Recibe Pedro Pablo Rodríguez el Premio Nacional de Edición 2025

La ceremonia aconteció en la tarde de este jueves 13 de agosto, como parte de las actividades programadas por la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana.

Justo tras presentar el tomo 30 de la edición crítica de las Obras Completas de José Martí, en la sala Nicolás Guillén de la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana, el investigador y editor Pedro Pablo Rodríguez López recibió el Premio Nacional de Edición 2025.

Este galardón constituye el más alto reconocimiento otorgado en el país a la obra de connotados editores que han contribuido, con su talento y desempeño profesional, a enriquecer el catálogo de las editoriales cubanas.

En la presente edición, el jurado estuvo integrado por Olga Marta Pérez –quien recibió el premio en 2015– en calidad de presidenta, y por figuras como Osmany Echevarría, Enrique Ubieta, Mercy Ruiz y Norberto Codina; estos dos últimos también premios nacionales de Edición 2020 y 2021, respectivamente.

Sobre Pedro Pablo Rodríguez, la presidenta del Comité de selección comentó que «su mayor aporte lo ha hecho desde la condición de líder, durante más de un cuarto de siglo, de lo que ha sido calificado como uno de los principales proyectos editoriales cubanos actuales: la edición crítica de las obras completas de José Martí».

Asimismo, añadió que ha sido partícipe de otros proyectos editoriales del país y colaborador imprescindible de un buen número de publicaciones seriadas, convirtiéndose, indiscutiblemente, en uno de los intelectuales más importantes de Cuba.

En sus palabras de elogio, Enrique Ubieta destacó que el investigador quedará asociado, por siempre, a esa «obra mayor» que constituye la edición crítica de las obras completas del Apóstol, en la que se pueden hallar las bases del pensamiento de la Revolución.

Para agradecer el lauro, el también Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas (2009) y de Historia (2010) evocó a las figuras de Cintio Vitier y Fina García Marruz, quienes lo invitaron a formar parte del proyecto. De ellos, refirió, pudo aprender el valor de las obras martianas.

Luego valoró la figura de Martí como una de las más importantes entre las diversas culturas, sin dejar de evocar el empeño de Fidel Castro Ruz para que esta edición crítica pudiera salir a la luz.

Presidieron la ceremonia Alpidio Alonso Grau, ministro de Cultura; Lizette Martínez Luzardo, viceministra de Cultura; Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro; Yasel Toledo Garnache, presidente de la Asociación Hermanos Saíz; y Dazna Novak, presidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Tomado de: https://www.granma.cu/

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Martí en Fidel, vigencia y continuidad de un legado redentor

Conocí la Historia me absolverá en mis años de estudiante y, desde entonces hasta hoy la he repasado varias veces, en distintos momentos de mi vida. Al adentrarme en sus páginas después de mucho tiempo, me vuelve a conmover esa magnífica pieza de la oratoria cubana, que vale por su calidad conceptual y expresiva, independientemente del hecho histórico que la motivó y de su justeza.

La notable erudición de sus páginas está sustentada en el recorrido que hace Fidel por la cultura universal: parte de la antigüedad, pasa por las cumbres del pensamiento medieval, renacentista e ilustrado, y desemboca con toda naturalidad en la obra de José Martí. Realmente, es un heredero –como lo fue también la generación revolucionaria anterior a la suya, la del Treinta, que derrocó la dictadura de Gerardo Machado–, del legado del prócer, y lo asume de una manera que rebasa el deslumbramiento ante la palabra aforística, el lirismo y la lucidez del pensamiento, para incorporarlo a su programa de acción y a la práctica cotidiana.

Tal vez la zona más conocida y citada del alegato sea el siguiente párrafo:

Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!1

El párrafo es estremecedor hasta por el ritmo interno de la prosa, el énfasis de la oratoria, y el contraste del hecho heroico con los homenajes oficiales que se le hicieron a Martí, auspiciados por Fulgencio Batista y su equipo de gobierno. Venían muy bien al dictador para lavar su imagen después del cuartelazo del 10 de marzo de 1952, a menos de un año del natalicio de Martí. Aunque hubo contribuciones muy valiosas a la efemérides, sobre todo desde el ámbito de la cultura y la intelectualidad cubana e internacional, los fastos oficiales pretendían ocultar una realidad de miseria extrema, analfabetismo, insalubridad, corrupción, crimen, subordinación a los Estados Unidos, entre otros males sociales.

Al referir las circunstancias de la primera vista oral del juicio del Moncada, y su decisión de reconocer la participación suya y de sus compañeros, sin previo acuerdo, pues todos estaban incomunicados, y exonerar de culpas a inocentes detenidos, concluye, ante la coincidencia de actitud de todos los moncadistas:

Es que, cuando los hombres llevan en la mente un mismo ideal, nada puede incomunicarlos, ni las paredes de una cárcel, ni la tierra de los cementerios, porque un mismo recuerdo, una misma alma, una misma idea, una misma conciencia y dignidad los alienta a todos.2

Es evidente el tono sentencioso, generalizador, de raíz martiana, pues esa ética no había sido aprendida de memoria como un catecismo, sino asumida conscientemente como un instrumento de análisis de la realidad social de su patria y luego convertida en línea de conducta y práctica transformadora.

El sentido martiano del deber, de la justicia, del apego a la verdad, saltan a la vista en el párrafo antes citado, y quien conoce la biografía de ambos, no puede dejar de pensar en el juicio que sufrió el Martí adolescente, junto a su amigo Fermín Valdés Domínguez, por la carta acusatoria que dirigieron a su condiscípulo Carlos de Castro y Castro, unido al cuerpo de Voluntarios y a quién trataban de apóstata. Aunque la firmaron los dos, Martí no dudó un instante en asumir toda la responsabilidad y exonerar al amigo, que insistía en compartirla, y lo único que había hecho era estampar su rúbrica.

