Guatemala, 13 de julio.– [1878]
Guatemala, 13 de julio.– [1878]

Me cuesta verdadero trabajo escribir a V. esta carta, en respuesta a la suya de 14 de junio.–¿Es un hombre extraño el que me la escribe?–Entonces, yo sé bien qué decirle.–¿Es el padre de Carmen?–1 Entonces, ojalá que no la tuviera que escribir.

Sentí, al leer su carta, cólera y asombro. Ahora, ni asombro ni cólera siento. Todo eso está dentro de la naturaleza humana; yo soy el que hago mal en salirme de ella.–Me ha tomado V. por un nuevo peligro para su fortuna: lleva V. demasiado lejos su pesimismo,–demasiado lejos su prudencia. Tal vez es V. tan desconfiado de los hombres, porque a la edad que yo tengo hoy recibió un golpe semejante a este que yo sufro ahora. ¿Carencia de dinero?–No; yo sabré hallarlo:–golpe en el corazón.–Me duele, sí, que intente V. burlarse de frases mías que revelan muy vivos dolores, que tal vez no lo son ya para V., porque para V. pasó la edad de comprenderlos. Bien sabe V. que no son aptitudes literarias las que me faltan,–y que si sé hacer burlas, no he aprendido aún a sufrirlas. Pero es al padre de Carmen a quien escribo:–a aquel que me la dio tan noblemente que no he podido olvidarlo todavía.

Es un raro premio la carta de Vd. al filial afecto–porque yo se lo tenía–con que escribí a V. la mía del 1ro de junio,–y al sacrificio que a mi juicio hacía yo a la felicidad de Carmen, yendo a Cuba en las circunstancias en que Cuba estaba cuando me decidí a ir.–Hoy, terminada la guerra, el sacrificio no es tan grande.–Las cosas sucedieron de este modo: Venía V. poniendo un tenaz empeño en que volviéramos a Cuba, y–como para atajar cualquier decisión mía que no fuera la de volver–me escribió V. una carta verdaderamente noble, a la que entiendo que contesté con igual nobleza. En lo que parece que no había nobleza era en pedir a V. la cantidad necesaria para nuestro viaje, que–para que no me causara pena–me ofrecía V. de no sé qué herencia de Carmen.–Con lo que veo que uno es noble hasta que pide, para hacer lo que su mujer y el padre de su mujer desean, lo que el padre de ella ofrece de lo que dice que es de ella:–bien hago yo en hacer consistir la nobleza en otras cosas.–Como la carta venía llena de vehementes premuras, y me acusaba V. en ella de loco, y la sobrecargaba de raciocinios abrumadores para mi conciencia, creí ver en ella un gemido del alma, y gimiendo la mía–aunque tal vez esta frase y sentimiento sean motivo de burlas nuevas,–accedí a lo que Carmen aquí, y Vd. de allí, con tanta insistencia me pedían.–Para hacer lo que Vds querían, creí tener derecho a aceptar lo que diciéndome que era de ella, me ofrecía Vd.–Y envié a pedir a V. 800$.–¿En qué estuvo la culpa? ¿En aceptar? No debiera V. entonces habérmelo ofrecido. ¿En pedir tanto? Nos decía V. que pidiéramos lo necesario para nuestro viaje: veamos si necesitábamos menos.– V. entra en el examen de las sumas: yo, con…

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