La ley de la herencia (libro nuevo)

La ley de la herencia (libro nuevo)

Teoría nueva y racional de Brooks.–Supremacía del padre en la trasmisión de los gérmenes vitales.

¿Dónde empieza la vida? ¿De qué talleres salimos nosotros, los seres complicados y maravillosos? ¿Cómo de huevecillos en apariencia iguales, se van desenvolviendo condiciones perfectamente peculiares y distintas, que de un lado hacen el pez voraz, y de otro el ave sensible, al bruto servicial, el hombre creador? ¿Cómo se transmite de un ser a otro la existencia? ¿En qué porción la transmite cada uno de los seres que contribuyen a producir el ser nuevo? ¿Cómo se heredan las particularidades de la especie, de la raza, de la familia misma, de manera que de un simple huevo inorganizado va surgiendo el poder necesario para crear una criatura definida y perfecta, con todas las condiciones de su especie, y los caracteres particulares, los hábitos, los instintos, los defectos, las manías mismas de sus padres?

Los libros y periódicos científicos hablan de todas estas cosas de manera, que por venir en el dialecto técnico, aprovechan poco a los que no recibieron su instrucción en tiempos recientes, o no se han dedicado especialmente a este género de estudios. Poner la ciencia en lengua diaria–he ahí un gran bien, que pocos hacen.

Ese mérito tiene el libro que acaba de publicar un hombre entendido en la ciencia de la vida, y en el estudio de sus causas, elementos, composición y tendencias visibles. El libro se llama “Las leyes de la herencia”: el biólogo es el Profesor W. K. Brooks.

Dos cualidades propias tiene la obra nueva. Expone clara y amenamente todo lo que va averiguado y teorizado sobre la producción y composición de la vida; tan clara y amenamente que parece un amigo afectuoso, que da clase convencional a sus amigos. Y adelanta, con buen caudal de hechos de prueba, una teoría particular sobre la porción de influencia de cada sexo en el ser conjuntamente producidos por ambos.

Darwin dice que el padre y la madre dan iguales elementos a su vástago común. Brooks mantiene que la madre conserva la raza, y lo que ya lleva adquirido; pero que el padre, más móvil, más responsable, más conocedor de la vida real, más sufriente, más experimentado, más andariego, transmite al ser nuevo las condiciones que personalmente ha conquistado, las facultades desenvueltas en el ejercicio de las que trajo a la existencia, el hábito del movimiento, la tendencia a lo mejor e ignorado, la inclinación a la pesquisa y al cambio, la desviación de la raza por acrecimiento y mejora, la inquietud saludable de la aspiración. La madre da todos los elementos conservadores de la especie; el padre, todos los elementos revolucionarios. La madre, los caracteres generales y fijos; el padre la tendencia de variarlos y acrecerlos.

El libro está escrito en afirmaciones, no en hipótesis:–La herencia en la vida animal es la transmisión de los elementos de una existencia determinada de un individuo a otro. La vida es sutil, complicada y ordenada, aunque parezca brusca, simple y desordenada al ignorante. La vida es una agrupación lenta y un encadenamiento maravilloso. La vida es un extraordinario producto artístico. Se sabe ya suficiente sobre la manera y condiciones de producción de la vida para tener derecho a esperar que se sabrá más; y no quedará en biología más misterio que el de la producción de los seres primitivos, aquel misterio que irita y desafía a la mente humana. Pero la Biología no resolverá los problemas, ni desvanecerá la confusión que aún ofrece la formación de la vida, si no busca la respuesta a sus preguntas por las vías que derivan de la teoría de la revolución:–que con nombre más comprensivo y seguro, aunque no tan aparentemente claro, pudiera llamarse, por lo universal de la vida, en esencia idéntica y varias formas armónicas, la teoría de la expansión análoga. Todo se vierte y convierte; pero todo en acuerdo con cada uno de los seres y objetos, y con todos.

Cómo se originan y transmiten los organismos vivientes; qué han pensado sobre eso los científicos, y qué están pensando ahora; qué es probable en lo que se tiene por cierto sobre estos problemas, y qué no es probable; cómo se trabaja, en fin, en esos talleres, en apariencia milagrosos y en realidad precisos y mecánicos, donde con sabias e inflexibles leyes se elaboran las varias formas de la existencia–he ahí los asuntos del libro nuevo del profesor Brooks, impreso en Baltimore por John Murphy en trescientas treinta y seis páginas.

La América. Nueva York, enero de 1884.

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