Por donde pasaba José Martí dejaba huella: 130 años después de su visita a Puntarenas, mientras organizaba la guerra que debía liberar a Cuba del yugo español, el eco de aquella estancia todavía retumba en el alma de esta provincia del Pacífico costarricense.
Martí, en su segunda presencia en Costa Rica, visitó entre el 12 y el 18 de junio de 1894 Puntarenas, donde se reunió con el general José Maceo y Francisco Adolfo Crombet Tejera, conocido como Flor Crombet, para procurar el apoyo de estos destacados cubanos, así como del país en que en ese momento residían.
El concejo municipal de Puntarenas, a instancias de la Asociación Porteña de Convergencia Martiana, una agrupación dedicada al pensamiento de Martí, aprobó la moción presentada el 16 de mayo por los regidores Cristina Martínez, Miguel Alvarado y Sindi Scafifi y declaró al apóstol cubano “Huésped de honor del pueblo de Puntarenas”.
La declaratoria viene a cerrar el círculo, dado que en Puntarenas desde hace 83 años existe el Liceo José Martí, en 2011 se fundó Convergencia Martiana y en 2001 se creó, en la Sede del Pacífico de la Universidad de Costa Rica (UCR), la Cátedra Martiana, la cual, de manera sorpresiva, fue cerrada justamente en mayo de 2024.
“Su discurso antiimperialista, su discurso descolonizador, la defensa de la humanidad, el rechazo a la violencia y al odio, su idea sobre la naturaleza, que para Martí es una fuerza vital, siguen vigentes”, Marjorie Jiménez.
Como efecto inmediato de la decisión del concejo municipal de Puntarenas, el 10 de junio del presente año, la Municipalidad de Orotina declaró a José Martí visitante de honor. El parque central de este cantón lleva, también, el nombre del prócer cubano.
Dulce Umanzor, presidenta de la Asociación Convergencia Martina, una de las organizaciones que apoyó la moción para la declaratoria, resaltó que a los estudiantes del Liceo José Martí se les inculca el valor de las ideas del líder cubano y que, gracias a ese proceder, ella mantiene la admiración intacta sobre lo que significa Martí para Puntarenas y América Latina.
Umanzor fue incluso más lejos y recordó cómo, ya en primaria, leyó a Martí, gracias a que la maestra les inculcaba el valor de su pluma: “La niña Digna Vargas Flores nos puso a leer a Martí en tercer grado, y hacíamos cosas que tenían que ver con su pensamiento, acerca de la verdad, su filosofía y el deber, que ha de hacerse sencilla y naturalmente. Como personas inteligentes, tenemos obligaciones y esas obligaciones las derivamos del ideario martiano, de la obra y de su filosofía, en la que es más importante hacer que decir”.
Rafael Ugalde, periodista y abogado, como Martí, y exalumno del Liceo José Martí de Puntarenas, reflexionó así de lo que significa ser martiano.
“Para mí, ser martiano es acoger una filosofía de vida en la que la realidad comienza en el espíritu y transforma lo que está alrededor. Generalmente, las personas creen que la realidad es lo que está afuera, lo que conocemos como realidad material, pero para un martiano, no obstante, se parece mucho a la utopía que todos los días hay que procurar. Y dentro de esa utopía, es que se busca la equidad, la justicia, el decoro y la dignidad. El decoro tiene que ver con el conjunto de los hombres y mujeres que tienen el derecho a pensar, a comer, a realizarse, a luchar y a transformar”.
El paso de Ugalde por las aulas del Liceo José Martí le empezó a marcar el camino y desde entonces ha seguido los pasos del ideario martiano. No en vano fue por un cuarto de siglo corresponsal de Prensa Latina en Costa Rica.
“La dignidad para Martí es en sí misma una cualidad con que usted como ser humano nace. Así es como se puede comprender al Martí revolucionario, pensador, profesor y poeta. Cuando escribió los versos que muchos recitan, se olvidan que esa es una realidad que viene de adentro; por eso, él cultiva una rosa blanca en enero como en febrero por el amigo sincero que le da su mano franca. Primero, él decide sembrar la rosa y después se pregunta si es para el amigo sincero o incluso para el enemigo. Esa es su grandeza”.
Sobre la declaratoria de Huésped de honor del pueblo de Puntarenas, Ugalde expresó que resulta más que acertada.
“Es un acto de justicia que se le hace a un hombre que en dos ocasiones estuvo en Costa Rica y que pasó en una de ellas por Puntarenas y siempre buscando la dignidad y el decoro de su pueblo. Luchó contra tempestades, la división y el egoísmo, al extremo que, como hombre de vanguardia que era, ofrendó su vida en mayo en Dos Ríos, a pesar de que le habían dicho que se quedara en la retaguardia, lo cual nunca iba a aceptar, porque siempre estuvo junto al pueblo y por el pueblo fue que murió”.
Agregó: “En Martí siempre vamos a encontrar esa coherencia entre palabra y acción. Por eso, me parece excelente que la municipalidad haya hecho ese reconocimiento a este hombre tan grande y porque al martiano lo caracteriza, siempre, esa inquietud por la justicia social. En mis tiempos en el Liceo José Martí, cuando era directora Marta Garnier, se dedicaba una semana al prócer cubano”.
