Nueva York, 21 de octubre de 1885

Nueva York, 21 de octubre de 1885

Muy estimado señor:

Hasta el 18 de este mes no llegó a mis manos la generosa carta de Vd., que premia el cariño con que desde hace muchos años vengo escribiendo y loando su nombre. Determinado a llevar mi vida por donde a mí me parece que va bien, que es por donde se va solo y duele andar, me permitirá Vd. que le diga que estos afectos de la valía y espontaneidad del suyo son la única recompensa que apetezco y el único alimento que necesito para tenerme firme en mi vida sencilla, que querría yo hacer tan limpia y majestuosa como uno de sus versos.

No he dejado una línea por leer en su hermoso libro, que me puso enseguida la pluma en la mano, y me dio una de esas raras horas de lanza y de luz que aclaran y mantienen la existencia. Pronto enviaré a Vd. las páginas que he escrito: ya había anunciado yo la obra, apenas me llegó la importante reseña bibliográfica piel señor general Mitre.

Muy cariñosamente doy a Vd. las gracias porque hizo memoria de mí, y por el vivo placer que me ha causado la lectura del volumen, que es uno de los pocos libros vivos altos y bien compuestos que salen ahora de manos de los que hacen versos en lengua de Castilla. Si no le hubiera Vd. llamado Palmas y Ombúes, así lo hubiera llamado todo el mundo.

Leí muy niño el Celiar que es desde entonces para mí un recuerdo querido, y lo busco aquí en vano: ¿merecería yo de Vd. un ejemplar?

Me hace la merced de llevar a Vd. esta carta uno de los hombres a quienes más quiero y estimo, el doctor don Enrique M. Estrázulas, en quien he aprendido a querer al Uruguay, y con mi más afectuoso saludo envío a Vd. por él mi libro de versos a mi hijo, que sólo vio la luz porque eran suyos y yo sólo me amo en él: va a Vd. el libro como a una palma va una mariposa.

Vivamente agradecido a Vd. por su cordial simpatía, queda admirándole y sirviéndole. Su afectísimo S. S.

José Martí

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