La última crítica de arte de José Martí en el periódico Patria
Por: Miguel Alejandro Jerez Oliva
"La lista de la lotería” / Óleo sobre tela / 72 x 99, 5 cm

«La lista de la lotería” / Óleo sobre tela / 72 x 99, 5 cm

Dentro de la caudalosa y trascendente producción escritural de José Martí llama la atención su carrera como crítico de arte: juicios acerca de los procesos, valoraciones temáticas, artistas y grupos de creadores de períodos anteriores al siglo xix y de sus contemporáneos.

El ejercicio de criterio acerca de la visualidad responde, en Martí, a un patrón de diálogo e interpretación: el arte como fuente de aliento al espíritu humano, gesto verificable en la frescura y empatía hacia la recepción de la buena praxis, como en textos publicados en La América, de Nueva York.

La téchne de su pluma esboza tanto la connotación de los creadores –incluyendo artistas cubanos– como los valores estéticos y conceptuales de sus poéticas, un estilo con nexos en el método historiográfico de Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos de Italia, de Georgio Vasari (1511-1574) en cuanto al enfoque de relucir el carácter innato del talento, la intelectualidad del ejemplo, el virtuosismo y desenvolvimiento con el lienzo.

El insigne José Joaquín Tejada Revilla (Santiago de Cuba, 1867-1943), pintor por excelencia, fue uno de los artistas en la mira de José Martí. Descendiente de una familia destacada por su patriotismo e interés en el arte, vio la luz un año antes del estallido de la guerra independentista, cuando los criollos anhelantes de la independencia del dominio colonial español se afanaban en acciones conspirativas. Cuando comenzó la contienda, sus padres abandonaron la ciudad ante el temor de ser acusados de deslealtad por encontrarse involucrados en operaciones independentistas. El matrimonio, y sus hijos, se vieron forzados a exiliarse en 1869 en Jamaica. Tras la culminación de la Guerra de los Diez Años, regresaron. José Joaquín tenía entonces once años, y en su ciudad de origen continuó la formación básica, además de música, idiomas, dibujo y pintura. Las obras de su abuelo Juan de Mata Tejada y Tapia (1786-1835), ilustre grabador, influyeron en la vocación del nieto.

La experiencia de un paisajismo más naturalista –artistas catalanes–, caló en este pintor y forjó su pensamiento estético. Influido también por los preceptos de la Escuela de Barbizón, abrazó ese modo de pintar el paisaje, matizado por una modulación romántica y, al abrigo de estas influencias, permaneció en Barcelona involucrado en la vida cultural de la Ciudad Condal.

En 1893 expuso en la Sala Parés, su pieza “La lista de la lotería”, también conocida como “La confronta”,[1] premiada con el mayor galardón. Gracias al éxito fue elogiado en publicaciones españolas como La ilustración española y americana, La velada, La hormiga de Oro y La ilustración artística. Posteriormente el autor viajó por Europa, donde visitó museos en Roma, Florencia, Venecia y París para nutrir su poética gestual de corrientes foráneas.

Acerca de José Joaquín Tejada Revilla se han publicado textos valiosos. El primero fue un artículo en la revista cubana El Álbum (1891), de José Martínez Badell, quien aportó información acerca de las obras del artista en su primer viaje a Europa. Sin embargo, el texto “Joaquín Tejada. El pintor cubano y su cuadro ‘La lista de la lotería’”, sería el más trascendente. El 8 de diciembre de 1894 fue publicado en Patria. Esta fue la última crítica de arte José Martí. Con ella puso fin a un ejercicio escritural como crítico de arte iniciado en México en 1875. La conexión intelectual de estos dos creadores se remonta a la estancia de ambos en Nueva York en noviembre de 1894. El episodio marcó un antes y un después para el artista. El Apóstol celebra la obra y ubica al artista como la nueva promesa del arte en Cuba. “El pintor nuevo de Cuba” le llamó, calificativo que le valdría para convertirse en uno de los pintores de mayor relevancia en la Historia del Arte Cubano.

