New York, 20 octubre/87

New York, 20 octubre/87

Mi hermano muy querido:

No debía escribirle, porque en su última carta me da la buena nueva de que en aquella semana tenía un encargo que hacerme, y han pasado dos semanas sin que el encargo haya venido. Mire que para mí habrá pocas alegrías como la de satisfacer un deseo suyo.

Es curioso lo que en su carta, y en otras anteriores, me dice V. del silencio de casa; porque mamá, que tiene la memoria fiel, al preguntarme por Vds., siempre me da las mismas quejas. Ahora, aunque empieza el invierno, estoy como en primavera, porque aprovechando unos ahorritos, pienso que mi madre venga a pasar conmigo dos o tres meses. No sé si es la madurez que viene o la poesía que se va; pero cuando todos me alaban la viveza y frescura, siento en mí como que se me mueren las flores, y con la poca imaginación que me queda, me parece verme el cerebro cubierto de alas caídas, acaso porque a mi alrededor se están ahora quedando sin hojas los árboles. Y fío en que la visita de mi madre hará renacer las mariposas.

Vd. me habla de las erratas de El Partido. Por poca que sea mi vanidad, que me confieso con gusto que no es mucha, llegan a desesperarme de veras los errores esenciales e imperdonables con que aparecen mis cartas, a tal punto que los párrafos que, impresos con cuidado, fijarían tal vez la atención por el cuidado de su pensamiento, resultan, por el cambio de una o más palabras capitales, una jerga ininteligible. Esto me apena más porque, como yo escribo lo que veo, y lo veo todo con sus adjuntos, antecedentes y ramazones, cuanto escribo resulta fácilmente enmarañado y confuso, si no me respeta el caballero cajista las palabras que puedan parecerle nuevas, y la puntuación propia que enriquece y realza los pensamientos. ¡Y yo que a veces estoy, con toda mi abundancia, dando media hora vueltas a la pluma, y haciendo dibujos y puntos alrededor del vocablo que no viene, como atrayéndolo con conjuros y hechicerías, hasta que al fin surge la palabra coloreada y precisa! De veras parece que en El Partido tengo yo alguna persona que me quiere mal, lo que será gran injusticia, queriéndolos yo a todos tan bien; porque no se trata de comas que falten ni de letras cambiadas, sino de palabras sustituidas, generalmente por otras semejantes en la forma, como aquello que sucedió a V. cuando se empeñó en poner ingente en una circular, y el cajista se empeñó en que fuera urgente. Establézcame formal demanda; y vea quién es el que me malquiere, que yo haré por mudarle la voluntad en cariño.

En el Sun de hoy ha aparecido aquí un suelto que le envío, según el cual el Ministro americano ahí, que acaba de morir acá, Manning, vino a New York, decidida ya su separación del puesto, a hacer revelaciones y dar consejos sobre la anexión de México a la Liga de Anexión Americana de que, con ocasión de Cutting, hablé en una de mis correspondencias.-De esto no me atrevo a hablar, por no parecer entrometido en las cosas del país; pero se lo incluyo por lo que valga, y porque allá sería tan inconveniente exagerar como callar.

Ahora, a Ramona.-Ya el libro está al salir de las prensas. Vd. me pregunta con razón el precio de él, como base de toda negociación. En esta primera edición sólo me propongo sacar los costos de imprenta, de manera que aunque la página del libro es mucho mayor y más nutrida que la de Misterio, y aunque un publicador novel no puede rivalizar en precio con una casa de tantos recursos mecánicos, cobraré por este libro al mismo tipo a que Appleton vendió Misterio a sus compradores más favorecidos, que fueron México y La Habana: él, por 230 páginas, cobró 20¢: yo, por 400 de mucha más lectura, cobraré 37¢, si no baja el pedido de 2 000, o a lo sumo de 1 500: por menos, tendría que cobrar 40¢ por ejemplar. Si el que los compra es El Partido, como desearía, u otro periódico, me obligo a no despachar para México (librería, Estados, &.) sino hasta un mes después de la llegada de los ejemplares al periódico, y esto a no ser que el mismo periódico desee más ejemplares, o quiera hacerse cargo exclusivo de la venta, en cuyo caso le daré preferencia de agente exclusivo, lo mismo que al librero que me hiciera el primer pedido de 1 500 a 2 000 ejemplares, caso de que no pudiera ajustarse el arreglo con algún periódico. Si un periódico los toma, no venderé a los libreros el volumen sino a algo más de los 37¢, para que quede al comprador original esa ventaja.

Para que se forme idea de Ramona, y de lo material del libro, le envío en pruebas dos copias del “Prólogo”, y dos páginas sueltas. En uno de los Economistas que le van por este mismo correo hay unas líneas que escribí sobre Ramona, propias para la reproducción que puede ir sirviendo de anuncio previo. Surtiré a tiempo de carteles de anuncio como los de Misterio.- También le llamo la atención sobre un pequeño artículo q. escribí en uno de los Economistas sobre la política traidora de Guatemala, pensando en México.

Ramona, de veras, es un libro bueno, y muy mexicano. Increíble me parece que, por su asunto, no tenga allí al menos verdadero éxito.

Ya abuso de V., aunque confieso que en eso tengo placer y que me arde la lengua por contarle lo más íntimo mío, y saber lo de Vd.; pero en cartas todas esas cosas llegan frías. Y escribir parece ficción. Sólo el hablar es natural. A mí me parece a veces que me vendo y prostituyo cuando, con el ánimo dispuesto a peleas mayores, tengo que bajarme, como un león de circo, a lucir mis lindezas ante los concurrentes. Haría polvo entonces con mucho gusto de los huesos de la frente.

Un abrazo: mi admiración por sus constantes noblezas: a Manuel una palabra de aliento: y para Lola saldrá uno de estos días a buscar, como único mensaje propio ya de mí, unas hojas de otoño.

[Su hermano

José Martí]

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