Declaración de la Sociedad Cultural José Martí

DECLARACIÓN DE LA SOCIEDAD CULTURAL JOSÉ MARTÍ CON MOTIVO DEL ANIVERSARIO 60 DE LA CREACIÓN DE LOS COMITÉS DE DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN (CDR)

A estas alturas del decursar mundial, nadie se arriesga a cuestionar que la Revolución Cubana, su triunfo del 1ro. de enero de 1959 y su lucha heroica, por hacer prevalecer los derechos y principios como nación independiente y soberana, resultan uno de los más importantes acontecimientos del siglo XX contemporáneo, extensivo a la Centuria actual.

Enfrentando todos los obstáculos y agresiones puestos en su camino por el imperialismo yanqui en el afán de liquidarla y destruir su obra y su ejemplo, -en especial para América Latina y el Caribe.- el pueblo cubano se nutrió de la extraordinaria fuerza de sus raíces y de su historia, resistió con inteligencia y valor, supo erguirse y salir adelante aún en los momentos más difíciles, cuando enemigos despiadados e ilusos y aun algunos amigos lo ponían en duda.

El pensamiento, la vida y la obra de José Martí y la aplicación creadora de las doctrinas del socialismo a nuestras condiciones y realidades concretas, sirvieron de cimientos inconmovibles a las ideas, la acción transformadora, la tenacidad y la voluntad indoblegable de Fidel Castro.

La Revolución Cubana es y será siempre el fruto de esa conjunción, posiblemente única en la historia humana y ella explica que esta pequeña isla, -convertida en el primer experimento neocolonial yanqui tras cruentas guerras populares contra el colonialismo español,- con escasos recursos naturales y poca población, haya resistido victoriosamente, desarrollándose en todos los órdenes y llegando a la condición de potencia moral.

Los Comités de Defensa de la Revolución, la organización de masas más numerosa de nuestro país, son parte inseparable de esa historia de luchas y esfuerzos que llegan hasta nuestros días al cabo de seis décadas de la noche histórica del 28 de septiembre de 1960, en que Fidel anunció su creación como respuesta a la conjura contrarrevolucionaria y como aporte sin precedentes a la práctica política de la Revolución.

Como era habitual en él, nada fue más oportuno, contundente y de largo aliento. Los CDR sumaron su extraordinaria fuerza de manera organizada a las ya existentes, agrupando amplias masas de millones de cubanos en las más diversas tareas de la Revolución, que comenzaron por la vigilancia revolucionaria y hoy se extienden a todos los ámbitos de la sociedad.

La Junta Nacional de la Sociedad Cultural José Martí no solo saluda y felicita jubilosamente a los cederistas y sus órganos de dirección, sino que expresa el reconocimiento a los CDR por la participación activa en el Programa Nacional de Estudio y Difusión del Ideario Martiano.

Desde hace 60 años, el 28 de septiembre es una fecha fundamental en la historia de la Revolución y de la Patria: para los CDR, honor y gloria.

SOCIEDAD CULTURAL JOSÉ MARTÍ

La Habana, 25 de septiembre de 2020

Año 62 de la Revolución

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Obtiene distinción la Biografía de José Martí en lengua Coreana

La Agencia de Promoción de la Industria de la Cultura Editorial de Corea selecciona anualmente los mejores libros publicados durante ese período, y uno de los 83 títulos escogidos en esta ocasión entre 2947 obras literarias fue Biografía de José Martí, libro de la escritora sudcoreana Kim Soo Woo.
La referida Agencia de Corea del Sur se plantea revitalizar la lectura y la expansión de la cultura editorial del país con el fin de contribuir de ese modo a mejorar la calidad de vida de las personas.
Este año 149 jueces trabajaron durante quince días en la primera ronda y diez en la segunda Los libros se agrupan en nueve categorías: estudios generales, filosofía, religión, ciencias sociales, ciencia pura, ciencia técnica, arte, literatura e historia/geografía. Fueron analizados en total 550 de los 7 184 libros presentados en las nueve categorías que se consideran.
Terminada la selección, la Agencia compra una segunda edición de 500 volúmenes de esos libros designados como “excelentes” y los distribuye por las bibliotecas de toda Corea del Sur. Biografía de José Martí tuvo una tirada inicial de 500 ejemplares en su primera edición.

Con esta publicación se universaliza, pues, el conocimiento de la vida y la obra del mayor de los cubanos. Agradezcamos a su autora, Kim Soo Woo, por su noble empeño, quien también ya había traducido al coreano una compilación de versos del más universal de los cubanos.

Distinción a la Biografía de José Martí en lengua coreana

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A sesenta años de la primera Declaración de La Habana

UNA DECLARACIÓN MARTIANA
Fue soleado aquel 2 de septiembre de 1960. La Plaza de la Revolución de La Habana reverberaba. Se calcula que por primera vez nos reunimos allí alrededor de un millón de cubanos. Aquel espacio parecía pequeño a quienes lo ocupábamos. Había alegría, cantos, consignas, risas.
Nadie fue allí con miedo. No había temor, a pesar de que muchos con experiencia de vida, de la fracasada Revolución del 30, de la lucha contra la dictadura batistiana nos hacían saber a los más jóvenes que lo ocurrido días antes en Costa Rica, cuando el Gobierno Revolucionario cubano fue condenado por la OEA, era un paso más hacia la confrontación directa contra el país y sus sueños que comenzaban a hacerse realidad. Menos de un año después vendría la invasión mercenaria por Playa Girón, armada, entrenada y conducida hasta nuestras costas por Estados Unidos y derrotada en 72 horas.
Yo tenía 14 años de edad. Estuve en la Plaza con mis padres. Regresamos a casa, cansados por las horas de pie y la caminata de vuelta. Estábamos felices, orgullosos, impresionados por el liderazgo de Fidel, dispuestos a seguirlo. Mi padre me dijo: “Cuba vuelve a ser grande como cuando los mambises se fueron para el monte.” Y me advirtió: “Esta Declaración es como si Martí la hubiera escrito.”
Cuánta razón tenía mi padre: en sus cinco puntos declaratorios el documento menciona a Martí por su nombre en tres ocasiones, y su espíritu e ideas se hallan muy claramente en más de una de sus afirmaciones.
“Junto a la imagen y el recuerdo de José Martí…” Así comienza la Declaración, signando la adscripción de ese pueblo allí presente a su Apóstol, a su Maestro. Luego identifica a nuestra América, la de sus próceres libertadores: “Bolívar, Hidalgo, Juárez, San Martín, O’Higgins, Sucre, Tiradentes y Martí.” Y en un tercer momento dice: “la Asamblea del Pueblo de Cuba proclama el latinoamericanismo liberador que late en José Martí y en Benito Juárez.”

Martí asociado, pues, con los demás héroes, con los demás fundadores. Y aquella Revolución que avanzaba hacia su tercer año se declaraba parte de la historia propia, la del país y la del continente nuestro, frente al imperialismo de Estados Unidos.

¿Y acaso esta relación de derechos de esos pueblos no parece obra de Martí?

“El derecho de los campesinos a la tierra; el derecho del obrero al fruto de su trabajo; el derecho de los niños a la educación; el derecho de los enfermos a la asistencia médica y hospitalaria; el derecho de los jóvenes al trabajo; el derecho de los estudiantes a la enseñanza libre, experimental y científica; el derecho de los negros y los indios a la ‘dignidad plena del hombre’; el derecho de la mujer a la igualdad civil, social y política; el derecho del anciano a una vejez segura; el derecho de los intelectuales, artistas y científicos a luchar, con sus obras, por un mundo mejor; el derecho de los Estados a la nacionalización de los monopolios imperialistas, rescatando así las riquezas y recursos nacionales; el derecho de los países al comercio libre con todos los pueblos del mundo; el derecho de las naciones a su plena soberanía; el derecho de los pueblos a convertir sus fortalezas militares en escuelas, y a armar a sus obreros, a sus campesinos, a sus estudiantes, a sus intelectuales, al negro, al indio, a la mujer, al joven, al anciano, a todos los oprimidos y explotados, para que defiendan, por sí mismos, sus derechos y sus destinos.”

¿Acaso no anda Martí por estas palabras aprobadas por la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba aquel 2 de septiembre de 1960?

“El deber de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes, de los intelectuales, de los negros, de los indios, de los jóvenes, de las mujeres, de los ancianos, a luchar por sus reivindicaciones económicas, políticas y sociales; el deber de las naciones oprimidas y explotadas a luchar por su liberación; el deber de cada pueblo a la solidaridad con todos los pueblos oprimidos, colonizados, explotados o agredidos, sea cual fuere el lugar del mundo en que estos se encuentren y la distancia geográfica que los separe. ¡Todos los pueblos del mundo son hermanos!”

¿Y no es este el latinoamericanismo martiano aprobado por esa misma Asamblea?

“Ratifica, por ello, su decisión de trabajar por ese común destino latinoamericano que permitirá a nuestros países edificar una solidaridad verdadera, asentada en la libre voluntad de cada uno de ellos y en las aspiraciones conjuntas de todos.”

Lo supe entonces y lo sé hoy todavía: esta Revolución anda con Martí. Él estuvo vivo el 2 de septiembre de 1960 en la habanera Plaza de la Revolución, hace sesenta años.

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Fidel por siempre

El nombre del Comandante en Jefe Fidel Castro ha estado ligado al Centro de Estudios Martianos desde los mismos orígenes de la institución, creada por el Decreto no. 1 del Consejo de Ministros,  firmado por él y el Dr. Armando Hart Dávalos, el 19 de mayo de 1977.  Luego, a lo largo de más de cuatro décadas de labor, su reconocimiento al desempeño del CEM fue frecuente. Tal vez la muestra más elecuente de ello sea su nota de presentación  a la Edición Crítica de las Obras Completas de Martí, cuyos valores exaltó.

Lector incansable y martiano raigal, que encontró en el legado del Maestro la inspiración y guía de su conducta cívica desde la más temprana juventud, merece que en esta fecha de conmemoración nacional, su onomástico 94, le rindamos desde nuestro Portal  homenaje agradecido.

Recordemos ahora su sentido del deber, su optimismo, su perseverancia, y su capacidad inaudita de confiar en el triunfo y luchar por él en los momentos más arduos de la lucha revolucionaria. Seguir su ejemplo y continuar su legado es nuestro tributo en este 13 de agosto. Y qué mejor manera de festejar este nuevo aniversario de su natalicio que evocarlo desde la poesía, porque Fidel fue un hombre legendario, que inspiró versos vibrantes a  poetas en Cuba y en otras regiones de Nuestra América.

Por eso, compartimos con nuestros lectores los siguientes textos:

Canto a Fidel, de nuestra Carilda Oliver Labra

Fidel, del poeta chileno Pablo Neruda

El Cantar de Alejandro, del poeta peruano  Hildebrando Pérez Grande

Fidel, del poeta argentino  Juan Gelman

Por último, cerramos estos honores con varios artículos sobre diferentes facetas de la trayectoria vital de Fidel, con énfasis en su vocación martiana, americanista y universal.

Centro de Estudios Martianos

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FIDEL ANTE MARTÍ[1]

Autor: Dr. Pedro Pablo Rodríguez

No caben dudas de que el ideario de José Martí es la fuente ideológica más significativa en la formación y desarrollo del pensamiento de Fidel Castro, como se evidencia en numerosos escritos y discursos del líder de la Revolución cubana.

Al igual que su generación, Fidel vivió su infancia y juventud en una sociedad que hizo de Martí paradigma de la nación, y que durante los años del frustrado proceso revolucionario del 30 sometió a crítica el sistema neocolonial desde los enjuiciamientos del Maestro. Las batallas por la Constitución  de 1940, los afanes renovadores incumplidos por los gobiernos del Partido Auténtico y las esperanzas  de adecentamiento y dignificación moral representadas por Eduardo Chibás tuvieron como punta de lanza el verbo martiano. La escuela y la Universidad habanera, a su vez, dieron coherencia y sistematicidad a Fidel en la lectura y asimilación de la prédica del Maestro. El líder estudiantil y el joven abogado que se introdujo en las lides políticas demostró disponer de un sólido conocimiento de la historia patriótica cubana y de un extenso  manejo de la obra martiana.

Muchos años después, Fidel recordaba esa adscripción suya: “De lo primero que yo me empapo mucho, profundamente, es de la literatura martiana, de las obras de Martí, de los escritos de Martí; es difícil que exista algo de lo escrito por Martí, de sus proclamas políticas, sus discursos, que constituyen dos gruesos volúmenes, deben ser unas dos mil páginas o algo más, que no haya leído cuando estudiaba en el bachillerato o estaba en la Universidad.”

Y precisaba Fidel la doble influencia que desde entonces le guiara: “Yo en ese momento tenía una doble influencia, que la sigo teniendo hoy: una influencia de la historia de nuestra Patria, de sus tradiciones, del pensamiento de Martí, y de la formación marxista-leninista que habíamos adquirido ya en nuestra vida universitaria.”

Los grupos de revolucionarios que fueron reunidos por Fidel para afrontar con las armas a la tiranía batistiana compartían semejante culto patriótico e interés por las ideas del Apóstol, al punto de que ellos mismos se denominaron la generación del centenario ante aquel aniversario de su natalicio. Fidel no fue una excepción: basta recordar a Raúl Gómez García, Abel Santamaría, a Armando Hart, a Frank País, a los hermanos Saíz Montes de Oca, quienes mostraron repetidas veces por escrito la sólida inscripción martiana en su pensamiento. Fueron decenas y centenares los jóvenes combatientes de entonces, en la Sierra y en el Llano, que se sintieron convocados por la palabra del Maestro a combatir a una sangrienta y corrupta tiranía, y a construir una república con todos y para el bien de todos y libre de la dependencia de los amos del norte.

“Traigo en el corazón la doctrina del Maestro.”

Así, como sabemos, dijo Fidel durante su alegato de defensa en el juicio por los sucesos del 26 de julio de 1953. No era propaganda hueca la frase sino profunda convicción, como lo patentiza el programa revolucionario expuesto en La historia me absolverá, una verdadera guía de incuestionable impronta martiana para alcanzar la república diseñada desde el siglo XIX y para cumplir la verdadera liberación nacional del país.

Por eso durante los preparativos en la Isla y en el extranjero para reanudar la luchar armada, la amplia campaña en busca de apoyo político y material no sólo se asentó en la palabra del Maestro sino que, de hecho, siguió su estrategia unitaria contra el colonialismo. Demostraba así Fidel nuevamente que no era un mero repetidor de sus frases sin que ellas calaban tanto en su propia doctrina como en su acción.

Como prueba de su adscripción plena a la ética martiana, al referirse al martirologio del Moncada y describir los crímenes de la tiranía contra sus compañeros prisioneros y asesinados, afirma Fidel también en 1955: “Eduqué mi mente en el pensamiento martiano que predica el amor y no el odio.”

