La espiral que cabalgamos

“Estos países se salvarán porque, con el genio de la moderación que parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real.”

José Martí, 1891[1]

Quiere, puede, debe nuestra América, como una más entre tantos otros, trascender la situación de crisis que nos viene de un pasado que se agota en el mismo proceso en que se forjan en torno nuestro las posibilidades de construir una vez más nuestras propias opciones de futuro. En el empeño, (re) descubrimos que nuestra historia no avanza en línea recta, sino en una espiral a veces ascendente, a veces descendente, más amplia o estrecha, que nos lleva una y otra vez al futuro a través del pasado.

De allí resulta que lo indispensable de la memoria para nuestro devenir. Así, por ejemplo, el legado social y cultural de nuestra condición colonial de origen constituye un pertinaz factor de ese pasado al que conviene prestar atención en el camino hacia el futuro que deseamos. Para el sociólogo peruano Aníbal Quijano (1928-2018), como en su momento para José Martí, ese legado se expresa en lo que él llamara la colonialidad, a la que consideraba “uno de los elementos constitutivos y específicos” que sirvió para dar forma al mercado mundial entre mediados del siglo XVII y mediados del XX.

Así entendida, la colonialidad conspira contra la posibilidad de que una sociedad pueda ser inclusiva, en cuanto se hace sentir en “la imposición de una clasificación racial / étnica de la población del mundo”, la cual “opera en cada uno de los planos, ámbitos y dimensiones, materiales y subjetivas, de la existencia cotidiana y a escala social”. Para atender a ese riesgo conviene tener presente, además, que para Quijano la colonialidad era, es, un concepto diferente al de colonialismo. Este último, dijo, designa “una estructura de dominación y explotación”, en la cual

el control de la autoridad política, de los recursos de producción y del trabajo de una población determinada lo detenta otra de diferente identidad, y cuyas sedes están, además, en otra jurisdicción territorial. Pero no siempre, ni necesariamente, implica relaciones racistas de poder. El colonialismoes, obviamente, más antiguo, en tanto que la colonialidad ha probado ser, en los últimos 500 años, más profunda y duradera que el colonialismo.[2]

En este sentido, el proceso de formación del colonialismo como estructura de poder, y de la colonialidad como mecanismo de control social y cultural, se inició a partir del siglo XVI. El primero se vio desintegrado tras la Gran Guerra de 1914-1945, que abrió paso a la organización internacional del sistema mundial que conocemos hoy. La segunda, en cambio, ha persistido por ejemplo en la tendencia del sentido común a asignar a la población identidades étnicas – “indios, negros, aceitunados, amarillos, blancos, mestizos” -, vinculadas en sus orígenes a las formas de organización del trabajo y el poder en las sociedades coloniales.

A esto se refería José Martí en 1891, en su ensayo Nuestra América, al examinar la trayectoria y los desafíos del proceso de formación de repúblicas independientes en las que habían sido posesiones coloniales de España en América. Una de esas dificultades radicaba, precisamente, en las formas de organización de la vida social creadas por la colonialidad, que ofrecían una tenaz resistencia a la organización de aquellas sociedades en repúblicas. “Éramos”, decía Martí,

una visión con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón norteamericano y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad, contra su criatura. Éramos charreteras y togas, en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza.

Y añadía enseguida que el genio hubiera estado en “hermanar, con la caridad del corazón y con el atrevimiento de los fundadores”,

la vincha y la toga; en desestancar al indio; en ir haciendo lado al negro suficiente; en ajustar la libertad al cuerpo de los que se alzaron y vencieron por ella. Nos quedó el oidor, y el general, y el letrado, y el prebendado.[3]

Ese llamado temprano a la inclusividad social respondía, como vemos, a la necesidad política de encarar y superar los males de nuestro legado colonial. Para Martí, como integrante de la joven generación de liberales democráticos que daría forma a nuestra contemporaneidad, si bien las guerras civiles que asolaron a nuestra región entre 1825 y 1875 tenían su origen en el hecho de que la colonia “continuó viviendo en la república”, se ingresaba en su tiempo a una circunstancia en la cual

nuestra América se está salvando de sus grandes yerros – de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen – por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia.[4]

El tiempo nuestro, como el de Martí, es uno de transición entre dos momentos distintos en el desarrollo del sistema mundial. Podía intuir él, como lo hizo, que se iniciaba el tránsito hacia un mundo organizado en Estados nacionales, que podrían relacionarse como iguales entre sí aun cuando estuviera siempre amenazado por la aspiración de alguno de ellos a la hegemonía sobre los demás. Y comprendió que en esta clase de tiempos, cargados de riesgos y de opciones de futuro, la resistencia al mal cuenta tanto como la persistencia en la lucha por el bien mayor de nuestra gente.

Desde la espiral que cabalgamos, podemos compartir con él, contra todo mal, la vigencia de su visión de la capacidad de nuestra América para la construcción de sus propias opciones de futuro. “Todo lo vence”, dijo, “y clava cada día su pabellón más alto, nuestra América capaz e infatigable.”

