Invenciones recientes

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–Quinientas patentes nuevas

Como quinientas patentes concedió en un solo día, el 15 de Abril pasado, la Oficina de Privilegios de los Estados Unidos. Y tenemos entendido que pronto concederá alguna a un notabilísimo invento de un joven mecánico hispano-americano.

Aplicación para nuestros talentos, es lo único que necesitamos en Hispano América: esto es, necesitamos levantar nuestros países, a la altura de los hombres que viven en ellos. La oscuridad e ineficacia actual de la raza hispano-americana depende sólo de falta de analogía entre nuestros pueblos forzosamente embrionarios y los habitantes cultos, y relativamente ultracultos, de nuestros pueblos. Estos son males necesarios y transitorios, que alarman mucho a los veedores miopes, mas no a los de larga vista. El hombre no puede contener su actividad ni su deseo de adquirir los medios de subsistencia, que muy frecuentemente, subiendo de grado y con el incentivo de los apetitos de satisfacción costosa, llega a ser desatentada pasión por la riqueza: de manera que, ya por su energía activa, ya por necesidades apremiantes, el hombre obra en aquello que más a mano halla para satisfacer unas y otras. Pero tampoco puede contener el hombre su natural amor al sosiego y decoro; y cuando construye, se siente mejor y goza; y cuando destruye, aunque quiera aturdirse y hacer gala de su victoria y cinismo, se avergüenza y padece: de modo que cuando puede el hombre dar empleo a sus fuerzas y cumplimiento a sus necesidades por medios seguros, dignificantes, nobles, y de durable resultado, se aparta con rapidez y regocijo como de compañero venenoso, de los quehaceres violentos o impuros en que se había venido ocupando.

En América, pues, no hay más que repartir bien las tierras, educar a los indios donde los haya, abrir caminos por las comarcas fértiles, sembrar mucho en sus cercanías, sustituir la instrucción elemental literaria inútil,–y léase bien lo que decimos altamente: la instrucción elemental literaria inútil,–con la instrucción elemental científica,–y esperar a ver crecer los pueblos. Van a dar gozo, por lo desinteresados y brillantes. No nos apresuramos; y como que estamos seguros de estas glorias, no renegamos de nuestras tierras: ¿quién de su hijo reniega, porque le oye balbucear en la cartilla?: lo que no quiere decir que no le hierva al niño un Hamlet o un invento pasmoso en el cerebro, que a su tiempo y sazón saldrán a la tierra.

Ya, por hablar de la constitución y porvenir de nuestros países, no nos queda espacio para contar brevemente algunas de las invenciones que acaban de ser privilegiadas, entre las que no hay, sin embargo, ninguna de notable trascendencia. El mundo está haciendo ahora su tránsito del vapor a la luz eléctrica, y no hay en esas patentes de Abril ninguna que ayude de un modo señalado a estos trabajos. Hay una nueva máquina de cosechar granos de Knoop, y una máquina de izar de I. F. McNeil, cultivadores varios, una secadora de ladrillo de I. Blum, gran número de escaleras de escape para incendios: y de electricidad, lo más curioso que hay es un portero eléctrico.

La América. Nueva York, mayo de 1884

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