Nace una pintora que lee a Martí.

En la Academia de San Alejandro de La Habana se inauguró la exposición personal ¡No me hables del cielo! inspirada en la vida y obra de José Martí. La artista es muy joven y viene de la ciudad de Santa Clara. Su nombre es Hermaiony Villa, y con solo 17 años, ha llenado una sala con lienzos de gran formato. Desde que cursaba la secundaria básica propone una mirada renovada de Martí. Recuerdo una acuarela suya, una Piedad moderna que ha dejado por un rato la tablet  y ha preferido un libro para leer junto a su muñeca de trapo en el regazo. Ya pasado el umbral de los quince, se ha adentrado en lecturas más profundas: El presidio político en Cuba, los Versos libres, o estudios referidos al polémico combate de Dos Ríos. Lo que más alegra de su obra es que es fruto de un talento. Hay detrás de su pincela, disciplina, entrega y horas quitadas a la pereza y al desinterés de la adolescencia. Villa ha encontrado encausar sus energías creativas. Ahora lo importante es no detenerse. No pocas alumnas de pintura fueron aventajadas luego por sus colegas varones, cuando las exigencias sociales de madre y esposa comenzaron lentamente a invisibilizar su trabajo diario con la paleta. Alguien conoce quienes fueron Palmira Borras de Coll, Josefina Mata y Ocampo, Elena Barreiro y la señora Vasconcelos. Todas ellas, artistas que deslumbraron a Martí entre 1875 y 1878, y hoy, totales desconocidas. Sin embargo, pintores que observó por aquel tiempo como Obregón, Gutiérrez, Rebull, Ocaranza o Pontaza, sí cuentan con datos de vida e imágenes catalogadas. La artista mujer necesita beber el ejemplo de personalidades fuertes como Artemisia o Frida que pudieron exigir esa habitación propia para la creación que propuso Virginia Woolf. Hermaiony apenas comienza y es apoyada por su madre, como nuestra Juana tuvo el consejo del cultísimo Esteban Borrero. No es bueno tampoco estar echando campanas al aire, solo trasmitir la sensación de que hay un talento pictórico que trabaja, que va por buen camino y a quien se le desea un luminoso porvenir. Todas las piezas presentadas son de mérito, pero hay una de dos metros sobre la muerte de Martí que es única por su realismo y poesía.  Tiene investigación porque el bigote es poco poblado y están nítidamente mostrados los disparos en la boca y el pecho. El cuerpo del héroe descansa en un manto de hierbas altas que caprichosamente se ondulan. Se crea un contraste entre fondo y figura como si dos estilos se fundieran: abstracción y realismo. Aunque, lo más logrado está en la mirada luminosa de Martí que gana el pulso a la verdad de las heridas. Ojalá la obra de Hermaiony quede un tiempo más en La Habana y sea mostrada a los participantes de la V Conferencia Internacional “Por el equilibrio del mundo”. Sus lienzos y escritos complementarios constituyen un fresco y renovador homenaje al más universal de los cubanos.