Salvar al hombre, salvar la tierra: la ética ecológica de Martí y Fidel
Por: MSc. Irene Portuondo Pajón

La urgencia de una raíz propia

La crisis ambiental que amenaza la existencia misma de la vida en el planeta no es solo un problema técnico o científico; es, en esencia, una crisis ética, cultural y civilizatoria. Ante la lógica depredadora del capitalismo global, que concibe la naturaleza como un mero recurso explotable y al ser humano como un consumidor desarraigado, surge la imperiosa necesidad de buscar paradigmas alternativos.

En el pensamiento revolucionario y humanista de dos gigantes de la historia cubana y americana, José Martí y Fidel Castro Ruz, se encuentran los fundamentos de una ética ecológica arraigada en la justicia social, la independencia y una visión integradora del ser humano con su entorno, desde contextos históricos distintos, pero con una preocupación común por la dignidad humana y la soberanía de los pueblos. Martí y Fidel construyeron una concepción de la relación hombre-naturaleza que ofrece claves esenciales para el desafío contemporáneo: salvar al hombre implica, inexorablemente, salvar la tierra.

Para Martí, la naturaleza americana no era un escenario pasivo, sino la matriz vital que forjaba el carácter y la identidad de sus pueblos: la naturaleza como fuente de Identidad y sabiduría. En “Nuestra América” (1891), proclamó: “¡Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios, y va de menos a más!; […] Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo, vinimos, denodados, al mundo de las naciones”.1

Aquí, la identidad mestiza está intrínsecamente ligada a la tierra. Entendió tempranamente que la explotación de la naturaleza y del hombre, especialmente del indio y del negro, son dos caras de la misma moneda del sistema colonial. Su pensamiento es un claro antecedente de la justicia ambiental, que hoy denuncia cómo los impactos ecológicos recaen desproporcionadamente sobre los males pobres y marginados. Su defensa de la soberanía sobre los recursos naturales y su crítica a la imposición de modelos económicos ajenos que destruyen el entorno local son pilares del pensamiento colonial contemporáneo.

Martí abogó por un desarrollo endógeno, basado en el conocimiento y las necesidades propias, en diálogo respetuoso con el territorio. Su respeto por el “hombre natural” y su conocimiento implícito de la tierra anticipan la revalorización actual de los saberes ecológicos tradicionales de los pueblos indígenas y campesinos como fuentes cruciales de resiliencia y manejo sostenible. Veía en la observación de la naturaleza una fuente de conocimiento superior a la mera erudición libresca. Los Versos Sencillos muestran esa relación: “Yo sé de las historias viejas/ del hombre y de sus rencillas;/ y prefiero las abejas/ volando en las campanillas”.2 En otros de sus versos expresó: “Denle al vano el oro tierno/ que arde y brilla en el crisol:/ a mí denme el bosque eterno/ cuando rompe en él el sol”.3

El entorno natural en Martí moldea el espíritu del pueblo. La exuberancia tropical, la luz, la fuerza de los elementos forjan un carácter específico, diferente al del hombre encerrado en ciudades industriales del norte. Martí vio en los procesos naturales lecciones fundamentales para la vida humana: perseverancia, adaptación, belleza. Considera a la naturaleza como Maestra, que debe ir contra la artificialidad y la vanidad. Desconectarse de ella es desconectarse de una fuente esencial de verdad y equilibrio moral.

Asimismo, percibió una profunda armonía en el universo natural, una armonía que debía reflejarse en las relaciones humanas y sociales. Su poesía y crónicas están impregnadas de una admiración reverencial por la belleza natural: “Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche/ ¿O son una las dos? No bien retira/ su majestad el sol, con largos velos / […] La noche es buena/ para decir adiós. La luz estorba/ y la palabra humana. El universo/ habla mejor que el hombre”.4

Esta armonía no era estática, sino un equilibrio dinámico que el hombre debía respetar, no violentar. La explotación despiadada de la naturaleza era, para él, síntoma de la misma enfermedad que generaba la explotación del hombre por el hombre: la codicia desmedida.

