Borrador

Rompe sobre nuestra tierra, como si a un tiempo las almas de los buenos se hubiesen decidido a amanecer, una radiante claridad de aurora, azul en lo alto, confusa en lo que va tocando a tierra, y en lo que toca con la tierra, roja, como la sangre de que ha de nacer la luz. Y el divino espectáculo, que por todas partes me rodea, y día y noche está en mi, y a todas partes va conmigo, me da fuerzas para poner sin miedo el alma, libre de pequeñez y de pasión, junto a esta alma del Cayo, sustancia y levadura de toda el alma cubana del destierro, las fuerzas que me quitarían un justo bochorno si sólo trajese yo a este pueblo de hechos, a esta raíz de la fe cubana, a este cuarto dé banderas donde el pabellón no se plegó jamás, la pompa vana del fraseador de oficio, o el gorjeo pretencioso del ruiseñor enamorado de su canto, o el lamento infectando de los que no saben que cada muerto es una raíz y cada vivo es un peleador, o la elocuencia deshonrada por los que disimulan con ella la verdad, y sirven con ella su interés, o el discurso desdeñable y hueco, pueril y vergonzoso, de los que no saben, en la hora creadora de la muerte, ponerle a la palabra el pensamiento que le exige, y el espíritu que unifica y el machete que pelea.

O cada palabra es una piedra de cimiento y un fusil más, y un obstáculo menos, o cada palabra es respuesta grave y decisiva, al temor o a la alarma de los sensatos, o a la vacilación de los débiles; o cada palabra es lazo amoroso que apriete, en dicha magnífica, en inefable ternura, a todos los que con igual limpieza batallan por fundar la patria, o cada palabra es anatema a cuantos osasen por rencillas de hormiga, o ambición de lunar. o miedos de coqueta, o ceguera de búho, detener, en la hora que no admite dilación ni error, el alzamiento unánime y activo, de cuanto nos quede de previsión y honor, o la palabra es vil pintura, vil albayalde y vil carmín, buena sólo a esconder la prostitución del alma.

¡Maldita sea la inteligencia que incapacita a la otra de hacer cundir la obra del corazón!

Nada es la inteligencia que la naturaleza, sembrando al azar o desenvolviendo por ley, pone por igual en el alma del apóstol, que se consume del deseo de ver felices a los hombres en la patria y en la justicia, y en el alma del traidor, que se acurruca de dócil escabel a los pies del tirano de su patria.

Nada es la inteligencia que se emplea, como el hurón enamorado de su agujero, en cavar, con la cabeza hacia lo oscuro de la tierra, como cuando a los hombres a desconfiar de los que aman el sol. Nada es la inteligencia, que, por la insinuación artera, o la mentira voluntaria, o la hostilidad sorda, o los mil modos deshonrosos y eficaces que aconseja y pone en uso la soberbia descontenta y disimulada, mina la tierra que el patriotismo necesita mantener henchida de corazones empalmados como las vigas de una trinchera. Me quemaría en el casco la inteligencia si me hubiese servido, en un solo acto de mi vida, para fomentar en mi provecho mi autoridad personal, o para atraerme amigos por la complicidad o el halago, o para negarle amigos a la virtud ajena, porque no es virtud mía, o para obligar al patriotismo puro a pasar por las horcas de mi poder, o para imperar sobre los hombres divididos.

Ver obra completa

Los comentarios están cerrados.