Desde luego, que tras el triunfo del primero de enero y comenzar la obra de transformaciones revolucionarias y hacia el socialismo, el desarrollo y maduración del pensamiento de Fidel nuca dejó de lado las enseñanzas martianas.

“¡Al fin, Maestro, tu Cuba que soñaste, está siendo convertida en  realidad!”

Así señalaba en un discurso de 1960 al fundamentar cómo se cumplía el deseo martiano, frustrado en 1898, mediante la obra de cambios que emprendía la Revolución: esta no era algo impostado sino expresión de las tradiciones y las necesidades insatisfechas del pueblo cubano. Raíz nacional y popular, raíz martiana tenía y tiene el proceso que rescató las riquezas y la soberanía nacionales, que abolió los privilegios y la explotación, que elevó las condiciones de vida y abrió amplio espacio al desarrollo de las capacidades de todos los cubanos.

El gran combate contra el imperialismo de Estados Unidos fue siempre entendido por Fidel como la continuación del que en silencio —quizás no tan en silencio, como sabemos sus estudiosos— emprendiera Martí, quien además, a su juicio, es la fuente esencial de los sentimientos latinoamericanistas y de las muestras de solidaridad e internacionalismo expresadas durante todos estos años por los cubanos. De ese modo, y dado el objetivo antillanista de Martí, la Revolución cubana no ha cejado en su apoyo manifiesto a la independencia de la hermana isla de Puerto Rico.

De igual manera, desde que fue creado el Partido Comunista de Cuba como elemento culminante del proceso unitario de las fuerzas revolucionarias, Fidel ha insistido siempre en su fundamentación martiana junto a la marxista-leninista. En 1973 dijo: “El partido de la unidad. Como el Partido Revolucionario Cubano de la independencia, hoy dirige nuestro Partido la Revolución. Militar en él no es fuente de privilegios sino de sacrificios y de consagración total a la causa revolucionaria.”

Estas consideraciones éticas que Fidel coloca en primer plano para el Partido, siguen desde luego las enseñanzas quizás más importantes de Martí: su sentido de la moral, de la dignidad humana, del camino de servicio que se ha de emprender en la vida frente a los apetitos materiales y de poder, y las vanidades de la gloria.

Hace casi treinta años Fidel manifestaba una idea que no sólo hoy es imprescindible tomarla en cuenta sino que constituye un basamento eterno para  nuestro acercamiento y nuestra  comprensión del mayor de los cubanos: “Podemos decirle a Martí que hoy más que nunca necesitamos de sus pensamientos, que hoy más que nunca necesitamos de sus ideas, que hoy más que nunca necesitamos de sus virtudes.”

Ese papel de guía eterno, de ejemplo de conducta y de alineamiento con los pobres de la tierra, frente a toda acción de injusticia, de preocupación por el decoro y la dignidad son probablemente los elementos esenciales asumidos de Martí por Fidel, quien se ha encargado de trasmitir esos valores una y otra vez.

Quizás más allá de todos sus aportes al pensamiento revolucionario, de su extraordinaria comprensión de la política, de su dedicación a su pueblo y a las causas populares, Fidel quedará para la historia como un líder moral, continuador de esa gran fuerza que proclamara Martí que es el amor, el amor a los seres humanos y a su vida digna. Cuánta verdad, pues, en su declaración pública de 1955: “Es el Apóstol el guía de mi vida.”

Continuemos, pues, la obra de Fidel, con el Apóstol como el guía de nuestras vidas.

La Habana, 25 de noviembre de 2019

[1] Palabras en el Centro de Estudios Martianos el 25 de noviembre de 2019 con motivo del tercer aniversario del fallecimiento de Fidel Castro.

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– Algunas reflexiones en torno a José Martí y el socialismo en Cuba

 

María Caridad Pacheco González

Tras haber sido apresado por los sucesos del 26 de julio de 1953, Fidel se hallaba incomunicado, con su vida bajo amenaza perenne. Todos los abogados que trataron de representarlo legalmente fueron víctimas de intimidaciones y se vieron imposibilitados de acceder al sumario y de entrevistarse con el detenido. Estas condiciones hicieron que el joven letrado asumiera su propia defensa en la Causa no. 37 de 1953 del Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba, por delitos contra los poderes del Estado

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Fidel y Guayasamín: el arte como puente entre los pueblos

Por: Mauricio Núñez Rodríguez

Instantes significativos del singular diálogo entre dos personalidades de la historia y la cultura latinoamericana y caribeña a lo largo de varias décadas de la segunda mitad del siglo XX, Oswaldo Guayasamín y Fidel Castro, fue la idea que protagonizó la muestra fotográfica “A 50 años del primer encuentro” que durante los meses de mayo y junio del año 2011 brindó la Casa Oswaldo Guayasamín de La Habana Vieja con el apoyo de la Sociedad Cultural José Martí y que, posteriormente, tuvo una ruta itinerante por varios países del continente empezando por Ecuador.

A propósito del cumpleaños noventa y cuatro de Fidel, rememoro ―a través de esta propuesta artística― la entrañable amistad que lo unió con el pintor ecuatoriano.

El primer encuentro entre ambas personalidades fue en el año 1961 y derivó en un diálogo intercultural intenso, plural y latinoamericano. No es casual encontrar en el contexto de esa amistad a Mario Benedetti, Juan Bosh, Gabriel García Márquez o a reconocidos escritores y artistas cubanos. Y es que la creación en su más amplio sentido caracterizó a esta comunicación.

A través del viaje que ofreció esta colección de imágenes, asistimos a instantes del proceso creativo de Guayasamín mientras preparaba el primer retrato de Fidel o a momentos en que ambos en Ecuador dialogan sobre antigüedades de arte latinoamericano precolombino o piezas de estilo más contemporáneo.

Su amistad constituye un hecho significativo en ambas biografías porque no es conocido que Fidel haya sido retratado en cuatro ocasiones por ningún otro artista plástico ni la figura de otro líder generó tal seducción en Guayasamín para recrear su imagen en varios momentos de su extensa y prolífica obra. Fue una oportuna coincidencia artística e histórica que consolida la unidad latinoamericana y caribeña que, a su vez, enaltece la obra pictórica de Guayasamín y enriquece la iconografía sobre Fidel.

Esta exposición ―que bien pudiera definirse como un ensayo fotoperiodístico de carácter histórico, sociocultural y también, latinoamericano― estuvo formada por 50 piezas: 30 pudieron ser apreciadas en el salón, mientras que otras 20 se hallaban en un álbum. La mayoría de estas imágenes son poco conocidas, muchas inéditas, otras, sencillamente únicas, atesoradas en los archivos de la Fundación Oswaldo Guayasamín en Ecuador y una pieza que pertenece a los fondos de la revista Bohemia. Gracias a la gentileza de ambas instituciones todas las obras se hermanan en esta idea.

Las fotografías que integraron aquella colección quizás no formen parte de la historia de la fotografía en Cuba; pero bien que pudieran ilustrar los programas de asignaturas relacionadas con el fotoperiodismo en especialidades de comunicación porque su valor documental es incalculable, pues atesoran para el presente y la posteridad, una amistad que convocó el arte, la creación, la admiración entre íconos históricos y estéticos de la región que José Martí definiría ―no solo desde el punto de vista geográfico― como nuestra América hace más de un siglo.

Es un recorrido fotográfico que se inicia en 1961 en el momento en que Guayasamín y Fidel en la Embajada de Ecuador en La Habana, muestran el primer retrato, en una instantánea en blanco y negro, donde se pueden ver entre los presentes al Canciller de la Dignidad Raúl Roa García y al Poeta Nacional Nicolás Guillén. La imagen que cierra la muestra está fechada en 1999 y fue tomada en el avión en que Fidel y el artista ecuatoriano volaban desde Santiago de Cuba a La Habana luego de participar en los actos por el aniversario cuarenta del triunfo de la Revolución Cubana.

Diferentes asuntos convergen en esta muestra: ceremonias oficiales, condecoraciones, encuentros informales, aniversarios o momentos del proceso creativo de un artista. Son imágenes que brindan el testimonio gráfico de varias décadas de encuentros, intercambios, diálogos.

Diferentes autores, múltiples perspectivas, ángulos, discursos, épocas, latitudes que se unifican en una sola idea: captar la admiración, el respeto y el afecto mutuo entre protagonistas del arte y la historia, entre dos hacedores del mejoramiento humano, dos soñadores, dos Quijotes de estos tiempos cuyos caminos confluyeron hace más de cinco décadas.

Es una amistad que trasciende y se multiplica en el tiempo y el espacio porque no implica únicamente a dos creadores, sino a culturas, a pueblos, a naciones, a un pensamiento, a una forma de ser y existir, a una región y a su futuro. Una comunicación expresada en imágenes que unifican desde el punto de vista cultural, histórico y humano a una zona del planeta: América Latina y el Caribe.

 

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Martí en Fidel.

Autores: Lic. Ángel Avelino Fernández Espert.

Dra. Cristina Rivero García.

Dotado de un talento excepcional, una inconmesurable capacidad para la observación y el análisis y, sobre todo, de una aguda sensibilidad; el decoro del hombre, su bienestar y felicidad, fueron en José Martí sustrato rector para sus ideas y praxis.

Tal es así que la defensa del negro y del indio, su visión sobre las nefastas consecuencias  que traería el desarrollo del naciente imperialismo para las masas humildes de norte y de Suramérica, y el conocimiento de la precaria situación económica y política de los países hispanoamericanos, que los convertían en presa fácil de los afanes expansionistas de dicho imperialismo, conllevaron a que asumiera una posición antiesclavista a la temprana edad de nueve años y posteriormente antirracista; a defender al indio ante la marginalidad que padecía y a considerarse hijo de América, con lo que asumía un latino americanismo activo;  a enarbolar un democratismo genuinamente revolucionario, concretado en lo que denominó “república nueva” o “república moral”; y a asumir un antimperialismo, también activo, al trazar un plan de acción en el que la independencia de Cuba y Puerto Rico tenían un alcance americano y universal, como factor que impediría el dominio estadounidense sobre la América hispana. Como el mismo confesó en carta inconclusa, escrita un día antes de su muerte física, todo lo que había hecho y haría era para eso.[1]

Esas ideas han estado presentes, por su trascendencia, en cada momento del devenir histórico de Cuba, como brújula que ha guiado el accionar de los revolucionarios, en la lucha por la conquista y posterior defensa de la república soberana y justa que el anheló. Existe, por tanto, una coherencia ideológica en la que Fidel, como máximo líder del proceso revolucionario cubano en su última etapa —que es en la que el sueño martiano alcanzó su plena realización— es el más fiel  exponente.

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Adiós postrero a Ivan A. Schulman, destacado estudioso de la obra de José Martí

En la mañana del 3 de agosto de 2020 falleció en Puerto Rico el eminente profesor e investigador estadounidense Ivan A. Schulman. Gran amigo de Cuba y del Centro de Estudios Martianos, profundo conocedor de las letras hispánicas, especialmente del Modernismo, y de la vida y la obra de José Martí, dejó una obra extensa y trascendental, y su partida significa una pérdida invaluable para los estudios literarios. Sus colegas y  discípulos dentro y fuera de Cuba han enviado mensajes de condolencias y textos alusivos a la trayectoria profesional del finado. Por esa razón, el Portal José Martí ha habilitado este espacio de homenaje a su memoria, y acompaña en su duelo a familiares y amigos.

Centro de Estudios Martianos

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Entrevista exclusiva al Dr. Ivan A. Shulman

 Por Gabriel Cartaya
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Bibliografía martiana de Iván A. Schulman

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Adiós a Ivan A. Schulman,  entre el pesar y la gratitud

Marlene Vázquez Pérez

Directora

Centro de Estudios Martianos

No es posible hablar de los estudios literarios hispánicos sin mencionar el nombre de Ivan A. Schulman. Este neoyorquino singular, nacido el 4 de octubre de 1931 en la urbe norteña, y fallecido el 3 de agosto de 2020 en Puerto Rico, se vinculó muy joven a la literatura de nuestro continente, y llegó a identificarse de tal modo con ese acervo cultural, que escribió en español muchos de sus libros y artículos.

Conocedor como pocos del Modernismo, no se conformó con la senda abierta por otros estudiosos, y dejó claro, como uno de sus aportes centrales, el carácter fundador de la obra de José Martí y Manuel Gutiérrez Nájera para el primer movimiento de las letras nuestramericanas.

Los que nos hemos dedicado a investigar la vida y la obra del prócer cubano no podemos prescindir de la obra de Schulman. Su primer libro, Símbolo y color en la obra de José Martí (Gredos, Madrid, 1960) ha acompañado a varias generaciones de graduados de Letras desde las aulas universitarias hasta los ejercicios de posgrado y el trabajo investigativo y docente, pues resulta un texto clave a la hora de adentrarnos en la riquísima urdimbre poética de la palabra martiana. Esa producción no se detendría jamás a lo largo de su vida, y a ese le sucedieron muchos textos memorables entre libros y artículos, los cuales han sido editados y reeditados una y otra vez por las más prestigiosas editoriales.

Paralelamente a la escritura, Schulman desarrolló una intensa y extensa labor de enseñanza en varias universidades de su país de origen y de nuestra América. Fomentó entre sus alumnos el amor por nuestra literatura y difundió entre ellos su devoción por la obra martiana, con la misma pasión con que lo haría un cubano. Así, tendió puentes interculturales entre el mundo hispánico y el anglosajón, siempre con respeto y a favor del entendimiento mutuo, y sin desconocer en ningún momento el carácter profundamente antimperialista de la obra martiana.

Muchas veces tuvimos el privilegio de saludarlo y escucharlo en el Centro de Estudios Martianos, cuando a su paso por la institución se reunía e intercambiaba con el colectivo académico, o impartía alguna conferencia.  Donó a  nuestra Biblioteca fondos valiosos, como los microfilmes de gran cantidad de números de La Revista Ilustrada de Nueva York y la colección completa de The Sun. Colaboró frecuentemente en tareas de investigación concretas, cuando se le hacían encargos de búsquedas para la edición crítica de las Obras completas de José Martí. Agradezco especialmente su generosidad en la localización del texto en inglés del artículo “A protectionist view of Cuban annexation”[1], el cual dio origen a la carta de Martí al director de The Evening Post conocida como “Vindicación de Cuba”.

Recibió  con entusiasmo la idea de publicar bajo nuestro sello editorial su libro Vigencias, Martí y el Modernismo, aparecido en el año 2005,  un texto de hondo calado en los mecanismos expresivos, comunicativos e ideológicos de las Escenas norteamericanas. Quien llegara a Cuba con toda formalidad, como investigador y profesor,  en visita de trabajo hace ya varias décadas, pronto se convirtió en alguien entrañable y cercano, y su obra estuvo amparada por el respeto que produce la sabiduría genuina, pero sobre todo, por los afectos sinceros presentes en la amistad.

