[Nueva York, 1882]

[Fragmento]
[Nueva York, 1882]
[…] Si estallan las persecuciones que el partido español, asustado en La Habana de los […] de los autonomistas inicia sin embozo; y, ¿quién devolverá a mi […] vida o la libertad que puedo perder? ¿quién amparará a mi hijo y a mis padres […] ¿quién si salgo en salvo, me reparará de los años empleados en una tarea sin fruto, quebrada al comenzar? ¿quién habrá de negarme que esas cosas pueden suceder? ¿quién librarme de los males que me vengan a suceder? ¿quién podrá garantizarme que no sucederá? No hay garantía posible, y yo no debo sin ella emprender viaje semejante. ¿No es más probable que suceda eso, que deje de suceder?

Pues siendo mayor, o siendo igual, o siendo simplemente alguna la probabilidad de que suceda; yo no debo exponerme a males que no tienen remedio, contra la posibilidad de que no sucedan, dejando una situación cuyos males son todos remediables.No hay en mí una duda; un solo instante de vacilación. Amo a mi tierra intensamente. Si fuera dueño de mi fortuna, lo intentaría todo por su beneficio: lo intentaría todo. Mas, no soy dueño, y apago todo sol, y quiebro el ala a toda águila. Cuando te miro y me miro, y veo por qué terribles penas ahogo, y qué vivas penas sufres, me das tristeza. Hoy, sobre el dolor de ver perdida para siempre la almohada en que pensé que podría reclinar mi cabeza; tengo el dolor inmenso de amar con locura a una tierra a la que no puedo ya volver. Me dices que vaya; si por morir al llegar, daría alegre la vida! No tengo, pues, que violentarme para ir; sino para no ir. Si lo entiendes, está bien. Si no ¿qué he de hacer yo?- Que no lo estimas, ya lo sé.-Pero no he de cometer la injusticia de pedirte que estimes una grandeza meramente espiritual, secreta e improductiva. […]

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