Volver a “Martí en la hora actual de Cuba” a 60 años de Palabras a los Intelectuales.
Por: Dra. Gladyz González

La Revolución Cubana desde sus inicios ha estado sometida a innumerables amenazas, asedios, campañas de difamación y ataques directos e indirectos. Baste recordar la invasión mercenaria por Playa Girón, los sabotajes y actos terroristas, el financiamiento y apoyo a andas contrarrevolucionarias en el Escambray y otras zonas, el ilegal y extraterritorial Bloqueo Estadounidense que aún a días de hoy se mantiene con una fuerza cruel y genocida y la legitimación, formación y sostenimiento de la subversión interna que pretende el descredito del carácter humanista del proceso revolucionario.

Entre estos álgidos momentos, no solo para la política interna sino para la exterior, uno de los más críticos en la historia reciente de la Revolución fue la crisis económica que sobrevino luego de la caída del Campo Socialista del Este Europeo, cuando coincidió no solo la pérdida del mayor socio comercial cubano sino la del referente ideológico. Ambas pérdidas allanaron el camino del gobierno estadounidense para arreciar su acoso a la Isla en todos los ámbitos: subjetivos y objetivos. En este contexto de escases económica (conocida como Período Especial), cuestionamiento global del modelo socialista y ruptura de acuerdos migratorios entre Estados Unidos y Cuba, se produjo la “crisis de los balseros”. Muchos cubanos de disimiles generaciones, aunque fundamentalmente jóvenes, se embarcaron en travesía extremadamente peligros con el objetivo de llegar a Estados Unidos y alcanzar el “sueño americano”.

Ante este escenario un martiano raigal como Cintio Vitier escribió su texto “Martí en la hora Actual de Cuba”, publicado en el periódico Juventud Rebelde el 18 de septiembre de 1994. Un profundo análisis de esta situación donde se exponen nuestros aciertos y dificultades para hacer llegar la palabra de Martí a todos los cubanos ya que, como concluye, “en la hora actual de Cuba sabemos que nuestra verdadera fortaleza está en asumir nuestra historia, y sabemos que el escudo invulnerable de nuestra historia se llama José Martí”.

Hoy, cuando se recuerdan luego de 60 años el discurso “Palabras a los intelectuales”, pronunciado por Fidel Castro, esta verdad advertida por Vitier en 1994, adquiere especial relevancia ya que los argumentos por él expuestos podrían considerarse comprobatorios de la claridad de Fidel al ponderar la importancia de la cultura, el conocimiento profundo de la historia y la necesidad de defender la Revolución desde el pensamiento, como trincheras vitales para la sobrevivencia de la Revolución.  Ideas que hoy, con el auge y expansión de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, se hacen más urgentes.

Como aseguró Luis Toledo Sande[1], “Palabras a los intelectuales contiene principios que estuvieron, han estado y merecen seguir estando en el núcleo de nuestra más acertada política cultural. A pesar de las condiciones harto difíciles en que nació, el texto –explícitamente dirigido a una generación “sin edades”– refrendaba incluso el derecho de los creadores artísticos y literarios de todos los credos religiosos, y aun políticos –hasta los de quienes no fuesen revolucionarios–, para vivir y producir en la Revolución, sin restricciones estéticas, mientras no intentasen servir al enemigo contra ella y destruir una obra de transformación hecha por y para la inmensa mayoría del pueblo. De ahí también que el discurso señalase como un deber fundamental de la Revolución el merecer que esa mayoría se identificara con ella. La aspiración sigue convocándonos hoy”.

Aunque otros fragmentos del discurso Palabras a los intelectuales han sido más promocionados, incluso descontextualizados y tergiversados, hay pasajes que expresan claramente la relación entre la esencia de la transformación cultural de la Revolución y los valores martianos. Esos valores que luego Vitier calificó como escudos de la Nación: “La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura, cuando una de las metas y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un verdadero patrimonio del pueblo.  Y al igual que nosotros hemos querido para el pueblo una vida mejor en el orden material, queremos para el pueblo una vida mejor también en el orden espiritual, queremos para el pueblo una vida mejor en el orden cultural.  Y lo mismo que la Revolución se preocupa del desarrollo de las condiciones y de las fuerzas que permitan al pueblo la satisfacción de todas sus necesidades materiales, nosotros queremos desarrollar también las condiciones que permitan al pueblo la satisfacción de todas sus necesidades culturales”[2].

Cuando la crisis de los años ´90, Vitier aseguró que, a todos aquellos que migraban en condiciones irregulares, ilegales, desesperadas y peligrosas, no había llegado la palabra de Martí, una afirmación que podemos extender a nuestros días cuando advertimos que la palabra de Martí no ha llegado a muchos y que en otros casos se desvirtúa y manipula, para usarla con fines contrarios a las convicciones profundas que les dieron origen. No por manida la idea de ser cultos como único modo ser libres, deja de tener vigencia, cuando desde el relato hegemónico se propone una nueva narrativa de los hechos y fundamentalmente de la historia cultural de la Revolución.