Con pesar y gratitud le tributamos hoy esta despedida, a sabiendas de que su palabra permanecerá entre nosotros por su obra valiosa, con la que cumplió ampliamente el mandato martiano: “Cada hombre trae en sí el deber de añadir, de domar, de revelar. Son culpables las vidas empleadas en la repetición cómoda de las verdades descubiertas.”[2] Descanse en paz.

 

[1] Publicado en The Evening Post,  de Nueva York, el jueves 21 de marzo de 1889. Es la primera vez que se reproduce este artículo en inglés, pues solo se conocía la traducción que de él hizo Martí para el folleto Cuba y los Estados Unidos.

[2] JM: OC, t. 19, p. 303.

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IVAN SCHULMAN, MARTIANO

La triste noticia del fallecimiento ayer lunes 3 de agosto de Ivan Schulman  obliga a quienes le conocimos a compartir algunas ideas y sentimientos, en espera del estudio amplio y detallado acerca de su labor profesoral y como investigador de las letras hispanoamericanas.

Discípulo de Manuel Pedro González, aquel español impulsor de los estudios de la literatura de nuestra América,  y que fuera su tutor para la tesis de doctorado en la Universidad de California (UCLA), desde aquel estudio para ese grado, quedó enamorado para siempre con la obra y las ideas de José Martí, lo cual motivó su primera estancia de estudios en Cuba en plena juventud. Con una impresionante carrera en los ámbitos académicos, Martí no solo fue el centro de sus empeños como scholar, sino que, como suele sucedernos a todos, el Maestro se convirtió en una fuerza moral que guió su conducta. No por gusto más de una  vez afirmó que había necesidad de hacer conocer el pensamiento del cubano universal en su país, para así confrontar al creciente deterioro  moral que él apreciaba allí.

Fue un entusiasta difusor de las ideas y la creación martianas, lo mismo en las aulas universitarias que en sus libros y artículos.  Más de uno de los estudiosos de Martí de los últimos cuarenta años en Estados Unidos recibieron su estímulo, su consejo, su guía académica. Fue, sin dudas, el más destacado de su país en el campo de los estudios martianos.

Impartió clases de lengua y literatura hispánicas en muchas universidades de su país, de Rio de Janeiro y Buenos Aires.  Sus estancias más extensas fueron en la Universidad de la Florida, donde dirigió su Centro de Estudios Latinoamericanos, la Universidad Internacional de la Florida, y la de Illinois en Urbana-Champaign, que lo declaró Profesor Emérito.

Su relación con nuestro país y los académicos cubanos fue constante, cálida  y favorecedora del intercambio por encima de las medidas del bloqueo de los gobiernos norteños. Propició con sistematicidad la presencia de estudiosos de la Isla en universidades y congresos científicos en territorio estadounidense. Supo mantener esa digna postura a pesar de ataques y medidas en su contra en más de un caso.

El Centro de Estudios Martianos le entregó su distinción “Pensar es servir” y el Ministerio de Cultura la nombrada “Por la Cultura Nacional”. La Universidad de La Habana le otorgó la condición  de Profesor de Honor y en Venezuela recibió la Orden Andrés Bello.  Además de numerosos artículos en libros y revistas académicas, publicó catorce libros, la mayoría de temática martiana. Varios de ellos son inexcusables en la bibliografía fundamental sobre Martí: Símbolo y color en la obra de Martí; El modernismo hispanoamericano; Martí, Casal y el modernismo y Painting Modernism.  La mayor  parte de sus textos los escribió directamente en español.

Para los investigadores del Centro de Estudios Martianos fue un compañero más que aportó opiniones, escritos  suyos y de otros, felicitaciones por nuestros logros y premios. Por eso, a pesar de que sabemos que no lo veremos más físicamente ni que recibiremos nuevos textos suyos, Ivan Schulman seguirá a nuestro lado  en la hermosa y necesaria tarea de difundir  las ideas martianas para un  mundo mejor.

Pedro Pablo Rodríguez

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Iván Schulman in memoriam

Carmen Suárez León

Lo conocí una  tarde en el Centro de Estudios Martianos en la oficina de Cintio Vitier y Fina García Marruz.  Los dos solían llamarme cuando recibían personalidades y les daba gusto presentármelas para conversar con aquella soltura culta y gentil  que siendo raigalmente criolla era también raigalmente culta.  Siempre era una lección y una fiesta. Acababa de llegar a aquella alta casa de estudios pero Martí y el modernismo nos convirtió en colegas repentinos  sin que yo lo mereciera entonces para nada.

Muy poco tiempo después, del 8 al 17 de septiembre de 1993, junto a otros estudiosos de diversas partes del mundo,  recibí el cursillo “Un Martí para los noventa: motivos y estructuras de crítica y transformación”. Las clases de este profesor de la Universidad de Illinois, poseían una intensidad emocional bastante rara en el mundo académico. Es verdad que tratándose de este héroe-poeta es bien difícil sustraerse al arranque emotivo, pero Schulman, que conocía la literatura latinoamericana con profundidad, y podía aquilatar el texto martiano desde su cultura estadounidense, lo interpretaba con honda propiedad.

Mucho intercambiamos luego en La Habana; una década después estuvimos junto a él con un equipo de estudiosos de nuestra institución en Dallas, para participar en una mesa que organizó para el congreso de LASA ese año de 2003 y terminamos ofreciendo conferencias en la Universidad Internacional de la Florida. En los últimos lustros estaba al tanto de mis cursos sobre el modernismo en Guadalajara.

Ahora ya no está entre nosotros, pero su magisterio seguirá conmigo, como la marca de un sabio amable y respetuoso, con una sonrisa medio tristona, como todas las verdaderas sonrisas.

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TRISTE NOTICIA

Cuando pensé que se acumulaban demasiadas malas noticias en un año que aún alcanza sólo poco más de la mitad de su devenir, nos llega un nuevo motivo de tristeza: falleció Ivan A. Schulman, el estadounidense que más profundamente conoció y divulgó, con alto nivel académico, la obra de José Martí. Fiel al pensamiento de éste, fue un defensor de la cultura cubana en todos los ámbitos en los cuales desarrolló sus múltiples actividades, como profesor universitario, crítico literario, investigador. Fue tenaz en el propósito de lograr el acercamiento entre los pueblos de nuestra isla antillana y de  los Estados Unidos.

En cuanto le fue posible, estableció contacto con el Centro de Estudios Martianos, donde se le conocía, fundamentalmente, por sus dos primeras obras, Esquema ideológico de Jose Martí, escrito conjuntamente con Manuel Pedro González, así como Símbolo y color en la obra de José Martí. Eran sólo las muestras más visibles de sus estudios no sólo de este, sino de otros muchos creadores de épocas pretéritas y del presente cubanos. Nuestra institución le dio acogida a su experiencia y conocimientos, que transmitió mediante conferencias, cursos y conversaciones personales.

A sus viejas amistades, epistolares o presenciales, como Roberto Fernández Retamar, Cintio Vitier y Fina García Marruz, sumó la de otros investigadores, un tanto más jóvenes, a quienes brindó su saber con la misma naturalidad que su franqueza, manifiesta sobre todo en los momentos de no coincidencia en una u otra apreciaciones, de matices diferentes en algún tema. Eran los mejores intercambios, pues con su paciencia y modestia características, desplegaba sus dotes profesorales para convencer con sólidos argumentos, sin intentar siquiera esgrimir  su bien ganada autoridad.

Contribuyó en cuanto pudo para que algunos representantes del Centro estuvieran presentes en intercambios académicos organizados por instituciones radicadas en los Estados Unidos, a quienes brindó su acogida y apoyo. Fueron varias las ocasiones en que se vio precisado a lidiar con funcionarios norteños proclives a la politización negativa de las buenas intenciones, con ardides diversos para malograr los buenos propósitos. Entonces sí enarbolaba su prestigio y autoridad, y movía opiniones y acciones hasta vencer los escollos y las agresivas actitudes anticubanas, a las que tuvo que enfrentarse físicamente, inclusive, junto con su esposa, Evelyn Picon Garfield, también estudiosa de nuestra cultura, y conocedora de los valores trascendentes de esta.

Hemos perdido un amigo. Un valioso e insustituible colega. Un intelectual  estadounidense comprometido con la vida y la obra de José Martí, con lo más valioso del pasado y el presente de la creación artística y literaria de Cuba, a la que respetaba, defendía y amaba. Nunca lo olvidaremos.

Ibrahim Hidalgo

5/agosto/2020

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Iván Schulman: Contribuciones a las ediciones de la poesía martiana

Por Dra. Lourdes Ocampo Andina

Versos libres se publica por primera vez en 1913, dentro de las Obras de Martí que prepara Gonzalo de Quesada y Aróstegui. Varios críticos consideraron que esta zona de la poesía martiana presentaba oscuridades que la hacían de difícil lectura. Lo cierto es que se reimprimieron una y otra vez, con añadiduras de poemas, hasta 1970, sin revisar los originales. La transcripción presentó muchos problemas. En los manuscritos abundan las tachaduras y las versiones de versos, las letras son a veces de difícil lectura y los errores se sucedían. En 1970 dos estudiosos de la obra martiana los revisan y descubren las erratas y proponen nuevas lecturas. Uno de ellos fue Ivan Schulman.

En 1970 este investigador norteamericano, Iván Schulman, publica los Versos libres para la colección de Textos Modernos Hispánicos de la Editorial Labor, es la primera vez que personas diferentes a los Quesada revisan los manuscritos y como resultado aparecen dos trabajos: el proyecto de Hilario González, y la nueva edición del poemario, previo cotejo con los originales. Una nota preliminar advierte:

Contiene poemas que tradicionalmente pertenecen a Versos libres. Solo se han agregado dos: “Bosque de rosas” y “Homagno audaz”. […] A diferencia de las ediciones anteriores, hemos seguido la puntuación de los manuscritos, porque esta, tanto como el ritmo y la estructura estrófica forma parte del estilo innovador. Si en algunos casos hemos sido demasiado puntillosos en la restauración de los textos según los manuscritos, el lector nos perdonará.[1]

Ambas versiones difieren de los anteriores en cuanto a los poemas seleccionados y el contenido de los mismos, pues han seleccionado versiones diferentes de palabras, versos o estrofas. La edición de Schulman fue muy importante, aunque suscitó polémicas, por el hecho de que llamó la atención acerca de la posibilidad de lecturas diferentes del manuscrito, en particular de “Pollice verso”, cuyo orden estaba cambiado, por un empastelamiento de las páginas de uno de los manuscritos, pues consta con tres versiones manuscritas por el propio autor, que fueron añadidas al fondo Martí, por esos años. Desde el prólogo se advertía que se habían completado los versos o suprimido palabras con el objetivo de mantener el endecasílabo. Aún no se conocían los versos tal y como lo dejó su autor.

Esta edición a cargo de Iván Schulman, es la primera que se hace diferente a la de Gonzalo de Quesada, pues el trabajo de Hilario González no pasó de un proyecto. La edición de Schulman, difiere bastante de la que tradicionalmente se conocía, él mismo confiesa en su prólogo: “En cuanto a la edición que ofrecemos nos hemos ceñido a los manuscritos originales en todo lo posible, aún en lo tocante a la puntuación subjetiva y original de Martí, la cual no concuerda con la que se estila en nuestra época ni siempre con la de la época modernista. Hemos modernizado la ortografía. En la preparación de los textos nos vemos obligado a hacer espinosas decisiones textuales, suprimiendo un verso, variante de uno anterior o posterior o escogiendo una de varias palabras en aquellos casos en que Martí no dejó indicio alguno respecto a su preferencia. En todo momento nos ha guiado el propósito de autenticidad y el concepto de violentar o enmendar lo menos posible los textos martianos que restauramos. En las notas el lector encontrará detalles sobre las distintas redacciones de un verso, o las variantes que hemos encontrado o rechazado. […] Muchos son los casos en que hemos suprimido repeticiones innecesarias o, con el fin de conservar la métrica, hemos agregado vocablos”.[2]

Antes de que saliera el libro, Schulman publica en el Anuario Martiano 3 del año 1969 el trabajo: “¿Poseemos los textos de Martí? El caso de los Versos libres”, donde explica la necesidad de una nueva edición de los mismos, a la vez que pone ejemplos de transcripciones –de versos o palabras– que considera erróneas en las ediciones anteriores. Además habla del orden que estima, no es crítico ni científico –sin embargo él lo mantuvo en su edición– refiriéndose generalmente al caso de “Flores del destierro” y otros.

La aparición de este libro desató una polémica. Un artículo de Ángel Augier –publicado en la Gaceta de Cuba, número de agosto-septiembre, de 1972–, la desata: “Sobre una edición de los Versos libres. Martí como pretexto de una difamación.” El texto trata fundamentalmente un aspecto del prólogo: el asunto de la tenencia de los manuscritos por parte de los Quesada, quienes generalmente no los mostraban. Augier le niega el derecho a Schulman de intervenir en ese asunto y dice: “A lo que no hay derecho es a sacar las cosas de su cauce ni a lastimar gratuitamente nuestros sentimientos de cubanos ni a inmiscuirse en problemas cuya solución solo incumbe a los compatriotas de Martí y Quesada porque pertenecen al ámbito nacional y solo dentro de él deben ser resueltos.”[3] Encuentra una contradicción en el prólogo: Schulman dice que solo han logrado ver los manuscritos personas que por regla general no resultaban los eruditos y especialistas que necesitaban consultar el contenido del archivo; sin embargo luego le da las gracias a Quesada por haberle permitido trabajar en el archivo.

Como respuesta a Augier, en 1973, en Cuadernos americanos, de México, se publicó el texto de Manuel Pedro González “Al margen de una polémica martiana”. Aquí la polémica se torna política ya que el artículo comienza esbozando la duda de que la idea de publicar el artículo anterior haya salido espontáneamente del autor y no le haya sido “sugerida”. Le contraría también la afirmación de que Martí y los problemas que haya en relación con su obra sean patrimonio de los cubanos y no de todas las personas interesadas en Martí. Respecto a las ediciones del poemario dice: “[Martí] carece todavía de una edición cuidada y fiel debido al monopolio inepto que sobre el archivo y la papelería martianas han tolerado el gobierno y los intelectuales por setenta y ocho años.” No se puede pasar por alto el hecho que Schulman fue discípulo de Manuel Pedro González.

En el Anuario del Centro de Estudios Martianos de 1974 Ángel Augier publica otro controversial artículo sobre la misma polémica. Esta vez fundamenta con ilustrativos ejemplos los problemas relativos a los textos martianos que tiene la edición de Schulman: versos mal transcritos y versos restaurados, seleccionados o dispuestos erróneamente; infidelidad a la puntuación original de Martí; anotaciones que dan lugar a confusiones y omisión de las variantes en las anotaciones. Califica de “esfuerzo fallido” la edición de Schulman.