Las circunstancias en que tuvo que defenderse Fidel fueron totalmente adversas, sin acceso a los libros y documentos que cualquier abogado necesitaría para prepararse. Denunció que le impidieron obtener libros de Martí, pero ello no significó un obstáculo insalvable y en el cuerpo del texto, aunque hay varias citas textuales de la obra martiana, lo que más abunda es su espíritu, especialmente lo concerniente a los varios discursos conmemorativos del 10 de octubre que pronunciara Martí en Nueva York: “Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos”.3

Por sus orígenes de clase, y su indudable talento como jurista, no necesitaba Fidel emprender un camino plagado de riesgos y de enormes sacrificios personales. Los asumió por la vocación de servicio a sus compatriotas, cuyas circunstancias vitales debían ser cambiadas para bien. Pensemos, si no, en esa mirada suya al tema de la educación, uno de los problemas más graves de la República, donde existía un elevado índice de analfabetismo. Sus juicios al respecto remiten a una lectura atenta, entre otros, del texto de Martí “Maestros ambulantes” (1884). La conocida frase martiana, idea central de este artículo dice: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. // Ser culto es el único modo de ser libre. // Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”. 4

Apartándonos un momento de “La Historia me absolverá”, y centrándonos en los primeros años posteriores al triunfo, cuando empezó a materializarse el programa del Moncada, nos encontramos con hechos que resultan verdaderamente insólitos en el contexto un país en guerra, con bandidos sobre las armas en el Escambray y otras zonas del país, con la invasión mercenaria por Playa Girón, precedida de los bombardeos a los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba: en ese propio año 1961 tuvieron lugar acontecimientos que solo una revolución de profundo sentido humanista y martiano llevaría a cabo: la Campaña de Alfabetización, y la ulterior creación del Sistema Nacional de Becas, y la reunión de Fidel con los creadores cubanos, donde pronunció su conocido discurso “Palabras a los intelectuales”. Ningún estadista, en medio de una contienda bélica, se preocupa de manera tan especial por la educación y por los debates teóricos en torno a la cultura. Esa preocupación denota también que dentro del proceso emancipatorio fidelista, de raíz martiana, el cambio de mentalidad era fundamental, y solo por esa vía se llegaba a un pensamiento crítico, que sería, en definitiva, salvaguarda de la nación y de su soberanía en todos los órdenes. Fidel, como Martí, era consciente de que no bastaba con conquistar la independencia, había que completarla y fortalecerla día a día, con las ideas como arma.

Pero volvamos al alegato del Moncada y su relación de vasos comunicantes con la obra de José Martí. Por momentos hay interpelaciones al tribunal que lo juzga que tocan las fibras más sensibles del ser humano. Hay ecos de El presidio político en Cuba5 en el clamor por el sentimiento de la gente común, pues era consciente de la necesidad de la publicación posterior de este documento:

Si en vuestras almas queda un latido de amor a la patria, de amor a la humanidad, de amor a la justicia, escuchadme con atención. Sé que me obligarán al silencio durante muchos años; sé que tratarán de ocultar la verdad por todos los medios posibles; sé que contra mí se alzará la conjura del olvido. Pero mi voz no se ahogará por eso: cobra fuerzas en mi pecho mientras más solo me siento y quiero darle en mi corazón todo el calor que le niegan las almas cobardes.6

Es conocido que entre los objetivos que se había propuesto Fidel con el asalto al cuartel Moncada estaba sumar al movimiento revolucionario a los soldados de la propia guarnición: hombres humildes, pertenecientes también a ese pueblo sufrido que conceptualizó de manera magistral:

Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando crea en algo o en alguien, sobre todo cuando crea suficientemente en sí misma, hasta la última gota de sangre.7

Esa fe en el pueblo, en sus propias capacidades para asumir y transformar su destino, y en la necesidad de prepararlo para que confíe en sí y se sienta orgulloso de su cultura, de su condición, tiene una raíz martiana indudable. Solo este aspecto bastaría para un estudio comparativo mucho más detallado de lo que aquí se nos permite. Baste esta pequeña muestra, de la pluma de Martí: “[…] hay siempre tras de cada gran idea, un ejército modesto, que los hombres sinceros saben encontrar y dar a luz”.8

La confianza de Fidel en el pueblo cubano se argumenta en el discurso a partir de la evocación de la historia de las gestas independentistas del siglo xix, de manera similar, por el destaque del heroísmo y la firmeza, a como lo hiciera Martí en “Vindicación de Cuba”, cuando respondió en 1889 a una campaña de descrédito iniciada en la prensa norteamericana, en la que nos consideraba ciudadanos inferiores.

Hoy, que el mundo está inmerso en una crisis sin precedentes, y sufre Cuba una política de asfixia que recrudece el bloqueo de más de seis décadas, impuesto por el gobierno estadounidense, el legado de ambos próceres es indispensable y actual. Con la Isla al borde de un genocidio, sostenida apenas por la solidaridad de los pueblos y la resistencia digna de sus habitantes; con la presión y el chantaje como condiciones previas para el diálogo, estamos más convencidos que nunca de que la soberanía no se negocia. Cuba saldrá adelante por la capacidad de los cubanos para merecerla y honrarla, y porque no dejaremos morir a Fidel en el año de su centenario.

1 Fidel Castro Ruz: La Historia me absolverá, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p. 89.

2 Ibídem, p. 8.

3 Ibídem, p. 14.

4 José Martí, Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. 8, p. 289.

5 Véase de José Martí: “El Presidio Político en Cuba”, Obras Completas. Edición crítica, t. 1, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2003, pp. 64 y ss. Con este texto de denuncia, Martí se propuso mover a compasión a los magistrados, políticos y familias españolas que ignoraban los crímenes que el gobierno colonial cometía en Cuba, los cuales había padecido en carne propia en plena adolescencia.

6 Fidel Castro Ruz, Ob. cit. p. 18.

7 Ibídem, p. 33.

8 José Martí, OC, t. 1, p. 154.

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Buenas nuevas en la FILH para lectores de Martí

El sello editorial del Centro de Estudios Martianos presentará novedades a lectores interesados en la obra de José Martí, en esta 34 Feria Internacional del Libro (FILH) –que acontecerá los días 10-16 de agosto próximos: sede principal en la Estación Cultural de Línea y 18, en El Vedado, municipio Plaza–, con Federación de Rusia como invitado de honor y dedicada al Centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

En Línea y 18, se presentará el tomo 30 de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí (día 13 de agosto a las 3 pm) y, a continuación, el Doctor en Ciencias Históricas, Pedro Pablo Rodríguez López, recibirá formalmente el Premio Nacional de Edición 2025 concedido por su excelencia al frente de la edición crítica, el valor de sus aportes y el rigor de sus investigaciones en esta labor que iniciaran Fina García Marruz y Cintio Vitier.

