Carabobo en la visión estratégica del libertador Simón Bolívar
Por: MSc. Roberto Rodríguez C.

Para 1821 la realidad de Europa había cambiado. Los intereses de España estaban afectados por Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Simón Bolívar, que había tenido en sus manos los documentos de Juan Pablo Vizcardo, a quien conoció cuando estuvo en casa de Francisco de Miranda, en Londres, sabía que su historia de lucha por la independencia y su propia suerte no podrían ser semejantes a la de Vizcardo. El destino de América debería cumplirse. La derrota de Napoleón, en 1815, había planteado a las monarquías europeas la Triple Alianza formada por España, Francia y Rusia a nombre del catolicismo, reconquista y defensa de sus colonias.

La captura del mensajero con la propuesta de Armisticio, el año anterior a 1820, dibujaba la visión española de la lucha por negociar, para evitar la independencia; las crisis de las colonias llevaban el azote de los intereses estadounidenses, ingleses y franceses. Para España no era fácil salir airoso, debía vencerse a Bolívar. Y, para el Libertador, era prioritario el reconocimiento diplomático de los principales países europeos, como primer paso en el avance de la independencia que haría posible su proyecto de Colombia y la América unida, no integrada.

En una situación como esta, la campaña se enmarcaba en la derrota del ejército español en Venezuela y, con el Congreso de Cúcuta, lograr unidad y plenos poderes. La visión estratégica, muy estudiada por Bolívar, le da un perfil geopolítico dados los múltiples intereses en juego. Bolívar intuía que, por la ubicación de la América española, el Estado nuevo necesitaría lo que denominó el equilibrio del universo, refiriéndose a la unidad del continente frente a Europa, Estados Unidos y Asia. En 1820, con el apoyo militar de la Legión Británica en Carabobo ya estaba decidido el aliado conveniente para derrotar al imperio español. En la reflexión de Bolívar, en 1813, se sugería aquella realización material. A su secretario de Relaciones Exteriores, para aquel momento Antonio Muñoz Tébar, le decía:

Es menester que la fuerza de nuestra nación sea capaz de resistir con suceso las agresiones que pueda intentar la ambición de Europa; y este coloso de poder, que deba oponerse a aquel otro coloso, no pueda formarse sino de la reunión de toda la América meridional bajo un mismo cuerpo de Nación, para que un solo gobierno central pueda aplicar sus grandes recursos en un solo fin, que es el de resistir con todos ellos las tentativas exteriores, en tanto que interiormente, multiplicándose la mutua cooperación de todos ellos, nos elevarán a la cumbre del poder y la prosperidad.

Esta declaración era el reto que asumió fiel a su juramento en el monte Aventino delante de su maestro. Ahora que se aproximaba al campo de Carabobo, una vez alcanzada la independencia, su proyecto debía vencer muchas dificultades para llegar a una América unida. En 1818 habiéndose hecho de una sólida base en Guayana, y teniendo un ejército unificado bajo un solo mando, le escribe a Juan Martín de Pueyrredón, supremo director de las provincias unidas de Río de la Plata.

cuando el triunfo de las armas de Venezuela complete la obra de la independencia, o que circunstancias más favorables nos permitan comunicaciones más frecuentes y relaciones mas estrechas, nosotros nos apresuraremos, con el más vivo interés, a entablar, por nuestra parte, el pacto americano, que, formando de todas nuestras repúblicas un cuerpo político, presente la América al mundo con un aspecto de majestad y grandeza sin ejemplo en las naciones antiguas. La América así unida, si el cielo nos concede este deseado voto, podrá llamarse la reina de las naciones, y la madre de las repúblicas.

Carabobo no solo significaba la independencia de Venezuela, era la vía hacia la unidad política del continente. Bolívar había expresado su objetivo del ejemplo de la unidad. En 1815 había reflexionado en la célebre carta de Jamaica:

La Nueva Granada se unirá con Venezuela, si llegan a convertirse en formar una república central, cuya capital sea Maracaibo, o una nueva ciudad que, con el nombre de Las Casas, en honor de este héroe de la filantropía, se funde en los confines de ambos países, en el soberbio puerto de Bahía Honda… esta nación se llamaría Colombia como tributo de justicia y gratitud al creador de nuestro hemisferio. (De la Carta de Jamaica).

Cabalgando hacia Carabobo, sus acciones deberían ser coronadas en esa batalla con la derrota del ejército español. En aquella época las comunicaciones eran difíciles. Bolívar escribe: “Los correos me matan con sus dilaciones, al fin tendré que mandar postas especiales, pues nos sirven mejor que los de Colombia” (Carta a Carlos Soublette, El Rosario, junio 1820) Este problema había logrado soluciones. Con las órdenes a José Antonio Páez de establecer un sistema de postas entre San Fernando y el movimiento del Libertador “lo hace admirable por ser el hecho en la modernización de los Ejércitos en la transmisión de órdenes y partes” (Santana, 1921).

La campaña de Carabobo cuenta por primera vez con un Estado Mayor General. Los Estados Mayores divisionarios ya no eran un ejército organizado con escasa disciplina, dotados como al principio de rudimentaria instrucción militar. Este cuerpo ahora, se regía por el “Manual de Ayudantes Generales”, publicado por Thiebeault.

La reorganización del ejército la emprende Bolívar en 1820; el plan elaborado con Antonio José de Sucre en enero de ese año le lleva a dirigir en el campo de Carabobo la batalla y derrota del ejército español.

Es necesario vencer de acuerdo con las fuerzas que se tienen y la moral con que se emprende la campaña, pero todo estaba soportado por la información que recibía Bolívar del despliegue realizado por varios de sus generales:

Gracias a una comunicación interceptada por el coronel Carmona en Chiriguaná, sabe Bolívar el 19 de junio de la convocatoria a cortes y el juramento de la constitución por Fernando VII. A partir de ese momento se apresura a tomar todas las medidas que su inmenso talento le sugieren, para sacar el mayor partido de tan inesperada como favorable situación, la cual la sintetiza así en la carta al general Soublette: ‘Ellos están en el caso del rico de Platón; ellos tienen todo que perder y nada que adquirir; y nosotros no teniendo nada que perder aspiramos a cuanto ellos poseen’.

 Así España cedió y tranzó en la entrega de Las Floridas y Texas en los límites del río El Sabina, porque necesitaba la neutralidad de los Estados Unidos y tenerlo como aliado. En febrero 21 de 1821 se cambiaron las ratificaciones en Washington para el traspaso, aplazadas por España para el mes de julio. El plan de la campaña de Carabobo debía acelerarse. Bolívar necesitaba tiempo para derrotar al general Miguel de la Torre y evitar que reuniera sus fuerzas; de ahí la tan necesaria distracción de José Francisco Bermúdez y de Cruz Carrillo.

 

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