Palabras a los intelectuales, recuperó también esa sabia martiana y ofreció la postura abierta y proclive al desarrollo de los mejores valores de la cultura nacional sin denunciar al derecho de defenderse de la naciente Revolución.

Como recordó Luis Toledo Sande “el discurso ratificó un deber, más que derecho, de la Revolución: defenderse, como obra transformadora que seguiría costando grandes esfuerzos y aun sacrificios de vidas, y a la cual la historia le daba y da lecciones. Hoy en el mundo se habla poco de la Comuna de París; pero junto con los elogios que ella solía recibir era común recriminarle el no haberse defendido eficazmente. ¿Por qué desaprobarle a la Revolución Cubana su voluntad de no cometer una falta similar? La defensa de una Revolución –hecho convulso y complejo– puede también incluir errores; pero ninguno sería más grave que renunciar a defenderse, y los obstáculos a enfrentar no eran nuevos. José Martí, en su discurso Con todos, y para el bien de todos, advirtió: “Se nos echarán atrás los petimetres de la política, que olvidan cómo es necesario contar con lo que no se puede suprimir,- y que se pondrá a refunfuñar el patriotismo de polvos de arroz, so pretexto de que los pueblos, en el sudor de la creación, no dan siempre olor de clavellina”[3].

Esta necesidad de defenderse, Vitier la materializa en la necesidad de construir un conocimiento sólido de pensamiento martiano en el pueblo cubano, y agregaría yo en la clase creadora. Una clase que es hoy centro de las actividades de reclutamiento de organizaciones foráneas que pretenden erosionar el Sistema Social escogido por mayoría en Cuba. Sin lugar a dudas, como afirmó José Martí el sudor de la creación no siempre huele a clavellinas; pero si se comprende su texto publicado en Patria sobre “el remedio anexionista” se pueden identificar como causas menos entendibles por nuestra política interior se perturba nuestra república.

Hoy, sigue siendo central propiciar el consenso social entorno a la Revolución. Una unidad cuya solidez se logra a partir del conocimiento profundo y la educación en valores martianos. “No martianos redichos, huecos, repetitivos y falsos. Hombres entrados en su propia originalidad, en su propia independencia, en su propia vocación individual y nacional, en su propia humanidad universal, en su propia epopeya”[4].

Una certeza que, aunque fue advertida desde los inicios de la Revolución, cuando Palabras a las Intelectuales y las primeras estrategias para el verdadero desarrollo cultural nacional[5], sigue en el centro de los debates de hoy. En su reciente discurso de clausura del Congreso del Partido Comunista de Cuba, Miguel Díaz- Canel, retomó aspectos medulares de la política cultual cubana que, como confirman Abel Prieto y Jaime Gómez, de ninguna manera pueden olvidarse y forman parte de la esencia del ideario del fundador de las palabras a los intelectuales de Fidel: “la revolución no solo no le teme al pensamiento creador, sino que lo aúpa, lo cultiva, abre campos para su crecimiento y desarrollo, lo reconoce y se nutre de sus aportes”.[6]

Se impone entonces, a 60 años de Palabras a los Intelectuales, renovar esa comunicación de los valores martianos, volver a la guía del maestro, cuidando de “no convertirlo en “teque” que hay soportar, en un sonsonete que hay que recitar”[7]. Diseñar plataformas para establecer ese dialogo para la información e información, lograr efectivamente hacer llegar la palabra de Martí a todos. Una garantía de salvaguarda nacional en tiempos difíciles.

[1] http://www.josemarti.cu/dossier/quince-notas-sencillas-sobre-palabras-a-los-intelectuales/

[2] http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1961/esp/f300661e.html

[3] http://www.josemarti.cu/dossier/quince-notas-sencillas-sobre-palabras-a-los-intelectuales/

[4] https://publicaciones.sodepaz.org/images/uploads/documents/revista016/06_martihoraactual.pdf

[5] “Estaba en marcha la Campaña de Alfabetización, y en fortalecimiento el que devendría emblemático Ballet Nacional de Cuba y la propia Biblioteca donde se celebraron aquellas jornadas. Se había terminado de construir el Teatro Nacional y –aparte de hallarse en gestación la Unión de Escritores y Artistas de Cuba– se habían creado, entre otras instituciones, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, la Casa de las Américas, la Orquesta Sinfónica y la Imprenta Nacional. Esta última propició que el líder convocara al pueblo no a creer, sino a leer”. Luis Toledo Sande, “Quince Notas sencillas sobre palabras a los intelectuales”

[6] www.laventana.casa.cilt.cu “Fuera (y dentro) del juego. Una relectura del “caso Padilla” cincuenta años después

[7] https://publicaciones.sodepaz.org/images/uploads/documents/revista016/06_martihoraactual.pdf

 

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