También allí, en el Línea y 18, será presentado el día 14, a la 1 pm, el volumen José Martí y la Sociedad de Literatura Hispanoamericana de New York, bosquejo de una historia, del investigador Enrique López Mesa.

Como es habitual en este evento, el Centro de Estudios Martianos (sito en la casona de calle 4 y Calzada, que fuera vivienda de José Francisco Martí y Zayas-Bazán) abrirá sus puertas el martes 11 con un programa que (a partir de las 10 am) incluirá la impartición de las conferencias: “Acercamiento a la cultura rusa en la obra de José Martí” (doctora Marlene Vázquez Pérez) y “Martí y Fidel, una mirada al pensamiento descolonizador” (Doctor Luciano Vasapollo, de la Universidad de la Sapienza, Roma).

Es público el acceso a las conferencias, así como a la tradicional venta de los libros impresos del sello editorial del CEM y al catálogo de sus libros electrónicos.

© PJM

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Doctor Ramón Luis Miranda Torres, médico y amigo de José Martí

Llovía intenso en la ciudad de Matanzas el 29 de julio de 1836 día en que nació Ramón Luis Miranda Torres, quizás por eso al niño le gustaba bañarse en los aguaceros disfrutando el azul intenso de la bahía. Su padre fue Bernardino Miranda Sánchez quien había llegado de Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, y su madre Gumersinda Torres Domínguez, matancera. A sus doce años de edad, la familia se trasladó a La Habana y Ramón Luis integró el primer grupo de alumnos fundadores del Colegio El Salvador, dirigido por el insigne patriota José de la Luz y Caballero.

Con 17 años, en 1853, comienza a estudiar Medicina; aprueba con notas sobresalientes los dos primeros cursos y luego viaja a Francia. El 10 de mayo de 1861 se gradúa de médico, con una brillante defensa de su tesis De la parálisis del nervio motor ocular común. De Francia, se trasladó a España para obtener en la Universidad Central de Madrid la validación de su título, pues sin ese requisito no podía ejercer la profesión en España, ni en sus colonias, y como Cuba estaba bajo el dominio español, había de someterse a esta prueba. Su examen de grado en Madrid fue muy notable.

A los 25 años regresó a la Isla, instaló su consultorio en La Habana y poco a poco se ganó la admiración de numerosos pacientes. Por su destacada labor académica ingresó en 1866, como miembro supernumerario, en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana transitando con éxitos hasta Académico de Mérito, en 1901. El doctor Miranda estuvo presente y votó a favor del ingreso de Carlos J. Finlay como Académico de Número en la famosa institución. Ambos científicos, Miranda y Finlay, participaron en varios debates académicos y mantuvieron magníficas relaciones.

Las labores conspirativas del doctor Miranda le hicieron emigrar a Nueva York donde conoció a José Martí y se convirtió en su médico personal, fue el último galeno que lo atendió en vida y se conoce en la historiografía como el médico de Martí. La relación Martí-Miranda fue más allá de la relación médico paciente, se convirtió en verdadera amistad. Según escribió Miranda: «Tuve el honor de prestarle mis servicios profesionales […] me mandó a buscar por estar enfermo […] lo encontré en su modesto y estrecho cuarto, postrado en cama, febril, nervioso; examinado diagnostiqué bronquitis y que en breve se curaría. Él se había alarmado creyendo que su enfermedad podría agravarse y me dijo doctor cúreme pronto, tengo una misión sagrada que cumplir con mi Patria, poco me importa morir después de realizarla, la muerte para mí no es más que la cariñosa hermana de la vida».

El doctor Miranda no sólo trataba en el Apóstol los males físicos, sino que se preocupaba por aliviarle la tensión de los problemas y adversidades de la vida diaria, de los que como humano al fin era víctima. Con su don diplomático y sus métodos persuasivos, tenía la virtud de calmarlo. Martí profesaba un verdadero cariño por el galeno, a quien no sólo consideraba su médico, sino su consejero. Ante problemas graves acudía al «doctor», como él le llamaba, para oír su opinión. Al invitarlo a una reunión donde se prepararía un homenaje al doctor Fermín Valdés Domínguez, escribe Martí: «Le tengo tanto cariño que no creo deba escribirle con pompa y besamano […] en la compañía de usted salen las cosas mejor hechas. A usted solo lo innoble le es extraño».

A lo anterior se añade que fue Miranda uno de los grandes entusiastas de la publicación del periódico Patria, órgano de prensa del Partido Revolucionario Cubano, fundado por Martí. Además de redactor, en más de una ocasión su dinero particular fue el sostén del periódico. El galeno no se dedicaba solamente a contribuir económicamente ni a escribir cuartillas, hacía allí cuanto fuera útil y necesario; en ocasiones acompañaba a Martí a cargar los paquetes de periódicos hasta la oficina de correos.

El 11 de diciembre de 1890 el Apóstol escribe a Miranda, desde Nueva York: «[…] vivo clavado a la mesa, sin una hora mía, en que ir a ver a los que valen tanto como usted, y alegrar y curar el corazón, que es donde tiene Ud. la verdadera medicina». Luego encontrándose el Maestro enfermo, el 27 de diciembre de 1892, se comunica con otro médico que lo había atendido, el doctor Miguel Barbarrosa. En esa misiva apunta Martí: «Vino a verme el Dr. Miranda y aprobó absolutamente y con gran elogio, toda la medicación de Ud. que continúa él aquí; por cierto que no quiso irse sin su dirección». Estas líneas son fiel reflejo de la ética médica practicada por el doctor Miranda, no sólo elogia la terapéutica de su colega sino que también solicita la dirección para escribirle.

