De las damas cubanas

De las damas cubanas

De todas las penas de este mundo cura, y de todas las heridas del bien obrar la estimación de los hombres verdaderamente buenos; pero con ella misma es incompleta la victoria cuando no mueve el corazón de la mujer. El es la medicina: él es el milagro: él es el triunfo. Y Patria, que no es vana, pero que vive de la fuerza de su gratitud, no tiene valor para esconder del público la nobilísima, la animosa, la conmovedora carta en que una amiga de pluma de seda cuenta a otra la tristeza de la lluvia del Norte, y la generosidad con que juzgan a Patria las damas cubanas. ¡La vida es aún un torneo, y esta carta para el justador la banda hermosa!

La ingenua emoción y el patriotismo triste dan característica belleza al lenguaje literario y puro de esta carta. Pero ni es dable a Patria agradecida decir aquí, porque no parezca paga o lisonja, el mérito de quien la celebra con la abundante bondad del alma rica, que puede dar mucho sin empobrecer; ni puede Patria dejar de advertir que las campañas de los pueblos sólo son débiles, cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer; pero cuando la mujer se estremece y ayuda, cuando la mujer, tímida y quieta de su natural, anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño la obra es invencible.

Dice la carta hermosa: (A continuación hay una larga carta firmada X.)

Patria, 7 de mayo de 1892

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