José Martí en Lisboa

No hay indicio alguno de que en sus tantos viajes por diferentes países el Maestro haya visitado Portugal, ni siquiera durante sus dos deportaciones a España a pesar de la cercanía. Sin embargo, desde el pasado viernes 14 de julio el más universal de los cubanos se halla en Lisboa: un busto con su imagen, del escultor cubano Andrés González González, fue develado en la céntrica Plaza de la Alegría, como parte de las actividades del presidente cubano Miguel Díaz-Canel a Portugal.

Muy bien que el Maestro tenga su lugar dada su significación en la historia, la cultura y las ideas cubanas y latinoamericanas. Cada vez más se comprende la universalidad martiana, no solo por su magno proyecto de alcanzar el equilibrio de América y del mundo con la independencia de Cuba y de Puerto Rico sino también por sus concepciones filosóficas en torno a la naturaleza y el hombre, su ética de servicio humanista en favor de los pobres de la tierra, la justicia plena y el mejoramiento humano. Quien se interesó, respetó y comprendió los aportes de las diversas culturas, quien no admitió la superioridad de unos pueblos sobre otros, quien admiró las expresiones artísticas de las sociedades más antiguas hasta las del mundo moderno, quien rechazara las falsa dicotomías entre civilización y barbarie, entre razas superiores e inferiores fue en su tiempo un ciudadano del mundo interesado en un mundo mejor y cuyo pensar y actuación son ejemplos por seguir en una época como la nuestra de crisis de valores y de afectación creciente al entorno natural.

Por todo ello Martí es también persona útil para el pueblo portugués actual, cuyo país y cuyas letras movieron su pluma en más de una ocasión, sin la frecuencia que mostró sobre otros acerca de los cuales dispuso de mayor y mas sistemática información.
El presidente cubano visitó en Lisboa el Túmulo del Monasterio de los Jerónimos, donde reposan los restos de Luis Vaz de Camoens, al que Martí no pudo entregar un ramo de flores como hizo Díaz-Canel, pero sí nos dejó una extensa nota acerca de este escritor fundador de las letras y la identidad lusitanas en la “Sección Constante”· que durante un tiempo publicara en el diario La Opinión Nacional de Caracas.

Las traducciones de Las Luisiadas, libro fundador de las letras portuguesas, provocan el comentario martiano, quien entrega primeramente su mirada sobre la vida difícil de aquel poeta al que considera “portugués ilustre” y nos dice: “las injusticias del monarca que dio como cosa grande al poeta en premio a las Luisiadas, desde el nacer famosas, unos cien pesos que le fueron mal pagados; y los amores del hermoso poeta, que fue, aún después de perder un ojo, muy amador y muy gallardo; y sus penurias, que fueron tales que comía de la limosna que un fiel esclavo que trajo de Java pedía para él por las noches…”

Más adelante añade Martí: “aquel poeta que exclamaba al morir, entristecido por el rebajamiento de los suyos y la pobreza de dineros, y pujanza del reino: muero en mi patria, y con mi patria.” Y concluye: “Bien merece la honra aquel cuyos versos fueron escritos, a guisa de lema nacional, en la bandera de batalla de los ejércitos de su nación.”

Otro escritor que llamó la atención del cubano fue el poeta Abel Manuel Guerra Junqueiro. También en su “Sección Constante” para el diario de Caracas, el Maestro escribió en 1881 acerca de quien en edad solo le superaba en tres años. Fue este, por tanto, un escritor de su época, de su generación, a diferencia de Camoens, hombre del sigloXVI. Veamos los juicios martianos.
“Entre los nuevos poetas de Portugal, hay uno que atrae especialmente la atención de los buenos jueces. Tiene candores de niño, y rugidos de león. En sus versos corre a torrentes el espíritu de la Naturaleza: todo es en ellos palpitante, precipitado, irregular, sonoro, vivo. Puede decir como el poeta latino Odi profanum; o como Carducci, este cincelador de la lengua italiana: Odio l’usata poesía,—El joven poeta portugués tiene colores en su paleta para pintar alas de ángel y llagas de mendigo. Con igual fuerza expresa los sentimientos honrados y robustos con que su generosa alma sacude su mente, que los cuadros de miseria humana e irregularidad social que hieren sus ojos. Don Juan, que simboliza para este poeta la poesía lánguida, el amor corruptor, el brillo falso, la pereza pervertidora, debe ser muerto. Don Juan debe morir, y Jesús debe vivir: Jesús, fuerza, trabajo, verdad, libertad, igualdad, justicia, amor casto. La obra más conocida de este osado bardo es La muerte de don Juan, un poema batallador y caprichoso, del cual ha traducido magistralmente nuestro Pérez Bonalde el canto “Las Ruinas”. El joven poeta se llama Guerra Junqueiro.”

Este escritor portugués a todas luces, ganó la simpatía de Martí con esa pieza sobre don Juan y por su altura poética que lo lleva a compararlo con el clásico latino Horacio y con el italiano Giosué Carducci, un contemporáneo reconocido ya entonces más allá de su país. Mas también habría que considerar quizás que Guerra Junqueiro era considerado ya en aquellos años 80 del siglo XIX como un republicano revolucionario y un enemigo de la corrupción de la sociedad portuguesa. Y el cubano supo de eso, pues en enero de 1882 escribió en una crónica para La Opinión Nacional caraqueña que las “cabezas de la manifestación republicana” en Portugal fueron detenidas y que tales personas se paseaban por los “sombríos corredores de su cárcel, leyendo artículos de Gomes Leal, cantando versos de Guerra Junqueiro.” Este, y sobre todo el escritor y periodista Antonio Duarte Gomes Leal, se destacaban por su postura política contra la monarquía, y el segundo publico después, en 1884, El Anticristo, una apología al cristianismo contrastante con sus diatribas acerca del mundo moderno.

