El Día de la Cultura Nacional fue celebrado con anticipación en el Centro de Estudios Martianos, este jueves 15 de octubre, con uno de los habituales encuentros de trabajo donde se comparten saberes que tributan al mejoramiento de la patria: la obra del prócer cubano vigente en nuestra historia.
En esta ocasión, como impulso necesario e indispensable ante las circunstancias difíciles que enfrenta el país, se trataron temas como la profundidad de ideales martianos enfocados en el proceder de las familias y la responsabilidad de las instituciones educativas en la formación de hombres virtuosos, ciudadanos de arraigada identidad cultural, respetuosos de sus tradiciones, conocedores de las ciencias, cultivadores del bien y amorosos hacia la patria, como garantías de una sociedad justa.
En su conferencia, Laura Rodríguez de la Cruz, vicedirectora de Investigaciones del Centro de Estudios Martianos, recomendó textos martianos como “Maestros ambulantes”, entre otros, e insertó anécdotas y ejemplos, y dialogó con los participantes desde la perspectiva del curso de posgrado “El proyecto emancipador de José Martí” que –junto a otros especialistas– está impartiendo en la institución hasta mediados de diciembre.
La suya fue una intervención didáctica en la que privilegió el atractivo tema del ideal republicano de Martí y la esencia de su concepto con todos y para el bien de todos, estudio motivador de respuestas de participantes quienes –a partir de historias familiares–, corroboraron el deslumbramiento ante la riqueza de la obra martiana, así como las múltiples aristas de una creatividad que tributa y da luz no solo a la cultura de la nación, sino de los pueblos de la América y del mundo.
El Museo Finca El Abra celebra este 28 de enero el 80 aniversario de su fundación, inaugurado en 1944, al cumplirse el 91 aniversario del natalicio de José Martí. Este sitio sagrado de la historia pinera y cubana, fue la primera institución museística creada en la Isla, con la peculiaridad de ser custodiada por los descendientes directos de la familia Sardá Valdés, que aún residen en el lugar.
Dentro de su intensa labor como historiador, abogado y periodista, el doctor Emilio Roig de Leuchsenring fue un enérgico defensor del estudio y el rescate de los sitios relacionados con la vida de José Martí para rendirle el tributo permanente de los cubanos. Uno de esos lugares es la Finca El Abra, en la histórica Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud. Luego de recorrerla entre el 12 y el 15 de noviembre de 1943, el Historiador de la Ciudad de La Habana se comprometió personalmente con las labores ya iniciadas para rescatar ese inmueble y convertirlo en museo. Entonces, dentro del «vía crucis martiano», califica El Abra como «dulce remanso»[1], adonde llegó el joven luego de cumplir parte de la condena por el delito de infidencia en las canteras de San Lázaro, en la sección conocida como La Criolla. Antes había estado recluido en la Cárcel Nacional y el Presidio Departamental de La Habana.[2]
¿Cómo llegó Martí a Isla de Pinos? Al ver que su hijo se encontraba en un delicado estado de salud, con los ojos dañados por la cal y el sol, además de las heridas supurantes de los grilletes, sus progenitores doña Leonor y don Mariano no cesaron de clamar por ayuda hasta conseguir que fuera indultado. El padre apeló a sus relaciones de trabajo como celador de policía para el reconocimiento de buques en el puerto de Batabanó, principal enclave marítimo que enlaza a La Habana con Nueva Gerona, capital de Isla de Pinos. De algún modo logró sensibilizar al contratista catalán José María Sardá y Gironella, quien residía junto a su familia a unos tres kilómetros de esa ciudad pinera en la Finca El Abra, una extensión de doce caballerías de tierra, adquiridas el 26 de octubre de 1868 por valor de veinticuatro mil escudos de plata[3]. Dentro de estos terrenos existían instalaciones para la producción de los materiales de construcción que Sardá empleaba en sus obras habaneras, los que fueron transportados por aquel puerto, donde trabajó don Mariano y, tal vez, de allí se conocían.
Maestro de obras, coronel de Voluntarios y arrendatario de la cantera La Criolla, Sardá era una persona influyente en las esferas gubernamentales y amigo personal del Capitán General. Por eso logra, apoyado por amigos exmilitares, que le fuera otorgado el indulto al joven recluso de apenas 17 años, conmutando su pena de seis años de presidio y trabajos forzados por la de ser relegado a Isla de Pinos. Aquí fue registrado en el Libro de Deportados de la Comandancia Militar, el 13 de octubre de 1870, según documento que señala: «En este día ha ingresado en esta isla el estrañado [sic] por infidencia Don José Martí».[4] En dicha comandancia radicaba en el mismo edificio del Ayuntamiento, todo deportado político debía presentarse con regularidad a las autoridades.
