Vitalidad del pensamiento martiano y bolivariano

Videos y textos del Centro de Estudios Martianos fueron compartidos en el Foro Vigencia del pensamiento antimperialista de Bolívar y Martí, organizado este miércoles 21 de enero, en el Salón Rojo de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), donde fue recordado el aniversario 145 de la llegada del prócer cubano a Caracas.

En el acto se rindió tributo a los héroes y heroínas que cayeron en combate el 3 de enero de 2026, defendiendo la soberanía de Venezuela ante las agresiones del gigante de las siete leguas, como llamara José Martí al imperio que históricamente ha mirado con desprecio a toda la América nuestra.

Comparecieron en el acto José Gregorio Linares, director del Archivo de Miraflores y la doctora Aura Elena Rojas, coordinadora del doctorado en Pensamiento Bolivariano y académica de la UBV. Además, fue visualizada una intervención que hiciera la Dra. Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos, en la masiva marcha de nuestro pueblo (16 de enero) para honrar a los 32 combatientes cubanos, también declarados Héroes y Mártires de la nación bolivariana.

 

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Directora del CEM, miembro de mérito de la SEAP

En la más reciente Junta General de la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP) –celebrada este 9 de enero en recordación del día fundacional de dicha institución–, le fue concedida la condición de Miembro de Mérito a la doctora en Ciencias Literarias Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos.

Creada en 1793 para apoyar el crecimiento de la economía, la cultura y la educación de la nación, la SEAP –reconocida entre las más antiguas y activas hoy de su tipo en el mundo– mantiene una labor constante que prestigia la esencia de sus funciones inaugurales y continúa retomando el espíritu de la nómina de prestigiosos fundadores y miembros que ha tenido a lo largo de su historia, entre los que se cuentan personalidades como: José de la Luz y Caballero, Tomás Romay, José Agustín Caballero, Antonio Bachiller y Morales, Félix Varela, Felipe Poey, Enrique Piñeyro, Domingo del Monte, entre otros.

En su intervención de agradecimiento por la elección como Miembro de Mérito, Vázquez Pérez instó a privilegiar el lugar que le corresponde a las Ciencias Sociales en la sociedad contemporánea, y a la necesidad de promover la lectura de la obra martiana como posibilidad de hallar respuestas a lo que está sucediendo hoy en el continente: “un legado de inspiración cuya vigencia continúa sorprendiendo a estudiosos a pesar del tiempo transcurrido y de los cambios operados en el mundo”.

Durante la sesión, dedicada al centenario del líder histórico de la Revolución, la directora de la SEAP (Zoila Benítez) entregó los Premio Pro Patria al Centro Fidel Castro Ruz y Carlos Alberto Cremata y su compañía La Colmenita, además de otras distinciones y premios a los poetas Virgilio López Lemus y Lucía Muñoz y al doctor Luis Suárez Salazar.

© PJM

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Honor a quien honor merece

Nuestra institución se viste de gala y es reconocida, una vez más, con el Premio Nacional de Edición al gran Pedro Pablo Rodríguez porque todos sabemos que ese galardón descansa en su labor de varias décadas dirigiendo un proyecto magno como la Edición Crítica de las Obras completas de José Martí en el Centro de Estudios Martianos al que le ha dedicado mucho tiempo, talento y sus mejores energías creativas.
Su equipo de trabajo ha sido el espacio de formación y crecimiento profesional de numerosos especialistas que han contado con su apoyo, asesoría y, sobre todo, con su ejemplo de ética, consagración y fidelidad al trabajo investigativo.
El Pedro Pablo que nos resulta tan cercano y familiar es una personalidad muy reconocida en el ámbito intelectual del Continente, no solo por su faena en el universo editorial, sino también por sus aportaciones a la historiografía cubana y latinoamericana.
Este Premio coincide, precisamente, con la noticia de la impresión del tomo 30 de la colección. ¡Enhorabuena!

