La verdad sobre los Estados Unidos,2 texto escrito y publicado por José Martí en Patria (23 de marzo de 1894), se inscribe en el paradigma teórico de sus discursos de alerta ante las sombras –ocultas o no– del sistema político e ideológico estadounidense. Bajo esa misma pauta discursó en sus Escenas norteamericanas (crónicas periodísticas de 1882 a 1892), así como en los célebres escritos con motivo de la Conferencia Panamericana de 1889, en los que no solo se limitó a analizar el aspecto negativo de ciertos elementos de la política y valores estadounidenses, sino a delinear métodos y soluciones para la construcción de la patria de Nuestra América mediante la defensa de las virtudes y tradiciones de la necesaria unidad latinoamericana.3
Un rasgo característico de sus discursos de alerta es el uso de estructuras gramaticales expresivas, con especial énfasis en un determinado tipo de frases hasta llegar a la introducción de imágenes poéticas que se concretan al final en el ofrecimiento de verdades iluminadoras. Mediante ese ejercicio narrativo, el Apóstol deconstruye la imagen ficticia de los Estados Unidos y la supuesta superioridad como paradigma de progreso, y propone lo que hoy llamaríamos una descolonización de la mente latinoamericana.
Cuando escribe La verdad sobre los Estados Unidos, que inaugura en Patria la sección “Apuntes sobre los Estados Unidos”, está viviendo su plena madurez social y política.4 Ese texto es, pues, parte de la trayectoria vital del Apóstol, con él corona su pensamiento antimperialista en medio de la estrategia de preparación de la Guerra de Independencia de la Isla de Cuba contra el colonialismo directo español y el indirecto estadounidense. Se considera, pues, un importante trabajo intelectual, fruto de más de una década de observación de la sociedad estadounidense –cabe recordar que Martí se establece en Nueva York definitivamente desde 1881 hasta 1895 en que regresa a Cuba para la “guerra necesaria”, sin embargo, su observación de la sociedad estadounidense comienza mucho antes.5 En una nota de 1871 expone:
Y si hay esta diferencia de organización, de vida, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa, ¿y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que solo puede llamarse corazón cubano, cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos se legislan?6
Ya entonces es clara la advertencia sobre la profunda diferencia entre la naturaleza creativo-sentimental cubana y la naturaleza calculadora norteamericana, pues como testimonian diversos documentos, EE. UU., si bien se remitía a un principio de neutralidad dentro de la rivalidad de la Guerra de los Diez Años (1868-1878) entre Cuba y España, de hecho ayudó a los españoles proporcionando armas y convoyes, como barcos de suministro para las hostilidades. Como se desprende del documento del Sr. Hoar, Fiscal General, al Sr. Fish, Secretario de Estado:
[…] Le transmito por escrito mi dictamen sobre la cuestión de si es conveniente que Estados Unidos promueva un embargo judicial […] contra los cañoneros en construcción en Nueva York por cuenta del gobierno español, sobre la base de que se están equipando y armando con la intención de ser empleados al servicio de España, un Estado extranjero, con la intención de navegar o cometer hostilidades contra los súbditos, ciudadanos o propiedades de una “colonia, distrito o pueblo” con quien Estados Unidos está en paz, es decir, una colonia, distrito o pueblo que reclama ser la república de Cuba. […] Estados Unidos no ha reconocido la existencia de una nacionalidad independiente de la Isla de Cuba […] es un territorio bajo el gobierno de España y perteneciente a esa nación.7
La crítica martiana a la sociedad norteamericana se desarrolla en torno a diversos temas, como el suicidio y los placeres materiales ligados al dinero, el rol de la mujer, todo ello enfatizando las diferencias básicas entre el pueblo estadounidense y el cubano/latinoamericano encarnada en la oposición entre materialismo y espiritualidad. También el sistema político acentúa para Martí la diversidad entre las culturas examinadas, como se desprende del análisis del sistema electoral, definido por el apóstol en 1885 como “Es recia, y nauseabunda, una campaña presidencial en los Estados Unidos”.8 Y ya en 1881 dice:
Reina animación desusada en las filas de los discípulos de Jefferson: política parece, en suma, como que, cansados de tanta mezquina, corre un aire puro por las asambleas políticas de este país, señor en apariencia de todos los pueblos de la tierra, y en realidad esclavo de todas las pasiones de orden bajo que perturban y pervierten a los demás pueblos. Y es esta la nación única que tiene el deber absoluto de ser grande.9
Por tanto, 1894 representa un momento de máxima tensión y madurez política para José Martí, inmerso ya en los preparativos finales de la Guerra de Independencia de Cuba. Como tendremos ocasión de ver también con el posterior análisis del texto, existe una trayectoria creciente, a lo largo de su vida, de denuncia del expansionismo y de la corrupta moral de los Estados Unidos. En 1894 el tono utilizado y el análisis se vuelven explícitos y absolutos: el escritor cubano ya no se limita a profetizar, sino que “certifica” que las causas de unión dentro de los Estados Unidos se están aflojando. Hablando de la nueva sección “Apuntes sobre la verdad de Estados Unidos” (en Patria) revela la naturaleza predatoria de un sistema ya transformado en oligarquía:
se publiquen aquellos sucesos por donde se revelen, no el crimen o la falta accidental –y en todos los pueblos posible– en que solo el espíritu mezquino halla cebo y contento, sino aquellas calidades de constitución que, por su constancia y autoridad, demuestren las dos verdades útiles a nuestra América: –el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos– y la existencia, en ellos continua, de todas las violencias, discordias, inmoralidades y desórdenes de que se culpa a los pueblos hispanoamericanos.10
La crónica está destinada también a advertir a las corrientes políticas que apoyaban el anexionismo estadounidense con el fin de liberarse del colonialismo español. Esta alerta madura hunde sus raíces en experiencias previas. En Vindicación de Cuba (1889), Martí responde con vigor a las ofensas del periódico The Manufacturer,11 y transforma, en 1894, aquella defensa reactiva en un lúcido análisis estructural del sistema norteamericano. Aún más determinantes son las Conferencias Panamericanas de 1889-1891, el terrible invierno de angustia en que Martí fue testigo del intento del águila temible de Washington de absorber económicamente a América Latina. Como se desprende de la carta escrita en 1889 y conocida como Vindicación de Cuba:
No es este el momento de discutir el asunto de la anexión de Cuba. Es probable que ningún cubano que tenga en algo su decoro desee ver su país unido a otro donde los que guían la opinión comparten respecto a él las preocupaciones solo excusables a la política fanfarrona o la desordenada ignorancia. Ningún cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter.12
A través de esta crónica de denuncia, Martí pretende proporcionar un antídoto al anexionismo, advirtiendo a los cubanos y a los pueblos hispanoamericanos para que no caigan, por “ignorancia, deslumbramiento o impaciencia”, en la “servidumbre inmoral” de lo que define como una “civilización dañada y ajena”. Es precisamente ese trauma político el que hace indispensable la publicación de La verdad sobre los Estados Unidos, como acto de denuncia y como instrumento de toma de conciencia para una región en equilibrio entre la independencia y la nueva dominación imperial.
Como se desprende del análisis de los textos antes citados, el Apóstol no se limita a una denuncia extemporánea, sino que construye pacientemente un dispositivo retórico y comunicativo destinado a devolver la dignidad y la conciencia crítica a América Latina. En este marco, la escritura se convierte en un instrumento de emancipación: no se trata solo de desenmascarar las contradicciones de los Estados Unidos, sino de restituir a los pueblos hispanoamericanos la confianza en su propia capacidad de autodeterminación.