En Nueva York se creó por iniciativa de un cubano —el señor Vicente Díaz Comas— la Sociedad de Beneficencia Hispano-Americana, y haciendo galas de su alto humanismo allí estuvo en la presidencia el doctor Miranda. En ocasiones tuvo que costear los gastos de esa Sociedad que prestó grandes servicios a los cubanos residentes en aquella ciudad, entre los que se encontraban exiliados por causas políticas, desamparados, etc. Sobre la Sociedad, Martí comentó en una de sus crónicas: «Es el turno del doctor Miranda: los quevedos apenas se equilibran en la punta de la nariz griega, los ojos debajo de las leves cejas, pierden cierta melancolía que algunas veces los invade, y parecen saltar de contento, viendo cómo aumenta el caudal de los pobres; no puede permanecer sentado se pone en pie, la larga levita parece cobrar vida; de los labios amorosos sale el elogio […]».

Después del fracaso de Fernandina, Martí se refugió en casa de Miranda; allí el galeno le aportó dinero para la causa revolucionaria, y su esposa Luciana, quien tenía mayor poder adquisitivo, le entregó un cheque por valor de $996.25. Del matrimonio entre Ramón Luis y Luciana Govín Manso, nacieron cuatro hijos: Elvira, Alfredo y Félix, que fallecieron de niños, y Angelina, quien se casó con Gonzalo de Quesada Aróstegui, joven abogado amigo de Martí y secretario del Partido Revolucionario Cubano. A la muerte del Héroe de Dos Ríos, Quesada Aróstegui se encargó de compilar la documentación martiana, labor que continuaría su hijo, Gonzalo de Quesada Miranda, quien por supuesto era nieto del doctor Miranda.

De Martí, también dijo Ramón Luis: «[…] sentí por él respeto, admiración, y comprendí su grandeza e inmenso amor por Cuba. Con frecuencia nos veíamos […] tuve el placer de que pasase sus últimos días en Nueva York en nuestra casa […] durante el tiempo que pasó Martí en nuestra casa —dos semanas— proporcionó a toda la familia deliciosos ratos, con su amena, variada y elocuente conversación, que jamás olvidaremos, como tampoco el 28 de enero de 1895, día de su cumpleaños cuarenta y dos, que lo pasó agradablemente en compañía de varios de sus amigos, los cuales compartieron con nosotros nuestra mesa. Dos días después, entusiasmado lleno de fe y esperanza en que Cuba sería libre, se despidió cariñosamente de nosotros para Santo Domingo».

Al terminar la guerra el doctor Miranda regresó a Cuba, presidió la Comisión Organizadora para erigir una estatua a José Martí. La obra fue ejecutada por el escultor italiano Salvador Buemi y se inauguró, en la Plaza de la Libertad, de la ciudad de Matanzas, el 24 de febrero de 1909. En la nota de invitación a la inauguración, escribió Miranda: «Sr. Presidente de la Academia de Ciencias. Debiendo inaugurarse en Matanzas, el 24 de febrero, el monumento que he dedicado a nuestro Apóstol y Libertador José Martí, tengo el gusto de invitar a V. y a los académicos, para que se sirvan concurrir á dicho acto, que será a las 10 a.m. Lo que agradeceré debidamente».

En los primeros días de diciembre de 1909 el doctor Miranda volvió a Nueva York, allí sufrió una pérdida aguda de la conciencia debido a una hemorragia intracerebral que lo dejó en cama, grave y con dificultad para movilizar el lado derecho del cuerpo. Los académicos cubanos, enviaron una nota desde la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, la cual expresaba: «Reunida esta Academia anoche por primera vez después del ataque sufrido por nuestro muy querido Académico de Mérito doctor Ramón Luis Miranda, se dió cuenta de su grave dolencia y la corporación acordó hacer contar los vivos sentimientos que le animan y sus votos por el pronto restablecimiento del querido enfermo».

El doctor Fermín Valdés Domínguez, enterado de la enfermedad de su colega, escribió una sentida crónica, donde expresó: «supe con angustia, que mi noble amigo, el consecuente amigo y médico de mi hermano Martí, estaba gravemente enfermo. Y quise buscar fuerzas en mi cerebro, y pedí con religioso fervor a mi Dios que sostuviera esa vida que tantas grandezas recordaba, que era guardadora de tantas virtudes, de tanto amor a la Patria, de tanta devoción a la ciencia, de tanto cariño para todos los que en la tierra sufrían».

Otros cubanos, enterados del suceso, también enviaron escritos, expresando solidaridad y apoyo al doctor Miranda. Intensos esfuerzos realizó el equipo médico que lo atendió pero no rebasó la enfermedad. A las tres de la madrugada del 27 de enero de 1910, víspera del aniversario del nacimiento del Apóstol, falleció el médico de Martí, galeno ejemplar a quien Martí dedicó su libro Versos Sencillos, con el siguiente autógrafo: «a un médico que cura siempre, al Dr. Ramón Miranda, su amigo cariñoso, José Martí».

Tomado de: https://www.trabajadores.cu/

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Saluda ministro de Cultura aniversario del Centro de Estudios Martianos

El Centro de Estudios Martianos (CEM) celebró el aniversario 49 de su fundación por iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Armando Hart Dávalos y Roberto Fernández Retamar.

En exclusiva para la Agencia Cubana de Noticias, el ministro de Cultura, Alpidio Alonso Grau, felicitó a los investigadores del Centro y en especial a su directora Marlene Vázquez y reflejó su admiración por su extraordinario trabajo en medio de las dificultades.

Alonso Grau saludó también a todos los colaboradores de la institución y a la gran familia de organizaciones martianas que en torno a la institución también trabajan arduamente por que se conozca la obra del Héroe Nacional.

A través de Martí, se difunde el antiimperialismo y todo su legado para garantizar la continuidad del proyecto martiano, de la Revolución y del socialismo.

El titular de Cultura comentó que este sitio recoge el acumulado de importantísimos investigadores que han profundizado en el estudio y la interpretación de la obra de José Martí, plasmándolo en libros, en ensayos, en documentos, en materiales audiovisuales.

Valoró que “han organizado eventos dentro y fuera de Cuba, han irradiado hacia la sociedad el pensamiento martiano, el legado martiano, el apostolado martiano, que es una fuerza extraordinaria para la transformación social en nuestro país”.