Sin embargo esta edición resulta de vital importancia para los estudios martianos, pues sirvió de base a un sinnúmero de ediciones españolas de la poesía de Martí, así contribuyó notablemente al estudio de estos versos. Aclaró considerables dudas de versos, y por primera vez se puso en tela de juicio las transcripciones de los textos martianos, dudas que llevaron a la realización de la actual edición crítica de las Obras completas de José Martí, que revisaron los originales y determinaron errores de transcripción.

[1] Ivan A. Schulman: Prólogo a Versos libres, Barcelona, Ed. Labor, Colección Textos Modernos Hispánicos, 1970.

[2] Shulman, Ivan. Prólogo a Versos libres. Ed.Labor, Colección Textos modernos hispánicos, Barcelona, 1970.

[3] Augier, Ángel, “Sobre una edición de los Versos libres. Martí como pretexto de una difamación”, en La Gaceta de Cuba,1972.

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Lamento profundamente el deceso del buen amigo Iván Schulman, académico norteamericano que comprendió la justeza de la lucha de los cubanos mediante los profundos estudios que realizó sobre la vida y obra de José Martí. Hombre modesto y decente confirmó con su conducta que en el pueblo de Estados Unidos hay personas buenas que pueden evitar que se imponga en ese país una corriente etnocentrista y fascista.

Con su desaparición física Cuba pierde a un amigo, la Academia a un riguroso investigador y los estudiosos martianos a un relevante compañero.

Dr. Hèctor Hernández Pardo
Coordinador del Proyecto José Martí de Solidaridad Internacional

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Gracias a su vocación y devoción martiana, sólo reservada a los hombres buenos, tuvimos en Ivan Schulman un permanente amigo, valioso colaborador e imprescindible interlocutor. Nada pudo afectar su sincero propósito de integrarse al empeño cubano por conocer cada vez mejor a José Martí y de compartir con el mundo su inmenso legado. Inquieto y sagaz, amable y soñador, dejó un aporte invaluable al estudio de la obra martiana que se aquilata aún más con el paso del tiempo. Gratitud es el sentimiento que evocó siempre su presencia, y es en el momento triste de despedirlo la mejor expresión posible:! Gracias, querido amigo!

Ismael González

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Saludos en la tristeza por el fallecimiento del Dr .Iván Schulman, respetado investigador y martiano. Cuando se celebraba en el Centro de Estudios Martianos el evento dedicado al Centenario de los Versos sencillos, tuve la ocasión de escucharlo por primera. Tengo algunos de sus libros, ente estos el clásico Símbolo y color en la obra de José Martí . Pedí información acerca de su funeral en Puerto Rico..

Que descanse en paz esa gloria de los estudios martianos desde los Estados Unidos de América, un hombre paradigma de otros que continúe su andar

Sra. Silvia María Alberti Cayro

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ADIÓS, SCHULMAN

Con la muerte de Ivan A. Schulman pierden los estudios acerca de José Martí a uno de los profesionales que con mayor ahínco los enriquecieron en los Estados Unidos. Por sus textos —cualquiera que sea el grado en que se esté de acuerdo con ellos, puesto que la discusión es uno de los caminos que más contribuyen al conocimiento—, y por el trato personal que tuvo con él, quien escribe estas líneas lo vio como a un hombre bueno y convencido de la grandeza del cubano universal a cuya obra se acercó durante décadas, y no siempre sin tener que enfrentar incomprensiones propias de un contexto convulso.

Lo hizo con el detenimiento de un académico que manejaba sus instrumentos de análisis como el orfebre maneja los que emplea para fabricar joyas. Pudo haber sido uno de esos hijos e hijas de los Estados Unidos —para mayor precisión: de la patria de Ralph Waldo Emerson, Wendell Philips y Helen Hunt Jackson— con quienes Martí procuraba sembrar relaciones de cordialidad contrarias a las ambiciones de una nación en cuya voracidad imperialista se hallaba, y se halla, la mayor fuente de peligros para los pueblos de nuestra América, y de la humanidad toda.

En la poesía de Martí halló el amigo Ivan el terreno de preferencia para sus búsquedas.

Luis Toledo Sande

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Estimados amigos:
Me sumo a la pena por el fallecimiento de Shulmann. Fue un gran estudioso de Martí y amigo de Cuba y del CEM.
La cåtedra Martiana del ISA me encargó transmitir sus condolencias.
Un abrazo, Biosca

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Lamentable la noticia. Son muchas pérdidas significativas en los últimos tiempos.

Nuestras condolencias a toda la familia Martiana.

Rodriggo Leopoldino Cavalcanti I.

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Homenaje a Ivan A. Schulman

Con Ivan A. Schulman acaba de irse un martiano sabio y agudo, de trato agradable.

Ser martiano de verdad, como lo fue, en los EE-UU, sin ceder ante la presión de los nostálgicos de la época en que Martí era desoído o mero pretexto por un poder corrupto, no le trajo muchos aplausos, sobre todo en la Florida donde residía. Con perseverancia y valentía nuestro malogrado colega hizo frente, impávido, produciendo tranquilamenrte una relevante obra de crítica literaria de la que ningún estudioso de la obra literaria de José Martí puede prescindir.

Conocí a Ivan durante el primer coloquio internacional « En torno a José Martí » celebrado en junio de 1972 en  Burdeos. Venía acompañando al acatado doctor Manuel Pedro González. Pero no llegó como escudero de él sino que se portó cual ponente mayor, muy dueño de su ciencia y arte, ya eminentes.

Volví a compartir con Ivan en varios encuentros martianos, gozando al igual que los demás contertulianos de su rigor linguístico y de su amena charla. En especial en mayo de 1995 cuando se otorgó, por parte de « Casa de las Américas », el Premio excepcional José Martí con motivo del centenario de la muerte del Maestro. Formábamos el jurado Cintio Vitier, Ivan A. Schulman y yo. Pese a las diferencias de formación, centros de interés e ideas filosóficas, que no impedían una vieja y sincera amistad, coincidimos plenamente en la valoración de las obras que leímos y discutimos el fino poeta cubano, el sutil crítico estadounidense y este aprendiz de historiador marxista de París. Idos mis dos copartícipes, les asocio en el recuerdo y en la expresión de mi veneración y tristeza.

En tí, Iván, saludo además con gratitud al continuador humanista y liberal de aquellos « rubios » cultos y generosos de la República del Norte que nuestro Martí no confundió jamás con los gobernantes que la deshonraban y, por desgracia, siguen deshonrándola.

Paul Estrade – París – 5 de agosto de 2020

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Ivan A. Schulman: Un Neoyorquino de Brooklyn Universal

Conocí a Ivan Schulman a comienzos de los años 90 en Urbana, cuando ingresé en el programa de doctorado de la Universidad de Illinois. Estudiante recién llegado y desconocido, atraído en principio por sus innovadoras investigaciones sobre el modernismo y su vasto saber de la obra de José Martí, lo que aún mayor impresión me causó fue su generosa e inigualable capacidad de escuchar y dialogar —arte olvidado, sino perdido; sobre todo en nuestro tiempo, donde más que palabras se oyen “los ladridos de los perros a la luna,” como llamaba Silva a los discursos del odio, del egoísmo, de la codicia.

Se han cumplido casi tres décadas de ese primer e inolvidable encuentro con Ivan. A partir de entonces, Ivan fue mentor, guía, amigo verdadero —de los del alma. Así fue también la experiencia de los doctorados egresados de mi generación y de generaciones anteriores en Illinois, Nueva York, Florida. Sin embargo, fue en la costa de California donde Ivan se inició en la senda martiana, con profesores como Manuel Pedro González, su guía académico, y Max Enríquez Ureña, hijo del gran amigo dominicano de José Martí. A comienzos de este nuevo siglo, Ivan regresó al estado del Golden Gate, invitado a ofrecer la Conferencia de Alumno Distinguido de UCLA, su Alma Mater.

Si José Martí fue el mayor interprete cultural cubano en Estados Unidos, durante la llamada Gilded Age a fines del XIX, Ivan lo fue a su vez de Estados Unidos en Cuba, para siglos venideros, a través de José Martí. Ivan siempre dedicó notables esfuerzos para fomentar el entendimiento cultural entre los pueblos, y especialmente para impulsar y mejorar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos a través del intercambio cultural. Coloquios, conferencias, publicaciones, programas de estudio son solo una mínima muestra de ello. Ivan es parte de la intelectualidad norteamericana, a la que Martí, sin necesidad de dar nombres, se refirió un siglo antes en “Nuestra América” como “lo más puro de su sangre.” Ivan también pertenece a Cuba.

Además de los campos nevados de Illinois, donde se desvanece el horizonte, o de las playas de suaves olas turquesa y blancas arenas de Florida, recuerdo a Ivan en su otra casa, en Cuba. En el amado y aciago paisaje de Dos Ríos, junto al Obelisco; en Oriente, camino del Cobre; en La Habana Vieja, en El Vedado; lo recuerdo hablando con Fina, Cintio, Roberto, con Pedro Pablo e Ibrahim, con Carmen, Ana, Rolando, Mauricio; la que fuera casa del hijo de José Martí, fue también su casa; todos sus amigos del Centro de Estudios Martianos, su familia cubana. Así también, desde su última casa, Puerto Rico, nación romántica y dolorosa isla del mar, al decir de Martí, como pudiera haber sido República Dominicana o Cuba, Ivan eligió salir de este mundo desde el Caribe.

En una ocasión, mientras volábamos de La Habana a Miami, Ivan me comentó que su casa
estaba donde él estuviera. Su casa, comprendí, era el mundo. Imagino que, sea cual sea el destino al que le esté llevando ese vuelo del alma, que José Martí evocó, Ivan tendrá su casa. Ser de estrella y de transparencia martianas, aquí también, entre todos tus amigos, discípulos, colegas, entre los que continuamos cultivando la rosa blanca martiana de amor a la humanidad, seguirás teniendo tu casa, Ivan.

Jose Gomariz

Florida State University.

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Se nos fue una gran voz crítica de los estudios del Modernismo hispanoamericano y de la obra de José Martí. Conocí la obra de Iván Schulman, especialmente sus estudios sobre el modernismo en escuela graduada en los años 90. Sin embargo tuve la oportunidad de conocerlo personalmente en el 2001 cuando formé parte de su seminario sobre José Martí en The University of South Florida, Tampa. Gracias a ese seminario y a la influencia de Schulman pude no sólo afinar mis ideas sobre masonería caribeña y el fin de siglo XIX, sino también participar en actividades inolvidables dirigidas por Iván, como la presentación de el trabajo de los estudiantes de nuestro grupo en el Seminario San Carlos en Key West, (antigua logia masónica de los Caballeros de la Luz) y el Centro de Estudios Martianos en Cuba, donde pude acceder a manuscritos y publicaciones importantes para mi trabajo. Schulman no sólo vivía para escuchar nuevas teorías y acercamientos hacia la obra de Martí y el Modernismo, sino que mantuvo siempre una apertura al diálogo crítico y a los puentes literarios y culturales. Extrañaré mucho nuestras conversaciones. ¡Deseándote un viaje de luz  querido Iván!

Jossiana Arroyo Martínez. Departamento de Español y Portugués y de Estudios de la diáspora africana, Universidad de Texas en Austin, Estados Unidos

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En reconocimiento a Ivan Schulman

La noticia de la muerte de Schulman provocó sentimientos de tristeza; pero también evocaciones de la obra de este estadounidense que dedicó sus mayores esfuerzos intelectuales al estudio de asuntos de Latinoamérica, en especial del modernismo y, de modo muy particular, fue un estudioso de José Martí. Los cubanos que amamos y estudiamos a Martí, hemos reconocido a lo largo de años la dedicación, seriedad y profundidad con que Ivan Schulman asumió sus investigaciones sobre nuestro gran Maestro. Sus acercamientos al modernismo, a la literatura latinoamericana fueron, sin dudas, un excelente contexto para llegar a Martí, de quien estudió no solo su obra literaria, sino que se adentró en aspectos importantes como las “Escenas norteamericanas”, sobre las cuales tuvo expresiones de valoración muy altas, en especial reconociendo su actualidad. Los miembros de la Cátedra Martiana de la Universidad de La Habana expresamos nuestro respeto a Ivan Schulman y le rendimos homenaje en esta triste hora.

Paquita

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EUSEBIO LEAL, MARTIANO

En numerosos textos, conferencias y entrevistas para la prensa escrita y los diversos medios de difusión,  Eusebio Leal se refirió a la vida, la obra y las ideas del Maestro. Su mirada siempre pasó por los singulares rasgos de aquel ser cuya vida privada se subsumió en su constante quehacer por Cuba y Nuestra América, y por el bien mayor del hombre. Por tanto sus juicios han de ser atendidos no solo por la emoción que siempre Leal lograba despertar en todos su oyentes y lectores, sino que, además, no pueden ser desechados por quienes  andamos por el campo de los estudio martianos. Y si ello, sin dudas, basta para considerarlo como un martiano, quizás sería más apropiado estimarlo así por su obra historiográfica y, sobre todo, tanto por su vasta y maravillosa labor de conservación del patrimonio nacional, como por insistir en rescatar los mejores valores y la memoria histórica del pueblo cubano  con su mismo ejemplo.

   El Centro de Estudios Martianos contó siempre con el acompañamiento del historiador de La Habana en su ejercicio institucional y también con su generoso apoyo a la conservación de nuestra sede, donde residió el hijo del Maestro, José Francisco Martí y Zayas-Bazán.

  El Centro de Estudios Martianos comparte el dolor del pueblo cubano por el fallecimiento de Eusebio Leal Spengler en la mañana del viernes 31de julio  y expresa su compromiso de honrarle  mediante la continuación de nuestra  labor  de cuidado de la obra patrimonial de Martí así como  de su estudio y promoción, siempre con las mismas dedicación y entrega entusiasta de nuestro compañero Eusebio Leal Spengler.

