Un merecido homenaje
Por: Amalia Taquechel Barreto

26 de Abril, Día de la Secretaria[1]. Fecha de  trascendental  importancia  para el secretariado interamericano, pero especialmente para el secretariado cubano, quien sin escatimar esfuerzo ni recurso alguno, emprende acciones significativas en el  campo  administrativo institucional.

Un merecido homenaje para los profesionales del secretariado que están activos cumpliendo dignamente sus funciones, los que están al jubilarse o ya se jubilaron o los que ya no están físicamente con nosotros.

Soy y seré siempre Docente y Secretaria. Por eso decidí unir las carreras y comenzar a transmitir mis experiencias como secretaria, a través de cursos dirigidos a este sector. Así surge el primer Curso Secretaria Integral, luego Secretariado Ejecutivo y el Curso Superior de Formación en Gestión Secretarial. Todos avalados por diferentes instituciones dentro y fuera del país.

En la actualidad, los profesionales del secretariado cubano, han dejado de ser las típicas personas que suelen estar tras un escritorio mecanografiando o sirviendo el café, para asumir retos con dotes de liderazgo y  emprendimiento, porque en su agenda diaria cumplen con la característica  más  importante  del  ideario  secretarial: la  predisposición  de  ampliar  su jornada para cumplir y hacer cumplir la misión encomendada.

En el marco empresarial dejan sus huellas con eficacia,  responsabilidad y conocimientos tecnológicos, contribuyendo al  desarrollo  institucional  al convertirse en la mano derecha del jefe o la jefa, en la custodia de la información y sobre todo en el rol de asistentes para asesorar y lograr el éxito empresarial anhelado.

Ahí está el verdadero liderazgo secretarial, aquel que es demostrado con aplomo, actitud de grande  y  dinamismo  haciendo  de  los  obstáculos  escalones  para  subir  y  no  piedras  para tropezar.

Sirva este homenaje, también para rendir merecido tributo a Emilia de Córdova, asistente del General Máximo Gómez, la cual  se considera la primera secretaria que ejerció en Cuba, a María de la Concepción Fernández Correa “Conchita”, secretaria de Fernando Ortiz, Eduardo Chibás y Fidel Castro Ruz (La Secretaria de la República), a Addys López Abreu,  quien fuera secretaria en el despacho de Ernesto Che Guevara, en el Ministerio de Industria, a Isabel Allende Karam, diplomática y traductora cubana, rectora del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de Cuba, quien comenzó su vida laborar  como secretaria y en especial a Graciela Rodríguez Pérez, nuestra Chela.

Cumpliendo con las palabras del Dr. Miguel Barnet, en el acto de entrega de la Medalla Armando Hart Dávalos: “Honrémosla ahora que está con nosotros porque mujeres como ella no se repiten”, queremos reconocer la encomiable labor realizada por Chela por más de 50 años como Jefa Despacho del Dr. Armando Hart.

En este sencillo homenaje hay una pequeña compilación de artículos de importantes intelectuales cubanos que hablan sobre la labor de Chela.

Recomiendo a los profesionales del secretariado cubano que lean esta compilación y la tengan como su guía a seguir porque Chela es un paradigma de secretaria.

GRACIELA RODRÍGUEZ, “NUESTRA CHELA”[2]

Graciela Rodríguez Pérez, “nuestra Chela” es un alma callada y leal que por más de 50 años dedicó prácticamente su vida a hacer Revolución junto al Doctor Armando Hart Dávalos.

Lo acompañó siempre, en los momentos cruciales, en la toma de decisiones importantes para el avance de la Revolución. Así la vimos en el Ministerio de Educación junto a Hart cuando la campaña de Alfabetización, una de las páginas más hermosa de nuestro proyecto social que sentó bases para el posterior desarrollo científico del país; en el Ministerio de Cultura apoyándolo  en las grandes transformaciones para propiciar el desarrollo de nuestra cultura, y más reciente en la Oficina del Programa Martiano, en la creación de la Sociedad Cultural José Martí.

Chela recopiló y guardó con fidelidad y lealtad cada discurso, cada papelito que Hart escribía, cada publicación de revistas, periódicos donde salía algún escrito de él o sobre él.

