Acapulco, 7 de enero.–[1878]

Acapulco, 7 de enero.–[1878]

Mi hermano Mercado.–

Yo lo sabía, y la estreché en mi mano como si estrechara la mano de V.: al llegar aquí, hallé carta suya.

Del camino ¿qué le diré que no imagine? Cuando fui, las alas que llevaba me cubrían los ojos: ahora, que con mis alas tenía que protegerla, he visto todas las crudelísimas peripecias, rudas noches, eminentes cerros, caudalosos ríos que, con razón sobrada, esquivan los viajeros. Carmen; extraordinaria; yo, feliz y triste ¡felicísimo!–Por el largo trecho, traspuesto del 26 al 5, con tres días intermediarios de descanso,–cuadrillas de ladrones, felizmente ahuyentadas por la escolta. Si no por este correo, que sale de aquí a unos momentos, dejaré para el próximo carta de gratitud para Macedo. Por Alfaro fui tan atendido como por Medina.–Y por Emparán, si V. no hubiera nacido en Michoacán, diría yo: veracruzanamente.–

 De la opus majus, ¡pobre librejo! allá le envío certificada la parte mayor. Por este mismo correo va. Numere como le plazca: ahí, en continuación de lo ya enviado, le mando 77 páginas. Como gusto mucho de lo ancho, de lo elevado y de lo vasto, y en nuestra América todo lo es, tal vez abunden estas palabras repetidas: corte y saje. Como no he tenido tiempo de leer lo escrito, donde haya idea o noticia repetida, saje también. No es ese libro caso de honra literaria, pero se ha de hacer por no perder la habida.–De la publicación ¿qué he de decirle? En ella tengo interés grandísimo. Para mi inmediato porvenir, me parece imprescindible.–Solo faltan noticias de poetas y de artistas, que ya–con el pie en la movible escala del vapor, daré de prisa.–Serán treinta páginas, que irán, como estas de ahora.–En punto a envío, a Uriarte le escribo, y a V. lo digo también. Puede venir consignado cualquier objeto a Velad y Denfort, y estos lo envían a: Guatemala. Salvo mejor vía. La consignación debe hacerse por la casa de Gutheil.–Así, podrá enviarme, de mis libros viejos, los que, para la abarcadora instrucción general que intento, me hagan falta.–

Aquí, pues, pongo punto, y diciéndolo a quien más quiero en México, digo: adiós a México. ¡Si los pueblos fueran hombres, y se pudiera abrazarlos! Nada tiene su pueblo más generoso y amable que Vd., y en Vd. lo abrazo.–

Aún me quedará tiempo pa escribir sobre los cuadros de Manuel.– Siempre lo tendré para acordarme de que no son solamente hermanos los nacidos de iguales padre y madre.–Hay otros, y Carmen y yo los tenemos en mucho. Y volvemos o los esperamos. Ámennos. Bese a sus hijos.

JOSÉ MARTÍ

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