Martí y Colombia, una historia por contar (+ audio)

De la relación de José Martí con los intelectuales colombianos podrá saberse mucho cuando salga a la luz el libro José Martí y la Sociedad Literaria Hispano-Americana de New York. Bosquejo de una historia, del gran investigador que fue Enrique López Mesa, texto de 399 páginas (inconcluso en algunos detalles, ante la circunstancia de su fallecimiento en 2018).

Así lo expresó la doctora Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos (CEM) este 13 de febrero de 2023, al final de su conferencia de apertura al Coloquio “Martí y Colombia”, programa vigente en esta institución hasta el día 17 de febrero que, en calidad de subsede de la edición xxxi de la Feria Internacional del Libro de La Habana, incluye conferencias y presentaciones de libros.

El original de Enrique López Mesa, previsto en el plan de publicaciones del Instituto Cubano del Libro para 2024, deberá promoverse para que sea acogido también por otras editoriales de América Latina, dijo Marlene, “por tratarse de una contribución incalculable a los estudios martianos y a la historiografía continental”.

De hecho, ya desde su condición de inédito, marcó la ruta del título José Martí y Colombia, cuya selección de textos y prólogo comparten la propia Marlene y la doctora Gladys González Martínez. Se trata de un e-book, acometido en tiempo récord por el equipo editorial del CEM en respuesta a la Feria del Libro, este año dedicada a Colombia, además de celebrar la vida de personalidades como Araceli García-Carranza Basetti y Julio Travieso, y rendir homenaje póstumo a Fina García-Marruz Badía y Antonio Núñez Jiménez.

Completar la búsqueda de la relación de Martí con ese país sudamericano, donde el prócer nunca estuvo físicamente a pesar de ser notable la resonancia de su nombre entre los intelectuales colombianos de su generación, es una apremiante labor hoy, recordó el doctor Pedro Pablo Rodríguez López, quien propuso alternativas a consideración tanto de entidades culturales cubanas como colombianas, por el mutuo beneficio cultural que representaría hallar evidencias documentales que llenen los vacíos de un vínculo de mucha trascendencia.

El panel de la sesión matutina: “Relación de Martí con los colombianos de su tiempo” comenzó con la visualización de dos videos (gracias a la colaboración de la corresponsalía de la agencia Prensa Latina en Colombia): la intervención de Enrique Santos Molano, periodista, escritor e historiador colombiano, estudioso de la vida y la obra de José Asunción Silva, poeta y escritor que conociera al prócer cubano en Nueva York y lo considerarara fundador del Modernismo.

Como detalle curioso del encuentro personal entre el Apóstol y Silva (encomendado este para recibir el ejemplar de una novela traducida por Martí), Santos Molano contó que Martí le regaló y dedicó su Ismaelillo, libro que Silva conservó hasta el fin de sus días en su mesa de noche y nunca cedió cuando le fue menester pasar sus fondos a la Biblioteca Nacional de Colombia.

En el siguiente video, el académico, coordinador del Simposio Internacional José Martí en Colombia, Josué Otto de Quesada, profesor de la Universidad Libre de Colombia, bosquejó la situación política entre conservadores y liberales de Colombia en los finales de la década del ochenta del siglo xix, contexto indispensable para referirse a la consecuente recepción de veto y aceptación que, al mismo tiempo, tuviera la revista La Edad de Oro (1889) en su país.

Sin embargo, el paso de los años, como antes recordó Santos Molano, depuró tales desaguisados. La posición de su país en relación con Martí es la más justa: se le estudia y reconoce como escritor, periodista, poeta y se respeta y venera su ideario independentista. Una prueba mencionada por él fue la declaración de 1953 como “El año de Martí”, a propósito del centenario, y la publicación de una bella estampilla que patentizó el hecho como parte de la historia de un fervor que sigue vivo en las nuevas generaciones de colombianos.

En la sesión vespertina se presentaron los e-book: Martí y Betances. Confluencias antillanas, del doctor Bedia Pulido, y Miradas desde el Derecho, del doctor Andry Matilla Correa.

 

PJM

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Polvo de alas de mariposa, como eslabón legítimo de la poesía martiana

Polvo de alas de mariposa, como eslabón legítimo de la poesía martiana, de Caridad Atencio Mendoza. Vea aquí la presentación virtual. Centro de Estudios Martianos: subsede de la XXXI Feria Internacional del Libro de La Habana.

PJM

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Rodolfo Sarracino, Premio Nacional de Historia 2023

El Premio Nacional de Historia 2023 fue concedido por la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC) al Doctor en Ciencias Históricas Rodolfo Sarracino Magriñat (La Habana, 1934) quien, hasta su reciente jubilación, fungía como investigador titular del equipo de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, en el Centro de Estudios Martianos.

El galardón, que hace justicia a su pasión por la historiografía y, en particular, a su entrega al estudio de la vida y la obra José Martí, será concedido en la Sala Nicolás Guillén, Parque Histórico Militar San Carlos de la Cabaña el próximo 14 de febrero, en el contexto de la edición XXXI de la Feria Internacional del Libro de La Habana.

El jurado estuvo presidido por la doctora en Ciencias Históricas Francisca López Civeira, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas (2022), profesora de Mérito de la Universidad de La Habana, y presidenta de la Cátedra Martiana de esa Casa de altos estudios.

