[Nueva York, 8 de enero de 1887]

[Nueva York, 8 de enero de 1887]

Mi hermano querido.

Desde el primero de año a acá esta es la primer carta que escribo. No sé cómo salir de mi tristeza. Papá está ya tan malo que esperan que viva poco. ¡Y yo, que no he tenido tiempo de pagarle mi deuda, vivo! No puede V. imaginar cómo he aprendido en la vida a venerar y amar al noble anciano, a quien no amé bastante mientras no supe entenderlo. Cuanto tengo de bueno, trae su raíz de él. Me agobia ver que muere sin que yo pueda servirlo y honrarlo. Perdóneme que le haya hablado de mi pena antes de desearle un año venturoso: ¿cuál no lo será en su casa, donde la tiene natural toda nobleza? No me quite nunca en ella mi puesto de huésped, que es una de las dulces propiedades de mi vida.

Le mando una carta pa El P. que por su asunto acaso ojeará V. antes de darla. No digo allí con mucho lo que me ocurre decir sobre esa materia, y considero de veras urgente. Me extraña que no haya ocurrido ya ahí la necesidad de tener aquí constantemente empeñada una campaña de propaganda activa y discreta en beneficio de México, en la lengua del país, ya publicando de vez en cuando artículos pensados y de tiro seguro en las revistas y diarios de importancia, para compensar lo mucho falso y maligno que se publica, que es todo leña para la hoguera de mañana,-ya manteniendo un periódico destinado abiertamente a defender al país, en inglés, de los cargos que se le hagan sin justicia, a desmentir errores, y a explicar sus recursos y empresas,-ya creando una revista de carácter general aparente, que pudiera atraerse la ayuda de otros gobiernos por semejantes razones, y en la cual ocupasen puesto principal las cosas de México,-ya estableciendo, como va a hacer la República Argentina aquí mismo, una Oficina de Propaganda, que sirviese de centro de información gratuito a todos los que la deseasen sobre México y sus cosas, que tuviese géneros de muestras y libros de consulta, y que se encargase de desmentir todo lo falso que respecto a ese país se propalase en este, con mal para hoy, e incalculable y creciente peligro para mañana. Yo le ruego que se fije en lo que digo en las páginas 6 y 7. No se me esconde la sutileza y dificultad de esos encargos; pero también veo que se mantiene, si no aumenta con lo que el orgullo de raza y los manejos interesados lo enconan, el concepto ofensivo y desdeñoso en que la mayoría de esta gente, ignorante y acometedora, tiene a México, como a todos nuestros países. Ya V. calcula lo que eso influye en los conflictos venideros. A este rinoceronte hay que buscarle las axilas. El libro de que hablo en la carta se ha recibido aquí con desusada aprobación y crédito.

Distribuyo ahora mi trabajo de manera que cada sábado saldrá de aquí mi carta para Vd.-Y no me diga pesado: pero no le da lástima ver que todo mi afán por encajar con arte ideas esenciales y útiles se pierde por increíbles descuidos del caballero encargado de la corrección? Yo no uso palabra en que no procure poner especial significación y peso, de lo que viene que cuando la palabra queda cambiada o incomprensible, o la puntuación alterada, parece artificioso y finchado lo que de otro modo pudiera parecer sincero y artístico. ¡Dios me guarde si me han de juzgar por aquel pecado de Arthur!

Veo en las cosas de México un espíritu conciliador de que presagio beneficios, por más que la paz sea tan difícil en nuestros países desiguales y nuevos. No es V. el que me dirá intruso porque quiera a México con toda mi alma, y haya pasado años escribiendo de él sin cuidarme de hacer llegar a manos de V. siquiera lo que escribía. Ahora mismo acabo de corregir las pruebas de un artículo: “México en nuestros días”;-y en días pasados, en mi carta a la República Argentina, respondí lo que era debido a un diputado que en la discusión sobre las Oficinas de Propaganda en el extranjero, ofendió-sin razón a México en un alarde oratorio, y causó-con él cierta sensación en la Cámara.

Yo le escribo como si me hubiera V. escrito: y es que dejando correr la pluma para Vd. me vuelven al alma los verdores de nuestra sabrosa Alameda.-No le digo un pequeño deseo que tengo-pequeño, puesto que lo expreso-hasta no ver letra de V. A aquel que solía venir, hace meses que no lo veo. ¡Escríbame, que la pena viene recia, y voy a necesitar su carta pronto!

Bese la mano a Lola y a los niños. Para Manuel, tan pronto haya cómo mandarla, tengo una Geografía nueva, con láminas hermosas, y muchas de México. Para Lola, el agradecimiento que sentían por la reina de la fiesta los caballeros heridos en el torneo.

Para V., todo

J. MARTÍ

Sr. M/Mercado

de JM

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