Sembrar la República antes de la Guerra: labor preparatoria de José Martí
Por: Luis Enrique Domínguez Vázquez, investigador Equipo Historia del Centro de Estudios Martianos

A pocos días de conmemorarse el inicio de la Guerra Necesaria, se hace imperativo recordar la labor preparatoria desarrollada por José Martí. De manera acertada, la historiografía nacional la considera una etapa cualitativamente superior de nuestro proceso independentista, si se la compara con el período correspondiente a la Guerra de los Diez Años. Que esto sea así se debe, en buena medida, a los esfuerzos del más universal de los cubanos en pos de aunar voluntades y recursos en función del noble propósito de liberar a Cuba.

La expresión más acabada de este esfuerzo organizativo fue la fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC), no solo concebido para organizar la fase de lucha armada, sino para preparar a los revolucionarios cubanos para la vida en la futura república. Estos objetivos, unidos a las experiencias previas de su fundador en otras tierras, le imprimieron al partido un carácter único dentro la escena política de la época.

Durante la segunda mitad del siglo xix y buena parte del xx las organizaciones políticas, incluidas aquellas que conoció Martí en sus períodos de exilio, funcionaban como partidos de patronazgo,1 conformados en general por elementos de las élites intelectuales y políticas, que se agrupaban en torno a algunas ideas básicas y disponían de cierta influencia derivada de su posición social y recursos propios. Su campo de actuación era principalmente el parlamento y no constituían grupos centralizados. Su propia naturaleza de agrupaciones de hombres notables, acompañados de sus respectivas clientelas, atentaba contra la disciplina interna, pues la vinculación de las bases del partido ocurría directamente con los hombres influyentes y no con los órganos de dirección.

De modo que, en esta clase de partido, se esperaba un beneficio a cambio del apoyo y la lealtad a la figura máxima de la organización. Al analizar el modo de operar de estos grupos, el Apóstol señala que: “Hacer política es cambiar servicios, y se forma en las filas de un caudillo, dándole apariencia de señor de muchos hombres, y dueño de muchas voluntades, ¡no ha de ser gratísimamente, sino a cargo de la prebenda que se aguarda del caudillo en el día de la victoria!”.2 Tal prebenda consistía en un puesto en el entramado gubernamental una vez se llegase al poder, lo cual permitiría al beneficiario aumentar su grado de influencia y riqueza personal.

No obstante, “como las tenencias son tantas, no tiene el Ministerio tienda para todas”,3 por lo que los hombres que se agrupaban alrededor de cada uno de estos tenientes, aspiraban a que fuera de aquel al que apoyaban, la cartera ministerial que proveería de las recompensas anheladas. Así la disciplina interna, como se decía anteriormente, era escasa en grado sumo, pues en lugar de velar por el cumplimiento de algún tipo de plataforma política y el adecuado funcionamiento de las estructuras del partido, sus miembros se dedicaban a respaldar las ambiciones particulares de los jefes de las distintas facciones que lo conformaban.

Tal modo de actuación redundaba solo en beneficio de los intereses de clase de aquellos hombres dedicados a la política mientras que los intereses nacionales, entendiendo a la nación como el conjunto de elementos que componen la sociedad, quedaban desatendidos. De ahí que el Apóstol en fecha tan temprana como el 1ro. de mayo de 1875 expresara que “los partidos que no son nacionales no triunfan nunca: vencen transitoriamente y viven la vida miserable de la condescendencia y el turno”.4

En contraste con este modelo de organización, el PRC podría considerarse hasta cierto punto un partido ideológico. Esta clasificación también propuesta por Weber corresponde a un tipo de organización en la que alcanzar cargos gubernamentales es algo de carácter secundario. Solo es importante en la medida en que permite llevar a cabo los objetivos contemplados en el programa de la organización y no como un fin en sí mismo. El PRC no era una agrupación para participar en elecciones, su propósito consistía en organizar el combate anticolonial en la Isla. Sin embargo, también respondía a un proyecto de carácter político que implicaba la creación de una república y la construcción de una sociedad más justa, y aunque Martí no ambicionaba puesto alguno en el gobierno, la consecución de estos objetivos pasaba por la victoria militar frente al colonialismo y la toma del poder por los patriotas.

