en Grecia

En ocasión del 26 de Julio, Día de la Rebeldía Nacional, un grupo de cubanos residentes en Grecia colocó en el Monte Olimpo una placa en homenaje a José Martí.

La iniciativa, apoyada por connacionales residentes en este país y amigos griegos solidarios con Cuba y su pueblo, la encabezó el cónsul de la misión diplomática de la isla en Atenas, José Oriol Marrero Martínez, autor de un libro sobre la presencia de Grecia en la obra del Apóstol de la Independencia cubana.

El gesto, calificado de acto patriótico-cultural, requirió de un ingente esfuerzo físico dadas las dificultades para escalar esa montaña y llegar hasta el Plató de Oropedio, donde está la piedra elegida para la colocación del tributo.

El colectivo de participantes expresó su agradecimiento a quienes lo hicieron posible y/o contribuyeron a este noble propósito de patentizar de esa manera el amor por Cuba y su pueblo y se sumaron de manera anónima, solidaria y permanente.

Los compatriotas que subieron en esta oportunidad para colocar la placa en honor al Héroe Nacional José Martí y su amor por Grecia y el Olimpo, representaron en sus pasos a todo el pueblo de Cuba, manifestó Marrero Martínez.

Añadió que también lo hicieron por ‘los millones de personas en el mundo que aman y admiran su resistencia, sus luchas, su espíritu de solidaridad, amor y vocación por la paz, en un gesto que fortalece aún más los lazos de amistad entre los pueblos de Cuba –Latinoamérica y el Caribe- y Grecia’.

El punto seleccionado está ubicado a unos 2,6 kilómetros de altura, al que se llegó por la ruta de ascenso Prionia- Agapitos- Zonaria y los participantes llegaron además hasta el pico Myticas, para descender por el sendero Oropedio-Petroustrugka-Gortchia.

Tomado de: https://www.cubainformacion.tv

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Falleció la profesora Nuria Nuiry Sánchez

A los 87 años, falleció este miércoles en La Habana, la doctora Nuria Nuiry Sánchez, quien consagró su vida al estudio de la obra de José Martí y a la formación de generaciones de periodistas cubanos.

Hija de Santiago de Cuba y de una familia profundamente martiana, junto a su hermano Juan Nuiry, desde muy joven se incorporó a la lucha clandestina contra la dictadura de Fulgencio Batista, y luego del triunfo dedicó su talento y vocación a la enseñanza, convirtiéndose en pedagoga reconocida en la Universidad de La Habana, donde llegó a dirigir la Escuela de Periodismo. Uno de sus alumnos, el destacado profesional de la prensa y Premio Nacional José Martí, José Alejandro Rodríguez, en ocasión del cumpleaños 80 de Nuria escribió en Juventud Rebelde: “Mucho más que Doctora, catedrática y profesora universitaria, mujer sabia y culta —que también ha sido todo ello con creces—, a Nuria la siento como mi maestra (…) la mujer que alumbró con luz martiana los laberintos muchas veces enrevesados de toda una generación de aprendices de periodistas, en tiempos de tierna crudeza”. Desarrolló a la par, como fiel discípula de Martí, la vocación pedagógica con el liderazgo de instituciones culturales. De ahí su destacada labor como profesora de Literatura Hispanoamericana o conferencista en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí como de rectora del Instituto Superior de Arte, o directora de Enseñanza Artística del Ministerio de Cultura.

En entrevista concedida en 2008 a la entonces estudiante de Periodismo Lourdes María Benítez Cereijo, y en respuesta a la pregunta sobre qué opinión le merecían tantos reconocimientos a su obra, entre ellos la Orden por la Cultura Nacional conferida cuatro años antes, Nuria respondió: “Mi mayor condecoración es cuando un alumno me brinda una muestra de gratitud. Las medallas halagan, pero ver los resultados de un ser humano me satisface mucho más, y como esa medalla no me la puedo colgar en el pecho, la llevo en el corazón. Lo importante consiste en saber que la idea que he sembrado tiene una buena fructificación”. Y esos frutos despiden hoy con dolor a la maestra, entre ellos la prestigiosa periodista Alina Perera Robbio, otra de sus alumnas, quien al conocer la noticia escribió hoy bien temprano una inmensa verdad que honra la vida de una MAESTRA: “Ha muerto un gran ser humano”.

Tomado de: https://www.cubaperiodistas.cu/

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