Cuba, Latinoamérica y los Estados Unidos de América. Valoración martiana de esa relación
Por: Jesús Alejandro Blanco Fonseca, Aspirante a investigador del Equipo de Historia

José Julián Martí Pérez dedicó su vida a la realización en Cuba, de un proyecto de República equilibrada basada en un ideal de justicia social, del cual la lucha independentista y el anhelado triunfo de los patriotas, luego del éxito de esta, con el consecuente logro de la independencia, constituían el primer paso. Pero por su ubicación geográfica y sus lucrativas actividades económicas, Cuba era una isla importantísima para el equilibrio internacional –o para que una potencia garantizara su dominación, porque a ella estaban dirigidos los intereses de las principales potencias de la época: el Imperio británico, el II Imperio alemán, Francia1 y los Estados Unidos de América, situación que aprovechó Martí para esbozar un plan estratégico a través del cual garantizar la independencia de Cuba y de las Antillas.

Debían ser usadas las discrepancias de Gran Bretaña y Alemania con los Estados Unidos de América, mientras el desarrollo integral de Nuestra América permitiría a sus gentes convertirla en la tercera fuerza que garantizase el equilibrio internacional del mundo. Pero el logro de las independencias de Cuba y Puerto Rico permitiría a estos dos países, unidos a la otra Antilla hispana: República Dominicana –tal vez junto a Haití– poder detener junto a Nuestra América la expansión imperialista estadounidense, todavía en ciernes durante las décadas finales del siglo xix, con una política que tácticamente favoreciera los intereses económicos británicos y alemanes en dichas islas para que fueran contrapeso a la influencia económica de los capitales estadounidenses en ellas, cuyas gentes deberían fomentar el desarrollo integral de sus respectivas repúblicas, las cuales una vez prósperas y aliadas al resto de las naciones de Nuestra América, podrían dejar de ser frágiles y vulnerables alianzas tácticas con potencias europeas2 y podrían confiar en un poder nuevo y generoso: el poder de Nuestra América, ejercido mediante relaciones equilibradas y justas con el resto de las naciones del mundo, mientas ella sería independiente, formada por individuos libres y respetuosos de leyes justas.

Pero… esto previamente expresado solo es una aproximación a lo que quizás habría sido la realización del proyecto martiano luego del logro de la independencia de Cuba, porque Martí murió el 19 de mayo de 1895, y como él era un hombre clave –además de otros como Antonio Maceo, quien también murió posteriormente el 7 de diciembre de 1896– para garantizar el carácter radical de la lucha independentista, este proyecto fracasó al ser realizada la amenaza que él previó, que los Estados Unidos de América podrían intervenir en la guerra cubana para garantizar sus intereses3.

Por lo cual la obra sigilosa4 que Martí realizó para garantizar la posibilidad de la independencia de Cuba y evitar una posible anexión de su patria a los Estados Unidos de América, quedó trunca. Transcurrirían muchos años para que triunfase la Revolución Cubana, pero en otro contexto, y junto a la influencia del legado martiano habría nuevos factores y nuevas ideas en la liza política. Nuestra América hoy día tiene un gran reto para lograr su definitiva independencia y la integración de las naciones que la componen, con sus antiguos problemas irresueltos, los que surgieron luego e incluso, los que estén surgiendo ahora mismo.

1 Luego de su derrota en la guerra iniciada por Napoleón III contra Prusia, la Guerra franco-prusiana, Francia estableció una alianza estratégica con los Estados Unidos de América para poder enfrentar el creciente poderío del II Imperio alemán, formado a partir de Prusia y otros estados alemanes anexados a ella, luego de la guerra contra Francia. Para más información véase el Capítulo IV en: Rodolfo Sarracino: José Martí, Nuestra América y el equilibrio internacional, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2015.

2 Para más información acerca de esto mucho mejor desarrollado por Martí, aunque fuera en un apunte, véase en José Martí: Obras Completas, t. 22, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 115 y 116.

3 Véase la carta de José Martí a Gonzalo de Quesada del sábado 14 de diciembre de 1889 en José Martí: Obras Completas, t. 6, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 127-129. Párrafo donde Martí lo refiere: página 128.

4 De la cual fue parte su participación como delegado de Uruguay en la Conferencia Monetaria Internacional Americana, donde fue evitada momentáneamente –más exactamente pospuesta– la unión económica, que garantizaría el establecimiento de la dominación política estadounidense sobre Nuestra América. Para saber el porqué del uso del adjetivo sigilosa, véase José Martí: Obras Completas, t. 20, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p. 161.