Este encarcelamiento, según Martí, hizo “temer por su prestigio” al rey portugués, Luis I de Braganza, quien suele ser presentado como modelo de monarca constitucional y en quien el cubano destacó varias veces su empeño por traducir el drama Ricardo III de Shakespeare. y al que calificó de “culto y pensador”, y de “meditabundo y cortés.”

Otro ejemplo de su interés por las letras portuguesa se halla en su cuaderno de apuntes con el número 21 donde en una relación de traductores de distintos países incluyó al lusitano Leonel da Costa, quien vivió entre 1570 y 1647. Remontarse a tales antecedentes indica la amplitud de la visión martiana acerca de esa .literatura.
Es muy probable que la amplitud temática y la actualización de lecturas por Martí le hayan permitido saber mucho más sobre personalidades y aspectos de la sociedad y la cultura portuguesas, aunque no lo reflejara en sus escritos.

Lo cierto es que, sin visitar aquel país europeo, José Martí incorporó muchos elementos e informaciones de esa nación a su enorme registro cultural, lo cual, sin dudas, valida todavía más su presencia actual en aquel país mediante el busto de Lisboa.

Posted in Sin categoría | Leave a comment

Sociedad Cultural José Martí premia a santiagueros

La Sociedad Cultural José Martí honró este martes a dos santiagueros, el periodista Dayron Chang y el historiador Manuel Fernández, con el Premio Patria y La Utilidad de la virtud, respectivamente, como parte de las actividades por los aniversarios 70 del Moncada y 60 de la fundación de la Unión de Periodistas de Cuba.

Ambos son merecedores de los galardones por estudiar y difundir la obra del Apóstol desde la prensa, la investigación y el magisterio.

El Doctor Fernández, profesor de la Universidad de Oriente, dedicó este reconocimiento a sus alumnos por su participación en las conferencias, por leer sus escritos sobre el Héroe Nacional y compartir proyectos investigativos mediante la tutoría de tesis de pregrado y posgrado.

Según declaró a la Agencia Cubana de Noticias, la Sociedad Cultural José Martí resulta una de las principales instituciones que promueve el legado martiano, por ende es necesario mantener los vínculos académicos.

A Martí debemos estudiarlo con una perspectiva más humanista, sin excesivas glorificaciones y mediante la lectura de sus textos, para así mantener su legado, afirmó.

Manifestó la necesidad de que los cubanos lean su obra para preservar los valores de la nación, desde sus ensayos, poesía, discursos y los libros de los estudiosos de la obra martiana.

El autor de libros como “Estudios Biográficos integrados de José Martí” y “José Martí. Ciencia y Conciencia”, reafirmó que el reto actual de los historiadores constituye hacer de esta una asignatura más atractiva en todos los niveles de enseñanza.

Los premios Patria y Utilidad de la virtud son los máximos galardones que confiere la Sociedad Cultural José Martí a personalidades distinguidas en la divulgación de la vida y obra del más universal de los cubanos.

Tomado de: https://www.tvsantiago.icrt.cu

Posted in Sin categoría | Leave a comment

Presencia de Martí en Fidel

Es bastante conocido que Fidel expresó, cuando los sucesos del 26 de julio de 1953, que el autor intelectual de aquellos hechos era José Martí, así como que textos martianos fueron citados con frecuencia por el líder revolucionario; pero no siempre reparamos en cuáles textos o ideas fueron las más asumidas en las distintas épocas y circunstancias. Para acercarnos a este asunto, sería pertinente comenzar por los tiempos estudiantiles en los predios de la Universidad de La Habana donde, como el propio Fidel reconoció el 4 de septiembre de 1995 en ocasión de los 50 años de su ingreso a la Colina, se hizo revolucionario, martiano y socialista. Algunos hechos de entonces nos pueden dar pistas de ese acercamiento al Apóstol.

En tiempos del estudiante Fidel Castro, se produjo la profanación de la estatua de Martí en el Parque Central de La Habana -el 11 de marzo de 1949- por un grupo de marines yanquis, entonces los estudiantes del alto centro docente estuvieron a la vanguardia en las protestas que aquel hecho provocó, para lo cual una comisión se encargó de presentar su posición a la prensa, en la que exigían el castigo a los culpables, y de movilizar a la opinión pública durante una semana para rendir tributo de desagravio a Martí. Ahí estaba el joven estudiante de Derecho Fidel Castro, acompañando a quienes asumieron esa vanguardia. Después de graduado, en septiembre de 1950, Fidel matriculó un grupo de asignaturas para obtener el doctorado en Ciencias Sociales, ocasión en que debió enfrentar acusaciones de querer mantenerse en la Universidad para ser presidente de la FEU, a lo que respondió en carta enviada a la revista Carteles. En la misiva expuso sus principios de haberse opuesto siempre a los que deseaban ser “eternos líderes” estudiantiles y expresó una sentencia: “Si la deshonra es el castigo de los que claudican, sea, pues, la honra el precio merecido de los que han sabido ser honrados.”[1] Aquí puede apreciarse, en la forma y el contenido, la convicción martiana de cumplimiento del deber y sentido del honor.

