La Patagonia

A curiosas hipótesis ha dado origen la etimología de la palabra Patagonia. En una reseña que “La Nación” de Buenos Aires hace de una conferencia del doctor Carlos Spegazzini, que acaba de andar por aquellas tierras y estudiarlas, leemos que el viajero explica de este modo el origen de la palabra: En patagón, los números de cien en adelante pertenecen al quichua. Luego aquel pueblo tuvo vinculaciones con los quichuas, o más fácilmente, se hallaron bajo la dominación de éstos. Ahora bien, los Incas imponían a cada tribu la obligación de dar cien hombres de armas, constituyendo así centurias como en tiempo de los romanos.

La palabra cien, dícese en quiché patac.

Los patagones llámanse oaniken. Patac oaniken sería pues centuria de oaniken.

Aunque reconociendo el conferenciante que tal etimología era hipotética y no podía imponerse como única, suponía que aquel patac oaniken, corrompiéndose había llegado a componer la palabra Patagonia.

El carácter de los patagones pareció al conferenciante dulce y benigno. “Son hospitalarios, dice, pacíficos y poco sanguinarios; pero en sus odios son tenaces y no perdonan jamás.”

Describió un delicioso instrumento patagón al cual tienen los indios mucho apego. Contó que estaba un día bajo un toldo conversando con un indio cuando de pronto hirió sus oídos una música triste que parecía venir del exterior. Era como si tocaran en el violín, lejos, muy lejos, algo así como una marcha fúnebre de Chopin. Pronto se convenció de que la música partía del mismo toldo: era un viejo que pasaba el tiempo tocando su instrumento favorito. Un fueguino tocaba a veces en el mismo instrumento un trozo de “La Fille de Mme. Angot”, que había aprendido en Punta Arenas.

Expresó el conferenciante que los patagones adoptan para designarse nombres de objetos. Cuando alguno muere el nombre que llevaba en vida no lo adopta ningún otro.

La América. Nueva York, junio 1884

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