Todo lo conquista, de sol en sol, por el poder del alma de la tierra, armoniosa y artística, creada de la música y beldad de nuestra naturaleza, que da su abundancia a nuestro corazón y a nuestra mente la serenidad y altura de sus cumbres; por el influjo secular con que este orden y grandeza ambientes ha compensado el desorden y mezcla alevosa de nuestros orígenes; y por la libertad humanitaria y expansiva, no local, ni de raza, ni de secta, que fue a nuestras repúblicas en su hora de flor, y ha ido después, depurada y cernida, de las cabezas del orbe, – libertad que no tendrá, acaso, asiento más amplio en pueblo alguno – ¡pusiera en mis labios el porvenir el fuego que marca! – que el que se les prepara en nuestras tierras sin límites para el esfuerzo honrado, la solicitud leal y la amistad sincera de los hombres.[5]

Desde ese momento de nuestro pasado regresa hoy a nuestro presente la certeza en nuestras capacidades para la construcción de nuestros futuros desde nuestra fe en el mejoramiento humano, en la utilidad de la virtud, y en la necesidad de luchar por el equilibrio del mundo.

Alto Boquete, Panamá, 21 de agosto de 2024

[1] “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 19-20.

[2] “Colonialidad y clasificación social”, en Cuestiones y Horizontes : de la dependencia histórico-estructural a la

colonialidad/descolonialidad del poder. CLACSO, Buenos Aires, 2014. https://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20140424014720/Cuestionesyhorizontes.pdf

[3] Ibid, VI, 20.

[4] Ibid, VI, 19.

[5] “Discurso pronunciado en la velada artístico – literaria de la Sociedad Literaria Hispanoamericana, el 19 de diciembre de 1889, a la que asistieron los delegados a la Conferencia Internacional Americana.” Ibid. VI, 138-139.

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En Uruguay edición impresa con realidad aumentada de La Edad de Oro

La primera edición impresa con realidad aumentada de la obra universal de José Martí, “La Edad de Oro”, fue presentada aquí cual hito que hoy enriquece los lazos entre uruguayos y cubanos.

No podía ser mejor la tierra donde vio la luz esta edición de la revista para niños y adolescentes con la que Martí quiso sembrar valores en los que saben querer, “que son la esperanza del mundo”.

Así lo evocó Ricardo Martínez, director del Departamento Cultura de la central sindical PIT-CNT, cuya editorial, Primero de Mayo, fue la encargada de la impresión.

Tiene la novedad de que los lectores, mediante escaneo de códigos QR, con celulares y tablet, pueden acceder a países, culturas, obras de arte, personajes, sitios lejanos, y muchas otras informaciones presentes en el texto martiano.

Martínez evocó el rol del cubano como cónsul de Uruguay en Nueva York, tarea que solo dejó cuando se sumergió en la preparación de la guerra necesaria.

Resulta una utopía hecha realidad, afirmó la embajadora cubana, Zulan Popa, impulsora de esta obra que tuvo la vital participación de especialistas del Centro de Estudios Martianos de La Habana, y de cubanos residentes en otras naciones.

Es una jornada de emociones, apuntó la diplomática, quien evocó la raíz martiana del proceso encabezado en Cuba por Fidel Castro, en el aniversario 98 de su natalicio.

Por el capítulo uruguayo de la Red de Artistas e Intelectuales en Defensa de la Humanidad, Gabriela Cultelli recordó al José Martí de los versos, textos, al dramaturgo y al pedagogo.

Dijo que pensar en Martí es repensar a América, a Cuba y a Fidel Castro en los tiempos difíciles que vive el continente y la humanidad.

En la presentación del libro, en la sede del PIT-CNT, estuvieron diplomáticos acreditados aquí, del Comité Uruguayo Antimperialista de Solidaridad con Cuba y los Pueblos del Mundo, e integrantes de la brigada médica cubana que presta servicios oftalmológicos en Uruguay, entre otros asistentes.

La nueva edición de La Edad de Oro ya recibe interés desde otras latitudes.

El director de la editorial Primero de Mayo aseguró que recibieron pedidos de Brasil, Chile y Emiratos Árabes Unidos.

Tomado de: Prensa Latina

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Promueve Centro de Estudios Martianos cursos nacionales e internacionales para el venidero año académico

Ante la proximidad del inicio de la etapa académica 2024-2025, el Centro de Estudios Martianos (CEM) promueve un programa nacional e internacional de acciones docentes, con sede en la institución, dirigido a grupos de estudiantes y a profesionales de las áreas de las Ciencias Sociales, Humanísticas y las Artes.

Vida y obra de José Martí y su cosmovisión de los entornos histórico-culturales donde vivió, serán los contenidos generales, en correspondencia con el objeto de estudio del CEM, institución martiana fundada el 19 de julio de 1977, e inscrita en el Registro Nacional de Entidades de Ciencias e Innovación Tecnológica.

