[Nueva York] diciembre 9 [de 1887]

[Nueva York] diciembre 9 [de 1887]

Mi hermano querido:

¿A que Ramona tiene la culpa de que haya V. cesado acaso de escribirme? Muy interesante me es Ramona, y tal vez base de mi independencia: pero ¿qué amigo tengo yo mejor en el mundo que Vd., ni qué más prueba necesita V. darme de un cariño que honra a V., por su singular pureza, aún más de lo que a mí me honra? No se me apene: haga lo que le sea natural: y escríbame pronto, aunque no tenga que darme las noticias que quisiera. Para que vea-dígase de paso-lo juicioso de mi elección del libro, nada menos que Mme. Witt, aunque quitándole con los recortes color y belleza, acaba de traducirlo al francés. Pero deje el libro en paz, y no se vuelva a acordar de él, si esa es razón para que no me escriba.-

¿Sabe que mamá está aquí? Esa es sin duda la salud repentina que todos me notan. Al fin pude hacerla venir, por unos dos meses. Y una de sus primeras preguntas, del vapor a la casa, fue por Lola y Vd.: que dónde vivían, que con seis meses de atraso recibieron una carta suya, que la contestaron enseguida y no han tenido respuesta. En prueba de que venía acordándose de Vds., y de que en casa todos piensan en Lola con cariño y agradecimiento, me trajo mamá para que les envíe ese retrato que a Lola manda Antonia, ya dueña de casa, y madre. Mamá, salvo aquellos ojos una vez hermosos que ya apenas ven, está como Vds. la vieron. Con la vida de trabajos que llevo, apenas tengo hora libre de noche para verla; pero esto me basta para sentir menos frío en las manos, y volver cada mañana con más estímulo a la faena.-Me preocupa ahora ¿cuándo no? mi país. Está agitado, y hago en medio de mis angustias todo cuanto puedo por servirle.

Ayer escribí pa El Economista, que sale siempre tarde y de abriles a eneros, unas líneas sobre la muerte de Juan José Baz. ¿Le pareció bien la carta sobre los anarquistas? -El Mensaje del Presidente, de que escribo ahora, palabra a palabra dice lo que desde hace años vengo entresacando y previendo en mis correspondencias. De modo que puedo pensar.

¿Y aquel encargo que me tenía que hacer? A Lola y Luisa diga que imaginen que todas estas palabras son violetas, para que adornen con ellas su ventana la tarde de Pascuas.

Enfadado con V., no le abrazo hasta que no reciba carta suya.

Su hermano

J. MARTÍ

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