[Nueva York, 9 de abril de 1887]

[Nueva York, 9 de abril de 1887]
Mi Fermín.

Levanto la pluma un momento de mi quehacer del día para mandarte el artículo sobre tus sucesos que escribí para el Herald. No deseo porque la cosa en sí no tiene más importancia que la de su justicia y afecto allí que digas, ni aun a La Lucha, que es mío. Pero a ti tengo gusto en decírtelo. Aproveché con júbilo la ocasión que el excelente corresponsal de La Lucha, y leal amigo mío, Trujillo, me dio de escribirlo. Por supuesto medí y pesé cada palabra, porque eso ha de ser naturalmente leído en La Habana, y hubiera sido imprudencia manifiesta provocar desenfreno alguno con fogosidades extemporáneas. La idea que penetra vale más que la palabra ostentosa. Y luego, tú verás que procuro valerme del modo de tratar esos sucesos pana impedir que los lenguaraces los lleven a mala parte. En todo pensé al escribir esos párrafos: en no dar pretexto, con la versión de ellos en castellano, a iras que han, de tascar de muy mal grado el freno: en que, en consecuencia de la misma celebración, no viniera a padecer de ella La Lucha que tanto lea merece: y en que tú, para mí lo más caro, te veas fuera de todo peligro, y sin menoscabo de esa prudente alteza que te recomienda tanto, a la consideración pública. Tuve un gustazo cuando vi tu nombre en letras inglesas.

Cedí a Trujillo para el Herald, el n° de La Lucha, que trae los retratos. Trujillo me da a leer La Lucha. Pero yo quisiera conservar todos aquellos números en que se han publicado grabados sobre este asunto. Equivoqué la fecha de uno, por lo menos. de los artículos, que te celebraba en mi carta anterior: el que tan bien me pareció, a más del 24, fue el del 1° de Fabril, el número de los retratos. Ayer pensaba yo si no sería buena idea de La Lucha publicar, dando su producto neto al mausoleo, un número ilustrado «In Memoriam», por el estilo de La Ilustración Española, que incluyese y perpetuase los grabados, que no cabrán en tu folleto, con algunos más que allá sería fácil hacer, tales como fotografías de algunas de las prendas halladas en la. fosa. Tu retrato, los de ellos, los del presidio, la viñeta de tu folleto, la del cristal rayado, darían un interés perdurable a la publicación, distinta en todo de tu libro, y que no podría menos de aumentar el crédito del periódico, a más del dinero del mausoleo. Veo más. Veo que la materia escrita de esta publicación, que habría de ir de mano en mano y ser leída más de una vez, podría dar ocasión para mantener levantada esta cuestión a aquella, altura de dignidad y prudencia donde tú y La Lucha la han puesto, y de donde no debe caer, por más que habrá sin duda quienes, noblemente o sin nobleza, procuren extraviarla.

No extrañarás el tono del artículo, indispensable fuera de las razones apuntadas para que el Herald, no se opusiese a publicarlo. Las dos palabras borradas, que quitan sentido a la idea, fueron por alguna mala inteligencia añadidas por el periódico.

Me vuelvo a mis afanes, que hoy son una traducción del portugués, que aprendí como algún día sabrás, y la corrección de un mapa con nombres latinos. No en balde un barbero que me pelaba ayer, viendo como ya el pelo, me clarea por donde los curas llevan la corona, me dijo muy solícitamente: «Supongo que V. querrá ocultar la tendencia?». No la oculto, Fermín, pero sería bueno que un poco de paz viniese a sujetar estos cabellos fugitivos.

Pana los de Consuelo escojo una flor de entre las mejores que quedan a mi pensamiento.

Un abrazo de tu hermano

J. Martí

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