Presencia martiana

La profesora Marjorie Jiménez, de la Sede del Pacífico de la UCR, es una estudiosa de la obra de Martí y resaltó la declaratoria porteña. (Foto: Convergencia Martiana)
Marjorie Jiménez, catedrática en la Sede del Pacífico de la UCR, explicó que la determinación del concejo municipal porteño representaba un gran simbolismo.
“Es una iniciativa que me parece excelente, porque la presencia de José Martí en Puntarenas es histórica y cotidiana, de hecho existe el Liceo José Martí, así como una calle también lleva su nombre. La figura de este héroe de la independencia cubana y de la identidad latinoamericana está muy presente en la provincia”.
Para Jiménez, quien por muchos años fue la coordinadora de la Cátedra José Martí, esta segunda visita de Martí a Costa Rica y su estadía en Puntarenas tenía una gran relevancia, porque en esos momentos el líder cubano se encontraba buscando apoyos para la guerra que finalmente lanzaría en 1895 y en la que murió el 19 de mayo en Dos Ríos.
“Martí vino a organizar detalles de la guerra que preparaba para liberar a Cuba de España y no se reúne con cubanos comunes, sino que tenían una gran relevancia como eran los hermanos Maceo y Flor Crombet. Costa Rica, en esa época, era importante porque era un país que tenía armas”.
Destaca que la estancia del libertador cubano en Puntarenas estuvo matizada de mucha actividad, lo que le permitió compartir con los lugareños y acercarse brevemente al sentir y ser del pueblo de entonces.
“Como escritor de tiempo completo y cronista excelso, además de poeta y ensayista, Martí tenía que dejar plasmada parte de su vivencia y así lo hizo en un poema que apeló a la parranda porteña”.
La estudiosa de la obra martiana refiere que en esa “parranda” Martí plasmó una serie de elementos que muchos años después le permiten al lector tener una idea y una dimensión de cómo fueron aquellas noches.
“Martí nos dio una estampa poética: La parranda de Puntarenas, en la que describe cómo era la vida de Puntarenas en un festejo, cómo bailaban, cómo era la danza, la comida, quién atendía a los invitados y todo ello visto desde los ojos de un gran escritor, con una inteligencia y una capacidad extraordinarias”.
En ese momento, como recuerda la profesora, Martí no sabía que estaba a un año de morir, porque en la Guerra Necesaria, encontraría la muerte, al alistarse para entrar en batalla, aspecto que le desaconsejaron los más cercanos al héroe cubano, que por destino y convicción no atendió razones.
Por ese motivo, al conocer la noticia de la muerte del poeta, Rubén Darío no podía entender cómo Martí se había expuesto al combate, si era un hombre de una extraordinaria capacidad, pero de una salud frágil y sin ninguna experiencia en el combate militar.
En un texto de 1896, intitulado Los raros, Darío expresó su hondo impacto por la muerte de Martí, e incluso lo hace con un algo de rencor, de rabia, porque el revolucionario que era Martí se había impuesto al poeta y brillante escritor, y que de una vida tan corta, de tan solo 42 años, dejó por todo el continente americano miles de páginas entre periódicos y correspondencia personal.
“Y ahora, maestro y autor y amigo, perdona que te guardemos rencor los que te amábamos y admirábamos, por haber ido a exponer el tesoro de tu talento… Cuba quizá tarde en cumplir contigo como debe. La juventud americana te saluda y te llora; pero, ¡oh, maestro!, ¡qué has hecho!”.
Darío era un gran conocedor de la obra de Martí y en 1913 escribió cuatro ensayos en los que analizaba diferentes elementos de la prosa y la poesía martianas. En un guiño excepcional, el autor de Azul le reconocía, con una envidiable elegancia, la influencia en el modernismo: “A aquel Arcángel de coraza de acero se le vieron en ese tiempo, en Nueva York y en Washington, alas de cisne”.
La huella de Martí en Puntarenas sigue intacta a pesar de que ya han transcurrido 130 años, sostiene Jiménez: “Hablar de Martí es hablar de la historia de Puntarenas. Está también su paso por Orotina y por Esparza. Él permanece en la memoria colectiva. Hay un interés en su figura histórica y en su legado intelectual, filosófico y educativo. No era una persona que solo se enfocaba en la liberación de Cuba, sino que también era un erudito, una persona muy adelantada a su tiempo. Lo hizo con su poesía, con su participación en el movimiento modernista. Es un emblema de la identidad latinoamericana, de lo que somos y lo que pretendemos ser. Su pensamiento sigue muy vigente y necesario”.
Para Jiménez, la relevancia de Martí en Puntarenas y en el resto de América Latina se debe a los nobles ideales que marcaron siempre su pensamiento y que en relación con el subcontinente plasmó de una manera inigualable en el texto programático Nuestra América.
“En este ensayo, Martí habla de lo que es América Latina, de cómo debe construirse identitariamente, qué debe enseñarse en las universidades y de la mucha historia de la que debemos apropiarnos”.
El discurso martiano, que entonces caló hondo, hoy sigue fresco, como si fuera una fuerza de la naturaleza, considera la profesora, quien por muchos años coordinó la cátedra dedicada a Martí en la Sede del Pacífico.
Tomado de: https://semanariouniversidad.com