Bajo la garantía personal de Sardá, durante los dos meses y cinco días que permaneció en Isla de Pinos, Martí convivió en la casa familiar del propietario, recibiendo especial atención de su esposa Trinidad Valdés Amador. Hasta que el domingo 18 de diciembre de 1870, algo recuperado de las secuelas del presidio, parte hacia La Habana. Apenas unos meses después, ya radicado en España, adonde llegó deportado el primero de febrero de 1871, Martí le hizo llegar a Trinidad una carta y un crucifijo, acompañados de una foto con esta dedicatoria: «Trina, solo siento haberla conocido a usted por la tristeza de tener que separarme tan pronto».
Engrandecimiento de Isla de Pinos
Desde sus primeros folletos y trabajos periodísticos dedicados a revelar el carácter ominoso de la Enmienda Platt, impuesta por Estados Unidos al proceso constituyente de la República de Cuba en 1902, Roig de Leuchsenring había luchado para que se reconociera el derecho de los cubanos a Isla de Pinos. Aunque así lo estipulaba el Tratado Hay-Quesada, firmado el 2 de marzo de 1904 en Washington, esto no se logró hasta que, el 13 de marzo de 1925, tuvo lugar su ratificación por el Senado estadounidense.
Teniendo en cuenta que la ínsula era territorio cubano desde entonces, tras recorrerlo en noviembre de 1943 junto a una comitiva de la Corporación Nacional de Turismo, Roig elogia «sus bellezas y riquezas naturales»,[5] lamentándose de que se encuentre en «estado de abandono oficial y privado».[6] Según recoge en su serie de tres reportajes dedicados a ese periplo en el semanario Carteles, visitó las aguas mineromedicinales de Santa Fe y el Reclusorio Nacional para Varones; o sea, el llamado Presidio Modelo. Pero su principal cometido fue llegarse hasta el «sagrado sitio» donde vivió Martí. Lo hizo al día siguiente de su arribo, el 13 de noviembre, y así consta en el libro de visitas, que firma como miembro del Consejo Superior de la Corporación Nacional de Turismo e Historiador de la Ciudad de La Habana.
Esta foto de la casa donde vivió Martí en la Finca El Abra fue publicada por Emilio Roig de Leuchsenring en el semanario Carteles, ilustrando uno de sus tres reportajes sobre su visita a Isla de Pinos en noviembre de 1943. Ya entonces se había emprendido el rescate de ese «sagrado sitio» por un grupo de pineros, liderados por el doctor Waldo Medina.
Aunque menciona la casita de El Abra en sus dos primeros reportajes, a ella dedica íntegramente el tercero y último. Entonces reconoce: «Son varios los historiadores y cronistas que han investigado y escrito sobre esta breve y forzosa estancia de Martí en Isla de Pinos; no han faltado tampoco quienes hayan demandado la conservación, como monumento nacional de la finca y casa donde Martí vivió; pero nada efectivo se había hecho en este último sentido hasta que un buen cubano y fervoroso martiano– el doctor Waldo Medina– acometió el empeño (…)».[7]
Firma de Emilio Roig de Leuchsenring en el libro de visitantes de la Finca El Abra, el 13 de noviembre de 1943, identificándose como Miembro del Consejo Superior de la Corporación Nacional del Turismo e Historiador de la Ciudad de La Habana. Se conserva también otra firma suya de la visita que realizó el 13 de marzo de 1944, junto a los pintores Enrique Caravia y Domingo Ravenet. Por encargo de Roig, ellos realizaron sendos retratos al óleo del joven Martí y de José María Sardá.
A la izquierda: Elías Sardá Valdés posa debajo del cuadro de su padre, junto a uno de los visitantes que él mismo atendía como guía. La foto fue tomada el 18 de mayo de 1963.
Nacido en Matanzas el 10 de diciembre de 1900, Waldo Medina Méndez era juez municipal de Isla de Pinos y, ese mismo año 1943, había fundado y presidía el Comité Pinero Pro Reconstrucción de la Residencia de Martí en la Finca El Abra. A partir de su visita a Isla de Pinos, Roig apoya dicha iniciativa en todo lo posible, como demuestra la correspondencia que sostuvieron ambos.