Alonso Grau consideró como una gran fortaleza y un gran lujo, que Cuba pueda contar con una institución dedicada al estudio de la obra de José Martí. A ello, acotó, el valor medular de la obra de José Martí que es central en el proyecto de sociedad a la cual aspiramos los cubanos, la sociedad socialista que estamos construyendo entre todos.

El ministro significó la trayectoria extraordinaria del CEM, fundado por Fidel y Hart, que tuvo como primer director a esa gran figura de la cultura nacional, gran estudioso también de Martí, que fue Roberto Fernández Retamar.

“Contamos aquí, como bien dijo Fidel, no solo con un gran ariete para mover esas ideas, con una gran trinchera de ideas vivas que están en el centro de la batalla que sostenemos los cubanos en el enfrentamiento a todas las políticas de agresión del imperialismo”, expresó.

El centro, señaló el ministro, propicia precisamente eso al permitir un conocimiento mayor de la obra de Martí y la expansión de su obra hacia distintos segmentos de la sociedad cubana.

“Creo que tenemos que felicitarnos todos por el aniversario de este centro, que es un orgullo del sistema de la cultura y que es un orgullo de los cubanos todos, todos los martianos”, concluyó.

Tomado de: https://cubarte.cult.cu

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Comenzó el ciclo Cincuentenario del Centro de Estudios Martianos

En concurrido acto por el aniversario 49 del Centro de Estudios Martianos, celebrado el viernes (17 de julio) en su sede de Calzada y 4, El Vedado, la doctora Marlene Vázquez Pérez, declaró iniciado el ciclo Cincuentenario de esta institución que fuera fundada el 19 de julio de 1977 por el doctor Armando Hart Dávalos, ministro de Cultura y el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

A propósito del centenario de Fidel, la directora Vázquez Pérez citó un fragmento del prólogo que escribiera el Comandante para el primer tomo de la edición crítica de las Obras Completas de José Martí –labor asumida en sus inicios por Fina García Marruz, Cintio Vitier y Emilio de Armas, empeño seguido hasta hoy por el doctor en Ciencias Históricas Pedro Pablo Rodríguez y un importante equipo de investigadores. Decía Fidel: “Lo más importante, a nuestro juicio, es que esta edición puede convertirse en un magnífico instrumento para conocer mejor y profundizar aún más en el pensamiento martiano. Este es un deber insoslayable… Martí es y será guía eterno de nuestro pueblo. Su legado no caducará jamás”.

Vázquez Pérez exhortó a enfrentar los permanentes desafíos de la institución “sin renunciar a la espiritualidad y a la cultura, aunque hoy se estén viviendo tiempos muy difíciles… Esta conmemoración recuerda a los intelectuales cubanos que hicieron posible la creación de nuestro centro cumpliendo así la idea y mandato de Julio Antonio Mella en sus glosas al pensamiento de Martí: que se rebasaran las miradas místicas al legado del Apóstol, y se formaran críticos serios que interpretaran con justicia su sabiduría en función de apreciar los hechos históricos y su importancia para el porvenir”.

En coherencia con tales propósitos, la MSc. Laura Rodríguez de la Cruz, subdirectora de Investigaciones del Centro de Estudios Martianos, dio lectura al contenido de la convocatoria del Coloquio Internacional “Cincuenta años de estudios martianos. Vigencia y futuro de un legado”, previsto a realizarse del 11 al 13 de mayo de 2027 a partir de temáticas como: estudios de recepción martiana, presencia en la pedagogía cubana e internacional, ética, ciencia, tecnología y medio ambiente, el patrimonio vivo de su obra, saberes y prácticas para la vida, entre otros.

En esta ocasión los colegas del Centro hicieron un reconocimiento público al doctor Pedro Pablo Rodríguez y, además, se entregó el certificado “Por continuar el cauce amoroso de Martí”, al doctor en Ciencias Filológicas, profesor de literatura, editor y vicerrector de extensión universitaria de la Universidad de La Habana José Antonio Baujín.

La celebración se privilegió, además, con la presentación de la estudiante de violín Keyla Morera y del coro infantil “Estrellitas martianas”, proyecto este de la Sociedad Cultural “José Martí” y Semillas de Paz que agrupa a 32 niños de 7 a 12 años.

Luca Bondi, presidente de la Asociación italiana Semillas de Paz rindió homenaje, en su intervención, al andar luminoso de la institución martiana: “Caminemos juntos guiados por la luz del Apóstol Martí, para que cada niño pueda sentirse parte de una familia humana más justa, solidaria y luminosa, y para que los niños sean realmente la esperanza del mundo”.

En el encuentro estuvieron presentes Alpidio Alonso, ministro de Cultura, René González Barrios, director del Centro Fidel Castro e intelectuales vinculados personal y/o familiarmente al quehacer de la institución como Laidi Fernández de Juan, en representación de su padre, Roberto Fernández Retamar, el primero y uno de los más recordados directores (de 1977 a 1986) del Centro de Estudios Martianos.

© PJM

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Cuba y EE. UU., las aguas que unen y el mar que separa

El panel –«EE. UU.: de la revolución al imperio»– fue integrado por el etnólogo Miguel Barnet, presidente de Honor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba; Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos; y René González Barrios, titular de la institución sede del encuentro.

Vázquez Pérez profundizó en las visiones del Héroe Nacional de Cuba sobre las complejidades de la sociedad estadounidense y la naturaleza de los poderes que la han regido desde el siglo XVIII. Martí, dijo, fue el latinoamericano que mejor conoció e interpretó a EE. UU. en la centuria de 1800, y probablemente hasta nuestros días.

La investigadora insistió en la importancia de revisitar las Escenas Norteamericanas y textos esenciales como «Vindicación de Cuba» o «La verdad sobre los Estados Unidos».

En esas líneas, recalcó, salen a relucir estampas de abrumadora actualidad, a pesar de los casi 150 años de distancia, y antecedentes de entendimientos hegemónicos que desde entonces se han desatado sobre Cuba. «Casi todos los problemas que estamos viendo hoy se resaltan en esos artículos», dijo.

Marlene Vázquez insistió en que Martí siempre hizo una separación entre el pueblo y los gobiernos de Estados Unidos y en que, de las bondades que encontró en uno y las contradicciones y mezquindades que detectó en los otros, se sirvió para construir la idea de lo que debía y tendría que ser una Cuba ya independiente.