Martí fue un agudo crítico del modelo de desarrollo impuesto por las potencias coloniales e imperiales, que veía en América Latina solo una fuente de materias primas. Denunció la deforestación, la minería destructiva y el monocultivo como expresiones de un sistema que empobrecía tanto la tierra como a sus habitantes: “En todos los países la ciencia agronómica ha hecho emprender la gran importancia que tiene la repoblación de los arbolados, no solo urgentísima bajo el punto de vista de la salubridad, puesto que es sabido que modifica las condiciones climatológicas; sino por los beneficios que reporta el capital empleado por los particulares de dicha repoblación”.5

En La América, Nueva York, publicó en 1883 un artículo con notable vigencia en su análisis para concientizar el cuidado de la naturaleza y los beneficios que reporta el cuidado de los árboles, pues “favorecen las lluvias, dan humedad al aire, evitan que las tomen de las plantas agrícolas y las agoten; sujetan las tierras y las aguas, evitan los hundimientos, los arrastres, las inundaciones y los torrentes; dan frescura al suelo y permiten así que crezcan buenos pastos; forman abrigos en las regiones meridionales para preservar los cereales del viento solano o levante, en el período crítico de la granazón; son, en una palabra, los árboles, además de un gran elemento de riqueza, los mejores amigos de la agricultura y la ganadería”.6

Su llamado al “hombre natural” frente al “europeo” o el “yanki” era también un llamado a un modo de vida en consonancia con los ritmos y recursos propios, no impuestos desde fuera. Observó la necesidad en Nuestra América de capacitar a las nuevas generaciones ante un dilema que previó:

Se está cometiendo en el sistema de educación en la América Latina un error gravísimo: en pueblos que viven casi por completo de los productos del campo, se educa exclusivamente a los hombres para la vida urbana, y no se les preparan para la vida campesina”. Y continúa: “Y como la vida urbana solo existe a expensas y por virtud de la campestre, y de traficar en sus productos, resulta que con el actual sistema de educación se está creando un gran ejército de desocupados y desesperados; se está poniendo una cabeza de gigante a un cuerpo de hormiga”.7

La educación, para Martí, era fundamental para lograr la independencia verdadera, para encaminar y fortalecer al hombre, formarlos para enfrentar los desafíos de la naturaleza e instruirlos en el uso racional para el beneficio común de la sociedad: “La educación –afirmó–, ha de ir a dónde va la vida […]. Los grandes problemas humanos son: la conservación de la existencia, –y el logro de los medios de hacerla grata y pacífica”.8

Parte esencial de esa educación era conocer la propia tierra, sus recursos, sus potencialidades y sus fragilidades. Solo conociéndola profundamente se podría usar sus dones con sabiduría y evitar su saqueo: “[…] que se trueque de escolástico en científico el espíritu de la educación. Divorciar al hombre de la tierra es un atentado monstruoso. Y eso es meramente escolástico: ese divorcio. A las aves, alas; a los peces, aletas; a los hombres que viven en la Naturaleza, el conocimiento de la Naturaleza: esas son sus alas”.9

Su ética ecológica era, por tanto, una ética del conocimiento responsable y del amor al terruño. Así se evidencia en un artículo publicado en el periódico Patria, el 26 de marzo de 1892 en el que escribió: “El mundo sangra sin cesar de los crímenes que se cometen en él contra la naturaleza”.

