Una procesión sombría que no cesa
Por: María Caridad Pacheco

En 2014 fueron Michael Brown y Eric Garner. El pasado 25 de mayo fue George Floyd. Pero antes, el 3 de marzo de este propio año, otro afro-americano, Manuel Ellis, a quien tal como George Floyd, asesinado en Minneapolis, se le escuchó gritar «no puedo respirar”, fue asesinado a manos de policías tras ser detenido en Tacoma, estado de Washington. Estos abusos policiales han desencadenado protestas en los EEUU y otras partes del mundo, a pesar de los peligros que las mismas pueden provocar por un aumento de los contagios de la covid-19, y ello es consecuencia de un racismo sistémico, enquistado en lo interno del sistema político de los Estados Unidos desde hace muy larga data.

José Martí permaneció alrededor de quince años en los Estados Unidos de América y allí constató la discriminación racial, tan deshumanizante como la esclavitud, y sus secuelas de miseria, humillaciones y negación de la dignidad humana.

No es casual que el prócer cubano en innumerables crónicas que escribió para diversas publicaciones del continente se refiera al conflicto racial norteamericano, del cual obtuvo valiosas lecciones para evitar tales lastres en Cuba una vez lograda la independencia.

Entre sus primeros acercamientos a los conflictos de lo que él llamó “la raza abatida”, estuvo el análisis de la manipulación que hizo el Partido Republicano del voto de los esclavos en su carrera por aventajar a los demócratas en las elecciones, lo que reavivó las tensiones raciales en el Sur[i] , y también el modo en que en 1886 la población negra enfrentó el terrible terremoto en la ciudad de Charleston, cuando en medio del caos, se mostró vigorosa y libre a través de  sus cánticos religiosos, semejantes a los de su antigua vida en los montes africanos.

En los años sucesivos Martí aborda nuevas aristas de la hostilidad que percibe hacia el negro en ese país, y en el periódico La Nación de Buenos Aires, denuncia el 4 de julio, día de la Independencia, un triste suceso ocurrido en la pequeña localidad de Oak Ridge, Tennessee, cuando una patrulla dirigida por el alcalde, atacó a la población negra del lugar para castigar las relaciones interraciales de un matrimonio:

Adelantaba cautelosamente, por el bosque rayano de un pueblo del Sur, una procesión sombría ¿Qué guerra hay que van armados? Llevan la carabina calzada en el arzón, como para no perder tiempo al caer sobre el enemigo. Bandidos parecen, pero son el alcalde y su patrulla, que vienen a matar a los negros de Oak Ridge, en castigo de que un negro de allí vive en amor con una blanca.[ii]

A través de sus crónicas, Martí revela que el grave problema de la discriminación racial tiene profundas raíces económicas e ideológicas y condena a quienes toman bandera de uno u otro matrimonio mestizo “para echar a balazos de los pueblos a los negros en quienes luce más la razón, a sus sacerdotes, a sus poetas, a sus periodistas, a sus políticos”[iii]

El Maestro evidencia que la esencia de esa enorme y rica nación jamás podría ser comprendida ni valorada, si no se toma en consideración la neoesclavitud a la que estuvieron sometidos los negros después de la Guerra de Secesión. Para ellos no se había hecho realidad el tan proclamado derecho inalienable a la libertad:

Llegó el alcalde al pueblo: intimó rendición a los habitantes: le contestó la pólvora: hubo de un lado y otro muertos: se desbandaron los negros vencidos: cuatro quedaron sobre el campo, y a ocho les dieron muerte, sin proceso, en la horca. ¿Al alcalde quién lo castigará, si él es la ley?

Para otra cacería estará limpiando el rifle.[iv]

Por estos días, cuando las protestas mundiales incendian las calles al condenar y repudiar el asesinato de afroamericanos y la represión brutal policíaca y militar contra ciudadanos estadounidenses, tal parece que el mundo ha descubierto que los Estados Unidos de América es un país racista, pero ya en el siglo XIX Martí denunciaba el racismo estructural que ha sido históricamente disfrazado con una aparente defensa de la libertad y la democracia por parte de políticos y personalidades estadounidenses.

El brutal asesinato del afroamericano George Floyd a manos, o más bien por la rodilla, de un policía blanco que no le importó que estuviera desarmado, y rogando que lo dejaran respirar, nos recuerda el mensaje de denuncia del Apóstol cubano, que ya preveía otras cacerías y procesiones sombrías.

 

[i] José Martí. “Filiación política. El origen del Partido Republicano de los Estados Unidos”. O:C, Tomo 10, p. 97-98

[ii] José Martí “Procesión sombría en el Sur”. O.C, Tomo 11, p. 237.

[iii] José Martí, OC, Tomo 10. P. 264.

[iv] José Martí, OC, Tomo 11, p. 238

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