El primer ministro de Cuba, Manuel Marrero, evocó hoy la carta inconclusa que escribió José Martí, hace 128 años, en la cual advirtió sobre las intenciones de Estados Unidos de apoderarse de la isla.
El jefe de Gobierno destacó en Twitter que la misiva dirigida al mexicano Manuel Mercado, aun continúa vigente “cuando vivimos en un escenario tan complejo, asfixiados por el bloqueo recrudecido”.
En el texto, considerado su testamento político, Martí alertó sobre los apetitos expansionistas de Estados Unidos y la existencia de una corriente anexionista en la sociedad de la isla ajena al clamor libertario.
El Héroe Nacional expresó su voluntad de morir por alcanzar esa libertad que sostendría también la soberanía de otros países de América Latina y el Caribe.
Impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, «y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia”, escribió.
Por su encomiable y sostenida labor profesional en la difusión de la vida, la obra y el pensamiento martianos, la doctora María Caridad Pachecho González, subdirectora del Centro de Estudios Martianos, fue galardonada con la más importante distinción que entrega la institución: “Pensar es servir”.
Pacheco agradeció el privilegio como vínculo espiritual con todas las personas con quienes, dijo, se ha sentido acompañada desde la época de fundación del Seminario de Estudios Martianos, entre ellos “intelectuales imprescindibles como Armando Hart Dávalos, Fina García-Marruz, Cintio Vitier, Ramón de Armas, Salvador Arias cuyos nombres prestigian un centro como este”.
El momento coincidió con su jubilacion luego de 23 años de excelente desempeño, armonizando tareas de dirección e investigación en las que, comentó, continuará colaborando.
El acto de entrega de la distinción aconteció en el Centro de Estudios Martianos (CEM), durante la clausura del Coloquio Internacional “José Martí: un hombre de todos los tiempos”, con participación de Alpidio Alonso, ministro de Cultura.
En la clausura, el doctor Pedro Pablo Rodríguez López, impartió una conferencia magistral fruto de precisos estudios buscando referencias y alertas en los textos martianos (“son centenares, aseguró”) ante el peligro que representaba el Canal de Panamá para Centroamérica, asunto que, explicó Pedro Pablo, se convirtió en uno de los esenciales del Apóstol en su lucha contra el imperialismo yanqui y que, como siempre, supo tratar con inteligente y exquisita prosa.
Luego de tres días de valiosos debates en el coloquio (10-12 de mayo), Marlene Vázquez Pérez, agradeció a los participantes, reconoció a quienes garantizaron el feliz desenvolvimiento del evento y compartió el primer aviso de la convocatoria del coloquio del próximo año, ya aprobada en el Consejo Científico del CEM: “El modernismo de José Martí” con varias áreas de trabajo de mucha riqueza que incluirán poesía, periodismo, ensayística y oratoria.
El colofón del acto fue la interpretación de dos piezas de la estudiante de tercer año de violín de la Escuela Elemental de Música Manuel Saumell, Keyla Morera: Cultivo una rosa blanca y Bésame mucho.
El Coloquio Internacional “José Martí: un hombre de todos los tiempos”, organizado y desarrollado en días recientes (10-12 de mayo de 2023) en el Centro de Estudios Martianos (CEM) ponderó, una vez más, la valía de una institución creada para promover el estudio de la vida y la obra del prócer cubano en la Isla, designio que cada día consigue extender más allá de las fronteras físicas de nuestro país.
Con la sencillez, sobriedad y modestia –que le son esenciales desde su fundación el 19 de julio de 1977– y, a la vez, poniendo de manifiesto la lucidez y el talento de que hacen gala los profesionales que integran la nómina del CEM, el Comité Organizador del Coloquio dio cauce a un interesante programa de intercambios académicos entre investigadores de varias ciudades cubanas y del mundo (con trasmisiones directas desde nuestra plataforma digital), jornadas que han generado comentarios satisfactorios en los medios de comunicación y en las redes sociales.
Momentos muy especiales del jueves 11 de mayo fueron la conferencia del estudioso Jacques F. Bonaldi: “Las últimas lecturas de Martí y la traducción de textos de autores franceses”, tanto para quienes tuvieron la posibilidad de participar en la sala en calidad de espectadores o entre quienes accedieron y aún pueden hacerlo desde aquí, así como los paneles dedicados a la poeta cubana, escritora, investigadora y fundadora del CEM, Fina García-Marruz y al sociólogo y politólogo mexicano, doctor Pablo González Casanova. En el primero de los paneles participaron las doctoras Mayuli Morales Faedo (Universidad Autónoma Metropolitana de México) y Marlene Vázquez Pérez (directora e investigadora del CEM). Y en el segundo, los doctores Mario Alberto Nájera Espinosa (Universidad de Guadalajara), Andrés Fábregas (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social) y Pedro Pablo Rodríguez López (jefe de equipo de la Edición Crítica en el CEM).
El viernes 12, último día de sesiones, se visualizó la intervención “Nuestra América: José Martí: cronista del futuro”, de la Dra. Lilliana Weinberg, del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (UNAM) y en la clausura el doctor Pedro Pablo Rodríguez López centró su discurso en el tema : “José Martí ante el canal Centroamericano: previsiones y prevenciones”.
Como registro de tres días de sesiones es válido anotar el espacio dedicado a presentaciones de libros digitales (sello editorial del CEM), además de un buen número de conferencias presenciales y virtuales sintetizadas en esta nota.
Miércoles 10 de mayo: Temas de actualidad tratados por los licenciados Lil María Pich, Yusuam Palacio Ortega (Oficina del Programa Martiano, OPM); Dra. Gladys González Martínez (subdirectora del CEM); Karthika Sajeev Changam (Eight Goals One Fundation) y el periodista Jorge Hernández Álvarez (Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina).
La relación de Martí con México fue abordada por los doctores mexicanos Mario Alberto Nájera Espinoza (Universidad de Guadalajara) y Andrés Fábregas (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social). “Martí y la prensa mexicana. Notas para un periodismo contrahegemónico” (MSc. Laura Rodríguez de la Cruz, CEM). Y temas históricos como “Presencia del ideario político martiano en dos de sus contemporáneos” (Dr. Ibrahim Hidalgo, CEM) y “La justicia social en el pensamiento de José Martí”, Dra. María Caridad Pacheco González (subdirectora del CEM).
Acerca de la prosa martiana disertó el doctor Mauricio Núñez Rodríguez (CEM): “José Joaquín Palma desde la mirada de José Martí”; los licenciados Maritza Collado Almeida (CEM): “Semiótica del juego en la sociedad capitalista. Comparación entre los paradigmas de los juguetes de La Edad de Oro y de Toy Story”; Dunia Roca (Museo de Bellas Artes): “La animalización del sujeto moderno en las Escenas norteamericanas” y Miguel Alejandro Jerez Oliva (CEM): “Lucía Jerez: un lienzo del siglo XIX”.
Jueves 11 de mayo: Bajo el tema “El lirismo de José Martí”, los investigadores del CEM: Dra. Carmen Suárez León, Caridad Atencio y David Leyva González, expusieron, respectivamente, “La lírica de José Martí”, “La poesía encarnando en la realidad: Algunas precisiones sobre el estilo en los Diarios de Campaña de José Martí” y “Martí, Courbet y el ciervo herido”.
