El té de Bogotá

El té de Bogotá

Son nuestras tierras de América como tesoros escondidos, que en el día en que se hallan, enriquecen de súbito a sus descubridores. Los países americanos, llenos de hijos vehementes, más dados hasta hoy a ejercitar su valor que a trabajar sus riquezas, se fatigarán al cabo, como ya se han fatigado algunos, de desperdiciar en luchas sin rencor y sin resultados sus ardiente fuerzas; y como ha sucedido ya en los que experimentan este saludable cansancio, volverán su actividad, ganosa de empleo, a las fuerzas físicas, y harán revoluciones agrícolas y mercantiles, con la misma prisa, generosidad y brillantez con que han estado haciendo revoluciones políticas.

Una de las más notables riquezas naturales de América es el té bogotano. No se le sabe preparar todavía, sin tener en cuenta que la China y el Japón no dan salida a un tarro de té que no lleve tres años de empacado. El té de Bogotá se usa apenas se cosecha; y aun así nutre y combate con éxito la clorosis y la anemia, y no hay tónico ni substancias purgantes que en sus efectos generales le aventaje.

No es de ahora el descubrimiento del té de Bogotá, que a casi todos los que nos lean estará pareciendo sin embargo novedad en estos instantes; ya en 1879 decía el Arzobispo Virrey y Señor Doctor Antonio Caballero y Góngora, que en lo que su concepto hacía el principal ornamento y gloria de la Expedición Botánica era la «invención del té de Bogotá».

El té de Asia no tiene aroma natural, sino que se lo ponen; ni propiedades astringentes, que le dan con la cúrcuma: ni está nunca libre de cierto sabor herbáceo, que lo hace ingrato: ni aquieta el sistema y atrae el sueño, sino que lo aleja e irrita; ni va jamás sin una porción de substancias nocivas, pues es sabido que de diez y ocho especies de té asiático que examinó Hassal, todas estaban mezcladas y compuestas, y las más de elementos dañosos.–Por viejo es bueno el té, y el japonés y el chino valen más cuando son de árbol de 300 a 500 años: la majestuosa fronda de los llanos donde se cría el té de Bogotá revela a las claras que allí pueden encontrarse plantas mucho más viejas.

De modo que resulta que no sólo es el té da Bogotá un té agradable y sano, sino que no le hay mejor; pues entre los mismos de Asia, sólo el té imperial, reservado a emperadores y mandarines, tiene las condiciones que el té común de Bogotá posee. Corren a veces por nuestros campos los partidarios de este o de aquel Presidente: ¡qué bueno fuera que se levantara en la tierra de Colombia un bando de partidarios del té de Bogotá!

La América. Nueva York, abril, 1884.

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