En base a lo observado y analizado en Europa y las naciones americanas por las que pasó, unido a lo que el maestro conocía sobre el accionar de la emigración cubana durante la Guerra Grande, la formación política que habría de dirigir esta etapa de la lucha insurreccional y preparar la construcción de la nueva república debía de estar libre de los vicios que habían caracterizado a las organizaciones antes mencionadas. La estructura harto sencilla que adoptó el PRC, con los clubes en la base, el Delegado y el Tesorero en la cima y, solo donde eran necesarios, los Cuerpos de Consejo como órganos intermedios, aseguró una verdadera vinculación entre los miembros de la organización y garantizó la disciplina necesaria. En adición, el sistema de rendición de cuentas, la posibilidad de ratificar o revocar cualquiera de los cargos y la forma en que se tomaban las decisiones dentro de la organización constituían una verdadera escuela para los futuros ciudadanos de la república.

De modo que las experiencias previas del Maestro no fueron tanto una guía sobre qué hacer, su aporte reside en lo que señalaron y confirmaron al cubano, ideas que ya venían tomando forma en su conciencia, sobre la necesidad de que el nuevo estado alcanzase un alto grado de justicia social y garantizara “el pleno goce individual de los derechos legítimos del hombre”, como única vía para la potenciación de las virtudes ciudadanas y el mejoramiento humano.

Así, la dirección del estado debía funcionar bajo unos objetivos y métodos diferentes a los implementados con anterioridad en Cuba y a los observados en otras regiones. Esto iría acompañado de un proceso de democratización de la vida del país en los aspectos político, social y cultural, lo cual haría que prevaleciera la igualdad de derechos y propiciaría el logro del equilibrio entre las distintas clases sociales. De este modo se alcanzarían las condiciones para una efectiva abolición de toda forma de discriminación, por demás incompatibles con la idea de república fraterna de José Martí, y el pleno acceso –de todos los elementos que componen la sociedad– a la educación y a las diferentes manifestaciones culturales.

Uno de los objetivos programáticos lo constituía el logro del bienestar de todos, entendido no solo como condiciones económicas dignas, sino también la creación de las condiciones necesarias para la plena realización espiritual de los individuos y de la colectividad. No obstante, Martí era consciente de que la plenitud del ser humano no podía ser alcanzada si no existían los recursos que garantizasen su subsistencia. Cuando escribía en sus crónicas sobre las condiciones sociales de países como España, señalaba que “amplio trabajo, trabajo fácil y bien remunerado, bastante a satisfacer las necesidades exasperadas de las clases pobres” constituía el único remedio posible a la miseria de los sectores populares, cuya agitación amenazaba la estabilidad del sistema.

Por tanto un partido político era una organización que debía aglutinar a las personas en torno a un objetivo común. Este no podía obedecer a las aspiraciones individuales de su líder, sino que para ser una plataforma realmente nacional debía responder a las necesidades de la nación y promover entre sus miembros, valores ciudadanos como la participación política de manera consciente y el amor por el trabajo creador como fuente de la riqueza de la nueva república. En la concepción martiana lo material está conciliado con lo moral, por eso la república surgida de la revolución triunfante facilitaría el acceso a una vida digna por parte de los ciudadanos, no mediante la promoción de un igualitarismo económico, sino a través del trabajo creador y el esfuerzo individual. Del mismo modo, la existencia de una organización de este tipo para la organización de la lucha y la preparación de los cubanos para la vida como ciudadanos de la nueva república, convierte a la Guerra Necesaria en el avance cualitativo que representa.

Fuentes consultadas

Ahedo, Unai: Revisando el Concepto de Partido Político: Reconstruyendo, Conectando, Reclasificando, en: Barataria. Revista Castellano-Manchega de Ciencias Sociales, no. 32, pp. 1-21, 2022.

Martí Pérez, José: Obras Completas. Edición Crítica, t. 3, 10 y 11 Centro de Estudios Martianos, 2010, 2005 y 2006 (respectivamente).

1 Clasificación propuesta por el sociólogo alemán Max Weber.

2 José Martí: Obras Completas. Edición crítica, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2006 (obra en curso), t. 11, p. 31 (En lo adelante las citas martianas cotejadas por esta edición se presentaran con las siglas OCEC)

3 Ibídem

4 José Martí: OCEC, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2010, t. 3, p. 31.