Temas históricos trataron el doctor José Antonio Bedia, Yilianis Bao, MSc. Sandra de la Caridad Gómez Cisneros, Noel A. Nápoles (CEM) y MSc. Iván Alejandro Álvarez Abascal (Instituto Superior de Arte, ISA). Tópicos relacionados con la mujer, la ética y la formación universitaria en la prosa martiana: Dailet Arteaga Fernández y Daniela Milán Riquet (Universidad de La Habana, UH), doctor Adalberto A. Ronda Varona (CEM), MSc. Irina Pacheco Valera (revista Opus Habana), Dra. Tania Rosa Ruiz González (Universidad Agraria de La Habana), Dariana Beatriz Acuña Polledo (Comité Nacional de la UJC) y Dr. Edmundo de Jesús de la Torre Blanco (Universidad de las Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona).
Viernes 12 de mayo: “Recursos para leer a Martí: función de un glosario” (profesores de la UH: doctora Marlen Domínguez Hernández, MSc. Loisi Sainz Padrón y Alexander Puente Hernández, expuesto por este último autor; así como un adelanto de estudios en proceso (“José Martí en los archivos del Colegio San Pablo. Formación humanista”), de la doctora Lourdes Ocampo Andina (CEM). Además: “Inmenso y grave beso de los mundos. Las civilizaciones de Martí”, de José Oriol Marrero Martínez (Centro de Investigaciones de Política Internacional, CIPI); “José Martí: un invaluable promotor de la lectura de su tiempo”, de Dulce María Bejerano, Paola Sánchez Valdés y Sofía Isabel Alonso Díaz (Biblioteca del CEM) y “Del modernismo literario a la oratoria de José Martí”, Mariana Pérez Ruiz (CEM).
El panel de estudiantes de la UH dio muestras de una profunda formación martiana: Cynthia Cordero (“La valoración como estrategia discursiva en textos de José Martí sobre el sujeto femenino”); Chantal Cardoso (“Una mirada al género de la crónica de boletines, apuntes de viaje y textos catalogados propiamente como crónicas escritos por Martí entre 1875 y 1883”) y Camilo González García (“Hacia una métrica de la prosa martiana. Extranjero”).
Los ejercicios de pensamiento en torno a José Martí continuaron con autores como MSc. Jorge Aurelio Hernández Ibáñez (Universidad de las Ciencias informáticas); doctor Freddy Varona (UH); Melani Santiesteban (CEM); Odet Knight Romero y Pedro Mediavilla Knight (Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas); Raúl Escalona Abella (Sociedad Cultural José Martí, SCJM); Ing. Claudia Urrutia Arcelu Sarduy, MSc. Ayleen Pérez Borges y Rubén Pastor Avello Peña (Universidad Carlos Rafael Rodríguez, de Cienfuegos).
A la vez, durante esos tres días, se actualizaban presentaciones en la sala virtual: intervenciones de Silvia Alberti (Cuba-Puerto Rico); Megumi Matsueda (School of Global Studies of Tokyo University of Foreign Studies); doctor Osmar Sánchez Aguilera (Universidad del Claustro de Sor Juana, México); Limari Rivera Ríos (Universidad de Puerto Rico); doctor José Gomáriz (Universidad Estatal de La Florida); Virginia Troncoso, Nathalia Franduzzi Clancaglini, María Eugenia Chedrese (Universidad Nacional del Sur; Argentina); Adriana C. Rodríguez y Juan Francisco Coletta (Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre Nuestra América, CEINA, Argentina) y MsC. Hayled M. Reyes Martín (Universidad Autónoma de Zacatecas).
Y con los ponentes cubanos: Viviana Cristina Alfonso Hernández (CEM); MSc. María del Carmen Ramos Morales, MSc. Osneidy León Bermudez, Odette Torres Sánchez, MSc. Yaima Martínez Alemán, Lien Morales Aguilera y Arelys M. Pérez Ruiz (Universidad Central Marta Abreu); Arlettis Carballo Pérez y MSc. Maite Pérez Alarcón (Universidad de Ciencias Médicas); MSc. Adriana Mari Benítez (Unión de Historiadores de Villa Clara); María de los Ángeles Quirantes y Ricardo Gil Molina (Universidad de Matanzas); MSc. Iraudis Rivera (Universidad de Guantánamo); Arnaldo A. Delgado Fernández, Cyntia Ibatao Ruiz, Israel Escalona Chadez, Namilkis Rovira Suárez, Dr.C. Yamil Sánchez Castellanos, Dr. Omar Guzmán Miranda, Dra. Tamara Castellanos, MSc. Yenisey López Cruz, doctor Jorge Miguel Puente Reyes, doctora Damaris A. Torres Elers, MSc. Lianne Céspedes Villalón (Universidad de Oriente); Julio César Araújo Espinosa (Universidad de Ciencias Pedagógicas José de la Luz y Caballero, de Holguín); Eliecer Lastres Rodríguez (Universidad de Granma); MsC. Roberto Francisco Unger Pérez y Dra. Odalys González Hernández (Universidad Jesús Montané Oropesa, de Isla de la Juventud); Yuliet Ramírez Cruz, Ana Isabel Torres Gutiérrez, Dra. Odalis Gonzáles Hernández (Cátedra Martiana, Isla de la Juventud) y Lisbet la Rosa Moracén.
“Defender el legado de José Martí: ser coherentes entre prédica y acción, más respetuosos y centrados en nuestros deberes y responsabilidades, cimentar el amor entre todos los seres humanos y construir una cultura de paz”, fue el mensaje de bienvenida que la doctora Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos compartió con los participantes del Coloquio Internacional “José Martí: un hombre de todos los tiempos”, evento que sesiona en la institución hasta mañana viernes 12 de mayo en modalidades presencial y virtual.
Temas de actualidad en Cuba acerca del estudio de la obra martiana en el ámbito popular y los conceptos de Martí revolucionario y periodista fueron tratados por los licenciados Lil María Pich, Yusuam Palacio Ortega (Oficina del Programa Martiano); así como por la Dra. Gladys González Martínez (subdirectora del CEM); Karthika Sajeev Changam (Eight Goals One Fundation) y el periodista Jorge Hernández Álvarez (Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina).
En la relación de Martí con México centraron sus intervenciones los doctores mexicanos Mario Alberto Nájera Espinoza (Universidad de Guadalajara) y Andrés Fábregas (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social). También se presentaron las conferencias “Martí y la prensa mexicana. Notas para un periodismo contrahegemónico” (MSc. Laura Rodríguez de la Cruz, CEM); “Presencia del ideario político martiano en dos de sus contemporáneos” (Dr. Ibrahim Hidalgo, CEM) y “La justicia social en el pensamiento de José Martí”, Dra. María Caridad Pacheco González (subdirectora del CEM).
Sobre la prosa martiana, intervinieron el doctor Mauricio Núñez Rodríguez(CEM) con su estudio: “José Joaquín Palma desde la mirada de José Martí”; los licenciados Maritza Collado Almeida (CEM): “Semiótica del juego en la sociedad capitalista. Comparación entre los paradigmas de los juguetes de La Edad de Oro y de Toy Story”; Dunia Roca (Museo de Bellas Artes): “La animalización del sujeto moderno en las Escenas norteamericanas” y Miguel Alejandro Jerez Oliva (CEM): “Lucía Jerez: un lienzo del siglo xix”.
El espacio virtual acogió intervenciones de Arlettis Carballo Pérez y MSc. Maite Pérez Alarcón (Universidad de Ciencias Médicas); MSc. Iraudis Rivera (Universidad de Guantánamo); Silvia Alberti (Cuba-Puerto Rico); MSc. Yenisey López Cruz (Universidad de Oriente); doctor Jorge Miguel Puente Reyes (Universidad de Oriente); doctora Damaris A. Torres Elers (Universidad de Oriente); Viviana Cristina Alfonso Hernández; Megumi Matsueda (School of Global Studies of Tokyo University of Foreign Studies); doctor Osmar Sánchez Aguilera (Universidad del Claustro de Sor Juana); Limari Rivera Ríos (Universidad de Puerto Rico); doctor José Gomáriz (Universidad Estatal de La Florida); Virginia Troncoso (Universidad Nacional del Sur, Argentina); MSc. Lianne Céspedes Villalón (Universidad de Oriente); Yuliet Ramírez Cruz, Ana Isabel Torres Gutiérrez, Dra. Odalis Gonzáles Hernández (Cátedra Martiana Isla de la Juventud) y Lisbet la Rosa Moracén.