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Entregan Premio Nacional de Edición a Pedro Pablo Rodríguez

En la tarde de hoy, se otorgaron los Premios Nacionales de Literatura, Edición y de Ciencias Sociales y Humanísticas 2025, en el Centro Cultural Dulce María Loynaz.

El Premio Nacional de Literatura 2025 fue otorgado a Virgilio López Lemus tras la deliberación del jurado, presidido por Miguel Barnet, Premio Nacional de Literatura(1994) , e integrado por Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura (2001); Waldo Leyva, Premio Nacional de Literatura(2024) ; Alberto Marrero, poeta y escritor; José Manuel Espino, narrador y crítico literario.

José Bell Lara fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2025 por el jurado, presidido por René González Barrios, director del Centro Fidel Castro Ruz, e integrado por Omar González, escritor y periodista; Fernando Rojas, asesor del ministro de Cultura; Luis Emilio Aybar, director del ICIC Juan Marinello; y
Rigoberto Santiesteban,presidente del Instituto de Historia de Cuba.

La decisión de otorgar el Premio Nacional de Edición 2025 a Pedro Pablo Rodríguez fue tomada
por el jurado , presidido por
Olga Marta Pérez, Premio Nacional de Edición 2015, e integrada por Mercy Ruiz, Premio Nacional de Edición 2020; Norberto Codina, Premio Nacional de Edición 2021; Osmany Echevarría, director de la Editorial Arte y Literatura; y
Enrique Ubieta, ensayista y periodista.

Los premios se entregarán de manera oficial durante la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana a celebrarse del 12 al 22 de febrero de 2026.

Tomado del Instituto cubano del libro

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Ni siervos futuros ni aldeanos deslumbrados: Venezuela para la América de Juárez

El 20 de diciembre de 1989 los Estados Unidos invadieron Panamá. Nunca olvidaré la angustiosa noche, siguiendo los trágicos sucesos por la televisión cubana hasta horas muy tardías. El ametrallamiento de la población civil en las zonas populosas del Chorrillo, los bombardeos y combates, el arresto de Noriega, y la destrucción de un pueblo hermano. Han pasado 26 años y el guion vuelve a repetirse, con las lógicas diferencias de actores y circunstancias, pero los pretextos esgrimidos son casi los mismos, y el tono amenazante rebasa los límites del país agredido injustamente para extenderse a toda Nuestra América, con el cinismo y la naturalidad del que se refiere a su patio trasero. Otra vez el gendarme mundial se arroga el derecho de violentar a un país soberano y secuestrar a su presidente, pisoteando todas las normas del derecho internacional, y sin un solo argumento convincente.

Mientras, una ola de protestas, emociones y reacciones encontradas se han alzado alrededor del mundo en las últimas horas. Los que conocemos algo de Historia, y del pensamiento antimperialista de nuestros próceres, no podemos dejar de pensar en frases lapidarias, proféticas, como aquella de Bolívar, en su carta a Patricio Campbell,   cuando aseguraba, con toda razón, que los Estados Unidos parecían destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad.

Las amenazas se han multiplicado hoy, en la arrogancia demente de esa versión de Nerón contemporáneo que gobierna los Estados Unidos. No es nueva la retórica triunfalista, ni las promesas de “libertad” hacia el país que acaba de bombardear, y también hacia México, Colombia y, por supuesto, Cuba, obsesión de todos los presidentes del aquel país, incluso desde los momentos iniciales en que dejaron de ser Trece colonias inglesas para convertirse en los Estados Unidos.

No menos monstruosas son las declaraciones de ciertos venezolanos y cubanos; unos celebran la agresión a su tierra, y otros, ansían que Cuba acabe de pasar por la misma experiencia sangrienta. Muchos de esos seres deleznables viven en sus países de origen, y muestran una vocación anexionista vergonzosa y cínica. Otros viven en las entrañas del monstruo y, evidentemente, en ninguna de las dos variantes hay el menor sentido común ni de ética. Tal parece que las bombas vendrán con nombres y apellidos, destinadas solo a comunistas y patriotas, a políticos y militares. Tal parece, también, que a ellos y a sus familias les será dado un manto protector que los libre de todo mal.