A lo largo de su lucha revolucionaria, Fidel siguió aprendiendo en los textos del Apóstol, como puede comprobarse en las marcas que hizo durante sus lecturas en presidio a las Obras Completas de Martí. Ese texto estuvo entre los que leyó con más constancia. Por otra parte, en sus expresiones a raíz de los sucesos del Moncada, en especial durante el juicio que se le siguió, Martí fue la mayor fuente de análisis y proyección, tanto para exponer las razones de aquel hecho como para presentar las bases programática de la revolución que se proponían desarrollar. Justo en aquella coyuntura, según narró en su alegato, ante el intento de utilizar una certificación médica para alejarlo de la sala del tribunal, recordó a Martí al decir que: “Un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército” o cuando le prohibieron acceder a los libros de Martí, que expresó “traigo en el corazón las doctrinas del Maestro”, lo que demostró en su propio discurso, conocido como “la Historia me absolverá”. Entre las referencias textuales que entonces hizo, destaca como en el proyecto de reforma integral de la enseñanza, vuelve al Apóstol para recordar que “El pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento y en la dirección de los sentimientos” y que “Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre.” Estas referencias se continuaron con el comentario de que algunos podían llamarlo soñador, a lo que respondió con Martí: “El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ese es (…) el único hombre práctico cuyo sueño de hoy será la ley de mañana, porque el que haya puesto los ojos en las entrañas universales y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está al lado del deber.” En ese momento, Fidel sentía que estaba cumpliendo con su deber en correspondencia con el concepto martiano.

A lo largo de los años de labor revolucionaria, Fidel volvió siempre a Martí, no solo para citarlo, sino como expresión de su asunción de los principios y valores martianos. La recurrencia a la idea de que: “El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber” puede parecer una reiteración, pero no era mucho más que una simple cita, pues cuando se estudia la actuación del líder Fidel Castro, puede apreciarse ese sentido de vida. La insistencia en ese principio es notable, especialmente en momentos decisivos como los días de abril de 1961, cuando Cuba enfrentaba la invasión de tropas mercenarias organizadas por Estados Unidos, o cuando analizó las circunstancias que llevaron al llamado Período Especial en tiempo de paz y otros muchos momentos en los que siempre estuvo al frente, cumpliendo con el deber; lo que incluye su intervención del 17 de abril de 2005, ante dirigentes del Estado, el Partido y la Unión de Jóvenes Comunistas, al referirse a los planes del enemigo, cuando afirmó: “Nuestro deber siempre es prever y prever y no darles ni un chancecito (…).” Esto se enlaza con la concepción martiana de las características que debía tener un dirigente, pues la previsión tenía que ser fundamental para enfrentar los problemas que tenía por delante. Ello formaba parte del cumplimiento del deber.

La concepción de la lucha entonces fue parte también del pensamiento martiano, para quien “la guerra es un procedimiento político” y que “El cambio de mera forma no merecería el sacrificio a que nos aprestamos”, así fue la concepción fidelista: no se trataba solo de hacer una guerra para eliminar la dictadura batistiana, sino de promover el cambio necesario en la sociedad, el que se planteó en sus líneas generales en La Historia me absolverá” y otros documentos programáticos.

Entre los textos martianos más citados por Fidel se encuentran los primeros párrafos de la carta inconclusa a Manuel Mercado, escrita el 18 de mayo de 1895. La Segunda Declaración de La Habana del 4 de febrero de 1962 comienza con esos párrafos, que también están mucho después en el discurso de condecoración a Hugo Chávez con la Orden Carlos Manuel de Céspedes en 2004 y en otros momentos, de manera que es una base clara de la posición antimperialista y la acción correspondiente. Es útil recordar la parte de esa carta, escrita por Martí el día antes de caer en combate, citada por Fidel en ese documento:

Ya puedo escribir… ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber… de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso… Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos, más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal que los desprecia. Viví en el monstruo y le conozco sus entrañas; y mi honda es la de David.”

Una referencia también importante es: “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, así como “la patria es ara y no pedestal”, lo que estuvo presente desde sus instrucciones a sus compañeros cuando preparaba lo que sería después el desembarco del Granma. Esa presencia martiana, en especial en el sentido del deber y de hacer la revolución, acompañó a Fidel todo el tiempo y llegó a una definición esencial en el 2003, en el discurso por el 150 aniversario del natalicio de Martí y de clausura de la Conferencia “Por el equilibrio del mundo”, Fidel realizó una reflexión de sumo interés para el tema que nos convoca cuando preguntó: “¿Qué significa Martí para los cubanos?” y respondió: “Para nosotros los cubanos, Martí es la idea del bien que él describió.”

La condición de martiano de Fidel fue tan evidente que no pocos de sus compañeros lo reflejaron desde muy temprano. El 7 de julio de 1956 Ernesto “Che” Guevara escribió “Canto a Fidel Castro” en el que lo describía, le afirmaba su apoyo y le decía:

Vámonos.

Derrotando afrentas con la frente

—Plena de martianas estrellas insurrectas—

juremos lograr el triunfo o encontrar la muerte.

(…)

Al triunfo de la Revolución, el “Indio Naborí” (Jesús Orta Ruiz) escribió el poema “Marcha triunfal del Ejército Rebelde” donde lo caracterizaba: “Fidel, fidelísmo, retoño martiano, / asombro de América, Titán de la hazaña” que “ahora riega orquídeas, flores de montaña”.

Y Nicolás Guillén escribió:

Se acabó.

Yo lo vi.

Te lo prometió Martí

y Fidel te lo cumplió.

Se acabó.[2]

 

[1] Carteles, 10 de diciembre de 1950.

[2] Nicolás Guillén: Obra poética 1920-1958. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1972, T II, pp. 165-167.

Tomado de: https://www.trabajadores.cu

Posted in Sin categoría | Leave a comment

Fermín Valdés, hermano del alma de José Martí

El 10 de julio de 1853, hace hoy 170 años, nació en La Habana Fermín Valdés Domínguez, a quien José Martí llamó: “Mi hermano del alma”, porque así lo consideraba en su corazón y sentimientos.

Ambos, Martí y Domínguez, nacieron en el mismo año con siete meses de diferencia entre el primero y el segundo. Juntos acudieron a los mismos colegios San Anacleto y San Pablo, donde recibieron una educación patriótica de ese formador de hombres libres que fuera Rafael María de Mendive.

