El poeta-traductor Rafael María de Mendive
Por: Dra. Carmen Suárez León

Rafael María de Mendive, a cuya sombra culta y generosa se educó José Martí, fue un brillante traductor de las Irish Melodies (1807-1834) de Thomas Moore, publicadas por él en Nueva York (Melodías irlandesas, 1863). Fue traductor también de Byron, Lamartine y Hugo. Sin embargo, las traducciones de Hugo publicadas por Mendive que conozco, pertenecen a 1876 y 1883, cuando ya Martí está en el destierro y avanza la segunda mitad del XIX.

En La América Ilustrada, de Nueva York, se publicaron tres de estas composiciones en 1876; las publica el traductor en calidad de «imitaciones de Víctor Hugo» y se trata de las poesías «El pueblo», «Los insultadores» y «Los crucificados».[1] Las tres son reelaboraciones de poemas L’Année Terrible (1872).[2] (66) En «El pueblo» Mendive hace una versión libre de un fragmento del Prologue, constituido por un largo poema, «Los 7 500 000 oui», donde Hugo distingue entre «pueblo» y «turba», «Les crucifiés» y «Les insultateurs», dan pie a las otras dos versiones, que siguen el tema original; pero en «El pueblo», Mendive reelabora el tema y lo pone a contribución de la historia de los pueblos americanos —incluyendo a los Estados Unidos—, para terminar exhortando a los americanos todos a que apoyen la lucha solitaria de Cuba:

América…! —levanta la cabeza

Más alto que las nubes—, más allá,

Esa es Cuba! ¿la ves? —Con que entereza

Lucha solo, el gran pueblo que allí está![3]

En rigor, y como muestra la cita, la tirada patriótica y de vuelo épico nunca sentó bien al poeta de «La gota de rocío».[4] Pero, desde luego, no era fácil escapar al reclamo de esta poderosa poética de Hugo puesta en función de la libertad del pueblo cubano, en un momento en que se hallaba en el vórtice mismo de su construcción de la nación y de la urgencia emancipadora que esa construcción suponía.

Sin embargo, José Martí menciona a Mendive como poeta inspirado por Hugo en su artículo sobre el maestro, escrito a petición de Enrique Trujillo (1850-1903), y aparecido en El Porvenir, de Nueva York, el 1ro. de julio de 1891. Allí expresa José Martí:

¿Se lo pintaré (a Mendive) preso, en un calabozo del Castillo del Príncipe, servido por su Micaela fiel, y sus hijos, y sus discípulos; o en Santander, donde los españoles lo recibieron con palmas y banquetes?; ¿o en New York, a donde vino escapado de España, para correr la suerte de los cubanos, y celebrar en su verso alado y caluroso al héroe que caía en los campos de pelea y al español bueno que no había querido alzarse contra la tierra que le dio el pan, a quien dio hijos?; ¿o en Nassau, vestido de blanco como en Cuba, malhumorado, y silencioso, hasta que, a la voz de Víctor Hugo, se alzó, fusta en mano, contra Los Dormidos?…[5]

Esta composición, «Los dormidos»,[6] publicada en El Palenque Literario (La Habana, 1883), se inspiró seguramente en el poema «A ceux qui dorment», de Víctor Hugo (Châtiments, 1853);[7] en estos versos el maestro de Martí condena a los habitantes de Sodoma que duermen tranquilos entregados al deleite mientras la cólera de Dios se acerca. Se trata de una alusión metafórica a los cubanos que soportaban el yugo español, más atentos a su bolsillo y a su comodidad que a su dignidad. Aunque inspirado en el texto de Hugo, este es un poema de Mendive.

Los traductores de Hugo son J. Jacinto Milanés, Ramón Vélez Herrera (1808-1886), Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873) y Francisco Sellén (1836-1897) —poeta menor y notable traductor—, así como el inteligente crítico Enrique Piñeyro y el escritor José de Armas y Céspedes (1834-1900). Entre los poemas seleccionados, hay textos de Odas y baladas (1826), Las Orientales (1829), Cantos del Crepúsculo (1835), Las Contemplaciones (1856) y La Leyenda de los siglos (1859).[8]

Mendive, como es sabido, se desempeñó como brillante traductor de las Irish Melodies (1807-1834) de Thomas Moore, publicadas por él en Nueva York (Melodías irlandesas, 1863). Fue traductor también de Byron, Lamartine y Hugo. Sin embargo, las traducciones de Hugo publicadas por Mendive que conozco, pertenecen a 1876 y 1883, cuando ya Martí está en el destierro y avanza la segunda mitad del XIX.