Por su parte, Miguel Barnet aludió a su experiencia personal desde una infancia y juventud vinculadas a instituciones estadounidenses de enseñanza y, apoyado por la trayectoria de la política de ese país, recalcó la idea guevarista de que poco o nada se puede confiar en los poderes de EE. UU., aunque no se renuncie a construir un trato respetuoso.

Barnet confesó haber tenido una relación contradictoria con el país vecino. «Por una parte, de gran admiración hacia las grandes figuras como Emerson, Twain, Whitman y todos los grandes escritores y artistas norteamericanos. Por otra, un rechazo al racismo, grande en ese país, y que se aplicó aquí cuando Leonard Wood asumió como Gobernador Militar de la Isla y discriminó, en principio, a los mambises negros».

A su vez, René González Barrios reflexionó sobre tres hitos históricos como base para seguir trabajando en función de la compleja relación histórica entre los dos países, abonando lo posible para que sea, algún día, normal y de respeto mutuo: el aporte de Cuba a la independencia de EE. UU., la participación de cubanos en la Guerra de Secesión y el mambisado estadounidense.

El exhaustivo recuento de González puso en evidencia los vínculos entre nuestros pueblos, construidos con sangre derramada, en pos de causas comunes, en la tierra de aquí y en la de allá.

Cerró su intervención citando al Comandante en Jefe Fidel Castro, cuando en 2005 fundaba la Brigada Internacionalista Henry Reeve, cuyos profesionales ponía a disposición –no aceptada– del gobierno de EE. UU., tras el paso del huracán Catrina:

«Expreso en esto la buena voluntad de nuestro pueblo; los sentimientos amistosos que siempre ha tenido hacia el pueblo norteamericano, demostrado a lo largo de 46 años; uno de los pocos países del mundo –Cuba– donde nunca se ha quemado una bandera de EE. UU., donde nunca se ofende a un norteamericano.

«Ese es el aval. Estamos agradecidos del pueblo que apoyó el regreso del niño Elián, del pueblo que en número creciente apoya que se haga justicia por nuestros compañeros –los Cinco–, del pueblo del que confiamos que un día, junto a nosotros, construya vínculos de amistad y no solo para apoyarnos mutuamente, sino, en lo fundamental, para ayudar a otros».

Tomado de: https://www.granma.cu/

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México en Martí

La MSc. Laura Rodríguez de la Cruz, subdirectora de Investigaciones del Centro de Estudios Martianos (CEM), impartió la conferencia magistral “José Martí en México. Formación republicana, redes intelectuales y proyección latinoamericana (1875-1877)” en el auditorio Leopoldo Zea del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC) de la UNAM.

El tema es uno de los inscritos durante su estancia de estudio para tesis doctoral en la Cátedra Extraordinaria José Martí del CIALC-UNAM. La académica exploró la amistad de Martí con el mexicano Manuel Mercado, clave para su inserción en redes de intelectuales, artistas y periodistas de ese país, y recordó cómo, desde su participación en el Liceo Hidalgo, Martí ejercitó la oratoria y ganó reconocimiento como periodista en el diario El Universal, donde denunció la intervención estadounidense y estableció paralelismos entre la Revolución mexicana y la lucha por la independencia de Cuba.

También profundizó en el ideal republicano de Martí, en la consolidación en México de sus convicciones independentistas, anticolonialistas, latinoamericanistas y antimperialistas, y en su defensa de la educación como fundamento de una República auténtica, frente a la extranjerización; en el papel de la prensa como instrumento ético y crítico al servicio de la sociedad y resaltó la influencia en su formación de los políticos, periodistas e intelectuales más destacados de México en esa época: Ignacio Ramírez, Guillermo Prieto y Manuel Altamirano.

Otro tema de interés fue el protagonismo juvenil para la sostenibilidad de las repúblicas y la defensa de la soberanía popular mediante la participación ciudadana. Rodríguez de la Cruz concluyó que México no solo ofreció a Martí un escenario de crecimiento intelectual, sino también un entorno de intercambio personal y social que enriqueció su proyecto de República para Nuestra América.

El Dr. Geraldo Torres Salcido, director general del CIALC, presentó a la conferencista y subrayó la importancia de la colaboración con instituciones cubanas para mantener vivo el intercambio académico entre México y Cuba; señaló la vigencia del pensamiento martiano frente al recrudecimiento del bloqueo estadounidense y destacó la solidaridad de la UNAM con el pueblo cubano. Por su parte, el Dr. Enrique Camacho Navarro saludó los avances y resultados de Rodríguez Cruz en la Cátedra José Martí del CIALC-UNAM, en la obra de dicha institución para afianzar los vínculos académicos con Cuba y remarcó la continuidad de los ideales martianos en la obra del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, defensor de un proyecto social humanista frente al bloqueo.

La Consejera Cultural de la Embajada de Cuba en México, Norma Rodríguez Derivet, felicitó a la conferencista y agradeció la contribución de la Cátedra a la preservación y difusión del pensamiento martiano en el contexto latinoamericano y caribeño. Les acompañaron, por la Embajada, Onesis Bolaño Prada, ministra Consejera de Cancillería, y Agustín Rafael Tornes Alonso, Agregado Cultural.

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De plácemes Pedro Pablo Rodríguez, laureado historiador cubano

El intelectual cubano y doctor en Ciencias Históricas Pedro Pablo Rodríguez celebra hoy su cumpleaños 80, fiel a sus ideales revolucionarios y al pensamiento martiano que ha marcado el destino de su vida.

Considerado el más grande estudioso de la obra del Héroe Nacional de Cuba, su quehacer ha sido fundamental para la comprensión del pensamiento de José Martí y para la preservación de la memoria histórica de Cuba.

Así lo consideró la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), al extender felicitaciones a “uno de los más importantes historiadores y ensayistas cubanos”.

La institución cultural recordó que en más de una ocasión el intelectual ha regresado a ella para “recordarnos la valía del pensamiento crítico y la investigación histórica”.