Y la maldad no está, repito, en el lugar de residencia. Está en el odio, en la traición, en la sed de una venganza absurda que glorifica al mismo ser que deporta cada día a centenares de migrantes sin la menor consideración, haciendo gala de un racismo y una brutalidad heredera de las limpiezas étnicas propias de la barbarie medieval o del fascismo del siglo xx.

No cuestiono el derecho de la gente a vivir donde quiera, por los motivos que fuere: personales, familiares, económicos, incluso políticos. Te puede gustar más o menos un gobierno, puedes simpatizar o no con el presidente de determinado país, pero de ahí a ponderar el ataque directo, la guerra de rapiña contra un pueblo soberano, la distancia es enorme. Hoy es Venezuela, hace pocos años fueron Irak, o Siria, o Libia, o cualquiera que tuviera algo codiciable por los intereses de un imperio decadente y desesperado, que en su hundimiento pretende arrastrar al mundo. Mañana puede ser cualquier otro, pues nadie está a salvo.

Vale recordar la definición y las consideraciones que daba Martí, el 19 de diciembre de 1889, en su discurso conocido como “Madre América”, sobre los motivos de la emigración nuestramericana a los Estados Unidos, y de qué manera podíamos ayudar a la América de Juárez, aun viviendo en la de Lincoln. No está de más precisar que este discurso fue pronunciado en la velada que la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York organizó para agasajar a los delegados del continente a la Conferencia Panamericana, o Congreso de Washington, los cuales fueron sometidos a una estrategia de presión y seducción para que se sintieran minimizados y accedieran a los planes imperiales de sojuzgar a nuestras repúblicas por medios de tratados comerciales leoninos y otros engendros jurídicos.

Decía así el cubano, apelando al patriotismo de los que habían fijado residencia en el Norte:

Por eso vivimos aquí, orgullosos de nuestra América, para servirla y honrarla. No vivimos, no, como siervos futuros ni como aldeanos deslumbrados, sino con la determinación y la capacidad de contribuir a que se la estime por sus méritos, y se la respete por sus sacrificios; porque las mismas guerras que de pura ignorancia le echan en cara los que no la conocen, son el timbre de honor de nuestros pueblos, que no han vacilado en acelerar con el abono de su sangre el camino del progreso, y pueden ostentar en la frente sus guerras como una corona. En vano —faltos del roce y estímulo diario de nuestras luchas y de nuestras pasiones, que nos llegan ¡a mucha distancia! del suelo donde no crecen nuestros hijos!—, nos convida este país con su magnificencia, y la vida con sus tentaciones, y con sus cobardías el corazón, a la tibieza y al olvido.1

Obviamente, Martí, como tantos otros latinoamericanos, muchos de ellos miembros de la propia junta directiva de la Sociedad Literaria, o luchadores por la independencia de Cuba, pertenecía a esa estirpe de hombres dignos que continuaban honrando a la Patria grande. No buscaron asimilarse: continuaron honrándola desde el destierro, y mostraron una dignidad que pretendía echar por tierra el “desdén del vecino formidable que no la conoce”, como escribió poco después en el ensayo “Nuestra América”.2

También fue consciente Martí de la ingenuidad entendible entonces –e inexcusable hoy–, de los que

[…] creen que los Estados Unidos son un gigante de azúcar, con un brazo de Wendell Phillips y otro de Lincoln, que va a poner en la riqueza y en la libertad a los pueblos que no la saben conquistar por sí propios, o es de los que han mudado ya para siempre domicilio e interés, y dice “mi país” cuando habla de los Estados Unidos, con los labios fríos como dos monedas de oro, dos labios de que se enjuga a escondidas, para que no se las conozcan sus nuevos compatricios, las últimas gotas de leche materna[…].3

