La Edad de Oro se presenta en Guatemala

La edición guatemalteca de La Edad de Oro de José Martí se presentará el próximo 12 de julio en la sala Miguel Ángel Asturias de la Feria Internacional del Libro de Guatemala como parte de la presencia cubana en la cita más importante del libro de ese país centroamericano.

Quizás sea La Edad de Oro una de las obras de José Martí que más ediciones ha tenido dentro y fuera de Cuba. Posiblemente sea una de sus piezas que más atención ha concentrado por parte de la crítica después de transcurridos más de un siglo desde su primera publicación en la ciudad de Nueva York, en el año 1889, durante la estancia de aproximadamente quince años del poeta e independentista cubano en aquella ciudad de los Estados Unidos, en una etapa determinante para la consolidación de sus saberes y habilidades profesionales.

Este volumen de La Edad de Oro está antecedido de una nota introductoria de la exembajadora de Cuba en Guatemala, la señora María del Pilar Fernández Otero. Seguidamente, las palabras del exembajador de Guatemala en Cuba, el señor Héctor Iván Espinoza Farfán, un prólogo de la investigadora cubana Maia Barreda Sánchez y, a continuación, el contenido de los cuatro números de la revista La Edad de Oro . Dicha estructura, semejante a los volúmenes anteriores preparados por la Editorial Cultura del Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala y el Centro de Estudios Martianos de La Habana constituye la expresión de un trabajo en equipo desde ambas naciones.

Un panel integrado por especialistas guatemaltecos y cubanos brindará la bienvenida a esta nueva y hermosa edición de La Edad de Oro ―que fue cuidada con sumo esmero por el equipo de diseño y diagramación de la Editorial Cultura― está dedicada, sobre todo, a los lectores guatemaltecos y, significa, además, compartir nuestros imaginarios infantiles, aquellos que han acompañado (y acompañan) a muchas generaciones de cubanos desde las edades más tempranas

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Martí ya es huésped de honor de Puntarenas

Al cumplirse el 130 aniversario de la estancia del pensador cubano en la provincia, el concejo municipal destacó la vigencia de su pensamiento y el alto valor simbólico de lo que significa su figura en los tiempos actuales.

Por donde pasaba José Martí dejaba huella: 130 años después de su visita a Puntarenas, mientras organizaba la guerra que debía liberar a Cuba del yugo español, el eco de aquella estancia todavía retumba en el alma de esta provincia del Pacífico costarricense.

Martí, en su segunda presencia en Costa Rica, visitó entre el 12 y el 18 de junio de 1894  Puntarenas, donde se reunió con el general José Maceo y Francisco Adolfo Crombet Tejera, conocido como Flor Crombet, para procurar el apoyo de estos destacados cubanos, así como del país en que en ese momento residían.

El concejo municipal de Puntarenas, a instancias de la Asociación Porteña de Convergencia Martiana, una agrupación dedicada al pensamiento de Martí, aprobó la moción presentada el 16 de mayo por los regidores Cristina Martínez, Miguel Alvarado y Sindi Scafifi y declaró al apóstol cubano “Huésped de honor del pueblo de Puntarenas”.

La declaratoria viene a cerrar el círculo, dado que en Puntarenas desde hace 83 años existe el Liceo José Martí, en 2011 se fundó Convergencia Martiana y en 2001 se creó, en la Sede del Pacífico de la Universidad de Costa Rica (UCR), la Cátedra Martiana, la cual, de manera sorpresiva, fue cerrada justamente en mayo de 2024.

“Su discurso antiimperialista, su discurso descolonizador, la defensa de la humanidad, el rechazo a la violencia y al odio, su idea sobre la naturaleza, que para Martí es una fuerza vital, siguen vigentes”, Marjorie Jiménez.

Como efecto inmediato de la decisión del concejo municipal de Puntarenas, el 10 de junio del presente año, la Municipalidad de Orotina declaró a José Martí visitante de honor. El parque central de este cantón lleva, también, el nombre del prócer cubano.

Dulce Umanzor, presidenta de la Asociación Convergencia Martina, una de las organizaciones que apoyó la moción para la declaratoria, resaltó que a los estudiantes del Liceo José Martí se les inculca el valor de las ideas del líder cubano y que, gracias a ese proceder, ella mantiene la admiración intacta sobre lo que significa Martí para Puntarenas y América Latina.

Umanzor fue incluso más lejos y recordó cómo, ya en primaria, leyó a Martí, gracias a que la maestra les inculcaba el valor de su pluma: “La niña Digna Vargas Flores nos puso a leer a Martí en tercer grado, y hacíamos cosas que tenían que ver con su pensamiento, acerca de la verdad, su filosofía y el deber, que ha de hacerse sencilla y naturalmente. Como personas inteligentes, tenemos obligaciones y esas obligaciones las derivamos del ideario martiano, de la obra y de su filosofía, en la que es más importante hacer que decir”.

Rafael Ugalde, periodista y abogado, como Martí, y exalumno del Liceo José Martí de Puntarenas, reflexionó así de lo que significa ser martiano.

