Los valores antropológicos del Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos según Rosa Hilda Zell y Yasmina Fernández
Por: Caridad Atencio

Sobre los americanismos que contiene el Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos de José Martí profundiza Yasmina Fernández en su estudio «Los indoamericanismos en el Diario de campaña de José Martí».[1] La autora realiza una tabulación y clasificación de los mismos y valora la importancia estética y cultural de la presencia de estas voces en el Diario. Afirma que los indoamericanismos son consecuencia de las relaciones de todo tipo que existieron entre la población aborigen cubana y peninsular que vivía en la isla, como por ejemplo, nombres de variados individuos, especies de nuestra flora y fauna, objetos transculturados de la cultura material indocubana, que pertenecen o vienen del aruaco insular. Refiere entonces múltiples sufijos venidos del mismo: aco(a), ado (a), al, año (a), ato(a), azgo (a), duro(a), eco (a), eo (a), erío (a), illo (a), uo (a), ol, on(a), ato, zuco(a). Hace mención también a algunas curiosidades como el caso en que algunos sufijos aumentativos han sido utilizados como diminutivos en voces híbridas: «sabanazo» (sabana pequeña), «cajisote» (el pez cají cuando es pequeño), o cuando el sufijo aumentativo -on (a), al igual que el diminutivo illo (a), se ha utilizado para diferenciar individuos dentro de una misma especie vegetal (ceibón por ceiba, yareyón por yarey).

Los americanismos son clasificados allí en Zoónimos: los referidos a la fauna (6), Fitónimos: los que hacen alusión a la naturaleza americana, específicamente a la flora (61), los predominantes, y los Topónimos (44): dan nombre a lugares y están basados en asociaciones según las características del lugar donde se enmarca. Más 40 que se unifican en la categoría de Otros. Ellos —según Yasmina—, embellecen el texto martiano, describen una realidad palpable de nuestra tierra, y son fuente de aprendizaje histórico excepcional para nuestros jóvenes. Le da valor histórico, literario y lingüístico poco frecuente, se describe un ambiente natural americano con alcance universal. También afirma la autora en el ensayo que en el Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos se manifiesta el ajuste entre formas y esencias que caracteriza toda su obra, y que es un principio de poética dentro de la misma. En este caso Martí se preocupó porque la forma artística correspondiera tanto a la misma coyuntura histórica, como a la nueva situación real de quien escribe, a su nuevo estado de ánimo, a su «inspiración»: No hay ruptura esencial con el estilo de la obra anterior; si la hay en el plano composicional  es, precisamente, porque la forma está ajustada «como la hoja a la espada de la vaina» por: la transformación operada en el sujeto artístico; la dinámica realidad que describe y de la que es partícipe; el hecho de estar descubriendo un mundo —naturaleza, hombres, acontecimientos, habla— que solo conocía referencialmente, y el objetivo testimonial de los apuntes. Igualmente, refiere recursos de base de la narrativa moderna que Martí usa en los Diarios, que son el juego con los diálogos, la interrelación de los planos narrativos y el uso de elementos venidos del romanticismo, entre los que incluye la fusión de prosa y poesía.

Entre los textos que destacan también los valores filológicos del Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos se encuentran dos estudios de la escritora cubana Rosa Hilda Zell.  El primero en publicarse se titula «Roncaral ¿Mucaral?».[2] En este artículo de corte lingüístico de 1971 se ofrece el fundamento de por qué no puede ser «roncaral» lo escrito el 21 de abril de 1895 en el Diario, y sí «mucaral» (de múcara): En Cuba «farallón», o sea, «roca alta y tajada que sobresale en el mar». En su versión indoantillana significa «vasija» (Bachiller), en su versión afroamericana «farallón», «seboruco» o «roca marina». Y en correspondencia se llama «mucaral» al terreno cubierto de «múcara».

La revelación de la riqueza filológica del texto de Martí también es uno de los presupuestos del otro ensayo de Rosa Hilda, titulado «Notas al margen de una página del Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos»[3], publicado en 1972. La autora le da el mayor realce a este Diario, al considerarlo «uno de los libros más señeros de la literatura universal»[4], en el que las «categorías de la emoción se funden y acrisolan, y el pensamiento y el saber contrastado y vastísimo del hombre se hacen sencillos y se concentran, y fecundados germinan, crecen».[5]

Considera a este Diario como conquista del lenguaje a nivel antropológico por la profundidad de la mirada ofrecida mediante el lenguaje, que parte del gesto para hacerse singular. Se refiere a otro lenguaje sin tiempo y sin fronteras que es la capacidad de comunicación existente en los animales y desarrollada en el hombre. En este ensayo encontramos algo muy típico de la época: la aplicación de las categorías del marxismo-leninismo al reflejo del campesino en el Diario, mostrando los conceptos de clase en sí y clase para sí: «Hay en el 95 una parte del campesinado que sigue siendo clase en sí, que otros —sus opresores— manejan y utilizan a su gusto (hombres alquilados en Martí) mientras que la otra es ya clase para sí —hombres propios, hombres de sí mismos—».[6]

Como hemos podido observar, en este trabajo se subrayan los valores filológicos, antropológicos y sociológicos del Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos. El abanico de saberes que despliega un texto clásico ha mostrado a través del aporte de estos textos estudiados la riqueza a nivel de la lengua que posee el Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos tanto como documento y como obra clásica del idioma perteneciente a la modernidad.


[1] Yasmina Fernández: «Los indoamericanismos en el Diario de campaña de José Martí». Trabajo presentado al Seminario Juvenil de Estudios Martianos (XXVII) en Sancti Spíritus. (Trabajo mecanografiado en Biblioteca del Centro de Estudios Martianos, 1999).
[2] Rosa Hilda Zell: «Roncaral. ¿Mucaral?», Anuario Martiano 5, La Habana, 1971, pp. 225-230. La autora nació en 1910 y murió en 1971. Publicó unas célebres crónicas sobre cocina en la revista Bohemia y escribió poesía y cuento. Firmaba sus trabajos con el seudónimo de Adriana Loredo.
[3] Rosa Hilda Zell: «Notas al margen de una página del Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos», Anuario Martiano 4, La Habana, 1972, pp. 327-334.
[4] RHZ: Ob. cit., p. 327.
[5] Ibídem.
[6] RHZ: Ob. cit, p. 330.