Tras garantizar la mano de obra con penados del Reclusorio Nacional, para quienes se gestionó rebajas de condenas, la principal tarea consistió en la recaudación de fondos y materiales de construcción. Cerca de seis mil tejas criollas fueron donadas para el techo por el gobernador de La Habana, doctor Rafael Guas Inclán. Por gestiones también de Roig, al precio de un peso, se vendieron más de 60 pisapapeles confeccionados con mármol de las canteras de El Abra. Al respecto, comenta en carta al doctor Medina: «Los pisapapeles […] han gustado extraordinariamente y constituyen una bella obra artística y un delicadísimo recuerdo de la estancia de Martí en El Abra».[8]
En su ya mencionado tercer reportaje, Roig había anunciado con beneplácito: «De El Abra me traje para el Museo de la Ciudad de La Habana y ya se encuentran expuestos al público, junto a la vitrina que contiene reliquias de Martí, dos ladrillos y una losa del piso de la casa de vivienda, una botijuela y una llave con su cerradura».[9]
La casa-museo de Martí en El Abra fue inaugurada el 28 de enero de 1944, al cumplirse el 91 aniversario de su natalicio, pero tras resultar dañada por el terrible huracán que en octubre azotó a Isla de Pinos, tuvo que ser reinaugurada al año siguiente en esa misma fecha. Roig contribuyó al museo con dos retratos al óleo de Sardá y Martí que encargó a sus amigos pintores Domingo Ravenet y Enrique Caravia, respectivamente. Ellos entregaron esas piezas personalmente en el museo, el 13 de marzo de 1944, firmando los tres el libro de visitantes que aún se conserva.
Durante sus dos visitas constatadas a El Abra, el Historiador de la Ciudad de La Habana departió con el descendiente varón más joven del benefactor catalán: Elías Sardá Valdés, entusiasta patriota y guía del museo desde 1944 hasta su muerte en 1964. Este se había ofrecido desde un inicio a cooperar, pidiendo solo que «lo dejen pasar los últimos días de su vida en el mismo lugar y bajo el mismo techo en que nació».[10]
En abril de 1945, la Junta Nacional de Arqueología y Etnología solicitó al Ministerio de Educación que fueran declarados monumentos nacionales: la casa y batey de la Finca El Abra en Isla de Pinos; el Teatro Martí y la capilla central y la galería Tobías del cementerio Colón.[11] De esas tres propuestas, solo El Abra, fue declarada monumento nacional, según el decreto número 1631 del 22 de abril de 1949, firmado por el presidente de la República, Carlos Prio Socarrás; Manuel A. de Varona, primer ministro, y Aureliano Sánchez Arango, ministro de Educación. Mantuvo esa condición en 1978 por resolución 03 de la Comisión Nacional de Monumentos, firmada por Antonio Núñez Jiménez y Marta Arjona Pérez, su presidente y secretaria ejecutiva, respectivamente.
Sirva este trabajo para agradecer al doctor Waldo Medina, Elías Sardá y todos aquellos cubanos y pineros que lograron salvar este sitio de singular importancia para la Isla de la Juventud y para toda Cuba. Gracias a ellos se cumplieron aquellas palabras de Emilio Roig de Leuchsenring, cuando decidió apoyarlos incondicionalmente: «¡Ojalá así, al influjo del recuerdo y de la glorificación de Martí, se ponga en marcha y se culmine la cubanización y engrandecimiento de la Isla de Pinos!».[12]*
Un museo vivo
El Museo Finca El Abra fue inaugurado el 28 de enero de 1944, al cumplirse el 91 aniversario del natalicio de José Martí, pero tras resultar dañado por el terrible huracán que en octubre azotó a Isla de Pinos, tuvo que ser reinaugurado al año siguiente en esa misma fecha. Era entonces la única institución museística existente en el territorio y tuvo una peculiaridad que se mantiene hasta el presente: ha sido custodiado por los descendientes directos de la familia Sardá Valdés, que aún residen en el lugar. Esta tradición fue iniciada por los hijos de Sardá, principalmente Elías, hoy es continuada por su nieta Beatriz Gil Sardá, quien ha dedicado sus esfuerzos a la salvaguarda del patrimonio pinero, en especial, de la Finca El Abra.