Sarracino es autor de José Martí y el caso Cutting: extraterritorialidad o anexionismo (2004) y José Martí en el Club Crepúsculo de Nueva York. En busca de nuevos equilibrios (2010), y de otros títulos muy valiosos para la cultura cubana.

Ha sido acreedor de las medallas 40 Aniversario del Ministerio de Relaciones Exteriores y Playa Girón, así como de la distinción “El Amigo Sincero”, de la filial Cátedra Martiana de Guantánamo, entre otras.

La noticia ha sido recibida con beneplácito en el gremio de los investigadores y, especialmente, en el Centro de Estudios Martianos que también premió su ejecutoria en 2014 con la distinción “Pensar es servir”.

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CEM, subsede de la XXXI edición de la FILH

Del 13 al 15 de febrero de este 2023 se presentarán varios libros (en soportes digital y en papel) en el Centro de Estudios Martianos (CEM), subsede de la xxxi Feria Internacional del Libro de La Habana –evento a celebrarse desde hoy (9) que concluirá en la capital el 19 de febrero y luego acontecerá en todo el país–, dedicado a los autores cubanos Araceli García-Carranza Basetti y a Julio Travieso, y con país invitado, Colombia.

“El programa de nuestra institución incluye un homenaje especial a García-Carranza, fiel colaboradora del Anuario del CEM”, precisa Silvia Águila Fonseca –directora del grupo editorial–, “y se clausura en la Casa Víctor Hugo, del Centro Histórico de La Habana Vieja, con la entrega del no. 44 (en formato e-book) de dicha publicación”.

Las doctoras Marlene Vázquez Pérez y Gladys González Martínez (directora y subdirectora del CEM, respectivamente) presentarán (día 13) Martí y Colombia (folleto electrónico); los doctores José Antonio Bedia Pulido y Lourdes Ocampo Andina: Martí y Betances. Confluencias antillanas, de la autoría de Bedia Pulido, y Miradas desde el Derecho será comentado al público por su autor, el doctor Andry Matilla Correa.

Acerca de Versos libres. José Martí. Edición crítico-genética. Estudio introductorio y notas, de la doctora Lourdes Ocampo Andina, disertará el doctor José Antonio Baujín Pérez; la licenciada Maritza Collado Almeida lo hará de Polvo de alas de mariposa, como eslabón legítimo de la poesía martiana, de la licenciada Caridad Atencio Mendoza, mientras El ser humano en el pensamiento de José Martí, del Freddy Varona Domínguez conversarán el propio autor junto a la licenciada Niurka Alfonso Baños. Todos los títulos citados, en formato e-book.

El día 15, el doctor Mauricio Núñez Rodríguez presentará el libro Crónicas de la Casona, del licenciado Miguel Calderón Fernández, de la Universidad Nacional de Costa Rica; los autores (Dra. Marlene Vázquez Pérez y Julio Ángel Larramendi): Santander en La Habana. Hitos arquitectónicos, este último publicado por Alto Cedro, en España.

En la sede permanente de la feria, Parque Histórico Militar San Carlos de la Cabaña, el CEM estará representado en el Stand C-3 y, además, dispondrá de puntos de venta en la sede de la casona de Calzada y 4, y en la Sociedad Cultural José Martí (17 y D) “donde los lectores podrán adquirir obras de nuestro catálogo, entre ellas la muy demandada edición crítica de las Obras Completas, de José Martí”, puntualizó Águila Fonseca, quien también informó acerca de otras presentaciones en el Centro Histórico La Habana Vieja: Cuaderno de Pensamiento Crítico, no. 18: José Martí: ayer y hoy, con prólogo del doctor Pedro Pablo Rodríguez, en el Colegio de San Gerónimo, espacio Letra Digital, once de febrero. Y el 17: Silencios y recepciones: la novela de José Martí, de Mauricio Núñez Rodríguez (Editorial Letras Cubanas), en la Sala Portuondo, del Palacio del Segundo Cabo.

En nuestra subsede, precisó, se incluye coloquio y ciclo de paneles dedicados al aniversario 170 de José Martí, encuentros académicos que, desde la Sala Bolívar, precederán las presentaciones de libros.

El coloquio inicia (día 13) con la conferencia: “José Martí y las letras colombianas de la época”, en la que participarán como panelistas la doctora Marlene Vázquez Pérez, el doctor Otto Josué de Quesada, profesor de la Universidad Libre de Colombia y Enrique Santos Molano, periodista y escritor colombiano.

Al día siguiente sesionará un panel dedicado al centenario de la escritora e investigadora Fina García-Marruz Badía, en el cual intervendrán Caridad Atencio Mendoza y Lourdes Ocampo Andina. El 15 corresponde el panel: “José Martí y el pensamiento descolonizador en Latinoamérica”, con Marlene Vázquez Pérez y el licenciado Miguel Calderón Fernández, Universidad Nacional de Costa Rica.

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José Martí y Fidel Castro ante el desafío de la Roma Americana (I)

Fidel Castro ha sido el más aventajado discípulo de las ideas y la praxis revolucionaria de José Martí. No fue pura coincidencia histórica, sino que el Líder de la Revolución Cubana asumió el ideario martiano de manera consciente y entregada.

Así lo ratificó en 1985 en sus conversaciones con Frei Betto: “Yo, antes de ser comunista utópico o marxista, soy martiano; lo voy siendo desde el bachillerato: no debo olvidar la atracción enorme del pensamiento de Martí sobre todos nosotros, la admiración por Martí”.[1]

“Estas son apenas algunas pinceladas que ilustran la hondísima vocación martiana de Fidel”.