De esos renegados nada hay que esperar. De los que conservan con orgullo el vínculo con los orígenes, se anhela hoy un rechazo a las agresiones, a las amenazas a la paz. De esos se espera, porque son casi mayoría lingüística y cultural dentro de las entrañas del monstruo, una postura pacifista, de respeto a la soberanía de Nuestra América, de exigencia por la salvaguarda de la vida de nuestras familias, ya bastante desangradas por el odio, las intrigas, el egoísmo. De ellos su entereza cabe desear, además de que no permitan que sus hijos, por imperativos económicos o por desear un derecho a la residencia, cedan a la tentación de hundir el sable: “tinto en la sangre de sus mismas venas”, en la carne del hermano agredido. Salvar a Venezuela es salvar a nuestra América, a la Humanidad, y a todos los pueblos que han apostado por la paz, la soberanía y la justicia.

1 JM: “Madre América”, OC, t. 6, p. 140.

2 Ibídem, p. 22.

3 Ibídem, p. 35.

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El CEM se pronuncia ante invasión de USA a Venezuela

«Ningún país tiene derecho a invadir a otro; ningún país tiene derecho a secuestrar al presidente de otro», proclamó hoy la Dra. C. Marlene Vázquez, investigador y directora del Centro de Estudios Martianos.
El colectivo de la institución se reunió este lunes en el Salón Simón Bolivar para denunciar la agresión militar perpetrada por Estados Unidos contra Venezuela que terminó con el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores.
Trabajadores y académicos expresaron su rechazo más enérgico con el hecho que viola los principios del Derecho Internacional, vulnera la Carta de las Naciones Unidas y pretende reinstaurar en el planeta «la ley del más fuerte».
El CEM respalda la posición adoptada por el gobierno de Cuba ante el ataque y, como parte del pueblo cubano, expresa dolor e indignación por los 32 cubanos, en el cumplimiento de su deber, asesinados por tropas estadounidenses en Venezuela.
En el encuentro, se destacó el principio del pensamiento Martiano de respeto a «Nuestra América».
El pensamiento político del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, cobra en este contexto vigencia suprema: ¡Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.»

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Celebrando el año 67 de la Revolución

Los trabajadores de la Oficina del Programa Martiano (OPM) y su sistema de instituciones celebraron, este 26 de diciembre, el aniversario 67 del triunfo de la Revolución, rememorando los análisis del doctor Eduardo Torres Cuevas (La Habana: 1942-2024) acerca de la repercusión de José Martí en el pensamiento cubano del siglo XX y, en especial, del paradigma que constituyera para un hombre como Fidel Castro quien supo sembrar el ideario martiano en el alma de la nación.

En el acto, celebrado en la Sala Bolívar del Centro de Estudios Martianos, recibieron la medalla Aniversario 30 de la Sociedad Cultural José Martí los doctores Héctor Hernández Pardo, subdirector general de la OPM y Pedro Pablo Rodríguez López, jefe del equipo de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, así como el profesor y periodista Gustavo Robreño Dolz, asesor de la OPM.

En la Fragua Martiana

El día 28, en el acto provincial por el aniversario 30 de la Sociedad Cultural José Martí, la filial habanera entregó la medalla a personalidades destacadas de la cultura, como María Eugenia Azcuy Rodríguez, Proyecto Comunitario Granjita Feliz y al Club Martiano A la sombra de un ala, del municipio La Habana Vieja y a otros colectivos, clubes y proyectos.

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Venezuela somos todos

El mundo asiste hoy, con alarma e indignación crecientes, a la amenaza bélica contra Venezuela, o lo que es lo mismo, contra Nuestra América. En el caso de Cuba, todo pasa por la razón, el pensamiento, y el sentimiento, y esos hilos afectivos no son de última hora, sino de larga data.