El Centro de Estudios Martianos abre sus puertas hoy (10 de mayo 2023) al Coloquio Internacional que cada año reúne a investigadores en torno a ideas que definen la personalidad del Apóstol.
En esta oportunidad el evento se reconoce en el concepto “José Martí: un hombre de todos los tiempos”, dedicado al aniversario 170 del nacimiento del prócer y sesionará hasta el 12 de mayo en salas de la institución, con participación (presencial y virtual) de estudiosos cubanos, mexicanos, puertorriqueños y argentinos.
José Martí en la Cuba de hoy; Aproximaciones históricas; Estudios desde la prosa; Las ideas de José Martí en la Revolución Cubana; Estudios históricos; Martí, su trascendencia; El lirismo de José Martí; Martí lector y traductor; Martí y la mujer; Proyecto ético martiano; Formación universitaria y Aproximaciones desde la filosofía constituyen los ejes temáticos de este coloquio que ha estado precedido por un curso pre-evento impartido en modalidad virtual desde nuestras plataformas.
Para estos tres días se han previsto paneles de homenaje a dos estudiosos martianos: la poeta y ensayista Fina García Marruz (La Habana, 1923-2022) y el profesor e investigador Dr. Pablo González Casanova y del Valle (Toluca, 1922-Tlalpan, 2023) y presentaciones de libros digitales del sello del CEM.
El Centro de Estudios Martianos lamenta la pérdida de un gran amigo de Cuba, el doctor Pablo González Casanova y del Valle (Toluca, 1922), prestigioso profesor y ex rector de la Universidad Autonónoma de México (UNAM), abogado, historiador, politólogo, investigador y crítico, fundador de la Red en Defensa de la Humanidad (REDH) y miembro honorífico de la Cátedra Martiana de la Universidad de Guadalajara y de la Academia Mexicana de la Lengua.
En la extensa hoja curricular de este intelectual destacan su Premio Internacional “José Martí”, entregado por la Unesco en 2003, por defender la identidad de los pueblos indígenas de América Latina; la Orden “José Martí” concedida por el gobierno cubano, en 2004, así como el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de La Habana y de varias instituciones latinoamericanas y europeas.
Considerado uno de los referentes de las Ciencias Sociales en el mundo, González Casanova murió este 18 de abril en Tlalpan, Ciudad de México a la edad de 101 años.
El anuncio en la prensa de su deceso se acompaña de mensajes de pésame y admiración a su ejecutoria, entre los cuales destacan el del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que lo reconoce como “defensor de la justicia y de la soberanía de los pueblos y naciones”.
González Casanova, doctorado en la Universidad de París en la especialidad de Sociología, fue un apreciado pionero en la investigación de la democracia en su país y, hasta el final, hombre consecuente con sus ideales políticos. Publicó una extensa obra científica (más de 20 libros), en los cuales destacan títulos capitales como: La democracia en México; Las razones de la democracia en América Latina y Sociología de la explotación, entre otros.
A inicios de 1895, la Historia de Cuba estaba en zozobra, José Martí, viendo fracasado su plan de Fernandina, no hallaba los medios para llegar a la Patria en compañía de Máximo Gómez y cuatro patriotas más. La goleta Brothers, comprada a nombre de Bernarda del Toro[1] y con dinero que discretamente facilitó Lilís,[2] quedó sin tripulación; pues los marineros -sospechando de la arriesgada empresa- delatan y abandonan a los seis expedicionarios en Gran Inagua. Solo quedó fiel a ellos el cocinero: David, el de las islas Turcas, al que Martí despide, no sin antes dedicarle un retrato de palabras que quedó en su diario para la posteridad. El 6 de abril, de aquel año decisivo, el poeta, devenido negociante, todo en pos de la causa, logra un acuerdo con un capitán alemán, lector de Goëthe, para embarcarse en el vapor Nordstrand rumbo a Cabo Haitiano. Algunas fuentes dicen que era barco frutero, otras plantean que cargaba madera para comerciar en el Caribe. La idea era soltar del barco un bote, con los seis hombres dentro, en la ruta hacia Jamaica, y lo más cerca a la costa cubana. Abordan entonces la embarcación, no sin antes entregarle 500 o 1000 pesos, las fuentes también difieren en esto, al capitán Löwe. Sí queda más claro que compran un bote por 100 pesos. Martí, gracias a un favor del cónsul de Haití, desembarca con el nombre falso de Francisco Torres; y Gómez, con el de Marcos Rojas. Hacen una escala de 4 días. A las dos de la tarde del día 10 zarpan de Cabo Haitiano, pero, les llega la noticia de que un buque inglés los busca. El capitán Löwe cambia la ruta y no decide atracar hasta horas de la madrugada en el puerto de Matheu Town, otra vez en Inagua. Ya es 11 de abril, e izan al barco el bote comprado con anterioridad. El cónsul norteamericano, radicado en esa isla de las Bahamas, es informado de la presencia de los expedicionarios y ordena que salga desde Nassau el cañonero Partridge para que los intercepte. Entre el final de la mañana e inicios de la tarde del 11 de abril vuelven a zarpar. En su diario, Martí escribe: “salimos a las once”, Gómez anota en el suyo que “A las 2 de la tarde se levantó ancla”. El Nordstrand continúa desviando su ruta para, hacer tiempo en altamar y esperar la llegada de la noche. Las horas en que se acercan a tierra cubana son más coincidentes en los diarios. Martí habla de que rozan Maisí a las siete y media y Gómez afirma que a las ocho de la noche estaban a tres millas de la costa sur de Cuba. Lo cierto es que, en medio de la oscuridad, fuerte lluvia y marejada, bajan el bote cargado de armas y pertrechos. En su diario, Martí describe el rostro del capitán “conmovido” al ver lo que ellos hacían; Gómez, sin embargo, observa un mar que “parece un negro manto funerario” y luego que se descuelga el bote “caen dentro de él seis hombres; que cualquiera diría que eran seis locos”. Gómez aclara que ninguno es marino, que Martí no rema muy bien, y que él mismo no sabe controlar el timón, el cual se zafa y se pierde. Descubren dos luces salvadoras a lo lejos. Se guían por ellas, sin importarles que sean gente amiga o guardia española. Poco a poco mejoran el ritmo de la boga y con la ayuda del Brigadier Borrero, improvisan un nuevo timón. Por dos horas reman. De pronto, cesa la lluvia y poco antes de desembarcar dice Martí que hasta “la luna asoma, roja, bajo una nube.” Las luces, en definitiva, eran fogatas de pescadores. Gómez salta del bote, y tiene la misma reacción de Cristóbal Colón, es decir, de tratar a Cuba como a una dama, pero, en vez de decirle “Fermosa” se agacha, y la besa. Cuenta Marcos del Rosario que “el general se puso a cantar como un gallo.” Esto ya es cosa suya y no de Colón. Si por casualidad un gallo de verdad responde es que hay casa cercana y con ello un posible refugio. Martí, por su parte, salta más atrás con la energía de un niño, y sin medir lo abrupto del paisaje, resume todo en la frase: “Dicha grande”. Sus compañeros quedan impresionados con la viveza con que escala las lomas de Baracoa.