Los cursos libres, impartidos por prestigiosos investigadores del CEM, se han diseñado para una semana, pero los tiempos se ajustarían de acuerdo con los intereses de la entidad solicitante. Este plan incluye temas como: “Lecturas de José Martí. Textos representativos” (doctora en Ciencias Literarias Marlene Vázquez Pérez); “Martí escritor” (ensayistas Caridad Atencio Mendoza, David Leyva González y el doctor en Ciencias Literarias Mauricio Núñez Rodríguez); “Poética y poesía de José Martí” (Caridad Atencio Mendoza); “José Martí y la cultura literaria y artística de su época” (David Leyva González); “Versos sencillos: trazos en la culminación” (Caridad Atencio Mendoza), así como “Formación del proyecto emancipador de José Martí” (máster en Estudios Cubanos y del Caribe Laura Rodríguez de la Cruz y licenciado Luis Enrique Domínguez Vázquez).

Uno de los posgrados –“José Martí. Democracia, descolonización y disputa ideológica”– abre matrícula en la segunda semana de setiembre de este año y ocupará los meses de noviembre y diciembre. Contará con un claustro de profesores integrado por Marlene Vázquez Pérez, Laura Rodríguez de la Cruz y la doctora en Ciencias Sociológicas Gladys González Martínez.

La plataforma de posgrados –60 horas a tiempo completo– comprende, además: “Vida y obra de José Martí” (doctor en Ciencias Históricas Pedro Pablo Rodríguez y licenciada Maritza Collado); “Alejo Carpentier y la literatura latinoamericana” (Marlene Vázquez Pérez); “Periodismo y literatura: las escenas norteamericanas de José Martí” (Pedro Pablo Rodríguez, Marlene Vázquez Pérez y el doctor en Ciencias Literarias Mauricio Núñez Rodríguez); “José Martí y el periódico Patria” (Pedro Pablo Rodríguez, Laura Rodríguez de la Cruz, Marlene Vázquez Pérez y Maritza Collado), y “José Martí y su visión acerca de los Estados Unidos de América” (Pedro Pablo Rodríguez López; Marlene Vázquez Pérez y Mariana Pérez Ruiz).

“Textos y contextos del paradigma emancipatorio martiano”, de exitosa primera edición (setiembre a diciembre de 2023), sigue en oferta, con la participación de los doctores Marlene Vázquez Pérez, Gladys González Martínez, Mauricio Núñez Rodríguez, David Leyva González, Laura Rodríguez de la Cruz, Caridad Atencio Mendoza y Mariana Pérez Ruiz.

Instituciones y personas interesadas deberán tramitar las solicitudes mediante correo electrónico: secretariacem9@gmail.com a la atención de Vilma Coipel Fernández. El cobro de la colegiatura se negociará puntualmente entre las partes.

© PJM

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UNIVERSALIDAD CRECIENTE DE JOSÉ MARTÍ

No hay dudas de que el Maestro fue un hombre de mirada y vocación universales. Así lo atestiguan su inagotable interés por las más diversas culturas desde la Antigüedad hasta su época. No le bastó con el saber que brindaba la enseñanza de entonces en escuelas y universidades: fue un estudioso de los conocimientos que brindaban las disciplinas de su tiempo, incluso de aquella que daban sus primeros pasos en los estudios sociales como la Lingüística, la Sociología, la Psicología y la Antropología. También fue voraz lector y divulgador de cuantos avances ocurrían durante los decenios finales del siglo XIX en las más variadas tecnologías como el uso del vapor, la electricidad, la fotografía, la construcción naval, además de las ciencias de la salud, la Química y la Física, entre otras.

Para esa anchísima cultura, donde destacaban las artes y las letras, fue importante su manejo fluido del inglés y del francés. Así no se le escaparon los elementos claves de la geopolítica de su tiempo con el reparto del mundo entre las grandes potencias europeas y Estados Unidos y el acelerado avance de la nueva revolución industrial que proyectaba mundialmente al modo de producción capitalista que iba transitando hacia el dominio del capital monopolista.

A Martí le cabe a la perfección aquella frase de que “nada humano me es ajeno.”

Todos esos elementos aparecen a lo largo de su enorme obra escrita e influyeron decisivamente en su pensamiento y en su acción como líder político del independentismo cubano y de la unidad latinoamericana. Ello, a su vez, explica cómo se convirtió en modelo y ejemplo por seguir para los revolucionarios cubanos del siglo XX y del presente, y cómo mientras más pasa el tiempo no pierde vigencia sino que aumenta el interés por su personalidad, su obra y sus ideas en los más diversos puntos del orbe. Hoy se traducen sus escritos a todas las lenguas europeas, a muchas de Asia y hasta de África y los pueblos prehispánicos de nuestra América.

Elemento decisivo en el aumento de esa universalidad martiana ha sido su propia advocación por la Revolución Cubana desde su arrancada cuando Fidel Castro lo declaró como el autor intelectual del asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Al triunfar esta revolución en 1959 su propia proyección a escala mundial ha contribuido para ese conocimiento y admiración por Martí a todo lo ancho del planeta, en lo que no se pueden desconocer las numerosas ediciones de sus textos en su patria y la extensión sistemática del conocimiento de su pensar y la admiración por su valiosa ética de servicio humanista a la que se entregó en cuerpo y alma.