Frente a las injusticias ambientales y la continuidad de lógicas coloniales de explotación de personas y territorios, su defensa de la soberanía, el conocimiento local y la justicia integrada “social y ecológica” ofrece herramientas para la resistencia y la construcción de alternativas. Y ante la necesidad de un cambio de paradigma civilizatorio señala el horizonte de una convivencia verdaderamente humana, es decir, en paz y reciprocidad con la Tierra que nos sustenta. Es una condición de supervivencia y dignidad. Como él mismo escribió, quizás previendo los desafíos de nuestro tiempo: “la naturaleza no tiene celos como los hombres. No tiene odios, ni miedo como los hombres. No cierra el paso a nadie, porque no teme a nadie. Los hombres siempre necesitarán de los productos de la naturaleza. Por eso la naturaleza es la gran proveedora”.10

La Revolución como ecología práctica y lucha antimperialista

Fidel Castro, liderando la Revolución Cubana en el siglo XX y enfrentando el bloqueo más feroz, tuvo que construir una ética ecológica en la práctica, bajo circunstancias extremas, convirtiendo la defensa del ambiente en un pilar de la soberanía nacional y la justicia social.

Aunque los desafíos inmediatos de la Revolución fueron la reforma agraria, la salud y la educación, Fidel mostró una conciencia ecológica temprana en las primeras décadas del triunfo revolucionario, donde relacionó el medioambiente con el desarrollo; y reconoció la necesidad de transformar la naturaleza y el medio, pues la naturaleza tiene sus leyes, y se debe ser consecuente con ella y hacer un uso racional de los recursos naturales: “[…] La naturaleza se comporta de forma paradójica, de forma caprichosa; la naturaleza sigue sus leyes físicas o biológicas, no sigue las leyes de la voluntad del hombre […]”.11

El profesor y director del Centro de Estudios de la Economía Mundial (CIEM), Ramón Pichs, se refirió al pensamiento del Comandante en Jefe acerca de los temas ambientales. En ocasión de la jornada por el Día Mundial del Medio Ambiente, organizada por el Centro Fidel Castro, el 5 de junio del 2023, destacó que “no se pueden deslindar de ninguna manera de un pensamiento más amplio de Fidel los temas de desarrollo, de los temas económicos, internacionales y nacionales”.12

Refirió importantes frases del ideario de Fidel. En enero de 1960 recordó a Fidel con algunas de las frases relacionadas con la enseñanza y la naturaleza y el hombre: “aquí se acostumbraba a enseñar una geografía fría, como si el planeta Tierra estuviese deshabitado, como si en el planeta Tierra y en los picos y en los valles no morasen seres humanos seres, una geografía que por algún interés egoísta o por una causa social poderosas, estaba divorciada de otro elemento esencial y primordial y que es el centro precisamente de ese escenario que es el hombre”.13

Y reflexionó: “Y si es interesante la geografía, porque es el escenario donde vive el hombre, el hombre tiene que ser necesariamente más interesante todavía que la propia naturaleza donde vive”.14

Cuatro años más tarde enunciaba: “El hombre transforma la naturaleza a medida que se desarrolla, a medida que crece su técnica; el hombre revoluciona la naturaleza, más la naturaleza tiene sus leyes, y la naturaleza no se puede revolucionar impunemente”.15

En el informe presentado por Cuba en 1983 a la VII Cumbre del Movimiento de Países No Alineados de Nueva Delhi, con el título: La crisis económica y social del mundo, Fidel analizó los problemas de la agricultura y su medio natural, los problemas de erosión, desertificación, y de forestación en el mundo: “Así, la humanidad debe contemplar con seria preocupación cómo año tras año esta acción degradante sobre la naturaleza se refleja en el crecimiento de la desertificación, la erosión acelerada de los suelos agrícolas, la contaminación creciente de las aguas y el agotamiento de sus fuentes, la deforestación y otros fenómenos similares”.16

No obvió la responsabilidad de los países desarrollados con economía de mercado como responsables directos de una parte importante de la degradación del medio: la contaminación de la atmósfera, las aguas terrestres y los océanos, las enormes cantidades de residuos químicos y nucleares que se incorporan a la atmósfera, van al suelo, al agua y al mar, “son parte de la permanente agresión al medio en estos países”.17

Al igual que Martí, coincidió, sin dudas, con otro de los problemas más urgentes que debía enfrentar la humanidad en el futuro más inmediato, no solo por sus consecuencias económicas, sino por su implicación en la destrucción del equilibrio ecológico del planeta: el acelerado proceso de desaparición de los bosques, sobre todo en el mundo subdesarrollado.