Así fue como dos de las figuras cumbres del siglo XIX cubano llegaron a puro milagro al oriente de Cuba, de milagro llegó el propio Colón a finales del siglo XV, de milagro, cuenta la leyenda, se apareció la virgencita a los tres Juanes, no menos milagrosa fue la sobrevivencia de los Maceo a su llegada por Duaba, y la de los expedicionarios del Granma por playa Las Colaradas. Lo más improbable y asombroso, ha estado presente en los hombres que, por el mar oriental, han dado vuelco a la historia de Cuba, con su llegada.
La primera condición sine qua non para la existencia de un pensamiento descolonizador es la plena conciencia de la valía, de la autenticidad de la cultura propia, y de las diferencias respecto a otras culturas. Desde muy temprano, con apenas 18 años, Martí dio muestras de tener muy claro la especificidad de nuestros pueblos, frente a la otra América:
Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento.-Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad. Y si hay esta diferencia de organización, de vida, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa, y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que sólo puede llamarse corazón cubano, ¡cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos se legislan?
Imitemos. No!-Copiemos. No! – Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos.-Creemos, porque tenemos necesidad de creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes?
Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. Maldita sea la prosperidad a tanta costa! [1]
Y esto lo dice alguien que aún no ha visitado los Estados Unidos, y que el único conocimiento que tiene de ese país proviene de referencias o lecturas.
Esa mentalidad descolonizadora y libertaria tiene entre sus muestras más tempranas la preocupación por la libertad de espíritu, que viene, en su criterio, de la cultura, del afán de superación de cada individuo. En uno de sus textos más citados y comentados sobre asuntos educativos, “Maestros ambulantes”, dice:
“Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
Ser culto es el único modo de ser libre.
Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.” [2]
Y a seguidas da su criterio respecto a la prosperidad, que no se obtiene fácilmente, sino de la interacción difícil y constante, por lo arduo del trabajo, del hombre con la naturaleza. La única fuente de prosperidad que aprueba es esa, la del trabajo honrado. Es preciso detenerse en su concepto personal de prosperidad, que significa posesión de aquello que basta a la comodidad y a la satisfacción de las necesidades materiales, nunca es sinónimo de lo ostentoso o lo superfluo. Visto así, es contrario a lo que la mayoría entiende como tal, sobre todo en nuestros días, pues el consumismo demencial lo iguala con la opulencia de unos pocos, lo que quiere decir miseria de las grandes masas desposeídas, y un abismo de desigualdades cada vez más brutal.
Esa intención descolonizadora tiene otros puntos culminantes, como La Edad de Oro, que no es una mera revista de entretenimiento para niños y jóvenes, sino un proyecto cultural de grandes proporciones y contenido emancipatorio. Estaba dirigida a esos infantes de 1889, que serían los adultos del siglo XX, y a los que aspiraba a formar como ciudadanos cultos, capaces de conducir con originalidad y sabiduría el destino de sus respectivos países. Una revista donde se aúnan sabiamente lo americano y lo universal, la vocación ética y la hondura reflexiva, el amor a la patria y a nuestros semejantes. No debe perderse de vista que en el mismo primer número aparecen “La Ilíada, de Homero” y “Tres héroes”, de manera que la épica clásica y la de nuestra historia continental alimentan simultáneamente la vocación heroica de los pequeños lectores.
De ese mismo año, aunque algo anterior, es su carta al director de The Evening Post, fechada en Nueva York, y publicada el 25 de marzo de ese año, que ha pasado a la historia como “Vindicación de Cuba”. Con ella respondía a los artículos “¿Queremos a Cuba?”, aparecido en The Manufacturer, de Filadelfia, el día 16, y «Una opinión proteccionista sobre la anexión de Cuba», publicado el 21 en el periódico neoyorquino, en el cual este se hacía eco de las ideas anticubanas, profundamente irrespetuosas y racistas, expresadas en el anterior. Lo sorprendente es que ambos periódicos, adversarios entre sí, el primero vocero del proteccionismo, el segundo del librecambismo, estaban totalmente de acuerdo respecto a la supuesta inferioridad de los cubanos.
Realmente con “Vindicación…” Martí desmontó una campaña mediática, para decirlo en términos contemporáneos, que mal ocultaba la fabricación de un pretexto para intervenir en Cuba. Esos criterios sobre las supuestas “pereza”, “inutilidad”, “cobardía”, “incapacidad cívica”, de los cubanos, encubrían apetitos anexionistas de larga data, pues no es secreto para nadie que desde los mismos albores de los Estados Unidos como nación independiente existía el propósito declarado en muchos de sus prohombres de hacerse de la Isla a toda costa. [3]
Y junto con la aparición de esta respuesta a la injuria, basada en argumentos sólidos, expresó más de una vez su intención de publicar un periódico en inglés, para hacer llegar al lector estadounidense nuestras verdades y contrarrestar las tendencias anexionistas, idea que no pudo materializar por falta de medios económicos.
Cuando le escribe a su amigo mexicano Manuel Mercado sobre este asunto, expresa ideas que pueden ser asumidas como lecciones de práctica política, a la vez que manifiesta su plena conciencia de la importancia de este texto dentro de su labor de alerta a Nuestra América:
En las cosas de nuestra tierra se me ha calmado un poco el dolor, por el júbilo con que acogen mis paisanos la defensa de nuestro país que escribí, en la lengua picuda, de un arranque de pena: y parece que impuso respeto. Se la mando, para que Manuel se la traduzca. Este incidente viene a ayudarme para la publicación de mi periódico, que por poco que cueste, me ha de costar mucho más de lo que tengo. Con que se pague ¿qué me importa el trabajo, si es por nuestras tierras? Lo que quiero es demostrar que somos pueblos buenos, laboriosos y capaces. A cada ofensa, una respuesta, del tipo de la que le mando, y más eficaz por su moderación. A cada aserción falsa sobre nuestros países, la corrección al pie. A cada defecto, justo en apariencia, que se nos eche en cara, la explicación histórica que lo excusa, y la prueba de la capacidad de remediarlo. Sin defender, no sé vivir. Me parecería que cometía una culpa, y que faltaba a mi deber, si no pudiese realizar este pensamiento. [4]
Por lo tanto, este proyecto martiano de pasar a la contraofensiva en el terreno comunicativo del enemigo, utilizando su propia lengua y códigos culturales con inteligencia y moderación, es de una actualidad y necesidad sorprendentes, práctica que debe ser explotada con la sabiduría y sistematicidad que merecen.
En el último trimestre de 1889 se desarrollaría la Conferencia panamericana, o Congreso de Washington, como también se le conoce. El mismo se extendió hasta avanzado el 1890, y Martí escribió una serie de crónicas formidables sobre el cónclave continental, además de otros textos de diferente naturaleza, entre los que hay que destacar su discurso de homenaje a José María Heredia, pronunciado en Hardman Hall, Nueva York, el 30 de noviembre de 1889 y luego impreso en forma de folleto y distribuido entre los delegados. [5] Era este un modo de contrarrestar la estrategia de deslumbramiento montada por los anfitriones, a la vez que por el lado afectivo vinculaba a los delegados con Heredia, con el cual compartían comunidad de orígenes. Así se sentirían orgullosos del bardo del Niágara, que en nuestra lengua cantó al portento como no lo ha hecho hasta hoy ningún anglosajón.
Sin duda alguna, otro de los documentos imprescindibles al respecto es su discurso conocido como “Madre América”, pronunciado el 19 de diciembre de 1889, en la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York, en la velada de homenaje a los delegados de nuestros países.