En marzo de 1949, cuando marines yanquis profanaron la estatua del Héroe Nacional en el habanero Parque Central, Fidel fue uno de los que encabezó la airada protesta frente a la embajada de Estados Unidos. En 1953 declararía a Martí como el autor intelectual de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Durante su alegato de autodefensa conocido como “La Historia me absolverá” denunció cómo le habían impedido consultar las obras de Martí, pero que no importaba, pues traía en “el corazón las doctrinas del maestro”. El primer frente en la Sierra Maestra, dirigido por Fidel, ostentaría el nombre de José Martí. Estas son apenas algunas pinceladas que ilustran la hondísima vocación martiana de Fidel, algo que parecía genético. Hoy el Líder de la Revolución descansa para siempre junto al Apóstol en el Cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba, en una piedra que alude a la conocida frase martiana que Fidel convirtió en una de las máximas fundamentales de su existencia: “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

Sobre su posición hacia Estados Unidos hay que decir, en primera instancia, que ambos fueron raigalmente humanistas, anticolonialistas y antiimperialistas, pero jamás antiestadounidenses; su política hacia la nación del Norte estuvo siempre basada en la fuerza de las ideas y los principios, no en odios y fanatismos. Con “ojos judiciales” supieron distinguir las dos Norteamérica, la de Lincoln y la de Cutting.[2] De la primera reconocieron sus virtudes y valores culturales; de la segunda —a la cual Martí llegó a nombrar como la Roma americana águila temible— no solo criticaron los aspectos políticos que más conocemos, sino también el modo de vida estadounidense que exalta la violencia, la irracionalidad y el culto desmedido hacia el dinero. Una de las primeras similitudes que encontramos entre Martí y Fidel es la monumental labor ideológica que desarrollaron para descolonizar el pensamiento que desde nuestra región exaltaba al Norte como modelo a imitar.

Con apenas 18 años Martí había hecho ya la siguiente observación:

Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento, — Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad. Y si hay diferencia de organización, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que solo puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos  se legislan? Imitemos. ¡No! —Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos. —Creemos, porque tenemos necesidad de creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras, ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes? Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más  alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa![3]

Martí vivió en Estados Unidos durante casi 15 años, y aunque Fidel no tuvo la misma experiencia, llegó a ver en sus entrañas de una manera tan aguda como lo hizo el Apóstol. En esto influyeron sus estudios y lecturas —ellas las ideas de Martí sobre Estados Unidos— y el contacto con la propia realidad, en especial la cubana, donde eran notorios los efectos más nocivos de la dominación imperialista del Norte.

Fidel llegó a convertirse en un verdadero experto en el conocimiento sobre Estados Unidos. “El país del cual sabe más después de Cuba —señaló Gabriel García Márquez— es Estados Unidos. Conoce a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo”.[4]

La estrategia revolucionaria de Fidel hacia Estados Unidos sintetiza en gran medida todo el pensamiento y la experiencia legada por José Martí, ajustada a las coordenadas de su tiempo histórico.

Uno de los grandes desvelos de Martí con relación al ya naciente imperialismo estadounidense fue la posibilidad de que este encontrara un pretexto, un recurso, para intervenir en la Isla, y de esa manera se frustrara la independencia cubana, garantía del equilibrio en las Américas y el mundo. De ahí que se planteara la necesidad de una guerra “breve y directa como el rayo”, que impidiera a tiempo que se extendieran por las Antillas los Estados Unidos. “Y una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella?”, le había escrito Martí a Gonzalo de Quesada desde 1889.[5]

Poco tiempo después le advertía: “Sobre nuestra tierra, Gonzalo, hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos, y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla, a la guerra, para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más soberbia no la hay en los anales de los pueblos libres: ni maldad más fría”.[6]

Esta fue también una de las grandes obsesiones de Fidel, evitar por todos los medios posibles un escenario que facilitara o estimulara una intervención de Estados Unidos en Cuba, que escamoteara la victoria a los rebeldes frente a la tiranía batistiana.

En los meses finales de 1958 ese peligro se hizo mayor al producirse varios incidentes, evidentemente fabricados por el dictador Fulgencio Batista y el embajador yanqui, con la intención de generar una situación que provocara la intervención de los marines en Cuba.

El primer intento tuvo lugar en julio de 1958, cuando el estado mayor de la dictadura, de acuerdo con el embajador de Estados Unidos, retiró sus tropas del acueducto de Yateritas que abastecía de agua la base naval estadounidense en Guantánamo y solicitó a las autoridades de Estados Unidos presentes en la base el envío de soldados a ese punto del territorio nacional. El propósito era generar un conflicto entre las fuerzas del Movimiento 26 de Julio y los marines yanquis, y así justificar la intervención militar. La actitud responsable, serena, y a la vez muy firme de las fuerzas rebeldes y del propio Fidel, propiciaron una solución diplomática del problema.

“La estrategia revolucionaria de Fidel hacia Estados Unidos sintetiza en gran medida todo el pensamiento y la experiencia legada por José Martí”.

Luego, para el mes de octubre de 1958, la dictadura, en su desesperación, maniobró para que la zona de Nicaro, donde estaban instaladas las plantas de níquel de compañías estadounidenses, se convirtiera en un campo de batalla que estimulara la intervención de Estados Unidos. Estos incidentes —que no fueron los únicos— y su intencionalidad serían denunciados por el Comandante en Jefe a través de Radio Rebelde.