La tipología arquitectónica de este inmueble posee rasgos catalanes. En la casa principal residen los descendientes de Sardá, mientras que en el segundo cuerpo se expone la colección del Museo. Este último se caracteriza por sus cubiertas de tejas criollas y de guano. Separada, al fondo, se conserva la cocina original de la casa.
Conservados en urnas, hay bienes de alto valor que fueron donados por los propios descendientes Sardá Valdés, como el crucifijo que Martí le regaló a doña Trina. También se conserva el libro Ilustraciones de la Santa Biblia que fue lectura recurrente del joven en el Abra. Otros objetos valiosos son las piezas de la vajilla familiar, algunos muebles y enseres domésticos originales de la casa.
[1]Emilio Roig de Leuchsenring: «El recuerdo y la glorificación de Martí lograrían la cubanización y engrandecimiento de Isla de Pinos», en Carteles, enero 16 de 1944, p.38.
[2] Martí ingresó en la Cárcel Nacional el 21 de octubre de 1869. Cfr: Ibrahím Hidalgo Paz: José Martí. Cronología 1853-1895. Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2012.
[3] Beatriz Gil Sardá: «El Abra cuenta su historia…», en Carapachibey, Isla de la Juventud, No.1, diciembre de 2001.
[4]Anuario del Centro de Estudios Martianos, Vol.2, 1979, p.48.
[5]Emilio Roig de Leuchsenring: «Belleza y riqueza naturales y abandono oficial y privado en Isla de Pinos», en Carteles, enero 2 de 1944, p.58.
[6]Emilio Roig de Leuchsenring: «Potencialidad agrícola, comercial, industrial y turística de Isla de Pinos», en Carteles, enero 2 de 1944, p.58.
[7]Emilio Roig de Leuchsenring: Ob. cit., enero 16 de 1944, p.38.
[8]Epistolario. Emilio Roig de Leuchsenring. Libro Tercero. Ediciones Boloña, La Habana, 2012, p.384.
[9]Emilio Roig de Leuchsenring: Ob. cit., enero 16 de 1944, p.39.
[10]Emilio Roig de Leuchsenring: Ob. cit., enero 16 de 1944, p.39.
[11] Argel Calcines: «Teatro Martí, patrimonio nacional», en Opus Habana, Vol. 15, No.2, noviembre 2013-mayo 2014, pp.12-15.
[12]Emilio Roig de Leuchsenring: Ob. cit., enero 16 de 1944, p.39.
*El autor agradece a la investigadora Carmen Cadena Macías por sus aportaciones al estudio de la estancia de Martí en Isla de Pinos y todas sus enseñanzas sobre la historia pinera.
Los Versos Sencillos, a 135 años de su publicación, gozan de esa contemporaneidad que preservan las cosas auténticas, dueñas de mensajes que no admiten divagaciones
Ni tan sencillos ni solo versos. Sin grandilocuencias sí; sin complejidades formales, también; pero el más importante poemario de José Martí, publicado en Nueva York el 6 de octubre de 1891, tiene, con el título de Versos Sencillos, la historia de su intensa vida, narrada en magníficos acordes líricos, para prenderse en el alma de quien se asoma a ellos, sin poder olvidar jamás que los ha conocido.
Entregado de lleno Martí a la organización de la Guerra Necesaria que liberaría a Cuba del dominio español, se celebraba, en «aquel invierno de angustia», la Conferencia Panamericana de 1889, que tanto pesar le causó, hasta que pudo «confirmar la cautela y el brío de nuestros pueblos». En el prólogo del cuaderno, recuerda «el horror y vergüenza» en que lo sumió «el temor legítimo de que pudiéramos los cubanos, con manos parricidas, ayudar el plan insensato de apartar a Cuba, para bien único de un nuevo amo disimulado, de la patria que la reclama y en ella se completa, de la patria hispanoamericana».
Con tantas preocupaciones, había enfermado. El médico le había recomendado el descanso, debido a su delicado estado de salud. Se fue a las montañas de Catskill, y allí escribió, sin la menor intención de publicarlos, estos versos.
De «una noche de poesía y amistad», la del 13 de diciembre de 1890, nació la idea de que se imprimieran. Poco después, veían la luz 46 poemas, en apariencia sencillos, pero matizados por un exquisito uso de los recursos expresivos, acomodados, en su mayoría, en redondillas y cuartetas, en las que se apreciaban contrastes semánticos y símbolos, para pulsar con ellos los más significativos instantes de su existencia.