“Para mí, ser martiano es acoger una filosofía de vida en la que la realidad comienza en el espíritu y transforma lo que está alrededor. Generalmente, las personas creen que la realidad es lo que está afuera, lo que conocemos como realidad material, pero para un martiano, no obstante, se parece mucho a la utopía que todos los días hay que procurar. Y dentro de esa utopía, es que se busca la equidad, la justicia, el decoro y la dignidad. El decoro tiene que ver con el conjunto de los hombres y mujeres que tienen el derecho a pensar, a comer, a realizarse, a luchar y a transformar”.

El paso de Ugalde por las aulas del Liceo José Martí le empezó a marcar el camino y desde entonces ha seguido los pasos del ideario martiano. No en vano fue por un cuarto de siglo corresponsal de Prensa Latina en Costa Rica.

“La dignidad para Martí es en sí misma una cualidad con que usted como ser humano nace. Así es como se puede comprender al Martí revolucionario, pensador, profesor y poeta. Cuando escribió los versos que muchos recitan, se olvidan que esa es una realidad que viene de adentro; por eso, él cultiva una rosa blanca en enero como en febrero por el amigo sincero que le da su mano franca. Primero, él decide sembrar la rosa y después se pregunta si es para el amigo sincero o incluso para el enemigo. Esa es su grandeza”.

Sobre la declaratoria de Huésped de honor del pueblo de Puntarenas, Ugalde expresó que resulta más que acertada.

“Es un acto de justicia que se le hace a un hombre que en dos ocasiones estuvo en Costa Rica y que pasó en una de ellas por Puntarenas y siempre buscando la dignidad y el decoro de su pueblo. Luchó contra tempestades, la división y el egoísmo, al extremo que, como hombre de vanguardia que era, ofrendó su vida en mayo en Dos Ríos, a pesar de que le habían dicho que se quedara en la retaguardia, lo cual nunca iba a aceptar, porque siempre estuvo junto al pueblo y por el pueblo fue que murió”.

Agregó: “En Martí siempre vamos a encontrar esa coherencia entre palabra y acción. Por eso, me parece excelente que la municipalidad haya hecho ese reconocimiento a este hombre tan grande y porque al martiano lo caracteriza, siempre, esa inquietud por la justicia social. En mis tiempos en el Liceo José Martí, cuando era directora Marta Garnier, se dedicaba una semana al prócer cubano”.

Presencia martiana

La profesora Marjorie Jiménez, de la Sede del Pacífico de la UCR, es una estudiosa de la obra de Martí y resaltó la declaratoria porteña. (Foto: Convergencia Martiana)

Marjorie Jiménez, catedrática en la Sede del Pacífico de la UCR, explicó que la determinación del concejo municipal porteño representaba un gran simbolismo.

“Es una iniciativa que me parece excelente, porque la presencia de José Martí en Puntarenas es histórica y cotidiana, de hecho existe el Liceo José Martí, así como una calle también lleva su nombre. La figura de este héroe de la independencia cubana y de la identidad latinoamericana está muy presente en la provincia”.

Para Jiménez, quien por muchos años fue la coordinadora de la Cátedra José Martí, esta segunda visita de Martí a Costa Rica y su estadía en Puntarenas tenía una gran relevancia, porque en esos momentos el líder cubano se encontraba buscando apoyos para la guerra que finalmente lanzaría en 1895 y en la que murió el 19 de mayo en Dos Ríos.

“Martí vino a organizar detalles de la guerra que preparaba para liberar a Cuba de España y no se reúne con cubanos comunes, sino que tenían una gran relevancia como eran los hermanos Maceo y Flor Crombet. Costa Rica, en esa época, era importante porque era un país que tenía armas”.

Destaca que la estancia del libertador cubano en Puntarenas estuvo matizada de mucha actividad, lo que le permitió compartir con los lugareños y acercarse brevemente al sentir y ser del pueblo de entonces.

“Como escritor de tiempo completo y cronista excelso, además de poeta y ensayista, Martí tenía que dejar plasmada parte de su vivencia y así lo hizo en un poema que apeló a la parranda porteña”.

La estudiosa de la obra martiana refiere que en esa “parranda” Martí plasmó una serie de elementos que muchos años después le permiten al lector tener una idea y una dimensión de cómo fueron aquellas noches.

“Martí nos dio una estampa poética: La parranda de Puntarenas, en la que describe cómo era la vida de Puntarenas en un festejo, cómo bailaban, cómo era la danza, la comida, quién atendía a los invitados y todo ello visto desde los ojos de un gran escritor, con una inteligencia y una capacidad extraordinarias”.

En ese momento, como recuerda la profesora, Martí no sabía que estaba a un año de morir, porque en la Guerra Necesaria, encontraría la muerte, al alistarse para entrar en batalla, aspecto que le desaconsejaron los más cercanos al héroe cubano, que por destino y convicción no atendió razones.

Por ese motivo, al conocer la noticia de la muerte del poeta, Rubén Darío no podía entender cómo Martí se había expuesto al combate, si era un hombre de una extraordinaria capacidad, pero de una salud frágil y sin ninguna experiencia en el combate militar.