CENTRO DE ESTUDI0S MARTIANOS

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El culto a Martí, por Eusebio Leal

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EUSEBIO LEAL, UN TESTIMONIO AGRADECIDO
Dra. Marlene Vázquez Pérez
Directora del Centro de Estudios Martianos
Eusebio Leal nos deja a los cubanos de todas partes, y especialmente a los habaneros, ya sea por residencia o por imperativos de trabajo, más que el recio dolor por su partida, que aun siendo esperada nos ha golpeado a todos duramente, el reto de seguir su ejemplo. Y digo reto a sabiendas de que se trata, según el DRAE, de un “objetivo o desafío difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta.”
Si somos leales con este ser humano extraordinario, que no solo se llora en Cuba o por los nacidos en ella, sino en muchas otras latitudes, no nos queda más remedio que afrontarlo gustosamente e intentar, desde nuestras humildes posibilidades, la puesta en práctica de su magisterio. Siempre entregado al trabajo, consciente de su valía, pero pleno de humildad, presto a laborar por el bien común, a salvar y recuperar cada piedra de su ciudad, pero también a cada ciudadano de su entorno, especialmente a los más vulnerables. Conocedor de cada historia, tradición o leyenda de su Habana, pero patriota entero, amante de su Isla y del legado de sus próceres, y a la vez ciudadano del mundo… Dueño de un verbo privilegiado, maestro del buen decir, anclado en la mejor tradición oratoria cubana, fue de una coherencia sólida entre palabra y obra, de manera que en él se cumple, como en pocas personas, aquel aserto martiano: “Hacer, es la mejor manera de decir.”
Hoy, frente al hecho cruel de su adiós postrero, y la multitud de páginas que se amontonan en las redes, en prensa plana y digital, y en las emisiones de los noticiarios de muchos países, me pregunto qué más puedo añadir a sus exequias, como no sea un testimonio personal relativo a dos oportunidades en que tuve la posibilidad de intercambiar de cerca con él.
Cuando era Coordinadora académica del Anuario del Centro de Estudios Martianos, le pedimos a Eusebio que nos presentara el número 33, en la Feria del Libro de La Habana, de la cual el CEM era subsede. Conscientes de que el Anuario llegaría tarde a la fecha de presentación planificada, lo cual se ha convertido casi en una regularidad para esta publicación, le explicamos a Leal que aún no teníamos ejemplares, y nos pidió que le enviáramos el Pdf, para hacer siquiera una lectura somera. El día señalado, ambos llegaron juntos, el presentador y el presentado, apenas dos o tres minutos antes de la hora prevista. Cecil Canetti, entonces directora editorial, Ela López Ugarte, editora del Anuario, y yo, estuvimos en un temblor todo el día, a la espera de poder entregarle el ejemplar impreso, pero no fue posible. Al saludarnos, y notar que nuestros nervios estaban a flor de piel, y que nos embargaba la timidez, nos dijo con afecto y sencillez: “Adelante, que todo va a salir bien”. Acto seguido, pasamos al estrado en el Salón Bolívar, y en mis breves palabras iniciales, aludí a que la tinta aún fresca no era una metáfora, sino un hecho tangible, porque nos manchaba las manos. Eusebio hizo gala entonces de su cubanísimo sentido del humor, asumiendo jocosamente lo que a nosotras nos parecía un auténtico desastre, y luego de reír de aquello, y de referirse a la capacidad de los cubanos para sortear obstáculos de todo tipo, elogió largamente el oficio de impresor, comentó el poema de José Martí “De noche en la imprenta”, y valoró globalmente el número, en el que aparecían no pocos trabajos de valía, y la labor editorial del Centro. Luego, nos deslumbró a todos contándonos sobre un libro suyo en proyecto, cuyo título provisional era Martí, María y las dos Carmen. Con su memoria prodigiosa y su pasión característica, fue desgranando anécdotas, fragmentos de cartas inéditas de esas dos mujeres tan ligadas a la vida del Apóstol, testimonios de terceros, de modo que los minutos se fueron sin sentir. Casi una hora después, ya no nos acordábamos de la zozobra vivida durante todo el día, y ante la realidad de tener que cerrar la presentación, sólo di gracias a los autores, casi todos presentes, y declaré que después de escuchar a Eusebio Leal, nadie tenía más que decir.
Años después, me lo encontré por casualidad en la Plaza de San Francisco, en La Habana Vieja, en uno de sus andares cotidianos. Lo saludé brevemente, pensando que no me recordaba, y cuál no sería mi sorpresa cuando aludió al Centro y al Anuario. Era el año 2012, cuando se cumplía el bicentenario de otro grande de Cuba, Antonio Bachiller y Morales, y yo llevaba en la cartera un ejemplar de la edición crítica de la semblanza de Martí sobre el erudito cubano, con estudio introductorio y notas mías, que habíamos publicado como homenaje del CEM a la efemérides. Se lo obsequié confundida, y me pidió que se lo dedicara y que le pusiera mi dirección de correo, luego de darme las gracias efusivamente, sobre todo “por Bachiller, que merece ser más recordado y estudiado”, me dijo. Días después, ese hombre ocupadísimo, lleno de tareas, encontró tiempo para escribirme, haciendo comentarios que demostraban con cuánta atención leyó aquel texto, que hoy me parece imperfecto, y para reiterar su agradecimiento. Una muestra más de su grandeza y caballerosidad.
Por mi parte, ante el hecho irrefutable de su deceso, me resisto a creer en la verdad de su despedida definitiva. Mientras exista La Habana, estará entre nosotros, y las huellas de sus pasos ágiles y el eco de sus palabras, poblarán las piedras, retumbará entre las arcadas, y nos esperarán a la vuelta de cada esquina, como presencia intangible, hechas unas en el alma de la urbe. Luz y paz para él, que hizo el bien y fue útil.

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MENSAJE POR LA PARTIDA DE EUSEBIO LEAL
María Caridad Pacheco

El pasado mes de enero se cumplieron diez años de la entrega a Eusebio Leal Spengler de la Distinción “Pensar es Servir” , con la cual el Centro de Estudios Martianos reconoce el quehacer destacado de personalidades e instituciones en la investigación y promoción de la vida y obra del Apóstol. Fue un acto de absoluta justicia en tanto, para Leal, Martí– junto a la historia de Cuba, Céspedes y La Habana–, fue una perenne obsesión, y también porque durante su vida mostró una  posiciónética y una vocación de seguir la senda del Maestro. En el  campode los estudios martianos el país le deberá siempre un gran reconocimiento por su infatigable labor y numerosas iniciativas. En su partida a la inmortalidad, este raigal martiano ha dejado una estela de obras y una conducta por las que su pueblo lo recordará siempre.

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EUSEBIO LEAL, EL CONSTANTE.

Es raro encontrar en un hombre una pasión restauradora tan bien cumplida, no porque cualquier hijo de vecino no tenga su propio sueño, un afán por cumplir largamente ansiado, una capacidad natural para desarrollarla, sino porque la vida suele ser lo suficientemente sorpresiva y complicada como para que no siempre coincidan la vocación, la inteligencia y la oportunidad. Las tres condiciones pudieron realizarse en este hombre.
Eusebio Leal empezó por amar las chinas pelonas de las calles coloniales de la Habana Vieja, y luego encontró fuerzas para restaurar el viejo casco histórico tan venido a menos, y consiguió el apoyo suficiente no desde la riqueza, sino más bien desde una pobreza que alcanzaba para el amor de la ciudad, para lo que llamaba José Lezama Lima “la fineza criolla” capaz de comprender la necesidad de adecentar la casa.
No hay que despedirlo, siempre va a estar en cualquier recodo de la vieja ciudad, la linterna del Capitolio siempre lo anunciará, el cañonazo de las nueve, retumbando en las paredes de las fortalezas del puerto, siempre lo proclamará.
Carmen Suárez León

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Sí, quedarás para la posteridad
Pocas veces un pueblo se ha sentido tan consternado ante la desaparición física de una personalidad nacional, cómo lo ha sido la pérdida de nuestro querido Eusebio Leal Spengler. Más allá de la ideología que defendamos, de la religión que profesemos o de los pensamientos políticos que mantengamos, todos hemos sentido su partida en lo más profundo de nuestra esencia, porque Eusebio Leal se percibió siempre muy cercano, a pesar de su innegable talento y genialidad, fue extremadamente sencillo, un hombre de pueblo. El 18 de octubre de 2019 en una entrevista realizada en la Mesa Redonda, su humildad quedó demostrada cuando expresó: “Yo no aspiro a nada, no aspiro ni siquiera a eso que llaman la posteridad; yo no aspiro a nada, yo solo aspiro a haber sido útil.” Pero sí quedarás para la posteridad, no solo recordaremos al gran comunicador que nos deleitaba con su oratoria perfecta, al historiador excepcional apasionado eterno por la Habana y descubridor de sus memorias, al intelectual incansable, estudioso de la vida de José Martí al cual consideró parte importante en su formación, más que todo esto, quedará por siempre la obra que creaste durante años de dedicación y entrega, has dejado una huella imborrable en todos los cubanos que tuvimos la dicha de vivir en tu tiempo y sin lugar a dudas en las próximas generaciones que conocerán tu legado de sabiduría, de laboriosidad inagotable por rescatar el patrimonio cultural cubano, pero sobre todo al legado de valores humanos que enaltecieron tu existencia.

Lien Mas

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Eusebio, el tribuno leal de La Habana
Mario Valdés Navia
Las ideas trascienden si encuentran individuos que las hagan realidad y logran calar en el pueblo. Sin Eusebio Leal, la aspiración de conservar el centro histórico de La Habana y los demás valores del patrimonio edificado de tan ecléctica Ciudad Maravilla no hubiera sido posible. Por eso, su obra trasciende los marcos del historiador, arqueólogo, restaurador, o antropólogo aplicado, para convertirlo en el Tribuno de La Habana, su cultura y su gente, en primer lugar, la más humilde.
Aunque nunca trabajé a su lado, la pertenencia al Comité Nacional de la UNHIC (2001-2003) y mi condición de Historiador de Sancti Spiritus (1998-2004) me permitieron conocer de primera mano, no solo su obra, sino su manera de pensar, hacer y comunicarse con públicos diferentes. Eran momentos en que el país –y La Habana, en particular− tomaba nuevos aires tras superar los años más duros del Período Especial.
Constaté que de él pudiera decirse lo que de Martí apuntara Diego Vicente Tejara acerca del poder de fascinación de la palabra humana, esa que Eusebio repartía sin reservas entre interlocutores, públicos académicos y gente de la calle. En varias ocasiones, mostrándonos sus incontables proyectos, se detenía ante un inmueble y, lejos de hablar solo para sus acompañantes, buscaba algo donde subirse para comunicarse con el mayor público posible. A su improvisada convocatoria, acudían de inmediato trabajadores, transeúntes y turistas para no perderse la oportunidad de disfrutar del torrente de su desbordante sapiencia.
Tres enseñanzas aprendí de él sobre el significado de la obra de restauración, si se hace por, y para, el pueblo. Primero, sus discusiones sobre por donde empezar, cuando el dinero y los materiales eran escasos y todo estaba por hacer. Al final logró imponer su criterio de hacerlo por la Fuente de La India, lo que argumentó en el sentido de que todos debían comprender, al observar la hermosura de la obra terminada, que la restauración traería consigo el disfrute público de la belleza para todos los habaneros y sus visitantes, no solo para turistas, o públicos selectos.
Lo segundo, fue su promoción de las Aulas Museo en las principales instituciones culturales de la OHC, proyecto por donde rotarían todos los escolares del municipio durante períodos determinados del curso. Cuando las escuelas apenas empezaban a restaurarse y la escasez de alimentos golpeaba con saña a los hogares pobres de la Habana Vieja, ver a miles de niños salir contentos de aquellas aulas privilegiadas, con largas flautas de pan de la shoping sobresaliendo de sus humildes mochilas para llevar a sus casas, mostraba a las claras el perfil popular de la obra restauradora.
Lo tercero, fue su empeño por dar preferencia de empleo en las instituciones de la OHC a los habitantes del centro histórico. Bajo ese principio, profesionales recién graduados sin plazas se convirtieron en especialistas de primer nivel, jóvenes desempleados entraron a escuelas talleres y aprendieron un oficio con los mejores maestros, mientras que mujeres y adultos mayores se convirtieron en veladoras, personal de limpieza y custodios de instituciones cercanas a sus casas a las que antes apenas conocían. Eusebio solía decir que nadie como los vecinos para amar y cuidar las riquezas públicas de su barriada.
Así, este nativo de Cayo Hueso, cuyo genio autodidacta lo llevó a alcanzar los mayores grados científicos y académicos, honores de gobiernos y universidades y un lugar relevante en la vanguardia intelectual de Cuba, contribuyó a sacar de la miseria y la marginalidad social a miles de familias humildes de La Habana, propició la construcción, reparación, o mudanza de sus hogares y les abrió cauces para ganarse el sustento y la prosperidad de manera honrada. Como los Graco para la plebe romana, fue un verdadero tribuno popular de su ciudad, y dejó modos de pensar y hacer que será preciso defender y desarrollar por secula seculorum.

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Eusebio y la poesía

Eusebio Leal es la prueba de que la poesía y la historia avanzan juntas, el ejemplo imperecedero de la encarnación de la poesía en la realidad: qué cosa, sino poesía, eran sus largas evocaciones de la historia de Cuba, de las vidas de sus grandes próceres, infundiéndolas de una presencia y tensión dramáticas subyugantes. Probó con creces el valor del trabajo, que el trabajo y el amor se unen en un solo haz. Fue grande a los ojos del barrendero y el arquitecto. Unió con amor y con ejemplo, manera eficaz y mágica de ser martiano, y de ser cubano.

Caridad Atencio

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El último orador feliz

Eusebio Leal tuvo el raro don de la palabra hablada. Su voz estaba conectada a las fibras de su corazón. Sus ideas convencían y se hacían atrayentes cual campo magnético. Si Barthes dijo que Voltaire fue el último escritor feliz. Podríamos decir que, en nuestra humilde isla, Leal fue el último orador feliz. Discursos que llevaron a acciones. Parafraseando la frase latina: “Las palabras vuelan, los hechos, los escritos, las construcciones permanecen”. El historiador de La Habana nos dejó todo esto: oficina de trabajo, libros, edificios restaurados. Cuando un idealista se combina con un materialista, en una misma persona, aparece el ser más útil para una sociedad.  Muchos subvaloran la importancia de la palabra, de la forma, pero que idea prende y perdura mejor sino aquella que se hace con sacrificio, ejemplo, belleza. Como su adorado Caballero de París, Eusebio será el loco recordado por La Habana y por Cuba, el verdadero martiano que unió corazones y los hizo seguir tras su ejemplo de cultura, esfuerzo y perdón.

David Leyva

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FIELES AL EJEMPLO DE EUSEBIO LEAL
El 31 de julio, en horas de la mañana, recibí la noticia de la muerte de Eusebio Leal. No por esperada, fue menos la conmoción, que me ha impedido hasta hoy manifestar mi pesar por su fallecimiento, y el mayor compromiso con su legado cultural, su pensamiento y su actuación.
Muchos han recordado sus méritos intelectuales, su sabiduría, su justa actuación política; me referiré a su ejemplo vital, su estoicismo ante una enfermedad contra la que luchó durante años, con recaídas abismales, de las cuales se empinaba, vencedor de la muerte. El rasgo que más me alarmaba, entonces, era la debilidad de su voz, esa voz inolvidable que alertaba y alentaba, instruía, inspiraba, y que en pocas semanas volvía a alcanzar tono y melodía, profundidad y claridad. Era, de nuevo, Eusebio. Lo veíamos de nuevo andar su Habana con paso breve y seguro, vestido de gris, devolviendo saludos, instruyendo a constructores, oído atento a sugerencias, opiniones y quejas. Continuaba siendo, como siempre, Leal.
Pero sabíamos que de aquellas batallas, si bien no emergía derrotado ―nunca se dejó derrotar― su cuerpo se debilitaba. No sus convicciones, no su espíritu alerta y combativo, por lo que continuaba, admirable, su trabajo, su labor de restaurador, de maestro, de historiador, de organizador, de tantos oficios y profesiones cuyos desempeños en ocasiones sorprendían hasta a sus más cercanos colaboradores.
Al Historiador de la Ciudad, al colega, al revolucionario incansable, debemos recordarlo no sólo en pensamiento, sino fundamentalmente en actos. Tenemos que defender y proteger lo realizado por este cubano enraizado en los sentimientos de cientos de miles de personas que lo admirábamos en vida. El propósito ha de ser ―lo más difícil― que lo alcanzado por él no desaparezca en manos indolentes o malintencionadas, sino constituya motivo de enfrentamiento contra todo intento de revertir su obra. No puede haber vacilaciones ante quienes intentan levantar muros para limitar el acceso a espacios desde siempre disfrutados por las mayorías, ante los que agreden la naturaleza y el patrimonio natural y material, ante los miméticos aspirantes a derribar monumentos y estatuas. Continuemos los propósitos de Eusebio Leal, para que La Habana no deje de ser maravillosa, para que nuestra patria siga siendo libre e independiente.