En un texto acerca de las Escenas norteamericanas, la Doctora en Ciencias Marlene Vázquez Pérez13 –directora del Centro de Estudios Martianos–, expone la cualidad polifónica y el uso del dialogismo como una verdadera estrategia comunicativa consciente y compleja que pretende subrayar las contradicciones presentes en la sociedad estadounidense. La autora reconoce en la escritura martiana una capacidad innata y continua de dialogar con diferentes sujetos: consigo mismo, con las voces ajenas y con el lector latinoamericano. En el primer nivel, Martí presenta esa tensión interna para lograr describir la realidad de la sociedad norteamericana sin incurrir en prejuicios de fondo. El segundo sujeto al que se refiere comprende, en cambio, una pluralidad de voces como las de la prensa, la población, los proverbios y la sabiduría popular. Finalmente, el último sujeto al que habla Martí es el lector latinoamericano, y es precisamente aquí donde toma forma el llamado discurso de alerta,14 en el que convergen diversos recursos expresivos con el fin de construir una conciencia antimperialista a través de la advertencia de los peligros de la expansión estadounidense. Vázquez Pérez reconoce que, en lugar de imponer una verdad monológica, Martí utiliza a menudo sucesiones de preguntas o frases condicionales con el objetivo de conducir al lector, paciente y respetuosamente, a que extraiga conclusiones por sí mismo.15 Tomando como ejemplo el íncipit del artículo Coney Island, publicado en La Nación, de Buenos Aires, en 1881, se puede comprender la aplicación de este ejercicio:
En los fastos humanos, nada iguala a la prosperidad maravillosa de los Estados Unidos del Norte. Si hay o no en ellos falta de raíces profundas; si son más duraderos en los pueblos los lazos que ata el sacrificio y el dolor común que los que ata el común interés; si esa nación colosal lleva o no en sus entrañas elementos feroces y tremendos; si la ausencia del espíritu femenil, origen del sentido artístico y complemento del ser nacional, endurece y corrompe el corazón de ese pueblo pasmoso, eso lo dirán los tiempos.16
También en el análisis del texto del artículo La verdad sobre los Estados Unidos, en “Apuntes sobre los Estados Unidos” (sección en la que Martí publicaba traducciones de noticias de crónica negra, corrupción electoral y linchamientos raciales tomadas de la propia prensa norteamericana, como The Sun y The Herald),17 no debe uno detenerse solo en su carácter netamente político, sino que ha de entenderse como la cúspide de una estrategia comunicativa afinada durante más de una década de crónicas. El uso de los recursos expresivos sirve como preparación de la mente del lector latinoamericano para que pueda extraer conclusiones críticas por sí mismo.
El primer objetivo de Martí es desmontar la visión de los Estados Unidos como nación unánime y perfecta. En ese sentido, escribe:
Es de supina ignorancia, y de ligereza infantil y punible, hablar de los Estados Unidos, y de las conquistas reales o aparentes de una comarca suya o grupo de ellas, como de una nación total e igual, de libertad unánime y de conquistas definitivas: semejantes Estados Unidos son una ilusión, o una superchería.18
La elección de términos como “ilusión” y “superchería” sirve para advertir que el progreso material esconde fracturas internas profundas. El Apóstol reconoce además la falta de síntesis de los diferentes componentes de la nación, a pesar de los tres siglos de historia compartida:
Lo que ha de observar el hombre honrado es, precisamente, que no solo no han podido fundirse, en tres siglos de vida común […] los elementos de origen y tendencia diversos con que se crearon los Estados Unidos, sino que la comunidad forzosa exacerba y acentúa sus diferencias primarias, y convierte la federación innatural en un estado, áspero, de violenta conquista […] en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen.19
También aquí podemos ver cómo el recurso a precisos adjetivos como “violenta” e “innatural”, lejos de ser una elección casual, constituye un uso específico de imágenes para demostrar que el modelo estadounidense no puede ser ni exportable ni mucho menos deseable para las jóvenes repúblicas latinas. Este es el deber que lo inviste como periodista, como intelectual, como observador honesto: “Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos. Lo malo se ha de aborrecer, aunque sea nuestro; y aun cuando no lo sea. Lo bueno no se ha de desamar, solo porque no sea nuestro”.20
Aquí encontramos el mutuo respeto y reconocimiento incluso de las buenas cualidades de la sociedad estadounidense, subrayando, por tanto, que sus palabras no nacen del odio, sino que más bien argumentan el rechazo a aceptar una sociedad otra, con numerosas contradicciones, y advierte de los peligros de deslegitimar la capacidad latinoamericana de convertirse en un modelo de progreso autónomo.
Sin embargo, con ese texto Martí no solo ha iniciado una crónica de denuncia, sino también un proyecto de revalorización de la cultura latinoamericana. Desde este punto de vista, podemos afirmar que el Apóstol puede ser considerado un precursor decolonial por muchas razones. Es un autor situado en un contexto histórico y geográfico definido, conoce y vive dentro de los llamados centros coloniales e imperialistas (España y Estados Unidos), estudia las grandes tradiciones literarias europeas y españolas, apreciándolas y elogiándolas en algunos casos. Pero su tensión política y reivindicativa nunca abandona la emancipación del sujeto latinoamericano situado en el horizonte de Nuestra América.