En un texto de 1896, intitulado Los raros, Darío expresó su hondo impacto por la muerte de Martí, e incluso lo hace con un algo de rencor, de rabia, porque el revolucionario que era Martí se había impuesto al poeta y brillante escritor, y que de una vida tan corta, de tan solo 42 años, dejó por todo el continente americano miles de páginas entre periódicos y correspondencia personal.

“Y ahora, maestro y autor y amigo, perdona que te guardemos rencor los que te amábamos y admirábamos, por haber ido a exponer el tesoro de tu talento… Cuba quizá tarde en cumplir contigo como debe. La juventud americana te saluda y te llora; pero, ¡oh, maestro!, ¡qué has hecho!”.

Darío era un gran conocedor de la obra de Martí y en 1913 escribió cuatro ensayos en los que analizaba diferentes elementos de la prosa y la poesía martianas. En un guiño excepcional, el autor de Azul le reconocía, con una envidiable elegancia, la influencia en el modernismo: “A aquel Arcángel de coraza de acero se le vieron en ese tiempo, en Nueva York y en Washington, alas de cisne”.

La huella de Martí en Puntarenas sigue intacta a pesar de que ya han transcurrido 130 años, sostiene Jiménez: “Hablar de Martí es hablar de la historia de Puntarenas. Está también su paso por Orotina y por Esparza. Él permanece en la memoria colectiva. Hay un interés en su figura histórica y en su legado intelectual, filosófico y educativo. No era una persona que solo se enfocaba en la liberación de Cuba, sino que también era un erudito, una persona muy adelantada a su tiempo. Lo hizo con su poesía, con su participación en el movimiento modernista. Es un emblema de la identidad latinoamericana, de lo que somos y lo que pretendemos ser. Su pensamiento sigue muy vigente y necesario”.

Para Jiménez, la relevancia de Martí en Puntarenas y en el resto de América Latina se debe a los nobles ideales que marcaron siempre su pensamiento y que en relación con el subcontinente plasmó de una manera inigualable en el texto programático Nuestra América.

“En este ensayo, Martí habla de lo que es América Latina, de cómo debe construirse identitariamente, qué debe enseñarse en las universidades y de la mucha historia de la que debemos apropiarnos”.

El discurso martiano, que entonces caló hondo, hoy sigue fresco, como si fuera una fuerza de la naturaleza, considera la profesora, quien por muchos años coordinó la cátedra dedicada a Martí en la Sede del Pacífico.

Tomado de: https://semanariouniversidad.com

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Ismaelillo, 2024

El desarrollo del pensar martiano hace parte del campo más amplio de la historia de la cultura en nuestra América y, en particular, de la historia de la capacidad de las ideas para incidir en la transformación social y el cambio político, una vez incorporadas a la conciencia colectiva.

“No es el ‘pensamiento’, sino lo que realmente se piensa, lo que une o diferencia a los hombres.” Antonio Gramsci, c. 1932[1]  

“Hijo:

Espantado de todo, me refugio en ti.

Tengo fe en el mejoramiento humano,

en la vida futura, en la utilidad de la virtud,

y en ti.”

Con estas líneas presentó Martí, en 1882, su poemario Ismaelillo, dedicado al nacimiento de su único hijo. En ellas están presentes, en lo más esencial, su visión de la vida en el mundo, de las tareas a cumplir en ella, y de las razones que las inspiraban. De esa visión, y de la ética correspondiente a su estructura, vino a resultar un pensar martiano, que abarca a un tiempo tanto la estructura fundamental del razonar político, cultural y moral de José Martí (1853-1895), como el proceso que lleva a la formación y desarrollo de esa estructura entre 1875 y 1895, en lo que fue de su exilio político en México a su muerte en combate en Cuba.

En un amplio sentido, el desarrollo de ese pensar hace parte del campo más amplio de la historia de la cultura en nuestra América y, en particular, de la historia de la capacidad de las ideas para incidir en la transformación social y el cambio político, una vez incorporadas a la conciencia colectiva. Por lo mismo, se vincula a la historia de las ideologías en lucha en nuestra región, desde aquellas que legitimaron y cuestionaron al liberalismo oligárquico en la segunda mitad del siglo XIX, a las que hoy lo hacen con respecto al neoliberalismo (oligárquico también, así sea de otras oligarquías) entre fines del siglo XX y comienzos del XXI.

Ese vínculo se expresa en dos niveles relacionados entre sí: el de la actualidad de lo pensado por Martí en su tiempo, y el de la vigencia de su pensar en el nuestro. Ambos niveles comparten cuatro elementos estructurantes de su razonar político-cultural: su fe en el mejoramiento humano, en la utilidad de la virtud, en la necesidad de luchar por el equilibrio del mundo, y en la unidad del género humano.

El análisis de ese pensar encuentra apoyo en cinco autores en particular. Por un lado, en sus compatriotas Cintio Vitier (1921-2009), poeta y filólogo, y el también poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar. Por otro, el ideólogo y filósofo Antonio Gramsci (1891-1937); el historiador Immanuel Wallerstein (1930-2019) y el sociólogo Aníbal Quijano (1928 – 2018).