La estrategia martiana de tomar en cuenta la correlación de fuerzas y las condiciones objetivas y subjetivas, antes de plantear abiertamente sus objetivos revolucionarios más radicales, también fue seguida por Fidel para evitar la hostilidad prematura del gobierno de Estados Unidos: “En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”, le escribía el Héroe Nacional a su amigo Manuel Mercado horas antes de caer en combate el 19 de mayo de 1895.

Después del triunfo revolucionario de 1959 se haría aún más notoria la maestría del Líder de la Revolución Cubana para evitar cualquier circunstancia que pudiera servir como excusa a Estados Unidos para intervenir militarmente en la Isla. Dentro de la estrategia martiana de organización de la Revolución en Cuba y para la futura República estuvo la de influir políticamente tanto en el pueblo de Estados Unidos como en los propios sectores de poder en ese país. Martí hablaba de la necesidad de entrar “en la lengua y hábitos del Norte con mayor facilidad y rapidez que los del Norte en las civilizaciones ajenas”.[7]

En un extraordinario libro de Rolando González Patricio, que lleva por título La diplomacia del Delegado, el autor sostiene que Martí se propuso ganar la simpatía estadounidense, “sin la cual la independencia sería muy difícil de lograr y muy difícil de mantener”.[8] Su estrategia estaba dirigida a ganar al menos el respeto del gobierno de Estados Unidos a las aspiraciones cubanas y a movilizar el respaldo moral del pueblo de esa nación.

Como parte de ese esfuerzo, no debe dejar de mencionarse el ingreso del Apóstol como socio del Club Crespúsculo de Nueva York, institución integrada por personalidades de gran influencia en los más diversos ámbitos de la sociedad estadounidense, agrupadas en esa asociación no solo por amor a la naturaleza y a la justicia, sino para encontrar respuestas a la crisis moral, ética y política en que se encontraba Estados Unidos.

No cabe duda de que Martí vio en este Club una vía importante para llegar al pueblo estadounidense con la verdad de Cuba y buscar aliados potenciales a la causa independentista de la Isla. Y no estaba equivocado, pues meses después de la muerte de Martí, en sesión regular del 9 de abril de 1896, el Club Crepúsculo aprobó una resolución favorable a los revolucionarios cubanos, donde pedía al presidente Cleveland que los reconociera como beligerantes.

Esta capacidad de influir en la sociedad estadounidense para mostrar la realidad sobre Cuba y los nobles propósitos de la Revolución, destruyendo todo tipo de estereotipos, así como falacias construidas y repetidas hasta el cansancio por los medios de comunicación hegemónicos, fue precisamente uno de los mayores éxitos de Fidel desde que se encontraba en las montañas de la Sierra Maestra.

El líder cubano recibió a numerosos periodistas estadounidenses en la Sierra, y a través de ellos, además de asestar fuertes golpes mediáticos a la dictadura, logró trasladar importantes mensajes a Estados Unidos.

Al más conocido de todos, el periodista Herbert Matthews, del New York Times, le expresó Fidel el 17 de febrero de 1958: “Puedo asegurar que no tenemos animosidad contra los Estados Unidos y el pueblo norteamericano”.  Mensajes similares trasladaría Fidel al resto de los periodistas que continuarían la senda abierta por Matthews.[9]

Mensajes conciliadores hacia el pueblo y gobierno de Estados Unidos trasladó Fidel cuando viajó a ese país en abril de 1959. Asimismo, se encargó de desmentir todo tipo de calumnias que sobre la Revolución se venían reproduciendo en los medios de comunicación occidentales y en declaraciones de representantes de la administración Eisenhower.

“Durante años el Comandante en Jefe dedicó largas horas de su apretada agenda a recibir y atender a personalidades de la política, los medios y la cultura de Estados Unidos”.

Después de producirse la ruptura de las relaciones diplomáticas en enero de 1961, el Líder de la Revolución no perdió oportunidad alguna para construir los puentes necesarios con la sociedad estadounidense y la clase política de ese país, que pudieran fomentar las tendencias favorables al cambio en la política de Estados Unidos hacia Cuba y la normalización de las relaciones.

Durante años el Comandante en Jefe dedicó largas horas de su apretada agenda a recibir y atender a personalidades de la política, los medios y la cultura de Estados Unidos.

La gran mayoría de esos visitantes regresaban a su país con una visión distinta sobre Cuba y el Líder de la Revolución, y en muchos casos se convertían en abanderados de la lucha contra el bloqueo y por la normalización de las relaciones entre ambas naciones.

Tomado de: http://www.lajiribilla.cu


Notas:

[1] Fidel y la religión, Editorial SIMAR S.A, La Habana, 1994, p. 142.

[2] Periodista mediocre y dotado de astucias perversas, fue el turbio aventurero que promovió incidentes que las fuerzas rectoras, imperialistas, de los Estados Unidos aprovecharon con el fin de desatar el conflicto que les sirvió para robarle a México más de la mitad de su territorio. Tomado de Luis Toledo Sande: “Lincoln y Cutting en una cita de José Martí”, Cubadebate, 15 de marzo de 2016 ( http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/03/15/lincoln-y-cutting-en-una-cita-de-jose-marti/#.Wmt8WzS22sw)

[3] José Martí: Cuaderno de apuntes, no. 1, Obras Completas. Edición Crítica, Centro de Estudios Martianos, t.21, pp. 15-16.