En concordancia con la crítica decolonial, Martí identifica lo que posteriormente sería denominado por Aníbal Quijano como “la colonialidad del poder”. En efecto, en Nuestra América (1891) escribe:
El indio, mudo nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar a sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura.21
El Apóstol comprende cómo la división clasista producida por las potencias occidentales coloniales lleva a cabo un epistemicidio,22 entendido como segregación de los elementos que realmente componen la sociedad cubana. Del mismo modo, su crítica se extiende al sistema educativo: “Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoamericano”.23 ¿Acaso no es esto reconducible al concepto desarrollado a finales del siglo xx de la colonialidad del saber?24 Cabe recordar también su concepción de la educación, la pedagogía como instrumento central en la edificación de un rescate político y cultural de la población de Cuba y de Sudamérica en general, tentativa condensada en torno a la obra La Edad de Oro. En múltiples ocasiones subrayó la exigencia de que: “La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra”.25
Sin perder nunca las especificidades latinoamericanas, lucha por la defensa política, económica y cultural de Nuestra América. Martí sugiere que América Latina debe buscar sus propios intelectuales en sí misma, y solo la “marcha unida” de los pueblos que se conocen es la única defensa contra el “gigante con botas de siete leguas”.
El antimperialismo de José Martí conserva hoy intacta su relevancia crítica, pues las dinámicas de dominación por él analizadas no parecen haber cambiado sustancialmente. Desde los albores de la República cubana, Estados Unidos ha manifestado un persistente interés por el control de los recursos y la riqueza de la Isla. Con el advenimiento de la Revolución cubana, dicha injerencia ha adoptado la forma de un bloqueo económico y comercial destinado a obstaculizar el desarrollo de un proyecto político fundado en la autodeterminación socialista.
A pesar de la extraordinaria resistencia del pueblo cubano a partir de 1959, el contexto actual se caracteriza por una paradójica y dramática intensificación de la presión externa. Estados Unidos vuelve hoy a presentarse como artífice de una supuesta liberación y como fautor del desarrollo económico, removiendo sistemáticamente de la memoria histórica su propio rol como potencia colonizadora que durante mucho tiempo sometió a Cuba a cadenas de naturaleza neocolonial. En un contexto marcado por la guerra cognitiva y el empobrecimiento generalizado, reaparece con vigor una perspectiva anexionista, hacia la cual algunos sectores de la población cubana, animados por prisa e impaciencia, terminan por mirar con favor.
Sin embargo, como enseñaba el Apóstol Martí, es necesario reconducir el análisis a la verdad de los hechos y a la naturaleza intrínseca belicista de un imperialismo que ha reducido a la población cubana a condiciones de extrema vulnerabilidad, privándola de bienes esenciales como el acceso a la energía eléctrica y a los medicamentos, y endureciendo progresivamente un asedio de carácter genocida, aún más duro e implacable de lo que ya se ha tolerado durante más de sesenta años.
La elección del artículo La verdad sobre los Estados Unidos no persigue solo su análisis histórico. La intención subyacente es subrayar la urgencia, en el presente, de reconocer determinadas dinámicas estructurales que caracterizan la relación entre Cuba y los Estados Unidos. El artículo de 1894, escrito por José Martí, constituye la prueba definitiva de su capacidad para leer “las entrañas del monstruo” y desmantelar la ilusión de una nación perfecta, ilusión que aún hoy alimenta representaciones distorsionadas de la política exterior estadounidense.
Esta práctica de deconstrucción crítica debería constituir un objetivo actual no solo para Cuba, sino para todo el mundo que pretende posicionarse del lado de la verdad. El bloqueo económico estadounidense, que a partir de enero de 2026 ha ido estrechando su cerco sobre la economía cubana, representa un caso ejemplar de esta necesidad. Del mismo modo, la guerra cognitiva librada por los medios occidentales contra la soberanía y la autodeterminación socialista de la Isla exige un duro y constante trabajo de contrainformación. Sin embargo, en la era de las redes sociales, dominada por la lógica del “todo y ahora”, dicho ejercicio crítico resulta cada vez menos difundido.
Tampoco se puede pensar que esta enésima acción estadounidense, de carácter marcadamente genocida, sea llevada a cabo en favor del pueblo cubano. El bloqueo de los suministros de combustible, la suspensión de las empresas de interés estatal, el aniquilamiento del turismo y la interrupción de los principales circuitos financieros no son simples medidas económico-comerciales, sino que tienen repercusiones directas y devastadoras sobre la población: niños, ancianos, el sistema sanitario y escolar. Familias enteras ven cada día más incierto su porvenir material y social. En este cuadro, es fundamental evitar caer en el engaño de que Estados Unidos podría actuar como “liberador” o tener genuinamente a pecho el bien y el interés de la población cubana. Los hechos, como demuestra la historia, hablan por sí solos.
