Es 26 de noviembre y se escuchan, ardientes y apasionadas en los campos de Cuba, el canto redentor de las novias que esperan, el canto creador que nos hace ver, ante el cielo gris, el más nítido de los arcoiris. Es un parto, heroico y necesario, para que perdure y sobreviva, en medio del centelleo y los huracanados vientos, la justicia. Es 26 de noviembre y allí está él, vigilante y ceñudo, como un día dijo de Bolívar. Allí está, sentado en la roca de crear, contemplando la inmensidad del glorioso espectáculo, ese que guarda celosamente la historia, que vivimos en el presente desafiante y anhelamos seguir viendo en el futuro.
Son nuestras palmas, elegantes, firmes, cuya altura ética, la de nuestros padres precursores, continuadores y hacedores de sueños, es genuina expresión del mayor, más alto y hermoso patriotismo. Es nuestro Apóstol de la independencia, es el Maestro, el guía espiritual de la nación cubana. Es José Martí, con la estrella en el sombrero, pareciéndole que ha visto cruzar una sombra colérica y sublime, pasando lista. Esa, la de la estrella en el sombrero, la que hace posible que mientras nos queden pies, nos pongamos en pie y digamos presente.
Hoy, a 132 años de aquel canto a la independencia, a la libertad, de aquella convicción hecha sentencia de que las palma son novias que esperan y en consecuencia hemos de poner la justicia tan alta como esas palmas, volvemos a Martí, a su palabra sentipensada en medio de la adversidad, del dolor infinito del presidio padecido a sus 17 años, de la hora de los hornos en que le tocó vivir. Volvemos al hombre para quien hacer es la mejor manera de decir, pero al mismo tiempo, decir es hacer si se dice a tiempo. Su palabra es acción, es símbolo del combate de ideas, de la guerra que hay que ganar a pensamiento, de la gesta por la vida, la paz, el bien, la justicia, el equilibrio del mundo.
La hora actual que vivimos precisa de una gesta por la salvaguarda de la memoria histórica, de la cultura que nos define, de la identidad que nos eleva. Una hora donde la humanidad continúa teniendo ansias de justicia, donde el odio y el cinismo ganan terreno, en un mundo cuyo equilibrio es cada vez más dudoso y lastimado, con despiadados ataques, con muertes inocentes, con oleadas de hambre, de políticas de exterminio, donde la sinrazón se presenta sin ser invitada, donde se juntan las incoherencias, donde se ensayan las más terribles prácticas colonizadoras. Una hora también de los hornos, donde no ha de verse más que la luz.
Es esa luz, la martiana, la que nos convoca. A sentipensar Cuba con el alma limpia y la razón lúcida ¿Acaso podría no serlo?, hoy todo puede ser en la incertidumbre del mañana. Hay que luchar, es el desafío eterno del yugo y la estrella, es la expresión infinita del amor como energía revolucionaria. Esta idea de Fina convertida en referente esencial de la lucha es fuego, ala y raíz. La Patria no puede padecer de bandidos enmascarados y traidores de su dignidad. La Patria es alma y vida, es lo más grande, lo que nos llena de inmenso orgullo, de eso que llamamos cubanía. Por ella, por la Patria que ha llorado a tantos hijos, que ha vivido bajo el sagrado nombre del sacrificio de quienes la aman profundamente, de quienes están conscientes de que ella necesita sacrificios, es ara y no pedestal. Se le sirve pero no se le toma para servirse de ella ¡Ay Patria mía como hacerte más feliz! ¿Cuál es la fórmula?
Nos responden las palmas, símbolos de cubanía y del más puro sentimiento de los hijos de la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto. Nos dicen cuál es la fórmula y señalan un destino: Tampa, una fecha: 26 de noviembre, un orador: José Martí, un discurso: Por Cuba y para Cuba. Hace 132 años que el misterio que nos acompaña nos dio la fórmula, como sin querer, y como indirectamente para que nos diéramos cuenta que allí, alrededor de la estrella, en la bandera nueva, estaba la fórmula del amor triunfante: Con todos, y para el bien de todos.
Eran vivas a la independencia, a cumplir con la ley primera de la República que fundaríamos una vez alcanzada la libertad. El culto a la dignidad plena del hombre nos convida a salir al camino con la adarga revolucionaria al brazo. Hoy, ante el brutal escenario de guerra cultural, de símbolos, psicológica, cognitiva, mediática. Una guerra contra la desidia, el odio, el terror, las sanciones arbitrarias, los despojos y crímenes horrendos. Y en ese camino redentor, nos custodian las palmas, nos dan sus penachos y nos señalan dónde están los enlaces continuos e invisibles de los que se va tejiendo el alma de la Patria.
Son esos enlaces los que atan fuerte la unidad revolucionaria, el decoro, el orgullo de ser cubanos, la continuidad histórica de la Revolución. Y están los pilares de la continuidad martiana, en la vanguardia de la generación de Julio Antonio y Rubén, en la del Centenario de Martí con el héroe de Cinco Palmas y el creador de un concepto que define tanto a Martí como a Fidel, y digo con toda propiedad, que lo define a él mismo. Es Armando Hart Dávalos y es la cultura de hacer política. A Fidel y a Hart los protegen las palmas. Fueron como el Apóstol hombres sinceros de donde crecen esas palmas libertarias.
Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma
Hermosa palma que acompañó siempre a Martí. Su obra nos acerca a ella con mucha fuerza, es indispensable volver sobre la obra martiana, todo el tiempo. A Martí por Martí, leyéndolo, dialogando con él, descubriéndolo en su infinita nube de ideas, de pensamiento emancipador, de sentimientos curativos, remedios para dejar atrás el bando de los que odian y deshacen y asumir con entereza el bando de los que aman y fundan. Hoy sembremos una palma, por Martí, por Fidel, por Hart, por la Patria, por nuestra América, por la humanidad, por miles de palestinos que padecen de un fascismo sin igual en la historia. Por la paz y la solidaridad, por el mejoramiento humano y la utilidad de la virtud. Que un día podamos decir que este, el 26 de noviembre, es el día de la palma real, es anhelo de los martianos de Cuba. Hoy, mañana y siempre, como dijo Martí: “¡Es el sueño mío, es el sueño de todos; las palmas son novias que esperan: y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas!”
Tomado de: https://martianoscuba.wordpress.com