New York, 21 octubre. [1882]

New York, 21 octubre. [1882]
Mi querido Gabriel.-

Aprovecho el primer día de reposo que he tenido este mes para escribirte. No quiero que quien fía en mí, haya de perder su confianza. Ni, puesto que te quiero, puedo ser perezoso en aquello en que te va tanto.

Aunque te escribí la semana pasada a vuela pluma; creo que por eso mismo te dije mejor lo que sería ya innecesario volver a decirte. Dirigí aquella carta a El Triunfo,-y allí ha de estar si no está ya en tus manos.

Lo que te interesa es saber si puedes hallar en N. York medio de vivir. A mi juicio, esto depende sólo de cosas que supongo que dominas:-la lengua de la tierra, y tu voluntad,-porque sin aquella es punto menos que imposible lograr aquí modos de vida, a no venir a invertir caudal en negocios con otros países,-y la voluntad es necesaria, para entrar con toda ella en esta vida de rebaño que hacen aquí los trabajadores de ciudad:-sólo que es un rebaño de reyes.

No quiero decir en modo alguno que te sea necesario el dominio absoluto de la lengua para poder hallar colocación:-porque yo no la domino por cierto de ese modo, y aunque la escribo sin tropiezo, la hablo cómicamente;-y he hallado comprador para mi trabajo.-En una casa inteligente, bastaría con que entendieses lo que te hablasen, y con que te entendiesen ellos a ti,-porque nuestra rapidez y perspicacia en el trabajo, que exceden, por sobre todo lo que piensen los ultraaguilistas, a las de las gentes de la tierra, compensarían tu conocimiento imperfecto de la práctica del lenguaje, sin contar con que aquí son muy estimados los dependientes que hablan español y francés.-Y te digo todo esto, por mera prudencia, porque yo sé que tú eres buen anglósofo, y nada has de hallar aquí de nuevo.-Ni te arredren los quehaceres de comercio, que son tan rutinarios y mezquinos,-que para un ojo penetrante, verlos es ser maestro en ellos.-

Te digo adiós, para tener tiempo de responder algunas otras cartas.-Cuando vengas, trae las manos llenas de papeles de Cuba.-No hallo donde leer El Almendares, que me tiene muy agradecido, por haber republicado no sé que cosa mía, y del que no he logrado ver un solo número.-Dime como hallaré tu primera carta, pa decirte cuanto en ella me preguntas; regaña a Agustín, porque no me ha querido hacer mi sortija de hierro, que es la única que ajustará bien a mi dedo, saluda a Federico García, y cree que te quiere

J. Martí

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