Resulta necesario, por tanto, reconstruir hoy, mediante una indagación crítica, plural y rigurosa, una verdad sobre los Estados Unidos capaz de desenmascarar su supuesta superioridad moral en los conflictos y en las relaciones asimétricas que mantienen con otras naciones. Desde Cuba hasta Gaza, desde Líbano hasta Irak, desde Afganistán hasta Yemen: en cada uno de estos escenarios, la política exterior estadounidense ha revelado una lógica de dominación que se enmascara tras retóricas humanitarias, democratizadoras o antiterroristas. Precisamente por esta razón, la Escuela Marxista Decolonial para la Tricontinental del Pluripolarismo, dirigida por el Profesor Vasapollo, se propone como objetivo develar tales mecanismos a través de una lectura materialista de la historia y de la actualidad. Esto no significa, sin embargo, sustituir una narrativa hegemónica por otra, sino proporcionar las herramientas analíticas para que cada cual pueda llegar autónomamente a sus propias conclusiones. Lo que está en juego no es tanto la enumeración de hechos alternativos, sino la emancipación de la mirada: llegar a las respuestas por uno mismo, después de haber aprendido a dudar de las versiones oficiales y a interrogar las fuentes con espíritu dialéctico. Solo así se podrá restituir la dignidad a la verdad histórica y política.
1 La autora es parte de la Escuela Marxista Decolonial para la Tricontinental del Pluripolarismo, dirigida por el profesor Luciano Vasapollo. Doctora en Mediación Lingüística y en Ciencias del Desarrollo y de la Cooperación Internacional, realiza actividades de investigación socio-estadística y económica para el CESTES (Centro de Estudios sobre Transformaciones Económico-Sociales) y para la revista Proteo. Colabora como investigadora y editora en la revista Nuestra América. Es miembro del Capítulo Italiano de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad.
2 José Martí: Obras Completas, t. 28, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1973, pp. 290-294: https://www.josemarti.cu/publicacion/la-verdad-sobre-los-estados-unidos/
3 Marlene Vázquez Pérez: Patria, de José Martí, un periódico de credo antimperialista, https://www.josemarti.cu/dossier/patria-de-jose-marti-un-periodico-de-credo-antimperialista/
4 Ídem.
5 Pedro Pablo Rodríguez: Las luchas sociales y el giro martiano ante Estados Unidos en José Martí: la verdad sobre Estados Unidos. Coloquio Internacional Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2018.
6 José Martí: Obras Completas, t. 21, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, pp. 15-16.
7 16 de diciembre de 1869: Document 314, Papers Relating to the Foreign Relations of the United States, Transmitted to Congress with the Annual Message of the President, December 2, 1872, Part II, Volume I: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1872p2v1/d314
8 José Martí: Obras Completas. Edición Crítica, t. 22, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2011, p. 55.
9 Ibídem, t. 9, 2001, p. 27.
10 José Martí: Obras Completas, t. 28, ed. cit., pp. 290-294.
11 ¿Queremos a Cuba?, The Manufacturer, de Filadelfia, del 16 de marzo de 1889.
12 José Martí: Obras Completas, CEM, La Habana, 2001, t. 1, p. 236.
13 Marlene Vázquez Pérez: “Las Escenas norteamericanas de José Martí: su calidad polifónica”, en Cuadernos Americanos, no. 125, 2008, pp. 117-130.
14 __________________: La vigilia perpetua. José Martí en Nueva York, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2017.
15 __________________: “Las Escenas norteamericanas de José Martí: su calidad polifónica”, ob. cit., pp. 117-130.
16 José Martí: Obras Completas. Edición Crítica, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2004, pp. 133.
17 Louis A. Pérez Jr.: Cuba en el imaginario de los Estados Unidos, Editorial de Ciencias Sociales, 2014.
18 José Martí: Obras Completas, t. 28, ed. cit., pp. 290-294.
19 Ídem.
20 Ídem.
21 José Martí: Obras Completas, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2001, t. 6, p. 20.
22 Boaventura De Sousa Santos: Epistemologies of the South: Justice against epistemicide, Routledge, 2015.
23 José Martí: Obras Completas, ed. cit., t. 6, p. 20.
24 Edgardo Lander: La colonialidad del saber: eurocentrismo y Ciencias Sociales. Perspectivas latinoamericanas, CLACSO, Buenos Aires, 1993.
25 José Martí: Obras Completas, ed. cit., t. 6, p. 18.