A 240 años de su nacimiento: Andrés Bello en la obra de José Martí
Por: Wolfgang R. Vicent Vielma

El 29 de noviembre de este año se celebran los 240 años del nacimiento de nuestro gran poeta, filólogo, educador, filósofo, diplomático, ensayista y traductor, Andrés Bello, más conocido por haber sido uno de los maestros del Libertador Simón Bolívar y por crear la Universidad de Chile, amén de su enorme contribución al establecimiento de los lineamientos que rigen el buen habla y escritura del castellano en América. Andrés Bello, quien nació en Caracas en 1781, desarrolló una intensa actividad en su ciudad natal, en Londres y en Chile.

Pedro Grases, en su obra Andrés Bello, publicada en el Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina (Fundación Biblioteca Ayacucho), nos ilustra acerca de la obra del gran venezolano:

Andrés Bello fue alumno de fray Cristóbal de Quesada, quien le abrió las puertas de la maravillosa biblioteca del convento de La Merced y con ello su acercamiento al humanismo clásico. Se infiere que fue entre los años 1797 y 1798 en que dio clases a Simón Bolívar. En 1800 formó parte de la expedición de Humboldt en el ascenso a la cima del Ávila (Waraira Repano). En 1808, con la llegada de la imprenta a Venezuela es Bello el primer redactor de la Gaceta de Caracas hasta junio de 1810. Estará al frente de la publicación del Calendario manual y guía universal de forasteros en Venezuela (contiene el “Resumen de la historia de Venezuela”, escrito por Bello) para el año de 1810; y con Francisco Isnardi (1750-1820) la revista El Lucero.

En 1810, Bello acompaña a Bolívar y López Méndez en una misión a Londres, enviados por la Junta Patriótica formada en Caracas el 19 de abril de ese año. En Londres, en donde decide quedarse, pasó unos años difíciles, pero encontró gran apoyo en Francisco de Miranda: le ofreció residencia y acceso a su espectacular biblioteca. Fue entre los años 1812 y 1822 que Bello desarrolló su gran obra poética, sus dos silvas: La Alocución a la poesía (1823) y La agricultura de la zona tórrida (1826), ambos poemas publicados en sus revistas Biblioteca Americana y El Repertorio Americano, donde además publica investigaciones científicas y estudios de crítica y filología, entre ellas, el Poema de Mío Cid. En 1829 Bello es llamado a trabajar con la Legación diplomática de Chile en Gran Bretaña. Hasta entonces, y desde 1825, había laborado en la Legación de Colombia.

En tierras chilenas, Bello es oficial mayor del Ministerio de Hacienda. En 1830 se inicia la publicación de El Araucano, de la que sería su principal redactor hasta 1853. En 1834 se desempeña en el Ministerio de Relaciones Exteriores. En 1837 es electo Senador de la República hasta 1855. En 1842 se decreta la creación de la Universidad de Chile y se inaugura al año siguiente –se considera “el acto más trascendental de la vida de Bello”. En abril en 1847 publica la primera edición de la Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos; en 1852 termina la preparación del Código Civil chileno, que es aprobado por el Congreso en 1855. Muere en Santiago de Chile el 15 de octubre de 1865.

En la edición de La Opinión Nacional, de Caracas, del 6 de enero de 1882, se publica el artículo “Centenario de Andrés Bello”, escrito por José Martí:

“¡Cuán bien merece el poeta egregio el homenaje que le tributan agradecidas las letras, que él fundó, y la imprenta, que enriqueció, en su patria! Ya me parece verle con su frente espaciosa, con sus ojos azules, con su cuerpo magro, con sus manos finas, hojeando a todas horas libros útiles, y haciéndolos, y mejorando los ajenos, y acompañándose de ellos, como de amigos tiernos y fieles, en la mesa, en el paseo, en el sueño. Ya le veo entrarse como infantil Teócrito, por el fragante patio sembrado de naranjos y granados, y mirar con ternura las hojas amarillas y alzar del suelo con piedad las flores mustias, o ensayar con recogimiento religioso, como de quien dice palabras divinas, aquella escena del Segismundo de Calderón, en que el hombre rebelde, desnudo de social arreo, se yergue, dislocado como corcel arrebatador, como río hinchado, ante los pálidos hombrecillos de la Corte; o aquellas otras escenas discretísimas en que se mande que no haya burlas con el amor. Ya lo alcanzo, sentado a la margen del risueño Anauco, viendo correr al par, en el riachuelo el agua, y en el libro que lee los tiempos de le historia. Ya le oigo departir humildemente con su maestro Cristóbal de Quesada, y con el latín que aprendió de él, mejorado por su excelso juicio, vencer en las aulas animadas a condiscípulos y a dómines. Ya le miro, como quien doma águila, enseñar a Bolívar; y como quien oye a profeta, aprender de Humboldt; y le veo pasar del brazo del buen Ustáriz, con él como con todos bondadoso, y escucho las palmas regocijadas con que celebran sus amigos los sueltos y galanos versos con que los pasma y enajena. Y al elegir, de entre los grandes de América, los fundadores—le elijo a él”.

A 240 años del nacimiento de Andrés Bello, lo recordamos con la publicación de estos extractos de su gran poema: La agricultura de la Zona Tórrida

¡Salve, fecunda zona,
que al sol enamorado circunscribesel
vago curso, y cuanto ser se anima
en cada vario clima,
acariciada de su luz, concibes!
Tú tejes al verano su guirnalda
de granadas espigas; tú la uva
das a la hirviente cuba;
no de purpúrea fruta, o roja, o gualda,
a tus florestas bellas
falta matiz alguno; y bebe en ellas
aromas mil el viento;
y greyes van sin cuento
paciendo tu verdura, desde el llano
que tiene por lindero el horizonte,
hasta el erguido monte,
de inaccesible nieve siempre cano.

Tú das la caña hermosa,
de do la miel se acendra,
por quien desdeña el mundo los panales;
tú en urnas de coral cuajas la almendra
que en la espumante jícara rebosa;
bulle carmín viviente en tus nopales,
que afrenta fuera al múrice de Tiro;
y de tu añil la tinta generosa
émula es de la lumbre del zafiro.

El vino es tuyo, que la herida agave63
para los hijos vierte
del Anahuac feliz; y la hoja es tuya,
que, cuando de süave
humo en espiras vagorosas huya,
solazará el fastidio al ocio inerte.

¡Oh jóvenes naciones, que ceñida
alzáis sobre el atónito occidente
de tempranos laureles la cabeza!
honrad el campo, honrad la simple vida
del labrador, y su frugal llaneza.
Así tendrán en vos perpetuamente
la libertad morada,
y freno la ambición, y la ley templo.
Las gentes a la senda
de la inmortalidad, ardua y fragosa,
se animarán, citando vuestro ejemplo.
Lo emulará celosa
vuestra posteridad; y nuevos nombres
añadiendo la fama
a los que ahora aclama,
«hijos son éstos, hijos,
(pregonará a los hombres)
de los que vencedores superaron
de los Andes la cima;
de los que en Boyacá, los que en la arena
de Maipo, y en Junín, y en la campaña
gloriosa de Apurima,
postrar supieron al león de España».

Wolfgang R. Vicent Vielma: Licenciado en Geografía. Profesor de la Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada Bolivariana. Casa de Nuestra América “José Martí”.

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