Según proyecciones realizadas en los Estados Unidos –afirmó–, la superficie de bosques en los países desarrollados se habrá reducido en el 2000 apenas en un 0,5 %, mientras que en el mundo subdesarrollado esa reducción será de un 40 %”.18

Las consecuencias de la desaparición de los bosques son notorias en los daños del hombre a la naturaleza: alteraciones del régimen de lluvias, el control de las inundaciones y las seguías, la desertificación, la erosión, el deterioro climático, la reducción de las aguas fluviales y del subsuelo, la merma de la fertilidad de los suelos y la declinación de la producción agrícola.

A estos efectos, Fidel recordó otros peligros: “las concentraciones en la atmósfera de dióxido de carbono con sus nocivos efectos aún por determinar totalmente, la pérdida del ozono estratosférico, el incremento de las radiaciones, la contaminación radioactiva de la atmósfera y los océanos, la introducción de volúmenes colosales de materias tóxicas, las lluvias ácidas, el despilfarro criminal de los recursos no renovables, la salinización y alcalización de las mejores tierras de cultivo, y tantas otras manifestaciones de irresponsabilidad ecológica del hombre”.19

Según estadísticas, la pérdida de bosques primarios del 2002-2020 se comportan con el siguiente orden: Brasil (1,7 millones de hectáreas; República Democrática del Congo (490,000 hectáreas) y Bolivia (277.00 hectáreas) encabezaron actualmente. el listado. El planeta perdió un área de cobertura arbórea más grande que el Reino Unido, incluidas más de 4,2 millones de hectáreas de bosques tropicales primarios según datos de la Universidad de Maryland. Si bien con la pandemia de COVID-19 la economía global se contrajo en un 3,5 % en el 2020, la pérdida de bosques tropicales primarios aumentó en un 12 % en comparación al 2019.20

La realidad se agudizó. Lo previó Fidel: “Es como una medicina amarga que debemos inevitablemente ingerir, pues no hay otra forma de comenzar a enfrentarse a esas realidades que tomar primero conciencia de ello”. Y continuó con marcado optimismo: “Pero por gigantescas que sean la dificultad y complejidad de la tarea, ser pesimista es renunciar de antemano a toda esperanza y aceptar resignadamente la derrota, es decir, el final. No nos queda otra alternativa que luchar […] si es que queremos albergar la esperanza de sobrevivir”.21

Años después, la continuidad del tema no escapó de su visionario pensamiento. En su histórico discurso en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro (1992) Fidel pronunció palabras proféticas: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”.22 Señaló con claridad meridiana la responsabilidad del “consumismo despilfarrador” de los países capitalistas desarrollados en la crisis global como las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Para Fidel, el capitalismo, por su lógica inherente de acumulación ilimitada, es incompatible con la sostenibilidad ecológica: “el intercambio desigual, el proteccionismo y la deuda externa agreden la ecología y propician la destrucción del medio ambiente”.23

Bajo el liderazgo de Fidel, Cuba emprendió caminos pioneros forzados por la necesidad (el “Período Especial” tras la caída de la URSS) pero guiados por principios ecológicos. Entre ellos merece mencionar la agricultura ecológica y urbana, pues la escasez de petróleo y agroquímicos impulsó una masiva conversión hacia la agricultura orgánica y urbana. El movimiento de “organopónicos” y huertos intensivos en ciudades se convirtió en un modelo mundial de producción local, sostenible y resiliente, reduciendo la huella de carbono del transporte alimentario. La revolución energética incluyó inversiones masivas en eficiencia energética (cambio a bombillas y electrodomésticos ahorradores) y, posteriormente, en energías renovables (parques solares, biomasa) para reducir la dependencia de combustibles fósiles y mitigar emisiones.

