Saludo

Yo no he hallado en el Cayo más que ternura y buena voluntad, y lealtad abierta, y generoso e igual ofrecimiento de los que entran en la lid con el arremetimiento de lo nuevo, y de aquellos cuya simpatía es tanto más preciosa cuanto que la novedad no los deslumbra, y tienen la reserva, fácil de confundir con la tibieza, cuando no es más que la reflexión que debe preceder al verdadero entusiasmo. He visto piafar al corcel nuevo que pide inquieto, campo por donde emplear la sangre reposada. He visto, con lágrimas en mis ojos, pasar ante mí la procesión sublime de los ancianos que van por la tierra, con la cabeza descubierta y las barbas al pecho, buscando en vano con el báculo roto la sepultura de sus hijos. Y a los ancianos les beso la mano; y a los jóvenes lea acaricio y les amanso el corazón.

No ha nacido en Cuba ni semilla de nihilista, ni semilla de zar. La fama fue en Cuba mucha, y el nihilismo pudo venir, porque las grandes cóleras vienen de los grandes agravios, como en Santo Domingo, del esclavo agraviado, pero ahogamos nuestra maldad, y nuestro nihilismo con ella en los raudales de nuestra propia sangre. Y en cuanto a tares, por mía que nos hayan dejado en la carne la semilla, y todavía llevemos la bota española debajo del botín, y en la levita del patriota el bastonete del capitán de partido, pero hay cierto grano en la sangre cubana que mandará espolvoreado por el aire a quien quiera hacer de la libertad pavo y sillón, y al imbécil que tome para si los honores que en su persona se tributan al amor sincero y a la práctica de libertad.

Dispongamos el alma a esta gran resolución. Los jóvenes se encuentran prestos, y no hay quien se resista a las almas dispuestas. ¡Clávesenos en la mente la realidad de que, si no nos enseñamos todos juntos ante el país, ahora que vuelve por su desesperación y sus pruebas inútiles a nosotros, de modo que le acabemos de armar el alma aún vacilante y fíe a la guerra su destino, si no nos enseñamos todos juntos ante el mundo, con propósito y métodos útiles al mundo y dignos de una nación, el mundo, cruzado de brazos, dejará morir otra vez, para provecho de un pueblo que nos desdeña, la guerra desordenada en que se acaba de desangrar la patria! O grandes o culpables. O alzar juntos la red, o vivir, rebeldes inútiles, bajo la red.

Con las manos tendidas, como si me saliesen del corazón.

padecen, ni con qué derecho ha de pedir simpatía para sí quien niega las suyas a los otros?

Y es tanto más obligatoria la ayuda ardiente a la guerra que vamos a hacer, cuanto que no es la justicia que queremos una guerra de señor, hecha por el interés astuto de los de arriba, y el entusiasmo ciego de los de abajo, que luego de la victoria, se hallase con los amos hechos; ni una guerra ……..

Los comentarios están cerrados.