En su afán por convencer a los diplomáticos de Nuestra América de la “indiscutible superioridad” estadounidense, James G. Blaine, Secretario de estado del presidente Benjamín Harrison, y artífice de esa maniobra colonizadora, diseñó una estrategia de seducción y presión, que se inició con una gira por todo el país, en un tren de lujo, para que se visitara todo lo digno de verse, desde las Cataratas del Niágara, hasta los altos hornos de Pensilvania, sin olvidar grandes ciudades, como Nueva York, universidades, museos, etc. Con ello se pretendía afianzar un sentimiento de asombro, de admiración desmedida hacia Estados Unidos, a la vez que se fortalecía la convicción de la inferioridad propia en los visitantes, algo que Martí pudo constatar in situ por su trato directo con ellos y por la antigua amistad con más de uno, e influir positivamente en sus cambios de actitud. [6] De ese modo el colonizador daba un primer paso, imprescindible para el éxito de sus objetivos a mediano plazo: sojuzgar el intelecto y el sentimiento, pero el emigrado subalterno, desde su exilio vigilante, trazaba sus propios planes defensivos, cuya validez alcanza desde el entorno inmediato de su momento histórico hasta nuestros días.
Ello explica el afán de Martí en ese discurso memorable por analizar en paralelo las dos Américas, la de Lincoln y la de Juárez, de manera que las causas históricas expuestas con singular vuelo poético ilustran por sí mismas las diferencias en los niveles de desarrollo de ambos territorios, y desmotan minuciosamente la falacia de la supuesta inferioridad de los pueblos del Sur.
La alusión a los residentes en los Estados Unidos tiene lugar en dos ocasiones. En la primera, se centra en los motivos personales de los individuos, totalmente legítimos. En la segunda, luego del deslumbrante recorrido histórico, en el que destaca las condiciones arduas en que se forjó nuestra América, apela, siempre apoyándose en mecanismos afectivos, a la responsabilidad ciudadana que implica vivir allí. Prestan también un servicio inestimable a la patria grande quienes se sientan orgullosos de ella: no vivirían nunca en el Norte “[…] como siervos futuros ni como aldeanos deslumbrados, sino con la determinación y capacidad de contribuir a que se la estime por sus méritos, y se la respete por sus sacrificios.[…] En vano […] nos convida este país con su magnificencia, y la vida con sus tentaciones, y con sus cobardías el corazón, a la tibieza y el olvido”. [7]
Este discurso ha sido leído y entendido en más de una ocasión como una suerte de pórtico de “Nuestra América,” el formidable ensayo, definidor de nuestras esencias, publicado en La Revista Ilustrada, de Nueva York, el 1 de enero de 1891, y replicado por El Partido Liberal, de México, el 31 de ese mismo mes. Es sabido que el objetivo primordial de ese texto se centra en la definición culturológica de lo americano, a la vez que trazaba, desde la autoctonía, los nexos con la universalidad. Sentaba las bases de la soberanía continental en todas las esferas, a tal punto que expresaba la necesidad de un arte de gobierno propio, que habría que trabajar y perfeccionar desde dentro, si queríamos ser verdaderamente independientes, puesto que la colonia había continuado viviendo en la república: ésta debía luchar contra aquella y vencerla. [8]
No se trataba sólo de haber conseguido la independencia política y económica de la antigua metrópoli, si bien este era el primer paso, indispensable para toda la oleada de transformaciones subsiguientes. El problema mayor a enfrentar era la descolonización mental, espiritual, cuyo proceso era mucho más lento y difícil que la propia batalla bélica. El cambio de mentalidad, la eliminación de esquemas ideológicos y de patrones culturales es más arduo que transformar la economía y demoler las estructuras legales y las ataduras políticas y militares derrotadas. Por eso, rebasado ya el medio siglo de independencia en el continente, las rémoras de la colonia continuaban interfiriendo en el desarrollo ulterior de nuestros países. Aunque pueda parecer exagerado, a más de 130 años del aserto martiano, y envueltas en disfraces “neo”, ese mismo lastre de devoción por el antiguo amo, o por el nuevo amo disimulado, es el que propicia el menosprecio de lo propio y la mirada hacia el Norte. Este se presenta de manera creciente en el imaginario continental, a merced, cada vez más, de la guerra cultural y del poder de los grandes medios de comunicación, como la Tierra prometida que no es. Esas influencias nefastas, unidas a las terribles desigualdades, crisis económica, escaladas de violencia, son las propiciadoras de las oleadas migratorias sucesivas, en busca de un ideal de felicidad basado únicamente en el disfrute de lo material, en el vivir el ahora, en la banalidad y el lujo.
La globalización neoliberal ha extendido por el planeta costumbres, festividades, modos de hacer y decir de los poderosos, que con su apariencia inofensiva y divertida pretenden imponer patrones de comportamiento e íconos culturales y simbólicos en los más diversos territorios. Lo que es tradición arraigada en Cuba no tiene por qué serlo en Estados Unidos, Gran Bretaña o Francia, y viceversa, pero la cultura de los centros de poder con su afán hegemónico termina imponiéndose y la resignación y aceptación fatalistas no son las soluciones.
Muchas páginas de crónica dedicó Martí a escribir sobre las celebraciones tradicionales en los Estados Unidos, pues para conocer a profundidad a un pueblo, hay que ahondar en esas prácticas de la cultura popular. De este modo, son varias las dedicadas al Día de acción de gracias, al Christmas del norte, y sus diferencias respecto a las navidades de raigambre católica e hispana que se celebraban en nuestra América, al Decoration Day, ese día en que son recordados los muertos, principalmente aquellos que tuvieron una vida heroica, de servicio a la Patria.
Desde hace algunos años el Halloween, que nada tiene que ver con nosotros, se ha comenzado a celebrar en la Isla, y cada vez gana más adeptos entre la población joven. En ello puede haber ingenuidad, imitación de lo que se ve en el cine y sobre todo desconocimiento, pero lo que sí resulta indignante e inconcebible es que en nuestro país, con o sin intención, se legitimen disfraces del tristemente célebre ku-klux-klan, que con sus actos violentos ha aterrorizado a toda la población negra estadounidense durante más de un siglo. Desde su fundación en 1865, recién terminada la Guerra de Secesión, esta organización ha impuesto la ideología fascista de los supremacistas blancos y ha dejado tras sí una estela de infamia y dolor. Entre sus prácticas habituales desde entonces hasta hoy están los linchamientos, algo que Martí criticó duramente más de una vez a lo largo de toda su obra.
En 1894 publicó en Patria su artículo “La verdad sobre los Estados Unidos”. Con él inauguraba la sección “Apuntes sobre los Estados Unidos”, la cual apareció por primera vez en el no. 105, del 31 de marzo de ese año. En ella se publicaban traducciones de noticias procedentes de la prensa estadounidense, en las que se hablaba de hechos violentos en diversos estados de la Unión. Se destacan un secuestro y un motín en medio de elecciones para instancias territoriales de gobierno; muertos por disparos en una pelea entre dos facciones de republicanos en un distrito electoral; disturbios callejeros; el asalto al ayuntamiento en la ciudad de Denver, Colorado, por el ejército, entre otras nuevas sorprendentes. Sobresale en este número el linchamiento de un joven negro, acusado de asesinato, que esperaba el juicio en una cárcel de Pennsylvania. Se publica además el grabado, en cuyo pie reza, para mayor horror, que un niño preparó la horca.
Todo ello da fe de su labor de alerta a nuestra América, y de su denuncia del racismo entre los rasgos sociales estadounidense que no deben ser imitados. Con esa labor vigilante desmitificaba al coloso vecino, que no era modelo a seguir en las repúblicas nuestramericanas y cuyo modo de vida no debíamos imitar jamás.