La Revolución estableció un sistema de Áreas Protegidas que cubre una parte significativa del territorio nacional. Se aprobaron leyes ambientales robustas y se crearon instituciones dedicadas a la ciencia ambiental y la educación ecológica.

En la Asamblea Nacional del Poder Popular, en sesión del día 11 de julio de1997, correspondiente al IX Período Ordinario de Sesiones de la Cuarta Legislatura, se aprobó La Ley cubana del Medioambiente no. 81, que establece que: “Las acciones ambientales en Cuba se sustentan en las concepciones martianas acerca de las relaciones del hombre con la naturaleza y en las ricas tradiciones que asocian nuestra historia con una cultura de la naturaleza”.24 La sustentan cinco principios ambientales: integración, prevención, precaución, rectificación en la fuente y quien contamina paga.

La Tarea Vida (2017), plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático, es heredera directa de esta visión fidelista, enfocándose en proteger costas, agua y suelos. Fidel entendió como pocos que la degradación ambiental golpea primero y más fuerte a los pobres. La Revolución priorizó el acceso universal a agua potable, saneamiento básico y entornos saludables como derechos fundamentales. Campañas masivas de reforestación y de saneamiento ambiental (como la lucha por erradicar el mosquito Aedes) constituyen prioridades para mejorar la salud pública y la calidad de vida, aún en las difíciles circunstancias actuales en el país. La ecología, para Fidel, no era un lujo, sino una condición básica para la dignidad humana y la equidad.

Hilos conductores: La ética ecológica compartida

Cuba ha contado con una fértil labor científica a favor de la naturaleza y el hombre a través de su historia con pedagogos cubanos como Enrique José Varona, José de la Luz y Caballero, Félix Varela, José Martí, que se refirieron a la relación del hombre con la naturaleza y destacaron la influencia de esta relación en el desarrollo propio del hombre y la sociedad

A pesar de actuar Martí y Fidel en siglos diferentes y con herramientas distintas, la ética ecológica de ambos descansa sobre pilares comunes profundos. Uno y otro rechazaron la fragmentación que separa al hombre de la naturaleza. Para Martí, el hombre era parte del “gran concierto” natural. Para Fidel, el desarrollo económico y social no podía estar divorciado del equilibrio ecológico. La salud del planeta y la salud de la sociedad humana son dos caras de la misma moneda. Ambos trataron a la naturaleza no como un objeto inerte, sino como un sistema vivo del cual el ser humano es parte dependiente. Martí la veneró estéticamente y como fuente de identidad; Fidel la defendió como base material indispensable para la supervivencia y el desarrollo de la nación naturaleza como sujeto de derechos (implícito) y fuente de vida.

Martí como Fidel identificaron el saqueo de los recursos naturales de América Latina como una herramienta fundamental del colonialismo y el imperialismo. Su ética ecológica fue inseparable de la lucha por la independencia política y económica, por el derecho de los pueblos a decidir sobre sus propios recursos y su modelo de desarrollo. La defensa de la tierra es defensa de la patria. Constituyó una constante la crítica al modelo depredador y la defensa de la soberanía, aún las respectivas épocas que les correspondió vivir.