[4] Luis Báez: Así es Fidel, Casa Editora Abril, La Habana, 2009, p. 177.

[5] José Martí: “A Gonzalo de Quesada”, 29 de octubre de 1889, en Epistolario (Compilación, ordenación cronológica y notas de Luis García Pascual y Enrique H. Moreno Pla; prólogo de Juan Marinello), La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, 1993, t. II, p. 145.

[6] José Martí: “A Gonzalo de Quesada”, 14 de diciembre de 1889, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, t. 6, p. 128.

[7] Cita de Gonzalo de Quesada y Aróstegui en el volumen 6, “Hombres”, de la Colección Obras de Martí, p. 6. Tomado de: Emilio Roig de Leuchsenring. Martí, antiimperialista. Ministerio de Relaciones Exteriores, Segunda Edición Notablemente Aumentada, La Habana, 1961, p.39.

[8] Rolando González Patricio: La diplomacia del Delegado. Estrategias y tácticas de José Martí. 1892-1895, Editora Política, La Habana, 1988, p. 64.

[9] Entre el 23 y 28 de abril del propio año, el periodista de la cadena televisiva estadounidense CBS (Columbia Broadcasting Systems), Robert Taber (Bob), en unión con el camarógrafo Wendell Hoffman, realiza un reportaje que apareció el 18 de mayo de ese mismo año por la CBS. Se trató de un documental de media hora de duración titulado Rebeldes en la Sierra Maestra, cuya secuencia final fue realizada en el Pico Turquino el 28 de abril, con Fidel y Raúl al frente de los guerrilleros cantando el Himno Nacional. Al mes siguiente, el 17 de mayo, Fidel fue entrevistado por el periodista estadounidense Andrew Saint George. La entrevista apareció en la revista Look bajo el título “Dentro de la Revolución Cubana”. En enero de 1958, Fidel concedió también una entrevista al periodista Hoomer Biggart. La entrevista se publicó el 27 de febrero en el New York Times.  En ese propio mes apareció en la revista estadounidense Coronet el artículo “¿Por qué luchamos?”, bajo la firma de Fidel.

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Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí en la XXXI Feria Internacional del Libro

La Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, se inscribe indefectiblemente en el programa de la XXXI Feria Internacional del Libro Cuba 2023, cuyo capítulo habanero se verificará entre los días 9 y 19 del presente mes en la antigua fortaleza de San Carlos de la Cabaña y en otros puntos de la capital del país.

El proyecto más importante del Centro de Estudios Martianos, se integra en el gran suceso cultural cubano, donde también concurren las celebraciones por los 170 años del natalicio del Apóstol de la independencia. Como discurre el sujeto lírico, el homenaje parece ir y desandar rutas desde todas partes.

El Director General de la Edición Crítica, el investigador y profesor titular, el periodista y Doctor en Ciencias Históricas Pedro Pablo Rodríguez López, sostuvo que tal vez a la luz de la Grafología, sería posible determinar estados de ánimo del héroe al estudiar sus manuscritos, aunque -según sus palabras- lo más significativo es la intención de Martí de que no se le escape ninguna idea, al ser siempre el pensamiento más rápido que la mano.

El Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2009, el investigador, ensayista, profesor y periodista cubano Pedro Pablo Rodríguez López, dirige el equipo de la Edición Crítica de las Obras Completas del Apóstol de Cuba, una tarea iniciada por los premios nacionales de Literatura Cintio Vitier Bolaños y Fina García-Marruz Badía.

Incluida en el gran catálogo de la inminente XXXI Feria Internacional del Libro Cuba 2023, la Edición Crítica expone el proceso creativo de José Martí desde sus manuscritos e impresos conocidos hasta ahora, publicados en tomos estructurados en virtud de fechas, temas, géneros, en correspondencia con la línea de pensamiento del Maestro y su propia evolución, que transitó simultáneamente con su mester político, periodístico y literario.

Tomado de: https://www.radiorebelde.cu

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Una autora y dos obras (Marlene Vázquez Pérez en Sábado del libro)

Dos libros de la autoría de la reconocida escritora e investigadora del Centro de Estudios Martianos, Marlene Vázquez Pérez: De surtidor y forja. La escritura de José Martí como proceso cultural y Santander en La Habana. Hitos arquitectónicos. Véalo aquí, en este Sábado del libro virtual, como adelanto de la XXXI edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana

(PJM)

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Desde su altura: José Martí, en Cuba y el mundo

La tradicional celebración de la fecha de nacimiento de José Martí (28 de enero) en Cuba y en el mundo tuvo, en este 2023, la peculiaridad del exitoso cierre de la jornada que inició doce meses atrás y concluyó con la clausura del evento internacional en honor a su memoria: la V Conferencia Internacional Por el equilibrio del mundo, con participación de miles de voces de estudiosos de 90 países de todos los continentes, en foros enaltecedores de la vida y obra del prócer, regidos por la premisa “Con todos y para el bien de todos”.

En la Universidad de La Habana, cientos de jóvenes reeditaron la Marcha de las Antorchas (realizada en 1953 por la Generación del Centenario), desde la Escalinata universitaria hasta la Fragua Martiana, acompañados por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, el presidente del país, Miguel Díaz-Canel, autoridades del gobierno y el Partido Comunista de Cuba, así como delegados cubanos y extranjeros del citado encuentro desarrollado en el Palacio de Convenciones, del 24 al 28 de enero.