Gramsci, como sabemos, abordó entre otros temas los problemas relativos al papel de la obra de Carlos Marx en la formación de la cultura contemporánea, prestando especial atención a la capacidad de las ideas para incidir en la vida social y política, y al papel de la ideología – “entendida […] como fase intermedia entre la filosofía y la práctica cotidiana” – en la formación y el desarrollo de esa capacidad.[2] Al respecto, dijo,

Para la filosofía de la praxis las ideologías no son ciertamente arbitrarias; son hechos históricos reales que es preciso combatir y develar en su naturaleza de instrumentos de dominio, no por razones de moralidad, etc., sino justamente por razones de lucha política; para tornar intelectualmente independientes a los gobernados de los gobernantes, para destruir una hegemonía y crear otra, como momento necesario de la subversión de la praxis. […] ella afirma explícitamente que los hombres toman conciencia de su posición social y, por tanto, de sus objetivos, en el terreno de las ideologías, lo que no es una pequeña afirmación de realidad; la misma filosofía de la praxis es una superestructura, es el terreno en que determinados grupos sociales toman conciencia de su propio ser social, de sus fuerzas, de sus objetivos, de su devenir.[3]

La obra de Wallerstein, por su parte, aportó al análisis sistémico de los procesos históricos, relevando entre otros aspectos la incidencia de los factores político-culturales en aquellos. Quijano, a su vez, incorporó a la crítica de la geocultura del moderno sistema mundial la colonialidad eurocéntrica que la caracteriza. En 1992, ambos compartieron la elaboración de una visión del papel de América en la formación y el desarrollo del mercado mundial que gana una importancia cada vez mayor. “El moderno sistema mundial” dijeron allí nació a lo largo del siglo XVI. América -como entidad geosocial- nació a lo largo del siglo XVI. La creación de esta entidad geosocial, América, fue el acto constitutivo del moderno sistema mundial. América no se incorporó en una ya existente economía-mundo capitalista. Una economía-mundo capitalista no hubiera tenido lugar sin América.[4]

En la formación de esa economía, del sistema geopolítico que la organiza, y de la geocultura que la expresa, América aportó además cuatro novedades vinculadas entre sí: la colonialidad, la etnicidad, el racismo “y el concepto mismo de la novedad.” Desde esa perspectiva, podemos ver que la crítica a esa geocultura – organizada en torno a lo que desde la visión eurocéntrica era el conflicto entre civilización y barbarie como justificación del colonialismo – hace parte intrínseca de la obra martiana, en particular en su ensayo Nuestra América, que es como el acta de nacimiento de nuestra contemporaneidad.

Esa relación crítica con la geocultura eurocéntrica contribuye a la comprensión de la universalidad del legado martiano, y en particular a la vigencia de su pensar. Precisamente por eso, el pensar martiano ha tenido y tendrá un papel de primer en la formación de las opciones de los pueblos de nuestra América ante los problemas de nuestro tiempo. Allí, sus ejes fundamentales de organización y desarrollo vinculan ya ese pensar a los desafíos mayor que nos plantea la transición civilizatoria en que estamos inmersos y, en particular, a la tarea de garantizar la sustentabilidad del desarrollo humano ante la crisis socio-ambiental que lo amenaza.

De ese pensar nos llega, para esta circunstancia, una advertencia cuya actualidad se sustenta en la sistematicidad, la historicidad y la vocación universal inherentes a la concepción del mundo que la motiva. En nuestra América, dice,

Estamos en tiempos de ebullición, no de condensación; de mezcla de elementos, no de obra enérgica de elementos unidos. Están luchando las especies por el dominio en la unidad del género.[5]

A ello estamos, desde la fe en el ejercicio de la unidad del género en el mejoramiento humano que facilite hacer útil la virtud en la lucha por el equilibrio del mundo. En eso consiste ser martiano en este tiempo nuestro. Eso es lo que nos une, y lo que nos diferencia de otros.

 

Alto Boquete, Panamá, 28 de junio de 2024

[1] Gramsci, Antonio (2003, 37): El Materialismo Histórico y la Filosofía de Benedetto Croce. Nueva Visión, Buenos Aires.

[2] Gramsci, Ibid., 132

[3] Gramsci, Ibid., 245

[4] “La americanidad como concepto, o América en el moderno sistema mundial”

https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000092840_spa

[5] Cuadernos de ApuntesObras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. XXI, 163

Tomado de: https://connuestraamerica.blogspot.com

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Pasión por hacer y pensar la historia, de Eduardo Torres Cuevas

El libro Pasión por hacer y pensar la historia, del doctor en Ciencias Históricas Eduardo Torres-Cuevas (La Habana, 1942), director de la Oficina del Programa Martiano, fue presentado en el Sábado del libro, Plaza de Armas del Centro Histórico La Habana Vieja.

