Cuando se dice la verdad: una lectura de El arte de pelear de José Martí
Por: Dr. C. Rafael Ramírez García

El año 1892 es fundamental dentro de la obra revolucionaria de José Martí en función de preparar la guerra necesaria. Varios son los actos que se pueden destacar, pero, indiscutiblemente, la fundación del periódico Patria y la constitución del Partido Revolucionario Cubano constituyen dos pilares fundamentales de su proyecto emancipador.

El 14 de marzo vio la luz Patria “para contribuir, sin premura y sin descanso, a la organización de los hombres libres de Cuba y Puerto Rico […] para mantener la amistad entrañable que une […] para explicar y fijar las fuerzas vivas y reales del país […]”1 con el fin de que el conocimiento de las deficiencias, errores y peligros permitieran concretar la obra a que se aspiraba.

Aunque aprobadas sus bases y estatutos secretos, el Partido Revolucionario Cubano no había proclamado aún su existencia. No obstante, José Martí no descuidó la labor proselitista con las emigraciones, sobre todo la de Nueva York. En ese sentido, la fundación del periódico Patria constituyó una importante contribución a la batalla de ideas contra los opuestos a la independencia de Cuba dentro y fuera de la Isla.

El 19 de marzo de 1892 Martí publicó “El arte de pelear”, en un momento decisivo para la emigración necesitada de cohesión y disciplina para emprender la “Guerra Necesaria”. Ya en “Nuestras ideas”, publicadas en el primer número del periódico, esos postulados se pueden identificar como profundas reflexiones acerca de la necesidad y la naturaleza de la guerra que justifica la lucha armada no como un acto de barbarie, sino como “procedimiento político” inevitable y necesario ante la negativa española de conceder la independencia. En ese sentido advierte que “es criminal quien promueve en un país la guerra que se le puede evitar; y quien deja de promover la guerra inevitable. Es criminal quien ve ir el país a un conflicto que la provocación fomenta y la desesperación favorece, y no prepara o ayuda a preparar, el país para el conflicto”.2 “El arte de Pelear” tiene un tono más táctico y organizativo. Martí utiliza una brillante metáfora militar para definir cómo se debe “pelear” en la etapa previa al alzamiento armado, aunque sus ideas son aplicables también a la guerra misma.

La pelea, en ese momento, no es solo con las armas, sino que adopta múltiples formas: pelea “cuando se dice la verdad”, “cuando se obliga al enemigo” a cometer errores, y “cuando se demora el pelear hasta que los ejércitos están en condición de aspirar a vencer”. Asimismo, advierte sobre las causas de la derrota, como la inacción, la desunión o la falta de celeridad en el momento crítico. El artículo es un llamado a la disciplina, la unidad y la preparación meticulosa, entendiendo que la organización misma es ya una forma de combate.

El artículo no se limita a describir técnicas militares, sino propone una concepción integral de la lucha, donde la moral, la organización y la claridad de objetivos son tan importantes como las armas. Martí entiende la guerra como un fenómeno político y social y, por ello, insiste en que el arte de pelear comienza con la preparación espiritual y la unidad de los combatientes.

En el texto se articulan varias ideas; pero Martí deja claro desde el principio algo esencial: la importancia de decir la verdad. Para él, los hombres que iban al combate debían saber a qué iban a la guerra. Solo de combatientes conscientes podían esperarse sacrificios mayores y, para ello, era necesario eliminar todos los obstáculos posibles que la propaganda y los enemigos de la independencia de Cuba, pudieran tejer. Esta idea constituye una constante en muchos textos martianos, incluidos su correspondencia con varios jefes de la Guerra de los Diez Años. En consonancia con ello, en el documento se destaca la necesidad de:

—La disciplina como fundamento de la victoria. Martí subraya que la improvisación y el desorden conducen al fracaso. La guerra requiere método, previsión y obediencia consciente.

—La moral del combatiente. El arte de pelear no se reduce a la fuerza física; es también un ejercicio de voluntad, sacrificio y confianza en la justicia de la causa.

—La unidad política y militar. Martí advierte que la dispersión de esfuerzos debilita la revolución. La coordinación entre líderes y soldados es indispensable para alcanzar la independencia.

Estos argumentos revelan la visión martiana de la guerra como acto de creación colectiva, donde la disciplina se convierte en garantía de libertad. Enseña, además, que en la guerra también se combate con principios y que no es una simple confrontación bélica. En este sentido, “El arte de pelear” se convierte en manual práctico para la preparación del combatiente y el ciudadano en la guerra.

Además, el texto refleja la capacidad de Martí para vincular la teoría con la práctica. Al escribir desde la emigración, Martí prepara a los futuros combatientes con una visión estratégica que combina experiencia histórica –la Guerra de los Diez Años– con las exigencias del nuevo proyecto revolucionario. Su insistencia en la disciplina anticipa la importancia que tendrían los generales Máximo Gómez, Antonio Maceo y otros jefes en la conducción militar de la contienda.

El texto, aunque breve, enseña que la guerra no es una improvisación, ni un capricho. Requiere meditación profunda y organización minuciosa de las fuerzas y medios que en ella van a participar, pero, sobre todo, la participación consciente de los hombres que van al combate para garantizar el éxito.

Por último y no menos importante, es su idea de evitar que la guerra se pierda por no tener las fuerzas preparadas y lo negativo de la inacción cuando el enemigo está al frente y se prepara para atacarte, cuando no se guían de inmediato las tropas al ataque, cuando los ejércitos no llegan a tiempo al punto de concentración o llegan con las fuerzas cansadas para el combate.

La función de los jefes es prever y como bien señala Martí, cuando no se actúa así “se le abre la ocasión al enemigo”. Tratemos entonces de que, en estos tiempos turbulentos, llegado el momento del “genio y la centella”, no nos “montemos a caballo con el taburete de cuero”.3

1 José Martí, “Nuestras ideas”, en Salvador Bueno: José Martí y su periódico Patria, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 1997, p. 11.

2 Ídem.

3 Ibídem, p. 28.