Así, pues, José Martí es un hombre de su tiempo y de todos los tiempos para orgullo del patriotismo cubano y el respeto y la admiración de buena parte de la humanidad actual, que desde y con Martí puede entender y solidarizarse con este pueblo que afronta la pelea impuesta por los gobiernos de Estados Unidos, el mayor imperio de la historia. Cuba y los cubanos honestos, siempre somos y seremos martianos.

Pedro Pablo Rodríguez

Tomado de: Habana Radio

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Otorgan en Guatemala distinción a la presidente de Asociación José Martí (+Foto)

El Centro de Estudios Martianos de Cuba entregó en Guatemala su más alta distinción «Pensar es Servir» a Ana Cintrón, presidente de la Asociación Cultural con el nombre del Apóstol.

La entidad, mediante resolución firmada por su directora, María Marlene Vázquez, calificó de encomiable el trabajo dirigido a fomentar los vínculos entre las dos naciones de la también tataranieta del patriota antillano José Joaquín Palma.

Después que se restablecieron los vínculos diplomáticos entre Cuba y Guatemala en 1998 Cintrón apoyó numerosos proyectos culturales, muchos de ellos martianos, leyó en el acto en esta capital el investigador Mauricio Núñez.

Detalló que fue esencial la labor de la apasionada historiadora en mayo de 2013 en la fundación y funcionamiento de la Asociación Cultural José Martí en la tierra del quetzal y es motor impulsor de las ideas que desde allí se generan.

La inauguración en agosto del ese propio año de la escultura monumental dedicada al intelectual cubano en la céntrica avenida Las Américas se logró gracias a su esfuerzo y capacidad para aunar voluntades, subrayó el Doctor en Ciencias Literarias

En correspondencia –remarcó Núñez- se realizó en el año 2010 el parque República de Guatemala en la urbe cubana, que además contó con la estrecha colaboración de Cintrón.

Desde la Asociación Cultural José Martí apoyó en el año 2014 a dos realizadores del Canal Habana para la filmación de un documental sobre la estancia de José Martí en esta nación, amplió el texto.

Recordó, entre otras, el homenaje en Cuba y en Guatemala en el 2011 a José Joaquín Palma por el centenario de su muerte, que incluyó la publicación de su libro de poemas, su presentación, un panel científico y una exposición fotográfica del patriota.

Cintrón, por su parte, recordó que devino investigadora en función del interés por profundizar en los antecedentes familiares y agradeció profundamente la distinción.

La Asociación Cultural José Martí en este país, desde su constitución en 2013, labora por hermanar los lazos con Cuba y América Latina siguiendo el pensamiento de esa inmensa figura universal.

ro/znc

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Integrantes de la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba «José Marti» llegaron al CEM

Integrantes de la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba «José Marti» llegaron este miércoles hasta el Centro de Estudios Martianos (CEM) en La Habana.
Durante su recorrido por la casona del vedado, sede del Centro desde su fundación hace 47 años, se aproximaron a la historia del sitio que fuera hogar de José Francisco Zayas Bazán, hijo de José Martí que inspiró el «Ismaelillo».
Los 25 visitantes conocieron además sobre el rol imprescindible que tiene esta institución en la investigación y la preservación de la obra y el pensamiento del Héroe Nacional de Cuba.
La Dra. C. Marlene Vázquez Pérez, investigadora y directora del CEM, explicó los vínculos de José Martí con Valencia; se refirió al origen valenciano de su padre, Mariano Martí, lo cual hizo que el joven Pepe pasara dos años de su infancia en esa ciudad española.
Los representantes de la Asociación se interesaron por la vida del Apóstol cubano y se rememoró la edición, en idioma valenciano, de «Lucía Jerez», única novela escrita por Martí.
No es la primera vez que un grupo de la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba «José Marti» visita el Centro de Estudios Martianos y en esta ocasión se reafirmó la voluntad de ambas partes de continuar el intercambio.

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Aniversario 47 del Centro de Estudios Martianos

El acto por el Aniversario 47 del Centro de Estudios Martianos reunió esta mañana en el Salón Bolívar de la prestigiosa institución, a intelectuales y estudiosos, cubanos y foráneos, de la vida y obra del Héroe Nacional de Cuba. Durante la actividad, se reconoció a trabajadores con trayectoria ejemplar y se reiteró la convocatoria al Coloquio Internacional «De amor y pensamiento: la guerra necesaria», previsto para mayo de 2025.

 

Momentos especiales fueron la presentación de «La Edad de Oro», coedición entre la editorial uruguaya 1ro de Mayo, la embajada de Cuba en ese país y el Centro de Estudios Martianos, y la donación al centro de una obra del artista Jesús Delfino, puente entre la creación visual y el prólogo escrito por José Martí para el Poema del Niágara, de Juan Antonio Pérez Bonalde en 1882.

 

El acto por las más de cuatro décadas del CEM, fundado por el líder histórico de la Revolución cubana, Comandante en jefe Fidel Castro, y el entonces ministro de Cultura, Armando Hart, se inició con la estudiante de violín Keyla Morera, de la escuela «Manuel Saumell», y concluyó con un mini concierto del trovador Rey Montalvo, para disfrute de todos los trabajadores e invitados.