De la mano de Martí, y leyendo “Tres héroes”, en La Edad de Oro, aprendimos a amar a Bolívar como a un padre. Ello fija un ritual para cada cubano que llega a Caracas: hay que visitar la estatua del prócer y reeditar el fervor martiano, con la convicción de que ambos, el venezolano y el antillano, tienen mucho que hacer en América todavía.

Tan entrañable fue el vínculo de Martí con esa tierra, que así lo sintetizó en su carta de despedida a Fausto Teodoro de Aldrey, director de La Opinión Nacional:

Muy hidalgos corazones he sentido latir en esta tierra; vehementemente pago sus cariños; sus goces, me serán recreo; sus esperanzas, plácemes; sus penas, angustia; cuando se tienen los ojos fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajador en su camino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni el áspid muerde en pechos varoniles; ni de su cuna reniegan hijos fieles. Deme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo.1

Esa declaración apasionada sintetiza los muchos servicios que prestó el cubano a Venezuela y a nuestra América durante los meses que vivió en Caracas. Su intención de establecerse definitivamente en ese país se vio frustrada por la expulsión suya por órdenes del presidente Antonio Guzmán Blanco. Profesor; fundador de órganos de prensa y colaborador de otros ya establecidos; interlocutor asiduo en tertulias y otros espacios de intercambio intelectual; orador respetado y reconocido, todo eso fue el cubano en el semestre en que vivió en tierras venezolanas. Y llama la atención cómo desde esa época tan temprana reconoce a Venezuela como la cuna de Nuestra América. Ni siquiera en un momento tan amargo como el de la salida intempestiva del país, en la que se frustraban muchos proyectos de estabilización familiar y laboral, dejó Martí de expresar su amor a la patria de Bolívar.

Los antecedentes de esa partida forzada son bien conocidos. El primero de julio de 1881 salió a la luz el primer número de la Revista Venezolana, concreción y continuidad de un proyecto anterior no materializado, la Revista Guatemalteca.2 En las orillas del Anauco retomó la empresa, caracterizada por su autor del siguiente modo:

Extraña a todo género de prejuicios, enamorada de todo mérito verdadero, afligida de toda tarea inútil, pagada de toda obra grandiosa, la Revista Venezolana sale a luz. Nace del afecto vehemente que a su autor inspira el pueblo en que la crea: va encaminada a levantar su fama, publicar su hermosura, y promover su beneficio. No hace profesión de fe, sino de amor. No se anuncia tampoco bulliciosamente. Hacer, es la mejor manera de decir.3

El sentido de la utilidad de su labor, y de la trascendencia de esta hacia una práctica social que quiebra los estereotipos tradicionales de escritura, se hacen explícitos cuando declara que la Revista viene:

[…] —a poner humildísima mano en el creciente hervor continental; a empujar con los hombros juveniles la poderosa ola americana; a ayudar a la creación indispensable de las divinidades nuevas; a atajar todo pensamiento encaminado a mermar de su tamaño de portento nuestro pasado milagroso; a descubrir con celo de geógrafo, los orígenes de esta poesía de nuestro mundo, cuyos cauces y manantiales genuinos, más propios y más hondos que los de poesía alguna sabida, no se esconden por cierto en esos libros pálidos y entecos que nos vienen de tierras fatigadas […] Cosas grandes, en formas grandes.4

Fiel a su criterio de que la independencia tan arduamente conquistada en el continente debía ser fortalecida de manera constante, Martí se propuso revelar la originalidad de la historia y la cultura venezolanas, y contribuir, con su labor pedagógica, a la educación de sus ciudadanos. Es conocida su labor como profesor en dos colegios caraqueños, el Santa María, de Agustín Aveledo, y el Villegas, de Guillermo Tell Villegas.