El doctor en Ciencias Históricas Félix Julio Alfonso López, recomendó a los lectores “esta compilación de textos imprescindibles, algunos ya conocidos y otros inéditos” que, dijo, “constituyen una brillante síntesis de lo más importante de la producción historiográfica de este humanista y enciclopedista, quien es capaz de captar y analizar los fenómenos culturales de la nación cubana desde el siglo xvi hasta el presente”.

Explicó Félix Julio, que “el volumen está estructurado en tres partes: estudios filosóficos y de pensamiento sobre figuras tutelares de interés para el historiador como, por ejemplo, el Obispo Espada, Félix Varela, José de la Luz y Caballero”. Entre los de índole historiográfica destacó el destinado a Vicente Antonio de Castro y Bermúdez, fundador de la Logia del Gran Oriente de Cuba y las Antillas y, por último, “Torres-Cuevas centra sus meditaciones en la formación de la nación y la nacionalidad en Cuba”.

Publicado por la editorial Nuevo Milenio, y bajo el sello de Ciencias Sociales, esta obra –presentada el sábado 22 de junio en el tradicional espacio que organiza el Instituto Cubano del Libro– fue recomendada por Alfonso López como “joya bibliográfica y verdadero tesoro para los lectores ávidos de conocimiento”.

El profesor titular de la Universidad de La Habana Eduardo Torres-Cuevas ha publicado: La polémica de la esclavitud. José Antonio Saco, 1984; Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y conciencia cubanas, 1995; Antonio Maceo: las ideas que sostienen el arma, 1995; La Historia y el oficio de historiador, 1996; Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y con-ciencia cubanas, 2002; Historia de la masonería cubana. Seis ensayos, 2005; La historia y el oficio de historiador, 2012; En busca de la cubanidad (tres partes), 2016; Pedro José Guiteras. Primeros historiadores del siglo XIX, 2016, entre otros.

A la par de su trabajo intelectual, Torres-Cuevas ha desempeñado responsabilidades como presidente de la Academia de la Historia de Cuba, Sociedad Cultural José Martí, Alianza Francesa de Cuba, Cátedra Voltaire, Grupo Parlamentario de Amistad Cuba-Francia, y ha sido director del Centro Interdisciplinario para el Desarrollo de las Ciencias Sociales, de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí y del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas y de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz.

Su trayectoria está reconocida con la Distinción por la Cultura Nacional, Premio Nacional de Ciencias Sociales, Premio Nacional de Historia, Distinción Félix Elmuza (Unión de Periodistas de Cuba), Profesor de Mérito de la Universidad de La Habana, Maestro de Juventudes, de la Asociación Hermanos Saíz, y con la Medalla por la Alfabetización y las órdenes Frank País de Segundo Grado y Carlos J. Finlay, concedidas por el Consejo de Estado de la República de Cuba.

©PJM

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Premio Espacio por la Obra de la Vida a Marlene Vázquez Pérez

Marlene Vázquez Pérez, doctora en Ciencias Literarias y directora del Centro de Estudios Martianos, recibió el Premio Espacio por la Obra de la Vida, de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales (ACCS), junto a la doctora en Ciencias de la Comunicación Social Hilda Saladrigas Medina y a MSc. Humberto Juan Fabián Suárez.

La distinción fue entregada en la Casa del Alba, durante la última sesión del VII Festival de Comunicación Social de la ACCS, organización con 33 años de existencia, e integrada por quienes ejercen dicha profesión en organismos e instituciones de todo el país.

Además de su ejemplaridad al frente de la institución, Marlene Vázquez Pérez continúa en paralelo su trabajo como investigadora titular, en bien de la difusión de la vida, la obra y el pensamiento de José Martí, labor reconocida en 2023 con la Orden “Carlos J. Finlay” del Consejo de Estado de la República de Cuba.

Vázquez Pérez es autora, entre otros títulos, de Martí y Carpentier: de la fábula a la historia; La vigilia perpetua. Martí en Nueva York; De surtidor y forja. La escritura de José Martí (Premio de Investigaciones de la Academia de Ciencias de Cuba). A su cargo estuvieron la dirección investigativa de los más recientes tomos de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí (30, 31 y 32), que ya pueden consultarse en nuestro Portal.

La ACCS destaca cada año el buen desempeño y la creatividad de personalidades e instituciones, cubanas y extranjeras, en cuya honorable nómina se hallan los nombres del líder cubano Fidel Castro Ruz (2007) y el teólogo brasileño Frei Betto (2021).

© PJM

 

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Martí y Maceo, unidos por la independencia de Cuba

En el panel Relación de Antonio Maceo y José Martí, organizado por el Grupo Interdisciplinario de Estudios sobre José Martí y los Estados Unidos –jueves 20 de junio, Sala Bolívar del Centro de Estudios Martianos (CEM)–, comparecieron los estudiosos y doctores en Ciencias Históricas: Pedro Pablo Rodríguez López, jefe del equipo de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí y el colaborar del CEM, Rafael Ramírez García, profesor de la Academia de las FAR General Máximo Gómez.