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47 años con la mirada puesta en el Héroe Nacional de Cuba

Este 19 de julio arriba a los 47 años de creado, el Centro de Estudios Martianos (CEM). La emblemática institución, adscrita a la Oficina del Programa Martiano, ha dejado huella profunda en el campo de las investigaciones, particularmente aquellas dedicadas a ahondar en la vida y obra de José Martí.
La casona, que fuera hogar de José Francisco Martí Zayas Bazán, hijo de José Martí e inspirador de “Ismaelillo”, ha sido y es núcleo y casa de estudiosos convencidos de que el pensamiento del Héroe Nacional cubano es tan necesario hoy como lo fue en su época.
Como habitualmente ocurre en estas fechas, la celebración ha devenido jornada de actividades, organizada desde la dirección del CEM y protagonizada por su colectivo y más asiduos visitantes.
Merece que se destaque especialmente en el marco de este aniversario, la presentación del libro “La Edad de Oro”, recién salido de las prensas en Uruguay. Se trata de una coedición entre el CEM, la Editorial uruguaya Primero de Mayo del PITCNT y la embajada de Cuba en ese país.
También en Paraguay se prepara, con Librerías La Paz, otra tirada de esta misma coedición que irá a escuelas y bibliotecas públicas; mientras la Editorial Cultura en Guatemala, que celebra por estos días su Feria del Libro, ha hecho posible que se presente al público la revista que Martí dedicara a las niñas y los niños de América.
Tales sucesos, entre lo más importante de la celebración, expresa la consolidación de las relaciones del CEM con académicos e intelectuales de naciones como Guatemala, Costa Rica, Uruguay, Paraguay y otros.
El mismo día 19, está previsto que se reconozca a los trabajadores con trayectoria más relevante en la institución, en acto central que incluirá presentaciones de jóvenes músicos de la Escuela Manuel Saumell, del Consejo Nacional de Enseñanza Artística, y concluirá con un mini concierto del trovador Rey Montalvo.

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Presentaron dos obras de Cuba en Feria del Libro de Guatemala (+Fotos)

 

 Previo al colofón hoy de la magia de la Feria Internacional del Libro de Guatemala (Filgua), la editorial Serie Periferia presentó dos volúmenes de Cuba de los géneros de narrativa y ensayo.

El joven director esa entidad chapina, Luis Pedro Villagrán, calificó de alto reconocimiento este suceso y consideró sentirse más fortalecido y consciente de todos los esfuerzos de 12 años de trabajo.

En una de las salas del recinto capitalino De Museo Majadas Once, acompañado del doctor en Ciencias Literarias de la mayor isla del Caribe Mauricio Núñez, particularizó en la novela “Tan cerca hemos dormido” del narrador y poeta Carlos Zamora.

Villagrán reveló que desde la primera vez que tuvo un acercamiento a ella, vía correo electrónico, encajó 100 por ciento con la visión de Serie Periferia, era –agregó- lo más acertado para empezar con la narrativa antillana.

A su lado, Núñez apuntó que la obra de su coterráneo Zamora está en sintonía con la temática de Filgua: la migración, pues sus protagonistas emigran a España y allá se reencuentran después de tener una amistad en Cuba.

Mencionó la profundidad en la caracterización psicológica de los dos personajes, que los hace cercanos, creíbles en sus conflictos y contradicciones, mientras aseguró que se lee con avidez y curiosidad, atrapa desde los primeros párrafos.

“Es una propuesta breve pero sólida en su discurso y en su propuesta conceptual y existencial, un retrato de grupo, pero que bien puede ser extensivo a una generación, a una década, es la radiografía de una etapa no concluida de nuestras sociedades”, acotó el también investigador.

A segundo turno, el director de Serie Periferia compartió sobre “Silencios y recepciones: la novela de José Martí”, del propio Núñez, ensayo ganador del Premio Alejo Carpentier 2020.

Constituye –dijo- una pieza clave, un pilar para comprender la única obra de tal género que escribió el Héroe Nacional de Cuba, “Lucía Jerez”.

Invitada, la presidenta de Asociación Cultural José Martí, Ana Cintrón, expresó que el ensayo de Núñez es un estudio a profundidad de la historia de amor narrada por el Apóstol.

Trasmitió una felicitación al autor del ensayo, porque es algo muy diferente, específico, de lo leído en cuanto a la obra del Héroe Nacional de Cuba.

Núñez, igualmente crítico y periodista, remarcó que el interés del libro es revalorizar la novela de Lucía Jerez dentro de la obra literaria de Martí.

Agradeció a Villagrán, a la Editorial Serie Periferia y a su equipo de trabajo la posibilidad de brindar estos dos volúmenes con una buena calidad de impresión, textos competitivos internacionalmente, enfatizó.

