Estados Unidos en retrospectiva: miradas críticas de Martí y Emerson
Por: Alejandro de Jesús Figueredo García, investigador Equipo Historia del Centro de Estudios Martianos

Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos. Ni se debe exagerar sus faltas de propósito, por el prurito de negarles toda virtud, ni se ha de esconder sus faltas, o pregonarlas como virtudes.

José Martí

La historia se repite una y otra vez. Parece que la humanidad no consigue aprender del pasado; su visión está ofuscada por el progreso, avanzando a pasos torpes hacia un futuro incierto, ignorantes de que solo podemos construir un futuro sostenible volviendo la mirada al pasado.

Cada situación que se cierne sobre nuestras cabezas, de este mundo ahogado en un individualismo extremo, más polarizado y superficial, un mundo donde las métricas y el dinero mandan, donde los poderosos hacen y deshacen según sus deseos, todo fue advertido, más bien profetizado, en aquel ya lejano siglo xix, por pensadores como José Martí.

Nuestra sociedad actual es una sociedad de rendimiento, caracterizada por un exceso de positividad, tal como señala el filósofo coreano Byun Chul-Han en su libro La sociedad del cansancio. El sujeto de esta sociedad, en palabras de Chul-Han, que ha heredado el imperativo del deber de la fase disciplinaria, ahora está forzado a aportar rendimiento, es mucho más rápido, productivo y además procura ser disciplinado para aumentar su propio nivel de productividad, sin espacio apenas para la contemplación o el descanso.1

Es probable que el lector martiano, sobre todo aquel que ha hojeado las crónicas de José Martí en las Escenas Norteamericanas, encuentre paralelismos entre la sociedad actual planteada por Byun Chul-Han y la vida en la ciudad de New York, hace dos siglos descrita por Martí bajo la personificación de la:

locomotora de penacho humeante y entrañas encendidas” […] Ni paz, ni entreacto, ni reposo, ni sueño. La mente, aturdida, continúa su labor en las horas de noche dentro del cráneo iluminado. Se siente en las fauces, polvo; en la mente, trastorno; en el corazón, anhelo.2

Vale aclarar que este criterio de José Martí a propósito de la ciudad neoyorkina, no es producto en modo alguno de juicios maniqueos, ni de la visión sesgada de un cubano en tierra extranjera que busca exaltar su patria en detrimento de otra nación, sino una mirada profunda y crítica de la realidad norteamericana. Así lo expone él mismo cuando expresa la verdad de los Estados Unidos para los pueblos de América en su carta homónima La verdad de los Estados Unidos al director del Evening Post, de Nueva York, el 25 de marzo de 1889: “Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos. Ni se debe exagerar sus faltas de propósito, por el prurito de negarles toda virtud, ni se ha de esconder sus faltas, o pregonarlas como virtudes”.

No son pocos los textos en los que José Martí expresa admiración profunda por la innovación y creatividad norteamericanas, en los que exalta a escritores, inventores, creadores, educadores, entre ellos, Ralph Waldo Emerson, a quien llama cariñosamente “un sacerdote de la naturaleza”.

La muerte de Ralph Waldo Emerson ocurre en 1882, dos años después del segundo arribo de José Martí a los Estados Unidos. Resulta interesante que el Apóstol encontrase en las ideas de Emerson un apoyo para las suyas propias. Ralph Waldo Emerson, muchos años atrás, en sus escritos y conferencias ya advertía sobre el peligro que se cernía para el ciudadano americano por su ambición a la riqueza y el abandono del espíritu. Un joven Emerson en sus Escritos de juventud advierte que el ciudadano americano, en particular el escolar americano, no tiene fe: confían en el poder del dólar, son sordos al sentimiento. “Tal como son, los hombres buscan naturalmente dinero o poder, y el poder porque es tan bueno como el dinero […] Aspiran a lo más elevado y, al soñar despiertos, creen que eso es lo más elevado.3

En ese sentido, Martí y Emerson comparten una visión crítica hacia el egoísmo y la ambición desmedida que se está gestando lentamente como filosofía de vida. Ralph Waldo Emerson se manifiesta en contra de la avaricia que ahoga el alma de los jóvenes americanos:

Ved las trágicas consecuencias. Este país enseña a dirigirse a objetos nimios, a devorarse a sí mismo. No hay trabajo más que para el mojigato y el complaciente. Jóvenes de las más hermosas promesas, que empiezan a vivir en estas orillas, henchidos del viento de las montañas, resplandecientes por el brillo de todas las estrellas de Dios, no encuentran la tierra bajo sus pies con esas miras, sino que se ven impedidos de obrar por el disgusto que les inspiran los principios de los negocios, y se vuelven torpes o se mueren de disgusto, suicidas algunos de ellos.4

José Martí, quizás inspirado en esas palabras, además del propio escenario que presencia bajo su lente, maldice la prosperidad a costa de la virtud humana, ya que esta solo traerá corrupción y un eventual abandono de la empatía y, en esencia, del humanismo. Podemos imaginar el dolor que siente cuando escribe: “Se mira aquí la vida, no como el consorcio discreto entre las necesidades que tienden a rebajarla y las aspiraciones que la elevan, sino como un mandato de goce, como una boca abierta, como un juego de azar donde solo triunfa el rico”.5

Emerson y José Martí, cada uno desde su tiempo, comparten ese dolor. También nosotros, lectores que desde nuestro presente presenciamos cómo esos defectos se expanden y sofocan a los pueblos, ejemplo muy claro y reciente: los archivos de Epstein que provocan horror y asco y constituyen una muestra de la oscuridad del alma humana avizorada por José Martí y Ralph Waldo Emerson.

En este contexto nos encontramos con la incómoda decisión de volver la mirada y perpetuar la indiferencia, o aprender del pasado: releer a los maestros, inspirarnos en ellos e interpretarlos, no desde la pasividad y la inacción sino desde la creación y el pensamiento, capacidades que personificaron ambos.

1 Byung Chul Han, La sociedad del cansancio, Herder, Barcelona, 2012.

2 José Martí, Cartas de Martí (La Nación, Buenos Aires, 15 de agosto de 1883), en: OCEC, t. 9, Centro de Estudios Martianos, La Habana, p. 443.

3 Ralph Waldo Emerson, Naturaleza y otros escritos de juventud, Estados Unidos, 1836.

4 Ídem.

5 José Martí, Cartas de Martí, ob. cit., t. 24, p. 245.