Ibrahim Hidalgo

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Eusebio Leal Spengler: uno de los cubanos más reales y útiles de nuestros tiempos

Palabras de Eduardo Torres-Cuevas por el fallecimiento de Eusebio Leal Spengler

Puedo asegurar que en pocas ocasiones me he sentido tan triste como este viernes. A pesar de ello, es un privilegio siempre hablar sobre Eusebio.

Es difícil, porque es tal la envergadura, la variedad, la riqueza, la originalidad, la osadía, el rigor y la grandeza de Eusebio, que no puedo menos que confesar que estas palabras no son más que una aproximación muy limitada de quien es uno de los más grandes cubanos de todos los tiempos.

En pocas personas como en Eusebio Leal Spengler he hallado el modo armónico en que se articulan tan diversos componentes del conocer, sentir, amar y pensar a Cuba.

Pudiera decirles que su obra es grandiosa, sin embargo, no creo que sería original si dijera que ha recibido la investidura de Doctor Honoris Causa y Profesor de Mérito de 20 universidades nacionales y extranjeras; y ha pronunciado conferencias magistrales y académicas en más de 74 universidades en no menos de 45 países, colocando la imagen científica y cultural de Cuba en lo más egregio de los espacios académicos de diversas partes del mundo. A su vez, ha recibido altas condecoraciones de por lo menos 29 naciones.

Sin embargo, estos títulos y condecoraciones no expresan las esencias del hombre que nació en un solar de La Habana, que se ganó la vida como mensajero de una farmacia y que llegó a tener una cultura poco común antes de titularse de una universidad.

Su esencia era la de un hombre de pueblo que vestía humildemente la ropa de un trabajador, que andaba La Habana hablando con cada una de las personas humildes que se le acercaban y que soñaba en reconstruir para darle al presente las dimensiones extraordinarias de nuestra historia. Simplemente, es un gran hombre de pueblo.

Ha recibido los títulos más importantes, los que no llegan en pergaminos, que no los otorgan los académicos, sino los que él más ama y reconoce, que son los que le confiere una multitud de pueblo impresionado y agradecido, no ya por la palabra, sino por la reducción de la pesantez de la piedra y el ladrillo o de la construcción pétrea y vivificadora de la obra.

Esta llena más que las pupilas, las mentes amplias y agudas y los corazones sensibles y nobles ante la exorbitante riqueza del rescate urbanístico y humano de la huella de los hombres, que construyeron la imagen que de La Habana o de otras ciudades y localidades cubanas disfrutamos hoy.

El quehacer de Eusebio, ante todo pensado, después organizado, con posterioridad espiritual y culturalmente materializado, que todos podemos observar al peregrinar por Cuba y por su capital, está inscrito ya como patrimonio de la humanidad. Ha sido una voluntad férrea, una inteligencia dedicada y certera, y un conocimiento profundo lo que le ha permitido a este hombre domesticar el pasado y convertirlo en joya del presente.

Su dirección, al frente de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, recoge la restauración y terminación de 80 obras de patrimonio cultural, 14 hoteles, que rememoran espacios y momentos de la cultura cubana en tiempos diferentes reunidos en un todo por el presente que contempla, un centenar de instalaciones turísticas y 171 obras sociales, a lo que se añaden

3 092 viviendas beneficiadas.

Todo ello en un periodo de diez años, y no incluyo aquí lo que ha hecho en el último lustro. Al referirse a su obra siempre destaca, con humildad y agradecimiento, lo que significaron para sus logros los diálogos y el apoyo de Fidel.

Es Eusebio Leal uno de los más fructíferos escritores de nuestro tiempo. Sorprende la cifra de sus obras. Estamos hablando de 3 531 registros, que abarcan hasta 2010. Hago esta acotación, porque faltan aún diez años de producción intelectual en el conjunto que señalamos.

Es muy variado el conjunto: artículos, folletos, discursos impresos y libros. Todos responden a un conocimiento adquirido en esas incesantes búsquedas, que parecen no haber dejado tiempo al descanso o, quizá con más propiedad, al disfrute del tiempo en crecer por dentro para ayudar a otros a encontrar caminos para identificarse a sí mismos e identificarse con su propia cultura.

Si se observa con detenimiento, no hay palabra flácida, ni perdida, ni colocada inadecuadamente en su oratoria y en su escritura.

Al que se asoma a su obra plasmada en palabras, no le quedará más remedio que reconocer que, paso a paso, descubre y se identifica con las propuestas de Eusebio, del doctor Leal, porque en ellas están contenidos descubrimientos hallados en innumerables documentos materiales y espirituales.

Se observa la incansable indagación y el rescate permanente que sostiene la obra creadora de Eusebio. Algunos títulos, hablo ya de libros, constituyen un imprescindible legado de una época, ya aparentemente lejana,  pero que expresan un mundo de ayer que explica, en cierta forma, el mundo de hoy.

Estas son espléndidas rememoraciones que constituyen ya parte de nuestra historia. Libros como Fiñes, Fundada esperanza, Para no olvidar, Legado y memoria y El Diario perdido de Carlos Manuel de Céspedes, constituyen aportes innegables, rigurosamente recogidos y pensados, no para una historia muerta, sino para el pensamiento vivo de la creatividad presente y futura de nuestro país.

Existe un género literario que por su complejidad suele ser de difícil dominio, la oratoria. No creo exagerar si afirmo que el discurso oral de Eusebio constituye ya uno de los legados más importantes que será objeto de estudios en los próximos años.

La oratoria, como género, constituye uno de los más difíciles, porque aúna el conocimiento de un tema, la elegancia del discurso, la belleza del lenguaje, la lógica armoniosa del contenido, lo poético que deleita y la dialéctica que enseña.

Como pocos en nuestra historia más reciente, Eusebio Leal ha desarrollado la oratoria de modo extraordinario y muy personal. Ha aportado a la Academia y a la tribuna el arte de decir.

Viene a mi memoria el momento en que lo conocí con carretilla en mano y su exclusivo modo de vestir con ropa de trabajo gris. Aquellas búsquedas arqueológicas e históricas, llevaban a muchos, burlonamente, a pensar que aquellos sueños de reconstrucción eran como los de Calderón de la Barca.

Hoy puede parecer que todo fue fácil y en mi opinión fue muy difícil perforar una realidad bruta con la punta fina de la voluntad, del ingenio y del conocimiento.

Al escucharlo percibe el interlocutor que más allá de lo que la Academia enseña, está la búsqueda incesante de un autodidacta que disfruta traspasar los límites de las disciplinas.

Quizá, como él mismo se ha llamado, ha sido un hijo de su tiempo, de este tiempo de temeridades, que el futuro juzgará con la fría lógica que otorga la distancia; pero ello es un privilegio no de los dioses, sino de los hombres.

También recuerdo ahora cuando al entrar en un aula universitaria, hace ya no sé cuántos años, me lo encontré sentado como estudiante de la carrera de Historia. Le era necesario el título que tanto se exige, pero sus conocimientos sobrepasaban ya a los de un licenciado.

Aquí buscó los métodos, las sistematizaciones, las teorías que la academia discute y promueve. El joven profesor disfrutaba y aprendía del grato diálogo con el sabio historiador sin título.

Habanero, supo amar su ciudad y trabajar en el rescate y prevalencia de sus valores materiales y espirituales. Pero al observar en conjunto su obra en esta urbe puede también entenderse la amplitud de su visión. Museos, bibliotecas, escuela, hogares, colegio, le dieron al proyecto una calidez, que hizo revivir la ciudad que solo tenía sentido como el hábitat de nuestro espacio humano.

Recordando una frase de José de la Luz y Caballero, pronunciada en 1832, al referirse al Obispo Espada, me gustaría decir que Eusebio «me hace gustar el noble orgullo que es habanero el corazón que en mí late». Y esa «habanidad de habanidades» no es otra cosa que el hecho de que Cuba late también con el corazón habanero y el mundo entero contribuyó a la riqueza de sus calles.

Él es fiel a sus apellidos, Leal a sus ideas y a sus principios, Spengler, que el que escribe traduce a capricho como espléndido en su entrega a Cuba, a su Revolución y al legado patriótico de todos los constructores, de esta, como el título de uno de sus libros: su siempre PATRIA AMADA.

Al recorrer las calles de nuestra Habana, así como la de otras muchas ciudades cubanas, seguiré sintiendo la presencia de Eusebio y escuchando su voz firme y encantadora. No te vas, te quedas, en el alma de los que amamos, creamos y creemos en aquellos valores éticos que tú también ayudaste a sembrar.

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Falleció Eusebio Leal Spengler, hasta siempre, querido Historiador

En horas de la mañana de este viernes falleció el compañero Eusebio Leal Spengler, víctima de una penosa enfermedad.

En las próximas horas nuestro pueblo será informado sobre la organización de los funerales.

Tomado de: granma.cu

Curriculum Vitae (208 KB)

Última actualización

mayo 31, 2019

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ENTREVISTA AL DOCTOR EUSEBIO LEAL SPENGLER SOBRE EL SER HUMANO QUE FUE JOSÉ MARTÍ

WILMER RODRÍGUEZ: Nos encontramos en los estudios de Habana Radio, para conversar con un hombre que toda Cuba lo quiere y lo venera. Un martiano convencido, un fidelista profundo. Por eso le estamos dando la bienvenida al Doctor Eusebio Leal Spengler. Buenas noches doctor.

EUSEBIO LEAL: Buenas noches, muchas gracias.

WILMER RODRÍGUEZ: Doctor, el aniversario 167 del natalicio de José Martí, el más universal de los cubanos, un hombre que ha marcado la ruta con su herencia de la nacionalidad cubana. Un Martí que nació en La Habana, un niño que nació en esta ciudad. ¿Cómo pudiera usted imaginar aquel Martí de niño, por estas calles de La Habana Vieja?

EUSEBIO LEAL: Imaginarse un poco ese tiempo. Fue un tiempo muy violento. Los años 49, 50, 51 fueron los años de las conspiraciones anexionistas, fueron los años en que debutan en La Habana los cuerpos de voluntarios para enfrentar el movimiento de Narciso López, es la ejecución de Ramón Pintó. Son años muy complicados. Es al mismo tiempo los años donde llega a la crisis el sistema esclavista, está al borde del colapso, y al mismo tiempo a él le corresponde nacer en un hogar de inmigrantes pobres, que tiene la connotación, para mí que conozco los lugares, he estado allí, de que tanto en Canarias, en Tenerife, donde nació su madre, como en Valencia, en la calle de Cordelet, donde nació el padre, la naturaleza de la gente es muy parecida, es muy entrañable, es muy amable; y me imagino que ellos aquí trataron de adaptarse, en medio de condiciones económicas muy difíciles. Independientemente de esos retratos bonitos que aparecen del padre y de la madre, y que generalmente eran retratos cuyos ropajes eran suministrados en el estudio fotográfico, quiere decir, que ellos debieron ser personas de muy modesta condición.

Segundo, un hogar de niñas, donde el único varón es Pepe, el único varón es él. Eso tiene una connotación en esa época, una connotación económica futura para la familia; una expectativa del padre con relación a su destino, para ayudarle; un padre que era hombre de pocas luces pero de sentimientos inmensos; una madre buena y generosa, que como toda madre es absolutamente amor; pero una madre que tiene que lavar para ocho, que tiene que lavar para la calle, que tiene que cocinar, que tiene que hacer mil acciones para vivir.

Eusebio Leal en la casa natal de José Martí

Hoy, la casa natal nos parece una cosa preciosa, pitada, arreglada, cuidada, pero es una casa de los arrabales, a 50 metros de la muralla, una casa de periferia, una casa en la cual ellos ocupaban en la planta alta un pequeño espacio.

Si hay algo que me llama la atención de la casa de Martí es la cocina, apenas cabe una persona para poder trabajar en la pequeña cocinita de la casa. Quiere decir que esa humildad y esa modestia, y esa pobreza, y la fragilidad de la salud del padre y de algunas de las niñas, marcaron un poco el destino de su niñez.

WILMER RODRÍGUEZ: Y ese destino de su niñez, de su vida, ¿iba a ser Cuba, Doctor?

EUSEBIO LEAL: Sí, sobre todo porque el papel del maestro es muy importante. Tanto José Sixto Casado, por ejemplo, que se menciona poco, como el gran maestro Rafael María de Mendive, o el contacto posible allí en el colegio de Prado, con Anselmo Suárez y Romero, y otros profesores de categoría que le dieron un sentido profundamente cubano a su naturaleza. Yo no sé por qué, me lo he preguntado muchas veces, los hijos de españoles aquí nacían ya con una forma de expresión y una forma de vida diferente, era una cosa asombrosa. Yo conozco ancianos ahora, aquí, en la Habana Vieja, que llevan 80 años en Cuba y conservan todavía el acento español, como virtud, y sin embargo los que ya nacían en Cuba nacían con el hablar cubano, y particularmente con el hablar habanero, que fue el hablar de Martí.

WILMER RODRÍGUEZ: A Martí a veces los cubanos lo vemos como hijo de toda Cuba, pero Martí es un hijo de La Habana, es herencia de aquella Habana del siglo XIX y que se va formando en aquel contexto. Ya usted decía, el colegio de San Pablo, con la formación de Rafael María de Mendive, y aquel adolescente se va convirtiendo en un joven de ideas.

EUSEBIO LEAL: Date cuenta que Mendive, como casi toda su generación de intelectuales, habían sido discípulos de Félix Varela, habían formado parte de aquella juventud que se había formado bajo la sombra de los grandes maestros del Colegio Seminario San Carlos y San Ambrosio, del propio padre Varela, de Saco, del Monte, que habían tenido la posibilidad de oír hablar de los tiempos gloriosos del Obispo de Espada, que tenían una visión de Cuba ya mucho más ilustrada, que se apartaba de los libros de texto y buscaba ansiosamente en la palabra viva de los viejos maestros la esencia de la cuestión.