Al mismo tiempo, el ensayo “Nuestra América” desmontaba la dicotomía civilización vs. barbarie, que justificaba el racismo decimonónico y preparaba el terreno para toda la oleada colonizadora posterior. [9]
No obstante, quiero hacer una suerte de viaje a la semilla sobre este asunto, porque hay un texto muy anterior en el que Martí adelanta consideraciones que es muy necesario tener en cuenta. Una de las muestras más elocuentes del pensamiento descolonizador de José Martí es esta afirmación, procedente de un texto aún más temprano y de menor vuelo, titulado “Una distribución de diplomas en un colegio de los Estados Unidos”, aparecido en La América, Nueva York, en 1884. Diría allí:
[…]la civilización, que es el nombre vulgar con que corre el estado actual del hombre europeo, tiene derecho natural de apoderarse de la tierra ajena perteneciente a la barbarie, que es el nombre que los que desean la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea: como si cabeza por cabeza, y corazón por corazón, valiera más un estrujador de irlandeses o un cañoneador de cipayos, que uno de esos prudentes, amorosos y desinteresados árabes que sin escarmentar por la derrota o amilanarse ante el número, defienden la tierra patria, con la esperanza en Alá, en cada mano una lanza y una pistola entre los dientes. [10]
Es de notar entonces que el pensamiento descolonizador y antiimperialista de José Martí va dirigido no sólo contra los Estados Unidos. Rechaza, obviamente, toda forma de colonización y dominación, en lo cual se incluye también a las potencias europeas, especialmente al entonces aún poderoso Imperio Británico, que ejerció la práctica atroz del cañoneo para reprimir la rebelión de los cipayos en su dominio colonial en la India, a la vez que oprimía cruelmente a sus vecinos irlandeses. Y es además muy interesante la sutil ironía empleada para deslegitimar la supuesta superioridad del blanco opresor y “civilizado”, pues sus prácticas bárbaras lo convierten en digno acreedor de esos dos sustantivos, formidables por su fuerza expresiva y capacidad de denuncia: “estrujador”, “cañoneador”.
Cuando le cuenta a su amigo Manuel Mercado sobre el discurso conocido como “Madre América”, que pronunciara ante los representantes de nuestras repúblicas, dice: “[…]—y era mi objeto, porque veo y sé, dejar oír en esta tierra, harta de lisonjas que desprecia, y no merece, una voz que no tiembla ni pide. —Y llamar la atención sobre la política de intriga y división que acá se sigue, con daño general de nuestra América […]. Nadie me lo ve tal vez, ni me lo recompensa; pero tengo gozo en ver que mi vigilancia, tenaz y prudente, no está siendo perdida […]. Pero mientras viva, velo. Quiero libre a mi tierra y a mi América libre”. [11]
Estas confesiones, escritas al amigo entrañable, demuestran cuán hondamente habían arraigado en él estas ideas descolonizadoras. No era sólo una cuestión de naturaleza política, iban mucho más allá: pasaban por el sacrificio personal, la incomprensión de allegados y familiares, la angustia íntima de quién acometió esa labor de prevención a sabiendas de la magnitud del peligro y de la labor insidiosa del enemigo. Todo ello habla a favor de la extraordinaria talla humana de Martí y de su probidad como líder, acorazado en su sentido del deber.
Además, aun comprendiendo nuestra situación desventajosa, y tal vez por eso mismo, nunca perdió la objetividad al evaluar al ávido vecino, y consideró injusto caer en sus mismas actitudes racistas y xenófobas, de menosprecio por los demás:
Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente, porque no habla nuestro idioma, ni ve la casa como nosotros la vemos, ni se nos parece en sus lacras políticas, que son diferentes de las nuestras; ni tiene en mucho a los hombres biliosos y trigueños, ni mira caritativo, desde su eminencia aún mal segura, a los que, con menos favor de la Historia, suben a tramos heroicos la vía de las repúblicas; ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno y la unión tácita y urgente del alma continental. [12]
Esa objetividad le permitía evaluar con toda justicia el destino futuro de las dos Américas, y el de la nuestra debía regirse bajo el signo de la alerta y la previsión permanentes: «¿Se debe gruñir, regatear, porque un pueblo tan grande vigile por sus intereses? No: pero se debe vigilar,—porque al defender los suyos no viole los ajenos, y no construya su política como ha construido su riqueza —sobre las ruinas de tantos”. [13]
Sin duda alguna, el pensamiento descolonizador de José Martí, tanto por su contenido teórico, como por el ejemplo de civismo y eticidad, sigue siendo una alternativa para enfrentar los desafíos del mundo contemporáneo. Sobre esas bases, con creatividad, realismo y visión de futuro, se pueden hallar soluciones viables a muchos de los grandes problemas del aquí y el ahora.
No se trata de asumir como catecismo o receta mágica la palabra martiana, una tentación difícil de eludir cuando su verbo magnífico nos cautiva el oído, la razón y el sentimiento. Se trata de motivar la reflexión profunda en torno a ese legado, que si bien pertenece al siglo XIX, mantiene toda su vigencia, no sólo por sus valores intrínsecos, sino porque muchos de los problemas medulares tratados por Martí continúan insolubles, y ello no significa negar las transformaciones culturales, en el amplio sentido del término, acontecidas en el siglo XX y lo que va de XXI.
Urge estudiar con sentido crítico nuestras realidades nacionales y también el todo continental; trazar estrategias de enseñanza de nuestra historia y de nuestra literatura desde dentro, desde nuestras verdades, pero con vocación universal; proteger la memoria histórica de saqueos y distorsiones interesados; continuar incidiendo en la esfera de la comunicación con medios propios, y ampliar su alcance estratégico; plantearnos, desde las diferentes disciplinas de las Ciencias sociales, interrogantes que nos ayuden a definir qué podemos hacer en aras de una Humanidad mejor, más justa, más equitativa, y qué podemos aportar a ella desde Nuestra América.
Por último, y no en último lugar, creo indispensable continuar perfeccionando las estrategias de difusión de la vida y la obra de Martí. Hay que barrer con las visiones esquemáticas, las citas descontextualizadas que no consignan las fuentes, las manipulaciones de su palabra para legitimar fines espurios, entre otros muchos males. [14]
Es preciso sobre todo, llegar con su obra a los lectores, como fue práctica habitual del propio Martí, con argumentos y con afectos, a la razón y al corazón. Sólo así calará hondo y rendirá frutos perdurables su pensamiento descolonizador. Si estas notas fugaces consiguen motivar futuras inquisiciones, y sobre todo, despiertan iniciativas transformadoras a nivel sociocultural, habrán cumplido sus propósitos iniciales, pues solo pretenden abrir y prolongar un diálogo útil y reflexivo.
Notas:
[1] JM, OC, t. 21, p. 15-16.
[2] JM: OC, t. 8, p. 289.
[3] Sobre opiniones racistas respecto a los mexicanos véase JM: “La república Argentina en los Estados Unidos. Un artículo del Harper’s Monthly”, OC, t. 7, p. 330. Hablando de los periódicos norteamericanos y sus opiniones sobre nuestros países escribe: “[…] antes bien, nos estudian e historian a meras ojeadas, y con mal humor visible, como noble apurado que se ve en el aprieto de pedir un favor a quien no mira como igual suyo. Así es que, siendo en verdad admirables la mayor parte de los pueblos de nuestra América por haber subido, entre obstáculos mortales a su condición presente, de los más oscuros y opuestos orígenes, no pasa día sin que estos diarios ignorantes y desdeñosos nos traten de pueblecillos sin trascendencia, de naciones de sainete, de republicuelas sin ciencia ni alcance, de “pueblos de piernas pobres”-como decía ayer Charles Dudley Warner hablando de México,-“¡escoria de una civilización degenerada, sin virilidad y sin propósito!”