Valdés Domínguez en 1869 fundó el periódico El Diablo Cojuelo, donde Martí escribió durante su efímera duración. Por una carta que él y Martí enviaron a un antiguo compañero de estudios calificándolo de apóstata por haber adjurado del ideal independentista, ambos fueron juzgados y condenados a seis meses de cárcel Fermín y a seis años de prisión, Martí.

Luego los dos jóvenes se reencontraron en Madrid y se unieron nuevamente en los estudios universitarios, José Martí en Derecho y Filosofía, y Valdés Domínguez en Medicina, profesiones en la que ambos se graduaron.

De regreso a Cuba Fermín Valdés se establece en Baracoa para ejercer la medicina y allí es designado como Delegado del Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí. Después viaja a Estados Unidos y en la Florida realiza labores de proselitismo entre los tabaqueros emigrantes.

Con el dolor de la pérdida de Martí en la guerra, Fermín Valdés Domínguez se alista en una expedición que desembarca en la isla, recibiendo la encomienda de organizar la sanidad militar en Las Villas y más tarde en el primer cuerpo de Oriente bajo las órdenes de José Maceo, llegando a alcanzar el grado de Teniente Coronel.

Finalizada la guerra Fermín Valdés vería con tristeza cómo la República era sojuzgada por la intervención de Estados Unidos, dedicándose al ejercicio de la medicina en la capital, mostrando siempre el espíritu patriótico y el recuerdo de su gran hermano del alma, José Martí.

Poco antes de su muerte el 13 de junio de 1910 a la edad de 57 años, y antes de cerrar los ojos para siempre Valdés expresó: “Patria cuánto te he querido, pero que poco he podido hacer por ti”

Al cumplirse hoy 10 de julio el aniversario 166 de su natalicio, digámosle a Fermín Valdés Domínguez que la patria por la que él luchó y soñó libre e independiente es hoy una realidad, donde él y su hermano del alma, José Martí, viven para siempre.

Tomado de: https://www.tvsantiago.icrt.cu/

Posted in Sin categoría | Leave a comment

La historia ambiental y las tareas de la historia en nuestra América

Si algo puede enseñarnos la historia ambiental es que cada sociedad produce su propio ambiente y que, por tanto, si deseamos un ambiente distinto tendremos que contribuir a la creación de sociedades diferentes. Es allí donde cabe situar las tareas mayores de la historia ante la crisis ambiental en nuestra América.

“Estamos en tiempos de ebullición, no de condensación;  de mezcla de elementos, no de obra enérgica de elementos unidos. Están luchando las especies por el dominio en la unidad del género.”

José Martí, 1881[1]

En el año 2003, una veintena de historiadores y humanistas de nuestra América creó en Santiago de Chile la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental. El ambiente, por entonces, apenas empezaba a abrirse paso hacia las Humanidades, al calor entre otras cosas de la buena nueva del desarrollo sostenible como herramienta para la renovar los consensos de un sistema internacional que transitaba hacia aquella nada incierta que por entonces se dio en llamar la posmodernidad.

En el campo de las Humanidades, la gran historia cedía su lugar a otras narrativas, mientras el neoliberalismo iba imponiendo su propia dogmática al frío de la desintegración de las del marxismo soviético, el desarrollismo latinoamericano y la teoría de la dependencia. En aquellas circunstancias, cuando el liberalismo á la Huntington se proclamaba una vez más como adalid de la civilización en su lucha contra la barbarie, volvía ser indispensable el pensar de José Martí, que ya a comienzos de la década de 1880, nos advertía que al estudiar “un acto histórico, o un acto individual”, resultaba que “la intervención humana en la Naturaleza acelera, cambia o detiene la obra de ésta, y que toda la Historia es solamente la narración del trabajo de ajuste, y los combates, entre la Naturaleza extrahumana y la Naturaleza humana”, haciendo parecer pueriles “esas generalizaciones pretenciosas, derivadas de leyes absolutas naturales, cuya aplicación soporta constantemente la influencia de agentes inesperados y relativos.”[2]

De entonces acá, nuestra historia ambiental ha ido ampliando cada vez más su diálogo con los clásicos y los contemporáneos de sus campos afines, desde geógrafos como Jean Brunhes; biogeoquímicos como Vladimir Vernadsky; sociólogos como Immanuel Wallerstein, y colegas como Donald Worster. Pero, y sobre todo, su labor en nuestra América ha hecho parte de un proceso más amplio, al que también concurren la economía ecológica y la ecología política.

Así, nuestra historia ambiental contribuye a trascender el conocer generado por la geocultura del crecimiento sostenido, y a dar a otra, nueva y distinta, organizada en torno a los problemas de la sostenibilidad del desarrollo de nuestra propia especie. Esto tiene un importante significado en la ebullición de nuestro tiempo, en la cual desempeña un papel de primer orden la crisis socioambiental que encaran nuestras sociedades como resultado de la subordinación de nuestras relaciones con el mundo natural a la lógica de aquella economía de rapiña descrita a principios del siglo XX por Jean Brunhes, que destruye en un mismo proceso el entorno natural y social de regiones completas.

Hoy sabemos que, si bien en el siglo XVI en el siglo XVI Europa encontró en nuestra América una situación de abundancia relativa de recursos naturales que ya eran escasos en otras regiones del mundo, el saqueo de esos recursos se vio restringido inicialmente en su alcance e intensidad por factores que iban desde el carácter selectivo de la demanda europea de productos americanos, la crónica escasez de mano de obra y las limitaciones tecnológicas de la época. A partir del último cuarto del siglo XIX, sin embargo, ese saqueo se intensificó con rapidez con el ingreso masivo a la región de capitales y tecnología provenientes del mundo Noratlántico.

