Un 18 de septiembre del año 1915 nació en San Cristóbal, en la finca La Victoria, la reconocida escultora Jilma Madera, autora del monumento más grande hecho por una mujer en el mundo: el “Cristo de La Habana”, cincelado en mármol blanco de Carrara.
En San Alejandro, fue alumna del artista Juan José Sicre, escultor del “José Martí” de la Plaza de la Revolución, quizás por eso la joven Jilma demostró su vocación martiana asumiendo una propuesta que hiciera la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana para honrar al Maestro en su centenario (1953): esculpir un busto del héroe y colocarlo en el Pico Turquino de la Sierra Maestra.
Para este proyecto, el doctor Gonzalo de Quesada y Miranda hizo a Jilma el encargo de reproducir un busto que ella había donado a la Fragua Martiana. El doctor Manuel Sánchez Silveira, entusiasta miembro de la Asociación Cubana de Arqueología, le expresó el deseo de que una de sus hijas la acompañara en el ascenso a la montaña de esa intrincada zona. Se trataba de Celia Sánchez Manduley, guía ideal para la artista.
Como la obra no contaba con presupuesto, Jilma ejecutó y financió el proyecto esculpiendo medallones y un Martí pequeño que se vendió a cincuenta pesos. Con el dinero recaudado compró el bronce y lo mandó fundir a Obras Públicas. El monumento, de 163 libras, fue colocado a 1974 metros sobre el nivel del mar y develado el 21 de mayo de 1953, un símbolo vivo de dignidad en lo más alto de Cuba, como merece nuestro Apóstol.