Vivió poco tiempo en La Habana, apenas 16 años, interrumpidos brutalmente por el presidio, que fue no solamente dolor, sino lección y motivo de acercamiento profundo con aquel que fue el que más influyó en él; porque hay que darle su lugar al padre de Martí. El padre de Martí tiene un papel esencial, porque el padre de Martí lo entendió con trabajo, con dolor. Supo pensar en su destino, eso está claro. “Mi padre ha muerto, y con él parte de mi vida”, estas palabras de Martí años después lo resumen todo. Con mucho esfuerzo lo lleva a los Estados Unidos durante su exilio. Mantiene con el padre una relación intensa.

El padre, fíjate, que era un soldado de profesión, y sin embargo no fue voluntario. Estando ya retirado habría sido un sargento de voluntarios, un subteniente de voluntarios. Tenía relaciones, todos esos españoles emigrados eran sus amigos, y sin embargo no. Fue el celador del barrio del Templete, le pudo mostrar a Martí, de la mano, la ceiba bajo cuya sombra nació La Habana; jugó Martí seguramente en la Plaza de Armas, caminó por la calle de los Oficios, se detuvo ante la misteriosa iglesia de San Francisco, en aquella época un lugar oscuro y desacralizado.

Quiere decir ese concepto de habaneridad vivido en el andar en los barrios de La Habana, el carácter del padre, el carácter de la madre, tan austero. Todo el mundo ahí se trata de usted. Usted es el trato de la madre. Usted, es el trato de él para el padre, un trato muy reverente, no distante, y que en Cuba se suele otorgar, cuando en cierta madurez de la vida los adolescentes reconocen en los ancianos personas que deben venerar.

Por ejemplo, mis hijos le llamaron siempre a mi mamá usted; y nosotros, cuando queremos exaltar a una gran mujer cubana, le damos el muy español título de Doña, así es Doña Mariana, por ejemplo, así es la madre de nuestro querido y amado héroe Abel Santamaría, doña, y es el signo de una devoción, de un respeto, de una cultura.

WILMER RODRÍGUEZ: Una cultura que tenía José Martí, por supuesto, en aquellos primeros años en La Habana. Ya decía usted que solo vivió 16, después fue a Isla de Pinos, después fue a España, un hombre que vivió mucho tiempo fuera de Cuba y que nunca perdió la cubanidad.

EUSEBIO LEAL: Lo que asombra a los maestros en el primer tiempo de su vida es esa letra perfecta, es esa aplicación a todas las asignaturas. Ahí están los resultados, en el expediente, están los resultados de su escolaridad.

Cuando llega a España, doloroso, descubre dos cosas que para él son fascinantes, la gran ciudad de Santander, por ejemplo, en la cual tuvo amigos y benefactores, y después Madrid, donde sufre las consecuencias de la enfermedad adquirida en el Presidio, quiere decir, los roces de la cadena con el testículo, con la pierna, con la cadera, era un niño muy delgado.

Tan es así que cuando el doctor Valencia reconoce su cadáver, en Oriente, después de la muerte, dice que se notaba en el pie una huella como el que ha llevado grillo mucho tiempo, quiere decir que él fue lacerado en el cuerpo y en el alma.

Sin embargo Martí es un hombre sin odios, siendo un hombre de pasión, y de pasiones, un hombre con el que era difícil discutir, porque era un hombre de ganar, de convencer, de persuadir. Era un hombre que poseía eso que los griegos llaman el carisma, quiere decir, una luz capaz de deslumbrar a los demás y que tiene una virtud en él y es que no habla solo… Yo, por ejemplo, que he tenido el privilegio de conocer grandes intelectuales, conversar, por ejemplo, con José Lezama Lima, tú hablabas con Lezama Lima y necesitabas un bagaje de conocimiento para poder acceder a las metáforas de Lezama; sin embargo, Martí es capaz de ser entendido, y fue mayoritariamente entendido por una multitud iletrada, de trabajadores. Y era también entendido por los intelectuales, y por los españoles que lo escuchaban, era un hombre de corazón, del convencimiento, de la persuasión.

Martí fue algo extraño, de ahí que dijera el propio Lezama, ya mencionado, que era un misterio que nos acompaña, y es verdad, es un misterio que nos acompaña.

WILMER RODRÍGUEZ: Ya usted hablaba ahorita de la marca del grillete cuando murió, pero también hubo marcas espirituales en la vida de Martí, un hombre que sufrió en la lucha por la independencia de Cuba, por la libertad.

ESUSEBIO LEAL: En su escrito redactado en España, El Presidio Político en Cuba, está volcado todo su dolor, todo su sufrimiento. Sin embargo, recuerda con cariño a la familia del señor Gironella, el catalán que lo recibe en El Abra, por las gestiones del padre. Reconoce y estima, por ejemplo, a bordo de su largo viaje, al general español Pierrá, al cual probablemente se debe su ingreso temprano en la masonería.

Es un hombre capaz de perdonar, sin olvidar, que es lo más importante. Él no olvida y, por tanto, en qué radica el perdón. El perdón radica en que no se podrá decir como Kaifaz: “Que su sangre caiga sobre nuestras cabezas y sobre la de nuestros hijos”. Él no fue un predicador del odio, él fue un predicador de la construcción de una nación nueva basada en principios de justicia, de toda la justicia posible, pensando siempre, quizá alucinado por el recuerdo de sus padres, en que era también una patria para los españoles que entendieran el destino de Cuba y que tantos lucharon por la independencia de Cuba. Es más, te puedo decir que después del contingente cubano que lucha por la independencia, de los que podemos llamar hoy internacionalistas, los que más luchan son españoles, porque son trabajadores, porque son mineros arrebatados a la mina, porque son campesinos, como sus padres, que cuando vieron a Cuba confraternizaron con el dolor del pueblo cubano y cuando llegó el momento de la independencia, lucharon con ellos.

WILMER RODRÍGUEZ: Doctor, la vida de Martí también está marcada, ya hablábamos de los sufrimientos, pero también por la incomprensión. ¿Fue incomprendido en su época?

EUSEBIO LEAL: Claro, en primer lugar en la familia. Cuando tú lees las cartas de la madre, la madre para uno es sagrada, como sea. Cuando en Cuba decimos una grosería de las peores es para uno que no tiene madre, porque la madre es todo. Yo siempre he dicho que el hombre envejece, aunque tenga 80 años, el día en que muere su madre, deja de ser un niño para ser un hombre.

La madre no entiende nada, en las cartas le escribe: “Pepe, hasta que usted no deje tanto periodismo, tanta política, usted no tendrá donde reclinar su cabeza”.

Hay un momento en que Martí piensa, y lo dice así y lo escribe. Joven, adolescente, que ha llegado a pensar en el suicidio si no lo dejan estudiar, por ejemplo, que era lo que él debía hacer, y que era su destino. Sin embargo, al final de la historia vamos a ver la imagen dolorosa de Leonor Pérez Cabrera cubierta con hábito negro, como una viuda luctuosa, han muerto casi todos sus hijos, pero sobre todo, murió Pepe, a los 42 años, que era su esperanza, el padre de su nieto, José Francisco.

WILMER RODRÍGUEZ: Y no solo incomprendido no solo por su familia, sino también por los que luchaban con él.

EUSEBIO LEAL: Incomprendido por su esposa, por ejemplo. Yo no la culpo, porque sería injusto. Cuando uno lee el libro de amor de ambos, es imposible pensar… Primero, fue la mujer de la cual él se enamoró. “El infeliz que la manera ignore de alzarse bien y caminar con brío, que de una virgen celeste se enamore”. Está dicho, está enamorado profundamente, pero como muchos matrimonios, no coinciden en ciertas cuestiones; ella había sido criada de una familia diferente, su padre le había dado otra educación. Ella soñaba con el hogar tranquilo, él no tuvo tranquilidad nunca. Ella soñaba con estar en Cuba en Camagüey, en Nueva York, y él soñaba con estar en San José de Costa Rica, en Jamaica, en Tampa donde estuvo probadamente más de 17 veces. Entonces no hubo posibilidad, no la hubo.

Y políticamente, entre los propios compañeros de armas, que pensaron que los sacrificios del presidio y los dolores del exilio no eran suficiente justificación para que adquiriese Martí lo que lentamente va adquiriendo. Tú vas viendo, por ejemplo, en las tarjetas de invitación a Nueva York, de las oratorias, del 10 de octubre, del 27 de noviembre, cómo va pasando Martí de ser un orador al principal orador. Y como algunos de sus discursos, son sobrecogedores: “Los Pinos Nuevos”, “Con Todos y para el bien de todos”. Cuando tú lees eso tú sientes que hay como un volcán encendido en todo eso.

Y algunos no entendieron, costó trabajo, hubo discrepancias profundas, aún entre Martí y los dos grandes líderes de la Revolución, Antonio Maceo y Máximo Gómez.

WILMER RODRÍGUEZ: El primer encuentro entre Gómez y Martí no fue nada positivo.

EUSEBIO LEAL: El encuentro de Nueva York, figúrate tú.

WILMER RODRÍGUEZ: Está el diario de Gómez, con lo que escribe Gómez en su diario.

Eusebio Leal en el estreno del cortometraje “Nuestro Martí”, una experiencia en realidad virtual usando Cardoboard

EUSEBIO LEAL: Bueno, pero es lógico, eran seres humanos. Por favor, hemos convertido en divinidades a los patriotas y les pedimos que no pueden cometer errores, les pedimos que tienen que ser perfectos. Decimos que no se pueden decir ciertas cosas porque no estamos preparados para escucharlas, aquí lo que hay que hablar de la historia, de la Patria, con la cabeza descubierta. Y yo te digo a ti que cuando he leído cartas de Martí, o leo lo que está escrito en su diario, o leo a Gómez, o leo a Maceo, en algunos momentos de tensión moral para mí, preparándome para un trabajo, o una clase, leo esas cosas y me saltan lágrimas del corazón. Y recuerdo a Fidel el 15 de marzo del 78, recordando la Protesta de Baraguá, cuando dice que hay que entrar a la historia con la cabeza descubierta.

No se puede entrar con la soberbia señoril de los que no ha sido capaces de disparar un tiro, ni se han visto nunca en los horrores de la guerra, en el hambre de la manigua, ver muriendo a tus hijos, como vio morir Máximo Gómez a los suyos, Maceo a los suyos, ver eso para lograr humanizar, vulgarizar. Adoro a los que aman, y aborrezco a los que tratan de vulgarizar la historia para hacerla comprensible. Todo cubano está preparado hoy para entenderlo todo, sino mañana no entenderán nada del hoy, que es el más grande peligro, y del ayer. Porque tú eres demasiado joven, ¿qué edad tienes?

WILMER RODRÍGUEZ: 35 años doctor.

EUSEBIO LEAL: Te podrás imaginar. Entonces yo, que tengo mucho más que tú, y que tú naciste en medio del apogeo de la Revolución. Yo solamente no conocí a Camilo y al Che personalmente, la mano de todos los demás dirigentes de la Revolución me arden todavía en la mano. Todavía me arden en la mano la mano de Montané, de René Rodríguez, de Manuel Piñeiro, de Celia, de Calixto García, de Juan Almeida, tú te podrás imaginar. Todavía me arde en la mano, la mano de Fidel. Cómo entonces explicaremos mañana la historia. Yo, que los he visto también de cerca, como hombres, nunca como dioses.

WILMER RODRÍGUEZ: Como seres humanos, doctor.

EUSEBIO LEAL: Como seres humanos capaces de errar y de acertar.

WILMER RODRÍGUEZ: Y Martí era un ser humano

EUSEBIO LEAL: Martí era un ser humano superior, como Fidel. Era un ser humano superior, con una capacidad enorme de síntesis, con una capacidad de elaboración de ideas, con una capacidad de ir a un objetivo. Tú tomas el discurso de Martí y es una elipsis, él viene buscando el resultado, viene buscando, y de pronto parece que hay una digresión larga, que de pronto encuentra nuevamente su lectura y concluye dejándote exhausto.

WILMER RODRÍGUEZ: Doctor, el 24 de febrero de 1895 inicia la guerra organizada por Martí. Era Martí un hombre bueno, pacífico, esto se lo he escuchado en varias ocasiones, entonces ¿por qué se lanza a la guerra?

EUSEBIO LEAL: Consideró a la guerra inevitable. Antes de considerarla necesaria y redentora, la considera inevitable. Con lágrimas del corazón él se ve obligado, ante el fracaso absoluto, ante la incomprensión total, ante los caminos equivocados de los reformistas y de los que buscaban soluciones a medias. Para él no hay más camino, después de conocer la historia del mundo, América, de Bolívar, de San Martín, que no hay más remedio que luchar, y que el pasaporte de identidad del pueblo cubano será firmado por España con letras de sangre. Reconocerá España a Cuba como independiente con el dolor de su propia sangre. Piensa tú que en la primera guerra, en la de los 10 años, cuando el capitán general Joaquín de Jovellar se dirige al pueblo de Cuba, dice que 90 000 madres españolas lloran la pérdida de sus hijos. En la segunda guerra vinieron más soldados a combatir contra la independencia que en todas las guerras latinoamericanas juntas, incluyendo el Ejército Británico en los Estados Unidos. Hay un momento que hay en Cuba entre civiles armados, fuerzas paralelas como voluntarios y ejército regular más de un cuarto de millón de soldados contra un levantamiento de un pueblo que avanza armado del Oriente a Occidente, y cuyo camino de allá para acá es un camino de fuego.

“¿Qué queremos?”, pregunta el general Gómez en un momento. “¿Una Cuba libre, soberana de verdad? ¿O queremos continuar en la servidumbre y la esclavitud?” Cuando llega al ingenio aquel, listo para comenzar la zafra y parado en la escalerilla de la casa ve a los guajiros que llegan sucios, con los niños cargados, famélicos. Y pregunta: “¿Y la escuela dónde está?”. Le responden: “Nunca la hubo”. No había nada limpio allí, no había justicia y ordena inmediatamente que se destruya el ingenio. Fuego. Fuego. Y mañana todo el que vaya a cortar caña que se le incite a luchar, y si no, que sea pasado por las armas. ¿Y qué quiere decir eso? Que la guerra era terrible, que era la última razón de ser. Y él no puede huir de lo que él mismo ha convocado, y contra todo pronóstico y contra toda negativa, que las hubo, se decide a venir.