De esta manera Tejada Revilla recuerda cómo conoció al Maestro:

La emoción más profunda de mi vida artística, es precisamente el recuerdo de haber conocido y tratado, aunque por breve espacio de tiempo, a José Martí. Cuando llegué a Nueva York era yo un perfecto desconocido de la colonia de revolucionarios radicados allí. […] Fue el mismo Martí, quien me animó a exponer en Nueva York mi cosecha de aquellos años mozos, habiendo tenido éxito de crítica y de venta debido a sus generosos empeños. Realmente Martí fue el hombre más extraordinario de los que he conocido.[2]

El pintor percibió la intensidad de aquel momento, vivido por el Héroe Nacional en medio de los preparativos para reanudar la lucha por la independencia, que en breve lo conducirían a Cuba. Se asombró de la deferencia ante sus lienzos y las gestiones para que su obra fuera conocida. El artista le planteó al Apóstol su deseo de incorporarse a la lucha, pero este le respondió: “Recuerde, Tejada, que habrá luego en Cuba un Panteón que decorar”.[3]

En cuanto al lienzo hay un grupo de anotaciones y reflexiones en torno al contenido visual y crítico, desde la pupila de Martí. “La lista de la lotería”, obra plástica de colorido sobrio, pero ameno, donde aparecen personajes populares y se aprecia la naturalidad, la gracia y la destreza con la que el pintor capta cada una de las reacciones ante el anuncio. Es una escena realista que hace pensar en una instantánea fotográfica. El autor realizó bocetos de las figuras que después pintaría, captando sus posturas, actitudes y gestos.

Tejada reflexiona desde la sociología acerca de la importancia del espectador dentro del propio cuadro que referimos como elemento esencial en la composición del acabado en la intención del creador. Aquí es donde el fenómeno de la Moda juega un papel fundamental a partir de las construcciones vestimentarias expuestas en la obra con los personajes tipos. Las descripciones en la crítica de arte son acertadas pues contribuyen a la focalización para contemplar el lienzo.

El estudio indumentario es una disciplina coherente y útil para deconstruir el pensamiento de una época determinada y el diálogo con los comportamientos ante la sociedad. La pintura como manifestación artística de antaño juega un importante papel testimonial para la compresión de la filosofía de vida de los seres humanos y su desenvolvimiento económico, cultural y sociológico.

En este caso, el estudio en cuestión relaciona desde varias aristas: la literatura, la pintura y la Moda.[4] El análisis del maestro de “La lista de la lotería” posee pinceladas de descripciones desde la vestimenta en conjunción con actitudes sicológicas que engloban la imagen de lo representado en el lienzo. Entre los gustos de José Martí por el arte, la política, la naturaleza, entre otras cuestiones, la Moda va a representar un punto angular para nutrir el contenido literario de sus obras.

En su texto crítico, Martí afirmó que el pintor nuevo de Cuba, “si va a Barcelona, no pinta ocios o tentaciones, que son útil lisonja al vicio, pródigo con quien la cosquillea y excusa, sino la gente triste de la ciudad, de blusa o capa ruin, o de pañuelo y cesta, que en el azar de un sorteo busca alivio a su vida áspera y ansiosa”.[5]

Durante los últimos años del siglo xix, la moda femenina europea puede dividirse en dos períodos bien diferenciados: el primero, que abarcó de 1870 a 1890; y el segundo, desde 1890 hasta 1900. A partir de 1860 la crinolina, jaula o malakoff comenzó a achatarse en su parte delantera y a abultarse en la trasera. Sin lugar a dudas, estos cambios a la forma de la falda dieron lugar a la semi-jaula (llamada también crinolina elíptica), que solo abultaba la zona de los glúteos y parte de las caderas. Las reformas en la armazón posibilitaron el surgimiento del polisón, que da nombre a la Moda de este período.