Al mismo tiempo, sesionaron Cátedras martianas de universidades cubanas, programas novedosos en centros educativos, exposiciones en la Biblioteca Nacional José Martí, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y en diversas galerías del país.

En varios países latinoamericanos se recordó el legado martiano a partir de seminarios y conferencias, como en Santiago de Chile, con un programa dentro de la Semana Martiana organizada por el Movimiento Chileno de Solidaridad con Cuba; en Costa Rica, con la conferencia magistral “Vigencia del pensamiento de José Martí en la hora actual de América Latina y el Caribe” –en el Salón de expresidentes de la Asamblea Legislativa, en acto organizado por el Grupo Parlamentario de Amistad con Cuba y la Embajada de Cuba en Costa Rica–; y en Bogotá –Gran Logia Masónica de Colombia–, con participación del estudioso cubano Pablo Guadarrama González, Doctor en Ciencias por la Universidad Central “Marta Abreu”, de Santa Clara y de Filosofía por la Universidad de Leipzig; Luis Bernardo Díaz, presidente de la Casa de Boyacá de Solidaridad con Cuba y director de Maestría de Derechos Humanos de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia; José Ignacio Mejía, gran secretario de la Logia, y Javier Caamaño, embajador de Cuba en ese país.

En Bakú, Azerbaiyán, se inauguró una exposición de pintura en la sede de la misión diplomática cubana, con obras de los artistas Daniela Pereira (cubana) y de Arif Huseinov, presidente de la Asociación de Amistad Azerbaiyán-Cuba. En la Casa Central de los Científicos rusos en Moscú se dedicó una mesa redonda al tema “José Martí y Vasili Vasilievich Vereschagin”, y se propuso emplazar en esa capital un monumento de amistad entre los dos pueblos, partiendo de la figura del prócer cubano y el pintor ruso, a quien Martí dedicara atención en sus crónicas de arte.

También, entre otras muchas actividades, fueron celebradas ceremonias en Santa Cruz, Bolivia; en Montevideo, Uruguay; en Bogotá, Colombia; en China, y en Vientiane, Laos, país que, por primera vez estuvo representado en la V Conferencia Por el Equilibrio del mundo.

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José Martí y la muerte

No han sido pocos los que han sentenciado como inútil, que quien se convirtió en el líder político, en el unificador de fuerzas, en el precursor de la guerra necesaria, saliera al campo de batalla y ofreciera su pecho a las balas enemigas, que terminaron apagando su vida.

Sin embargo, esas personas no lograron comprender que no fue ni la vanidad ni el orgullo lo que motivaron a José Martí a cabalgar contra las ráfagas colonialistas españolas, sino su indiscutible valentía y su firme convicción de darle a Cuba la independencia y libertad por la que tanto se había luchado. Su total arrojo no sólo florecía para su verbo; porque estaba convencido que “la vida se ha de llevar con bravura y a la muerte se le ha de esperar con un beso”. (1)

Eusebio Leal Spengler, que fue merecidamente reconocido como el historiador de la ciudad de La Habana, durante el discurso de clausura de la III Conferencia Internacional Por el Equilibrio del Mundo, en el Palacio de Convenciones, el 30 de enero de 2013 dio un objetivo juicio al decir que “José Martí es el hombre que, desde la humildad de su cuna, llega a ser considerado el primero entre nosotros; aquel que con palabras llenas de ternura y con una singular espiritualidad que no admitió el yugo de ningún condicionamiento, defendió la libertad, el derecho a pensar, la justicia social;  aventuró, como el principal dilema de su propio pueblo, desatar las cadenas que ungían al yugo de la esclavitud a una parte de la humanidad sobre el suelo de Cuba.” (2)

El héroe nacional creyó en la obra humana, en la creación profunda del trabajo, en la inteligencia que construye y forja, en el abono que brinda inspiración, en el desprendimiento, el desafío y en la siembra cuya cosecha es sol en la próxima mañana.

José Martí cree en la inmortalidad; pero no en esa que abre cielos de abundancias por seres olímpicos, ni la que se impone para apisonar la tierra con el peso de un tallado trozo de mármol, ni la que se busca por la vanagloria que nace de alardes u oportunismos, ni por la que nace del ego apilado y se cree templo. Martí no cree en la mortalidad que tuerce la verdad por oscuras mezquindades o para sostener falsedades; sino que cree en esa que se consigue con la trascendencia terrenal, que va más allá de la vida física. José Martí cree en el ejemplo que sirve de escuela, forjador de valores, que se vuelve guía para las futuras generaciones.

“Otros lamentan la muerte necesaria: yo creo en ella como la almohada y la levadura, y el triunfo de la vida” (3); así lo dejó claro en el justo homenaje que dio el apóstol a los 8 inocentes estudiantes de primer año de Medicina de la Universidad de La Habana, cuyas vidas fueron truncadas por la barbarie del colonialismo español.

Igualmente, dio reconocimiento a quienes se alzaron con bravo patriotismo desde 1868 y a todos aquellos que la carne les ardió con el encierro político, la tortura y/o la deportación, como lo sufrió en sí mismo.

