Martí, los trabajadores y el 1ro de Mayo
Por: María Caridad Pacheco González

El más universal de todos los cubanos en su pensamiento y actuar revolucionarios tuvo la convicción de que la independencia cubana pasaría, inexorablemente, por los caminos de la justicia social y la equidad y en consecuencia, fue un precursor de una política centrada en y por los trabajadores.

Martí no es de origen obrero, pero sí humilde. El padre había sido cordelero y sastre; después, sargento artillero, celador y juez pedáneo y sus ingresos fueron siempre insuficientes para cubrir las necesidades de una familia que llegó a tener diez miembros. También la madre y sus hermanas trabajaron para sostener el hogar, y él mismo trabajó siendo niño (en el teatro) y adolescente en una oficina comercial de 6 de la mañana a 8 de la noche por 4 onzas y media que entregaba a su padre. Cuando fue condenado a una pena de cárcel con trabajos forzados se vio obligado a trabajar en las canteras de San Lázaro, donde fue objeto y testigo de maltratos y humillaciones por parte de las autoridades. Joven deportado sin recursos trabajó como maestro y un destacado líder obrero español sostuvo que se interesó por los problemas sociales de la península y asistió a reuniones obreras. Estos contactos continúan cuando llega a México, y son tan estrechos los vínculos que fue electo delegado al primer Congreso Obrero de ese país celebrado en 1876. Es decir, que desde muy joven Martí aprendió a querer a los humildes y esos sentimientos se acrecientan cuando llega a los Estados Unidos, país en el cual aprecia iniquidades e injusticias que denuncia en crónicas que además de constituir una expresión del pensamiento martiano, permiten conocer la sociedad estadounidense de ayer y comprender mejor la de hoy.

Martí contó con la clase trabajadora para su misión independentista y revolucionaria, y no fue casual su cercanía con la emigración de Tampa y Cayo Hueso que fueron baluartes obreros a fines de 1891 para organizar el Partido Revolucionario Cubano y años más tarde forjarían las primeras organizaciones obreras en la isla.

Por aquellos días, los tabaqueros del Cayo le obsequiaron un hermoso álbum, autografiado por ciento dieciocho patriotas, en cuyas dedicatorias se expresa el respeto, la admiración y el cariño que el Apóstol les inspiraba. Entre los firmantes, en su mayoría cubanos, se encontraba un africano, un rumano, un dominicano y tres estadounidenses, quienes escribieron hermosas palabras a favor de la independencia de Cuba e identificaban al Delegado con el porvenir de su patria.

El 1ro de mayo de 1886, doscientos mil trabajadores norteamericanos comenzaron una huelga obrera en Estados Unidos. El 4 de mayo, al terminar un acto organizado por los trabajadores de Chicago, en el Haymarket Square, la policía intentó dispersar a los manifestantes, y en ese momento una bomba explotó en el lugar, ultimó a un oficial e hirió a otros uniformados. Ello dio pretexto a la burguesía para iniciar una salvaje represión que incluyó el proceso contra ocho obreros anarquistas. Estos hechos fueron descritos, comentados y analizados profundamente por Martí, quien si bien acepta en un principio la justeza del veredicto, de forma gradual y progresiva transita hacia la solidaridad con los anarquistas condenados a muerte por el tribunal que los juzgó. Este cambio de actitud se debió a la comprobación de que era imposible determinar la culpabilidad de los acusados, la actitud ejemplar y valiente de los obreros sentenciados, la solidaridad que despertó la causa dentro y fuera del país, y el hecho de que las clases dominantes so protexto del proceso mutilaron y suprimieron libertades fundamentales.

En julio de 1889 se celebra un congreso en París, donde representantes de gran número de países adoptan un acuerdo de trascendencia histórica que era celebrar el 1ro de mayo con manifestaciones para luchar por la jornada de 8 horas y en 1890 se celebró por primera vez esa jornada internacional en Europa y en un reducido número de países de otros continentes, entre los cuales se encontró Cuba. Todo parece indicar que en 1894 los obreros de Cayo Hueso organizaron un acto para celebrar el 1ro de Mayo, y es Fermín Valdés Domínguez quien lo resume de manera brillante. Por eso no ha de extrañarnos la manera entusiasta y alegre que Martí le escribirá, en 1894 a su amigo Fermín: “(…) Muy bueno, pues, lo del 1º. de Mayo. Ya aguardo tu relato, ansioso”. [i]


[i] José Martí. Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,  Tomo 3, p. 168

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