Su excelencia como docente y orador, sus dos números de la Revista Venezolana, así como su fama de hombre de pensamiento libre y espíritu original, le granjearon la animadversión de Antonio Guzmán Blanco, especialmente a partir de la publicación de su obituario “Cecilio Acosta”, con motivo del deceso del notable intelectual, contrario al guzmancismo. Por esa razón fue expulsado del país a finales de ese propio mes, y marchó con destino a Nueva York. Desde allí continuó colaborando con La Opinión Nacional de Caracas, e inició sus Escenas norteamericanas, punto de giro en la literatura en nuestra lengua y en la labor de prevención antimperialista y de mediación cultural entre las dos Américas.

Durante muchos años se mantuvo divulgando la cultura venezolana y nuestroamericana por todos los medios posibles, y relacionándose con sus naturales asentados en los Estados Unidos, con los cuales fue formando una red intelectual de sentido descolonizador, cuyo nodo, sin duda alguna, fue la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York,5 desde donde pronunció un trascendental discurso de homenaje a ese país, en marzo de 1892:

[…] ¡pero a Venezuela, como a toda nuestra América, a nuestra América desinteresada, la hemos de querer y de admirar sin límites, porque la sangre que dio por conquistar la libertad ha continuado dándola por conservarla! ¡Proclamemos, contra lacayos y pedantes, la gloria de los que en la gran labor de América se van poniendo de quicio y abono para la paz libre y decorosa del continente y la felicidad e independencia de las generaciones futuras!6

Honremos hoy la fidelidad histórica hacia esa tierra hermana, cuya soberanía y paz está siendo amenazada seriamente por los Estados Unidos, esos que Bolívar avizoró como destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad.

Es un asunto de la mayor importancia, y es nuestro deber y cuestión de honor y principios respaldar el gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro. Urge hacer un llamado a la paz y exigir el respeto a la soberanía de Venezuela, que es la de Nuestra América y la de todos los pueblos que luchan por un mundo mejor y más justo.

1 José Martí, Carta a Fausto Teodoro de Aldrey: Obras Completas, Edición Crítica, Centro de Estudios Martianos, La Habana, p. 110 (en lo adelante OCEC). Subrayados en cursivas de MVP.

2 La Revista Guatemalteca (1877) muestra sus tempranas intenciones de universalizar a la que ya, desde su etapa de residencia en México, asume como Nuestra América. Esta tentativa cultural, de la que quedan como testimonios su prospecto y dos breves artículos, tenía dos direcciones de trabajo fundamentales: divulgar acá el acontecer internacional, y dar a conocer en el resto del mundo lo más notable de la vida en nuestras jóvenes repúblicas independientes.

3 OCEC, t. 8, p. 55.

4 OCEC, t. 8, p. 56.

5 Véase de Enrique López Mesa, José Martí y la Sociedad Hispano-Americana de New York, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2024.

6 JM: Discurso pronunciado en la velada de la Sociedad Literaria Hispanoamericana en honor de Venezuela, 1892. En OC, t. 7, p. 291.

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Genialidad creativa de José Martí como autor universal (sinopsis del curso de posgrado “Martí, escritor”, CEM, 2025)

El curso de posgrado “Martí, escritor”, impartido por investigadores miembros del Departamento de Literatura del Centro de Estudios Martianos, culminó con éxito su edición 2025. Desde mediados de octubre hasta finales de noviembre, un grupo de interesados se reunió una vez por semana en la mencionada institución con el objetivo esencial de descubrir la riqueza cultural y diversidad de estilos de José Julián en su faceta creativa.

Cada año, los docentes se proponen divulgar resultados de sus investigaciones, dar a conocer textos martianos menos estudiados en las escuelas y universidades, además de evidenciar cómo, a través del diálogo con los grandes clásicos y la práctica constante, nuestro Héroe Nacional llegó a insertarse en el canon de la literatura universal.

El Dr.C. David Leyva, quien también ejerció de coordinador del curso, ofreció dos conferencias: la primera, sobre José Martí, la literatura comparada y su vínculo con el teatro y la pintura; la segunda, sobre el José Martí dramaturgo, de forma más específica. Destacó el genio precoz del Apóstol, quien se movió con soltura dentro de la amplia gama de lo grotesco, al mejor estilo de Goya.