No le faltaban razones al maestro cuando sentenció que “la vida humana sería una invención repugnante y bárbara, si estuviera limitada a la vida en la tierra” (4); porque de ser así, habría sido inútil toda la sangre que dio luz los pinos nuevos, que levantó los bríos y lanzó a los estrujados a esas rudas cabalgatas al canto de ¡a degüello!, mientras los corazones sobre el campo rebelde estaban henchidos, al ver pasar nuestra bandera, cubanísima, ondeando en la contienda.

¿Con qué moral se puede afrontar la vida, mientras la Patria llora, si las palabras se vuelven en un simple escondrijo, donde camuflar la falta de valor para saludar a la muerte?

Por supuesto, el apóstol no deseaba dejar inconclusa la carta que escribía a su amigo Manuel Mercado. Había mucho que decir sobre las tareas que faltaban por llevar adelante, por alertar sobre el monstruo imperialista que ya extendía sus zarpas sobre los pueblos de Nuestra América; pero también era necesario sellar sobre la tierra, como ya lo hacía sobre el papel, que la Revolución no se acababa con su muerte.

“Del semillero de las tumbas levántese impalpable, como los vahos del amanecer, la virtud inmortal, orea la tierra tímida, azota los rostros viles, empapa el aire, entra triunfante en los corazones de los vivos: la muerte da jefes, la muerte da lecciones y ejemplos, la muerte nos lleva del dedo sobre el libro de la vida: ¡Así, de esos enlaces continuos invisibles, se va tejiendo el alma de la patria!” (5)

¡De cuánta razón martiana se nutre hoy nuestra Revolución socialista!

Notas:

(1)     “Henry Ward Beecher, su vida  y su oratoria”. F/F. O.C. 13:33

(2)    http://www.eusebioleal.cu/curriculum/intervenciones/por-el-equilibrio-indispensable-del-mundo/

(3)    “Discurso pronunciado en conmemoración del 27 de noviembre de 1871. Tampa, noviembre 27 de 1891. O.C. 4:283

(4)    “Prólogo a ‘poema del Niágara’, de Juan Antonio Pérez Bonalde”. NY, 1882. O.C. 7:236

(5)    “Discurso pronunciado en conmemoración del 27 de noviembre de 1871. Tampa, noviembre 27 de 1891. O.C. 4:284

Tomado de: https://antorchae.blogspot.com

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De la política martiana

“Lo real es lo que importa, no lo aparente.  En la política, lo real es lo que no se ve.  La política es el arte de combinar, para el bienestar creciente interior, los factores diversos u opuestos de un país, y de salvar al país de la enemistad abierta o la amistad codiciosa de los demás pueblos.” 

José Martí, 1891.[1]

De nosotros hay que partir, para llegar a nosotros mismos, pues solo seremos universales cuando seamos auténticos. Estas frases nos vienen de la década de 1960, cuando el triunfo de la revolución cubana reanimó en nuestra América el proceso de construcción de su propia identidad en el sistema mundial, iniciado a fines del siglo XIX por la generación de intelectuales y políticos en la que José Martí fue el primero entre sus iguales. Hoy su valor se renueva al calor de las movilizaciones sociales que vienen anunciando las exequias del neoliberalismo en nuestras tierras.

Esas exequias incluyen las de una concepción y una práctica de la política tan rígida en sus límites y sus procedimientos como una celda lo es en su espacio y sus muros, que dificulta y corrompe los procesos del cambio que todas nuestras sociedades demandan. Esta circunstancia tiene doble remedio. Por un lado, atender a los hechos que van definiendo el presente, cuando la movilización social arremete contra esos muros en Perú, como antes lo hiciera en Chile y Colombia. Por el otro, atender a las raíces de nuestra cultura política contemporánea.

Esa raíz se remonta a la lucha contra el Estado liberal oligárquico en que devinieron nuestras repúblicas tras consolidar su independencia. Para entonces, la presencia en América de las últimas dos colonias de España en América – Cuba y Puerto Rico -, dio lugar a una situación en la cual la lucha por su independencia en la transición del siglo XIX al XX tendía a traducirse, además, en el punto de partida para la creación de repúblicas en las que la soberanía nacional fuera expresión clara y directa de la soberanía popular. Tal fue la circunstancia en la que José Martí desarrolló su pensar y su hacer en materia política.

La formación política de José Martí, gestada a partir de su oposición juvenil al colonialismo español en Cuba – que le costó el presidio político, primero, y el destierro a España después -vino a encontrar sus primeras concreciones a partir de su exilio en México entre 1875 y 1876. Allí, en contacto y colaboración con una joven generación de liberales de orientación democrática, pudo someter a prueba y debate sus convicciones, e iniciar el desarrollo de un pensar y un hacer político que enriquecería a todo lo largo de su vida.

Desde esa experiencia, en aquella primera fase de su formación, podía entender como propia la “gran política universal […]: la de las nuevas doctrinas.”[2]  Y al propio tiempo, lejos de encerrarse en el contenido abstracto de esas doctrinas nuevas, las examinaba a la luz de dos problemas característicos de la política en nuestra América.