A esa misión y quehacer  durante años se debe el archivo personal del        Dr. Armando Hart Dávalos, que constituye el núcleo central del actual proyecto Crónicas.

No fue solo la eficiente Jefa de Despacho que llevaba la agenda de trabajo y que hacia importantes llamadas telefónicas capaces de derribar los más invulnerables muros, sino también la que alertaba ante cualquier situación que se pudiera dar, la que cuidaba de su salud y de la atención a su familia.

Chela es una mujer de gran inteligencia natural, que se destaca por su honestidad, modestia, por su gran olfato político y por ser una mezcla de acero y miel, capaz de hacer la crítica más fuerte, pero a la vez, estar al lado de cualquier compañero y de sus amistades brindándoles su ayuda y cariño cuando es necesario.

Así es Chela, una cubana, revolucionaria y martiana de verdad.

 CHELA Y EL PROYECTO CRÓNICAS[3]

En Crónicas…se atesora y preserva el conjunto orgánico de las expresiones materiales y espirituales de Hart desde 1930, año de su nacimiento, y aun antes, hasta la actualidad; en cualquier formato o soporte material, producidas por el formador del Fondo…, o reunidas por las personas que han trabajado junto a él, durante su fecunda vida, en el desarrollo de su actividad revolucionaria, política, administrativa, docente, investigativa, cultural y privada.

El Fondo Personal de Archivo del Dr. Hart, es el sistema nervioso central de este proyecto de la Sociedad Cultural José Martí, organización a quien se subordina organizativa e institucionalmente.

Este valioso fondo documental se creó en 1959, cuando su formador fue nombrado Ministro de Educación del primer gabinete del Gobierno Revolucionario de Cuba.

Desde entonces y hasta el presente, Graciela Rodríguez Pérez (Chela), su histórica Jefa de Despacho, ya por más de cincuenta años, prestó un preciado servicio, pues ella salvaguardó no solo los documentos que se encontraban en papel en el archivo administrativo y de gestión en cada una de las oficinas en las que Hart ha laborado, sino también el resto de los objetos personales y documentos en otros soportes, con valor histórico y museable.

CHELA, MERECEDORA DE LA MEDALLA ARMANDO HART DÁVALOS[4]

En el salón principal del Centro de Estudios Martianos (CEM), le fue entregada la medalla Armando Hart Dávalos a Graciela Rodríguez Pérez  (Chela), quien fuera en vida del Dr. Armando Hart, su Jefa de Despacho y amiga a lo largo de varias décadas de trabajo. Además, de un ejemplo de generosidad, lealtad incondicional y honestidad.

Dicha distinción es otorgada por la Universidad José Martí de Latinoamérica, con sede en Monterrey y Mérida, México, a personalidades, colectivos de trabajo e instituciones que se destacan en el cumplimiento de los deberes patrióticos para la defensa y promoción del humanismo y la paz.

Las palabras de honor estuvieron a cargo del Dr. Miguel Barnet quien calificó a Chela como la otra mitad del Dr. Armando Hart y expresó que mujeres como ella no se repiten. También la comparó con Conchita Fernández, quien fuera secretaria de Fernando Ortiz, Eduardo Chibás y del Comandante Fidel Castro.

LA GRAN CHELA[5]

Si en cualquier lugar de Cuba uno pregunta a toda voz por Graciela Rodríguez Pérez todos se mirarán desconcertados, ¿quién es, a quién estamos convocando? Todos se mirarán a los ojos sin respuesta. Pero si alguien pregunta por Chela, jubilosos, identificamos enseguida a la mujer que casi toda su vida fue la secretaria ejemplar de Armando Hart Dávalos, depositaria de los más acariciados secretos, dueña de los candados de todos sus escritorios y de las llaves de todas sus oficinas.

Con solo mencionar ese nombre se encenderán los candelabros y se abrirán, para algunos, todas las puertas. Porque como verdad de Perogrullo, detrás de un gran hombre, y este es el caso, siempre hay una gran mujer. Llegó a Hart por su temprana amistad con Haydée Santamaría, la Heroína del Moncada. Ambas nacieron para servir a la Revolución.