La clausura de la XXI Filgua está prevista este domingo a las 18:00, hora local, después de cumplir un nuevo programa con presentaciones de libros, talleres, lecturas de poesías, entre otras.

mem/znc

Tomado de: Prensa Latina

 

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LA EDAD DE ORO, UNA REVISTA EN CAMINO DE ETERNIDAD (III FINAL)

 

Va el deber del artículo laborioso, y no el gusto de la carta, porque le quiero escribir con sosiego, sobre mí: y sobre La Edad de Oro, que ha salido de mis manos—a pesar del amor con que la comencé, porque, por creencia o por miedo dc comercio, quería el editor que yo hablase del “temor de Dios”, y que el nombre de Dios, y no la tolerancia y el espíritu divino, estuvieran en todos los artículos e historias. ¿Qué se ha de fundar así en tierras tan trabajadas por la intransigencia religiosa como las nuestras?

A Martí —de una religiosidad personalísima, por la cual Fernando Ortiz lo llamó “religioso sin religión—[36] lo animaban motivaciones muy claras:

Ni ofender de propósito el credo dominante, porque fuera abuso de confianza y falta de educación, ni propagar de propósito un credo exclusivo. Lo humilde del trabajo sólo tenía a mis ojos la excusa de estas ideas fundamentales. La precaución del programa, y el singular éxito de crítica del periódico, no me han valido para evitar este choque con las ideas, ocultas hasta ahora, o el interés alarmado del dueño de La Edad.

Lo que significó para él interrumpir la revista se aprecia en las líneas que añadió en la carta al amigo: “Es la primera vez, a pesar de lo penoso de mi vida, que abandono lo que de veras emprendo. Si me lo aplaude Ud., no quiero más”. [37] No se debe menospreciar el peso que en la vida de Martí tenían en 1889 sus otras ocupaciones —que crecían—, pero no cabe desconocer su sinceridad al valorar lo que para él fue la causa determinante del cese de la revista, y su resolución de no retomarla. En carta del 21 de octubre a un compatriota de confianza, Félix Sánchez Iznaga, habla de un Da Costa “ya arrepentido, pero con quien no veo manera de avenimiento final que me dé derecho para trabajar en la empresa con la misma fe”.[38]

“¡Porque en todo hombre hay un niño que pregunta y a todo hombre habla La Edad de Oro, como a niño y por eso le enseña!”.

Para hacer justicia al editor celoso de su negocio, vale no solo tener en cuenta el arrepentimiento apreciado por Martí, sino también decir que sus prudencias sectarias o mercantiles, sus miedos, pusieron fin a una publicación extraordinaria; pero tuvo tres grandes iniciativas que merecen reconocimiento: ideó publicar esa revista, la puso en las mejores manos posibles y —según el propio Martí, como se verá— la bautizó con el título feliz que hoy se recibe como flor natural.

Gracias a esas iniciativas existe hoy el tesoro formado por los cuatro números de La Edad de Oro, que Martí cuidó con esmero, y para cuyos textos buscó abundantes ilustraciones en fuentes diversas, o las gestionó. Este parece ser el caso de las debidas a Adrien Marie, destacado dibujante francés de la época a quien se debe —con su firma o sin ella, pero con sus trazos, reconocibles a partir de los acreditados en la revista— el embellecimiento visual no solamente de “Nené traviesa”, cuento en el cual se establece un feliz diálogo entre el texto y los dibujos.[39]

No debe sorprender que el propio Martí fuera consciente de lo que representaba la revista para su entorno. En otra de sus cartas a Mercado, la del 3 de agosto de 1889, escribió:

No parece, de veras, que venga al mundo La Edad de Oro,—que es título de Da Costa, con muy malos auspicios. Verá por la circular que lleva pensamiento hondo y ya que me la echo a cuestas, que no es poco peso, ha de ser para que ayude a lo que quisiera yo ayudar, que es a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin divorciarse de ella, ni vivir infecundamente en ella, como ciudadanos retóricos, o extranjeros desdeñosos nacidos por castigo en esta otra parte del mundo. El abono se puede traer de otras partes; pero el cultivo se ha de hacer conforme al suelo. A nuestros niños los hemos de criar para hombres de su tiempo, y hombres de América.—Si no hubiera tenido a mis ojos esta dignidad, yo no habría entrado en esta empresa.

En esa misma ocasión, refiriéndose igualmente a la revista, le habla a Mercado de su deseo de

atraer la atención del público y de 1os gobiernos sobre una empresa en que he consentido entrar, porque, mientras me llega la hora de morir en otra mayor, como deseo ardientemente, en esta puedo al menos, a la vez que ayudar al sustento con decoro, poner de manera que sea durable y útil todo lo que a pura sangre me ha ido madurando en el alma. Yo no quiero que esta empresa se venga a tierra.