En esto incidió el hecho de que, a diferencia de lo ocurrido en África y Asia, los Estados nacionales latinoamericanos fueron organizados en la primera mitad del siglo XIX, lo cual permitió al capitalismo Noratlántico encontrar aquí oligarquías dispuestas a ofrecer acceso a recursos naturales y mano de obra baratos a cambio de préstamos, inversiones y oportunidades de acceso al comercio exterior. En ese proceso, aquellas élites hicieron suya la visión imperial del conflicto entre civilización y barbarie. Con ello, la coexistencia conflictiva de modos de relación con la naturaleza distintos y finalmente hostiles en nuestras sociedades llevó a una exclusión vehemente y a menudo violenta, como expresión de barbarie, de toda visión y toda conducta alternativa a la imperial.

Por contraste, Martí, vocero de un liberalismo democrático y de base popular, forjó su visión de la naturaleza a lo largo de un diálogo con la cultura Noratlántica que conoció, ejercido en Estados Unidos desde el conflicto con el liberalismo oligárquico de su tiempo. Eso le permitió fracturar los muros de la cultura oligárquica, para afirmar 1891, en su ensayo Nuestra América , que no existía entre nosotros una batalla entre la civilización y la barbarie, sino “entre la falsa erudición y la naturaleza”.

Estamos así en presencia de dos continuidades. Por un lado, la obra de Martí se prolonga en la relación que permite establecer entre la lucha por la sostenibilidad del desarrollo humano en nuestra América y los problemas del ejercicio de la autodeterminación y la soberanía popular en nuestras sociedades. Por otro, el culto al progreso de la cultura oligárquica sigue alentando en el empeño de los Estados de la región para legitimar el crecimiento económico sostenido como medio para alcanzar aquello que sea el desarrollo sostenible en sus opciones neoliberal y progresista.

De ese legado da cuenta lo advertido por Fidel Castro en la Cumbre de la Tierra realizada en Rio de Janeiro en 1992, al señalar que

Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo.

Y a eso añadió que el mañana de aquel entonces podría resultar ya “demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo.”

En nuestra América, este proceso nos ha traído a una situación en la que nuestro movimiento ambientalista se encuentra escindido entre las capas medias educadas urbanas, por un lado, y por el otro, los sectores populares del campo y la ciudad que desde hace decenios vienen luchando por preservar para su propia existencia recursos naturales amenazados por la expansión incesante del extractivismo. Con todo, si algo puede enseñarnos la historia ambiental es que cada sociedad produce su propio ambiente y que, por tanto, si deseamos un ambiente distinto tendremos que contribuir a la creación de sociedades diferentes. Es allí donde cabe situar las tareas mayores de la historia ante la crisis ambiental en nuestra América.

Hoy, en efecto, resulta cada vez más evidente que la “normalidad” del trabajo contra la naturaleza, característica del moderno sistema mundial, ha dejado de ser “sustentable”. Con ello, la especie humana se acerca a un momento en el que deberá optar entre preservar las formas de organización social que demanda el crecimiento sostenido, o encontrar otras que permitan ir hacia una relación de trabajo con la naturaleza, para revertir el proceso en cuestión. Ante esa disyuntiva, la primera tarea de nuestra historia ambiental consiste en demostrar la naturalidad aparente de una relación con la biosfera que se reduce a la identificación y explotación, tan intensa y rápidamente como sea posible, de los recursos que demanda el crecimiento sostenido de la economía realmente existente.

Esto define, como una segunda tarea, la de revelar hasta dónde afectan a todos sus integrantes los problemas que encaran nuestras sociedades, y hasta dónde tendrán que ser para el bien de todos las soluciones que sometan a control esos problemas. Y la tercera ha de ser la de facilitar la comprensión de la historicidad de nuestro lugar en el sistema mundial, para trabajar con el mundo en las transformaciones que permitan a la Humanidad encarar esta crisis en la perspectiva del mejoramiento humano, mediante el ejercicio de la utilidad de la virtud en la lucha por el equilibrio del mundo.

Necesitamos, en breve, historizar a la naturaleza para naturalizar la historia, pues la historia ambiental es a fin de cuentas la historia de nuestra propia especie. En la medida en que lo hagamos desde nuestro compromiso con la sobrevivencia y el bienestar de nuestra gente, podremos confirmar lo que en 1892 nos dijera José Martí:

La epopeya está en el mundo, y no saldrá jamás de él: la epopeya renace con cada alma libre: quien ve en si es la epopeya. Unos son segundones, y meras criaturas, de empacho de libros, y si les quitan de acá el Spencer y de allá el Ribot, y por aquí el Gibbons y por allí el Tucídides, se quedarían como el maniquí, sin piernas ni brazos.

Otros leen por saber, pero traen la marca propia donde el maestro, como sobre la luz, no osa poner la mano.

Y artesanos o príncipes, ésos son los creadores.[3]

La Sociedad que hemos creado hace hoy su parte en la batalla entre la falsa erudición y la naturaleza en la que se decide el destino de la vida en la Tierra. Esa es nuestra epopeya, y es en ella y para ella que constituimos una comunidad de creadores.

Morelia, Michoacán, 19 de junio de 2023

* Síntesis de la conferencia inaugural ofrecida en el XI Simposio de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental, realizado en Morelia, Michoacá, México, del 19 al 23 de junio de 2023.

[1] Cuadernos de Apuntes, 5 (1881). Ídem. XXI, 163 – 164.

[2] Artículos varios: “Serie de artículos para La América”. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. XXIII, 44.