Ambos investigadores aportaron datos, informaciones y juicios que clarifican la relación y el respeto que existió entre estos patriotas quienes, por encima de cualquier lógica diferencia de criterio, promovieron y defendieron la unidad e independencia de Cuba, durante los preparativos de la Guerra Necesaria (1892-1895), afinidad en la cual son indispensables los nombres del Generalísimo Máximo Gómez y del Mayor General Serafín Sánchez.

Los panelistas refrendaron sus comentarios a partir de los contenidos de la correspondencia de Martí con Maceo, las misivas dirigidas a Máximo Gómez, además de los estudios del contexto en que materializaron un vínculo que tanto ha llamado la atención de los historiadores.

En el encuentro (previsto en homenaje al natalicio de Maceo) estuvieron presentes dos cubanos que han realizado una labor intensa contra el bloqueo a Cuba: Deysi Hernández, quien desde Madrid coordina donaciones de insumos médicos a nuestros hospitales, y el periodista Andrés Gómez, director de la revista Areíto y fundador de la Brigada Antonio Maceo, activo participante del trascendental diálogo que, en 1978, sostuvieron jóvenes residentes en el exterior con nuestro gobierno.

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José Martí, Vindicación de Cuba, de América, de la Humanidad

Cada cubano, viva donde viva, debiera leer cada cierto tiempo “Vindicación de Cuba.” Sería un ejercicio intelectual y espiritual muy útil, del que saldría fortalecido el sentido del patriotismo, por encima de cualquier posicionamiento político o ideológico.

Han pasado 135 años desde los días arduos en que nació ese texto medular. Su actualidad se ha mantenido intacta, no solo por la vehemencia, vigor estilístico y fuerza argumentativa del verbo martiano, sino porque las circunstancias que lo provocaron, amén de las variaciones históricas, siguen siendo casi las mismas, y si han variado, es para peor.

Con este artículo, escrito en forma de carta al director de The Evening Post, y cuyo título se debe al titular del periódico neoyorquino, que lo publicó el 25 de marzo de 1889, respondía Martí a dos artículos ofensores, publicados pocos días antes. El primero de ellos, Do we want to Cuba? (¿queremos a Cuba?), apareció en The Manufacturer, de Filadelfia, el 16 de marzo, y poco después se hizo eco del mismo el propio Evening…Ambos órganos de prensa, enemigos entre sí, pues el primero respondía al proteccionismo, y el segundo al librecambismo, estaban perfectamente de acuerdo en un punto: la inferioridad absoluta de los cubanos, lo cual hacía que Cuba fuera “desdeñada” por los norteamericanos, pues en su opinión sería perjudicial para la nación norteña anexarse una posesión valiosa económicamente, pero que pondría en riesgo la “pureza” de sangre de sus habitantes.

Entre otros elementos denigrantes, ambos rotativos coincidían en tildar a los nacidos en la isla como cobardes, perezosos, afeminados, faltos de conciencia cívica, charlatanes, incapaces, inútiles, que no se habían independizado de España porque no podían gobernarse por sí mismos y no tenían valor para vencer  en combate al ejército colonial. Llegaban al extremo de calificar nuestras tentativas armadas como revueltas que no rebasaban “la dignidad de una farsa.”[1]

Un hombre como Martí no podía ver en calma esa afrenta. Inmediatamente se dio a la tarea de responder de manera enérgica, moderada y convincente  a todas las injurias. Y en esa labor utilizó la lengua del ofensor, para llegar al lector norteamericano medio, que entonces, como ahora, desconocía mayoritariamente lo que tenía lugar fuera de sus fronteras. Su modo de comenzar el texto da fe de su voluntad de unir a los cubanos, independientemente de su posición política, pues todos fueron agredidos por igual:

Ningún cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter. Hay cubanos que por móviles respetables, por una admiración ardiente al progreso y la libertad, por el presentimiento de sus propias fuerzas en mejores condiciones políticas, por el desdichado desconocimiento de la historia y tendencias de la anexión, desearían ver la Isla ligada a los Estados Unidos. Pero los que han peleado en la guerra, y han aprendido en los destierros; los que han levantado, con el trabajo de las manos y la mente, un hogar virtuoso en el corazón de un pueblo hostil; los que por su mérito reconocido como científicos y comerciantes, como empresarios e ingenieros, como maestros, abogados, artistas, periodistas, oradores y poetas, como hombres de inteligencia viva y actividad poco común, se ven honrados dondequiera que ha habido ocasión para desplegar sus cualidades, y justicia para entenderlos; los que, con sus elementos menos preparados, fundaron una ciudad de trabajadores donde los Estados Unidos no tenían antes más que unas cuantas casuchas en un islote desierto; esos, más numerosos que los otros, no desean la anexión de Cuba a los Estados Unidos. No la necesitan.[2]

A partir de ese momento, despliega una poderosa argumentación, basada en hechos tangibles, en nombres propios, en vínculos entrañables entre los dos pueblos, pues llega a aludir hasta a los norteamericanos que pelearon en nuestra Guerra de los Diez Años, como Thomas Jordan o Henry Reeves, este último caído en combate.

