Ecos martianos en un joven artista bayamés
Por: Mauricio Núñez Rodríguez

Leo de la O Reyes es un artista bayamés que ya posee más de quince años de trabajo profesional. Numerosas exposiciones personales y colectivas se pueden leer en su currículo así como premios en diferentes salones a lo largo del país.

Durante una etapa brindó varias de sus piezas para ilustrar ensayos de estudiosos martianos publicados en la revista Honda, órgano de la Sociedad Cultural “José Martí”. La sugerencia de sus trazos fue compatible con el vuelo reflexivo de más de un texto.

Eres un artista en plena madurez creativa ¿Crees que pierdes tu protagonismo como artista al supeditar tu obra para ilustrar la de otros?

Siento placer al ver mi trabajo ilustrando artículos de estudiosos martianos. No creo que mi creación pierda protagonismo, sino que realmente lo asumo como un todo. Ambas creaciones se complementan para alcanzar una más abarcadora donde se anula la dicotomía entre la importancia de la imagen o la palabra. Ambas emergen como un solo mensaje.

Además de la pintura —que es como tu estación central—, transitas por el diseño de revistas culturales, la fotografía, el grabado ¿Qué soporte prefieres? ¿Qué vivencias prefieres expresar en un formato o en otro?

Realmente no me considero diseñador. He trabajado para revistas y periódicos culturales además de catálogos para exposiciones; pero trato de afianzarme en la experimentación. Todos los soportes brindan diferentes opciones. No me consagro a uno en específico. Cuando concreto la idea de una pieza busco la comodidad que me brinda el soporte más viable para desarrollarla, sin violentar la línea central de mi creación. Siempre me exijo que el trabajo manual esté presente en los géneros que incursiono.

Piezas tuyas están emplazadas en importantes espacios de la ciudad de Bayamo, es decir, que forman parte de la visualidad urbana ¿Qué significa —desde tu perspectiva de autor— este radio de acción que va logrando tu quehacer?

No es lo mismo una obra pensada para una galería que para un espacio público. Son códigos y maneras de hacer diferentes. Las piezas en los espacios públicos requieren de un concepto viable para todo tipo de espectador. Los murales mantienen el mismo discurso del resto de mis piezas, por supuesto, siempre respetando las exigencias que sugiere cada espacio y, sin perder de vista, la compatibilidad visual de mi trabajo con las características arquitectónicas del sitio donde estará emplazado. Es un enorme placer que las personas interactúen con ellas y logren identificarse, pese a la diversidad de subjetividades que componen la sociedad.

¿Cómo aspiras a que sea tu próxima década de trabajo profesional?

Primero: trabajar con mucho esfuerzo para que mi obra continúe y, sobre todo, tratar de llegar a otros espacios galerísticos dentro y fuera del país. En la etapa de trabajo pasada, tuve resultados de los cuales estoy muy satisfecho; pero eso implica que cada día madure más como artista y que el compromiso, la seriedad y la disciplina ante mi trabajo sea mayor. Segundo: tengo planes de experimentar en otras técnicas y soportes que ya conocía. Esta década que concluye será como un puente para llegar a lugares en la creación que nunca he visitado.

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