[3] “Para un libro”. Patria, 26 de marzo de 1892. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. IV, 379-381. https://www.josemarti.cu/publicacion/rafael-serra/

Tomado de: https://connuestraamerica.blogspot.com

Posted in Sin categoría | Leave a comment

Las Escenas Norteamericanas, un caleidoscopio para conocer a los Estados Unidos (+ audio)

La directora del Centro de Estudios Martianos, la investigadora, ensayista, editora, crítica y profesora cubana, Marlene Vázquez Pérez, calificó a las Escenas Norteamericanas como un magnífico caleidoscopio para interpretar la realidad de los Estados Unidos, cuya Declaración de Independencia fue oficialmente aprobada por el Congreso Continental el 4 de julio de 1776.

La renombrada intelectual cubana recordó que ese corpus textual inmenso dentro de la obra del Apóstol, se conforma por más de 300 materiales de imprescindible consulta sobre los últimos decenios del siglo XIX de la nación norteña, desde la visión de un testigo extraordinario de muchos hechos, unos conocidos personalmente y otros a partir de la prensa de ese país.

Marlene Vázquez Pérez significó las crónicas de José Martí sobre batallas decisivas de la Guerra de Secesión, librada entre abril de 1861 y abril de 1865 entre la Unión Americana y los Estados Confederados de América, y las célebres semblanzas de los generales Ulysses Simpson Grant y Philip Henry Sheridan.

Las Escenas Norteamericanas fueron publicadas en La Opinión Nacional, de Caracas; La Nación, de Buenos Aires; El Partido Liberal, de México; La República, de Honduras, y reproducidas luego por numerosos rotativos hispanoamericanos.

Esa zona del legado escriturario martiano transita las entrañas de aquel país que proclamó que “todos los hombres nacen iguales” y dotados de “ciertos derechos inalienables”, en la Declaración de Independencia redactada en gran parte por Thomas Jefferson, aprobada el 4 de julio de 1776 en el Segundo Congreso Continental de Filadelfia.

Tomado de: https://www.radiorebelde.cu/

Posted in Sin categoría | Leave a comment

De la educación científica

“Divorciar el hombre de la tierra, es un atentado monstruoso. Y eso es meramente escolástico: ese divorcio.
–A las aves, alas; a los peces, aletas; a los hombres
que viven en la Naturaleza, el conocimiento de la Naturaleza: esas son sus alas. Y el medio único de ponérselas es hacer de modo que el elemento científico sea como el hueso del sistema de educación pública.”
José Martí, 1883[1]
La historia, como sabemos, se ocupa del estudio de los procesos de formación y transformación de las sociedades. Dentro de ese campo de estudio, tiene especial importancia la creación de las circunstancias que dan lugar a esos cambios mayores, y a las mentalidades que los expresan. Tal ocurre, por ejemplo, en el caso de actividades productivas como la ciencia.
La historia del conocer que hoy llamamos científico se remonta a sociedades que habían pasado del estado de barbarie al de civilización en territorios que hoy conocemos como Eurasia. África y América. Sin embargo, la formación y desarrollo de la ciencia tal como la conocemos en nuestro tiempo tiene lugar en el campo más amplio de la formación y desarrollo del mercado mundial creado por el capitalismo.
Ese proceso no fue sencillo ni enteramente pacífico. El desarrollo de la ciencia, en efecto, ha ocurrido en una pugna incesante con hábitos y mentalidades previamente existentes, con reminiscencias que se prolongan incluso en nuestro tiempo. A esa pugna se refería en 1883, cuando ya el capitalismo pasaba al desarrollo de grandes organizaciones industriales y financieras, al señalar que
Se han hecho dos campos: en el uno, maltrechos y poco numerosos, se atrincheran los hombres acomodados y tranquilos, seguros de goces nobles y plácidos, que les dan derecho de amar fervientemente el Griego y el Latín; en el otro, tumultuosos y ardientes limpian las armas los hombres nuevos, que están ahora en medio de la brega por la vida, y tropiezan por todas partes con los obstáculos que la educación vieja en un mundo nuevo acumula en su camino, y tienen hijos, y ven a lo que viene, y quieren libertar a los suyos de los azares de venir a trabajar en los talleres del siglo XIX con los útiles rudimentarios e imperfectos del siglo XVI.
       En el marco de ese conflicto, añadía Martí, se elevaba de todas partes “no bien definido acaso, ni reducido a proposiciones concretas, pero ya alto, imponente y unánime”, que pedía “urgentemente la educación científica.” Quienes así lo solicitaban, dijo, coincidían en que ya era “imprescindible, e improrrogable” ofrecer esa educación, pues aunque no habían encontrado aún “remedio al mal”, ya sabían todos dónde residía “y están buscando con vehemente diligencia el remedio.” Y a modo de ejemplos agregaba lo siguiente:
Bradstreets, el más acreditado y sesudo periódico de Hacienda y Comercio que New York publica; Mechanics, el más leído por los que se dedican a las artes del hierro; The Iron Age, «La Edad de Hierro», excelente revista de los intereses mecánicos y metalúrgicos de los Estados Unidos, abogan en este mes de agosto con vivísimo empeño porque se haga de manera que llegue a ser general, común, vulgar, la educación técnica. El orador en una fiesta de Universidad, de esas muy animadas con que los colegios celebran en junio su apertura de cursos, dijo, con palabras que han recorrido entre aplausos toda la nación, algo semejante a esto: en vez de Homero, Haeckel; en vez de griego, alemán; en vez de artes metafísicas, artes físicas.
Hay elementos de aquella circunstancia que sin duda recuerdan la nuestra, cuando – al igual que entonces-, se siente la necesidad, “pero no se da aún con el remedio.” Inglaterra, decía, “ha nombrado sus Comisionados Reales para el estudio de la educación técnica y ha establecido muy fructuosas escuelas científicas; pero que haya escuelas buenas donde se pueda ir a aprender ciencia, no es lo que ha de ser.” Lo fundamental de su visión del problema, en todo caso, quedaba dicho en sus conclusiones:
Que se trueque de escolástico en científico el espíritu de la educación; que los cursos de enseñanza pública sean preparados y graduados de manera que, desde la enseñanza primaria hasta la final y titular, la educación pública vaya desenvolviendo, sin merma de los elementos espirituales, todos aquellos que se requieren para la aplicación inmediata de las fuerzas del hombre a las de la naturaleza.
       Tal pedimos también en nuestro tiempo, para una fase distinta de la misma batalla por la sostenibilidad del desarrollo humano. En el tiempo de Martí, las ciencias de aprendizaje prioritario eran ya las de la II Revolución Industrial, asociadas al creciente uso de la electricidad como medio para masificar la producción y al uso masivo de la metalurgia. En nuestro tiempo, esas prioridades son las que resultan de la IV Revolución Industrial, asociada al uso de la tecnología de la información para elevar la eficiencia en todas las actividades productivas, y a la necesidad de encarar las consecuencias del uso extensivo y masivo de fuentes de energía fósil que impulsó la Gran Aceleración del crecimiento económico mundial desde mediados del siglo XX.
       Sabemos, en efecto, que ese siglo al XXI la Humanidad fue capaz de producir un volumen de bienes materiales mayor que el de los 100 años anteriores. Sabemos, también, que el volumen de desechos generados por ese incremento – en particular aquellos que no pueden ser reciclados en el corto plazo por la naturaleza, como los gases de efecto invernadero, el plástico y los residuos del uso masivo de agroquímicos – se ha constituido ya en una amenaza para la sostenibilidad del desarrollo humano.
       Así, en nuestra circunstancia -y sin renunciar a ninguna de las grandes conquistas anteriores de la ciencia – las prioridades del conocer y del hacer se desplazan hacia las tecnologías de la información, las ciencias de la vida -la humana incluida-, y las asociadas a la gestión de los ecosistemas de los que depende nuestro desarrollo como especie. A 140 años de entonces, podemos compartir en lo más esencial las conclusiones a que llegara en su reflexión el liberal progresista que fue José Martí:
Que la enseñanza científica vaya, como la savia en los árboles, de la raíz al tope de la educación pública. –Que la enseñanza elemental sea ya elementalmente científica: que en vez de la historia de Josué, se enseñe la de la formación de la tierra.
Esto piden los hombres a voces: –¡armas para la batalla!
Esto, con una salvedad: que el “en vez” de entonces se combine con el “además” de hoy, que dará mayor sentido y eficacia al uso de esas armas en estos tiempos nuestros. Hoy, en efecto, nuestra cultura se ha visto enriquecida por toda la obra de reflexión y análisis que va del ensayo Nature, publicado por Ralph Waldo Emerson en 1836[2] a la encíclica Laudato Si’, del papa Francisco, dada a conocer en 2015.[3] Martí, que creía con firmeza en el mejoramiento humano y la utilidad de la virtud  – y admiraba profundamente a Emerson – sin duda coincidiría hoy con esta visión, que es la de la Ciudad.
Ciudad del Saber, Panamá, 30 de junio de 2023.
Guillermo Castro H.
Asesor Ejecutivo
Fundación Ciudad del Saber
Skype: guillermo.castro.h
(507) 317 3708
[1] “Educación Científica”. La América, Nueva York, septiembre de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. Tomo 8. Páginas 277-278
http://jose-marti.org/jose_marti/obras/articulos/educacioncientifica/educacioncientifica01.htm
[2] https://interestingliterature.com/2022/12/ralph-waldo-emerson-nature-summary-analysis/
[3] https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html
Posted in Sin categoría | Leave a comment