A sus funciones como secretaria por casi 60 años, de uno de los más dotados discípulos de José Martí y Fidel Castro, sumó misiones de compromiso y diálogos con la intelectualidad cubana y del mundo. Fue, para decirlo con propiedad, la otra mitad de Hart, le leía el pensamiento, le adivinaba sus ideas y las seguía a cabalidad. Esta dimensión personal de Chela se hizo visible desde los días en que el joven revolucionario ocupó la cartera de Ministro de Educación del primer gabinete del Gobierno Revolucionario en 1959.

Alcanzaba ya esta comunión espiritual, lo acompañó en todo su quehacer político, tanto en el duro oficio de Ministro de Cultura donde abrió puertas y levantó puentes como en el Programa Martiano y en la Sociedad Cultural José Martí. Chela con aguda inteligencia y sensibilidad, supo distinguir entre lo superfluo y lo trascendente y con suspicacia y juicio le allanó el camino a su jefe. ¡Qué misión más grande y útil desempeñó para separar la paja del grano!

Eso solo lo saben hacer los aliados inteligentes, y Chela lo hizo cumpliendo con firmeza su papel de secretaria. Para ella nunca existieron los horarios ni las tarjetas de entrada. Solícita sabía que solo podía abandonar la oficina cuando Armando ya se hubiera despedido de sus papeles y de sus tareas del día. Ágil, profunda, amable en su severidad, ella se ha sabido dar su lugar.

Nunca se ufanó en ser la secretaria de un gran hombre, conociendo mejor que nadie su estatura de pensador y guía intelectual, por el contrario, humilde hasta en su vestir, lo acompañó en las altas y las bajas, en turbulentos avatares políticos y en su vida familiar, siendo una más de su familia. Eso, mejor que yo, lo puede afirmar su esposa Eloísa Carrera que ha cuidado con esmero la obra de Hart y sus valiosos archivos, sistema nervioso del proyecto de la Sociedad Cultural José Martí.

Chela es únicamente comparable a la inolvidable Conchita Fernández, secretaria de Fernando Ortiz, de Eduardo Chibás y de Fidel Castro. Por su lealtad y su disciplina profesional, ella se coloca en el pedestal de las grandes secretarias del siglo. Y es parte de una raza en extinción que no necesitó computadora ni wikipedias para alcanzar el sueño martiano de ser útil desde la virtud. Honrémosla ahora que está con nosotros porque mujeres como ella no se repiten. Felicito a la Universidad José Martí de Latinoamérica por esta distinción a la gran Chela.

CONTAR CON CHELA[6]

Un perfil del político e intelectual revolucionario Armando Hart no estaría completo si se deja de mencionar a una figura íntimamente ligada a su quehacer: Graciela Rodríguez Pérez.

Desde que ocupó un lugar en el despacho del joven Ministro de Educación del primer gabinete del Gobierno Revolucionario en 1959, esta mujer enérgica y diligente, cercana a Haydée Santamaría, perdió su nombre y apellidos y se convirtió sencillamente en Chela, una especie de otra mitad de Hart, porque a sus funciones como Secretaria y Jefa de Despacho, ejercidas con profesionalidad y eficiencia, fue sumando misiones de enlace, orientación, consulta y guía, decisivas en las relaciones de Hart con la intelectualidad.

Si esta dimensión de Chela se hizo visible ya desde los días del Ministerio de Educación, lo fue mucho más durante la larga y fecunda etapa en que Hart ocupó la cartera de Cultura, y lo sigue siendo ahora en la Oficina del Programa Martiano y la Sociedad Cultural José Martí.

De ella caben destacar la lealtad y la firmeza, la pasión y la sensibilidad. Durante el tiempo que trabajé a su lado en el Ministerio de Cultura, advertí cómo no pocos renombrados escritores y artistas iban a ellas, no solo para solicitar audiencias o canalizar inquietudes y problemas, sino también para intercambiar criterios sobre los más diversos asuntos o simplemente para compartir experiencias o pedir consejo. Chela siempre tuvo —y tiene— un sentido extraordinario de las jerarquías culturales y un olfato especial para captar el talento.