En La América Ilustrada, de Nueva York, se publicaron tres de estas composiciones en 1876; las publica el traductor en calidad de «imitaciones de Víctor Hugo» y se trata de las poesías «El pueblo», «Los insultadores» y «Los crucificados».([9]) Las tres son reelaboraciones de poemas L’Année Terrible (1872).[10] (66) En «El pueblo» Mendive hace una versión libre de un fragmento del Prologue, constituido por un largo poema, «Los 7 500 000 oui», donde Hugo distingue entre «pueblo» y «turba», «Les crucifiés» y «Les insultateurs», dan pie a las otras dos versiones, que siguen el tema original; pero en «El pueblo», Mendive reelabora el tema y lo pone a contribución de la historia de los pueblos americanos —incluyendo a los Estados Unidos—, para terminar exhortando a los americanos todos a que apoyen la lucha solitaria de Cuba:

América…! —levanta la cabeza

Más alto que las nubes—, más allá,

Esa es Cuba! ¿la ves? —Con que entereza

Lucha solo, el gran pueblo que allí está![11]

En rigor, y como muestra la cita, la tirada patriótica y de vuelo épico nunca sentó bien al poeta de «La gota de rocío».[12](68) Pero, desde luego, no era fácil escapar al reclamo de esta poderosa poética de Hugo puesta en función de la libertad del pueblo cubano, en un momento en que se hallaba en el vórtice mismo de su construcción de la nación y de la urgencia emancipadora que esa construcción suponía.

Sin embargo, José Martí menciona a Mendive como poeta inspirado por Hugo en su artículo sobre el maestro, escrito a petición de Enrique Trujillo (1850-1903), y aparecido en El Porvenir, de Nueva York, el 1ro. de julio de 1891. Allí expresa José Martí:

¿Se lo pintaré (a Mendive) preso, en un calabozo del Castillo del Príncipe, servido por su Micaela fiel, y sus hijos, y sus discípulos; o en Santander, donde los españoles lo recibieron con palmas y banquetes?; ¿o en New York, a donde vino escapado de España, para correr la suerte de los cubanos, y celebrar en su verso alado y caluroso al héroe que caía en los campos de pelea y al español bueno que no había querido alzarse contra la tierra que le dio el pan, a quien dio hijos?; ¿o en Nassau, vestido de blanco como en Cuba, malhumorado, y silencioso, hasta que, a la voz de Víctor Hugo, se alzó, fusta en mano, contra Los Dormidos?…[13]

Esta composición, «Los dormidos»[14], publicada en El Palenque Literario (La Habana, 1883), se inspiró seguramente en el poema «A ceux qui dorment», de Víctor Hugo (Châtiments, 1853;[15] en estos versos el maestro de Martí condena a los sodomitas que duermen tranquilos entregados al deleite mientras la cólera de Dios se acerca. Se trata de una alusión metafórica a los cubanos que soportaban el yugo español, más atentos a su bolsillo y a su comodidad. Aunque inspirado en el texto de Hugo, este es un poema de Mendive.

La recepción de Hugo por los creadores cubanos es, como toda recepción, selectiva, reconstruye un Hugo. Sabemos que él era lo que querían ver los criollos y muchas otras cosas.

El poeta francés atravesó por diversas etapas en su larguísima vida, y es una personalidad muy polémica. Son conocidos su monarquismo y su catolicismo iniciales, así como los avatares de su deriva hacia el liberalismo; conocidos son también sus modos abstractos de considerar al hombre y su extremo antitetismo. Pero ese Hugo que se radicaliza sin llegar nunca a iconoclasta, y se esfuerza por construir un todo armónico y positivo, por vertebrar un universo, no por proclamar el caos, se ajustaba bien a las aspiraciones de nuestros intelectuales y creadores de la época.

[1]«El pueblo» (Imitación de Víctor Hugo) La América Ilustrada, Nueva York, v. VIII, p. 54, 1876; «Los crucificados» (I) y «Los insultadores» (II) (Imitaciones de Víctor Hugo) La América Ilustrada, Nueva York, v. VIII, p. 138, 1876.

Estas tres composiciones, junto a la traducción de «El idilio de las mariposas» (escena V del prólogo al drama Torquemada, de Víctor Hugo, aparecen recogidos en Ecos del Sena. (La Habana, Imprenta Militar de la viuda de Soler, 1883.)

[2] Hugo, Víctor. «Les 7 500 000 oui», «Les crucifiés» y «Les insultateurs». En su: Les Châtiments. L’Année Terrible. Paris, Ernest Flammarion, Editeur, 1925. p. 243-249, 409 y 41.

[3]«El pueblo», en: La América Ilustrada, ob. cit., nota 56.