Homenaje en Costa Rica al aniversario 130 de la visita de Martí

El embajador de Cuba en Costa Rica, Jorge Rodríguez, rememoró hoy el aniversario 130 de la llegada por vez primera aquí del intelectual y prócer independentista cubano José Martí, en una visita de solo ocho días.

Durante una velada por la efeméride, en la que participaron representantes del cuerpo diplomático latinoamericano acreditado en San José, el embajador narró cómo en algunos reportes de prensa de la época, fue resaltado el acontecimiento.

Un hombre muy notable, escritor y literato distinguido está entre nosotros desde ayer noche, describía una columna editorial del periódico El heraldo de Costa Rica, a cargo de su director Pio Víquez, del 1 de julio de 1893.

Bajo el título de Cubano ilustre, la crónica relataba la llegada del creador de Versos sencillos: “Ingreso Martí el viernes 30 de junio. Don José Martí está en Costa Rica.

Acabamos de ver al sr Martí y apenas hemos tenido tiempo para reponernos de la sorpresa causada a nuestro ánimo por la presencia de ese enérgico luchador americano por el triunfo del derecho democrático y la cultura de los pueblos de América, enfatizaba Víquez en su crónica.

La velada, a la que asistieron miembros de grupos de solidaridad, cubanos residentes y la misión estatal, unió la historia con la música y la poesía de tres trovadores cubanos: Leonor Pérez, Irayda Willians y Reinier Váldez, quienes ofrecieron versos y canciones.

Otro de los atractivos fue la conferencia magistral La Edad de Oro, de Martí a Joaquín García Mongue, de la máster en Estudios Latinoamericanos y profesora de la Universidad Nacional de Costa Rica, Nuria Rodríguez.

La académica en sus reflexiones explicó cómo en aquella visita de solo ocho días, Martí visitó el 6 de julio y almorzó en la casa del joven Joaquín García Monge, quien quedó vislumbrado por la oratoria y la personalidad del visitante.

Convertido después en pedagogo y editor, en esta faceta fue director de la revista Repertorio americano (1919-1958) y en 1921 reprodujo La Edad de Oro, convertida entonces en su primera publicación en América Latina.