Reconocido con el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas (2009), ha acumulado a lo largo de su vida múltiples saberes y anécdotas vinculadas al estudio de José Martí, los cuales “le permitieron dejar su impronta como director del Centro de Estudios Martianos y en la edición crítica de las obras completas del Apóstol”.

Pedro Pablo Rodríguez ha sentado cátedra en el campo de estudios sobre la figura de Martí, también lo ha hecho en el caso del análisis de otros próceres, como Máximo Gómez, o en referencia a los estudios de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

Con una reconocida obra en las ciencias sociales, el destacado investigador lleva adelante una colosal tarea en el Centro de Estudios Martianos: la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí.

En entrevista exclusiva con Prensa Latina, refirió que Martí es un líder “por su humildad y forma de abordar a las personas, por ver más allá que los demás y por la manera de tratar a los hombres más destacados del 68 (1868, inicio de las luchas por la independencia de Cuba del imperio español)”.

Miembro de la Academia de la Historia de Cuba, del Tribunal Nacional de Categorías y Grados Científicos, del Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y del Comité Ejecutivo de la misma, posee la Distinción por la Cultura Nacional (1996) y el Premio Félix Varela, de la Sociedad Económica de Amigos del País, por su obra en las ciencias sociales, entre otros reconocimientos.

Sirvan estas líneas para felicitar a un hombre cuya labor como historiador y periodista ha consagrado a preservar y difundir la impronta del más universal de los cubanos.

oda/amr

Tomado de: https://www.prensa-latina.cu/

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Cuba bajo asedio: el bloqueo que golpea a niños y enfermos. El testimonio de Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos de La Habana (Alfonso Bruno)

Habla Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos de La Habana, voz recogida en el manifiesto de los académicos españoles y autora del epílogo de «Cuba, la verdad que no les han contado».

La opinión pública internacional se mueve como la mirada de los espectadores de un partido de tenis: primero Irán, luego Oriente Medio, después nuevamente Cuba. Pero en la isla la crisis no es un paréntesis repentino: es una condición estructural que dura desde hace décadas y que hoy —entre sanciones endurecidas, escasez de combustible y aislamiento financiero— adquiere rasgos dramáticos.

En España, doscientos cuarenta profesores de universidades públicas y del CSIC han firmado un manifiesto titulado «No a la agresión militar contra Cuba». Entre las voces recogidas se encuentra la de Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos de La Habana y una de las mayores especialistas en la obra de José Martí. Es la misma estudiosa que firma el epílogo de «Cuba, la verdad que no les han contado», el libro —ahora disponible en formato digital en Amazon en italiano— nacido de un viaje nuestro a la isla y construido como una cadena de voces cubanas, desde Abel Prieto, presidente de la Casa de las Américas, hasta el economista Luciano Vasapollo. La encontramos para hablar de ese libro y de lo que relata: una realidad que entra en los hogares, los hospitales, las cocinas, y en la vida de los niños y de los ancianos.

Profesora, usted firma el epílogo de «Cuba, la verdad que no les han contado», que ahora se publica en italiano en Amazon. ¿Qué quiso expresar en esas páginas?

Le agradezco, y fue un honor formar parte de él. Es un libro valioso, porque da voz a Cuba en Italia, y lo recomiendo a cualquiera que quiera comprender realmente qué es el bloqueo, más allá de los eslóganes. En el epílogo quise volver a José Martí: no la estatua, no la cita ritual, sino la conciencia viva de la nación. Lo titulé «La dignidad como última frontera de la libertad», porque todo comienza ahí: sin dignidad no hay libertad posible.

Vayamos al núcleo de la cuestión. Cuando se habla de bloqueo o embargo, el debate casi siempre permanece en el plano político. ¿Cuál es, en cambio, el rostro humano?

El rostro humano es el de las personas que sufren cada día. Decir «sesenta y siete años» parece sencillo, pero sesenta y siete años son sesenta y siete años, y ese peso recae sobre todo un pueblo. A menudo se repite que el embargo está dirigido contra el gobierno; en realidad golpea a todos: niños, ancianos, mujeres embarazadas, enfermos, personas que no son en absoluto actores políticos. Pienso en quien muere en un hospital esperando un marcapasos, en los niños de oncología que necesitarían medicamentos producidos incluso en los propios Estados Unidos: en avión serían cuarenta y cinco minutos, y sin embargo esos medicamentos no llegan.

Usted mismo, en el libro, entrevistando al profesor Vasapollo, lo muestra con claridad: el niño diabético no muere por el comunismo, como quisiera la propaganda; muere porque la insulina es producida por empresas que operan dentro del sistema dólar y no pueden vender a La Habana sin exponerse a las sanciones estadounidenses. No son opiniones: son cadenas causales verificables, reconocidas incluso por organismos internacionales que no pueden ser sospechosos de simpatías revolucionarias.

Entonces no se trata solamente de economía o diplomacia.

No, se trata de vidas humanas. El bloqueo no es una medida simbólica: decide si un hospital puede curar, si un niño recibe una terapia, si una familia puede cocinar, si una madre puede lavar la ropa, si una persona puede llegar a su trabajo. Cuando se habla de embargo, habría que tener el valor de mirar estos rostros, no solo las estadísticas y las declaraciones.

En su libro usted insiste, junto con Vasapollo, en una palabra: «bloqueo» en lugar de «embargo». ¿No es una sutileza semántica?

No es en absoluto una sutileza, es una cuestión de verdad, y hace bien en destacarlo. El embargo es unilateral: un país deja de comerciar con otro. El bloqueo es una sanción total: cualquier país del mundo que mantenga relaciones comerciales, monetarias o financieras con Cuba corre el riesgo de ser también castigado por Estados Unidos. Utilizar la palabra «embargo» significa ya aceptar la narrativa de Washington. Por eso, en el libro, ustedes dicen «bloqueo», con la máxima precisión.

«El bloqueo no es el embargo: es un castigo global».

¿Qué significa, concretamente, vivir en estas condiciones?

Significa perder el control del tiempo. Se vive en función de cuándo habrá electricidad. La vida doméstica se convierte en una pesadilla: cocinas de noche, si la corriente llega de madrugada; lavas cuando finalmente vuelve la luz, porque la vida familiar continúa a pesar de todo. Y también el trabajo se ve completamente alterado: todo depende de la electricidad, del transporte, del combustible, de la posibilidad de desplazarse y organizar la jornada.