Y aprecia señales de la estima que la revista alcanza:

Veo por acá que ha caído en los corazones desde la aparición de la circular. Los que esperaban, con la excusable malignidad del hombre, verme por esta tentativa infantil, por debajo de lo que lo que se creían obligados a ver en mí, han venido a decirme, con su sorpresa más que con sus palabras, que se puede publicar un periódico de niños sin caer de la majestad a que ha de procurar alzarse todo hombre.[40]

De ese asombro dio un valioso testimonio, desde la afinidad, Manuel Gutiérrez Nájera, gran escritor, copartícipe en la modernización literaria de nuestra América. Aún La Edad de Oro se publicaba cuando el poeta y narrador mexicano la comparó con la aurora, que es, sostuvo, “la esposa hermosísima del sol y se levanta más temprano que él para cerciorarse por sí misma de que todo está preparado, de que nada falta, y de que el señor puede salir. Pero, antes que la aurora, abre los ojos y salta de su lecho, la cendrillón de la casa, la de los zapaticos de cristal: el alba. ¡Esa sí trabaja y sufre mil apuros!” Y con ella —de un modo que dignifica y enaltece a la cenicienta hogareña— compara al hombre de La Edad de Oro, quien cumplía “el trabajo del alba: despertar”.

Existe una multimedia que propicia acercarse a la revista y disfrutarla por diferentes caminos. Imagen: Tomada de Ediciones Cubarte

Gutiérrez Nájera contrapone las virtudes de la revista con la “incurable vulgaridad” de que padecían, “comúnmente, los periódicos dedicados a los niños”, y llega a las claves de una publicación que no naufraga en límites etarios: “¡Así quisiéramos los hombres que nos enseñaran muchas cosas que no sabemos! ¡Así me ha enseñado La Edad de Oro mucho que ignoraba! ¡Porque en todo hombre hay un niño que pregunta y a todo hombre habla La Edad de Oro, como a niño y por eso le enseña!”

El torrente Martí, continúa Gutiérrez Nájera, “para escribir La Edad de Oro, ha dejado de ser río y se ha hecho lago, terso, transparente, límpido. Lo diré en una frase: se ha hecho niño… un niño que sabe lo que saben los sabios, pero que habla como los niños”. Y lo hace con el don de la poesía y de la sinceridad, por lo que el autor mexicano aún dirá: “no parece que escribe para los muchachos, como si temiera que los muchachos no supiesen leer aún. Parece que se los sube a las rodillas y que allí les habla”.[41]

Ese temprano reconocimiento anticipa la alta valoración que La Edad de Oro ha seguido teniendo por parte del público y de la crítica, una valoración fundada en un hecho: al tiempo que es una revista dirigida a públicos de edad infantil o adolescente, sirve para todas las edades.

La creciente aceptación de la revista ha rebasado con creces la cautelosa previsión del propio Martí. Aunque era consciente de la importancia del mensuario, y lo tuvo en cuenta en la carta, conocida como su testamento literario, que el 1 de abril de 1895, en camino hacia la guerra, le escribió a Gonzalo de Quesada Aróstegui —para orientarle, entre otras cosas, sobre qué camino dar a sus textos ya entonces publicados y a su papelería inédita—, en lo tocante a la revista no pasó de decirle: “La Edad de Oro, o algo de ella sufriría reimpresión”.[42]

“La creciente aceptación de la revista ha rebasado con creces la cautelosa previsión del propio Martí”.

El propósito de que la revista llegara en su momento a la mayor cantidad posible de sitios y público lector de nuestra América en general, incluía naturalmente a Cuba, aunque es algo en lo que no se ha insistido lo bastante. Con fecha 27 de julio de 1889, cuando la publicación está naciendo, Martí se dirige a su compatriota Amador Esteva, quien reside en Guantánamo —zona del territorio oriental cubano donde algo más de cinco años después estallará la guerra—, y le explica el motivo inmediato por el cual le escribe: “[Le he] ofrecido al editor de La Edad de Oro buscarle, por medio de Vd., un buen agente en Guantánamo”, le informa. Pero ya ha puesto en marcha el plan: “Vd. debe haber recibido la circular, porque yo se la mandé y ahora recibirá el primer número. Dígame si he salido airoso, y si he dado con la manera de hablar con la gente menor”.

Delicadamente y con firmeza le da instrucciones: “Lo que le ruego, pues, es que recoja Vd. del correo ese paquete de 20 ejemplares del primer número que le va certificado, y lo ponga en manos, con la carta adjunta, de aquella persona que por oficio o por afición pudiese servir en su concepto con más eficacia a La Edad de Oro”. Está claro que procura lograr lo que pudiera considerarse una red cubana para la distribución del mensuario, el cual, le dice a Esteva, “no debe caer mal en Guantánamo, a juzgar por dos cartas recibidas de allí en respuesta a la circular”.

No descuida detalle alguno, y en términos que expresan lo que vale interpretar como su confianza de entonces en Da Costa, añade:

En la carta adjunta van las condiciones de la Agencia. Tanto el editor como yo vemos esto como empresa del corazón, y no de mero negocio, como notará Vd. en cuanto hojee el número; así que en el corazón quiero interesarle, aunque sea una sencillez, a ver si encarga Vd. de esto a persona que ponga empeño de amigo—, y que dé buenas cuentas. De esto no se me ha de excusar; sino hacer como yo, que en lo propio soy moroso, y diligente en lo ajeno.[43]

Lenguaje y tono, incluido el elogio a la familia del destinatario, sugieren —en su sinceridad— que desea motivarlo para que asuma la tarea de contribuir a que la revista se conozca en Guantánamo. Cabe suponer que algo similar haría con otras personas en Cuba, aunque hoy no se conserven, o no hayan aparecido, cartas que lo corroboren. Es una pista para seguir pensando y buscando.