[4] JM: Correspondencia a Manuel Mercado, compilación y notas de Pedro Pablo Rodríguez y Marisela del Pino, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2003. p. 299.
[5] Sobre ese particular, véase de Marlene Vázquez Pérez: La vigilia perpetua: Martí en Nueva York, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2017, pp. 64-67.
[6] Su influencia sobre los delegados latinoamericanos fue crucial, pues existían lazos previos de amistad y colaboración con algunos, como el venezolano Nicanor Bolet Peraza, a quien califica de “Blainista confeso” (Véase Carta a Gonzalo de Quesada. En José Martí, Epistolario (Compilación, ordenación cronológica y notas de Luis García Pascual y Enrique H. Moreno Pla), Ciencias Sociales, La Habana, 1993, t. II, XCVIII, p. 170) Probablemente se refiere a él en las líneas siguientes: “Ahora me convenzo, —dijo en la mesa del adiós un yanquiniano convertido, — de que me he pasado los años cazando mariposas.” Véase: José Martí. “Congreso de Washington. La última sesión.” OC, t. 6, p. 101.
[7] JM: Discurso pronunciado en la velada artístico‑literaria de la Sociedad Literaria Hispanoamericana, el 19 de diciembre de 1889, OC, t. 6, p. 140. Cursivas de la autora, MVP.
[8] Véase JM: Nuestra América, OC, t. 6, p. 19.
[9] Véase al respecto Marlene Vázquez Pérez: Ni siervos futuros ni aldeanos deslumbrados: diálogo, descolonización y antirracismo en “Nuestra América”, de José Martí. En: De surtidor y forja: la escritura de José Martí como proceso cultural, Centro de Estudios Martianos, CIALC, UNAM, 2016, pp. 77-120.
[10] JM: “Una distribución de diplomas en un colegio de los Estados Unidos”, OC, t. 8, p. 442.
[11] JM: Carta a Manuel Mercado. En Correspondencia a Manuel Mercado, Edic. Cit., p. 328.
Sobre la repercusión en Nueva York del discurso martiano, y la manipulación de su contenido con afán de desacreditar a José Martí, véase el artículo de Jacques Bonaldi “¡Cuando Madre América levantaba ronchas!”, disponible en: https://www.josemarti.cu/dossier/cuando-madre-america-levantaba-ronchas/ (Consultado el 9 de agosto de 2022)
Catherine Cossette Güemez en su aportador estudio La configuración del yo en los Diarios de Montecristi a CaboHaitiano y de Cabo Haitiano a Dos Ríos (1895) de José Martí, luego de referirse a los avatares que enfrentaron estos diarios desde que fueron publicados en forma separada hasta el momento en que empezaron a ver la luz como un solo texto, ha afirmado que en dicho recuento es posible percibir la manera compleja en que los diarios han sido leídos. Por un lado, como textos separados e independientes, con errores debidos a la prisa, con criterios disímiles de colección de los mismos y con un léxico que requiere ser anotado, y, por el otro, como textos cuya lectura ha sido impulsada por una cultura letrada posterior a la Revolución Cubana, que con tanto interés ha retomado la figura de Martí y ha impulsado el conocimiento de su obra y pensamiento.[1]
La investigadora mexicana especifica que es a partir de la segunda mitad del siglo XX cuando, a grandes rasgos, los Diarios de campaña comenzaron a ser estudiados, algunas veces de forma apenas tangencial y, en otras, con mayor profundidad, y de ellos se han escrito textos ensayísticos, académicos y de difusión, fundamentales para contar con una visión amplia de su escritura.[2]
Los Diarios de campaña de José Martí se insertan también en la estela de nombradía de obras donde se ha vinculado el sujeto autobiográfico latinoamericano y el surgimiento de las literaturas nacionales, donde este ha sido partícipe de las luchas por la independencia, pues no olvidemos que, como afirma Víctor Casaus , “la base social del Diario de campaña es la guerra que constituiría el mayor hecho cultural del siglo XIX, su profundidad podía ser medida por su carácter de acto de fundación de una nación, y por tanto, de afirmación de todos sus valores culturales”.[3]
“La base social del Diario de campaña es la guerra que constituiría el mayor hecho cultural del siglo XIX…”, afirmó Víctor Casaus.
Todo este proceso de comprensión tanto del Diario de Montecristi a Cabo Haitiano, como el de Cabo Haitiano a Dos Ríos tiene como fundamento la idea de que, como en ningún otro intelectual de América Latina, la recepción de los textos de Martí y la historia de esa recepción se han convertido, al menos para un público lector latinoamericano, en parte esencial y siempre presente de su obra,[4] y es quizás “la historia de recepción más significativa, emocionante y accidentada que haya tenido lugar en torno a una figura latinoamericana.”[5]
Martí, según lo define el poeta Roberto Manzano, es la cúspide de la sensibilidad nacional.
El estudio de la recepción de las obras de Martí, quien es la cúspide de la sensibilidad nacional,[6] arroja luces sobre la naturaleza del pensamiento martiano y demuestra el trazo o la espiral de trascendencia del escritor en análisis que van del texto al contexto, para volver a él. En el caso de los Diarios decampaña me asombra la magnitud del hecho estético que los mismos han despertado, que alcanza con creces, a la mayoría de las páginas que sobre ellos se han escrito: no son solo exégesis útiles y atenidas, son muchos de estos ensayos también obras de arte —bibliografía copiosa y de grandes valores literarios y culturales manifiestos—. Determinan dicho carácter la condición de los Diarios de campaña en tanto texto fundacional de nuestra identidad y de la modernidad literaria en lengua española, que implica su signo imantado y seductor,[7] lo que me hizo pensar en el proverbio chino que reza: “cuando el árbol está a punto de morir es cuando más frutos da”. Sedimentadas y extasiadas la fuerza, la originalidad del escritor, se manifiestan aquí plenas y casi sagradas, camino de la muerte. Esto no ocurre con buena parte de la producción ensayística sobre sus poemarios.[8] Lo que nos recuerda la idea de Markiewics de que “independientemente cuanto más alta es la calificación de los receptores, tanto más se inclinan ellos, en general, hacia la innovación.”[9]
Según reza un proverbio chino, “cuando el árbol está a punto de morir es cuando más frutos da”.
A comentar dicha bibliografía nos disponemos contemplando los diversos acercamientos como partes que se asientan sobre un mismo fondo. Su valor y copiosidad son como un mar que enfrento. Comentarlos “se transforma también en una tarea tan fabulosa, tan creadora y mediatizada como los demás (…). Si el escritor es un invento de su autobiografía, la labor crítica es un trabajo ilusorio que opera considerando al autor una hipótesis y a veces un mito colectivo (…) sus diarios son —según qué tendencia— o la exaltación de la libertad a toda costa, o bien, la defensa de una autogestión cubana.”[10]
[3] Víctor Casaus. “El Diario de José Martí: rescate y vigencia de nuestra literatura de campaña”. Anuario delCentro de Estudios Martianos, n. 1, La Habana, 1978, p. 192.
[4] Ottmar Ette. José Martí. Apóstol, poeta, revolucionario: una historia de su recepción, UNAM, México, 1995, p. 27. Ette sienta pautas en este camino cuando afirma que la historia de la recepción de Martí se basó fundamentalmente –al menos hasta los años cuarenta– en José Martí como figura y símbolo, y no en su pensamiento propiamente dicho. El contenido de los escritos martianos permaneció, para la recepción.
