Memorias para Cintio
Por: Lic. Viviana Cristina Alfonso Hernández

Se cumplen 100 años del nacimiento de Cintio Vitier, fundamental poeta y ensayista del siglo xx cubano. Dueño de una poesía de las más complejas de las letras hispanas y de una prosa exquisita. Renovador de la novelística nacional cubana. Gran conocedor de la obra de José Martí. Vinculado en sus inicios al grupo de la Revista Orígenes, junto con otros nombres destacados de la literatura cubana como José Lezama Lima, Eliseo Diego o Fina García Marruz, conocidos como La Generación de Orígenes.

Gran parte de la obra de Vitier se ubica en la intersección de la poesía y la historia, la poética y la política. En esa intersección, sus textos líricos o ensayísticos y sus investigaciones sobre la historia del pensamiento y la literatura de la Isla, propiciaron un diálogo con la experiencia de la República y la Revolución. Sus tesis nos proponen una lectura del pasado desde el porvenir y viceversa, lectura basada en la poesía como salvación en tanto reveladora de nuestra identidad y portadora de una ética.[1]

Pretende captar el contenido de las vivencias. Del momento le importa lo que perdura, y su lírica se aleja de cuanto no pueda transmutarse en delgado zumo de eternidad. Su poesía nace en el combate interior, en la apasiona búsqueda de la perfección. La memoria alimenta sueños de nostalgia, y serles fiel constituye el honor del poeta. Esta memoria austera, esta nostalgia serena, alumbran poemas en que las cosas se dicen sigilosamente, en una media voz que exige oídos bien abiertos, solicitud en el lector y, desde luego, renunciamiento.

Se cumplen 100 años del nacimiento de Cintio Vitier, narrador, ensayista y crítico cubano. Considerado la gran figura de la crítica erudita cubana. Dueño de una poesía de las más complejas de las letras hispanas, y de una prosa exquisita. Su centenario ha tenido la resonancia que merecen su vida y obra. En diversos espacios, voces competentes han comunicado valoraciones sobre la trascendencia del intelectual, cuya herencia ética ha de ser –es preciso– eterna. Por eso, nunca tendrá suficiente homenaje y, sobre todo, será muy conveniente el consecuente acercamiento a su legado desde las más tempranas edades.

[1] Enrique Saínz, Ensayos inconclusos, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1997.