Junto a los fundamentales acontecimientos de su vida, se muestra aquí, absolutamente diáfano, el itinerario que conforma su pensamiento. La actitud del Martí amigo, hijo, padre, hombre, hermano, patriota, poeta, cubano de altísima elevación, y ser humano en toda su dimensión… se mueve, de verso en verso, para ofrecer al lector un Martí nuevo, y a la vez el mismo, pero ahora sintetizado por medio de estructuras lingüísticas que se (a)prenden y contribuyen a enriquecer la imagen que de él llevamos con nosotros.
El poemario inicia con un yo de fuerza cósmica, matizada con esa cubanía que no se le aparta, para, tras la presentación propia de quien lo encauzará, advertir que dentro de sí viven unos versos que precisan manifestarse.
Basta abrir la primera página para querer continuar la lectura. Otra y otra pieza, y otra más…, hasta la última línea, en que, de forma categórica, su autor muestra la indestructible entidad que constituyen su espíritu y la poesía.
Así se viven las horas o el instante en que se transitan las escenas de Versos Sencillos. El lector se halla ante un texto colosal que lo acongoja y encanta. Cada quien tiene, de entre ellos, sus poemas favoritos, y suelen citarse con frecuencia los conocidos como La niña de Guatemala y La bailarina española; pero muchas otras piezas generan también impactos perdurables.
Hay un Martí que, lejos de estimular en el hijo la vanidad por la belleza, exhorta al pequeño a servir a la Patria. Bien estará en la pintura / El hijo que amo y bendigo: / ¡Mejor en la ceja oscura, / Cara a cara al enemigo! (…) Vamos, pues, hijo viril; / Vamos los dos; si yo muero, / Me besas: si tú… ¡prefiero / Verte muerto a verte vil.
Otro, que pide el antro y las veredas oscuras para el tirano y el error, y, sin embargo, se opone a mancillar a quien considera un ser sagrado. ¿De mujer? Pues puede ser / Que mueras de su mordida; / ¡Pero no empañes tu vida / Diciendo mal de mujer! Otro, que recuerda los sucesos del teatro Villanueva y resume el horror de esta forma: Pocos salieron ilesos / Del sable del español; / La calle, al salir el sol, / Era un reguero de sesos.
Y hay, entre muchos otros, un Martí que se quita «la pompa del rimador» y cuelga «de un árbol marchito» su «muceta de doctor»; un Martí que se detiene en la melodía que proporciona la naturaleza; que desecha la riqueza para preservar en su lugar a un amigo; el que sabe nombres extraños de las yerbas y las flores / y de mortales engaños / y de sublimes dolores; el que reconoce la paciencia divina de la Poesía, con quien comparte la carga de su pecho.
Los Versos Sencillosgozan de esa contemporaneidad que preservan las cosas auténticas, dueñas de mensajes que no admiten divagaciones. A 135 años de su publicación, en tiempos de oscuros oprobios, la voz que los formula evoca garantías.
Con profundo pesar conocimos que falleció en Santiago de Cuba, el profesor José Luis de la Tejera Gali, profundo conocedor de la obra literaria y política del Héroe Nacional de Cuba, José Martí Pérez.
Tal fue su entrega a la tarea de profundizar y promover el ideario martiano, que fundó y presidió en la provincia santiaguera, la filial de la Sociedad Cultural José Martí (SCM), y por su destacada labor fue declarado Presidente de Honor de dicha filial.
De la Tejera Gali era graduado de Letras en la Universidad de Oriente; profesor del Instituto Superior Pedagógico Frank País, y presidente del Movimiento Juvenil Martiano, en las décadas del 80 y el 90.
Su afán de superación le permitió alcanzar la categoría de Master en Ciencias Sociales y Pensamiento Martiano, además de ser miembro de la Unión de Historiadores de Cuba (Unhic) e integrar el consejo editorial de la Revista Honda.
“Durante años, De la Tejera impartió cursos de postgrado como preevento del Taller Científico Martí Historia y Cultura, del que fue gestor y fundador, además de ser presidente de la Cátedra Martiana del Instituto Superior Pedagógico Frank País y líder de los talleres de reflexión martiana y el popular concurso Mi cita martiana preferida”, señaló a “Sierra Maestra” el Dr.C. Israel Escalona Chadez.
Como parte de su quehacer de promoción cultural, José Luis fue fundador en esta ciudad, del Ateneo Cultural Lic. Antonio Bravo Correoso.
