New York, 12 de abril [de 1885]

New York, 12 de abril [de 1885]

Mi hermano muy querido-el más querido:

Creí poderle escribir muy largamente; pero al llegar a la oficina me la he encontrado llena de trabajo, y acortando de una factura y abreviando una cuenta de venta, hallo tiempo para decirle cómo envidio al Sr. Méndez, a quien busqué en vano toda esta semana, y al fin hallé ayer,-cómo lo envidio, puesto que va a verlo, y a México.-Como él me trajo preguntas de Vd.,-con él le mando sumario de respuestas. Pero no me parecen cosas bien calientes las que le mando decir por mensajero,-siquiera sea caballeroso y estimable. Vea en mi retrato, que el benévolo Sr. Méndez le lleva, buena parte de lo que no le digo. Quise vivir delicadamente y tiernamente,-y he muerto de ello.-

¡Que si iría a México! ¡Si con tanto brío quiero a México como a Cuba! Y acaso ¡con mayor agradecimiento! Pero por este cauce han de venir las cosas de mi tierra; y aunque me veo casi solo en el compadecerlas, pudiera ser que no estuviera yo de más-para aconsejar amores y contrarrestar intereses pérfidos-en el día en que, de sumo hervir, rompan la floja cáscara.-

Y ya vivo lentamente, y tengo miedo del cambio.-Hasta ver si resurjo.-

Y luego, que tengo el pecho lleno de miedos por México, y como lo amo vehementemente, y medito sobre sus riesgos sin cesar, y me excitan y afligen como si fueran míos-acaso hiciera yo mal en ir a ponerme, con mis vehemencias y justicias inevitables e inoportunas, y mis miedos y terrores de hijo, en el seno del cráter. Como sale un suspiro de los labios de los desdichados, así se me sale México a cada instante del pensamiento y de la pluma.-De siete artículos que escribí para un periódico de esta ciudad, pero de gente latina,-hallé que tres eran de cosas mexicanas.

Y sobre todo, hermano mío, aquí han dado flor y fruto todas mis desdichas,-y aquí han venido a tierra mis esperanzas puras y mejores-y el espíritu humano ama la tierra donde reposan los cadáveres queridos.-¡Aunque me ahoga la savia, que no hallo modo de echar fuera!-Y como a mí no me rinde pena alguna, aunque hinque en mí dobles hileras de dientes-si no vivo mucho, como temo, no será por dolores de la tierra,-que yo llevo en mí mis gozos, y no los hay más dulces ni vivificantes que los del alma clara y satisfecha,-sino de exceso de vida.-Me han contado de un águila presa que vivió sometida a alimentarse de la pitanza de un jilguero.-

Algo quiero, y no me regañe.-Quiero ver siempre junto a mí color, brillantez, gracia, elegancia. Un objeto feo me duele como una herida. Un objeto bello me conforta como un bálsamo.-No me regañe!: de seguro que Ocaranza dejó mucho bosquejo sin concluir, alguna terneza no bien terminada, algún polvo de alas de mariposa no bien desleída en lienzo.-¿Cuántos me manda, y pronto,-para que lleguen a tiempo,-de los que V. no quiere, y alegren mi sala?-No me regañe.-

Y muchas cosas más le iba a decir, a pesar de la prisa; pero siento que se me hinchan los ojos. Bese la mano a Lola. Abrace a su Manuel; y a su parvada de cisnecillos-, y quiera mucho a su hermano

José Martí

 

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