Es complejo seleccionar un único tema a investigar acerca del ideario pedagógico de José Martí pues, desde los textos y reflexiones suyos de adolescente nos percatamos de esa destreza de educar en amplio sentido, mediante su escritura, tanto en prosa como en verso.
En estos momentos trabajo con el índice geográfico del tomo 33 de la Edición Critica de las Obras Completas de José Martí, que incluye La Edad de Oro, un ejemplo grandioso del ideario pedagógico de nuestro Apóstol, quien apostó toda su esperanza en hacer vibrar la conciencia de niñas y niños a partir del contenido reflexivo de los cuatro números de la revista. El primer número salió a la luz en julio de 1889, cuando Martí tenía 36 años. Fue un periódico mensual que se publicó hasta octubre, pues el redactor y propietario quería que se hablara del temor de Dios, y que el nombre de Dios, y no la tolerancia y el espíritu divino, estuvieran en todos los contenidos de dicha revista.
En algunas cartas contempladas en este tomo 33 de la Edición Crítica, se puede percibir el afecto, la ternura, la vehemencia y la entrega que desbordó Martí al hablar de su creación para los niños de América, y cuando pidió a algunos de sus amigos y conocidos que le tendieran la mano para divulgar tan inmenso proyecto.
En carta a Amador Esteva, en agosto de 1889, Martí le comunica que le enviaba 20 ejemplares del primer número por correo, para que lo ayudara a distribuirlos por la región, le expresa: “que no debe caer mal en Guantánamo”, y le comenta también: “tanto el escritor como yo, vemos esto como empresa del corazón, y no de mero negocio”.
Otro ejemplo es la carta a su amigo Manuel Mercado (México, agosto de 1889) donde José Martí le pedía ayuda para La Edad de Oro y le informa que le enviaba 500 ejemplares del primer número. Con mucho cariño le otorga la tarea de buscar, de ser posible, un agente central activo y hábil que entendiese “nuestro pensamiento” para ayudar a distribuir los volúmenes, y le recalca –al igual que en el ejemplo anterior– que el asunto iba más allá de los fines lucrativos. Termina apuntándole: “No quiero que esta empresa se venga a la tierra”. Aquí vemos nuevamente cuánto añoraba Martí ver crecer la revista, y más aún, su deseo de que el acercamiento directo de los niños a ese proyecto les generara una repercusión positiva. Le comenta a Mercado:
Al pueblo más infeliz ha de llegar este mensaje de cariño. ─Ya de la frontera están llegando pedidos. De Jalapa escribe un joven de la Escuela Normal “lleno de alegría” porque puede suscribirse a La Edad de Oro.
Y termina la carta con estas palabras: “Dígame lo que los niños de su casa han dicho de él, como niños, y lo que a usted como hombre le parece”. Es clarísimo que, a pesar de estar convencido de haber hecho un excelente trabajo con el primer número, pedía la opinión de sus amigos cercanos, y por supuesto quería saber cómo los niños enjuiciaban su empresa del corazón, pues en aquel momento, no tendría idea de que solo saldrían a la luz cuatro ejemplares y estaba convencido de que mediante La Edad de Oro podría estimular la mentalidad en los pequeños, y les despertaría el ansia de conocer mejor sus raíces y de amar su tierra. En ese sentido le comenta a Mercado:
A llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin divorciarse de ella, como ciudadanos retóricos, o extranjeros desdeñosos nacidos por castigo en esta otra parte del mundo. El abono se puede traer de otras partes; pero el cultivo se ha de hacer conforme al suelo. A nuestros niños los hemos de criar para hombres de su tiempo y hombres de América. ─Si no hubiera tenido a mis ojos esta dignidad, yo no habría entrado en esta empresa.
Adentrándonos en el contenido de la revista, en una de sus primeras páginas aparece un fragmento muy conocido por todos.
Para los niños es este periódico, y para las niñas por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz […] pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte, una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda […] el niño nace para caballero y la niña nace para madre.
Martí le presta mucha atención al aprendizaje intelectual y a instruir a los más pequeños, pero es indudable que tiene muy en cuenta, la gran importancia de los valores morales y las conductas honorables desde los primeros años, por tanto, intenta educar a los niñas y niños desde el comportamiento que deben tener diariamente en la sociedad y en los entornos en que se desarrollan. Pretendía también con esta obra, instruir, educar y alejar de la ignorancia mediante textos que revelaban cómo fue el pasado y la vida en el presente de aquellos tiempos. Era necesario que los niños de América supieran todos estos temas de interés, pues formaban parte de sus raíces e idiosincrasia.