Publicada en 1889, desde 1905 La Edad de Oro ha conocido una gran cantidad de otras ediciones, por su original en español o traducida a distintas lenguas. A menudo varias de sus piezas se han editado en volúmenes independientes, y ya existe una multimedia que —además de recordar la importancia que Martí apreciaba en los buenos avances tecnológicos— propicia acercarse a la revista y disfrutarla por diferentes caminos.

“Publicada en 1889, desde 1905 La Edad de Oro ha conocido una gran cantidad de otras ediciones, por su original en español o traducida a distintas lenguas”.

Como parte del trabajo hecho en el Centro de Estudios Martianos para la edición crítica de las Obras completas de Martí, surgirá —y ya la institución va cosechando frutos en ese empeño— lo que más pudiera acercarse a una edición de ese carácter, y satisfactoria, de La Edad de Oro.[44] Las facsimilares desempeñan una función relevante, sobre todo para estudiosos, aunque también encantan al público en general, incluido el infantil. Algunas se han hecho, una de ellas con los cuatro cuadernillos por separado.[45]

Sería útil hacer un repertorio bibliográfico minucioso de todas las ediciones totales o parciales y de distinta naturaleza que ha conocido La Edad de Oro, en español y en otras lenguas, en braille incluso. Ahora la editorial Auga planea hacer un valioso aporte a su conocimiento: en sendos tomos la revista en español y vertida al gallego, y —en un tercer volumen— una selección de estudios acerca de ella, al cual se destinan estas páginas.[46] El cubano que las escribe saluda con entusiasmo el nuevo proyecto que enriquece un camino para el cual parece reservada una imagen poética debida a Miguel Hernández: el rayo que no cesa. Ni cesará, vale añadir.

En La Habana, a 4 de octubre de 2019

(Hoy cumpliría treinta y siete años Laura, quien desde que aprendió a hablar mostró un especial afecto por “Tatí”, y tenía cuatro o cinco cuando, al terminar su primera visita al Museo Casa Natal del héroe poeta, expresó insatisfacción: “Pero yo quiero ir a la casa donde Martí camina”.[47])

Notas:

[36] Fernando Ortiz: “La fama póstuma de José Martí”, prólogo a Marco Pitchon: José Martí y la comprensión humana, La Habana, Talleres de P. Fernández, 1957, p. 23.

[37] José Martí: Carta a Manuel Mercado de 26 de noviembre de 1889, O.C., t. 20, pp. 153-134.

[38] José Martí: Carta a Félix [Sánchez] Iznaga de 21 de octubre de 1889, O.C., t. 20, p. 353.

[39] Ver Alejandro Herrera Moreno: “Las ilustraciones de Adrien Marie en La Edad de Oro”, https://laedaddeorodejosemarti.com/LasilustracionesdeAdrienMarie2009.pdf

[40] José Martí: Carta a Manuel Mercado de 3 de agosto de 1889, O.C., t. 20, pp. 146-148.

[41] Manuel Gutiérrez Nájera: “La Edad de Oro de José Martí”, t. 2 (cit. en 4) de José Martí. Valoración múltiple, pp. 46-51. 

[42] José Martí: Carta a Gonzalo de Quesada Aróstegui de 1 de abril de 1895, O.C., t. 1, p. 25.

[43] José Martí: Carta a Amador Esteva de 27 de julio de 1889, O.C., t. 20, pp. 349-350.

[44] Acerca de la que él se propuso hacer escribió Eduardo Lolo en 2018: “En realidad, […] —aunque ya de alguna forma anunciada y propiciada por mi ensayo Mar de espuma—, terminó con no pocas dudas e incertidumbres […] Concluí, pues, mi edición crítica de La Edad de Oro como anuncio de otra por venir, al dejar todo lo que queda en las honduras de la mina martiana a disposición de investigadores del futuro […]”. “La Edad de Oro de José Martí. Crónica de una edición presentida”, cit. (en n. 29).

[45] En 1989 la Editora Abril, de La Habana, reprodujo facsimilarmente, desde las portadas hasta las contraportadas respectivas, y por separado, los cuatro números, y en cada uno de ellos colocó —diseñado para facilitar que se viera como un añadido ajeno a la publicación original— un pequeño encarte que contiene, además de los créditos correspondientes a la nueva edición, una breve nota escrita por el autor del presente texto. Es falso el reciente anuncio lanzado fuera de Cuba por un proyecto que informó estar trabajando para lograr la primera edición del mensuario hecha con esas características.

[46] Lo abarcador de ese proyecto hace especialmente lamentable que no se haya podido realizar.

[47] Luis Toledo Sande: “Pues a vivir venimos”, en capítulo 1 de Cesto de llamas. Biografía de José Martí.

 

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