También, fue un cercano colaborador del Dr. Armando Hart Dávalos y de la autoría de Hart, De la Tejera y Miguel Limia, es el libro “José Martí y los retos contemporáneos”, publicado por Ediciones Santiago.
José Luis había nacido el 25 de septiembre de 1947 por lo que acaba de cumplir 79 años.
Durante su vida intelectual, De la Tejera Gali escribió numerosos artículos y libros sobre literatura cubana, en particular sobre la obra del Apóstol José Martí.
Su trabajo como promotor cultural le reservó un sitio entre las personalidades del sector que merecieron reconocimientos como “Honrar honra” y “Utilidad de la Virtud”, además de ostentar la Placa Heredia.
Al margen de su trabajo docente, de su labor literaria, y de las tareas de la SCJM, De la Tejera Gali era un ferviente amante de la obra musical de The Beatles y se preciaba de poseer una de las discografías más completas en Santiago de Cuba, del legendario cuarteto vocal e instrumental inglés.
El Doctor en Ciencias Filológicas Mauricio Núñez Rodríguez, investigador del Centro de Estudios Martianos, compartió resultados de su proyecto “La presencia de José Martí en la revista Repertorio Americano de Costa Rica” en el Segundo Coloquio Internacional sobre revistas y otras publicaciones periódicas centroamericanas, convocado por el Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), desarrollado en la sede de dicha institución 23 al 25 de setiembre últimos.
Centrado en la obra editorial del pedagogo, crítico, promotor cultural y editor costarricense Joaquín García Monge –creador deRepertorio Americano (1919-1958) y la nutrida red de intelectuales admiradores de Martíque logró nuclear en sus páginas–, la presentación de Núñez Rodríguez armonizó con otras interesantes miradas a esa reconocida publicación.
El interesante programa del cónclave giró en torno a ejes temáticos de interconexión regional como: México y Centroamérica en diálogo; Intelectuales, publicaciones periódicas, nación y cultura; Transformaciones y desafíos en las publicaciones periódicas; Mujeres, género e identidad; Sociedades modernas durante el siglo xx; Proyectos educativos y culturales en publicaciones periódicas; Academia y crítica especializada e Intersecciones entre cultura visual, artes y literatura, entre otras, todas de gran interés para el estudio de la región.
El curso de posgrado “El proyecto emancipador de José Martí”, seminario especializado del Centro de Estudios Martianos (CEM), abrió sus puertas este jueves 24 de setiembre en la Sala Bolívar de la institución y continuará hasta mediados de diciembre, los jueves, con frecuencia semanal en horario de 10 am a 12 m.
El ciclo propone la relectura crítica del pensamiento y la acción política del Héroe Nacional cubano desde tres dimensiones históricas: su estrategia militar, su ideal republicano y su labor organizativa al frente del Partido Revolucionario Cubano en un programa de 30 horas –14 presenciales y 16 de trabajo independiente–, que equivalen a un crédito académico internacional (1 US credit / 2 ECTS).
Concebido como seminario de investigación histórica de nivel de máster y doctorado y cuenta con un claustro integrado por tres especialistas del CEM: Dr. Rafael Ramírez García, investigador titular; la MSc. Laura Rodríguez de la Cruz, vicedirectora de Investigaciones del CEM y el Lic. Luis Enrique Domínguez Vázquez.
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Como colofón del acto de celebración por el aniversario 105 del poeta, ensayista y crítico Cintio Vitier (25 de setiembre de 1921-1 de octubre de 2009), este jueves 17 de setiembre fueron dados a conocer en el Centro de Estudios Martianos los resultados del Premio Nacional de la Crítica Martiana, certamen que se prestigia con el nombre de quien fungiera como presidente de honor de la institución.
El jurado integrado por especialistas del CEM: Licenciado Luis Enrique Domínguez Vázquez y Dr. David Leyva González y presidido Dr. Mauricio Núñez Rodríguez, decidió por unanimidad, conceder premios a: “El autodidactismo en José Martí” (monografía), de Luis Ernesto Martínez González; “El Martí inalterable de Carlos Márquez Sterling” (ensayo), de Félix Julio Alfonso López, y “Música, conciencia y compromiso social: acercamiento al legado modernista de José Martí” (artículo), de Xiomara Pedroso Gómez.