Esta propuesta literaria y pedagógica martiana se convirtió en referente de la literatura infantil y juvenil latinoamericana, de inspiración de otras generaciones. Lo novedoso, subrayó, es que trató con respeto a la niñez.

Con esta iniciativa, dijo, Martí, entró en las aulas y los centros estudiantiles, de aquella época y en ésta.

Relató además que en 1924 García Mongue incluyó en Repertorio americano, lecturas para niños y jóvenes bajo el título de La edad de Oro en honor a la obra original martiana.

Un año después anunció la edición de las lecturas como suplemento de la revista y encuadernó seis tomos de 160 páginas. De esta manera nace La edad de Oro de Joaquín García Mongue, destacó.

José Martí llegó por primera vez a Costa Rica el 30 de junio de 1893, a Puerto Limón, en la costa caribeña y regresó un año después.

En aquel entonces el Lugarteniente general del Ejército Libertador Antonio Maceo vivía en este país, a donde llegó en 1891 y se asentó en La Mansión, una finca agrícola que fundó en la localidad de Nicoya, en la norteña provincia de Guanacaste junto a otras 100 familias cubanas.

Ambos revolucionarios preparaban la Guerra Necesaria, que comenzó el 24 de febrero de 1895 por la independencia de Cuba del colonialismo español.

ro/alb

Posted in Sin categoría | Leave a comment

La Edad de Oro: de la mano de la infancia en Cuba

En julio de 1889 fue publicado el primer número de la revista mensual La Edad de Oro, dedicada por José Martí, Héroe Nacional de Cuba, a los niños de América, en medio de los ajetreos incesantes de la preparación de la futura campaña independentista que le ocupaban casi todo el tiempo, mientras radicaba en Nueva York, cumpliendo exilio político obligado.

Sólo cuatro números vieron la luz de ese referente extraordinario de la literatura dedicada a la niñez y de la obra martiana en general, pues en octubre de ese mismo año se imprimió la cuarta y última publicación, hoy entre nuestros clásicos.

En 1905, 10 años después de la caída en combate del Apóstol en Dos Ríos, tierra cubana, su discípulo Gonzalo de Quesada logró juntar el contenido de aquellas ya modélicas revistas en un solo libro, como homenaje al más universal de sus compatriotas.

Con ese formato lo han conocido generaciones de sus paisanos desde los años más tiernos y fundamentales de su vida, según la pedagogía moderna, e incluso pequeños del área geográfica de América, sobre todo de Nuestra América.

“Para eso se publica La Edad de Oro -escribió en el primer número El Maestro-: para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy (…) Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien: hombres elocuentes y sinceros”.

Con 32 páginas, su creador se preocupó de manera acuciosa en dotar a la revista de hermosos grabados e ilustraciones, y se propuso y logró hablar a su público con respeto, naturalidad y desenfado, como se habla con los amigos. Huyó siempre del tono admonitorio y profesoral, que intentara establecer la disciplina y el aprendizaje mediante el temor.

Por eso, 134 años después el Hombre de la Edad de Oro sigue siendo el amigo especial que quiso ser de los infantes americanos, a quienes contribuyó a formar en la sinceridad, la verdad y conociendo de la historia de la humanidad, con sus hechos verídicos, su magia y sus leyendas.

Una selección de cuentos, ensayos y poemas, hoy en el imaginario de miles de cubanos de estos tiempos, nos trajeron para siempre a figuras como Nené Traviesa, Bebé y el señor Don Pomposo, La muñeca negra, Los Dos Príncipes, Los zapaticos de rosa, con historias de honda sensibilidad, arraigadas en sus mentes para siempre.

La variedad de los temas es notable, a pesar de la presencia fugaz de la revista. Martí tuvo que desplegar un esfuerzo descomunal para concretarla, pues el trabajo político y organizativo estaba por entonces en la médula de su vida con un accionar muy demandante y concreto.

Por eso insistimos en recordar, en esta feliz oportunidad, aquellos cuentos inolvidables nombrados: MeñiqueEl camarón encantado, las narraciones Cada uno a su oficioLa Ilíada de HomeroUn juguete nuevo y otros viejosUn paseo por la tierra de los anamitasLa historia del hombre contada por sus casas, Músicos, poetas y pintoresLa exposición de ParísEl Padre de Las CasasHistoria de la cuchara y el tenedor.

Obra de gran belleza literaria, ingenio, humanismo, entrega, sacrificio, amor… junto a Ismaelillo fluye con nosotros como un manantial claro y así nos acompaña.

Con información de Marta Gómez Ferrals/ ACN

Posted in Sin categoría | Leave a comment

Che Guevara: pensamiento y acción

Una interesante y desenfadada charla acerca del enfoque científico que  requiere el estudio del pensamiento y la acción revolucionaria del Comandante Che Guevara sostuvo la investigadora Disamis Arce Muñoz, con colegas del Centro de Estudios Martianos, este jueves 21 de junio, en dicha institución.
La titular del Centro Ernesto Che Guevara explicó las complejidades que supone ese trabajo para los estudiosos, dada la dispersión de documentos en archivos por todo el país, en especial los correspondientes a la región de Las Villas, sitio clave para entender el liderazgo del Che en la búsqueda del consenso necesario entre las fuerzas revolucionarias para emprender la ofensiva militar contra la dictadura de Batista.
El Che, dijo Arce Muñoz, como el gran pensador que fue, supo legitimar la lucha y el proyecto del Movimiento 26 de Julio a partir del estudio y la comprensión de la historia cubana, de sus contextos, sus luchas, posturas dignas y proyectos de líderes a quienes admiró, como a José Martí.
Posted in Sin categoría | Leave a comment