Es una suerte para Hart contar con Chela. Es una suerte para todos nosotros. Un pianista amigo dijo sobre ella: “Así debió haber sido en su tiempo para Fernando Ortiz y Eduardo Chibás, Conchita Fernández”.

COMO UNA ESCOLAR SENCILLA[7]

A veces por asuntos de trabajo llegaba temprano al Ministerio de Cultura. Tenía que despachar  algún asunto con Chela. Sin impacientarme, me gustaba pasar allí un rato. Era un observatorio privilegiado para conocer el funcionamiento de una instancia estatal compleja.

Como disparos de ametralladora, Chela multiplicaba, a velocidad vertiginosa, las llamadas telefónicas. Se comunicaba con dirigentes de otros organismos, con funcionarios del propio ministerio y, también, con escritores y artistas pendientes de alguna respuesta o necesitados de solucionar algún problema. En medio de tanta variedad de temas, nada permanecía en el olvido.

No habían llegado los tiempos de la introducción de las grandes innovaciones tecnológicas. Lo más fascinante para mí era descubrir la clave de tanta eficacia. Sobre la mesa de trabajo, había una libreta escolar. A mano, Chela  había apuntado en ella una larga lista de temas pendientes. También a mano, tachaba aquellos que habían encontrado solución.

Del mismo modo, porque la vida es un constante fluir,  incorporaba las cosas nuevas impuestas por los reclamos de la inmediatez. Prestaba igual interés a lo grande y a lo pequeño. Tenía la cultura del detalle, se ocupaba de conflictos complejos y cuidaba la imagen del Ministerio volcado hacia el arte y la cultura.

Antes de conocerla personalmente, Chela era para mí un personaje legendario. Su brazo se extendía a través del océano. Al cabo de un tratamiento médico en Moscú, estaba yo a punto de regresar a La Habana cuando un mensajero  puso en mis manos  un documento  que debía entregar a una persona indicada en el aeropuerto José Martí. Pasaron algunos años.

Las circunstancias me llevaron a trabajar con Armando Hart. Comenzó entonces el trato cotidiano, circunscrito al principio al ámbito laboral. Allí empecé a descubrir sus virtudes. Tras la modestia real de una escolar sencilla, se escondía una firmeza inquebrantable, una lealtad a toda prueba, una honradez inconmovible y una sensibilidad que la inducía a acudir en ayuda de quien la requiriera. El trato se convirtió en amistad y afecto verdadero. Creo contar con ese privilegio.

[1] 26 de abril de 1970, se crea FIAS, la Federación Interamericana de Asociaciones de Secretarias, ocasión donde queda establecida esta fecha como el Día de la Secretaria. En Cuba no está oficializado, pero se celebra desde el 26 de abril de 2006 cuando se constituye la Red Nacional de Asistentes y Secretarias Ejecutivas de Cuba (RNASEC).

[2] Palabras de la Dra. Ana Sánchez Collazo, Ex – Directora del Centro de Estudios Martianos en entrevista realizada por la Lic. Amalia Taquechel Barreto, Presidenta de la Red Nacional de Asistentes y Secretarias Ejecutivas de Cuba, abril de 2017.

[3] Tomado del artículo Crónicas, el archivo del Dr. Armando Hart Dávalos, de la Dra. Eloísa Carreras Varona.

[4] Nota del Portal José Martí del Centro de Estudios Martianos.

[5] Palabras del Dr. Miguel Barnet en el acto de entrega de la Medalla Armando Hart Dávalos, otorgada por la Universidad José Martí de Latinoamérica con sede en Monterrey y Mérida, México,  a Graciela Rodríguez Pérez (Chela), Jefa de Despacho del Dr. Armando Hart Dávalos.

[6] Artículo de Pedro de la Hoz, tomado de la Revista de cultura cubana, La Jiribilla, en la sección Dossier. Fotos: Kike.

[7] Palabras de la Dra. Graziella Pogolotti, en el Acto de Homenaje al secretariado cubano realizado por la Red Nacional de Asistentes y Secretarias Ejecutivas de Cuba, el 26 de abril de 2017, donde se entregó el Premio a la Excelencia a Secretarias paradigmas de Cuba.

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