Martí íntimo y revolucionario, la mirada de Retamar
Por: Sheila Carbonell

A diferencia de Vida y obra del Apóstol José Martí, de Cintio Vitier, y de Martí, el Apóstol, de Jorge Mañach, Páginas escogidas (en dos tomos), de Roberto Fernández Retamar, comienza con una breve biografía de Martí y se detiene en la estancia del héroe en Estados Unidos, en sus crónicas sobre ese país y en su repercusión para América Latina y Europa.

Retamar se refiere de forma concisa al nacimiento del Partido Revolucionario Cubano, a su órgano de prensa (periódico Patria) y a la energía que despliega Martí en gran parte de la organización de la guerra cubana que estallaría en 1895. Explica también el sentido de la llamada “Carta inconclusa” a su amigo Manuel Mercado, en la que Martí escribe: “[…] En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin […]”, última manifestación clara de su postura antimperialista y antianexionista, pues muestra que su lucha pretendía frenar los propósitos de Estados Unidos sobre Cuba y defender radicalmente la independencia cubana.

Retamar describe la preocupación de José Martí ante los intereses norteamericanos. A partir de su experiencia en la Conferencia de Washington de 1889, Martí pudo anticipar que ese país se convertiría en una pesadilla imperialista para el resto de América y para el mundo. En este sentido, el Apóstol reflexiona y propone, de manera teórica y práctica, un pensamiento americano distinto de la modernidad europea, aunque también fue uno de los introductores del modernismo en el continente. (A menudo, sus contemporáneos lo comparaban con el escritor francés Víctor Hugo.) Se le entiende como un pensador adelantado a su época, pues solo quienes ya han sufrido las consecuencias de la actitud antiética del nuevo sistema social logran comprender plenamente sus palabras.

En la introducción (primer tomo), Roberto Fernández Retamar explica que la obra martiana tiene la virtud de mostrar las diferentes formas de su pensamiento. Martí es contemplado como un filósofo distinto a sus colegas, capaz de reunir en sus análisis y reflexiones temas de economía, sociología, política, cultura y periodismo, entre otros.

El tomo I muestra a un José Martí político, revolucionario, muy interesado en la vida y las tradiciones de “los pobres de la tierra” y en la búsqueda de recursos para la guerra necesaria. Esta recopilación revela su capacidad para reflexionar sobre distintos temas con un punto en común: el ser humano.

Y debe ser leído por varias razones: la selección tiene una coherencia ideológica digna de ser examinada por miembros de organizaciones políticas de todos los países, porque Martí ofrece lecciones acerca de cómo debe ser un revolucionario, de la realidad cultural, tradicional e histórica latinoamericana, y de las raíces del gobierno estadounidense. La lectura resulta también una mirada amplia para los estudiosos del pensamiento y la literatura latinoamericanos, pues explica la historia intelectual dentro del proceso revolucionario cubano, y es una herramienta útil para docentes de todos los niveles educativos.

El segundo tomo se adentra en una dimensión más personal, sentimental y creativa de José Martí. Esta faceta, definida por Fernández Retamar como el “Martí íntimo”, incluye una selección de versos de libros como Ismaelillo, dedicado a su hijo con una ternura que al mismo tiempo le infunde fortaleza, como escribe en su dedicatoria: “[…] Espantado de todo, me refugio en ti. Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti […]”. La creación literaria que compone el tomo II gira en torno a estas palabras dirigidas a su hijo. Los Versos sencillos adquieren una significación mayor que la aparente, gracias a la honda y sincera simplicidad con que fueron escritos. En esta lírica, el Apóstol une la intimidad del dolor y el amor con el sufrimiento por la patria y el deseo de una muerte decorosa. Le siguen los Versos libres, que muestran una belleza estética y describen a un Martí apasionado por la libertad, rebelde contra toda forma de dolor, injusticia y servidumbre, ya sea interna o externa. Por último, La Edad de Oro (1889), esa maravillosa revista escrita con tanto amor y pedagogía para los niños de América, donde la enseñanza de la historia, la ciencia y la ética se funden con la poesía y la prosa de lenguaje accesible, en el propósito de formar ciudadanos elocuentes, sinceros y justos.

El volumen incluye, además, una sección de crítica literaria y artística que muestra a un profundo observador del arte y la cultura modernos de origen anglosajón y europeo. La admiración hacia figuras como Emerson, Walt Whitman, Oscar Wilde o el pintor Mihály Munkácsy es analizada con un juicio que demuestra, una vez más, la universalidad de su pensamiento. La correspondencia íntima con personas cercanas –su hermana Amelia, su madre, Fermín Valdés Domínguez o Manuel Mercado– y su Diario de campaña lo presentan como un individuo que llevó una vida de sacrificio, angustias y amor, testigo de combates y de noches estrelladas en el campo cubano: la entrada del ser humano en la naturaleza.

A mi juicio, el segundo tomo de Páginas escogidas resulta una antología tan necesaria como conmovedora, porque nos devuelve la dimensión más humana, frágil y creadora de José Martí, que a menudo queda oscurecida por la épica del político y el guerrero. La inclusión de los Versos sencillos junto a los Versos libres permite apreciar la tensión entre su voluntad de claridad popular y su ímpetu romántico más desgarrado, mientras que La Edad de Oro demuestra, con una vigencia asombrosa, que su pedagogía no era adoctrinamiento sino amor por la belleza y la justicia. Sin embargo, lo más me conmueve son los Diarios de campaña y la Correspondencia íntima: allí, en la inmediatez de la manigua o en la confianza del papel dirigido a su madre o a sus hermanas, descubrimos a un Martí que duda, que sufre, que se emociona con el canto de un pájaro y que, sin embargo, no vacila ante la muerte. Si el tomo I nos muestra al estratega, este segundo volumen nos revela al mártir en su acepción originaria –testigo de una fe que no necesita estatuas para seguir viva. Quizás el único reparo sea que la sección sobre letras, educación y pintura queda un tanto apretada, insuficiente para la riqueza de sus ensayos críticos. Pero, en conjunto, Fernández Retamar logra algo excepcional: seleccionar textos que, leídos en este orden, trazan un arco sentimental y ético que explica por qué Martí pudo escribir, la víspera de su muerte, que su vida entera había sido un solo propósito.

Por todo lo expuesto, recomiendo la lectura de Páginas escogidas. Se trata de una antología que logra lo que pocas selecciones consiguen: ofrecer una imagen cabal y viva de José Martí sin reducirlo a ninguna de sus facetas, mostrar al estratega político y al poeta íntimo, al crítico implacable del imperialismo y al pedagogo tierno, al guerrero y al padre que escribe a sus hijos desde la inminencia de la muerte.

La organización temática, rigurosa pero accesible de estos dos tomos, lo convierten en una herramienta pedagógica insustituible para estudiantes y docentes, mientras el cotejo con las ediciones críticas más actualizadas garantiza la fidelidad de los textos. Pero lo que eleva esta obra por encima de otras antologías es su capacidad de demostrar, en cada página, que Martí no es un mármol del pasado sino un pensador cuya denuncia del imperialismo, su defensa de la identidad mestiza, su antirracismo radical y su fe en la educación emancipadora siguen interpelándonos con urgencia. Leer estas Páginas escogidas es, en definitiva, tomar contacto con la raíz más profunda de la Revolución Cubana, una tradición de pensamiento latinoamericano que sigue siendo fuente inagotable de rebeldía y esperanza.