[5] Rolando González Patricio. “Un siglo de recepción martiana: para leer a Ottmar Ette”, Anuario del Centrode Estudios Martianos, n. 20, La Habana, 1997, p. 229.
[6] Roberto Manzano. “José Martí”. El bosque de los símbolos. Patria y poesía en Cuba, T. I, siglo XIX, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2010, p. 631.
[7] “En ellos Martí logra una visión de lo universal por conducto de una visión de lo particular del mundo”. José Massip. Martí ante sus diarios de guerra, Ediciones Unión, 2002, p. 8.
[8] Lo voluminoso y excelente de la Bibliografía a los Diarios de campaña dedicada halla fundamento en la siguiente idea esbozada por Ezequiel Martínez Estrada en su ensayo “El Diario de Campaña”: “La exégesis exhaustiva a ese Diario ocuparía varios volúmenes escritos ceñidamente, extrayendo las implicaciones y condensaciones de sentido de episodios aparentemente fútiles. Todo el Diario es, como dice Vitier, lectura sagrada.” Ezequiel Martínez Estrada. “El Diario de campaña” en Martí revolucionario, Editorial Casa de las Américas, La Habana, 1974 p. 395. [viii]
Pues, como afirma José Miguel Oviedo, los Diarios de campaña invitan a una larga serie de reflexiones –estéticas, humanas, históricas, ideológicas, etc., que es imposible examinar en su totalidad en un único acercamiento. Véase “Martí en su diario” en Cuadernos Hispanoamericanos. Los complementarios 15, mayo de 1995, Madrid, p. 7.
[9] – Markiewics. H. “La recepción y el receptor en las investigaciones literarias. Perspectivas y dificultades”. En Navarro, Desiderio (comp.) Textos y contextos II, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1989, p. 165.
[10] Esperanza López Parada. “Con todo el sol sobre el papel. Los diarios de José Martí y la suerte contemporánea del género”, Anales de Literatura Hispanoamericana, Madrid.28, 1999, p. 934.
Este 2023 vino cargado de aniversarios y de muchos reconocimientos. En este caso, se cumple el 110 aniversario del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) y, sobre todo, el natalicio 170 del más universal de los cubanos. El equipo de curadores e investigadores del museo —dentro del ciclo de actividades que presiden anualmente— establecieron el mes de enero como martiano. Una de las primeras iniciativas sobre el tema de la vida y obra de Martí fue la exposición José Martí, todos los fuegos, un homenaje por el 170 aniversario del natalicio del Apóstol inaugurado en el lobby del Centro de Información Antonio Rodríguez Morey de dicha institución.
Se exponen obras de pioneros de la cartelística cubana con una nueva visualidad en apoyo a los nuevos ideales de la época post-revolucionaria; y, como germen ideológico, el ideario martiano, piedra angular de la dignidad humana.
Esta exhibición posee un carácter particular ya que hace una correlación entre las obras atesoradas en el MNBA y el Centro de Información del mismo. La curadora Jessica Maza Rodríguez recrea la distribución del espacio con un valor inteligente e intencional para buscar una unidad espacial entre las obras literarias y gráficas.
Están en exposición 12 carteles realizados durante la llamada “época dorada” del cartel cubano (1965-1975), que se expande hasta el período de 1980. Producciones gráficas de autores como Antonio Pérez (Ñiko), Heriberto Echeverría, Eduardo Muñoz Bachs, entre otros. Por otra parte, creadores como Raúl Martínez y Rafael Zarza, mayormente conocidos por su desenvolvimiento pictórico, también se presentan aquí con un trabajo gráfico de excelente valor estético. Pioneros de la cartelística cubana con una nueva visualidad en apoyo a los nuevos ideales de la época post-revolucionaria; y, como germen ideológico, el ideario martiano, piedra angular de la dignidad humana.
Desde el punto de vista curatorial, esta exhibición focaliza su atención en ponderar el valor creativo y educativo del Centro de Información Antonio Rodríguez Morey. Imagen: Tomada del MNBA
Desde el punto de vista curatorial, esta exhibición focaliza su atención en ponderar el valor creativo y educativo del Centro de Información Antonio Rodríguez Morey. La historiadora del arte Maza Rodríguez se apodera del vestíbulo del lobby principal y transforma el espacio. Conjuga los carteles con la presentación de un grupo de libros, selección de los fondos bibliográficos del Centro de Información, que abordan la relación de Martí con las artes plásticas.
Autores y libros con un basamento teórico e intelectual poseen un trasfondo de conocimiento del Apóstol. Destacan los libros: Martí, comunicador visual y La imagen constante, de la autoría de Jorge R. Bermúdez; Del Arte en Cuba. Esculturas, de Llilian Llanes Godoy; y Raúl Martínez. La gran familia, de Corina Matamoros. Otros títulos a destacar son: Yo sé de un pintor gigante, La pintura y escultura en Cuba a través de la Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro, el Palacio Presidencial y el Museo de Bellas Artes y El cartel de la Revolución. Se muestra el catálogo de Roberto Cobas Amate, Jorge Arche. Centenario. Todos estos textos —con su fuerza discursiva visual— reafirman en el espectador la atemporalidad artística-literaria del más universal de los cubanos en pleno siglo XXI.
En la exposición concurren textos que reafirman en el espectador la atemporalidad artística-literaria del más universal de los cubanos en pleno siglo XXI.
Es crucial destacar en la muestra que —a pesar de la impronta de la gestualidad de las autorías que marcaron una pauta en la historia del arte cubano después de la segunda mitad del siglo XX— los carteles forman parte de solicitudes de instituciones de significativa relevancia en nuestro país, tales como: el Instituto Cubano de Arte e industria Cinematográficos (Icaic), el Consejo Nacional de Cultura (CNC), el Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR), además de otras organizaciones políticas como la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) o instituciones con particular interés en el estudio de la vida y obra del Héroe Nacional como el Centro de Estudios Martianos (CEM).
Autores y libros con un basamento teórico e intelectual poseen un trasfondo de conocimiento del Apóstol. Imagen: Tomada de La Jiribilla
El CEM, por su parte, como entidad preservadora del universo martiano, apoyó esta exposición, junto al Museo de Bellas Artes y al Centro de Información Antonio Rodríguez Morey, en el estímulo del conocimiento sobre Martí desde edades tempranas. Se organizó un intercambio con un grupo de niños de la enseñanza primaria de la escuela Rafael María de Mendive con dos especialista e investigadores del Centro de Estudios Martianos. Estos les ofrecieron un recorrido por la exposición, presentaron varios documentos visuales y audiovisuales, con el fin de buscar un diálogo pedagógico con este grupo de pioneros. Por último, con sentido didáctico, los especialistas propusieron a partir de todos los conocimientos expuestos sobre la iconografía martiana, hacer dibujos como resumen de lo dialogado en esta visita guiada. Así de esta manera, junto a los trabajadores del Centro de Información se contribuyó a la formación de la sensibilidad tanto pictórica como literaria del imaginario de Martí.
“La muestra José Martí, todos los fuegos devela el valor multidisciplinario de la gráfica”.
Más allá de la efectividad de las obras y el poderío que representa el arte es importante la conexión que se adentra en el espectador y que busca cristalizar el valor artístico de una sociedad y una época. Múltiples resonancias del pensamiento martiano habitan en las colecciones y en los disímiles soportes artísticos. La muestra José Martí, todos los fuegos devela el valor multidisciplinario de la gráfica, no sólo desde su función propagandística, sino como ayuda a una comunicación y a una estética social. La necesidad de configurar los ideales de un hombre nuevo como quería el maestro, “con todos, y para el bien de todos”.