[4] Mendive, Rafael María de. «La gota de rocío». En: Vitier, Cintio. Los grandes románticos cubanos. Antología. La Habana, Tercer Festival del Libro Cubano, [s.a.]

[5]  Martí, José. O. C., t. 5, p. 252.

[6] Mendive, Rafael María de. «Los dormidos» El Palenque Literario, La Habana, 1883, t. IV, p. 200-201. A su vez, José Jacinto Milanés, escribió, con el mismo tema, su poesía «Después del festín» (1846) que aparece en 1865 con el título «Los dormidos». Esta coincidencia provocó una polémica entre José María Chacón y Calvo y Salvador Salazar, de escasa trascendencia de acuerdo con la autorizada opinión de Salvador Arias (Ver su «Prólogo» a Antología Lírica de José Jacinto Milanés —ob. cit. en nota 6), por su parte, Cintio Vitier anota que «El tema de «los dormidos» atraviesa la poesía cubana del XIX» a propósito de la poesía «La noche oscura» de Miguel Teurbe Tolón, escrita como la de Milanés en la Matanzas de 1846. Sin embargo, y aunque la poesía de Rafael María de mendive se inscribe en esa auténtica tradición, José Martí establece aquí una legítima asociación ya que el poema de Hugo, que se publica en 1853, gravita sobre el mismo tema del ciudadano que incumple sus más sagrados deberes.

[7] Hugo, Víctor. Châtiments. Paris, Garnier-Flammarion, 1979. p. 248-249.

[8]              Hablando de la perspectiva comparatista con que debe estudiarse la literatura hispanoamericana, de acuerdo con la opinión de Ana Pizarro, ella escribe: «La perspectiva comparatista debiera, por otra parte, apuntar a las específicas formas de apropiación con que América Latina en tanto que continente de formación económico social dependiente asume a las literaturas metropolitanas. Una de estas formas de apropiación más evidente es la «discronía» de la recepción, el desfase temporal con que se asumen y que determina las condiciones de desarrollo en las que son apropiadas, así como con la específica reformulación que el continente hace de sus parámetros.» En: «Introducción». Hacia una historia de la literatura latinoamericana, ob. cit., p. 15.

[9]  «El pueblo» (Imitación de Víctor Hugo) La América Ilustrada, Nueva York, v. VIII, p. 54, 1876; «Los crucificados» (I) y «Los insultadores» (II) (Imitaciones de Víctor Hugo) La América Ilustrada, Nueva York, v. VIII, p. 138, 1876.

Estas tres composiciones, junto a la traducción de «El idilio de las mariposas» (escena V del prólogo al drama Torquemada, de Víctor Hugo, aparecen recogidos en Ecos del Sena. (La Habana, Imprenta Militar de la viuda de Soler, 1883.)

[10] Hugo, Víctor. «Les 7 500 000 oui», «Les crucifiés» y «Les insultateurs». En su: Les Châtiments. L’Année Terrible. Paris, Ernest Flammarion, Editeur, 1925. p. 243-249, 409 y 412.

[11]  «El pueblo», en: La América Ilustrada, ob. cit., nota 56.

[12] Rafael María de. «La gota de rocío». En: Vitier, Cintio. Los grandes románticos cubanos. Antología. La Habana, Tercer Festival del Libro Cubano, [s.a.]

[13] Martí, José. O. C., t. 5, p. 252.

[14] Mendive, Rafael María de. «Los dormidos» El Palenque Literario, La Habana, 1883, t. IV, p. 200-201. A su vez, José Jacinto Milanés, escribió, con el mismo tema, su poesía «Después del festín» (1846) que aparece en 1865 con el título «Los dormidos». Esta coincidencia provocó una polémica entre José María Chacón y Calvo y Salvador Salazar, de escasa trascendencia de acuerdo con la autorizada opinión de Salvador Arias (Ver su «Prólogo» a Antología Lírica de José Jacinto Milanés —ob. cit. en nota 6), por su parte, Cintio Vitier anota que «El tema de «los dormidos» atraviesa la poesía cubana del XIX» a propósito de la poesía «La noche oscura» de Miguel Teurbe Tolón, escrita como la de Milanés en la Matanzas de 1846. Sin embargo, y aunque la poesía de Rafael María de mendive se inscribe en esa auténtica tradición, José Martí establece aquí una legítima asociación ya que el poema de Hugo, que se publica en 1853, gravita sobre el mismo tema del ciudadano que incumple sus más sagrados deberes.

[15] Hugo, Víctor. Châtiments. Paris, Garnier-Flammarion, 1979. p. 248-249.