Entre los cubanos que honraron a la patria desde la emigración destaca en primer lugar al poeta José María Heredia, el cantor del Niágara, fundador de nuestro romanticismo y conspirador independentista, quien marchó al exilio porque su vida corría peligro; seguidamente menciona al ingeniero Aniceto G Menocal, jefe de las obras del proyectado canal por Nicaragua, figura de alto prestigio en el ámbito académico estadounidense. De igual manera, elogia a Francisco Javier Cisneros Correa, impulsor de la navegación fluvial y el ferrocarril en Colombia, entre otros.

Llama la atención que en esa nómina de desempeño exitoso sitúe en el sitio señero al bardo .romántico, que fue capaz de desafiar muy tempranamente al gobierno colonial y abandonó la seguridad económica y el triunfo intelectual por el destierro y el cumplimiento del deber. Ello no es casual, si nos atenemos a la propia concepción que tiene Martí de la poesía, expresada en otro texto imprescindible, su semblanza del poeta estadounidense Walt Whitman:

¿Quién es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos? […] La poesía, que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues esta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aquella les da el deseo y la fuerza de la vida. ¿A dónde irá un pueblo de hombres que haya perdido el hábito de pensar con fe en la significación y alcance de sus actos?[3]

Su concepción de la cultura como elemento unificador de la nación, y base del patriotismo, queda aquí expuesta, y aclara sobradamente el porqué de la primacía concedida a Heredia.

A tenor con la gravedad del asunto, Martí tradujo rápidamente los artículos ofensores y su respuesta a la injuria, y ya el 3 de abril de ese propio año circulaba entre la emigración de habla hispana asentada en Nueva York el folleto Cuba y los Estados Unidos, salido de las prensas de El Avisador Hispanoamericano. Además, lo envió de manera personalizada a varios amigos suyos, sensibles al tema de la anexión de Cuba, e incluso a partidarios de ella, como fue el caso de José Ignacio Rodríguez:

Ahora no puedo contener el deseo de enviarle unas líneas que publiqué en el Post, defendiendo a nuestra tierra de cargos que no pueden dejarse correr sin peligro, sea cualquiera la suerte que espere al país que con tenerlo a V. entre sus hijos, ya tiene material suficiente para su defensa. [4]

Con ello aspiraba Martí a sumar a la causa de la defensa de Cuba a todos aquellos que la amaran sinceramente, salvando las diferencias de opinión y poniendo por encima el afecto y el interés nacional. En aquella época era posible encontrar anexionistas honestos, y era posible sacarlos del error y  ganarlos para la causa independentista. Rodríguez no honró su confianza  de su antiguo discípulo y fue un decidido partidario de los Estados Unidos hasta el final de su vida.

Independientemente de la admiración de muchos cubanos por la nación del Norte, Martí deja claro en su texto que

[…] no pueden creer honradamente que el individualismo excesivo, la adoración de la riqueza, y el júbilo prolongado de una victoria terrible, estén preparando a los Estados Unidos para ser la nación típica de la libertad, donde no ha de haber opinión basada en el apetito inmoderado de poder, ni adquisición o triunfos contrarios a la bondad y a la justicia. Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting.[5]

El cierre, con el paralelo entre Abraham Lincoln, el presidente mártir que abolió la esclavitud, y Augustus K. Cutting, un aventurero inescrupuloso, violento, partidario de la anexión, y su intento, con la anuencia de algunos miembros de su gobierno, por crear un incidente fronterizo entre Estados Unidos y México que estuvo a punto de desembocar en guerra, no es casual. Revela la complejidad de un país poderoso, entonces en plena expansión, poco después ya potencia imperialista, cuyas esencias agresivas se han ido acentuando cada vez más.

Hoy estamos abocados al mismo dilema, de un lado el pueblo norteamericano y las facetas honestas de la intelectualidad progresista de aquel país. De otro, las fuerzas terribles, partidarias de la guerra, ancladas en un discurso neofascista, que pretende sojuzgar a la Humanidad, especialmente a  los pueblos del Sur, a los que miran con ambición y desprecio. Cabe decir, entonces, que ese texto de Martí, pensado en función de Cuba, puede ser leído hoy, con toda justicia, como Vindicación de Nuestra América, o mejor, de todos aquellos pueblos que luchan por su soberanía y en pos de un ideal de paz y  justicia social.

[1] José Martí, Obras completas, Edición crítica, Centro de Estudios Martianos, 2024, tomo 31, p. 212. ( En lo adelante OCEC).

[2] José Martí, OCEC, t. 31, p. 213.

[3]JM: “El poeta Walt Whitman”, en El Partido Liberal, México, 1887, OC, t. 13, p. 135.

[4] JM: “A José Ignacio Rodríguez”, Nueva York, 27-28 de marzo de 1889, OC, t. 20, p. 344.

[5] Ibídem, p. 214.

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“De amor y pensamiento. La Guerra Necesaria”: Coloquio Internacional 2025

“De amor y pensamiento. La Guerra Necesaria”, será la temática del próximo Coloquio Internacional organizado por el Centro de Estudios Martianos de La Habana, a desarrollarse en sus predios para el mes de mayo de 2025 en modalidades presencial y virtual.