Los apagones. ¿Qué impacto tienen en las familias cubanas?

Enorme. No son una simple molestia: cambian la salud, el trabajo y el estado de ánimo de las personas. En el libro, el profesor Vasapollo relata haber visto con sus propios ojos barrios de La Habana a oscuras durante doce, quince e incluso veinte horas al día; gente que cocina con fuego de leña porque no hay gas ni electricidad; quirófanos donde el cirujano comienza una operación sabiendo que la corriente podría cortarse en cualquier momento. Y la basura en las calles —como usted documenta en esas páginas— no es el símbolo del fracaso del socialismo: es la señal concreta de un país al que se le impide importar piezas de repuesto para los camiones de recogida de residuos. Y aun así el pueblo sigue adelante.

Hay quienes hablan de Cuba como de un «Estado fallido». ¿Comparte esa definición?

No, es una narrativa ideológica. Un Estado fallido no mantiene una red sanitaria, una red educativa, trabajadores sociales, estructuras asistenciales y formas de organización popular. Cuba no es un Estado fallido: es un Estado sitiado. Esa es precisamente la tesis con la que se abre su libro, en el capítulo «El asedio permanente y el silencio del mundo». Si Cuba realmente no funcionara, ¿por qué empeñarse tanto en bloquearla? ¿Por qué convertir incluso la compra de una aspirina en una pesadilla burocrática?

Usted utiliza palabras muy duras: «asedio», «guerra económica», «criminal». ¿Por qué?

Porque cuando una medida política golpea a niños, ancianos, enfermos y mujeres embarazadas, ya no puede hablarse únicamente de diplomacia. Hay una imagen, en el libro, que lo resume todo: quien guarda silencio sobre el bloqueo mientras llora por los sufrimientos de los cubanos es como quien rompe sistemáticamente las piernas a un hombre y luego se conmueve al verlo en una silla de ruedas. Es criminal hacer pagar a todo un pueblo una elección política. Quien espera un medicamento que le salve la vida no es un símbolo ideológico: es una persona.

¿Cuál es, a su juicio, el verdadero objetivo de la política estadounidense hacia Cuba?

Estados Unidos no quiere una Cuba reformada: quiere una Cuba sometida. La isla está a noventa millas, y para Washington sería ideal un país alineado con sus intereses. Pero Cuba sigue representando autonomía, soberanía y resistencia, y eso molesta. El bloqueo sirve para desgastar a la población y presentar luego su sufrimiento como prueba del fracaso del sistema. En el libro usted dedica un capítulo entero a cómo se fabrica el consenso contrario —«El disidente fabricado: CIA, dólares y mercenarios»— para distinguir la disidencia real de aquello que se construye artificialmente contra la soberanía de un pueblo.

En este clima internacional, ¿qué representa hoy Cuba?

Una causa más grande que la propia Cuba. En Estados Unidos se ha llegado a posturas agresivas, xenófobas e incluso fascistas. Hoy el objetivo puede ser Cuba; mañana, cualquier otro pueblo. Por eso la causa cubana es la causa de todos los pueblos que luchan por la paz, el diálogo, el respeto de la soberanía y de la dignidad humana. Lo que está en juego no es solamente el futuro de una isla: es una determinada idea de humanidad.

¿Qué debería comprender la opinión pública internacional, y la italiana en particular?

Que no se puede mirar a Cuba únicamente a través de las categorías de la propaganda. Hay que escuchar a las personas: a los niños, a los hospitales, a las familias, a los ancianos, a las madres que cocinan cuando vuelve la electricidad. Cuba no pide compasión: pide justicia. Pide que se ponga fin a una política que desde hace décadas pesa sobre la vida cotidiana de millones de seres humanos. En Italia, Cuba casi siempre llega como una caricatura —o como nostalgia ideológica o como dictadura tropical— y rara vez se le permite hablar con su propia voz. Su libro nace precisamente para devolverle esa voz; por eso invito a quien nos lee a buscarlo en Amazon.

De la crónica a la conciencia

Hay un punto en el que el testimonio de Vázquez deja de ser crónica y se convierte en una cuestión moral. Es el hilo de José Martí —no la estatua, no la cita ritual, sino la conciencia viva de la nación— que recorre el epílogo con el que la estudiosa cierra el volumen: la dignidad como última frontera de la libertad.

Para un lector cristiano, el libro ofrece más de un umbral de reflexión. Junto a la economía del asedio, dialoga con la fe de los pueblos —la espiritualidad mestiza de la isla, la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, la relación entre la Iglesia y los Papas, desde el diálogo con Juan Pablo II hasta el homenaje final al Papa Francisco—. Incluye además una «Carta de una madre cubana a una madre estadounidense» que devuelve todo, de golpe, a la medida más simple y más grande: dos madres, dos hijos y la pregunta de si el sufrimiento de un pueblo puede convertirse alguna vez en instrumento de presión.

Es la misma pregunta que permanece abierta en estas páginas y que constituye la mejor síntesis de esta conversación. Cuba —se lee en las últimas líneas del libro— «da miedo no porque sea perfecta. Da miedo porque no se deja poseer».

Detrás de la palabra «embargo» no hay solamente estrategias geopolíticas, sino rostros, hospitales, apagones, medicamentos ausentes y familias obligadas a reinventar cada día la normalidad. Leída a través de las palabras de Marlene Vázquez —y a través de «Cuba, la verdad que no les han contado», ahora disponible en italiano en Amazon— la cuestión cubana vuelve a ser, ante todo, una cuestión moral: ¿hasta qué punto puede castigarse a un pueblo para doblegar su historia?

Entrevista realizada por P. Alfonso M. Bruno, director de Mediafighter.

La posfación del volumen está a cargo de Marlene Vázquez Pérez, en la reelaboración de Mirella Madafferi (doctoranda en Estudios para la Paz, Universidad para Extranjeros de Perugia).

En la fotografía, Marlene Vázquez en el Estudiantado Filosófico y Teológico Internacional de Roma de los Frailes Franciscanos de la Inmaculada.

Tomado de: https://www.farodiroma.it/

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