Martí insistió en el conocimiento de la tierra como base para amarla y protegerla. Fidel impulsó masivas campañas educativas, movilizaciones populares (como las reforestaciones) y el desarrollo científico-técnico aplicado a la solución de problemas ambientales. Se concibe en Cuba la Ley No. 81 con la definición de la educación ambiental, como un “proceso continuo y permanente, que constituye una dimensión de la educación integral de todos los ciudadanos, orientada a que en la adquisición de conocimientos, desarrollo de hábitos, habilidades, capacidades y actitudes y en la formación de valores, se armonicen las relaciones entre los seres humanos y de ellos con el resto de la sociedad y la naturaleza, para propiciar la orientación de los procesos económicos, sociales y culturales hacia el desarrollo sostenible”.25

Martí plantó con su sensibilidad y ética la semilla de un respeto profundo por la naturaleza como base de la identidad y la libertad. Fidel, regó esa semilla con la urgencia de la crisis global y la convirtió en política de Estado y bandera de resistencia ante el colapso ecológico del capitalismo.

José Martí y Fidel Castro, confiaban en que solo una ciudadanía consciente y educada podría sostener una relación armoniosa con el medio ambiente, donde la educación y la conciencia como bases de la acción son inseparables. Es válido considerar que la expresión de medio ambiente no era el término utilizado por José Martí. La expresión naturaleza es lo común en su obra. El término Medio Ambiente se refiere a todo lo que rodea a un ser vivo, abarcando tanto componentes naturales como artificiales. Originalmente, su definición era limitada y a menudo se confundía con la naturaleza misma, sin considerar la influencia humana.26

Las primeras menciones del término Medio Ambiente aparecen en textos científicos del siglo xx, reflejando un cambio en la percepción de la relación entre el hombre y la naturaleza. Se usaba para describir no solo condiciones naturales, sino también el impacto humano. El concepto tiene raíces en la comprensión de la naturaleza, con sus inicios en la filosofía antigua. A medida que las sociedades evolucionaron, se comenzó a reconocer la interconexión entre el ser humano y su entorno en diferentes épocas históricas.

Los movimientos ecológicos del siglo xx jugaron un papel esencial en la formalización del concepto de medio ambiente. Desde la fundación de Greenpeace en 1971 hasta la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente en Estocolmo en 1972, estos movimientos impulsaron una mayor conciencia y acción en defensa del entorno. Desde 1974 se celebra cada 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente, fecha seleccionada debido a que ese día, pero de 1972, dio inicio la Conferencia de Estocolmo, cuyo tema central fue el Medio Ambiente. Dos días después, la Asamblea General de la ONU, aprobaría la creación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El concepto de medio ambiente ha evolucionado desde un enfoque centrado en los recursos naturales hacia un entendimiento integral que incluye factores sociales, económicos y culturales. Esta evolución refleja un cambio significativo en la percepción humana de su papel en la naturaleza. El concepto de Medio Ambiente se define en la Ley No. 81 como el “sistema de elementos abióticos, bióticos y socioeconómicos con que interactúa el hombre, a la vez que se adapta al mismo, lo transforma y lo utiliza para satisfacer sus necesidades. 27

En Fidel Castro, el centro de su ética ecológica era el ser humano, pero no el individuo aislado y consumista, sino el ser humano en comunidad, con dignidad, justicia y futuro. “Salvar al hombre” no es salvar a un depredador, sino salvar a la humanidad de su propia autodestrucción, garantizando condiciones de vida dignas para todos, lo que solo es posible en un planeta sano.

Como dijo Fidel en Río: “Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo”.28 Martí lo había expresado con poética fuerza: “La naturaleza humana necesita espuelas: el mismo caballo árabe, cuando ve correr a otro en la llanura, saca de sí más bríos”.29

En Cuba, se presenta un desafío continuo a la sostenibilidad, a la producción local, y la aspiración a niveles de consumo materiales más altos. Cuba enfrenta obstáculos estructurales como la guerra económica, comercial y financiera de Estados Unidos que limita acceso a tecnologías verdes y financiamiento internacional, los eventos climáticos extremos como los huracanes Irma (2017) e Ián (2022) han causado daños por miles de millones de dólares.

Sin embargo, el legado ético de Martí y Fidel proporciona el marco para enfrentar estas contradicciones. La propia Tarea Vida es un reconocimiento de errores pasados y un compromiso renovado con la adaptación y la resiliencia basado en los principios fundacionales. El enfoque en ciencia, educación y movilización social sigue siendo la brújula.