Dedicado a los aniversarios 130 del estallido de la Guerra Necesaria y de la caída en combate de José Martí, la convocatoria incluye los siguientes ejes temáticos: la diplomacia del Partido Revolucionario Cubano (PRC) y la Guerra Necesaria; la Guerra Necesaria en la historiografía cubana y extranjera; tendencias políticas en Cuba y la migración ante la Guerra Necesaria; Guerra Necesaria en la literatura de Campaña: diarios, memorias, epistolarios, prensa de la época; la Guerra Necesaria entre el independentismo y el imperialismo; mujer, infancia y vida familiar en dicho contexto; iconografía, cine, música, literatura y artes visuales; Guerra Necesaria y sociedades fraternales; filosofía política, ética y estrategia militar en los documentos programáticos del PRC y la Guerra Necesaria; cultura de paz en la concepción martiana de la guerra; fondos inéditos en archivos y bibliotecas en torno a las campañas independentistas y los clubes del PRC.

 Antes del 30 de noviembre del presente año el Comité Científico debe recibir los resúmenes de los interesados en participar. Entre otros requisitos valorarán: la adecuación a la temática propuesta, el interés científico y la novedad de la investigación. Recomendamos sean consultados aquí los detalles de la convocatoria.

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José Martí, huésped de honor del pueblo de Puntarenas

La Casa de Cultura de Puntarenas celebrará este miércoles (12 de junio) el aniversario 130 de la visita de José Martí a Puntarenas, Costa Rica.

En el mes de mayo, los integrantes del Concejo Municipal de dicha comunidad –representados por los señores y señoras regidoras Cristina Martínez Calero, Miguel Alvarado Arias y Sindy Scafidi Ampie– exaltaron la importancia de la efeméride y propusieron atribuirle simbólicamente al prócer nuestroamericano la condición de Huésped de honor de dicho pueblo.

En el documento consta que José Martí visitó Puntarenas, del 12 al 18 de junio de 1894, “para establecer contacto con sus compatriotas, fundadores de La Mansión en Nicoya. El Apóstol caminó por las calles de arena de nuestra naciente ciudad de solo 2 538 habitantes y fue recibido con la hospitalidad que caracteriza al pueblo porteño”.

La declaratoria resalta las ideas de José Martí como “fuente inagotable de estudio para las juventudes porteñas, principalmente para las del Benemérito Liceo José Martí, que junto con otras juventudes deben realizar los cambios que requiere nuestra sociedad para lograr el desarrollo de nuestro Cantón”. Y explica la trascendencia de la visita para la historia cultural de la zona, motivación para que, en 1942, abriera “sus puertas el primer Liceo porteño que lleva con gran orgullo el nombre del Apóstol de la independencia cubana […] figura universal que también sentimos nuestra […] porque nos identificamos plenamente con su humanístico legado”.

En la moción se incluye una nota biográfica del héroe cubano, que sintetiza su quehacer como “político, ensayista, pensador, diplomático, humanista, periodista y uno de los más grandes poetas hispanoamericanos […]”, y donde se resalta muy especialmente su extraordinario legado ético, asentado en los principios de libertad, independencia, amistad, solidaridad y amor.

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Un especialista imprescindible para la investigación

En la Sala Bolívar del Centro de Estudios Martianos se le rindió homenaje hoy, 6 de junio, a un especialista que resulta imprescindible para el exitoso trabajo de los investigadores en cualquiera de las ramas del saber: el bibliotecario.

Bajo el precepto martiano de Honrar, honra, la Dra. Ciencias Literarias Marlene Vázquez Pérez, directora de la institución, reconoció el trabajo desarrollado en el CEM por las especialistas Paola Sánchez y Mabel Ríos, quienes en circunstancias no idóneas continúan realizando cada día el mayor esfuerzo para prestar un servicio de calidad.

Con orgullo profesional, Paola Sánchez argumentó en su intervención el origen del Día del Bibliotecario (7 de junio), vinculado a la figura del sabio cubano Antonio Bachiller y Morales.

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7 de junio: Día del Bibliotecario

Por Paola Sánchez

El Día del Bibliotecario se celebra en Cuba cada 7 de junio, en homenaje al nacimiento (1812), de Antonio Bachiller y Morales, insigne intelectual: periodista, historiador, profesor universitario, abogado y bibliógrafo, considerado el Padre de la bibliografía cubana.

Su obra: Apuntes para el estudio de las letras y la instrucción pública en la Isla de Cuba, resulta una de las contribuciones más importantes para el estudio de la bibliografía hispanoamericana y el análisis de los progresos de la civilización en Cuba.

De Bachiller, José Martí expresó: Americano apasionado, cronista ejemplar, filólogo experto, arqueólogo famoso, filósofo asiduo, abogado justo, maestro amable, literato diligente, era orgullo de Cuba Bachiller y Morales, y ornato de su raza.

Los bibliotecarios promovernos la lectura y facilitamos el acceso a la información, somos guardianes del conocimiento e impulsores del aprendizaje en beneficio de la comunidad.

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