Por un lado, le parecía evidente que un progreso “no es verdad sino cuando invadiendo las masas, penetra en ellas y parte de ellas”, por lo cual los apóstoles de las nuevas ideas “se hacen esclavos de ellas.”[3] Por otro, el ejercicio de ese apostolado llevaba a Martí a coincidir con su amigo mexicano Manuel Mercado en que “el poder en las Repúblicas sólo debe estar en manos de los hombres civiles. Los sables, cortan. – Los fracs, apenas pueden hacer látigos de sus cortos faldones. -Así será.”[4]

Para la década de 1880, la visión de lo político en Martí se ve enriquecida en la medida en que se involucra de lleno en los complejos problemas de la política cubana, y desde esa preocupación fundamental se acerca a los de la latinoamericana y la norteamericana. Así, para 1883, atendiendo a lo que el papa Francisco calificaría 130 años después como la superioridad de la realidad sobre la idea,[5] señala que lo solución a los problemas de sciedad “viene de suyo”, y agrega:

Cual sea, bueno es discutirla: predecirla, es vano. La que deba ser será. Darle forma prehecha, sería deformarla. Como cada pensamiento trae su molde, cada condición humana trae su expresión propia. Lo que importa no es acelerar la solución que viene: lo que importa es no retardarla.[6]

A partir de allí, y ya desde la convicción de que no había en nuestra América batalla “entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”[7], y de que no podría haber en Cuba otro camino a la independencia que el de la lucha de todo el pueblo contra el colonialismo y por la soberanía,  plantearía que la política “es la verdad”, entendiendo por tal “el conocimiento del país, la previsión de los conflictos lamentables o acomodos ineludibles entre sus factores diversos u opuestos, y el deber de allegar las fuerzas necesarias cuando la imposibilidad patente del acomodo provoque y justifique el conflicto.”[8]

El pensar que produjo ese pensamiento era a un tiempo histórico y sistémico; siempre bien informado, con especial dominio de lo político en su relación con lo económico y lo cultural, y realista, pero no pragmático. Así, por ejemplo, para 1885 plantea que “En plegar y moldear está el arte político.  Sólo en las ideas esenciales de dignidad y libertad se debe ser espinudo, como un erizo, y recto, como un pino.”[9]

Desde nuestros debates de hoy, cabe decir así que Martí es al liberalismo oligárquico lo que Gramsci fue al estalinismo dogmático. En esta perspectiva – también desde Gramsci -, la política martiana hace parte de “una concepción nueva, independiente, original, pese a ser un momento del desarrollo histórico mundial, es la afirmación de la independencia y de la originalidad de una nueva cultura en incubación, que se desarrollará al desarrollarse las relaciones sociales.”[10]

En ese desarrollo tuvo un importante papel la pedagogía política ejercida por Martí desde el periódico Patria, órgano del Partido Revolucionario Cubano.  Así, el artículo “La Política”, publicado en marzo de 1892 -cuando avanzaba la construcción de un movimiento independentista de amplia base social, dotado de un programa correspondiente a la complejidad de sus propósitos-, reitera que para quienes “desean sinceramente una condición superior para el linaje humano” no cabe una política que tenga por objeto “cambiar de mera forma un país, sin cambiar las condiciones de injusticia en que padecen sus habitantes”. Por el contrario, añade, no puede haber lugar para la indiferencia o el rechazo a la acción política, pues

Cuando la política tiene por objeto poner en condiciones de vida a un número de hombres a quienes un estado inicuo de gobierno priva de los medios de aspirar por el trabajo y el decoro a la felicidad, falta al deber de hombre quien se niegue a pelear por la política que tiene por objeto poner a un número de hombres en condición de ser felices por el trabajo y el decoro.[11]

Tal es lo fundamental de su legado. Tal, lo fundamental de nuestra tarea si aspiramos a merecer ese legado en esta época de transición, en la que el sistema internacional que sustituyó al colonial a partir de 1950 se desintegra ante nuestros ojos, y renueva una vez más la batalla entre la falsa erudición y la naturaleza.

 

Alto Boquete, Panamá, 3 de febrero de 2023

 

[1]  “La Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América”. La Revista Ilustrada, Nueva York, mayo de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 158.

[2] “A Joaquín Macal” “[Guatemala] 11 de abril de 1877”. VII, 98.

[3] “Reflexiones destinadas a preceder los informes traídos por los jefes políticos a las conferencias de mayo de 1878”. OC, VII, 168-169.

[4] Carta a Manuel Mercado. 10 de noviembre [1877]. XX, 33.

[5] Franciso (2013): Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium sobre el anuncio del Evangelio en la era actual. 231-233. “La realidad”, dice Francisco, “simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad.” Y agrega: “La idea —las elaboraciones conceptuales— está en función de la captación, la comprensión y la conducción de la realidad. La idea desconectada de la realidad origina idealismos y nominalismos ineficaces, que a lo sumo clasifican o definen, pero no convocan. Lo que convoca es la realidad iluminada por el razonamiento.”

[6] “Prólogo” a Cuentos de Hoy y de Mañana, por Rafael Castro Palomares. La América, Nueva York, octubre de 1883. V, 107.

[7] “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. VI, 17.

[8] “Ciegos y desleales” . Patria, Nueva York, 28 de enero de 1893. II, 215.

[9] “Cartas de Martí”. La Nación, Buenos Aires, 15 de julio de 1885.X, 250.

[10] Gramsci, Antonio: Introducción a la filosofía de la praxis. Selección y traducción de J. Solé Tura

https://marxismocritico.files.wordpress.com/2011/11/introduccion-a-la-filosofia-de-la-praxis.pdf

[11] “La Política”. Patria, Nueva York, 19 de marzo de 1892. I, 336.

Tomado de: https://connuestraamerica.blogspot.com

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