Caridad Atencio, poeta y ensayista, presentó la poesía martiana como una “selva” a la cual nos adentramos hechizados, mas siempre con cierto temor. En otro encuentro, Atencio defendió el carácter artístico de los denominados Diarios de Campaña, los cuales podrían ser considerados un extenso y hermoso poema, fuente de inspiración para muchos, entre ellos los integrantes del grupo Orígenes.

Mauricio Núñez, investigador titular del Departamento, acercó a los asistentes al mundo del Martí narrador, advirtiendo que fue poeta en toda su escritura, pues (curiosamente) trascendía las fronteras de los géneros y estilos tradicionales, bajo la influencia del maestro Rafael María de Mendive, y en consecuencia con sus experiencias en el Presidio Político en Cuba, la vida universitaria en España y la estancia en distintas naciones de América.

Este año, el centro tuvo el placer de contar, además, con la participación de dos profesores invitados: la argentina Aldana Ratuschny, quien actualmente desarrolla su tesis doctoral en la Universidad de Sevilla, y Osmar Sánchez Aguilera, intelectual cubano que labora en el Colegio de México.

En su investigación, Ratuschny analiza el papel del periódico Patria como agente político con gran capacidad de convocatoria. Resaltó la intención de Martí de aunar heterogeneidades, construir una voluntad común decolonial y un nacionalismo transnacional inclusivo para cubanos y extranjeros, dentro y fuera de la Isla. Sánchez, por su parte, dio cierre al curso mediante una excelente charla acerca de la relación de Gabriela Mistral –reconocida poeta, pedagoga y diplomática chilena– y Ángel Rama –célebre ensayista y crítico uruguayo– con la obra martiana, por la cual ambos autores demostraron marcado interés y respeto.

Como evaluación final, los alumnos entregaron ensayos centrados en alguna faceta creativa del Apóstol: poesía, narrativa o dramaturgia. El posgrado “Martí, escritor” resultó un evento exitoso, en tanto oportunidad abierta para discutir cuestiones menos tratadas acerca de la labor literaria y política de una figura a la que con orgullo consideramos cubana, pero que a través de sus textos brillantes, nos recuerda su pertenencia indiscutible al patrimonio de la humanidad.

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La recepción martiana en Gabriela Mistral y Ángel Rama

La última conferencia del curso de posgrado “Martí escritor”, organizado por el Centro de Estudios Martianos, aconteció el miércoles 26 de noviembre, estuvo a cargo del Dr. Osmar Sánchez Aguilera, de la Universidad del Claustro de Sor Juana, México.

Sánchez Aguilera centró su exposición en la destacada poetisa, pedagoga y diplomática chilena Lucía de María Godoy Alcayaga, inmortalizada como Gabriela Mistral, y en el también reconocido ensayista y crítico uruguayo Ángel Antonio Rama Facal, con acento en los vínculos de ambos intelectuales con Cuba y, principalmente, con la obra martiana.

En el caso de Gabriela Mistral, se refirió a sus visitas a La Habana, su visión de Martí como hombre de talla universal y sus fructíferos vínculos con intelectuales cubanos que compartían su propia vocación martiana.

De Rama discurrió acerca de sus contribuciones al estudio de la obra de nuestro Héroe Nacional y de los conflictos que se granjeó en universidades latinoamericanas, durante la Guerra Fría, precisamente por su investigación y promoción de dicho tema.

En el encuentro resultó significativo el dominio y la habilidad del conferencista para comunicarse con el público y analizar no solo ensayos emblemáticos de los citados escritores latinoamericanos, sino también su profunda admiración y conocimiento de las ideas y el estilo literario del cubano universal.

El posterior debate puso de manifiesto que José Martí y su obra constituyen un patrimonio universal y que, aunque el estudio integral de esa producción implica un esfuerzo monumental, profundizar en sus distintas aristas resulta una obligación ineludible para cualquier estudioso.

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