Hoy en día en Cuba se han implementado política y proyectos innovadores para enfrentar este desafío, alineado con las reflexiones de Fidel Castro acerca de la justicia climática y desarrollo sostenible. El principal proyecto cubano es la Tarea Vida (2017), plan estatal a largo plazo que incluye la protección costera, que trata acerca del traslado de comunidades vulnerables, la restauración de manglares y la prohibición de construcciones en zona de riesgo; las energías renovables que son los avances en parques solares y eólicos para reducir la dependencia de combustibles fósiles. Este plan reconoce que el 10 % del territorio cubano podría quedar sumergido para el 2100 si no se toman medidas.

La revolución energética y la transición verde es otra de las políticas nacionales frente al cambio climático. Más de 65 parques solares fotovoltaicos han sido instalados (2023). La transición es lenta debido a las limitaciones financieras y tecnológicas. Otro de los aspectos es la reforestación y conservación de biodiversidad. Cuba tiene una de las tazas de reforestación más altas de América Latina. Programas como Corredor Biológico en el Caribe busca proteger ecosistemas compartidos con Haití y República Dominicana.

Cuba ha sido vocal en exigir responsabilidades históricas a los países desarrollados, promover el principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas, consagrado en el Acuerdo de París. Apoyar a los pequeños estados insulares en desarrollo, abogando por fondos de adaptación, la cooperación Sur-Sur, con programas médicos y ambientales: Cuba ha compartido experiencias en manejo de desastres con naciones del Caribe y África, se ha establecido la alianza con China y Rusia que han financiado proyectos energéticos renovables en el país.

La ética ecológica de José Martí y Fidel Castro no es un tratado abstracto, sino una guía de acción nacida de la lucha por la liberación humana y la defensa de la patria grande que es América Latina y el planeta entero. Su potencia radica en ofrecer una crítica radical al sistema mundial depredador y proponen una alternativa basada en la soberanía, la autodeterminación y el uso racional de los recursos propios. Se observa su indisoluble unión entre justicia social y justicia ambiental: demuestran que no puede haber equilibrio ecológico sin equidad, ni dignidad humana en un medio ambiente degradado.

Fidel, en particular, mostró cómo, incluso en condiciones adversas, es posible implementar políticas ambientales ambiciosas y transformadoras cuando existe voluntad política y movilización popular. Su llamado a la conciencia y la educación insisten en que el cambio verdadero requiere una transformación cultural profunda, un nuevo modo de relacionarnos con la naturaleza a partir del conocimiento, el respeto y el amor, no en la dominación y el lucro.

El mensaje es claro: la batalla por salvar la Tierra es la misma batalla por salvar al hombre, por construir un mundo donde la armonía con la naturaleza sea el cimiento de la libertad, la justicia y la dignidad para todos los pueblos. Su ética no es un lamento, sino un llamado urgente a la acción consciente organizada y solidaria. Como herederos de su legado, el desafío es asumir ese llamado y convertir su visión integradora y humanista en la realidad que salve, finalmente, a nuestra casa común y a quienes la habitamos. “Salvar al hombre, salvar la tierra” no es un eslogan, es la única brújula posible hacia un futuro viable.

1 Martí, José. “Nuestra América”. En: Obras Completas. Tomo 6. Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1975, pp. 16 ,18.

2 Martí, José. Versos Sencillos. Poesía II En: Obras Completas. Tomo 16. Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1975, p. 66

3 Martí, José. Versos Sencillos. Poesía III En: Obras Completas. Tomo 16. Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1975, p. 67

4 Martí, José “Dos Patrias”. En: Obras Completas. Tomo 16. Ed. Nacional de Cuba. La Habana, 1964, p.252.

5 Martí, José. “México siembra su valle”. En: Obras Completas. Tomo 8. Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1975, pp. 301-302.