Considerando la calidad de los textos en concurso, el jurado concedió menciones en monografía a los volúmenes “Dar con alma martiana. Los estudios sobre José Martí en Santiago de Cuba (1895-2015)”, de Israel Escalona Chádez y “Más sobre La Edad de Oro”, de Félix Flores Varona; en ensayo: “Contextualización, conflicto y valoración ética en los retratos insertos de los Diarios de campaña de José Martí”, de Osneidy León Bermúdez y Melodis Mari Hernández Padilla, y en artículo: “El joven José Julián, enamorado de Carmen, la hermosa principeña”, de Ricardo Hodelín Tablada.
En “El autodidactismo en José Martí”, los integrantes del jurado argumentaron que se trata de “un libro aportador y novedoso que brinda profundas indagaciones en torno a un aspecto poco conocido de la vida y obra del Apóstol cubano: sus formas de conocer, estudiar y aprender, como parte indisoluble de su concepción de la educación”.
“El Martí inalterable de Carlos Márquez Sterling”, una obra donde “el autor bosqueja, con prosa certera, a los principales biógrafos martianos del período republicano y nos brinda su teoría de por qué un político como Márquez Sterling se entregó a la ambiciosa empresa de biografiar a José Martí […] en un contexto (década de 1930 y 1940) donde se publicaron tantas biografías del Héroe Nacional de Cuba, aunque, en la actualidad, solo se recuerde la realizada por Jorge Mañach”.
Y en el artículo “Música, conciencia y compromiso social: acercamiento al legado modernista de José Martí”, subrayaron “la originalidad de su enfoque y el rigor con el cual la autora aborda el modernismo de José Martí abriendo perspectivas que renuevan el interés crítico en la obra del Apóstol”.
En general, destacaron la calidad de cada uno de los estudios recibidos desde Santiago de Cuba, Camagüey, Ciego de Ávila, Santa Clara, Matanzas y La Habana, los cuales –expusieron –“avalan por sí mismo la necesidad de la permanencia del Premio Nacional de la Crítica Martiana Cintio Vitier en el futuro, toda vez que constituye un importante reconocimiento para los estudios y estudiosos martianos desde la institución que tiene como objeto social la labor de investigación y promoción del legado del autor de Nuestra América”.
La jornada comenzó con un panel en el que sus integrantes: la Dra. Marlene Vázquez Pérez y MSc. Laura Rodríguez de la Cruz, directora y subdirectora del CEM, respectivamente, y la poeta e investigadora Caridad Atencio retomaron la extensa y fructífera vida intelectual de dos ejemplos de sabiduría y sencillez: Cintio Vitier y Fina García-Marruz, quienes además de investigar en profundidad la vida, la escritura y la ética de José Martí, dedicaron energías en hacer visible la trascendencia de ese legado y testimoniaron la necesidad cada vez más creciente de que sea compartido en bien de nuestra sociedad.
En la mañana del jueves 13 de agosto, día del Centenario del Natalicio de Fidel Castro fue grabada una emisión del programa “A la Poesía”, de la cadena Radio Universidad de Puerto Rico, bajo la conducción de Rosa Vanessa Otero y como invitada, la autora de estas líneas. Este saldrá al aire el miércoles próximo a las 3:00 pm. Es rendido homenaje a partir de la lectura del poema “Yugo y estrella”, de José Martí, declamado por la actriz cubana Corina Mestre. Se sabe que se trata de un diálogo imaginario entre José Martí y su madre, Leonor Pérez Cabrera en el momento del nacimiento de nuestro Héroe Nacional.
A partir de la efeméride, se hizo un paralelo según las vidas de ambas figuras quienes habrían tenido la posibilidad de una vida holgada en el plano personal, según el grado académico alcanzado – doctores en Derecho ambos-. Se hace énfasis en que Fidel, también aceptó el yugo para que puesto en él de pie, luciera en su frente mejor la estrella que ilumina y mata, -parafraseando los versos martianos- y dedicó su vida a la difícil tarea de, primero, encabezar el Ejército Rebelde para liberar a Cuba de la tiranía de Fulgencio Batista y, después, conducir el Gobierno Revolucionario siguiendo la máxima del pensamiento martiano: «(…) Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre». Hoy, la situación económica de Cuba alcanza niveles insospechadamente bajos para las generaciones del Centenario de Fidel pero creemos en la fortaleza del espíritu nacionalista del pueblo y en la solidaridad demostrada por países de todos los continentes del mundo, que es, en palabras de José Martí: «un templo hermoso donde caben en paz los hombres de La Tierra». Que así sea.