Y esa noche, ese bote tirado a la bartola a las diez de la noche, moviéndose el mar encrespado, separándose, como dice Gómez, nunca vio separarse un barco grande de una barquichuela en que venían cinco hombres. Se pierde el timón. Hay que improvisarlo. Y finalmente, después de mucha lucha, llegar a ese lugar misterioso, bello e impresionante de Cuba, en el que tuve el honor de estar con Fidel la noche en que se cumplían 100 años de la llegada de Martí. Y Fidel entró a las 10 de la noche en el agua, hasta la bota, con la bandera cubana y la movió al norte, al sur, al este y al oeste, ante un grupo de pocos testigos, no llegábamos a diez los que vimos aquella escena sobrecogedora. Y te voy a decir, era oscura como la noche del 10 de abril de 1895, pero de pronto apareció la luna y se iluminó el mar e iluminó la estrella radiante de Cuba.

WILMER RODRÍGUEZ: Decía usted que hubo negativas para que Martí regresara a Cuba.

EUSEBIO LEAL: Claro que sí. Fueron algunos falsos amigos o admiradores con rabia. Sabes que siempre hay quien te admira, pero con rabia. Él también tenía detractores. Le decían el capitán araña, todo lo imaginable se dijo de él, todo tipo de calumnias. Y segundo, el momento crucial: Fernandina, todo se pierde. Porque él confía en un hombre inconfiable, pero no lo sabe. Un error, un error humano lo hace perder todo. Todo se pierde. Y después la carrera por sacar de la cárcel a los marineros, al capitán, y allí están las tres naves confiscadas, bajo cuyos aperos de labranzas venían los fusiles comprados por los obreros y las armas, para tocar tres puntos de Cuba, que era su objetivo. Quería una guerra pronta, justa, ejecutiva que impida la movilización española y la intervención norteamericana. Está claro que para él ya lo español está pasando a un segundo plano que el gran peligro que aparece delante es la intervención militar de Estados Unidos, que se ve clara cuando él se entrevista con el periodista norteamericano Eugenio Brison y este le dice: “Vengo de La Habana, y Martínez Campos me ha dicho que antes de ceder a los cubanos, pactan con los yanquis”. Eso ya es terrible.

Y por último, las discrepancias ya en tierra en cuanto a la dirección de la guerra. Vuelven a salir los fantasmas del pasado. Porque algunos, aún los más lúcidos, valientes, esforzados no se dan cuenta que la garantía de que no iba a suceder lo del pasado era él, Martí, que era el equilibrio, el sentido justo, que jamás veríamos a un Martí dirigiendo operaciones militares. Eso no era lo suyo. No. Martí era el político, era como le empezó a llamar la gente: Presidente. Y el temor de Gómez, expresado en sus palabras aquel día en una discusión de campamento: “No me le digan presidente, que él no lo es todavía. Díganle general”. Era el alejamiento de la realidad, que ya eso se vio en el drama de Céspedes y la Cámara, que era el pasado.

Y por último, lo inesperado, la muerte. Era el destino. Hay quien cree, hay quien no. La divina providencia, como dice Gómez. Su propio karma, su propia señal de vida está escrita en cartas, en versos: “Mi verso crecerá bajo la tierra y yo también creceré”, “siento dentro de mí un cántico que no puede ser otro que el de la muerte”.

Y por último Cuba. Trescientos y tantos de kilómetros caminados desde Playitas por las montañas.

WILMER RODRÍGUEZ: Eso nadie lo imagina doctor. Martí con una mochila a cuesta por esas montañas.

EUSEBIO LEAL: Una mochila con 100 tiros, medicamentos, libros, un Winchester 44, un revolver, zapatos desechos, ropa de campaña a mal traer, su propia ropa llevada a cuesta, trescientos y tantos de kilómetros. Por eso hay que leer bien delante de su tumba los hitos que van marcando los campamentos hasta llegar a Dos Ríos. Hace muy poco que fui a ese lugar. Desde que me fui acercando y vi el río Contramaestre sentí una emoción indescriptible. Entonces llegué al lugar, y veo el monumento y veo el triángulo de los ríos, y el espacio.

Cuentan que al sentir el tiroteo de una columna española Gómez ordena a salir inmediatamente y le dice a Martí cuando lo ve tan dispuesto: “Apártese Martí, apártese”, como diciéndole, ese no es su lugar, espere, quédese, nosotros volveremos. Y esa fue la tapa del pomo. Porque también en la mesa de comida en La Mejorana le habían dicho esto, y también fue muy probable que en la entrevista de La Mejorana la decisión de los dos grandes generales fuera: “Más hace usted allá que aquí, usted aquí no es tan necesario como allá. Nosotros vamos a hacernos cargo de esto”. Pero que va, él quería pasar a Camagüey, constituir el gobierno en Camagüey, donde tenía la certeza de lograr un gobierno equilibrado, con patriotas probados, con soldados e intelectuales de mérito, no un grupo decadente de letrados, ni de locuaces políticos incapaces, como se vio antes y se viera luego, y sería la causa de tanta desgracia para Cuba, entre ellos la muerte de Antonio Maceo. Ahí uno comprende el porqué de La Mejorana, las razones ocultas, íntimas de Antonio Maceo era el temor al pasado. Él había perdido mucho: su padre, la madre en el exilio, un hermano en los presidios de África y aun estando en Pinar del Río en campaña llega la noticia con Rius Rivera del último: José. Entonces, estamos viendo tres figuras colosales de la historia, con características distintas.

Cruzan por el peor lugar, entre el fango, era el mes de mayo, había llovido, el río venía crecido y salen delante y se encuentran las formaciones españolas, y Martí no obedece. Ese carácter no era domesticable, y dice: “Vamos”. Y se encuentra a un niño que era un maestro de Holguín, Ángel de la Guarda, y le dice: “Joven, acompáñame”. Me recuerda la canción de Silvio, del ángel que no ve, que mira hacia otro lugar. Un ángel de la guarda que debe cuidar de él, su único compañero. Y el brioso caballo que le había regalado José Maceo que tanto lo admiraba. Y de pronto delante de él, el destino. Descarga cerrada. Caballo herido. Martí caído moribundo, el muchacho que lo ve trata de acercarse. No puede. Huye. Lleva la noticia. Dicen que fue un traidor cubano el que lo mató para mayor desgracia. Se acercó, estaba agonizante y le dio el último disparo. Estaba herido de muerte, pero había algo extraño ese día. No iba vestido con la ropa del soldado que usó todo el tiempo. Iba con ropa de civil, con chaqueta oscura, con camisa, con corbatín, con un pantalón blanco. Llevaba todo arriba. Las cintas que le habían regalado Clemencia, la hija de Máximo Gómez, el dinero para pagarlo todo, según la costumbre, el retrato de María Mantilla, su hija amada, quemado por el disparo. “Y si muero, llevaré tu retrato como un escudo en mi corazón”.

WILMER RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ: Un ser humano, un ser humano en toda su dimensión, hasta en el momento mismo de la muerte.

Eusebio Leal al pie de la estatua ecuestre de José Martí en La Habana

EUSEBIO LEAL: No se le puede divinizar, pero el pueblo cubano tiene en Martí la noción del bien. De ahí que todo agravio, toda afrenta a Martí sea insufrible. Martí no es para estar en lugares abandonados ni ya le corresponden rincones como en la República. Martí está en el centro. El primer monumento levantado en Cuba fue develado por Máximo Gómez y Salvador Cisneros en el Parque Central, el segundo en Matanzas, en Caibarién hay uno maravilloso y en todos los pueblos de Cuba está el sitio que le corresponde. Y en Santa Ifigenia, en esa tumba linda de Mario Santi, en la cual aparecen representados todos los valores de una nación: el rayo de sol que penetra, el día y la hora, la bandera, la tumba. Martí es inmancillable. Martí es el símbolo de la virtud. De ahí que no se pueda comprar la clemencia, te diría algo más, el rigor de la justicia revolucionaria, en todo su rigor, contra los que ultrajen de palabra o de obra a José Martí con ningún otro acto ocurrido en la historia de Cuba, porque es absolutamente incomparable, y representa a mi juicio, la decadencia de un grupo de cubanos que han perdido la esencia del ser. Por eso nuestra preocupación constante por aquellas palabras de Luz y Caballero con las cuales quisiera terminar: “Hombres recogerá quien siembre escuelas”. Quiere decir, en la familia y en la escuela está el destino.

WILMER RODRÍGUEZ: Muchas gracias doctor por esta entrevista. Ya Cuba se la está agradeciendo.

EUSEBIO LEAL: Gracias a ti.

LA HABANA, 27 DE ENERO DE 2020

Tomado de: www.eusebioleal.cu

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Aniversario XV: Fondo José Martí en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO

Con el fin de proteger el patrimonio documental de la isla, la Comisión Cubana de la UNESCO creó desde fines del siglo pasado el Comité Nacional del Programa de la Memoria del Mundo con una amplia participación institucional. La red encargada de proteger los fondos la integran: El Archivo Nacional de la República de Cuba, la Biblioteca Nacional, el Centro de Estudios y Documentación del ICRT, el Centro de Estudios Che Guevara, el Centro de Estudios Martianos, el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología, la Cinemateca de Cuba y el Consejo Nacional de Patrimonio Documental, entre otros muchos.

Ese directorio incluye documentos tales como la primera inscripción islámica tallada en una roca; el sumario del caso judicial contra Nelson Mandela, la colección de lenguas indígenas, la antología de las enseñanzas de los grandes sacerdotes budistas zen, la novena sinfonía de Beethoven y la Biblia de Gutenberg.

Cuba se encuentra entre los países con documentos registrados en la Memoria del Mundo, en tanto ha considerado que, dado el valor excepcional de sus acervos documentales está en la obligación de protegerlos para el beneficio de la humanidad.

Entre otros documentos que han dado forma al pensamiento y moldeado a la cultura e historia universales, en el registro de la memoria documental del mundo aparece la papelería de José Martí. Hasta el momento, sólo la obra del prócer nacional cubano, considerado uno de los grandes pensadores de todo el siglo XIX, está ubicada en el registro mundial.

Los documentos del más universal de los cubanos se incluyeron en el Registro Nacional en el 2001 y un año después en el Regional Latinoamericano y Caribeño, para quedar en el 2005 admitido a escala mundial, por lo que este año se cumplen 15 años de su inclusión en el Registro de la Memoria del Mundo, hecho que nos enorgullece a todos los martianos de Cuba.

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Aniversario de la inscripción del Fondo José Martí

La obra de José Martí (1853-1895) es y será por siempre patrimonio inigualable de nuestra nación, el legado que nos dejó nuestro Apóstol perdurará a través del tiempo y la memoria, no solo por su pensamiento lúcido y justo, por los valores con que iluminó su existencia, por la variedad de temas que abarcó su análisis y por el amor excepcional hacia su patria, sino también porque supo plasmarlos en papel de una forma sobresaliente. Contar con un fondo que incluye 2435 documentos sobre la producción literaria, periodística, revolucionaria, diplomática, biográfica y personal del héroe nacional, así como su correspondencia con diversas personas, incluida su familia, es, podría decirse, la mayor riqueza que posee el Centro de Estudios Martianos (CEM).

El valor extraordinario del fondo José Martí, el cual posee el mayor número de documentos originales conocidos, fue registrado oficialmente por la UNESCO el 29 de julio de 2005, otorgándole el atinado reconocimiento de Memoria del Mundo, por tal motivo, celebramos con júbilo inmenso el XV aniversario de contar con tan prestigioso certificado, que constituye sin dudas, un justo homenaje a la labor del más universal y relevante de los cubanos.

Por contar con las condiciones idóneas de conservación este fondo se encuentra custodiado por el Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, pero acorde con el apartado Segundo de la parte resolutiva de la Resolución No. l de la Comisión Nacional de Monumentos, es el Centro de Estudios Martianos el propietario de este patrimonio documental, con el derecho que le otorga dicha resolución de recoger y conservar todos los manuscritos, ediciones originales, fotografías y otros materiales de José Martí, además de su conservación, para su estudio e investigación y divulgación necesaria
Examinando la historia se conoce que el origen de este Fondo “José Martí Pérez” residió principalmente en los esfuerzos realizados por Carmen Miyares y Gonzalo de Quesada y Aróstegui en la conservación, búsqueda y recopilación de documentos martianos, así como de documentos entregados voluntariamente por emigrados y veteranos de las guerras de independencia de Cuba y familiares de amigos de esta personalidad. Esta labor fue continuada por los descendientes de Gonzalo de Quesada y Arostegui, siendo entregada en manos a Fidel Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba en calidad de Patrimonio de la Nación. A partir de aquí Celia Sánchez Manduley, como secretaria de los Consejos de Estado y de Ministros, asume la tarea de resguardarlos y toda la documentación es trasladada, en septiembre de 1976, al Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado. Al constituirse el Centro de Estudios Martianos en 1977, a los documentos que ya se encontraban en el Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado se incorporan otros que provenían de diversas instituciones del país, como: Archivo Nacional, Biblioteca Nacional, Museo Bacardí, Fragua Martiana, Casa Natal y Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, además de diferentes documentos procedentes de personas que poseían originales martianos.
Del total de documentos, 1821 son manuscritos de Martí y 415 documentos sobre esta personalidad o relacionados con él. Comprende igualmente materiales gráficos y bibliográficos y un variado acervo sobre actividades conmemorativas para honrar su impronta y otros que por determinadas razones se incorporaron al conjunto documental. Está conformado por, además de manuscritos originales de esta figura, ediciones príncipes de sus obras y papelería dirigida o relacionada con él, así como títulos de su biblioteca personal en New York y fotografías de la época. Existen documentos sobre su obra periodística y literaria, sus actividades políticas y revolucionarias y de los clubes patrióticos de inmigración, documentos relacionados con su familia, y la correspondencia enviada a su persona, por él a otras personas y entre diversas personas sobre José Martí. Es importante señalar que el fondo no permanece estático, pues se incrementa eventualmente con nuevas donaciones.

El Fondo es público y, por consiguiente, se puede consultar de manera gratuita y sin restricciones. Si bien los documentos originales se encuentran resguardados en bóvedas con condiciones especiales para una conservación adecuada, en la Biblioteca Especializada del Centro de Estudios Martianos se dispone de fotocopias de los originales y microfichas que pueden ser consultadas sin costo alguno con ese objetivo. No existe derecho de autor sobre el contenido de estos documentos. Toda la obra de José Martí se encuentra en dominio público por haber expirado el período de vigencia del derecho de autor reconocido por la ley cubana: la vida del autor y 50 años después de su muerte.

Que la UNESCO le haya otorgado al fondo José Martí este reconocimiento de Memoria del Mundo, no es más que la prueba incuestionable que el pensamiento y la obra martiana ha rebasado las fronteras de nuestra nación y su influencia como pensador y político lo han llevado a ser considerado en la actualidad, como uno de los pilares teóricos de la identidad e integración latinoamericanas y una referencia ideológica obligada para todo movimiento reformador en América Latina. La obra martiana resulta esencial para comprender el proceso de gestación de una identidad propia de nuestra región, que adquirió especial ímpetu a partir de los últimos años del siglo xix. Su legado se reconoce como una importante fuente para el conocimiento de la historia y de la actualidad hemisférica y mundial.

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