6 Ibíd.

7 Martí, José. “La próxima exposición de New Orleans”. En: Obras Completas. Tomo 8. Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1975, pp. 369.

8 Martí, José. Fragmentos. Obras Completas. Tomo 22. Ed. Ciencias Sociales. La Habana,1975. p.308.

9 Martí, José. “Educación científica”. En: Obras Completas. Tomo 8. Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1975, p. 278.

10 Martí, José. “Maestros ambulantes”. En: Obras Completas. Tomo 8. Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1975, p. 289

11 Castro, Fidel. Discurso pronunciado en la inauguración de la Presa Carlos Manuel de Céspedes, en el río Contramaestre, Oriente, el 5 de julio9 de 1968.E·d.COR No.12.Editado por la COR del CCPCC, p.8.

13 Ibíd

14 Castro, Fidel. Discurso pronunciado en el Acto Celebrado por la Sociedad Espeleológica de Cuba, Academia de Ciencias, 15 de enero de 1960. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

15 Castro, Fidel. Discurso pronunciado en las honras fúnebres de André Voisin, bioquímico francés y agricultor, conocido por desarrollar la teoría del Pastoreo Racional, el 23 de diciembre de 1964. En: Honras fúnebres de André Voisin. Periódico Revolución, p. 3.

16 Castro, Fidel. La crisis económica y social del mundo. Informe presentado por Cuba a la VII Cumbre del Movimiento de Países No Alineados. Oficina de Publicaciones delo Consejo de Estado. La Habana, 1983. P.119.

17 Ibíd

18 Castro, Fidel. La crisis económica y social del mundo. Informe presentado por Cuba a la VII Cumbre del Movimiento de Países No Alineados. Oficina de Publicaciones delo Consejo de Estado. La Habana, 1983. P.123.

19 Castro, Fidel. La crisis económica y social del mundo. Informe presentado por Cuba a la VII Cumbre del Movimiento de Países No Alineados. Oficina de Publicaciones delo Consejo de Estado. La Habana, 1983. P.124

20 La deforestación aumentó en todo el planeta. https://share.google/mpOq2pvk5kv8SaXiG

21 Castro, Fidel. La crisis económica y social del mundo. Informe presentado por Cuba a la VII Cumbre del Movimiento de Países No Alineados. Oficina de Publicaciones delo Consejo de Estado. La Habana, 1983. P.6

22 Castro, Fidel. Discurso pronunciado en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo.12 de junio del 1992.Por un mundo de paz, justicia y dignidad. Discursos en Conferencias Cumbre 1991-1996.Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana, 1996, p.19

23 Idem

24 Ley No.81/1997 del Medio Ambiente.Cubahttps://www.fgr.gob.cu/sites/default/files/2021-04/Ley%2081%20Medio%20Ambiente_0.pdf. p. 1.

25 Idem. P. 3

26 Attieta, Paila. Origen del concepto de Medio ambiente. https://prezi.com/p/zhjwrzco-gvx/origen-y-evolucion-del-concepto-de-medio-ambiente/ 14 de noviembre del 2024.

27 Ley No.81/1997 del Medio Ambiente.Cubahttps://www.fgr.gob.cu/sites/default/files/2021-04/Ley%2081%20Medio%20Ambiente_0.pdf.. P. 4

28 Castro, Fidel. DISCURSO PRONUNCIADO EN RÍO DE JANEIRO POR EL COMANDANTE EN JEFE EN LA CONFERENCIA DE NACIONES UNIDAS SOBRE MEDIO AMBIENTE Y DESARROLLO, EL 12 DE JUNIO DE 1992.. https://www.citma.gob.cu/discurso-fidel-castro-medio-ambiente-y-desarrollo-1992/

29 Martí, José. “La exposición de caballos”. En: Obras Completas. Tomo 8. Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1975, p. 423.