Otra cosa muy sugerente fue el modo de fomentar entre los niños una educación dialógica entre “el amigo de todos los niños”, como él mismo se autonombraba y entre los niños deseosos de conocer algún tema o asunto que no estuviera comprendido en La Edad de Oro, fomentando la retroalimentación entre ambas partes, al proponer escribir con plena confianza para poder obtener respuesta ante cualquier incertidumbre o pretensión de conocimiento. Por medio de una carta, el niño podía comentar sus inquietudes, recalcando que no importaba que la carta tuviera faltas de ortografía, pero de la misma forma motivaba a que los pequeños se esmeraran, pues si la carta resultaba bien escrita sería publicada y se colocaría la firma, para que todos reconocieran el valor del pequeño escritor y sus ansias por alcanzar nuevos conocimientos.
Siguiendo esta línea está el sugerente concurso cada seis meses:
[…] el niño que mande el mejor trabajo recibirá un buen premio de libros y 10 ejemplares con su composición. Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien: hombres elocuentes y sinceros.
Motivaba también a las niñas a que se lanzaran al concurso, afirmando incluso: “seguro las niñas van a ganar”. Resulta muy interesante como Martí le presta grandísima importancia a la educación de las niñas. Era importante que conocieran mucho más allá de modas y de entretenimientos; las niñas desde pequeñas debían fomentar el pensamiento crítico para poder incorporarse a ciertas conversaciones y brindar argumentos válidos. No se trataba propiamente de empoderar a la mujer como se expresa en nuestro presente, pero sí es muy interesante la forma en que expresa:
Las niñas deben saber lo mismo que los niños, para poder hablar con ellos como amigos cuando vayan creciendo; como que es una pena que el hombre tenga que salir de su casa a buscar con quien hablar.
Martí estaba dejando en claro la necesaria igualdad de conocimientos entre ambos sexos. ¿No es esto un ejemplo grandísimo de educación? No solo para las niñas y niños, más aún en aquellos tiempos.
Cuentos, escritos y poesías muy atrayentes constituyen el cuerpo de la revista: Un juego nuevo y otros viejos, “Bebé y el señor Don Pomposo”, “Tres héroes”, “La perla de la mora”, por citar algunos, colocan ante los niños mensajes que, además de brindar conocimientos y cultura, también fomentan valores.
Pero, no le alcanzaban al escritor de la revista todos estos textos, en “La última página” del número 1, continúa con su labor educativa, reconociendo la importancia del saber en la vida de los hombres, y aprovecha para dejar ver su inconformidad y posición al afirmar:
Antes todo se hacía con los puños, ahora la fuerza está en el saber, más que en los puñetazos; aunque es bueno saber defenderse, porque siempre hay gente bestial en el mundo y porque la fuerza da salud, y porque se ha de estar presto a pelear para cuando un pueblo ladrón quiera venir a robarnos nuestro pueblo.
Estimular el pensamiento crítico desde edades tempranas asegura ganancias en el futuro. El propio Martí decía que es necesario que los niños no vean, no toquen, no piensen en nada que no sepan explicar y, precisamente, esto impulsó a colocar los contenidos de la revista y fomentar una comunicación entre ambas partes. En respuesta a una carta de Rafael Serra, en agosto de 1889, Martí expresó: “Usted lo ha visto como es, ─esas cosas de niños son un trabajo del alma, que está bien pagado con que hombres del temple y limpieza de usted me lo tengan en cuenta”.
La Edad de Oro fue escrita para los niños de América en 1889, pero actualmente sigue siendo una herramienta valiosa. En el presente, disponemos de un libro que contiene los cuatro números –edición aumentada mediante códigos Qr. Como conocedores y apasionados del pensamiento martiano, solo queda seguir propiciando estas lecturas. Que los niños conozcan desde su escuela y casa los textos de La Edad de Oro y la visión y fe de nuestro Apóstol en ese proyecto, asegura hombres y mujeres con mejores valores, pensamientos, y modos de actuar, no solo en el continente americano, sino en el mundo.