Acerca de las descripciones vestimentarias expone Martí que “el grupo curioso ve los billetes en la lista de la pared y que el mozo de cordel, con las cuerdas por los muslos, nervudos y caídos del trabajo, y el chaleco alón, y la barretina por la espalda, tiene el dedo rígido sobre su número feliz. Señaló también que a la modista se le ve la lozanía por las ropas dóciles, y la salud del cabello, enroscado a la nuca y que el estudiante es lampiño y de cepa catalana, que desea y arriba mientras que el empleado pálido empina el triste hongo y que a la cadera del blusón tiene la mano el aprendiz irreverente.[6]

La diseñadora e investigadora Diana Fernández González apunta: “La indumentaria es parte inseparable de la cultura material de los pueblos […] Pero, sobre todo, el vestido, refleja a través de su frívola apariencia, el síntoma de la sociedad que lo genera […].[7] La pintura de Tejada, muestra el variado pero estricto universo de la vestimenta masculina del siglo xix, además del traje popular del carretillero, la presencia del “uniforme masculino burgués”, coexiste con las prendas populares de otros personajes.

La distinción de un caballero radicaba en la habilidad de saber variar y utilizar, como lo exigía la etiqueta, las únicas cinco prendas que conformaban el atuendo masculino (frac, smoking, chaqué, levita y americana) con su correspondiente camisa, chaleco, corbata y pantalón. Es por ello que los accesorios –sombrero, reloj, guantes, bastón, sortijas, gemelos, alfileres de corbata, entre otros– adquirieron especial atención. Dichos accesorios estaban estrictamente relacionados con la hora y la actividad. A pesar de que la indumentaria masculina no sufrió grandes transformaciones, el uso de textiles de diferente calidad constituyó el elemento que permitía reconocer la clase social de cada individuo. Conviven en la escena pictórica de Joaquín Tejada, los caballeros y los personajes populares, el gorro, el sombrero de hongo y el de chistera reflejo de la convulsa sociedad decimonónica.

Martí, con su visión futurista, destacaba la creatividad como una de las características a la hora de asumir el arte y la vida. De esta manera, la relación entre las letras, las obras de arte y sus autores son parte del reflejo de la sociedad en la historia de la humanidad, y su atemporalidad exponencial que permite que, tras más de un siglo de renovación y estudios en la magistral obra martiana, sigan naciendo líneas de investigación que establezcan vasos comunicantes entre las artes, la Moda y la literatura.

 

Bibliografía

Barthes, Roland: “El sistema de la Moda”, en El sistema de la Moda y otros escritos. Barcelona, Paidós, 2005.

Colección de Arte Cubano (Catálogo): Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, 2005. Formato digital.

De Juan, Adelaida: Pintura y grabados coloniales cubanos, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1974.

_________________: Pintura Cubana. Temas y Variaciones, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2009.

Fernández de Castro, José (1938): “El pintor cubano de quien habló José Martí”, en Diario de la Marina, martes 30 de agosto.

Fernández González, Diana: Lo cubano en el vestir. Apuntes esenciales, Ediciones Unión, La Habana, 2018.

Martí, José: “Joaquín Tejada, el pintor cubano, y su cuadro ‘La lista de la lotería’”. Periódico Patria.

[1] Es un óleo sobre lienzo de 265 x 193 cm. Se localiza en la actualidad en el Museo Nacional de Bellas Artes.

[2] José Fernández de Castro, (1938), s/p.

[3] Esta anécdota contada por Tejada, de tradición familiar. Extraída en D. Beltrán. Nota de arte. “El retrato de Martí”. La independencia, 19 de diciembre 1911, s/p.

[4] Cfr. Roland Barthes. Es pertinente señalar que en esta investigación se ha usado el término Moda, tal como lo concibe y expone la diseñadora y profesora María Elena Molinet, fenómeno básicamente económico que comienza en el siglo xix. Se refiere a la Moda lanzada por los modistos influyentes para las clases adineradas que exhiben el poder económico. A diferencia del término moda que, según los diccionarios, es el uso o costumbre en boga durante un tiempo o en un país, y que se utiliza en la vestimenta, en los tejidos y en varios adornos personales.

[5] José Martí, “Joaquín Tejada, el pintor cubano…”.

[6] Ídem.

[7] Diana Fernández González.