La celebración del aniversario 105 del poeta, ensayista y crítico Cintio Vitier (25 de setiembre de 1921, Cayo Hueso, Florida-La Habana, 1 de octubre de 2009) –uno de los irremplazables Maestros del Centro de Estudios Martianos (CEM)– acontecerá este 17 de septiembre a las diez de la mañana, en la Sala Bolívar de la institución, sita en Calzada no. 807, esquina a 4, El Vedado, La Habana.
Ese día se recordará también el medio siglo de fundado (diciembre de 1976) el Ministerio de Cultura, presidido por Armando Hart Dávalos, y cuyas primeras acciones estuvieron dirigidas –en comunión con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz– a responder al reclamo de tantos intelectuales de estudiar y preservar el legado del héroe cubano quien, como afirmara Juan Marinello en 1974: “saltando por encima de su formación y de su época”, fuera “el más avanzado pensador político de su tiempo americano y el escritor de valores más ricos y sorprendentes de su lengua en el ámbito continental”. De ahí el nacimiento (19 de julio de 1977) del Centro de Estudios Martianos, legalmente adscripto al Ministerio de Cultura, como reza en el Decreto no. 1 de dicho organismo, publicado unos meses antes: 19 de mayo de 1977.
En esta sesión se evocarán esos acontecimientos, todos muy ligados también a la vida y a la obra de la poeta e investigadora Fina García-Marruz, entregada al estudio y difusión de la obra martiana, primero en la Biblioteca Nacional y, más tarde, en la sede actual, donde emprendió cruciales proyectos junto a Cintio Vitier, al tiempo que formaron varias generaciones de investigadores cubanos y extranjeros.
Circunstancias, obra, relevancia de protagonistas y modos de sistematizar un trabajo de trascendencia para las Ciencias Sociales cubanas serán, en esencia, los temas del panel del Grupo de Trabajo “José Martí, pensamiento y acción”, integrado por dos intelectuales que tuvieron el privilegio de ser discípulas y colegas de Cintio y de Fina –la doctora Marlene Vázquez Pérez, directora del CEM y la poeta e investigadora Caridad Atencio– y por la joven subdirectora, MSc. Laura Rodríguez de la Cruz. Y, además, se darán a conocer los resultados del Premio 2025 de la Crítica Martiana que se prestigia con el nombre de “Cintio Vitier”.
Directivos, trabajadores del Programa Martiano y la Universidad de La Habana, junto a familiares y amigos, rindieron homenaje al Dr. Eduardo Torres-Cuevas en el primer aniversario de su desaparición física, en una jornada que reafirmó la vigencia de su pensamiento y obra para la cultura cubana.
En el emotivo encuentro, la Dra. Marlene Vázquez, directora del Centro de Estudios Martianos, destacó la amplia trayectoria de Torres-Cuevas como intelectual y revolucionario, su prolífica obra escrita y su ejemplar conducta. La directora subrayó además la valía del epitafio de su tumba y la perdurable vigencia de su pensamiento y acción en la Cuba y el mundo contemporáneos .
Eduardo Torres-Cuevas —quien falleciera el 31 de agosto de 2025 a los 82 años— fue una de las figuras cimeras del pensamiento histórico cubano. Doctor en Ciencias Históricas y Profesor Titular de la Universidad de La Habana, dedicó su vida al estudio del proceso de formación de la nación cubana y al pensamiento martiano . Como director de la Oficina del Programa Martiano y presidente de la Sociedad Cultural José Martí, su labor fue fundamental para la difusión de la obra del Apóstol y la defensa de la identidad nacional .
Torres-Cuevas dejó un legado intelectual de más de 60 libros y decenas de artículos, entre ellos obras imprescindibles como el primer tomo de Memorias de la nación cubana, titulado Formación y liberación de la nación, que dedicó a los jóvenes cubanos donde quiera que estén . También son recordados sus cursos televisivos Cuba: el sueño de lo posible y Los que pensaron a Cuba, que acercaron la historia nacional a millones de cubanos .
Miembro de la Comisión Redactora de la Constitución de 2019 y del grupo de trabajo para la creación del Centro Fidel Castro Ruz, Torres-Cuevas fue también un activo militante del Partido Comunista de Cuba y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular . Recibió numerosas condecoraciones, entre ellas la Orden Félix Varela de Primer Grado y la Réplica del Machete de Máximo Gómez.
(Con información de la Oficina del Programa Martiano)